Pater publiequitas

MaltratoEl género es cosa peliaguda cuando se trata de equiparar lo malo con lo peor. Bien debe ya saberlo el community manager de la Guardia Civil que se arredró la competencia de empalagar de supuesta igualdad un tuit funesto, tanto por su torpeza como por un claro desconocimiento de la etimología legal que acompaña a la condición en cuanto víctima y verdugo de la violencia de género. No hay mal que por bien no venga, ya que además de haber tenido que poner en práctica sus conocimientos de gestión de crisis en entorno social media, suponiendo que el interfecto haya adquirido los conocimientos académicos al efecto, miles de ciudadanos han vuelto a refrescar las diferencias en aquello que no se separa para beneficiar, sino para igualar en la madurez y erradicar en el canibalismo entre iguales.

Viene a cuento esta introducción a raíz de cómo se continúa extirpando el gen de la equiparación en la vertiente sana del tallo social a partir del reflorecimiento de una nueva hornada de publicidad televisiva de machismo indisimulado, imposible de cauterizar a simple vista y que, de este modo, acaba desangrando cualquier campaña de sensibilización ciudadana (no ya decir a partir del papel mojado de la normativa al efecto, tan caduca desde que se asoma a aspectos tales como la equiparación salarial, la inserción de la mujer plenamente en el mercado laboral, derechos y libertades en el plano práctico, etc.) para que nuestros infantes dejen de lado sus diferencias más allá de aquellas que son propias como formación de la personalidad en razón del sexo y la orientación humana que cada uno establezca de manera singular. Pongamos como primer ejemplo este muy “familiar” spot de Gas Natural, contando nada menos que con el televisivo chef Jordi Cruz, que igual te canea por no saber quitar la piel a un rape que, sobre la marcha, se convierte en especialista energético. Para eso, ya se sabe, hay que hablar con el macho del hogar, que la señora, a lo sumo, está para abrigar a la prole ante las racanas decisiones del progenitor y, una vez convencida la autoridad familiar, acercarle mansamente el teléfono, permitiéndose para equilibrar, a ojos de la compañía, una miradita reprobatoria sin más atrevimiento.

A la compañia enérgetica este modelo tradicionalista de grupo familiar le pone. Una vez convencidos, se marcha la tez huraña del pater familia y aparece la alegría y el desenfreno. Por supuesto, esposa y retoños no son más que simple acompañamiento, decorado de quien toma las decisiones, el que manda. Moderneces de igualdad, las justas.

Claro que hay otras compañías que por exceso, se empanan en toneladas de defecto. Imaginemos la secuencia a la inversa: nuestro radar antimachismo saltará por los aires, la campaña sería retirada de inmediato y el snack promocionado se acabaría atragantando entre los dirigentes de la compañía. Pero como desde algunas cúspides ven que en la cara oculta de la igualdad todavía se despiertan unas sonrisas, aquí no ha pasado nada. Nuestro filtro permite escapar demasiadas virutas de polución machista, pero seguimos aspirando. Qué se le va a hacer.

¿Excepciones? Está claro, a la vista de este último corte, que nada más ajeno a la realidad. Si de la pantalla más consumida por el común de los hogares nacionales emanan regularmente secuencias de esta guisa, ¿qué podemos esperar resolver con campañas informativas, planes educativos, y otras zarandajas que no cotizan en prime time? Pues, a lo sumo, un desorientado tuit de nuestras fuerzas del orden diciendo que es igual lo que no es lo mismo. Y eso, por desgracia, empezando la casa por el tejado para no tener que ver los destartalados cimientos en que se asienta el manido principio de igualdad insatisfecho. A otra sociedad con ese cuento.

