Un pasaporte se desvirga con dinero

Yoani1Yoani Sánchez ya está en Brasil. A falta de próximas giras papales, y con los Rolling Stones sin tour mundial a la vista, la bloguera cubana toma el relevo anunciando una serie de bolos a lo largo y ancho del planeta por casi tres meses para visitar, de este modo, más de una decena de países con el supuesto objetivo de realizar conferencias y encuentros con sus groupies. Una vez más, resulta altamente curioso como una ciudadana del país caribeño que ha afirmado carecer apenas de recursos puede permitirse gastos muy por encima de su supuesto nivel de vida; no olvidemos la polémica a partir de los miles de tuits mensuales que envía y que, afirmaba, lo hacía a través de un servicio de sms, pagando una cantidad por mensaje que, multiplicada por el número total, supondría una auténtica fortuna para cualquier cubano.

En este caso ha accedido a la nueva política fronteriza de la Isla para recibir un pasaporte que le permite salir y entrar libremente al país, cuestión que viene permitiendo el reencuentro de miles de familias que se han mantenido separadas por el doble alejamiento. No hay que olvidar que la política de bloqueo empecinada por el gobierno norteamericano impide el libre movimiento no solo de personas, sino de recursos y material de todo tipo hacia Cuba, además de mantener una política aduanera infinitamente más restrictiva y por la que no parece recibir ningún tipo de reproche, a la vista de como soportan con un estoicismo inusitado miles de turistas los indiscriminados controles aeroportuarios en base a su legislación en materia de terrorismo y seguridad. Esto, parece ser, debe ser soportado para acceder a la supuesta tierra de la libertad, mientras que la modificación de la normativa cubana no merece salir del espectro de críticas y sospechas habituales.

Yoani2La labor supuestamente periodística de Yoani Sánchez trasciende cualquier nivel razonable de critica en razón de su profesión. Tras haber regresado voluntariamente a Cuba en 2004, después de un período de dos años viviendo en Suiza (parece que las fronteras nunca han sido demasiado altas), su labor redactora ha tornado en posición de star system del mundo bloguero a raíz de haber conseguido el Premio Ortega y Gasset de periodismo que otorga en España El País, dotado con 15.000 euros, medio para el que colabora como una suerte de corresponsal de opinión. Un galardón prestigioso hasta esa edición de 2004 prefirió funcionar como soporte de instrumentalización política del cuarto poder, ascendiendo a los altares de la fabricada relevancia un producto que le ha otorgado al rotativo español ese pilar que necesitaba para continuar su labor de desgaste informativo para con todos aquellos Estados latinoamericanos que no se han plegado a las exigencias editoriales del Grupo Prisa, fundamentalmente desde el brazo ejecutor de la editorial Santillana. Que se lo digan si no al actual ejecutivo venezolano, que no pasó por el aro de las imposiciones de la mencionada compañía y se negó a renovar contratos multimillonarios de compraventa de manuales educativos para el sistema público; difícil olvidar el tratamiento activo en el apoyo del Golpe de Estado de 2002 por parte de un medio que era referencia de cierta progresía socialdemócrata, y de ahí se han continuado desparramando las dudas acerca de cualquier proyecto de gobierno en el continente americano que no cuente con sus productos y servicios.

Yoani3Yoani Sánchez puede ser una ciudadana crítica con la Revolución cubana, una amante de las democracias occidentales y sus mecanismos de resolución o generación de conflictos, que de todo tienen, pero no puede seguir intentando disfrazarse de habitante en penuria que vive y sufre una supuesta pobreza material que convierte sus letras en sacrificio luchador, que pretende alzar su narrativa a los altares de la martirización por la redención de sus conciudadanos. El pasaporte que ha tramitado no le abona esa tourné que ha emprendido, comenzando por Brasil y que la llevará a otros países de la región antes de cruzar el Atlántico y saludar a sus mecenas europeos. Si su acción es instrumental como otra herramienta más para desgastar los cimientos del sistema cubano, está en toda su disposición ser transmitente de ideas ajenas a partir de un rostro y unas letras sin alma propia. Lo demás es marketing que se lleva el soplo nada inocente de la Historia.

De una filtración a una extradición cruza una rebelión

Ni en las más imaginativas envolturas de crujiente espionaje el australiano Julian Assange pasa por ser un sigiloso infiltrado de poderes contrapuestos en un mapa de secretos por revelar. Ecuador, con su pública recepción al perseguido, no aspira a reeditar gélidas disputas con archienemigos poderosos; en su caso, el balcón de la embajada del país latinoamericano en Londres se convirtió, el pasado domingo, en sede de una guerra cálida, más bien húmeda y tormentosa, en el que los protagonistas a este lado del telón de fina lana buscan redimir el espacio entre la apariencia y la realidad.

