España desahucia en Moscú

Hoy realizaremos una acción inédita en los casi tres años y medio de apertura de esta CasaQuerida, y es narrar un hecho con notable necesidad de difusión, pero a través de una voz que lo ha realizado con la precisión adecuada, desde la cercanía que permite contemplar y llevarse a cuestas para entregarnos el mensaje, la demanda. Hoy no es un tiempo nuevo, hoy no podemos perder ni una línea en la operación de supervivencia regia. Hoy seguimos siendo ajusticiados por la estafa que ha quebrado la clase media sin enemigos a la vista, que ha mejorado su codicia de manera exponencialmente repugnante, que nos desahucia más allá de los ladrillos, hacia el precipicio con cuerda fina, equilibristas de la resistencia.

CasaMoscu1Hoy necesitamos viajar a Moscú a través del reportaje publicado por el periodista Miguel Ángel Nieto en el número de mayo de Tinta Libre. Artistas e intelectuales de España, Rusia y Estados Unidos trabajan en el lanzamiento de un crowdfunding para recaudar el dinero suficiente que salde la deuda de los Niños de Moscú. “La Marca España no puede permitirse desahuciarse a sí misma”, dicen. Reproducimos íntegramente su valioso texto, su alerta inmediata que, de manos de Zapatero y de Rajoy, pulveriza nuestro ya de por sí pasado construido sobre heridas y a las que arrancan la sutura de cuajo para que ni el presente las cicatrice.

Conchita Rodríguez llegó con cuatro años a Moscú y desde entonces no ha vuelto a comer zanahorias. Eso tiene su explicación. Su padre murió en los bombardeos franquistas sobre Guernica, en abril de 1937. Su madre la cogió a ella y a sus dos hermanos, de nueve y dos años, y comenzó a caminar hacia Portbou para escapar de España por Cataluña. Caminó muchas semanas con la pequeña en brazos y los otros dos agarrados a sus faldas, hasta que el agotamiento y la enfermedad acabaron con su vida en los valles de Lleida. Los niños quedaron completamente desamparados.

Conchita ni recuerda lo que hicieron con el cadáver de su madre. Sí retiene en la memoria cómo el hermano mayor tomó el mando y los tres pequeños siguieron caminando y robando zanahorias en los huertos para sobrevivir. El mayor vigilaba y daba la señal. Conchita entonces se agachaba y, con disimulo, extraía de la tierra las zanahorias que comían sin lavar. Y recuerda también que fueron muchos días y muchas noches.

Al cabo del tiempo chocaron milagrosamente con miembros de las Brigadas Internacionales que habían llegado a España a defender desinteresadamente al gobierno de la República. Para entonces, los tres niños ya no eran niños, eran tres manojos de huesos con las barrigas hinchadas y envueltos en harapos.

Los brigadistas, algunos de ellos de la Lincoln estadunidense, los llevaron ante Dolores Ibarruri (en ese entonces dirigente del Partido Comunista de España) y gracias a su mediación lograron embarcar hacia Moscú, junto a 3 mil 500 niños españoles que llegaron por otras vías y fueron acogidos generosamente por familias rusas. La mayoría de ellos procedía de colonias infantiles del País Vasco o Levante, donde habían sido enviados por sus propios padres para ponerlos a salvo de aquella guerra civil de 1936. En aquel Moscú de infinita pobreza les aguardaba cariño, sí, pero también una infinita dieta de patatas crudas y una espantosa guerra mundial a punto de estallar.

Con los años, fundaron en Moscú la Casa de España en la céntrica calle Kuznetsky Most, un lugar de referencia para todos ellos en un país sin embajada española ni relaciones diplomáticas con el dictador Francisco Franco. Ahora se llama oficialmente Centro de Estudios de la Cultura Española (CECE), pero hasta en los letreros del portal sigue poniendo lo que siempre ha sido: Casa de España.

A la fecha quedan vivos 103 de aquellos niños, hoy todos mayores de 80 años y algunos de más de 90. Ancianos que se reúnen a diario en esa sede y cocinan lentejas o fabada, siempre platos españoles, y juegan a la brisca o al mus para sortear los tantos años de frío y orfandad. Es, literalmente, su casa, “la casa de todos los españoles”, como insiste su actual presidente, Francisco Mansilla, que llegó a la entonces Unión Soviética con 10 años y ahora tiene 87.

Desde 2006, apenas un año después de que el entonces presidente español José Luis Rodríguez Zapatero los visitara y se hiciera fotos fraternales en esa Casa de
España por la que había pasado hasta el príncipe Felipe, quedó bloqueada la subvención oficial que recibían para pagar el alquiler de su sede. Así comenzó la angustia. La supresión definitiva de la subvención fue efectiva en 2011, justo cuando Mariano Rajoy llegó al poder. No era mucho. Eran 40 mil euros anuales (lo que cuestan dos almuerzos del Consejo de Ministros), pero era un dinero vital para pagar mensualmente el alquiler del inmueble, subvencionado a su vez por el ayuntamiento de Moscú.

A partir de ahí comenzó esta penosa historia de un desahucio anunciado. Mansilla recibió una primera carta de la administración española en la que se le indicaba que no se habían justificado debidamente 21 mil euros que los “Niños de la Guerra” destinaron en 2006 a donativos para otras entidades humanitarias que lo necesitaban y para sufragar el costo de los entierros de muchos de sus socios a los que la edad ya no había perdonado. En otras palabras, no se les daba una subvención ni para funerales de españoles ni para que fueran solidarios con otros ni para que lo justificaran como “gastos sociales”, tal como habían hecho. Y era cierto, como también reconocieron por carta los ex niños de Moscú. El destino de ese dinero no se ajustaba “literalmente” a la reglamentación que se exigía en el Boletín Oficial del Estado. 

El reclamo de la deuda pasó del Ministerio de Asuntos Exteriores a manos del Ministerio de Hacienda en 2010. La reanudación de las subvenciones quedó de facto congelada y condicionada a la devolución íntegra de ese dinero. En un oficio enviado a Moscú por la Agencia Tributaria hace apenas cinco meses, se reiteraba textualmente que esos 21 mil euros se habían convertido, aplicados los correspondientes intereses, en 25 mil 554 euros. Un dinero que crece cada año y que en España puede parecer poco, pero en Rusia, donde el salario promedio mensual rara vez supera los 500 euros, es una verdadera fortuna.

De nada han servido las muchas cartas que Francisco Mansilla ha remitido a Hacienda solicitando que se acepte una devolución a plazos. Porque mientras tanto, las subvenciones de Madrid han seguido sin llegar y el precio del alquiler que cobraba el ayuntamiento de Moscú se ha triplicado. Han logrado pagar los cuatro primeros meses del alquiler de 2014 gracias a una donación inesperada que recibieron del gobierno vasco. “Gracias a este gesto de solidaridad, el Centro Español en Moscú podrá sobrevivir hasta el mes de mayo”, escribía Francisco Mansilla en una carta de agradecimiento fechada el 26 de febrero de este año. “Mientras tanto, estamos esperando una solución por parte del gobierno español”.

Los próximos meses, de hecho, los vuelven a afrontar con aportaciones personales de los socios. Las aportaciones personales de estos 103 mujeres y hombres proceden exclusivamente de los 360 euros mensuales de pensión que perciben del gobierno ruso, más los 200 euros al mes que reciben desde España a través del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso). En otras palabras, de lo que puedan arañar de sus vitales pensiones contributivas por jubilación.

