Censura Po(r)etica

Cinco extremidades definitorias se extraen, a buen entendedor con sillón en la Real Academia Española de la Lengua, del término censurar. A la política, que es como la vida pero de puertas para muy adentro, le interesa su versión índice, desplegada en formato acusador, sin confitura ni salsas caramelizadas. La censura bloquea el tránsito de lo que está ocurriendo, sea esto aceptable o absolutamente incómodo para las mayorías que se posan bajo su manto; desaprobar no conlleva aportar alternativas, pero eso ya se sabe en una nación como la que cohabitamos, sino que llega desde y hasta nosotros en el formato más liviano: j´accuse.

Podemos, la formación política liderada por Pablo Iglesias, ha decidido presentar una moción de censura al actual ejecutivo nacional, es decir, advertir con carácter previo, que así de educado se estructura el mecanismo en sede parlamentaria, que va a transmitirle lo que hace de manera continuada en ese y otros tantos foros. Para tal fin, ha tomado por multiplicar el término hasta casi hacer pleno de acepciones en su conducta, ya que con esta estrategia política la formación morada ha ratificado que se ha formado una opinión sobre su adversario electoral, como considera que, con los nuevos casos de corrupción que han asomado a la opinión pública y judicial no lo considera legitimado para continuar ejerciendo como elemento garante del ordenamiento jurídico vigente; ha tomado, por lo tanto y evidentemente, la determinación de reprobarlo, tras presentar la correspondiente moción, vituperando formalmente la posición gubernamental y, como remate a la escuadra; ha hecho registro de su acción censora.

¿Por qué ni el gobierno de Mariano Rajoy ni el resto de grupos parlamentarios se toma en serio esta acción constitucional, que ya ha tenido dos réplicas precedentes, con idéntico fin al que sufrirá la presentada por Podemos? Fundamentalmente, porque censar algo o a alguien en el trazo ibérico es consustancial con la idiosincracia del común de los aún mortales a orillas patrias. Hordas de individuos, en cualquier aspecto de interés colectivo, se sitúan rígidamente en sus posiciones, como si aposentaran sus principios sobre puas y descargas eléctricas, para levantarse en armas contra todo aquello que provenga de la ribera contraria: Si aplaudimos un escudo balompédico, imposible criticar lo propio o ensalzar lo ajeno; tanto igual ocurre en cuestiones político-electorales, donde en lugar de ejercer esa censura previa que no ha de pasar, obligatoriamente, por cambiar de bando, se mantiene el fanatismo a las siglas, huela como huela la papeleta de turno.

La moción de censura que se debatirá, próximamente, en la Cámara Alta tiene mucho de poética, si bien se argumenta su presentación en cuestiones puramente éticas. Todo es un teatrillo sin andamiajes, sin cobertura. La acción no prosperará, pero ya ha hecho que las tramoyas se pongan a pleno rendimiento para ir descolgando los escenarios actualizados con motivo de este cambio de guion. Sin apuntador a la vista, y con demasiado verso donde la prosa estancó hace mucho sus puntos y comas, aquello que se recite en el hemiciclo a lo largo de la sesión censora tendrá menos consistencia que los titulares, replícas y contrarreplícas que, desde ayer, entretienen al respetable como de costumbre: contando lo que ya sabemos, haciendo para no hacer nada.

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Sodomía política

A pesar de estar en posición de cúbito radial, sin manejo de las extremidades ni del torso, paciente por aletargado, resulta imposible evitar el desgarro. Nadie nos ha preparado la lubricación social necesaria para continuar soportando lo que entra y sale, seco y rabioso, de ese orificio que pretendía no ser oscuro. Hoy es Ignacio González y cia, pero en realidad ya es la consecución sangrante y marrón, heces en rojo, que ha acabado infectando a toda una generación de ciudadanos que pretendían serlo. Escuchado, a nuestro oído en solfa, el rumor atosigante que emana de jueces que no deberían estar, fiscales que no deberían mirar y funcionarios que menos deberían laissez faire, laissez passer, darnos por culo es lo menos que se podía esperar de aquellos que defienden su inocencia ante un micrófono, mientras reclaman su inmerecida impunidad micrófono tras ganzua. Todo eso pasa, y duele, porque así fue siempre, y los votos confirman que así será más adelante. ¡Muera la honradez, viva la sodomía política!

