Atajo a mano derecha

Ciudadanos1La resaca acuosa del efecto Podemos parece que comienza a replegar olas, a paso lento e inseguro, si bien resultará imposible secar la humedad de su inserción hasta el centro del panorama político aunque su oleaje no sea finalmente tan hidrogenada como podía preverse. No obstante, de la misma manera que un terremoto, las réplicas vienen para intentar quedarse, y ahora le toca el turno a aquella que pretende atajar en línea recta pero con el intermitente derecho avisando de su maniobra más inmediata. Desde la Catalunya más divergente, den la bienvenida a aquellos que han tomado la nacional sin peajes hasta el ecuador geográfico y político del Estado español: ellos son los Ciudadanos tan del futuro que no llega como una azafata de Neutrex, sin bandera, sin ideología, sin complicaciones. Listos para consumir, éxito de ventas.

De cabo de Gata a rabo de Finisterre, parece que las huestes de Albert (¿O ya se habrá transmutado en castellano Alberto?) Rivera han esperando la resaca de las ventiscas populares para hacer suyo el paisaje decolorado de una política marchita. Podemos ya se ha encargado de recolectar todos aquellos frutos electorales ansiosos de ser engullidos al albur de la primavera política, pero parece que la analítica sociológica, desorientada del edén parlamentario, obviaba a aquellos cientos de miles votantes conservadores y liberales tan alejados de rejos, monedas y coletas que también se encontraban marcando el número de emergencia electoral.

Ciudadanos2Rajoy y los suyos parece ser que han perdido un tiempo exquisito en recolectar pruebas irrefutables acerca de lo lejos que pone Íñigo Errejón a redactar sus trabajos académicos o la indigestión que le provocan a Pablo Iglesias las ostras con perlas mientras Rivera enviaba a Garicano y Conthe por el flanco derecho, desguarnecido en la confianza de mantener firmes unas garitas realmente agrietadas, cuando la cauterización electoral se encuentra acorralada por una especie de hemofilia de confianza. El Partido Popular se ha equivocado de enemigo, y hasta tal vez ha llegado el momento de arrepentirse en su estrategia de ignorar la necesidad de hacer bueno el desvalor de tu antiguo enemigo si no quiere que la supuesta gran coalición pueda quedarse en coqueto pacto de esquina. El naranja ha venido para quedarse, y sabe en qué herida debe escarbar si precisa alimento. De este modo, pocas tonalidades van quedando en un arco iris que ha dejado, definitivamente, de resultar bicolor para ese estrabismo político que la ciudadanía hispana ha tenido a mal soportar. Si los semáforos del sentido común hablaran…

Ciudadanos3Parece evidente que la geopolítica nacional no va a dirimir sus múltiples controversias electorales en cuestión de debate, sino de plazos. Abierta la veda por las legiones violetas, da la sensación que la corriente magenta se pasó de frenada, llegando tarde a su quinta marcha, mientras el múltiple trazo verdoso se ha ido dejando potencia colorida por la obsesión de ser cola de microbio casi desde que la democracia sufría su primer acné en forma de comicios. Azul y rojo, tanto monta y monta ahora tanto menos, resultan incapaces de entender sus respectivas pinceladas en la mezcla de la paleta representativa y, finalmente, ese cocktail que va desmenbrándose de las apariencias primarias ha tomado forma naranja: Los últimos tal vez sean los primeros o, al menos, los más veloces en la curva definitiva de este futuro político incierto.

 

Dicen que aquí sí PODEMOS hacerlo

A pocas horas de haberse finalizado el recuento electoral de los correspondientes sufragios para conformar el Parlamento Europeo, los macro análisis ya se han desgranado en forma, como de costumbre, bien de grandes titulares (no hay más que comprobar la caída de un 77% al 49% de porcentaje de votos de los dos grandes partidos desde las generales de 2011 a hoy) o de excusas redactadas a toda prisa por las maquinarias de comunicación de unos mastodontes que se saben artríticos pero posponen su ineludible cita con la rehabilitación interna (Cospedal destacando que España es, junto a Alemania, el único Estado de la UE donde gana el partido que gobierna es de mercadotecnia de grasas trans). Como consecuencia destacadísima no admite discusión que la irrupción de Podemos en estos comicios comprende el gran titular, tanto por haber alcanzado de la nada cinco eurodiputados como por su manera de enfocar, en poco más de tres meses, una campaña electoral ahondando en estrategias realmente transparentes y sobrias de financiación (crowdfunding parciales) y de comunicación (utilización real de los canales de social media, bidireccionalidad permanente, asambleas participativas, ausencias de liderazgo, etc.). A partir de ahí, y con los resultados más que a la vista, ponemos la lupa en batallas parciales que pueden haber arrojado las primeras balas este domingo europeista que, a pesar del interés de Partido Popular y Partido Socialista, no vio la desactivación de la maquinaria ciudadana con su arma más eficaz: la opinión democrática.