Tras la última comunicación de la Agencia Tributaria incrementando los intereses de la deuda y sin haber recibido respuesta a las cartas enviadas al gobierno de Madrid, escribieron al rey Juan Carlos y a su hijo. El 23 de diciembre de 2013 recibieron respuesta de la Casa del Rey. Alfonso Sanz Portolés, jefe de la institución real, decía que “por encargo” expreso del rey había “remitido su escrito” sobre “la difícil situación por la que está atravesando el Centro Español en Moscú” a “la Presidencia del gobierno, para los efectos oportunos”.

De momento, sólo han recibido el silencio por respuesta. Ni Mariano Rajoy ni ningún otro miembro del gobierno ha atendido a la mediación del rey en el asunto ni a las muchas cartas que se les han enviado a través del consulado en Moscú. Las aportaciones de España en 2013 se habían limitado a cubrir “los gastos del seguro médico y los complementos al subsidio mensual de los Niños de la Guerra residentes en Rusia”.

Todos los demás gastos se cubrieron con donativos y aportaciones personales de los socios. Es decir, y según figura en la contabilidad oficial de la Casa de España: alquiler del local, comunidad de vecinos, electricidad, gas, evacuación de basura, comunicaciones, “un agua en botellones”, impuestos, comisiones bancarias, “papel higiénico, detergentes, platos y vasos desechables, reparaciones, limpieza” y organización de actividades culturales.

En total, un millón 722 mil 158 rublos, es decir, 35 mil 177 euros procedentes del bolsillo de unos niños que involuntariamente quedaron “huérfanos con sus padres en vida”. Sólo en 2013, el alquiler del local había subido de 13 mil a 26 mil euros anuales, justo el doble. En 2014 un nuevo aumento ha colocado el alquiler en casi el triple de lo que pagaban hace un año.

Son cifras que los amedrentan. Las muestran durante un sencillo almuerzo en la propia sede, para el que Conchita ha preparado un guiso de lentejas a la vasca y regadas con vodka. Una comida en la que mezclan el ruso y el castellano con absoluta naturalidad y en la que reconocen sin lágrimas que aún no comprenden la vida que les ha tocado ni de qué tienen la culpa.

Eran muy pequeños cuando les acogió una Rusia proletaria afectada en esos tiempos por la llamada “peste hambruna” que se venía propagando desde 1933 y que llegó hasta Ucrania, la despensa de Moscú. Les acogió una Rusia que les dio mantequilla, becas, formación técnica superior y empleo cualificado en los lugares más remotos de la estepa. Recibían becas especiales, equivalentes a lo que hoy serían 500 rublos mensuales (10 euros), mientras que las de los rusos eran de 150 rublos (tres euros). Se les permitía acceder a puestos técnicos de gran nivel sin la obligación de hacer las oposiciones que exigían a los rusos. Les acogieron familias rusas que les convirtieron en hijos legítimos. Se les trató como a príncipes desheredados, con verdadero afecto y compasión.

Pero también les acogió un terrible régimen político que hasta 1947 les prohibió cualquier gestión que pudiera permitirles localizar en España a sus padres biológicos, un régimen que les negó el derecho a escribir cartas a sus familiares. Familiares, por cierto, que suponían a salvo a sus “huérfanos”, que los imaginaban en el paraíso socialista y que no sabían  —ni podían imaginar— que muchos de ellos morirían por las enfermedades contraídas por los alimentos crudos o en mal estado que en aquellos primeros años eran los únicos de los que disponían los soviéticos. Que ignoraban que los habían salvado de una guerra en España para dejarlos a merced de las consecuencias de una guerra mundial en suelo soviético. Y que tampoco supusieron que hasta 1956, año de la muerte de Stalin, se les impediría salir de las fronteras de lo que fue la Unión Soviética.

“¿Por qué el gobierno no entiende que estamos muriendo en tierra ajena?”, se pregunta Enrique Alonso, el secretario de la Casa de España mientras felicita a Conchita por el sabor de las lentejas. Por haber nacido en Rusia en lugar de en España, como su hermano, no percibe ningún tipo de subsidio. A efectos legales es un ruso. Y sin embargo dice: “Yo fui engendrado en España, aunque mi madre dio a luz en Moscú. Soy español. Y el sol de la patria calienta mejor que éste”.

Cada una de las 103 historias personales que sobreviven en Moscú tiene la morfología concéntrica de la cebolla. Capas y capas y capas que tienen su origen en la misma tragedia: el exilio involuntario; el exilio de niños, en algunos casos de bebés o embriones, cuyo único delito ha sido que sus padres los pusieran a salvo de las bombas franquistas.

Mansilla, el presidente del Centro Español, abandonó su casa madrileña en El Rastro en octubre de 1936 y estuvo en una colonia de acogida en Valencia hasta marzo de 1937. Llegó a Moscú con 10 años, en un interminable viaje en el buque Cabo de Palos junto a los otros 100 chavos de la colonia levantina. Un barco, por cierto, que a su regreso a España fue bombardeado y hundido por transportar tanques para los republicanos.

Los cuatro hermanos de Francisco Mansilla pudieron regresar a España en 1956, cuando Kruschev autorizó la salida de los “niños” españoles. Su antecesor, Joseph Stalin, los había retenido en suelo soviético porque los quería enviar “a otras revoluciones”, a lo que llamaba “la revolución permanente”. Pero a Francisco le negaron la entrada a España cuando por fin podía salir de Rusia por considerarlo “comunista”. Y es lógico, dice, mientras abre una botella de coñac que en realidad es de whisky, pero él no lo distingue: “Hemos sido comunistas siempre y lo seguiremos siendo. Por más errores que se hayan cometido aquí, seguimos creyendo en los ideales”.

Cuando Mansilla localizó a sus padres a través de una carta que envió a un cura de su pueblo natal, la respuesta que recibió fue la siguiente: “Te hacíamos muerto en las nieves de Rusia”. Su esposa rusa lloraba en 1970 cuando lo acompañó a España, la primera vez que regresaba, y vio una tienda con más de 200 tipos de quesos diferentes, porque en Moscú jamás habían visto uno. La madre de Mansilla había muerto 10 años antes, en 1960. Su padre, ya muy anciano, moriría 14 años después de aquel primer reencuentro.

Tras el relato, Mansilla brinda “por las mujeres que adornan esta mesa” (un brindis tan clásico como gentil en Rusia) y luego brinda “por España”. Yo los invito a que lo hagan por mi brindis favorito, “por si acaso”. Después, levanta lentamente sus 87 años y camina por la última fotografía que le tomaron en Valencia. Asombroso. Ya era un niño menudito, rapado, con la mirada clavada en la incertidumbre. Se le escucha y sigue siendo el mismo: un niño.