Un pasaporte se desvirga con dinero

Yoani1Yoani Sánchez ya está en Brasil. A falta de próximas giras papales, y con los Rolling Stones sin tour mundial a la vista, la bloguera cubana toma el relevo anunciando una serie de bolos a lo largo y ancho del planeta por casi tres meses para visitar, de este modo, más de una decena de países con el supuesto objetivo de realizar conferencias y encuentros con sus groupies. Una vez más, resulta altamente curioso como una ciudadana del país caribeño que ha afirmado carecer apenas de recursos puede permitirse gastos muy por encima de su supuesto nivel de vida; no olvidemos la polémica a partir de los miles de tuits mensuales que envía y que, afirmaba, lo hacía a través de un servicio de sms, pagando una cantidad por mensaje que, multiplicada por el número total, supondría una auténtica fortuna para cualquier cubano.

En este caso ha accedido a la nueva política fronteriza de la Isla para recibir un pasaporte que le permite salir y entrar libremente al país, cuestión que viene permitiendo el reencuentro de miles de familias que se han mantenido separadas por el doble alejamiento. No hay que olvidar que la política de bloqueo empecinada por el gobierno norteamericano impide el libre movimiento no solo de personas, sino de recursos y material de todo tipo hacia Cuba, además de mantener una política aduanera infinitamente más restrictiva y por la que no parece recibir ningún tipo de reproche, a la vista de como soportan con un estoicismo inusitado miles de turistas los indiscriminados controles aeroportuarios en base a su legislación en materia de terrorismo y seguridad. Esto, parece ser, debe ser soportado para acceder a la supuesta tierra de la libertad, mientras que la modificación de la normativa cubana no merece salir del espectro de críticas y sospechas habituales.

Yoani2La labor supuestamente periodística de Yoani Sánchez trasciende cualquier nivel razonable de critica en razón de su profesión. Tras haber regresado voluntariamente a Cuba en 2004, después de un período de dos años viviendo en Suiza (parece que las fronteras nunca han sido demasiado altas), su labor redactora ha tornado en posición de star system del mundo bloguero a raíz de haber conseguido el Premio Ortega y Gasset de periodismo que otorga en España El País, dotado con 15.000 euros, medio para el que colabora como una suerte de corresponsal de opinión. Un galardón prestigioso hasta esa edición de 2004 prefirió funcionar como soporte de instrumentalización política del cuarto poder, ascendiendo a los altares de la fabricada relevancia un producto que le ha otorgado al rotativo español ese pilar que necesitaba para continuar su labor de desgaste informativo para con todos aquellos Estados latinoamericanos que no se han plegado a las exigencias editoriales del Grupo Prisa, fundamentalmente desde el brazo ejecutor de la editorial Santillana. Que se lo digan si no al actual ejecutivo venezolano, que no pasó por el aro de las imposiciones de la mencionada compañía y se negó a renovar contratos multimillonarios de compraventa de manuales educativos para el sistema público; difícil olvidar el tratamiento activo en el apoyo del Golpe de Estado de 2002 por parte de un medio que era referencia de cierta progresía socialdemócrata, y de ahí se han continuado desparramando las dudas acerca de cualquier proyecto de gobierno en el continente americano que no cuente con sus productos y servicios.

Yoani3Yoani Sánchez puede ser una ciudadana crítica con la Revolución cubana, una amante de las democracias occidentales y sus mecanismos de resolución o generación de conflictos, que de todo tienen, pero no puede seguir intentando disfrazarse de habitante en penuria que vive y sufre una supuesta pobreza material que convierte sus letras en sacrificio luchador, que pretende alzar su narrativa a los altares de la martirización por la redención de sus conciudadanos. El pasaporte que ha tramitado no le abona esa tourné que ha emprendido, comenzando por Brasil y que la llevará a otros países de la región antes de cruzar el Atlántico y saludar a sus mecenas europeos. Si su acción es instrumental como otra herramienta más para desgastar los cimientos del sistema cubano, está en toda su disposición ser transmitente de ideas ajenas a partir de un rostro y unas letras sin alma propia. Lo demás es marketing que se lleva el soplo nada inocente de la Historia.