Había una vez una apariencia que comenzaba en túnel oscuro pero prometía final feliz. Se le llamó democracia, y se tradujo al castellano, valiente imprecación al cielo de las buenas sociedades. Y millones de españoles lo creyeron, ratificaron y contemplaron, con alborozo, como fue sancionado por un solo ser, tras el que se posicionaron corbatas de toda raigambre ideológica y existencial. Transición lo apellidaron, y llegó a nuestras tierras sin llanto, eludiendo la cesárea. El retoño tenía buena cara, las pupilas apenas dilatadas; sus extremidades, tersas y vivarachas. La placenta, en cambio, cayó como un pulpo con la cabeza reventada, tentáculos por todos lados, dando aire a través de las ventosas para sortear el desconcierto y buscar la supervivencia de la especie pretérita. Hasta aquí han llegado, para quedarse.

Esas extensiones de un cuerpo, en su esencia, dilatante, necesitan el cobijo de nuestras mentes cavernosas, introducirse a golpe de desequilibrios colectivos; como estructura social, a cuarenta años vista, demostramos no ser más que víctimas políticas de una violación trasera que, no por menos humillante, preferimos ocultar en el subconciente de cada pregunta electoral, de cada reclamo participativo. A partir de la reiteración de cada acto indebido, a sacudidas violentas que se introducen nuevamente con forma de sms ministeriales, órdenes fiscales elusivas o, directamente, erectas mentiras húmedas de saliva sonriente así como, de manera alternativa, llanto reptil, se nos empuja a guardar silencio frente a una vejación que dura y dura, que no acaba de eyacular.

Estamos infectados por no haber tomado precaucaciones: Dejamos ser penetrados con resistencia silenciosa y, como recompensa, abrimos las piernas para que se depositara una enfermedad que va más allá de algún escozor puntual. Ahora, quizás tarde, nos vemos postrados, arrepentidos. No obstante, ya no sabemos decir no, ya no podemos siquiera abstenernos; abiertos de par en par, la democracia ha dejado de ser placentera para convertirse en vejación. Lo horripilante no se posa únicamente en el trauma, cementerio que huele a almas vitales, sino en la metástasis de una enfermedad abierta en canal. ¿Cuál podría ser esa última decisión que siempre albergamos como herramienta de salida, cuando esta se encuentra sellada? La resignación, el retorno a lo cuadrúpedo. La sodomía árida.

 

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Gruñe, que nada queda

Lechones1Cree la bestia que su conciencia para hacer padecer dolor, en realidad, no es más que otro síntoma de una supuesta superioridad, de procedencia divina o biológica que, en este caso, en absoluto importa. La única particularidad estriba, al menos en las sociedades que se visten de etiqueta frente a la formalidad de los actos decorosos, en que unos pocos realizan, previo pago, la labor engorrosa de ocultar los escenarios menos digestivos para la aséptica mayoría. En el caso de la alimentación omnívora como proceso industrializado de matanza, esta actividad recae en unos trabajadores que afrontan este menester con el mismo grado de mecanización matarife con que un empleado de planta de automoción encaja espejos retrovisores. La demanda impone su ley.

Hoy hemos conocido que la Guardia Civil investiga a dos jóvenes de 19 y 22 años, trabajadores de una explotación porcina en Huércal-Overa (Almería), que se dedicaron a masacrar a más de 70 lechones, asesinándolos al saltar sobre ellos hasta triturar sus estructuras óseas, aplastándolos para ocasionarles un padecimiento tremebundo. No satisfechos con una salvajada de tamaña repugnancia, la matanza fue grabada para divertimento de los responsables y sus morbosas amistades.

