Una banca pública para una recuperación colectiva

La confianza en un candidato socialdemócrata, tras una deriva grupal hacia posiciones cada día más alejadas de cualquier posición de izquierda real, es como poco difícil. Complicada tanto para sus más fieles seguidores en lo ideológico, por encontrarse a la deriva, como para aquellos dubitativos en la amplia órbita del progresismo español, por desconfianza y lejanía de la moda de los resultados triunfalistas. No obstante, contamos con la presencia de un cabeza de cartel que agrupa un discurso y una rebeldía que hacen mantener una tímida ilusión en aquello que discurre y presenta.

Tomás Gómez, aupado desde su abrumadora mayoría como alcalde de Parla, se ganó la confianza de la militancia socialista de la Comunidad de Madrid, que lo encumbró como sólido Presidente regional de la potente Federación de la CCAA en cuestión. A partir de ahí, comenzó a dibujar su particular geografía ideológica y pragmática acerca del futuro programa político del partido, hasta encontrarse con un muro espeso y agrio: sus propios compañeros, sus impulsores y aduladores. El aparato consideró, mucho antes de cuestionar a su líder iluminador, apagar el foco de una inspirada independencia de destino en lo regional. De este modo, el Comité Federal del PSOE estableció lo que hoy critica, un “dedazo” de mucho cuidado, con candidatos light y ajustados a los momentos de moderación como vía para aparcar los estímulos electorales, las veleidades que supusieran un riesgo en la derrota controlada. Trinidad Jiménez, en lo que respecta a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, fue la elegida para disputar el trono a Esperanza Aguirre, intentando no contar con la voluntad reciente de unas bases deseosas de revulsivo incontestable, de nuevas propuestas para detener la avalancha de privatizaciones e injusticias de los populares. Pero no. Gómez se rebeló ante la imposición, en contra de la tradición electiva del partido, y plantó cara por tierra, Manzanares y aire a lo práctico frente a lo justo. Solicitó primarias, consiguió primarias y ganó primarias ante una rival derrotada desde sus inicios políticos, con una sonrisa tan tirante que se dibuja como sombra de rictus histérico, una pelota del jefe que prefiere el cargo perpetuo a la dignidad laboral.

Consumada la justa victoria y, por lo tanto, la capacidad y disposición para plantear un programa con cierta independencia y criterio, Tomás Gómez ha venido dibujando una oposición en los términos más socialdemócratas que se recuerdan por estas fronteras desde la desaparición del PSUC y sus internadas izquierdistas en un partido que, desde que tuvo cuotas reales de poder, renegó de cualquier opción de novedad en la planificación pública de su discurso y acción. Entre todas aquellas propuestas que se han concretado en el panfleto electoral del 22 de mayo, el candidato madrileño destaca por asumir el grito que ya han profesado desde IU a otras organizaciones de izquierda real en el Estado español: la recuperación de una banca pública. Estatalizar un sistema financieros sin los abusos y desidia del pasado es una reivindicación justa y realista para atornillar la recuperación de la ética en las relaciones humanas de esta sociedad, y escuchar esta demanda desde el centro de una estructura plegada a las posiciones que comanda la Europa de los ciudadanos es ya digno de aplaudir.

El germen de esta propuesta se conformaría desde el embrión de una especie de Instituto de Crédito conformado por capitales modestos, producto de la nacionalización de algunas entidades de ahorro en situación incómoda con las nuevas condiciones impuestas por el Banco de España. En lugar de desguazarlas y venderlas al mejor postor como sugiere MAFO y su vocera ministerial, Elena Salgado, se plantea mantener esas estructuras y fortalecerlas con la colaboración de otros entes crediticios que puedan aportar solvencia para hacer fluir el crédito a las familias y PYMES, dinamizando la economía real y generando, por lo tanto, estabilidad y empleo.