Cuando la organización Wikileaks irrumpe en la escena mediática internacional, con la transparente bolsa de secretos y mentiras de la inteligencia norteamericana a cuestas gracias a una filtración obtenida de manera rudimentaria y casi casual con la aparición de una fuente única desorientada, demuestra que no ha desarrollado una sofisticada desconfianza hacia el propio entorno que pretende dejar al descubierto, poniendo en manos demasiado acariciantes con la realidad bombardeada por los cables revelados el grueso de un material que, sin duda, desencajaba con esas cinco tintas matutinas encargadas de dar luz a las sombras. Y, así, se hizo el silencio, el descrédito, la oscuridad. Assange pasó de star system de las trincheras críticas pero disculpables a archienemigo que acaricia gatos malencarados en la penumbra y, aunque no lo parezca, se carcajea con sátira ante la desventura de la humanidad que le cree héroe. De ésto a villano pero de podrida catadura, capaz de violentar sexualmente a cuanta nórdica inocente le saliera al paso, va un ídem. Una de ellas, Anna Ardin, ostenta la imparcialidad ideológica de resultar la predecesora de Jens Aron Modig, el conservador sueco acompañante de Ángel Carromero en el accidente automovilístico que le costó la vida a Oswaldo Payá y Harold Cepedo, en eso de los tramposos accesos políticos a la República de Cuba con visado de turista pero con la única pretensión de servir de mulas pecuniarias para que la supuesta oposición democrática del Estado caribeño sufrague sus estructuras y sus planes, los miles de tuits que Yoani Sánchez dice enviar en formato SMS por carecer de una conexión fiable a internet y que, por el volumen de mensajes mensuales, le supone una cantidad de miles de dólares insolidarios con unos compatriotas por los que dice luchar.

Pero como la desconfianza sólo debemos cultivarla cuando los supuestos delitos ocurren en territorios no amigos de los Estados donde echamos la siesta, pongamos en legítimo barbecho la inocencia penalista de la soberana nación sueca, empeñada gracias a su portentosa evolución democrática y social que cualquier habitante del planeta denunciado dentro de sus fronteras debe ser apresado y puesto a disposición de sus jueces y tribunales. Que esta mañana su Gobierno haya tenido que justificar la rumorología a cuenta de una supuesta extradición futura a los Estados Unidos por un delito del que ni siquiera ha sido llamado a declarar afirmando que nunca lo haría (¿el qué, si no existe imputación ni, teóricamente, investigación? El sensacionalismo televisivo español ha contagiado a la clase política nórdica, definitivamente, comentando entelequias por puro gusto de alentar la polémica en prime time) si Assange pudiera enfrentarse a la pena capital sólo refuerza el escondrijo elegido por el australiano. Ante la duda, la figura del asilo político o por razones humanitarias supone el triunfo de la civilización ante la sobrevenida perversión de un sistema que se autocondecoraba sin silbidos desde 1991 y, claro, ahora nos toca a los desperezados occidentales poner en cuestión lo que nos cuentan a diario, escudriñar cual es la frontera que nos protege o que nos expulsa de la dignidad y del progreso. Tanto los países que conforman ALBA como UNASUR han secundado sin titubeos la postura de su aliado ecuatoriano, que no se arruga frente a amenazas de invasión a microescala de aquellos que exportaron un producto que han dejado, a su vez, pudrir en sus mal ventilados almacenes.

¿Cómo acabará todo ésto? En realidad, esa cuestión carece de interés parcialmente. Si la estructura procesal de Suecia retorna a sus habituales cabales y, efectivamente, posee fundadas pruebas acerca de la comisión de delitos por parte de Julian Assange contra ciudadanos nacionales, terminará por aplicar, precisamente, la cordura jurídica y solicitar un interrogatorio en la propia embajada. De igual modo, Inglaterra pierde credibilidad con cada amenaza, con el esparcimiento de esa rumorología que habla de invasiones diplomáticas o rechazo de salvoconductos. Cada trozo de la máscara que se derrite sobre la anfibia piel de nuestras naciones europeas nos hace dudar de la identidad subterránea de las mismas, de su falsaria naturaleza, haciéndonos añorar el templado ecuador donde parece residir con mayor calidez la anhelada sensatez.

La democracia exportada siguiendo el patrón Carromero

Las andanzas reaccionariamente quijotescas de personajes como Ángel Carromero padecen el tris de que pueden desembocar, a poco que se les deslice el pie de su acelerador libertario, en el ángulo contrario de su destino, encallados en una vía más que muerta. Si resulta de alguna manera posible abstraerse ideológicamente de cualquier circunstancia que tenga a la República de Cuba por protagonista, aunque sea, como en esta ocasión, de manera casi circunstancial, como de territorio que pasaba por allí, con sus curvas y sus irregularidades, debemos convenir que la situación del vicesecretario de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Madrid no genera más elementos de discusión en el ámbito penal que los que quieran ser lanzados con la punta impregnada de tinta ideológica de color patriotero chillón.