Es una falacia de quilates continuar sosteniendo una industria cárnica propia de campos de concentración masivos para mamíferos superiores bajo el argumento de nuestra supuesta necesidad fisiológica de consumir músculos y tendones. En todo caso, y desde luego, nuestro sistema digestivo de naturaleza omnívora no requiere, ni recomienda, las cantidades que ingerimos por habitante y año, contraproducente pero muy suculento para el gran negocio de la muerte. Asimismo, no hay análisis riguroso y honrado que no establezca la inteligencia emocional de nuestros congéneres vivíparos y lactantes, capaces de mantener relaciones afectivas y vínculos de carácter familiar. Sufrientes y conscientes de su tormento a la hora de enfilar el matadero. Pero nos da igual, porque no lo vemos; o sí, envasado tras la mano de chapa y pintura al objeto de adornar como atractivo tiras musculares tan similares a las nuestras como el dolor, la alegría, y el pavor que padecen a diario millones de seres vivos ante la pistola aturdidora y el filo de su degüello.

En todo caso, no seamos del todo hipócritas. Los ejecutores de la atrocidad que hoy denunciamos desde esta sección han realizado este acto vómito-bestial copiando lo que a miles de comensales les parece entretenidísimo, tradicional, expresión de la cultura más arraigada, como es paladear el cochinillo entero en su plato, tras haber triturado su columna con un plato. Muerto previamente, asado en su jugo sanguinolento, pero bien visible su estructura infantil, su ternura violentada. Esa cría, destetada a los pocos días de nacer de una madre cuyo único destino es engendrar para ser separada permanentemente de sus retoños, y sacrificada por puro placer gustativo, resulta igualmente aberrante para una especie que se autocomplace desde una despistada superioridad intelectual, como si la casualidad antropomórfica que le permite poner ladrillo sobre bomba, destrucción sobre lo creado, irradiara patente de corso para la atrocidad de esta sinrazón alimentaria. Un caso como la masacre de estos indefensos lechones pone la lupa sobre ese reverso visceral en donde preparan las bandejas impolutas, aptas para carnívoros con principios. Pero tras esas paredes, siempre, suenan los gruñidos, pero nada queda. Nada llega.

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Carolina, descansa

CarolinaBescansa1…. Por mucho que se empeñen en ubicarte en el centro de una hipotética polémica planificada con diurnidad y alevosía, que permite proyectar en claroscuro esas sombras que quedan poblando la Cámara, aunque sea con traje corbata, pajarita o broche al dorso. No eres tú, ni tu retoño, quienes provocan jaqueca en la bancada grisácea, ésa alrededor del arco iris que significó, reluciente, nuevos mensajes, formas frescas que humedecieron la emoción de millones de ciudadanos al rodear emocionalmente el Congreso sintiéndolo parte del paisaje propio. No, Carolina, tu presencia maternal en el hemiciclo en realidad significó alegría de la buena para la demagogia oficial, encantada de tener un elemento de distracción con tan buena resolución de pantalla. Eso, unos cuantos peinados de nuevo cuño, y ropajes coloridos aquí y allá, el séptimo arte del populismo patrio ancestral, diseñado al detalle para situar en primera línea todo aquello que se encuentre en las antípodas de la actividad real del poder legislativo.

Dicen que tienes guardería a mano, como si la posibilidad de delegar el cuidado de los bebés, desde el momento que existe la oferta instrumental, se convirtiera en obligación. No aceptan el colecho, o la lactancia materna a demanda, porque las moderneces ya las enterraron las muy progres diputadas socialdemócratas a mediados de los ochenta, y de ahí su indignación más acusada, si es posible, que la de las muy nobles señoras de la bancada popular. Y, para rematar, pero esto tú ya lo tendrías más que asumido antes de aparecer carrito en ristre al salón plenario, que eres una privilegiada por poder hacer lo que millones de madres trabajadoras lo tienen impedido en sus respectivas responsabilidades profesionales. Como hubiera dicho el ínclito Carlos Fabra, pero en esta ocasión con auténtico tino, “No han entendido nada”.