PabloIglesiasPodemos Madrid: Si tras el fracaso en las posibilidades de converger a estos comicios con IU hacía presagiar una débil capacidad de esta joven formación para alcanzar, a lo sumo, un escaño, los resultados finales han hecho sonrojar a cualquiera que en este país se dedique al negocio de las encuestas y las predicciones políticas. En ningún rincón del Estado han pasado desapercibidos, pero ha sido en Madrid donde su irrupción ha resultado demoledora. En el conjunto de la Comunidad han resultado la tercera fuerza política, superando en más de quince mil votos a Izquierda Unida y manteniendo esa posición en la mayoría de los municipios más poblados, incluyendo la propia capital, donde UPyD también ha hincado la rodilla. Pero no sólo en el centro peninsular se han erigido como principal fuerza hostigadora de “la casta”: Aragón, Asturias, Baleares y Cantabria también han apostado fuerte por esta renovadora opción. Queda por ver su capacidad para alcanzar estrategias conjuntas con otras fuerzas progresistas de cara a una hipotética participación en las elecciones municipales del próximo año, a donde se verán abocados a participar tras esta expectativa hecha carne politica, y si Pablo Iglesias no se verá superado por ese liderazgo que ha generado su propia imagen. Una cuestión es el deseo de participación colectiva y otra el insuperable torrente de vanidad política que provoca este torbellino. Su eficaz tandem con Juan Carlos Monedero, la otra cara de este intelectualismo académico, debe servir a Podemos de equilibrio para alcanzar la madurez como organización sin demasiados tropiezos a lo largo de esta ilusionante adolescencia.

WillyMeyerOtra oportunidad perdida: IU triplica presencia en la Eurocámara, cierto. Y roza el 10% de los sufragios, no hay duda. Pero da la sensación que su expectativa siempre choca con errores que, por su propia configuración analítica, por su materialismo histórico en vena, no debería cometer. En Asturias, por ejemplo, sus votos unidos a los de Podemos hubiera permitido a la izquierda real superar al PSOE, de igual manera que en, por ejemplo Canarias, territorios donde la formación socialdemócrata mantiene un respaldo histórico y ejerce actualmente tareas ejecutivas. En Andalucía, donde gobierna en coalición, se estanca por no decir que se deja avasallar electoralmente (duplicar sus sufragios en el actual contexto no puede significarse como heróico) por el efecto “Susana Díaz”, así como en Extremadura no han sido capaces de explicar al electorado su posición neutral frente al bipartidismo y sus menesteres. Una conclusión a primera vista puede encontrarse en un cierto rechazo de ciertas capas de potenciales electores en cuanto a sus formas, su aparato, su discurso: no dicen lo mismo que las dos grandes formaciones en decadencia, pero lo hacen desde los mismos púlpitos, utilizando similares estrategias de mercadotecnia, de publicidad de producto embotellado, y eso les entierra para muchos en el mismo pozo de desconfianza manifiesta.

BilduEuropaBildu viaja a Bruselas: En los mentideros de Euskadi se ha venido afirmando que, a pesar de encontrarse en frágil minoria, el PNV y el PSE estaban encantados dejando gobernar a Bildu tanto en la alcaldía de Donostia como en la Diputación Foral de Gipuzkoa, afirmando que su incapacidad para hacer política desde las instituciones acabaría destrozándolos solos. Pues parece que las predicciones han errado de manera atronadora: Bildu no sólo obtiene un eurodiputado, sino que en Gipuzkoa se ha alzado como primera fuerza política, además de mantener su preponderancia en todos aquellos municipios de las tres provincias vascas donde la izquierda abertzale ha destacado, antes y después de la desaparición de ETA, con o sin ilegalización de partidos.

