Ciudadanos ingenuos

Tan joven y tan viejo, tan desgraciadamente cotidiano para muchos, resulta necesario rescatar este extracto televisivo de nuestra historia reciente por dos razones: Por un lado, a raíz de la imprudencia de haberlo dejado desterrado de este espacio por la ególatra consideración de que es algo ampliamente conocido, y tal vez no sea así; por el otro, y teniendo un cordón umbilical desde el primer hilillo conductor, a raíz de vernos en la responsabilidad de recordar que la censura es más una costumbre que una excepción en la Radio Televisión Pública estatal, tanto cuando ejercía una exclusividad de pantalla como desde el momento que competía con otras cadenas a través del merchandising de una supuesta honestidad de la guerra fría catódica.

Censura1Tenemos el fresco recuerdo de las últimas legislaturas conservadoras como totems de la putrefacción pixelada de aquello abonado sin pregunta por todos, sin casilla irreflexiva por medio en la renta intermedia; Urdaci fue la brillantina esporádica, con un solo arco iris de putrefacción reconocible a partir de aquellos segundos de rostro cuadriculado, gafas de pastaparte, al final de los finales en uno de tantos dispendios subjetivos, en aquella ocasión sentencia en mano, para dejar clandestina constancia de su debut como inquisidor de la información pública. A pocos años del destierro, tanto de las farsas como de la pesadez publicitaria que tanto nos libramos, tanto la abonamos, hemos sido imbuidos por un punto de cotidiano retorno, en su perversa versión mejorada: Ahora no es cuestión de un vocero con ínfulas de mastodonte del almirantazgo, sino desgraciadamente de una cuadrilla anónima pero armada hasta los dientes, de caninos a molares, que revierten a consciencia y por completo la responsabilidad de servicio público de la radio televisión estatal (engendros autonómicos nada al margen), dejando cadáveres redactores y corresponsales por el camino, a tiro de cámara, contra el paredón del directo.

Censura2Pero lo que hoy se proyecta en nuestra mediata pantalla no habla del presente, sería un error anquilosar el desprecio por los primeros canales frente al mando a partir de la irrupción conservadora de José María Aznar en el poder ejecutivo. Por ese motivo, la retahíla anterior ha puesto en solfa a toda esa clase norectiva de podrido abolengo como antesala a sus sabios antecesores, a los maestros de la censura que hicieron de TVE este pasto que nunca fue prado. En 1986, adolescentes y desaparecidos, las cámaras tan colectivamente costosas, retiraron sus puntos de mira para no disparar su bonhomía de directo con la presencia de Javier Krahe y su apache “Cuervo Ingenuo” que limaba las plumas del ínclito Felipe González y su política timorata frente al armamentismo atlántico, cuestión ésta bien pactada antes que gatillos más pudorosos, más verdeaceitunados, le recordaran qué protagonismo podría tener a poco de encontrarse frente al prime time de las urnas, un año después. Su cambio de registro resultó antológico, de las palabras a los hechos, de la pana al sedal.

Hay algunos caminos que miles de ciudadanos pretenden cortar para que varíe el rumbo sin señalización que venimos afrontando brotes tras baches. Pero no es menos cierto que la memoria juega el impagable papel de actuar como servidora del eterno retorno, siempre y cuando las generaciones de aquí y antes refresquen sus neuronas para tener mejor punto de mira que la de sus francotiradores, sin prisma. Por Manitú.

Entre todos…. retornamos.

Qué a gusto, qué calentitos se encontraban en estas lustrosas fiestas navideñas los señores y damas de orden y rectitud hasta hace nada, sentando un pobre a su mesa y radiándolo para toda la España de adobe, de transistor colectivo que hacía menos gélida la mesa en gastronómica desbandada. Porque el pobre siempre es de agradecer, como el ave en la cazuela, en estas festividades bienaventuradas y, en vista de ese casual crecimiento exponencial de las rentas más altas en tiempos nada halagüeños, en tiempos de sufrimiento parcialmente colectivizado, casi redentor de tanta buena suerte a la sombra del pesebre, lleno de oro y… más oro, nada mejor que un buen pobre para que la dicha sea completa.