CarolinaBescansa2Las acciones extraordinarias tienen particular sentido cuando se realizan en aquellos escenarios con mayor público alrededor. Más allá de que, siguiendo tu trayectoria profesional sin tener que bajar siquiera de la corteza, sea público y notorio tu forma de entender el cuidado y crianza de tus hijos, lo que aleja la excepcionalidad teatrera que quieren colgarte los juzgadores profesionales de viga ocular acusada; mantener esa hermosa rutina de autonomía decisoria en una fecha de simbolismo trascendental sí genera un debate desde la imagen hasta la palabra. No sólo de proposiciones de ley vive el congresista. Millones de hombres y mujeres en este país se están planteando por qué su manera de organizar el equilibrio, casi siempre decidido por otros, entre familia y trabajo, ha de ser un trauma, una manera de desarrollar esa etapa esencial de la existencia que les mantiene ansiosos y con el sentido de culpabilidad permanentemente latente. Es notorio que resulta minoritario la posibilidad de disponer de un centro de cuidado de los hijos de carácter público cerca del hogar o el centro de trabajo, no hablemos ya en la propia empresa; o que la conciliación a través de las nuevas herramientas tecnológicas permiten, con la voluntad necesaria por ambas partes, rediseñar horarios y rutinas conciliando ambas realidades. Y para todos aquellos que, por la propia naturaleza de su acción laboral, esto resulte imposible, nada impide volver a pactar el mapa de derechos y obligaciones, de tal manera que esta cuestión se resuelva, de la misma manera que en fechas pretéritas se superaron conflictos que hoy pueden resultar sorprendentes, como el tiempo descanso, los permisos vacacionales, la protección in itinere o las jornadas laborales.

Podemos tendrá que presentar propuestas para pasar de los hechos a las palabras, es evidente, pero a su vez la discusión ya está en la calle, y si con gestos se abre un nuevo escenario en el que la política sea titular permanente en las conversaciones ciudadanas, de abajo hacia arriba, bienvenidas la nuevas formas. Mientras tanto Carolina, descansa, que la furia de los contrincantes no ha hecho más que empezar.

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Un Socialista en la Corte del Rey Dólar

BernieSanders1A pesar de que la mayoría de medios de comunicacion a este lado de la frontera se haya resignado, por propia voluntad espiritual o económica, a ejecutar su política de información internacional casi a golpe de teletipo, agencia o freelance poco dado a jugarse su irrisorio pecunio proponiendo otras vertientes más allá de los escaparates brillantes de aquellos protagonistas que el común de los lectores conocen, las primarias en Estados Unidos están dando para un serial por fascículos de lo más emocionante. Porque, en efecto, parece que se nos pretende desde las grandes cabeceras informar desde una óptica de realismo sombrío, al estilo A o B muy del gusto de evitar nerviosismo al consumidor cada vez más famélico. O, como afirmamos al principio del texto, sencillamente ni siquiera se entiende ya una inversión de interés elaborar cuadros completos de momentos socio-políticos de trascendencia, como es este caso.