En efecto, si ni los medios de mayor raigambre reaccionaria discuten la imprudencia al volante de Carromero (con la inevitable salvedad que recojemos más adelante), conduciendo a una velocidad notablemente excesiva en un tramo mal asfaltado y en obras, lo evidente es que dicha acción conlleve una exhaustiva investigación policial y, a la vista de los hechos probatorios, una más que previsible querella por parte del ministerio fiscal en base a un presunto delito de doble homicidio imprudente. Esto es así por parte de cualquier sistema legal estricto y debe ser, no sólo respetado, sino apoyado por el Estado del que resulte nacional el infractor. Cosa bien distinta será si el acusado es finalmente imputado por los hechos objeto de la causa que se abra y, en aras de garantizar la cercanía del reo a su entorno familiar, así como hasta por una cierta dosis de humanidad carcelaria sentimental (como la comida de casa no hay ninguna, aunque sea de catering enrejado), solicitar la extradición para que cumpla la pena por estas tierras. Pero el Gobierno español y los responsables de su formación política (tanto montan que se montan tanto lío) se empeñan en enfangarse, de la mano de sus editorialistas de cabecera, poniendo la chirriante solfa en cuestiones que, de ocurrir por los asfaltos patrios, nadie osaría esparcir por los arcenes de la justicia universal.

Cómo olvidar el positivo por conducción bajo los efectos del alcohol del ex secretario general de los cachorros populares, Nacho Uriarte. El diputado popular tuvo que presentar con razonable celeridad su renuncia como representante de la formación conservadora en la Comisión de Tráfico del Congreso y fue, finalmente, sentenciado por el Tribunal Supremo a una retirada del carnet de conducir durante ocho meses y al pago de la correspondiente multa. Indiscutible, de sentido común. En cambio, los gruesos tentáculos que se deslizan desde Miami y dan sus vueltas de molusco cefalópodo vía Madrid se empeñaron primero, antes de que la verdad hiciera acto de presencia, en presentar una perversa situación conspiranóica, aderezada por supuestos vehículos que atosigaron al de Oswaldo Payá y cia hasta provocarles una salida de calzada y el fatal desenlace, que concluyó con el fallecimiento del opositor al gobierno cubano, así como el de su compañero de filas, Harold Cepero. La viuda de Payá se aprestó a sugerir una conspiración y la apertura de una investigación para aclarar lo que consideraba un asesinato orquestado por el Estado para con su esposo. Hilando esa teoría, tanto Ángel Carromero como el dirigente liberal sueco, Jens Aron Modig, que le acompañaba de adinerado escudero, serían héroes de una supuesta liberación del pueblo cubano, víctimas inocentes de la perversa maquinaria del país caribeño para deshacerse de enemigos del sistema. La cabecera de referencia del conservadurismo español ya dejaba claro, hace dos días, que Carromero se enfrentaba a un juicio-farsa, un proceso político con el objeto de utilizarlo como chivo expiatorio de una nueva andanada de tensión diplomática hispano-cubana.

Más allá de los putrefactos intereses para recuperar el control de una nación que consideran finca dolorosamente expropiada, el insistente y rabioso desprecio por la justicia marca el termómetro de esta forma de hacer política, hábil en la falacia permanente y a conciencia, capaz de repetir el término democracia con la misma insistencia que se juguetea de manera pervertida con su contenido. De la misma manera, el sensacionalismo acerca de la presunta habilidad de Ángel Carromero para violar la normativa vial, que le ha llevado a acumular más de cuarenta infracciones en los últimos tres años hasta tenerlo en vías de retirada del permiso de conducción, aporta un nulo contenido al elemento matriz de la causa principal. Desde luego, el joven dirigente popular demuestra con su actitud frente al volante un desprecio más que evidente al sistema de normas que debe proteger y respetar por su cargo político, pero eso es harina de otro depósito, marcha de otro vehículo. Que se sepa, ha recibido una notable cantidad de apercibimientos policiales por aparcar indebidamente o conducir a mayor velocidad de la permitida, pero nunca se ha visto inmerso en un proceso penal por homicidio imprudente… porque nadie ha fallecido debido a una decisión incorrecta al volante por su parte, hasta hoy. De igual manera que utilizar indebidamente su visa de turista para realizar actividades de índole política resulta reprobable y, posiblemente, perseguible desde otro cauce legal, pero carece de interés para el esclarecimiento del accidente circulatorio. Pero el fallecido era, casualmente, el popular Payá, su contacto, el receptor de la generosidad pecuniaria que le permitía a él y a otros, como Yoani Sánchez, mantener un nivel de vida insolidario con el entorno, ajenos al esfuerzo colectivo por la construcción de una sociedad que intenta avanzar en comandita, sacrificada en el conjunto. Si la víctima hubiera sido un anónimo colaborador de la contra extranjera tal vez no oliéramos a tanta tinta calavérica. Pero parece ser que en esos círculos cerrados que afirman trabajar por la democracia y la libertad de un pueblo que no parece tener excesiva intención de lanzarse a sus brazos sólo se reunen personalidades notables del trapicheo político, desde el pide prebendas Jorge Moragas hasta personajes tan siniestramente exóticos como Annita Ardin, denunciante de Julian Assange por un supuesto delito de violación. Casualidades de la vida moderna, de las autopistas mal iluminadas de la derecha internacional.