Pero como no sólo vamos ser piadosos y caritativos al albur del niño dios y sus reyes de la internacional capitalista, la televisión pública hace meses que ha querido agraciarnos con ese espíritu cada tarde, sin reparar en fechas señaladas y puntuales. A diario, Toñi Moreno, especializada en las lides de la caridad “malentendida” con un amplio recorrido en Canal Sur, ha desembarcado en TVE para expandir su sillón de tristezas vendibles y encontrar la complicidad de un público bien entrado en años, que sabe lo que duelen las de Cain pero que debe ser que prefiere seguir sintiendo la quijada antes que la sensatez. Y, así, lo público despliega durante la siesta lo que califica como “Encontrar soluciones a las dificultades por las que pasen los espectadores. Este es el objetivo de este programa, un espacio de servicio público que impulsa la solidaridad y la participación ciudadana y que canaliza las peticiones de ayuda y las propuestas de apoyo“. ¿Para qué un Ministerio, 17 consejerías y tropecientas concejalías en todo el Estado? ¿Qué es eso de Asuntos Sociales? ¿A dónde va a parar el Estado Social y sus zarandajas constitucionales?. Zape. La solidaridad, para que lo entiendan, consiste en promover la desigualdad para poder retornar a las albricias de descolgar el teléfono, decir bien alto tu nombre, ver como se le iluminan los ojillos al bendito descarriado económico que ha redimido sus fracasos por “vivir por encima de sus posibilidades” y echarle una miguitas mientras la Toñi y su coro de enfervorizadas “cheerleaders” de plató babean ante la magnanimidad del que “sólo hace lo poco que está en mi mano”. Mientras, tras cada triquiñuela de caridad con mayúsculas, de la guarra por quién la promueve y con qué fines, un derecho fenece en nuestra carrera hacia la linea de salida.

ToñiMorenoA Toñi Moreno, como podemos ver en el video inicial, no le gusta que le hablen de Estado de Bienestar, Servicios Sociales, y esas zarandajas izquierdosas, con tanto pobre al que redimir día tras día en su ventana de pegostes y manchurrones. A Toñi Moreno, en cambio, le apasiona llorar con el descarriado económico, tan sentado en su sillón de pobre desconchado; desconchado como su esperanza, toda ella entregada en un último aliento al gracejo de Sanlucar, a la llamada de otras latitudes pero siempre española, país tan de ennoblecer su piedad y su redención dando algo de lo que mucho se tiene si se ve el rostro y las facciones del pobre concreto, del pobre que comparte color y patria, que está en esa barriada de no pisar que se sabe lejos pero también vibra con la Roja, qué cojones. Porque los pobres en tumulto y transfronterizos no son del gusto del caritativo; a saber donde va el dinero que se pide frente a tornados y desastres que derrumban uralita y barro, dios los acoja en su seno. Nosotros, a lo nuestro, con los nuestros, de uno en uno, en fila. Toñi se encarga.

A rezar, que son cuatro años

O cuatro décadas, a saber. No contentos con dejarnos exhaustos a diario a base de golpetazos en ambos riñones, los agresores se arrogan el poder sodomita de emitirnos consejos del siglo pasado, del escenario brutalista de los analfabetos creados a conciencia. Ambos órganos, primos hermanos en su vitalidad, reciben mandobles a diestro y siniestro: Por un lado, la violencia principal, la que deja más moratones internos, nos va llegando al ritmo de la destrucción sistemática de la cobertura sanitaria, educativa, social a fin de cuentas de aquello que a la sociedad española le ha costado consolidar de manera, ahora lo sabemos, frágil, de cara a sobrevivir en un escenario falsamente próspero. Desde la vertiente inversa, la sangre se trasluce en la piel más sensible pero, a su vez, menos mortal a nivel colectivo. Sin embargo, estas heridas son las que nuestros maltratadores más se empecinan en mostrar para desviar la atención de la violencia terrible que nos está desangrando, que nos lleva de cabeza a la tumba de la fragmentación social.