Y lo cierto es que aquellos españoles que demuestran algún interés en relación a los próximos comicios presidenciales en USA, a celebrar el próximo noviembre, dan de manera mayoritaria por hecho que la candidata demócrata que enfrentará el asalto a la Casa Blanca será Hillary Clinton. Pero oh, como una suerte de guerrero galo, ha emergido desde la conservadora Vermont (Virginia) el septuagenario Bernie Sanders (imposible no relacionar al instante la hazaña y ciertas previsiones a la experiencia reciente de Jeremy Corbyn en el Reino Unido), de tal manera que ha puesto en pie de guerra a la ex Secretaria de Estado, que ha pasado al ataque con su horda de grandes donaciones privadas. Pero, aún así, las últimas encuestas dan empates técnicos en los primeros centros de votación demócrata, así que la historia no ha hecho más que empezar. ¿Y por qué resulta tan sorprendente? Porque nos encontramos ante un candidato que se declara sin rubor “socialista”, teniendo al malogrado Primer Ministro sueco Olof Palme como referencia política, y defendiendo abiertamente la gratuidad y universalidad de la sanidad y educación universitaria. Y todo ello cuatriplicando la audiencia de sus mitines con respecto a su contrincante, sin aceptar donaciones de las grandes multinacionales.

BernieSanders2Aunque, en su mayoría, el espectro informativo nacional nos esté hurtando, de la misma manera que ocurrió con el asalto de Corbyn a la Secretaría General laborista hasta que la noticia era de común conocimiento a través de las redes sociales, este ascenso anómalo desde el punto de vista que nos han inculcado sobre la forma de pensar y votar del americano medio, contamos con este magnífico análisis de BBC (Jaime González, LA), que reproducimos a continuación para que puedan profundizar en el fenómeno Sanders:

Por qué el socialista Bernie Sanders despierta tantas pasiones entre los jóvenes de EE.UU.

¿Puede un autodenominado socialista de 73 años, voz ronca y aspecto desaliñado, al que le gusta despotricar contra la clase dirigente -en particular contra los bancos y las grandes corporaciones- convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos?

Si uno atiende a las miles de personas que en los últimos meses han llenado pabellones deportivos en ciudades de todo el país para oír hablar y vitorear al senador de Vermont Bernie Sanders, la respuesta parece ser que sí.

Aunque si se tiene en cuenta que Sanders es todavía un desconocido para una mayoría de los votantes y que en EE.UU. para muchos nombrar la palabra “socialista” prácticamente equivale a invocar al diablo, la respuesta parece ser que no.

Si a ello se le suma que la rival a la que se enfrenta Sanders para hacerse con la nominación demócrata de cara a las presidenciales de 2016 es la todopoderosa Hillary Clinton, a la que algunos ya ven como la próxima inquilina de la Casa Blanca, la conclusión es: imposible.

En cualquier caso, se trata de un “imposible” que a medida que pasan las semanas y aumenta la popularidad de Sanders -quien por primera vez este miércoles aparece por delante de Clinton en una encuesta de intención de voto de cara a las primarias de New Hampshire- se está transformando en un “¿quizás?”.

Al fin y al cabo, antes de la irrupción del senador Barack Obama, ¿quién pensaba que Clinton no iba a ser la candidata demócrata en las presidenciales de 2008?

No hay duda de que a estas alturas la mayor parte de seguidores de Sanders engrosan el electorado demócrata más a la izquierda del partido, que muchos consideran minoritario.

Pero los responsables de la campaña Sanders -nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1941 en el seno de una familia de origen judío- están haciendo un uso muy inteligente de la redes sociales, logrando que su mensaje esté llegando a los votantes de a pie, como demuestra la gran cantidad de gente que está acudiendo a sus mítines.

Lleno total

Hasta el momento, al mayor evento protagonizado por Hillary Clinton asistieron unas 5.500 personas.

Mientras, Sanders logró congregar tan sólo el pasado fin de semana a 15.000 personas en Seattle, en el estado de Washington, y a más de 20.000 en Portland, en Oregón.

En julio tuvo un éxito similar en ciudades consideradas territorio republicano, como Phoenix, en Arizona, y Dallas, en Texas, reuniendo a 11.000 y 8.000 personas respectivamente.

Este lunes protagonizó otro lleno total en Los Ángeles, California, donde más de 20.000 personas acudieron al pabellón Memorial a escuchar su mensaje en contra de los multimillonarios y a favor de la clase trabajadora.