Es importante entender que en Moscú sólo quedan vivos 103 de estos pequeños exiliados. Y es importante no sólo por la desproporcionada insolidaridad que a estas alturas representa su nuevo abandono, sino por lo que económica y jurídicamente significa. Al reclamo de esos 21 mil euros de gastos indebidamente justificados en 2006 y sus correspondientes intereses de Estado, se sumó contra ellos una reforma legislativa realizada en 2008 y 2009, de nuevo de manos de Rodríguez Zapatero. De ser refugiados de guerra pasaron a ser “emigrantes”, sin más. Como si hubieran sido ellos los que decidieron abandonar España por su cuenta. Como tales, tienen derecho a una ayuda anual equivalente a un dólar por cada miembro de la comunidad, es decir, a 103 dólares en el caso de los Niños de la Guerra frente a los 330 mil dólares que percibe, por ejemplo, la comunidad de emigrantes en Argentina, compuesta por 330 mil españoles, o a los 160 mil de la comunidad española en Venezuela o a las 180 mil personas de nacionalidad española en Francia.

Las ayudas, además, se daban sólo en el caso de que dichas comunidades obtuvieran más de 25 puntos en los nuevos parámetros que establecía la ley. Los puntos dependían de la cantidad de actividades “culturales” que organizaran dichas comunidades.

En el caso de los Niños de la Guerra, en ningún momento llegaron a los 25 puntos, lo máximo que han alcanzado es 15, pues además de ser muy pocos y no percibir la subvención anual, apenas han tenido dinero para organizar suficientes actividades como para percibir esos 103 míseros dólares de subvención anual.

Otra vez el asombroso destino.

“No pretendemos con esta carta abrumaros ni quitaros ningún tiempo”, reza el mensaje que enviaron a los reyes y al príncipe de Asturias el 17 de diciembre del pasado año. “Los que quedamos en Rusia organizamos en ella nuestra vida y familia y, siempre pensando en España, nos conformaba acudir a nuestra amada tierra al menos una vez al año, mediante los viajes organizados por el Imserso”.

Curiosamente, el bloqueo económico a los Niños de la Guerra ha afectado también a esos viajes. Ya no se les paga nada ni se les facilita nada. Hace ya unos años que el Imserso recibió instrucciones del gobierno de no subvencionar esos viajes que realizaban a España.

Es terrible, dice Mansilla: “En Rusia somos españoles y en España, rusos. Sin ver España es muy difícil nuestra vida”, añade. “Nuestro tiempo se agota”, dice por otra parte en la carta enviada a la Casa del Rey.

“Si Vos no lo conseguís, seremos desalojados de este lugar histórico para España (…) y en ese desalojo también se irá nuestro corazón, ya que es el espíritu del Centro Español, identidad de nuestra patria perdida, lo que nos mantiene aún con vida”.

Tristes datos de mayo de 2014. Los 103 Niños de la Guerra deben a la Hacienda española 25 mil 554 euros, intereses incluidos. Hacienda no acepta el pago aplazado que han propuesto, a razón de 2 mil 554 euros por año. Mientras la deuda esté viva, no volverán a percibir los 40 mil euros anuales de subvención que les permitan pagar el alquiler de la sede y su mantenimiento.

La Casa de España, tan humilde, tan deliciosamente noble y acogedora, ha comenzado a empaquetar en cajas sus enseres.

 

Las victorias derrotadas

Con cierto retraso sobre el horario previsto, y tras varios (y supuestos, nunca confirmados) recuentos sobre la línea de gol, las escasas mil papeletas delegadas entregaron la victoria en el 38º Congreso del PSOE a Alfredo Pérez Rubalcaba por veintidós voluntades de diferencia. Desde la tarde de ayer, con los teléfonos compromisorarios haciendo bip bip sin parar, bajo recomendaciones varias con nocturnidad y simpatía, era bien sabido que el sprint se decidiría con foto finish, pero ahora cabe preguntarse qué premio lleva aparejado el triunfo. En definitiva, cómo se reparten los restos del naufragio.

Cualquier individuo familiarizado con el mundo de las apuestas no hubiera tenido dudas a la hora de realizar su pronóstico con semanas de antelación: un fijo al último candidato a la Presidencia del Gobierno por la formación socialdemócrata. Y es que no ha sido este Congreso un ejemplo de renovación necesaria, tal y como se habría supuesto tras la debacle electoral de noviembre; en lugar de presenciar valientes pasos al frente, plenos de energía y voluntades recicladoras, las familias de la rosa y el puño, desgastadas institucionalmente de norte a sur, prefirieron recoger vela y lanzar tímidamente sus batallas tras los rostros de dos compañeros bien conocidos, con amplio recorrido. Y en esa ruta, Rubalcaba se las sabe todas. Estamos ante un ministro de clase media en el entramado felipista, capaz de sobrevivir en la travesía en el desierto que supuso el liderazgo despistado de Joaquín Almunia, reverdercer con fuerza en el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero y, finalmente, capitanear la nave varada socialista en sus contradicciones acción de gobierno vs promesas electorales. Ante un rival que se presentaba en el ring con las mismas heridas de guerra que su oponente, sin capacidad para librarse de la responsabilidad gestora de los últimos siete años de gobierno, estaba relativamente claro que no había que esperar a un triunfo a los puntos, aunque así lo pareciera visto el ajustado escrutinio.

Estamos frente a la primera ocasión en la que el PSOE, a lo largo de su travesía en período democrático, enfrenta un Congreso tras caer derrotado en los comicios sin esperanza de cambio en su devenir dirigente e ideológico. Sorprende más aún cuando lo sufrido a finales del año pasado fue una auténtica debacle que escalofrió sus cimientos plagados de aluminosis previa, de gobernanza sin rumbo valiente. Lo de hoy es una victoria hueca, auspiciada por unos para repartirse las sobras de una merendola mohosa que no da para todos. Seguramente por eso nadie ha prestado atención a posibles discursos con contenido reformador; de haber ocurrido, el sonrojo en la tez de ambos candidatos habría competido en luminosidad con el rojo de la cartelería socialdemócrata de fondo.

Esta durísima etapa de crisis económica e institucional que azota, particularmente, a nuestro país tiene visos de perpetuarse en septenio de vacas pero que muy flacas. Las dos principales formaciones políticas nacionales se autocomplacen en su estudiada resistencia canovista, es decir, se han dado cuenta (mucho no han tardado en hacerlo) que no deben complicarse demasiado para obtener una confortable existencia año sí, año también. La alternancia en política, ese término tan salivado por los que ganan y pierden armónicamente, les ha hecho ver que es mejor guardar las dagas y pelear, a lo sumo, con espadas de madera. Hoy el PSOE le ha otorgado la vara de mando a quien no tiene nada que ofrecer de cara a las necesarias soluciones que demanda una sociedad empobrecida. Mientras, en el Palacio de La Moncloa, descansa aquel que tras dos derrotas consiguió el objetivo de su corporación. Se le ve poco, pero el asunto del desempleo de los suyos lo va resolviendo eficazmente. Ahí acaban sus universos y empieza nuestra miseria.

La Historia al caer el telón de ETA

El jueves 20 de octubre de 2011, por la tarde, tres dirigentes de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) han anunciado que la asociación armada a la que representan abandona definitivamente su acción bélica, asesina y hueca. Ese fue el pitido inicial a un proceso aperturado desde la máxima complejidad social, imposible de reflexionar desde ningún ámbito con la más mínima garantía. Pero sí nos traslada obviedades pasadas, aspiraciones futuras y, sobre todo, expectativas con respecto a la altura de los masivos interlocutores que, a estas horas, buscan micrófono y medalla para dar lustre a su recorrido.