CoalicionCanariaLas coaliciones cómodas se desmoronan: Mientras diferentes fuerzas progresistas no sólo han encontrado eficaces vías de entendimiento, así como mensajes unitarios para explicar a la ciudadanía sus planes reales de cara a Europa, uniones temporales de partidos clásicas, como la que han mantenido CiU, PNV y CC se han visto detenidas ante cualquier expectativa de aprovechamiento del suelo bipartidista. Resulta complicado, por ejemplo, que tres fuerzas enfrascadas en realidades antagónicas en sus respectivas Comunidades Autonómas sean capaces de movilizar más allá de sus afiliados. De este modo, ERC ha impuesto su carga de pureza en el mensaje en cuanto al proyecto secesionista en Catalunya; en Euskadi ya hemos visto como Bildu ha ensombrecido cualquier confianza de los peneuvistas; y, finalmente, Coalición Canaria, se ha derrumbado notablemente, a pesar de mantener una vía de confrontación muy fructífera electoralmente con el Gobierno Central a cuenta de las posibles prospecciones petrolíferas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Pues a pesar de solicitar voz para detener los planes del ministro, precisamente canario, José Manuel Soria, el PP ha triunfado en el archipiélago, dándose datos tan desoladores para el partido nacionalista como el cosechado en la capital, Santa Cruz de Tenerife, donde actualmente ostenta la alcaldía: quinta fuerza política, duplicando sus papeletas tanto PP como PSOE, y siendo superado por IU y Podemos.

VidalQuadrasSi la derecha se divide… se queda igual: A diferencia de la movilización que se ha registrado en la zona izquierda del arco parlamentario, la irrupción de Vox para esta campaña electoral puede significar su primer y último impacto como marca electoral. El veterano político conservador Alejo Vidal-Quadras no ha podido revalidar el acta de eurodiputado que ostentaba tras su larga trayectoria en el Partido Popular, y el pírrico 1,5% de votos no parece buen punto de partida ni para atraer a nuevos votantes, ni mucho menos, para arrebatar protagonismo institucional al PP. Más allá de las encuestas, la campaña de crowdfunding donde solicitaban 250.000 euros para sufragar los gastos electorales y que recaudó 6 miseros euros le debían haber servido como la mejor encuesta para detener máquinas antes de chocar de frente con la realidad. Un discurso idéntico, cambiando el verde por el azul, no parece la mejor herramienta en estos tiempos.

marine-le-pen¿Quo Vadis, Europa?: La extrema derecha se impone en Francia, los euroescépticos hacen lo propio en Inglaterra, mientras en Dinamarca tanto de lo mismo, es decir, de espaldas a Europa. Por su parte, Estados como la República Checa o Polonia expresan más por lo que callan que por lo que dicen: la participación ciudadana en ambos países, por debajo del 20%. Hungria y Grecia siguen sonriendo ampliamente la intolerancia racista, pero en el segundo también es cierto que la izquierda real encuentra una victoria de mérito. Ya se solicitan elecciones anticipadas en varios países a tenor de los resultados hoy conocidos. Quo Vadis, Europa? En ocasiones, si bien el horror a la frivolidad historiográfica impulsa a no hacerlo, da la sensación que nos empeñamos en repetir la peor de las realidades. El comienzo de este siglo, sin ir más lejos, parece querer calcar algunos ingredientes del anterior al mismo ritmo anual. Confiemos que las próximas dos décadas nos lleven la contraria.

No miremos los golpes

Hace menos de veinticuatro horas que la violencia, los cachiporrazos, las carreras y los gritos se han evaporado de las calles y plazas aledañas al Congreso de Los Diputados, imágenes que todos hemos soportado con la sensación de asistir a una cacería advertida, programada y casi podría afirmarse que instigada desde las instituciones que deben velar por lo contrario. Miremos ahora lo sucedido y sus conclusiones pero sin acompañamiento visual; que el análisis pueda fluir sin la rabia de leer con un ojo en la prosa y el otro en el cerco de la violencia.