A Sanders se le acusa de carecer de atractivo entre los votantes pertenecientes a minorías, aunque eso contrasta con la diversidad de la multitud que le ovacionó en incontables ocasiones durante su discurso en la ciudad californiana, y que estaba compuesta por gente de todas las razas y edades.

Educación superior gratuita, sanidad pública universal, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y del sistema judicial, vacaciones y bajas de maternidad pagadas para los trabajadores, fin de las contribuciones de las corporaciones a las campañas políticas, mayor control de Wall Street y sus bancos, fin de las rebajas fiscales para los ricos…

Sanders habla de todos estos temas en un tono populista y desacomplejado, logrando conectar con un electorado cansado de los políticos, tanto demócratas como republicanos, que anteponen los deseos de sus influyentes donantes a los de los ciudadanos.

El senador de Vermont se ha comprometido a no aceptar para su campaña ni un solo dólar de las grandes corporaciones y hasta el momento ha conseguido recaudar más de US$15 millones gracias a las pequeñas donaciones de 200.000 de sus seguidores.

Cambiar el sistema

“Estoy aquí para mostrar mi apoyo a Bernie porque creo que en este país hay muchas cosas que tienen que cambiar. Hay que reconstruir la clase media y él me ha devuelto la esperanza de que eso es posible”, asegura Edwina Aguayo, quien acudió al mitin de Los Ángeles acompañada de varios amigos.

“Hasta hace unos meses ningún candidato se atrevía a hablar del racismo que existe en este país, y Bernie pone el énfasis en la necesidad de que estemos unidos, sin importar nuestra raza”, apunta la joven.

Daniel, un estudiante de ciencias políticas de 18 años asegura que apoya a Sanders -porque como él- cree que “la universidad debe ser gratuita”.

“Además, el hecho de que no sea un político como los demás y que apueste por cambiar el sistema me gusta”, dice el joven originario del condado californiano de Orange.

“También estoy de acuerdo con él en que la sanidad gratuita debería ser un derecho de todos los estadounidenses y no sólo de unos pocos”.

Su amigo Jake, de 18 años y estudiante de relaciones internacionales, asegura “que hay muchas cosas en las que no está de acuerdo con Sanders, aunque le apoya “porque no es como el resto de políticos”.

“No acepta dinero de las grandes corporaciones y se nota que le preocupa la gente y no sus donantes”. Lo mismo opina Erik Martínez, un estudiante de secundaria de 17 años que por primera vez podrá votar en las presidenciales de 2016 y que le dará su apoyo al senador de Vermont porque este “quiere gobernar para la gente”. “Habla de cosas con las que estoy de acuerdo, como no dar rebajas fiscales a los millonarios o luchar contra el cambio climático. Creo que Hillary Clinton es una republicana disfrazada de demócrata. Recibe demasiado dinero de las grandes corporaciones”, asegura Martínez.

“No hay que subestimarlo”

Según le dijo a BBC Mundo el director de comunicación la campaña de Sanders, la gran cantidad de gente que se congregó en Los Ángeles para escucharle “no fue una sorpresa” dado el éxito que habían tenido sus mítines anteriores.

“Que tantos quieran escucharle hablar demuestra que su mensaje está llegando a la gente de todo el país”, aseguró Michael Briggs.

“Habla de asuntos que los grandes medios no tratan y sobre los que a una mayoría de estadounidenses -ya sean republicanos, demócratas o independientes- están de acuerdo. Cuanto más lo conocen, más les gusta”.

Según Briggs, desde que inició su carrera política como alcalde de Burlington, la mayor localidad del estado de Vermont, Sanders “ha sido subestimado y eso es algo que ha demostrado no se debe hacer con él”.

Viendo la energía desbordante que había este lunes en su mitin de Los Ángeles, resulta sorprendente la poca atención que los grandes medios están prestando a la campaña de Sanders, a quien a estas alturas pocos dan opciones de vencer a Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata.