Planteamiento revolucionario, insistimos, recordando de donde proviene. No es suficiente, pero es algo en función de su foco de demanda. No obstante, hay que recordar que los procesos de integración de las Cajas de Ahorros están demostrando, en su conjunto, poca capacidad de innovación e inventiva para atraer capitales y, por lo tanto, demostrar su solvencia futura. Asimismo, la supuesta incapacidad gestora de los máximos responsables de estas estructuras económicas mantienen y refuerzan sus posiciones de privilegios en las nuevas sociedades bancarias resultantes de las fusiones frías, templadas o calientes que se vienen gestando, lo que da buena cuenta de la tibieza del mensaje enviado y procesado desde el regulador central. De este modo, atisbar un esperanzador futuro de recuperación crediticia y un abandono de los abusos en la concesión de créditos y coberturas a los poderes fácticos a lo largo y ancho de la geografía nacional parece poco probable.

Con todo lo expuesto, y si los propios inspiradores de esta sucesión de integraciones que vienen formando diminutas entidades, con dificultades de solvencia y remanentes comprometidas en las respectivas entidades autonómicas y locales, es evidente asumir que la recuperación de una entidad bancaria, producto de la mescolanza de la mayor parte de Cajas de Ahorros españolas, supone el establecimiento de un resorte poderoso para recuperar todo aquello que genera dignidad social. Todo lo demás son parches liberales y, por ende, el alargamiento de una senda que conducirá inexorablemente a nuevos abusos y repartos de la élite financiera estatal. Mientras tanto, la ciudadanía sufre embargos, rechazo crediticio y encarecimiento de los servicios bancarios básicos.

Una banca pública es justa, posible y extremadamente necesaria. No para competir en este sistema capitalista tenso y macabro que relega a los ciudadanos a la categoría de objetos exprimibles, sino para dignificar los pocos años que nos toca vivir. Banca pública es garantía de un foro de encuentro igualitario entre necesidades y recursos, donde se encontrarían proyectos y realidades.

La importancia del líder. Sucesión socialdemócrata contra la debacle

A estas alturas del cuento tal vez no sea necesario explicarlo, pero por si los votos, hemos de recordar que cuando nos dirigimos, cada cuatro años, a ejercer nuestro derecho a decidir en las elecciones generales, elegimos a los diputados y senadores que conformarán las dos Cámaras de Representantes de que consta nuestro poder legislativo. Y es éste el que, con las mayorías que se formen, establece y propone al poder ejecutivo, esto es, al Presidente del Gobierno y a los correspondientes ministros. Aún así, nos hemos acostumbrado desde los primeros comicios democráticos a aceptar, tanto los que conocen esta realidad jurídica como los que no, que quien puebla con su rostro los carteles en representación de tal o cual partido político (habitualmente coincidente con el número uno de la lista al Congreso por Madrid) será, en caso de victoria, el jefe del ejecutivo los siguientes cuatro años. En realidad, esta tradición se ha cumplido religiosamente, si bien, con la ley en la mano, una formación política que alcanzara la mayoría absoluta y, por tanto, no necesitara de pactos con otras fuerzas del hemiciclo para pactar gobierno, podría proponer a usted, a nosotros, a Chiquito de la Calzada o a Iniesta como Presidente y tan campantes.

De cara a la galería, las estructuras políticas son conscientes de la necesidad de un líder de cara a sintetizar sus ideas, propuestas y voluntades y empatizar éstas con los anhelos de la población. Crear una simbiosis entre un rostro, un tono y una forma de vestir y los votantes. En la trastienda, el colectivo en forma de Asamblea, Comité u Órgano de dirección es el encargado de preparar el panorama público que se esboza y presenta a la ciudadanía, así como las decisiones que lleva a término el gobierno y el grupo parlamentario que lo representa. Esto es así de sencillo y así de trasparente, pero ni por ésas somos capaces de enterrar la necesidad de liderazgo.

El PSOE vivió una esperanzadora revolución en el año 2000, precisamente cuando las huestes socialdemócratas, asoladas tras el varapalo electoral de Joaquín Almunia y el fiasco producido con el relevo chapucero de Josep Borrell, percibieron que desde la marcha de Felipe González las ideas y propuestas se estancaban ante la ausencia de una presencia que las definiera, les diera color y forma. De este modo, y contra todo pronóstico, alzaron a la jefatura del partido a un semidesconocido diputado por la provincia de León, José Luis Rodríguez Zapatero, que fue capaz de mimetizarse con la imagen de un renovado socialismo, moderno y solidario, atento a las necesidades de los más débiles y consciente de los problemas internacionales. Esta manufactura ha valido dos elecciones, y a la vez el retorno a una etapa en la que, ante ausencia de ideas y proyectos, la figura del líder se disuelve sin remisión.