En el día 0 de un Estado en calma macroasesina, sin la angustia de cientos de ciudadanos que se despiertan acompañados de un reconfortante extraño que cuida sus espaldas y sus cráneos, es indiscutible que esta fecha marca una tinta luminosa, eufórica, en la Historia de España, de Euskadi. Nada es casual. Tras la mesa encapuchada, negruzca, encabezada por el hacha y la serpiente que significan ausencia de ideas y futuro, se han trasladado mensajes y propuestas en las que descansa la razón de cientos de ciudadanos, de toda condición responsable, de todo ámbito esencial, hasta condensar un discurso medido y profundamente elaborado. No así consensuado, no desde todos los vértices. Baste como ejemplo la desesperación del Lehendakari, desde un aeropuerto norteamericano, intentando embarcar para no desplazarse demasiado de la histórica instantánea que ya están horneando en el cuarto de revelado.

Lokarri, es decir, lo que sirve para unir, ha escenificado de manera magistral el capítulo trascendental de este largometraje sangriento, de cientos de rombos. Por este lado del guión, evidentemente había un conseso productivo a la hora de rematar un mensaje liberador. Todos los ponentes, defensores y potenciadores de esta cumbre de luz y taquígrafos estaban al tanto de los títulos de crédito. Desgraciadamente, cuando el éxito está asegurado, el ansioso e insaciado espectador acepta que le esperan secuelas, segundas y terceras partes, que pueden empeorar el producto original; en este caso, ese desarrollo es inevitable, el nudo grueso del ovillo a deshilachar. Se podrá discutir la ausencia de generosidad redentora de los encapuchados, la necesidad de gestos inmediatos, rotundos, casi libertarios tras tanto pánico acumulado durante más de cuatro décadas, pero eso no va a ocurrir. Ni ahora ni a medio plazo. Los manuales de Historia, la literatura y el desarrollo de las respuestas ahora enterradas irán abrillantando una época timorata.

Lo que sí van quedando son cadáveres… políticos. ¿Cual será el alimento miserable de los Mayor Oreja, Rosa Díez y demás profesionales de la supervivencia pública a costa de enarbolar el terror amplificado? La de Sodupe ha llegado a montar un adorador tejemaneje electoral con el único propósito de monopolizar el micrófono de su discurso rabioso, lejos de la democracia organizativa de su antigua formación. Esta misma noche hablaba de prudencia, de incomprensión ante la supuesta euforia inmadura de la mayoría de opinión. Según la voz en el desierto fértil, en concomitancia con la portavoz de la AVT, su única aceptación comprenderá la rendición, la entrega de armas y la petición incondicional de perdón sincero. La trinidad de la arrogancia cobarde, el terror a perder el espectro alimenticio.

Sigamos con las preguntas, auténticas protagonistas de esta impactante velada. ¿Beneficia políticamente a alguien este anuncio, a día de hoy? A corto plazo, no parece. La gravísima contracción financiera que padecemos, unida a la desaparición, de facto, de la actividad terrorista hace más de dos años, ha despeñado su importancia ciudadana a niveles ínfimos en los últimos barómetros del CIS. A un mes vista de las elecciones generales, pocos votantes modificarán su decisión frente a las urnas en función de lo acaecido hoy, más aún con esa sensación de que tras el anuncio no hay negociación por parte estatal ni triunfo con rostro y apellidos por parte de nadie, aunque pueda aplaudirse a algunos más que a otros. Pero, sobre todo, porque lo que ahora se abre es el liderazgo en la forma de enfocar el cierre definitivo de la tragedia, y en ese devenir los electores tienen claro, en su esencia, cual es el perfil que prefieren en la punta de lanza del Estado de Derecho. Eso no resta que desde el entorno abertzale el espectáculo esté bien medido. Tal vez, sólo tal vez, necesitan despojarse del armamento antes de la presencia del Partido Popular en La Moncloa, a sabiendas que Rajoy tiene imposible justificar concesiones inevitables para que el futuro sea limpio. Porque ahí sí, a medio plazo, nos encontraremos con consecuencias políticas, siempre desde el lado de la realidad vasca. A diferencia de movimientos terroristas patrios del corte Grapo, Terra i Lliure o MPAIAC, borrados con relativa sencillez al no disponer de una cobertura ideológica asentada notablemente en su entorno social, ETA ha sobrevivido gracias al arraigo manifiesto de una orientación en la sensibilidad ciudadana de cierta relevancia en el territorio que, demagógicamente, pretendía liberar. Si alguien tenía dudas al respecto, la torpeza inconstitucional asumida por la mayoría política nacional que significó la Ley de Partidos Políticos dejó plena constancia. Mártires y más mártires sobrevivieron al éxodo institucional hasta que, en los pasados comicios locales, las siglas de turno de marca abertzale de izquierda sobrepasaron expectativas halagüeñas en el marco representativo. Ese destierro dio perspectiva a la organizada convicción ciudadana que en Euskadi cree, firme y pacíficamente, en un Estado soberano, e inundó de maná jugoso una consciencia latente en una sociedad madura.

¿Hay espacio para la amnistía presidiaria? En ningún caso. La paz no implica la desaparición de consecuencias penales equivalentes a cualquier delincuente que incumpla el pacto social. Aquí nos enfrentamos a cientos de reos que han balaceado fríamente a funcionarios públicos, responsables políticos, catedráticos ilustres… ciudadanos inocentes, muchos anónimos para el resto de sus compatriotas, en definitiva. Todo muy lejos del presidio de conciencia, del encarcelamiento por divergencia ideológica. El arrepentimiento es valorable desde su prisma redentor y mantiene unas consecuencias establecidas en la legislación de enjuiciamiento criminal, pero la reinserción y rehabilitación que inspira nuestro Código Penal no puede saltarse plazos a una quinta marcha que provoque derrapes innecesarios en la vía que debemos ir asfaltando. No obstante, queda por ver el fundamento jurídico de ciertas condenas, algunas muy cercanas en el tiempo, que mantienen a líderes políticos encarcelados bajo discutibles sentencias que pretenden mezclar palabra con pistola, que arremolinan discurso con dinamita. Quien sabe, tal vez sí alguno de esos reclusos sea mañana aplaudido a las puertas de un centro penitenciario y alzado como pacificador visionario. La Historia también se va escribiendo con algún borrón.

Los mezquinos deben quedar fuera cuanto antes, apagarles definitivamente el micrófono indecente que amplifican para masticar su miseria política, sus sobras con apariencia golosa. Por el lado contrario, determinados líderes de opinión, habituales de los atriles y escaños elegibles, tienen la oportunidad de demostrar altura política el día después del discurso aprehendido como dogma de campaña. Aquí hace falta extrema de perspectiva histórica, nadie puede apoderarse del futuro que entierra décadas de miseria. No se puede exigir cuando se es parte relativa de las huellas por formar, el vivo no puede reclamar perdón para los que no están, los que tal vez abrazaran la butaca y el café sin la nuca alerta. Porque, seamos dolorosamente honestos, las más de ochocientas víctimas masacradas por ignorantes pistoleros, por incapaces de romper el sonido del viento con la palabra y no con el acero atragantado de pólvora, tienen la única exigencia hereditaria de proteger la dignidad histórica de sus familiares, no el derecho a reclamar la imposición de su visión en el proceso. El dolor ante el fallecimiento abrupto, ante el asesinato, siempre expande ondas de dolor en un círculo humano, sea éste más o menos amplio. La sangre que se derrama por una cartera con pocas monedas a intercambiar por heroina, la sangre mancillada por la torpeza inhumana que pisotea ideas y propuestas; no obstante, a nadie se le ocurriría entregar el futuro penalista de millones de esperanzados ciudadanos a la revancha, a la necesidad de victoria caducada. Y la dignidad no puede borrar la memoria, abrazar la inmediatez con réditos palpables. En definitiva, José Luis Rodríguez Zapatero no puede afirmar, como hoy lo ha hecho, el compromiso con la dignidad de las víctimas etarras cuando ha abandonado la de cientos de miles de torturados, fusilados y expoliados demócrastas, de igual valor humano nacional, con una normativa sin sustento presupuestario, comprometido ni valeroso. Todos a una, todos frente a nuestro destino como sociedad.