La iniciativa que pretendía diseñar un marco de protesta saliendo de los habituales cliché de la clásica manifestación que desemboca en mítines, aplausos y a otra cosa no vio valorada su innovadora propuesta por las principales fuerzas políticas del Estado, en especial por el actual partido gobernante, que alertó desde sus primeros pasos que nos encontrábamos ante un movimiento casi golpista, invadido de elementos antisistema a derecha e izquierda de las causas perdidas. Esa desacreditación preventiva, que es una evolución a ras de calle patria de las intervenciones armadas apoyadas por este país a principios de siglo, de Azores a Bagdad, ha hinchado el pecho a las altas esferas encargadas de la seguridad para continuar, a medida que el día 25 de septiembre se acercaba en el calendario, la escalada de golpe dialéctico; es quizás el primer momento en la etapa democrática de este país en que se ha visto, sin la más mínima neblina en el horizonte institucional, la condena y la repulsa de un mensaje ciudadano colectivo antes de que éste sucediera. No olvidemos que si la Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, estaba tan segura de la animosidad invasora de los convocantes, carece de sentido que autorizara la concentración sin poner peros y pegas. Evidentemente, a sabiendas de que en sus limitadas competencias no se encuentra prohibir arbitrariamente marchas y manifestaciones, no le quedó otra opción que desarrollar ese hábito tan cristiano de “a dios rogando, y con el mazo dando”. En este caso, firmando el visto bueno por un lado y afirmando por el otro que ya estaban fichados mil elementos subversivos que, de aparecer, serían detenidos, así como retrayendo a miles de potenciales asistentes con la certeza de que los que lideraban la acción eran unos borrokas de padre y muy señor suyo.

Una vez diseñada la disuasión global, a las fuerzas que supuestamente velan por el orden se les inquirió a ejercer dicha actividad de manera más individualizada, presentándose en las asambleas preparatorias que se venían celebrando por los convocantes los domingos en el Parque del Retiro y conculcando, de facto, el derecho de reunión. No satisfecho o, más concretamente, intranquilo el dispositivo de previa dispersión, durante los días previos a la jornada de ayer, se lanzó la llamarada de amenazas y recordatorios de dudoso encaje legal acerca del ramillete de delitos tipificados y a la espera de ser ejercido sobre todo aquél que osara siquiera rozar el sistema de vallado casi fronterizo de la sede parlamentaria de la Carrera de San Jerónimo. En efecto, el dispositivo levantado por todas las vías de acceso al recinto de la Cámara Baja respondían a una vergonzosa sensación de amurallada República Independiente de Parlamentolandia, a la que no se podría acceder sin sortear controles, presentación de acreditaciones y permisos, así como las ahumadas miradas de las guardias fronterizas.

Con todo esto, más de diez mil ciudadanos se dieron ayer cita por donde el blindaje del hemiciclo lo permitió, para transmitir de viva voz que un importante segmento ciudadano entiende que hay un vicio en la representatividad del poder legislativo y ejecutivo, que no se puede consentir la presentación electoral de programas políticos que se incumplen en su totalidad sin consecuencias, sin suponer un vicio del contrato social en el que los cesionarios temporales de la Soberanía Popular ven raptada su voluntad durante cuatro años. Titular lo sucedido en base a las minorías que provocaron alboroto, sean éstas elementos descontrolados de la colectividad ciudadana o, como se afirma en diversas informaciones, miembros de las fuerzas antidisturbios infiltradas, tiene poco margen de interés para lo que realmente importa, que no puede ser otra circunstancia más allá del calado que haya quedado retumbando contra los muros del Congreso. Los populares han levantado el telón de la jornada corroborando sus supuestos temores previos, una especie de “yo ya lo advertí”, así como alabando el mandoble y tentetieso de los cuerpos de seguridad con placa bien oculta; los socialdemócratas callan, ni siquiera guiñan ofreciendo su mejilla provechosa. La izquierda plural se unió al pueblo, y los ni aquí ni allá pero en todos lados de UPyD afirmaron que los de fuera no son la España en la que ellos flotan.

Hoy, jornada de sangrienta resaca, se han convocado nuevas concentraciones, reiteración del mensaje. Si continúa la sordera desde los escaños, el grito retumbará hasta derruir los cientos de tímpanos ausentes.