TelediarioRezoEn efecto, empecinarse aquellas figuras del Gobierno más débiles en irritar de manera denodada nuestra paciencia, deteriorada de por sí ante la pobreza buscada con la consideración de ejecutar acciones para la mejor administración de las minorías con la apariencia de una acción decisoria en busca de la recuperación de todos, contando electoralmente y a sonrisas forzadas con los desamparados, para el avance sin fisuras de casi nadie, no resulta lógico. Pero es la estrategia más sencilla cuando se aborda un tablero con menos piezas, si bien frente a las más poderosas que parecen pedir tablas en lugar de un jaque que sacrificaría dos reyes en un único movimiento: el del equilibrio de los reales poderes.

Para ese malabarismo de amplia perturbación política, en el que los resistentes de sus privilegios, ajenos a cualquier necesidad o acción real para retornar a la ciudadanía a la que pertenecen, a la que deben sumisión cuatrienal a base de trabajo y sacrificio, boca y oídos, a Rajoy y los suyos no les queda más remedio que acudir o bien a un proceso de inmersión estúpida en forma de goteo, o bien a un sacrificio de dama, en busca de no ver como se rebana el cogote de la pieza mayor, la de la supervivencia de la especie privilegiada. De lo contrario ¿ A qué viene, en tiempos de cólera económica, obstinarse en enervar a los damnificados multitudinarios frente al colapso sanitario, la agresión educativa, el maltrato frente al retroceso de los supuestos de libertad frente a la interrupción del embarazo? Este es el tridente de los casos de amplio espectro, pero se encuentran aderezados por esas salpicaduras que lo manchan todo a base de perlas, a primera vista insustanciales, pero que alteran de tal modo por sus respectivas improcedencias a la opinión pública, y de manera tan regular, que no pueden ocurrir de manera distraida. Parece, por el contrario, que la agenda de actos semanal del ejecutivo estatal debe estar compuesta por la apuesta acerca de la mayor burricalvada que uno de sus miembros deslizará a los medios, alejando así, en la medida de lo posible, del debate público el grueso de las lesiones que nos van impidiendo.

TelediarioRezo2Son éstas muchas, protagonistas de un reportaje de enorme ambición si se pretende ser archivista del disparate; en cualquier caso, no resulta necesario porque de lo contrario se tropezaría con el despiste que, precisamente, esas algaradas pretenden. Los ministros y responsables políticos a cualquier nivel de la administración se encuentran en su innoble capacidad de alzar la voz para que, mientras, repte la miseria entre nuestros tobillos, pero que todos ellos le cojan gusto a la farsa hasta sentar en las cuerdas vocales de los nuevos maniquís del no-do contemporáneo sus proyectos de distracción, algo que resulta insoportable. Sí, ya lo saben, porque eso es lo que les trae discutiendo con familiares y amigos en lugar de continuar planteándonos por qué soportamos un conjunto de leyes electorales, de crédito o administrativas de lo más injustas o desterradas en el panorama democrático internacional. TVE nos animó, de soslayo, a echar unos rezos para sentirnos mas espirituosos que si empináramos el codo con vistas a abandonar a ratitos el panorama sin dioses de pega ni cartón. Lo comentamos con sonrisitas indignadas, entre un café y el silencio. Y a otra cosa. Mientras, los del Consejo apuestan la siguiente canallada, a lo mejor en la capilla de su inmundicia.

Lo que hay que Wert

A partir del minuto cuatro del video anterior pueden disfrutar de las reaccionarias opiniones de la catedrática de ciencias políticas en una institución que se cataloga como universitaria, la Rey Juan Carlos, así como columnista habitual del diario ABC, Edurne Uriarte. Más allá de que su visión de las cosas puede casar y hasta tener descendencia con la línea desinformativa que ya está poniendo, a toda máquina, el títere Somoano en TVE, la conservadora Uriarte, mujer de un sólo hombre, se encuentra entregada en católicos votos a José Ignacio Wert, casualmente Ministro de Educación y otras cosas del destruir.