Es seguro y comprensible que a muchos les irrita asumir en el centro del fotograma a esos responsables públicos elegidos bajo siglas detestadas, ver un final sin goleada, tan siquiera sin victoria por la mínima en el último minuto. Queda un mes para moldear un esqueleto descalcificado, una parte de nuestro recorrido social que hoy ha llegado a su inapelable fin. Es cierto que, tras el anuncio del cese definitivo de la violencia, no nos hemos detenido en la instancia inmediata a la afirmación largamente esperada; el trío encapuchado reclama la apertura de diálogo con el Estado español y francés para buscar las vías que rematen el guión. ¿Sabremos asumir que el fin de una metástasis en feliz regresión no tiene vencedores ni vencidos, no debe tenerlos nunca? Todos juntos lo diremos. Mascullen lo que mascullen algunos pigmeos políticos, esta noche hay muchos acertantes de primera categoría sin necesidad de apuesta azarosa: miles de ellos disfrutarán mañana de su primer café en décadas con una espalda únicamente tapada por sus respectivas chaquetas.

Crónica de un adelanto anunciado

Qué poca emoción transmite una noticia del calibre que se supone a un adelanto electoral nacional cuando éste es un secreto a voces desde hace meses. Aunque el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha negado en redondo a confirmar siquiera el planteamiento de este extremo desde los recientes comicios locales y autonómicos, lo cierto es que el PSOE era consciente hace muchas jornadas que el Campeonato se le estaba escapando del terreno arenoso en que zigzaguea la política. El anuncio que ha trasladado el Jefe del Ejecutivo esta mañana trae perdida la principal baza que se le supone: el efecto sorpresa para desarbolar al contrario y recortar terreno en la carrera de obstáculos que le espera a un especialista en velocidad lisa como es Alfredo P. Rubalcaba. No es que el adelanto se sospechara, es que la fecha definitiva de celebración de los comicios al Congreso de Los Diputados y al Senado (20 de noviembre) se especulaba firmemente días atrás en los principales medios de comunicación. De este modo, el Partido Popular ha tenido tiempo para aprovecharse del tirón del contricante y, sin excesivo esfuerzo, mantener su todavía holgada ventaja en carrera.

Establecer la fecha definitiva de las próximas elecciones generales el  próximo 20 de noviembre, fecha de infausto tufo dictatorial aunque pueda también verse como el día 1 del cambio que nos ha traído hasta aquí, suena a riesgo calculado: Si bien la sensación espontánea que nos aparece sustenta un margen apurado para confiar en un volteo radical de lo que a día de hoy exponen las encuestas sobre intención de voto, no hay que desdeñar el escenario soportable que vive actualmente la formación de Ferraz, con un candidato disfrutando de su efecto novedad (qué mal estamos si un sujeto que ha mantenido importantes y longevas responsabilidades de gobierno se presenta como alternativa innovadora, extremo extrapolable a ambos líderes en la terna a máximo responsable político del Estado), unas previsiones de descenso del paro propias de la temporada estival y, sobre todo, un margen temporal exacto para eludir el previsible enmarañamiento de las redes de pesca de esos mercados hambrientos y crueles que tanto pavor producen a los gobiernos cobardes.

Efectivamente, sostener la legislatura hasta su efectivo cumplimiento supone arriesgar el encontronazo de bruces con una valla solitaria en medio de la carrera, una de ésas en forma de intervención especulativa, crecimiento abrupto de la tasa de desempleo tras la orgía navideña y vuelta al resacón de los días de currículums y negativas ó, aún peor, desgaste apresurado del antifaz que cubre el rostro de la vieja era. Agosto es un mes muerto en el sentido de las ideas; éstas se reblandecen y encallan al sol que, cada día más, calienta y tuesta. Por lo tanto, 30 días ya se han consumido para gestionar las energías disponibles. En unos escasos dos meses y medio, Rubalcaba debe aniquilar el descontesto global que ha generado la sobreexposición de las radiaciones capitalistas sobre nuestras indefensas pieles e irradiar aptitudes que se le suponen, se le conocen, pero también se le temen. Por su parte, Mariano Rajoy no tiene más remedio que aprender a convivir nuevamente con el patíbulo de las apariciones públicas, incapacitado como estará para escapar a la francesa de filias, fobias, corruptelas y falta de respuesta a un futuro que, aunque se le antoja suyo, es tan abstracto como la incomprensión que siempre le ha corroído desde el escalafón de eterno perdedor.

Y a todas estas, ¿cual es el plazo que manejamos todos aquellos que venimos abogando por cambios estructurales en la composición política y espiritual de nuestras instituciones? Pues más bien poco, ya que todas aquellas proposiciones que se vienen perfilando desde los pasados comicios locales y autonómicos no tendrán reflejo en novedades, por insignificantes que éstas fueran, dentro del nuevo circo electoral que se lanza sobre nuestra responsabilidad cívica. No obstante, a pesar de volver a padecer una injusta normativa de reparto electoral, el 20-N (cómo espeluzna escribir esa fecha para tratar un asunto relacionado con la dignidad democrática) no debemos olvidar que hay variadas papeletas en la mesa electoral; en ellas se encierra la diversidad de nuestras exigencias, de los heterogéneos reclamos. Ante la desidia y la resignación, nada mejor que emplear un tiempo extra de este tiempo que no nos sobra con el objeto de madurar nuestra elección en una onomástica que, en lugar de retrotraernos a la mullida desaparición de un ogro infame, puede ser recordada como el primer día de una nueva democracia.

Plazos incomprensibles, realidad desconcertante

Finalmente nuestro análisis a raíz de los plazos y modos de la sucesión socialdemócrata cara a los comicios generales de 2012 no se ha cumplido. Hemos errado en lo primero, no así en lo segundo. Efectivamente, la presión de algunos barones del partido en el poder, demandaba con estrepitosa intensidad la necesidad acerca de un mensaje que aliviara las alforjas que suponen enfrentarse ante el electorado vendiendo el producto podrido que llega de Madrid después de esperar en aduanas europeas un salvoconducto, ignorando éste las fechas de caducidad y los plazos óptimos de disfrute y aprovechamiento de la mercancía.