Tras el escalofrío de lo vivido, este texto sin reposo debe concluir, en este punto sí, con la imagen de lo sufrido.

    

 

 

Andalucía y Asturias: Análisis post electoral

Andalucía y Asturias han bajado la verja de sus respectivas jornadas electorales. Por partes, porque ambas respuestas no tienen excesivos puntos de semejanza en sendas urnas colectivas, si bien algunos medios ya vienen haciendo una facilona lectura acerca de la supervivencia socialdemócrata como contención a las inmediatas medidas mutiladoras del Ejecutivo central. Error. Los ciudadanos, cuando afrontan su responsabilidad ante los comicios, mantienen una decisión individual dentro de una abstracción colectiva de deseo, no de objetiva decisión. De este modo, el elector introduce la papeleta apoyando tal o cual propuesta política con la confianza de ser acompañado por una mayoría atronadora, no realizando labores de analista calculando qué puede ocurrir en base a su minúscula apuesta, a su deseo no contenido. Desde esta perspectiva, los resultados que han arrojado ambos comicios autonómicos pueden recibir, y de hecho ya están recibiendo, cientos de especulaciones resumidas para dar de comer a la terna de especialistas políticos, ésos que hace menos de veinticuatro horas no supieron pronosticar, en ningún caso, los resultados al sur de España.

Andalucía: Y es que la inmensa mayoría de medios de comunicacion tradicionales sólo estaban pendientes de una supuesta mayoría absoluta conservadora que, al parecer, se estaba jugando al límite. El resto de opiniones parecían deseos más que estudios objetivos sobre el escenario electoral real. Nadie se planteó que los resultados estarían condicionados por un aumento en casi doce puntos porcentuales de ese saco egoísta denominado abstención. Que aunque el batacazo en número de papeletas del PSOE se mantuvo dentro de los límites predecibles (700.000 votos menos), el PP obtuvo un crecimiento de escaños inversamente proporcional a su generación de la más mínima ilusión programática, descendiendo con respecto a la anterior cita electoral en casi 200.000 apoyos ciudadanos. En toda esta parálisis de la fiesta democrática, IU ha sido la única formación con presencia en la Cámara capaz de movilizar nuevas afiliaciones electorales, con un aumento de 100.000 papeletas que le han permitido doblar su presencia y, a la vez, ser llave indiscutible de la gobernabilidad andaluza. Está claro que las derrotas en el ámbito electoral son tan relativas que, si bien es la primera vez en la etapa democrática que los socialdemócratas no se alzan como la fuerza más votada en Andalucía, a estas alturas el ganador de las mismas aparece como el mayor de los derrotados. Resultados como los obtenidos en la provincia de Sevilla, donde el PSOE ha obtenido una ventaja de casi nueve puntos porcentuales, han hecho imposible la remontada soñada por la formación conservadora, pero ahora se abre otro escenario de vital trascendencia; Julio Anguita, a la hora de afrontar potenciales pactos con otras fuerzas políticas, utilizaba una rotunda expresión: luz y taquígrafos. Así debe ser, como fue en Extremadura, y esa seridad en los planteamientos programáticos permitió al PP gobernar en minoría en lugar de ensuciar los principios y la dignidad de la coalición de izquierda porque sí . Los apoyos ciudadanos no deben entregarse por veleidades de corriente similar, por frenar supuestos peligros. El valor que se le supone a la democracia, al encuentro electoral como acto central del pacto social, nunca debe desterrarse mediante pactos sin contenido. En ese sentido, Cayo Lara no ha estado especialmente acertado en esta noche post electoral dando por hecho un gobierno de izquierda en la CCAA más poblada del Estado español, mucho antes de enfrentar la actitud del PSOE en esa inmediata negociación, en ese pacto donde los más de cuatrocientos mil apoyos progresistas han exigido una forma distinta de enfocarnos como sociedad, de afrontar el futuro bajo la dictadura de la soberanía popular, no de los mercados o la corrupción. Arenas, el señorito de la eterna sonrisa, tendrá con casi toda seguridad que buscar refugio en Madrid; habrá que ver como los triunfadores protegen bajo su ala al compañero derrotado, obligado a regresar a su patria para ser profeta cuando estaba en la cúspide de Génova y que retorna con los zapatos nada lustrosos.