A ver como podemos analizar esta situación sin que nos reviente una lágrima. La respetable imparcialidad de los servicios informativos de RTVE se ha ido desmoronando de manera manifiesta desde el cambio de gobierno a finales del pasado año, a cuentagotas, sin resultar apabullante de manera automática. Gradualmente, con la destitución de Fran Llorente y el resto de profesionales del ente público, se ha nombrado a una caterva de controladores a sueldo del mensaje que emerge de las ondas y las imágenes de Torrespaña que, en estos últimos días, han recibido la consigna de intentar una escapada de alta montaña que dejara en el camino todo lo que sonara a lugares de encuentro propios de aquello en lo que debe consistir la responsabilidad de la comunicación en un medio que sustentamos todos los ciudadanos con nuestros tributos. El necesario blindaje del ente público, a salvo de las veleidades planificadoras del poder político de turno, siguiendo el patrón de la británica BBC, se ha ido posponiendo por falta de entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas nacionales y, de este modo, volvemos a encontrarnos con un intervencionismo manifiesto, acción propia de la actividad reaccionaria del Partido Popular, que aboga por una liberalización en lo económico, que critica con ferocidad cualquier expresión de supuesta censura en tierras lejanas pero que no soporta la pluralidad cuando asoma el hocico por La Moncloa.

La hoja de ruta de comienzo escolar ha sido diseñada de manera tan raudamente burda que, en sólo tres días, ha dejado al descubierto que los tiempos de Urdaci vuelven para quedarse. Su disimulo sólo ha alcanzado a disponer que pongan la cara principal ante el ajusticiamiento de profesionales de indiscutible imparcialidad algunos compañeros de la casa que puedan dar sensación de no ir con ellos la manipulación. En RNE  han ocupado las franjas horarias huérfanas de Juan Ramón Lucas o Toni Garrido voces reconocibles pero sin chicha, con olor a responso melódico. TVE ha esperado al mes de septiembre para hacer lo propio; con Ana Pastor entrando hoy en CNN por la puerta grande, ha sido María Casado la elegida para disimular con su rostro las garras de la sala de mandos. Su primer papelón consistió en moderar el aséptico encuentro del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un ramillete de periodistas sin ánimo de tirar a dar y desde ya ha tomado el mando de Los desayunos…

Como indigesto acompañamiento al té con pastas hoy se ha rodeado de un nuevo equipo de colaboradores entre los que destaca, de manera repugnante, la presencia de Edurne Uriarte. Y esto es así más allá de que para muchos ciudadanos les resulte demencial comprobar la salida de tertulianos como Jesús Marañas o Fernando Berlín, expulsiones sólo entendibles desde una óptica ideológicamente pacata, que detesta la diversidad y pretende convertir estos espacios televisivos en entidades proteccionistas de la hoja de ruta sin brújula del ejecutivo, para sufrir la presencia regular de opinadores como Uriarte, sino que el asunto entra de lleno en la gravedad de la prevaricación manifiesta. La imprescindible higiene política no puede permitir que el cónyuge de un alto miembro del Gobierno sea contratado en la cadena de todos; resulta intolerable tanto desde la óptica de esa sospecha penal que nunca puede revolotear sobre la cabeza, en este caso muy hueca, de un cargo público, cuanto más desde la previsibilidad de unas intervenciones absolutamente condicionadas por la relación afectiva que, de manera indisimulada (como ya hemos tenido ocasión de comprobar a cuenta del análisis altamente positivo que hace Uriarte de la mencionada entrevista al jefe de su marido), impedirá el más mínimo atisbo de crítica al partido de sus sueños, a la fábrica de la mitad de los garbanzos que se consumen en el domicilio Uriarte-Wert.