Los tiempos, como decimos, se han acelerado. No es ninguna novedad; una relevante mayoría, en cantidad e importancia, de analistas políticos nacionales ha venido anunciando la posibilidad de exclusiva antes de las elecciones locales y autonómicas del próximo mayo. Es apostar a cierto caballo vencedor, sin tara y con jockey estilizado. En primer lugar por esa extendida impresión de que, si algo domina el jefe del ejecutivo, son los tiempos. Y esos tiempos los ha marcado como un hábil lanzador de penaltys. Lo discutible es comprender con quien ha consensuado esas zancadas, y si el camino hasta el balón era el conveniente para el golpeo.

Si el PSOE quiere mantener alguna posibilidad de evitar una debacle superior a la que se fue gestando a partir de 1996, con derrotas internas, de ideología, contenido, coherencia, transparencia y democracia, así como vapuleos externos, la fecha del primero de octubre era la línea de meta que permitía a sus cuadros organizativos y liderazgo probable establecer un cauce de actuación y objetivos adecuados en tanto en cuanto gozarían de plazo para recuperar el margen de distancia estadística con los neocom patrios y, a su vez, evitar el lastre de tener que echar la vista atrás, cual corredor de fondo, por si algún enemigo se acerca en la distancia cuando lo creíamos ampliamente superado. José Luis Rodríguez Zapatero, en su glosario de justificaciones, dejó caer de forma liviana una que era todo. La familia. No hay más vueltas en los vericuetos del viscoso entramado político moderno. Complejo y tortuoso. Maligno y calavérico. Su situación personal, producto de un desgaste asfixiante en los últimos tres años para un núcleo de parentesco acostumbrado a otros ritmos en su andar han situado al premier nacional en una agonía diaria difícil de comprender para los que asumimos que la alta política es sacrificio no dubitativo. Se mire por donde se mire, se disfrace y trabaje como se quiera y pretenda, el anuncio realizado en estos días por el Presidente del Gobierno es innecesario de cara a la confianza que pueda o no generar el gobierno nacional cara a las reformas por plantear y, sobre todo, realza el brillo del mandoble en la estocada de los derechistas de este Estado nuestro.

El PSOE se tendrá que ajustar el nudo, mientras que Zapatero se lo suelta antes de lo indicado

Efectivamente, el PP se ha encontrado con un obsequio tentador y con sólo un lazo atravesado: el alivio personal de ZP que le permitirá desenvolverse a nivel público en campaña con mayor gracia y creatividad y, sobre todo, con cierta complacencia de un sector del electorado de izquierdas que lo tenía cruzado y que, a partir de ahora, puede entender los mitines de campaña como una gira de despedida, cual estrella del rock en decadencia. Pero esos aplausos en los bises, cuando entone la letra nostálgica de sus mejores éxitos, no le servirán para evitar que sus contrincantes repitan a sus trece millones de fanáticos la consigna de que han conseguido derrumbar una torre antes de que las termitas roan la superficie. A Presidente muerto, Rejoy impuesto. Este anuncio entierra el mensaje de los representantes socialdemócratas, de Frontera a Finisterre. Ahora todo será mensajes más vacuos y aplausos secos y sordos. Y, mientras, la terna de candidatos que analizamos en este espacio de encuentro mutuo ha acelerado su descomposición por tantas prisas hasta empujar a únicamente dos la batalla por el pulso mortal. Sin eliminatorias ni contenido, sin corrientes ideológicas ni propuestas. Sencillamente, la batalla por el mando, realzando el abandono teórico de un partido que sólo ha mantenido (rescatado, en realidad), un logo, cual multinacional vendedora de estupefacientes dialécticos.

Rubalcaba o Chacón. Blanco o negro. No hay historia pero hay tiempo. Demasiado. Lo que aplasta este egoismo poco consensuado es la capacidad de regeneración de lo marchito, sin ambages ni recovecos. Se estudie desde cualquier perspectiva interesada, la bandeja brillante está en la mesa de los populares, con la cabeza de un Presidente que entregan en el convite de mitin de domingo. Y eso es una victoria sí o también. Habiendo retrasado la propuesta de futuro a la caída de las hojas hubieran conseguido el margen adecuado para hablar y discutir únicamente de lo que importa: los proyectos que presentarán a los ciudadanos para retomar su confianza y reestablecer el equilibrio en los proyectos de futuro de la nación. Lo de ahora es un circo, y si esa bufonada es la que plantean para sobrevivir, es preferible que se ahorren el acto de los titiriteros peleándose por la damisela disfrazada de Moncloa.

Trío de honestidad entre el fango y la barbarie

Durante la mañana de hoy se ha procedido en el Congreso de los Diputados a la escenificación del argumentario planificado y diligente de la barbarie y la conrazón bélico-económica. Los 340 diputados presentes en el hemiciclo allanaron con su complacencia el devenir de una acción militar mal planificada, injusta y, en lo que respecta a los ciudadanos a los que teóricamente rinden cuentas con esta patraña, mentirosa. ¿Todos siguieron el mismo patrón y discurso? Todos no. Entre el sandwich compresor de ideologías y discrepancias resisten algunas formaciones que representan, con su postura y valentía, a un segmento del electorado muy superior al que pesan en número de votos y escaños. Gaspar Llamazares, por IU y Francisco Jorquera, de BNG (su compañera de partido Olaia Fernández secundó el voto en contra), rompieron la monocorde melodía del resto de grupos con representación en la Cámara Baja. Y lo desafinaron con melodías directas y acompasadas, a través de la decencia y la razón.

Gaspar Llamazares. Aplausos.

Para comenzar con puntualidad dialéctica el circo levantado, José Luis Rodríguez Zapatero se aprestó a disparar la retahíla de frases y leyendas consensuadas por el Ejecutivo y repetida por sus miembros en los diferentes medios de comunicación desde la aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. Tal es la perseverancia de ese estudio a martillazos de dogmas comunes, que a preguntas que todos nos hacemos, como por qué no se aplican con igual contundencia ante tragedias humanas como la que viene ocurriendo en Yemen o Bahrein, la ministra de Asuntos Exteriores titubeó y carraspeó con énfasis taquicárdico mientras, como alumno en pleno examen oral, Juan Ramón Lucas escuchaba en su “Con el día por delante” la respuesta acordada.

El Presidente del gobierno se centró en defender la legalidad de la intervención armada a sabiendas de no necesitar ningún esfuerzo de oratoria o recursos de estrategia dialéctica, por lo que ni intentó vislumbrar al auditorio los planes acordados tras el establecimiento de la zona de exclusión aérea dispuesta, según sus propios términos, a finalizar con el genocidio del gobierno contra su pueblo, pero que no pretende expulsar del poder a Gadafi y sus acólitos. Con tremenda vaguedad informativa se podría esperar un tímido cruce de golpes con el principal partido de la oposición, pero ni por esas. La guerra de Irak y las funestas consecuencias electorales que sufrió el PP le llevan a padecer profundas pesadillas cuando tiene que enfrentarse a situaciones de este tipo, así que Mariano Rajoy se limitó a realizar tímidas preguntas de respuesta facilona y automática, así como a resaltar su carácter de formación solidaria con el destino glorioso y solidario en lo bélico de España, que a su juicio se encuentra casi de misión humanitaria por el país de los beduinos, como si los Tomahawk que caen por cientos estuvieran rellenos de alimentos y juguetes.

Joan Herrera, aguantando el chaparrón de su incomprensible postura. Foto de Ricard Cugat.