Asturias: Y, a la misma hora, se concretó otra victoria ácida. El PSOE recuperó terreno pérdido con respecto a los anteriores comicios autonómicos y se alzó con un triunfo probablemente vacuo cara a obtener una aspiración de gobernabilidad en la Comunidad asturiana. El tramposo partido de Álvarez Cascos (Foro Asturias) planteó este adelanto electoral como un innecesario plebiscito al grito de conmigo o contra mí, entendiendo desde su pecaminosa óptica que él es Asturias y, el resto, enemigos de la patria. Pues esa especie de ególatra referendum le comunicó que unos cuantos menos creen que sea el líder amantísimo que necesita Asturias, repartiéndose éstos descreídos del ex Vicepresidente entre los brazos de PSOE, IU y UPyD. Las tres formaciones mejoraron en un escaño con respecto a la cita con las urnas celebrada hace, escasamente, cinco meses; poco tiempo para tanto cambio pero, sobre todo, para tanta abstención. Asturias también se ha quedado en casa en este dominical comicio, hastiada con los discursos de uno y otro lado, y el recuento total obliga a un entendimiento entre Álvarez Cascos y sus otrora compañeros populares, que no sólo se han estancado electoralmente sino que vieron restado su apoyo en unas miles de papeletas. Y obliga porque Foro no aparece como la fuerza más votada y, esta vez sí, necesita compañeros de camino, aquellos que le dejaron en la cuneta; los únicos que tiene, por otra parte. Y necesitará a las huestes impredecibles de Rosa Díez si el escaño que, a estas horas, sigue bailando por 150 sufragios, rueda uno de los sillones parlamentarios hacia el lado socialdemócrata, no permitiéndole cerrar un acuerdo de mayoría únicamente con las fuerzas de Mercedes Cherines Fernández. Salvo que, pese a todo, la ausencia de entendimientos permita gobernar, nuevamente, a la fuerza más votada. Entonces sí, el PSOE podrá descorchar, después de mucho tiempo, alguna botella de champán esta noche. O mejor de sidra y vino fino.

Las vallas electorales que no cesan

Si usted quiere participar de la fiesta de la Democracia, tome aire y respire hondo. Seguramente, estos vacuos consejos no le sirvan de mucho, pero al menos ganará unos segundos antes de bucear en la tensión horripilante que supone entender que, entre el espíritu del asunto y la realidad legisladora, la distancia entre los ciudadanos y sus potenciales representantes se vuelve un universo completito de agujeros negros y antimateria representativa.

En primer lugar, arremangado y dispuesto a hacer efectiva la honrosa voluntad de ser voz de una bolsa ciudadana más o menos dilatada, es hora de salir a batirse el primer cobre frente al envite iniciático de la LOREG. Avales y más avales son necesarios recaudar como demostración previa de una voluntad popular abstracta, ésa que, sin comprometerse, parece decir que nuestra formación política tiene cabida en las urnas futuras. En caso de que la saca no chorree nombres, apellidos y firmas, el escollo que se asoma en la primera curva se antojará definitivo para caer lesionados y sin posibilidad de recuperarnos a tiempo.

Quién sabe, tal vez nuestra voluntad de hacer efectivo el mandato democrático de la elegibilidad nos endurezca el ánimo y, de este modo, saltemos con esfuerzo la primera valla a sortear. Hecho ésto, olvídense de las rectas plácidas, pues someternos al antojo de los comicios exige una dósis extra de anabolizantes y esteroides electorales: mitines, pegada de carteles, aprovechamiento de la difusión masiva por medio de redes sociales, etc.; en definitiva, transmisión eficaz del concepto político hacia la zona del cerebro en el que resguardamos nuestras apetencias ideológicas, nuestra manera de entender el mundo. Así hasta ese domingo de uñas y dientes, de profunda tensión estadística y encuestas a pie de intención obsubjetiva. La culminación del ánimo democrático, de trasladar la voluntad ciudadana a los dignos recintos de la discusión política, vierten toda su intensidad en una jornada que ha derivado su solemnidad procedimental hacia una suerte de fanatismo futbolero, de rojo y azul a golpe de victoria o derrota hueca.