A diferencia del PP, donde la ausencia de ideología a defender ni mucho menos programa a sostener hacen que el hooliganismo mantenga erguidos doce o trece millones de papeletas, los socialdemócratas españoles necesitan ilusionar a sus condicionales, ofreciendo un fichaje de postín, de auténtico relumbrón, para que éstos regresen a la cancha a dejarse la voz y la energía por sus ideas. Ambas situaciones conducen a un mismo despropósito: la poca o nula necesidad de articular proyectos innovadores y valientes y llevarlos a término en caso de alzarse con la correspondiente victoria electoral. IU prepara y traslada ideas, programas políticos y acciones de ejecución real, y el electorado se lo recompensa con indiferencia y desgana. El circo triunfa.

Dicho esto, podemos establecer, sin lugar a dudas, un par de aseveraciones: Zapatero no será el próximo candidato a a jefe del ejecutivo por parte del PSOE y esta formación no anunciará el nombre de su relevo de cara a las próximas elecciones generales hasta el otoño del presente año. Al intentar engrasar la máquina de fabricar ideas y proyectos, los socialdemócratas patrios han comprobado que se encuentra oxidada y sin posibilidad de sustitución en tan poco margen, así que se encuentran ante la necesidad de optar por lo que mejor saben hacer: fabricar un candidato afable y cercano, joven y moderno. Desgraciadamente, no se percibe en lontananza un molde ni remotamente cercano a esos parámetros, así que, en previsión de la debacle que se avecina, no queda más remedio que suponer que, entre la terna siguiente, se encuentra el rostro que asumirá la derrota electoral en mayo de 2012:

¡Yo quiero!... bueno, quería.

Manuel Chaves: El Presidente del partido siempre ha aspirado a rondar el papel de candidato, lo que demostró a todas luces al abandonar la presidencia de la Junta de Andalucía. La polémica acerca de las subvenciones concedidas de forma dudosa a varias empresas cercanas (en una de ellas su hija fue contratada) y el maremagnum acontecido a cuenta de varios ERE en los que se han “colado” amigos y familiares de los socialistas andaluces le han salpicado de lleno, y le dejan en muy mala posición de salida.

Ahí te quedas, a ver quien sabe de economía más que yo

Elena Salgado: Sin posibilidades y, seguramente, sin aspiraciones. Desde su llegada al Ministerio de Economía, a Pedro Solbes hasta se le añora. Dura e inflexible, sus medidas impopulares son su carta de presentación, igual que cuando lideró el Ministerio de Sanidad. El problema es que esas decisiones poco simpáticas tampoco han sido eficaces, con lo que su perfil cala poco o nada entre la ciudadanía. Desaparecerá del mapa político en 2012, igual que su antecesor, y al poco tiempo suspirará y lo agradecerá.

¡Anda ya! Pero si lo mío es frenar la gripe A y visitar Jeques

¡Anda ya! Pero si lo mío es frenar la gripe A y visitar jeques

Trinidad Jiménez: Debe ser muy amiga del Presidente del Gobierno, porque salvo ser hija del magistrado Jiménez Villarejo y licenciada en Derecho, poco curriculum más posee como para haber asumido tantas y tan diversas tareas en el ejecutivo nacional. Su futuro en primera linea de la política socialista queda a expensas de lo que suceda a partir de las elecciones de 2012, en la que no se la verá muy cerca de la fotografía de portada. Tras ostentar la Secretaría de Estado para Iberoamérica y el Ministerio de Sanidad, con dudosos resultados, se obstinó o se obstinaron en que enfrentara su sonrisa permanente a Esperanza Aguirre en las municipales de mayo, pero ni en su tierra de acogida, Madrid, la quisieron los compañeros de partido, y Tomás Gómez le disputó y arrebató la candidatura en unas intensas primarias. El Presidente recompensó su derrota con una cartera “menor” (je), Asuntos Exteriores, donde se encuentra encantada de visitar a jeques y sátrapas, así como obsequiarnos con su cercanía al vecino marroquí y desdén hacia la causa saharaui.