Pero no hay que olvidar que en 1991 Sanders se convirtió en el primer candidato independiente en ser elegido para el Congreso de EE.UU. en más de cuatro décadas, gracias al apoyo ciudadano que recibió y que ahora está tratando de replicar a nivel nacional haciendo un llamado a una “revolución ciudadana”.

¿Imposible? No para las miles de personas que este lunes coreaban en Los Ángeles en español “Sí se puede”.

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Uno y cuatrino

Mañana comienza la legislatura oscilante, primera etapa de este nuevo escenario camaleónico, en el que las rayas rojas tendrán tan poco grosor como el diametro de las complacencias repartidas se antojen. A partir de la toma de posesión de sus señorías podremos abandonar este zapping político que nos ha tenido eludiendo la publicidad institucionalizada por el rodillo absolutista del PP durante cuatro años, recuperando el placer del debate en Cortes así como, de sabroso aperitivo, podremos degustar los primeros entuertos a desfacer. El que concierne a la Presidencia de la Cámara Baja da la sensación que va a causar menos enrojecimientos de los previstos, y hasta puede conformar un fotógrama inicial que, paradojas de la nueva política, nos traslade a la imagen más viejuna que antojaría esta dispersión de lo mutable, con un superviviente Patxi López encaramándose al trono del reino de este mundo. Vivir para politiquear.

UnoCuatrino1Pero lo que, y más aún tras el ofrecimiento multibanda realizado ayer por Pedro Sánchez, nos tiene a todos en ascuas es qué ocurrirá con el propósito de las diferentes corrientes adscritas a Podemos para establecerse como grupos parlamentarios propios, manteniendo unidad de acción desde la cuatricomia que refulge a partir del morado: cuatro voces, cuatro latigos sobre un mensaje. Cuatro esquinitas tiene mi proyecto. En definitiva, uno y cuatrino, hasta que la plurinacionalidad, tal vez, nos separe.

Para que esto se sustente habrá que jugar con equilibrio entre la línea roja con forma de comba con la que harán saltar inicialmente a las mareas, desde sus dos bordes, tanto el PSOE como Ciudadanos. Así, de pronto, parece sencillo comprar el argumento codicioso de que esta pretensión no esconde más que el interés por multiplicar las asignaciones que el Congreso establece para cada grupo parlamentario, amen de esa supuesta intencionalidad por expandir un pavor consistente en que la formación podemita es, en realidad, un neutrón con demasiados neutrinos orbitando sin prestar atención a la física gravitatoria más elemental.

Pero como de formar Ejecutivo va el juego cuando se lanzan los primeros dados y comenzamos a avanzar casillas, seguramente la desmemoria de algunos volverá a reblandecer eso tan flexible cuando de pactar se trata, llamado “Reglamento del Congreso”. Porque echarse las manos a la cabeza por aquéllo que fue rutina a comienzos de la etapa constitucional para determinados grupos parlamentarios, u olvidar que en la legislatura 79-82, por poner un ejemplo, el PSOE consiguió eclosionar en tres herramientas de hostigamiento al gobierno de Adolfo Suárez, a través de sus diputados catalanes y vascos en libre formacion grupal, no es buen comienzo para berrear a sabiendas que estas cuestiones, futiles y menores, son pasto agrio como primer plato en el menú de entendimiento pactista.