¡Albricias! límites y más límites sorteados, porcentajes locales, provinciales, nacionales y universales no han podido con la consciencia colectiva expresada en sobres y papeletas válidas, sin manchurrones rechazables. Estamos en línea de meta, respaldados por un puñado de escaños que, juntos y bien pertrechados, darán voz y batalla a miles de demandas invisibles. Nadie se acerca a nuestra espalda, la campanilla hace rato que nos ha alertado de que nos encontramos afrontando la última vuelta, tal vez la primera de muchas y exigentes pruebas. Pero… ¿qué es esa muralla de hormigón grisáceo que se levanta a toda pastilla sobre el recto horizonte? Nuevos límites, límites subjetivos; adiós mojigata LOREG, abran paso al despistado Reglamento del Congreso.

¿Qué usted ha obtenido cinco o más actas de diputado? ¿Qué se las prometía muy felices en su cabaña de grupo parlamentario propio? Stop, in the name of law. Cándido representante periférico, para armar la tienda de campaña en la Cámara Baja, necesita la base del 5% de los votos totales a nivel nacional. ¿Qué no los ha obtenido? No pasa nada, la norma es magnánima con el voluntarioso candidato minoritario, y le otorga carta de naturaleza grupal en caso de haber arañado el 15% en las circunscripciones en las que se haya presentado. Vaya, así que a usted le ha dado por rascar un escaño en tierras forales extrañas sin haber alcanzado ninguna de esas dos condiciones tan ligeras, meras normas de trámite al alcance de cualquiera. Pues entonces la generosidad democrática se hará carne en la noble Mesa del Congreso, que estudiará al detalle su caso para resolver acorde lo establecido en eso tan concreto denominado voluntad popular.

Y en éstas nos vemos. Quiso el rebaño que las ovejas de IU no siguieran descarriadas una legislatura más, y el 6,92% de votos totales computados salvó a la formación progresista de encontrarse ante la judicatura congresista. Pero claro, los dignos miembros de la Mesa ven con malos ojos que esos díscolos de Amaiur, que cambian de nombre como de estrategia (¡a los mayoritarios populares se la van a dar con queso Idiazábal!), vayan a recibir a estas alturas conmiseración democrática, y ahí busquen alojamiento en eso que llaman grupo mixto pero que sabe a salsa mal casada. Si hablamos de UPyD la cosa cambia, son situaciones radicalmente distintas, arguyen. La letra de la ley está para cumplirla… y para interpretarla.

Tener grupo parlamentario propio comprende fundamentales herramientas de acción normativa: presentación de iniciativas legislativas, acceso a las distintas comisiones del Congreso, tiempo de intervención en plenos y sesiones de control, etc. Pero, más allá de las consecuencias prácticas, se pone en valor el espacio representativo otorgado por los electores, se levanta o se retira la última valla para aquellos que llenan el minúsculo espacio que les otorgan las estructuras bipartidistas, bipolares. Qué tiempos aquellos en los que Coalición Canaria, con tres diputados acodados en la bancada peninsular, podían formar grupo parlamentario propio merced a la generosidad cedente del Partido Popular, que les prestaba a dos amiguetes de Soria o Ciudad Real a cambio de fieles manos alzadas, de intervenciones con oratoria pelotera y entregada. Los tiempos cambian, la legislación permanece. La interpretación de la misma, según de donde vengas, según lo que vayas a decir.

Un ciudadano, una expectativa de voto

Más allá de la inerte mayoría popular en los comicios del pasado domingo, el concepto destacado de tantas y tantas valoraciones post electorales tiene como análisis central la denostada normativa electoral que viene provocando no pocos desequilibrios en la relación elector-elegible. Y es cierto, innegable, que el camino hasta la urna, lejos de resultar una actividad ilusionante en la vertiente de protagonismo directo, resulta una frustración por el valor que acaba resultando de nuestra papeleta en la balanza de la correspondencia representativa. ¿A cuanto sale el kilo de diputado, oiga? Depende de la inflación poblacional y otros mejunjes de macroeconomía política, señora.