Seis años de regresión televisiva animal

Televisión Española había conseguido superar el atavismo de un determinado sector de la clase política y la ciudadanía más insensible y eliminar por completo de su parrilla, durante los últimos seis años, el repugnante espectáculo que, con disfraz de inocente tradición, consiste en acribillar a seis hervíboros astados con diferentes instrumentos de afilada tortura. Lamentablemente cierto es que aún continúa sobreviviendo la trampa festiva de los Sanfermines, como si una carrerita previa por las calles del centro de Pamplona mitigara el asesino desenlace posterior en el ruedo navarro. Pero, de igual manera que ha retornado la ambición por el control informativo de los medios públicos con la llegada del Partido Popular al poder, poco han tardado en saltarse cualquier sensibilidad y cumplimiento de la normativa respecto a los horarios de especial protección infantil. Les ha podido la reivindicación cutre de un concepto de patria que ya fue, que ya no es. Que por ahí no recupera ni crea nada, sino que nos devuelve a un espacio que no es capaz de contemplar el respeto catódico múltiple más riguroso, utilizando la proyección financiada colectivamente para traer una España sanguinolenta e insensible en franja protegida.

El pasado 5 de septiembre, la Feria de la muy reaccionaria Valladolid reestrenó las matanzas animales televisadas en la pública. Ni siquiera un basto criterio de audiencia justificaría la ignorancia de los múltiples acuerdos que buscan desterrar del escenario allende las plazas y ruedos el ominoso ejemplo que consiste en disfrutar con el sufrimiento de seres vivos asustados e inofensivos; dicho criterio, además, no existe. Prueba de ello es su ausencia de las principales cadenas privadas, que se guían ciegamente por análisis de rentabilidad publicitaria; únicamente Canal+ se empeña en ofertar las principales ferias a sus abonados. Pero si algo causa especial repulsión en lo que respecta a este errado retorno taurino a TVE es una indisimulada connivencia del Gobierno actual con sus cabeceras informativas aliadas. El terreno para preparar el regreso de sangre y arena a nuestras pantallas como una victoria de la España de bien comenzó semanas atrás con las patrióticas portadas de ABC a raíz de un supuesto lleno espontáneo en la Plaza de Toros de Illumbe (Donostia), un éxito de taquilla que, según el diario conservador, cimentaba una politizada respuesta al proyecto de la corporación municipal de cara a prohibir la celebración de eventos taurinos en el municipio. Fanáticos de distintos puntos del Estado acudieron a la patriótica llamada para crear la apariencia concertada de que la izquierda abertzale prohibe y reprime los legítimos intereses de la ciudadanía. Y así se escribe la agria historia de la España reversible. En todo caso, el consistorio donostiarra no picó en la trampa y, una vez finalizadas las jornadas de matanza con público, llevo a término el civilizado destierro de las corridas allende sus fronteras municipales.

El Partido Animalista (Pacma), así como otras formaciones de carácter local a lo largo y ancho del Estado, han procedido a registrar denuncias contra RTVE, recordando que las corridas de toros son “un espectáculo en el que los espectadores asisten a la agonía y muerte de un animal desangrado, un auténtico maltrato para los animales”. Además, ha acusado al Partido Popular de apoyar “de forma partidista al ‘lobby’ taurino” y estar “dispuesto a todo para que las retransmisiones de las corridas regresen a la cadena pública”. Incluso a pasar por encima de la directiva europea de ‘Televisión Sin Fronteras’, incorporada al Ordenamiento Jurídico español en 1994 y que impide taxativamente que los contenidos violentos que afecten a la infancia sean emitidos entre las 6.00 y las 22.00 horas.

El entorno en el que vamos reptando para pasar desapercibidos ante los ojos de esta perenne crisis no sólo se circunscribe al ámbito económico, comprobando como retornamos, con curvas demasiado cerradas, al nivel de expectativa vital de décadas anteriores, sino que resulta patente que los del bastón de mando se obstinan en atar a nuestro peso cotidiano otro saco extra relleno de España intelectualmente cruel y subdesarrollada.

La invasión desordenada

Peregrinos italianos "consagran" el momento a ritmo de sangría en una barra madrileña

Madrid es colapso, hormiguero sin arena pero con sus fértiles cadenas vivas, capitaneadas por curas, monjas o monjes Reina a golpe de banderita patriota. Exponerse al apabullante sol de mediodía, sin brisa significativa, constriñe el ánimo casi tanto como enfrentar unos ociosos pasos entre tantas camisetas coloreadas, todas muy católicamente solidarias pero patrocinadas por unos opusdeistas grandes almacenes. En definitiva, utilizar la vía pública del centro madrileño se traduce en angustia al comprobar que el espacio de todos se ha arrendado, subrepticiamente, a una multinacional especializada en la gestión del temor al destino.