Tras la connivencia calcada en las alocuciones del resto de formaciones con representación en el Congreso, que obviaremos por insulsas y desaprovechadas, a partir del monolito ideológico formado por cientos de señorías sin oficio ni utilidad política y práctica, la intervención de los diputados Gaspar Llamazares, por IU, y Francisco Jorquera (BNG) y sus votos en contra (junto al de Olaia Fernández, también diputada del Bloque Nacionalista Galego) recogen lágrima y despiertan ilusión. Solos tres entre más de trescientos, pero sin cacareo monocorde, dignos en el compromiso y la idea, en la palabra y los argumentos. La intervención de Llamazares obligó al Presidente a despertar de su letargo guiado, y a pesar de su reciente desprecio a la federación de izquierdas (“IU es muy importante, tiene dos diputados” se burló en entrevista pública el otrora autodenominado ejemplo de talante) se vio obligado a improvisar más allá de las citas dispuestas en el discurso, afirmando que “En Afganistán no hay petroleo ni gas, es una desfiguración burda”, en defensa de los intereses que mueven a nuestro ejército en suelo asiático. Puede que sea cierto y que no dispongan de esos codiciados recursos naturales, pero resulta sospechoso que tiempo después de la intervención se descubriera, por casualidad (ejem), la mayor reserva de litio del mundo, superior a la que se encuentra en Bolivia (por si no entendemos lo que molesta que Evo Morales presida el supermercado de materias primas de latinoamérica), un material esencial para la fábrica de las baterias de los principales dispositivos electrónicos que utilizamos. Y, ante esa respuesta, tampoco queda muy claro si la intervención en Libia sí se encuentra inspirada por este hecho. Viendo la premura de nuestro poco innovador Gobierno en limitar la velocidad máxima en autopistas y autovías, su caluroso e inmediato abrazo a los dictados de París y su absoluta disposición a prestar las cuatro zarandajas militares que poseemos, da la sensación que va a ser cierta la información sobre el importante papel que juega en la viabilidad de la empresa privada Repsol sus contratos de extracción en suelo libio.

Francisco Jorquera, de BNG. El tercer honesto.

Magnífico el momento en el que el anterior Coordinador General de IU espetó a Zapatero su postura de reverso de La Odisea (ironizando con el nombre de la intervención aprobada , Odisea al amanecer), navegando rumbo a Troya, no a Ítaca. Magnífico por el gesto desorientado del jefe del ejecutivo, no acostumbrado a referencias literarias. En realidad, no acostumbrado a mucho más que los ladridos entonados desde la bancada de la gaviota, y su correspondiente bramido defensivo.

Gaspar Llamazares remató su brillante discurso preguntándose qué ocurre con los gobiernos patrios, que terminan sus legislaturas perdiendo el contacto con la ciudadanía que, remarcó, es mayoritariamente pacifista. Desde luego, así lo indica la práctica totalidad de las encuestas que se vienen planteando en los medios de comunicación de todo signo y orientación política.

Teniendo que reconocer el eco en el desierto, el silbido entre el grito, la postura de IU (salvando la negativa a secundarla por parte de Joan Herrera y, por ende, su socio ICV) y BNG, la honestidad y brillantez de sus respectivos discursos y el asomo de eso que muchos queremos ser, ciudadanos honrados formando un Estado honrado, nuestro y transparente, el altavoz de nuestra reivindicación se modula y amplifica nuestro sonido. Somos más de lo que el número de señorías dignos ocupan en la Cámara Baja, y en nuestra mano y energía está que aumente su espacio y relevancia en la toma de decisiones. Mientras tanto, gracias al triunvirato de los lúcidos por nadar entre el fango.

La importancia del líder. Sucesión socialdemócrata contra la debacle

A estas alturas del cuento tal vez no sea necesario explicarlo, pero por si los votos, hemos de recordar que cuando nos dirigimos, cada cuatro años, a ejercer nuestro derecho a decidir en las elecciones generales, elegimos a los diputados y senadores que conformarán las dos Cámaras de Representantes de que consta nuestro poder legislativo. Y es éste el que, con las mayorías que se formen, establece y propone al poder ejecutivo, esto es, al Presidente del Gobierno y a los correspondientes ministros. Aún así, nos hemos acostumbrado desde los primeros comicios democráticos a aceptar, tanto los que conocen esta realidad jurídica como los que no, que quien puebla con su rostro los carteles en representación de tal o cual partido político (habitualmente coincidente con el número uno de la lista al Congreso por Madrid) será, en caso de victoria, el jefe del ejecutivo los siguientes cuatro años. En realidad, esta tradición se ha cumplido religiosamente, si bien, con la ley en la mano, una formación política que alcanzara la mayoría absoluta y, por tanto, no necesitara de pactos con otras fuerzas del hemiciclo para pactar gobierno, podría proponer a usted, a nosotros, a Chiquito de la Calzada o a Iniesta como Presidente y tan campantes.

De cara a la galería, las estructuras políticas son conscientes de la necesidad de un líder de cara a sintetizar sus ideas, propuestas y voluntades y empatizar éstas con los anhelos de la población. Crear una simbiosis entre un rostro, un tono y una forma de vestir y los votantes. En la trastienda, el colectivo en forma de Asamblea, Comité u Órgano de dirección es el encargado de preparar el panorama público que se esboza y presenta a la ciudadanía, así como las decisiones que lleva a término el gobierno y el grupo parlamentario que lo representa. Esto es así de sencillo y así de trasparente, pero ni por ésas somos capaces de enterrar la necesidad de liderazgo.

El PSOE vivió una esperanzadora revolución en el año 2000, precisamente cuando las huestes socialdemócratas, asoladas tras el varapalo electoral de Joaquín Almunia y el fiasco producido con el relevo chapucero de Josep Borrell, percibieron que desde la marcha de Felipe González las ideas y propuestas se estancaban ante la ausencia de una presencia que las definiera, les diera color y forma. De este modo, y contra todo pronóstico, alzaron a la jefatura del partido a un semidesconocido diputado por la provincia de León, José Luis Rodríguez Zapatero, que fue capaz de mimetizarse con la imagen de un renovado socialismo, moderno y solidario, atento a las necesidades de los más débiles y consciente de los problemas internacionales. Esta manufactura ha valido dos elecciones, y a la vez el retorno a una etapa en la que, ante ausencia de ideas y proyectos, la figura del líder se disuelve sin remisión.

A diferencia del PP, donde la ausencia de ideología a defender ni mucho menos programa a sostener hacen que el hooliganismo mantenga erguidos doce o trece millones de papeletas, los socialdemócratas españoles necesitan ilusionar a sus condicionales, ofreciendo un fichaje de postín, de auténtico relumbrón, para que éstos regresen a la cancha a dejarse la voz y la energía por sus ideas. Ambas situaciones conducen a un mismo despropósito: la poca o nula necesidad de articular proyectos innovadores y valientes y llevarlos a término en caso de alzarse con la correspondiente victoria electoral. IU prepara y traslada ideas, programas políticos y acciones de ejecución real, y el electorado se lo recompensa con indiferencia y desgana. El circo triunfa.