La transmutación del papel con siglas en carne y huesos congresista, de ese ejercicio comprometido que deviene representación irresponsable, efectivamente ha centrado multitud de foros, sesudos debates que, en ocasiones, desembocan en beligerancia simplista. ¿Un ciudadano, un voto? Jacobinismo del bueno, del puro destilado a base de calcetín con manchurrones; parece lo justo, lo obvio, el camino recto entre dos puntos que la clase política apabullantemente mayoritaria nos ha venido coartando con sus interesadas curvas paisajísticas, desentrándonos del placer visual del bosque con ese abeto en medio del escenario límpido. Ciegos interesados en el paraíso de los tuertos lúcidos; recordemos los resultados dominicales, con una mayoría absoluta inapelable de una formación que gobernará a pierna suelta y, a pesar de eso, no alcanzó el 45% del escrutinio global, del tal forma que un sistema de vía directa y poder ciudadano equilibrado conllevaría la ingobernabilidad permanente de la expresión política emanada de esa población de igual calibre. Peor aún, revolveríamos la paradoja hasta el extremo perpetuo de someter a las mayorías conscientes a la voluntad de las minorías imprescindibles para la sostenibilidad de la gobernanza más o menos estable.Vamos, lo que suele ocurrir ahora, pero para siempre jamás. La República italiana, desde 1945 hasta su perversión berlusconiana de obligada concentración bilateral, puede dar buena cuenta de ello.

No cabe duda que, a día de hoy y desde los albures de esa transición a la que se le ha corrido el rímel con las lluvias del especulativo invierno, el sistema electoral nacional no se ha mirado al espejo y, así, únicamente Izquierda Unida ha practicado una suerte de trágica trashumancia desértica, llorando en el valle lo que otros recolectan sin quebrar el lomo. Estos días se destaca cómo la justicia que supondría la urna sin forma de papelera hubiera dispuesto la multiplicación de los congresistas y voluntades de la formación progresista frente al panorama de la pureza electora. UPyD se ha subido al carro de esas reivindicaciones, pero su peregrinar por el sendero del desequilibrio electoral resulta diletante dado su inmediato crecimiento representativo y su manejo de la farándula propagandística sobre los programas asentados. Aún les quedan cabañas reales que recorrer para encontrarse en circunstancias de exigir el paso vallado por el kilómetro cero de ésto que supone hablar en nombre de cientos de miles de divergentes ciudadanos.

Seguramente resulte hipócrita conquistar una atalaya de opinión para saber que no se sabe nada, salvo que lo afirmado carece de razón. Algo es cierto, innegable, y debe ser el paso para restaurar, si alguna vez poseímos tal justicia en una nación cobarde desde la desesperanza que nos hace acomplejados por supuestos imperios repugnantes de antaño, el sufragio universal con maýusculas. Y ese caldo debe comenzar a hervir desde la propuesta socialdemócrata de eliminar, por obsoletas y responsables de la duplicidad de funciones y recursos, las Diputaciones Provinciales. De igual manera, ese debate obliga a arrastrar la inmediata supresión de las circunscripciones territoriales de igual denominación como termómetro iniciático de la voluntad popular segmentada. La división territorial que sirvió de base política a mediados del siglo XIX carece de trascendencia y espíritu objetivo en la España autonómica y, más áun, absorbe una cómoda excusa geográfica para aprovechar, meticulosamente, el estudio personalizado del elemento político; para más inri, compensar, de inicio, a cada provicia con dos diputados por barba, porque sí, como si éstos acudieran a la Cámara Baja por libre, con la defensa a capa y espada de sus electores por montera, aniquila a sangre fría cualquier voluntad de equilibrar los propios desequilibrios de un consenso de cuarenta y cinco millones de potenciales analistas políticos.

Cada uno de nosotros arrima el ascua a su sardina o, en este caso, a su filia ideológica o hooliganismo partidista. De éso hay poca duda, no nos caracterizamos por una objetividad generosa en cuestión de colores gobernantes. Somos aún así de impúberes democráticos. Lo que ocurre es que nuestro sistema político tampoco ha hecho mucho por sacarnos del cascarón y echarnos a volar. Tal vez nos ama tanto que se ha encargado de mutilar nuestras alas para que no abandonemos el nido timorato; o, más bien, esos tres quintos de consenso en sus cosas de clase política privilegiada parece que siguen entendiendo que, para que no nos pongamos de acuerdo, deben seguir marcándonos la hora de llegada tras disfrutar de eso que llaman la fiesta de la democracia.