Hace escasos minutos, la Policía Nacional ha confirmado la detención de un hombre de 24 años de edad (el informativo de TVE, tras entregar quince minutos de su programación a la simpatía y buenrollismo de los visitantes apostólicos, ha liquidado esta información en una seca frase, sin imágenes, sin interés), estudiante del Centro Superior de Investigaciones Científicas, que planeaba atentar durante la marcha laica de mañana miércoles mediante la utilización de gases asfixiantes. Un beato piadoso. Un prohombre de la causa cruzada. Un tolerante. El modus operandi enlaza con el gusto genocida de los compañeros de uniforme del rockstar de blanco en sus años mozos, cuando aún no había descubierto su destino en lo universal, cuando su bondad estaba confundida en el relativismo racial. Ya lo sentenció horas antes otra adalid del cristianismo de base, Ana Botella, afirmando que dicha manifestación no tiene otro argumento que el pecaminoso deseo de provocar. Pues dicho y hecho, los templarios de la moral vaticana se pusieron manos a la obra para diseñar mandobles justicieros en forma de química avanzada. La intolerancia es atrevida, y cuando el poder político les acompaña revierte en algo, sencillamente, temible.

Las cuentas no están claras, pero la invasión es espesa. Y no toman dos tazas; a lo sumo comparten, como buenos discípulos masivos del altísimo, unas cucharadas que les permitan mantener las constantes vitales alerta hasta el día del clímax papal, ese jueves estival que centrará el éxtasis de tanto groupie vaticano. En efecto, mientras Izquierda Unida ha vuelto a solicitar el detalle exacto de la factura que repercutirá en el erario público, recibiendo el silencio o el desprecio por respuesta, la realidad incontestable en términos de economía doméstica se mide en los comedores y barras de la capital, donde los peregrinos hacen acto de presencia en función de que acepten o no los vales de descuento graciosamente repartidos a su llegada (¿y financiados por…?). El Paseo del Prado, arteria vital para el tráfico rodado en una jornada laboral como la de hoy, se mantenía cortado desde primeras horas de la mañana, para asegurar el plácido discurrir de peregrinos despistados, poco interesados en aprovechar su visita a Madrid para cultivar también su ser cultural y darse un garbeo por la magnífica exposición temporal del pintor y escultor Antonio López en el Museo Thyssen ó hacer acto de presencia en dos de las pinacotecas punteras a nivel mundial, como son El Prado o el Reina Sofía. Colas inexistentes en los centros pictóricos más allá de las habituales, maraña humana a la espera de un zumo natural, ticket en mano, aplastados por cuarenta grados centígrados que poco daño pueden hacer en cráneos huecos, vacíos de respeto por su propia condición humana.

Madrid es, a lo largo de esta semana, una ciudad que no gusta. Nos retrasa y entristece. Nos devuelve un ratito a las cavernas. En las líneas de metro las camisas de colorines atronan, billete de precio reducido como privilegio frente al ciudadano tributario, con sus cánticos hooligan, calentando la llegada de un dios ardiente, humanamente ardiente. Nadie se acuerda de quienes eran, de donde vienen. Esto es un festival más de verano, pero el vino no está fresquito y el pan ácimo se atraganta en este verano implacable. Aquí no está dios ni la razón. Únicamente el vacío de la mercadotecnia para imbéciles, del crucifijo a un euro.

Nadie podrá con nosotros…

… pero estuvieron muy cerca ayer.