Dicho esto, podemos establecer, sin lugar a dudas, un par de aseveraciones: Zapatero no será el próximo candidato a a jefe del ejecutivo por parte del PSOE y esta formación no anunciará el nombre de su relevo de cara a las próximas elecciones generales hasta el otoño del presente año. Al intentar engrasar la máquina de fabricar ideas y proyectos, los socialdemócratas patrios han comprobado que se encuentra oxidada y sin posibilidad de sustitución en tan poco margen, así que se encuentran ante la necesidad de optar por lo que mejor saben hacer: fabricar un candidato afable y cercano, joven y moderno. Desgraciadamente, no se percibe en lontananza un molde ni remotamente cercano a esos parámetros, así que, en previsión de la debacle que se avecina, no queda más remedio que suponer que, entre la terna siguiente, se encuentra el rostro que asumirá la derrota electoral en mayo de 2012:

¡Yo quiero!... bueno, quería.

Manuel Chaves: El Presidente del partido siempre ha aspirado a rondar el papel de candidato, lo que demostró a todas luces al abandonar la presidencia de la Junta de Andalucía. La polémica acerca de las subvenciones concedidas de forma dudosa a varias empresas cercanas (en una de ellas su hija fue contratada) y el maremagnum acontecido a cuenta de varios ERE en los que se han “colado” amigos y familiares de los socialistas andaluces le han salpicado de lleno, y le dejan en muy mala posición de salida.

Ahí te quedas, a ver quien sabe de economía más que yo

Elena Salgado: Sin posibilidades y, seguramente, sin aspiraciones. Desde su llegada al Ministerio de Economía, a Pedro Solbes hasta se le añora. Dura e inflexible, sus medidas impopulares son su carta de presentación, igual que cuando lideró el Ministerio de Sanidad. El problema es que esas decisiones poco simpáticas tampoco han sido eficaces, con lo que su perfil cala poco o nada entre la ciudadanía. Desaparecerá del mapa político en 2012, igual que su antecesor, y al poco tiempo suspirará y lo agradecerá.

¡Anda ya! Pero si lo mío es frenar la gripe A y visitar Jeques

¡Anda ya! Pero si lo mío es frenar la gripe A y visitar jeques

Trinidad Jiménez: Debe ser muy amiga del Presidente del Gobierno, porque salvo ser hija del magistrado Jiménez Villarejo y licenciada en Derecho, poco curriculum más posee como para haber asumido tantas y tan diversas tareas en el ejecutivo nacional. Su futuro en primera linea de la política socialista queda a expensas de lo que suceda a partir de las elecciones de 2012, en la que no se la verá muy cerca de la fotografía de portada. Tras ostentar la Secretaría de Estado para Iberoamérica y el Ministerio de Sanidad, con dudosos resultados, se obstinó o se obstinaron en que enfrentara su sonrisa permanente a Esperanza Aguirre en las municipales de mayo, pero ni en su tierra de acogida, Madrid, la quisieron los compañeros de partido, y Tomás Gómez le disputó y arrebató la candidatura en unas intensas primarias. El Presidente recompensó su derrota con una cartera “menor” (je), Asuntos Exteriores, donde se encuentra encantada de visitar a jeques y sátrapas, así como obsequiarnos con su cercanía al vecino marroquí y desdén hacia la causa saharaui.

¿Qué? ¿Qué me quereis como vuestra líder suprema? ah, no, que me vaya y no vuelva. EFE/ Juan M. Espinosa

Leire Pajín: Licenciada en Psicología, su profesión y la de su madre ha sido la política, entendida ésta como forma de vida. Tras convertirse en la diputada más jóven de la historia de la democracia española, con veintitres años, la irrupción de Zapatero y su equipo en la dirección federal le ha abierto las puertas a diversas responsabilidades públicas, consumando su ascenso al olimpo de la política con el nombramiento como Ministra de Sanidad. Le encantaría ser candidata, pero espera su turno. Va rápido, pero no es tonta.

Rostro de cándidato crédulo, o de Presidente imposible

José Bono: En el año 2000 todos le daban como el seguro candidato a la Presidencia del gobierno en caso de victoria socialista, pero un diputado de León le dejó con las ganas. Mejor, porque otra cara de la época felipista no era el mejor argumento para volver a La Moncloa y su victoria electoral era más que complicada. A pesar de todo, como buen superviviente político, abrazó a su otrora contrincante y aceptó el Ministerio de Defensa, muy acorde a su personalidad estricta. Tras una ruptura de cara a la galería, viene presidiendo el Congreso de Diputados en la actual legislatura. ¿Le gustaría ser el candidato socialista en 2012? Pues claro. ¿Puede serlo? Con su habilidad y ambición, desde luego.

Más que ministro, con esta pose lo mio era ser Borbón

José Blanco: Otro que ha pasado del insti al coche oficial sin mancharse de barro los zapatos. No se puede discutir que ha sido un fiel y aguerrido escudero de Zapatero desde el año 2000, y eso se paga y bien. Otra cosa es su indisimulada pretención de convertirse en algo más de lo que su intelecto le permite. No tiene perfil para enfrentarse electoralmente a nadie y lo sabe, por eso en su tierra natal, Galicia, ni se ha postulado. Pero claro, a lo mejor es que una Comunidad se le queda corta y, sin anteojos, cree que las fronteras de sus posibilidades se han difuminado. En todo caso, objetivamente es una alternativa imposible de cara a los comicios de 2012, porque no conseguiría el refrendo del aparato socialista.

Vayase señor Zapatero, que vengo yo!

Váyase señor Zapatero, que vengo yo!

 

Carme Chacón: Es ambiciosa, continúa manteniendo el estratégico apoyo del poderoso Partido Socialista de Catalunya, y ya ha dado muestras públicas de pretender optar a la candidatura. Dispuesta hasta a enfrentarse en unas hipotéticas primarias al Presidente del Gobierno, la confianza que le otorga el referido apoyo de los socialistas catalanes se une a su trayectoria al frente del Ministerio de Defensa, lo que le hace albergar la sensación de poder resultar interesante para el electorado socialdemócrata más moderado y centrista. En todo caso, de esa mezcla está por ver que sabor y aroma resultan, porque a lo mejor la suma acaba restando. Está entre el trío de los favoritos a encabezar el cartel.

Parezco el Doctor Maligno pero soy bueno como un sobao pasiego

Alfredo Pérez Rubalcaba: No descubrimos nada si afirmamos que es el favorito de las apuestas. Su firmeza en todos las responsabilidades públicas que ha ostentando, su dilatada experiencia y su capacidad de oratoria son las credenciales que hasta hacen temblar un poco a la oposición, convencida de su victoria. En su hábil línea de actuación, no se ha querido referir acerca de su posible candidatura a la Presidencia del Gobierno, y realmente nadie más allá de su círculo íntimo puede asegurar que lo desee. Lo cierto es que su desgastada salud y la presión familiar pueden desestabilizar una balanza que a muchos dentro del PSOE les gustaría que cayera del lado del cartel “Rubalcaba, Presidente”. Lo que es seguro es que no lo veríamos en unas primarias disputándole la candidatura a nadie. Él es de los generales que gustan de ser nombrado a hombros de su huestes.

José Luis Rodríguez Zapatero: Recordando esta emotiva campaña, en momentos en los que cualquier economista aficionado ya veía mascar la tragedia, no parece el candidato idóneo. Porque, como apuntábamos al principio, por desgracia la ciudadanía pide líderes, no ideas, y a esas exigencias conducen estas campañas. A Rey muerto, Rey puesto.