UnoCuatrino2¿Y esos potenciales pactos, cómo se presentan? Con galantería, claro. Ahora todos, a la ribera del PP, desean entenderse con el resto, en gran medida desde un renovado convencimiento de que existen más cuestiones que les unen de las que los separan. Renovadores y en alerta frente a la corrupción parecen ser los tótem sobre los que se asientan estas supuestas convergencias, pero tanto Podemos como Ciudadanos no se ven en necesidad de dar su brazo conciliador a torcer con tanta premura. El PSOE, por el contrario, renace desde su fantasmagórica posición de segundo en la cola de investidura sin vestimenta, amando a todos sus oponentes como sólo la codicia del poder podría soñar. ¿Qué ocurrira de aquí a unas semanas? Una pista o, tal vez, una recomendación estratégico-numérica: PSOE (Contando ese diputado de Nueva Canarias que todo el mundo olvida, y que irá al grupo mixto si bien afirma apoyará un gobierno progresista), más Podemos (unos y cuatrinos), más Junts Pel Sí en su formato de embajada catalana en las cortes del Reino, es igual a 176 diputados. Unos hablan de reforma constitucional para encajar la situación catalana; otros, de referendum para que la ciudadanía dé su parecer; y los últimos, de “hoja de ruta para la desconexión con el Estado central”. Aunque resulte paradójico, también aquí uno puede ser trino. Es lo que vulgarmente se denominaba “negociacion política”, y auguramos que va a volver a ser tendencia en esta temporada invernal.

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El disputado voto de un señor CUP

CUP2Como las causalidades que surgen de la ficción realista hacia el escenario del realismo sociológico, resulta difícil imaginar que el terrenal Delibes imaginara, mientras remataba El disputado voto del señor Cayo, que su prosa tomara forma en la Catalunya de 2015. Tras las asambleas de la pasada semana, y más allá del caso particular que se aireó desde twitter hacia algunas cabeceras, deben existir cientos de sensibilidades ausentes que se estarán preguntando porque la imposibilidad o la desidia les impidió convertirse, tal vez por única vez durante su divagante existencia, en cuestión determinante para algo; más aún cuando del inmediato futuro del proceso soberanista se trata. Empate a 1515 es idéntico a arruga espacio-temporal en un universo que ve como se expande, al estilo de una supernova caprichosa, su trascendencia con visos de explosión magnética, un infarto masivo de intereses que, gracias al compromiso asambleario, produce estos escenarios tan cinematográficamente rocambolescos.

Cientos de miles de votantes de CDC y ERC no pueden conciliar el sueño cada vez que escuchan el soniquete democrático de las reuniones de la CUP. En el fondo, rabian contra la democracia: El artilugio parlamentario tiene un pase para justificar con unos puñados de votos la decisión de unos pocos, algunos que ni siquiera han rendido cuentas electorales en su maldita y corporativa existencia; pero topar el destino frente a diez diputados que, en realidad, son tantos y tantos ojos vigilantes desde las respectivas organizaciones territoriales, resulta inconcebible a aquéllos que, no obstante, se empecinan en timarnos con su inquieta paciencia, cada vez más irritada. ¿Qué ocurrirá mañana, en ese tie break que amenaza con finiquitar un apasionante duelo de voluntades? Pase lo que pase, la división que el resultado producirá entre el público no se presenta, a priori, pacífica. Es lo segundo más relevante que deriva de la democracia real: saber que se tiene poder efectivo de opinión refuerza la propia en detrimento de la ajena, más aún si una supera a la otra por margen tan famélico.

CUP1Mañana, no obstante, se clausura este proces dentro del proces de la manera más deslucida. A golpe de tablas en ese múltiple tablero directo en el que se han batallado las cuatro opciones que la CUP puso sobre la mesa, será el Consejo Político el que tome la determinación, con unas pocas decenas de representantes que trasladarán la voz de sus respectivos órganos territoriales. Un refrendo en diferido, vaya. Y sea cual sea la decisión, el pragmatismo habrá empapado las voluntades que han definido el camino hasta llegar al culmen de una toma de voluntad que, aunque parezca poderoso, ha desgastado sobremanera a las sensibilidades de esta formación política; exigencia injusta y exagerada sobre los hombros, a imagen y semejanza del labriego Cayo, de un porcentaje moderado de apoyos ciudadanos que dirán cual es la senda que tomará Catalunya de aquí en adelante, a la espera de otras potenciales disfunciones en las negociaciones que no han empezado sino comenzar en la Corte. Que la honradez los acompañe.

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