En realidad, saltaron y se balancearon, lacrimosamente, con el metálico sabor de una victoria basada en el trasvase inevitable de las tendencias macrohumanas, de las euforias a nivel futbolístico a modo de histérico dominguero. No hay que perder tiempo reflexivo pocas horas después de los resultados electorales del domingo anterior. Debemos darnos tiempo para ver, oir, sentir y decir. Tres días después, por ejemplo, Fernando Onega, en el programa de TVE 59 segundos, afirma que la ley electoral no es culpable en el sentido que IU sufra cuatro veces más en su convicción ciudadana a la hora de lograr un representante público en base a nuestra democrática normativa al respecto, sino que , por el contrario, a la formación de izquierdas se le intuye como heredera de una tendencia ideológica (el comunismo), desarraigada y residual en el contexto político de la Europa occidental. Y tan ancho. Con una buena dieta a costa de calentar un sillón en la cadena pública un par de horas. De resto, el mediojubilado funcional con canas se dedica a repartir minutos bien pagados equilibrando dialécticamente la necesidad de reformar una legislación electoral que (no nos queda claro), beneficia ahora, perjudica mañana. Se pretende equilibrar el valor del voto mientras, a su vez, pisotean más de trescientas mil papeletas euskaldunas. Eso sí, que el urbanita obtenga valor comparativo en lo que respecta a la exigua provincia de Soria. O Albacete. O la Isla de El Hierro. Importante, sin duda, como la expresión soberana de tantos ciudadanos amordazados durante una década por una normativa profundamente antidemocrática.

Quique González, con su habitual prudencia y mesura pública, más allá de su manifestación musical, recordó en la antesala de la jornada de reflexión que no podíamos obviar un atisbo de simpatía y compromiso con los acampados que pueblan plazas y espacios públicos de nuestras capitales de provincia. A partir de ahí, el voto es muy nuestro, pero muy obligatorio. Desafortunadamente, el meridiano poblacional decidió no ejercer un derecho tan fundamental como el de la elección de nuestros representantes públicos, probablemente por la incapacidad de decidir o de esforzarse intelectual y físicamente a desarrollar esa magnífica prebenda auto otorgada. De igual modo, el otro tanto optó, mayoritariamente, por otorgar el control provincial y municipal a un horizonte político que ha demostrado su incapacidad gestora a la hora de proponer soluciones novedosas, propias y eficaces a la realidad coyuntural que padecemos.

Somos incapaces de desarrollar las múltiples cuestiones y respuestas que tendrán que dilucidar los resultados de norte a sur del territorio nacional. Los más de trescientos mil ciudadanos que han aupado a la coalición Bildu a la preemiencia de determinadas instituciones en Euskadi, que han arrancado los clavos de los mártires crucificados, no merecen el desarraigo pactista de las formaciones utilitaristas; menos aún cuando han renegado explícitamente de la violencia. Los mismos que han tendido la mano y el olivo sabroso para erradicar el neoliberalismo a sus supuestos socios comunes sufren la anomalía democrática de aquella ciudadanía inversa, que valora el desfalco con categoría de imputado masivo de las agrupaciones malcriadas a golpe de rencor y escándalo. Algunas como las nombradas han pisoteado el trabajo cordobés, seseñero, o abruman y condicionan el futuro en suelo obrero asturiano a sus naturales socios.

Los resultados, a lo largo y ancho del territorio nacional, deben ser objeto de profundo análisis detallado. Pero, aún así, no merece la pena. Los de siempre se reparten la pana mientras critican el sistema que les otorga el privilegio de afianzada clase social predominante, un status de divino camarlengo de nuestra lustrosa burguesía empresarial que exige pero no cotiza. Mientras, los parias nos repartimos entre los subgrupos de votantes cándidos, indignados irritados y perezosos inadecuados. Desde el lunes asistimos al circo ambulante de los pactos rumbosos, con ex candidatos plagados de pelotas anaranjadas en sus manos que dan vueltas,  y vueltas….; triple vaso de trilero con garbanzo que corre al grito de democracia!!!, mientras los ilusionados por espacio de una jornada plagada de papeletas no dejamos de observar los barcos que arriban a nuestros respectivos puertos, deseosos de que echen anclas para escalar esas gruesas tiras de nylon hasta escondernos en sus bodegas, rumbo al nuevo infierno. Pobres de los habitantes de las anchas mesetas peninsulares, resignados frente al nuevo catolicismo con bandera de Reconquista.