¿Qué? ¿Qué me quereis como vuestra líder suprema? ah, no, que me vaya y no vuelva. EFE/ Juan M. Espinosa

Leire Pajín: Licenciada en Psicología, su profesión y la de su madre ha sido la política, entendida ésta como forma de vida. Tras convertirse en la diputada más jóven de la historia de la democracia española, con veintitres años, la irrupción de Zapatero y su equipo en la dirección federal le ha abierto las puertas a diversas responsabilidades públicas, consumando su ascenso al olimpo de la política con el nombramiento como Ministra de Sanidad. Le encantaría ser candidata, pero espera su turno. Va rápido, pero no es tonta.

Rostro de cándidato crédulo, o de Presidente imposible

José Bono: En el año 2000 todos le daban como el seguro candidato a la Presidencia del gobierno en caso de victoria socialista, pero un diputado de León le dejó con las ganas. Mejor, porque otra cara de la época felipista no era el mejor argumento para volver a La Moncloa y su victoria electoral era más que complicada. A pesar de todo, como buen superviviente político, abrazó a su otrora contrincante y aceptó el Ministerio de Defensa, muy acorde a su personalidad estricta. Tras una ruptura de cara a la galería, viene presidiendo el Congreso de Diputados en la actual legislatura. ¿Le gustaría ser el candidato socialista en 2012? Pues claro. ¿Puede serlo? Con su habilidad y ambición, desde luego.

Más que ministro, con esta pose lo mio era ser Borbón

José Blanco: Otro que ha pasado del insti al coche oficial sin mancharse de barro los zapatos. No se puede discutir que ha sido un fiel y aguerrido escudero de Zapatero desde el año 2000, y eso se paga y bien. Otra cosa es su indisimulada pretención de convertirse en algo más de lo que su intelecto le permite. No tiene perfil para enfrentarse electoralmente a nadie y lo sabe, por eso en su tierra natal, Galicia, ni se ha postulado. Pero claro, a lo mejor es que una Comunidad se le queda corta y, sin anteojos, cree que las fronteras de sus posibilidades se han difuminado. En todo caso, objetivamente es una alternativa imposible de cara a los comicios de 2012, porque no conseguiría el refrendo del aparato socialista.

Vayase señor Zapatero, que vengo yo!

Váyase señor Zapatero, que vengo yo!

 

Carme Chacón: Es ambiciosa, continúa manteniendo el estratégico apoyo del poderoso Partido Socialista de Catalunya, y ya ha dado muestras públicas de pretender optar a la candidatura. Dispuesta hasta a enfrentarse en unas hipotéticas primarias al Presidente del Gobierno, la confianza que le otorga el referido apoyo de los socialistas catalanes se une a su trayectoria al frente del Ministerio de Defensa, lo que le hace albergar la sensación de poder resultar interesante para el electorado socialdemócrata más moderado y centrista. En todo caso, de esa mezcla está por ver que sabor y aroma resultan, porque a lo mejor la suma acaba restando. Está entre el trío de los favoritos a encabezar el cartel.

Parezco el Doctor Maligno pero soy bueno como un sobao pasiego

Alfredo Pérez Rubalcaba: No descubrimos nada si afirmamos que es el favorito de las apuestas. Su firmeza en todos las responsabilidades públicas que ha ostentando, su dilatada experiencia y su capacidad de oratoria son las credenciales que hasta hacen temblar un poco a la oposición, convencida de su victoria. En su hábil línea de actuación, no se ha querido referir acerca de su posible candidatura a la Presidencia del Gobierno, y realmente nadie más allá de su círculo íntimo puede asegurar que lo desee. Lo cierto es que su desgastada salud y la presión familiar pueden desestabilizar una balanza que a muchos dentro del PSOE les gustaría que cayera del lado del cartel “Rubalcaba, Presidente”. Lo que es seguro es que no lo veríamos en unas primarias disputándole la candidatura a nadie. Él es de los generales que gustan de ser nombrado a hombros de su huestes.

José Luis Rodríguez Zapatero: Recordando esta emotiva campaña, en momentos en los que cualquier economista aficionado ya veía mascar la tragedia, no parece el candidato idóneo. Porque, como apuntábamos al principio, por desgracia la ciudadanía pide líderes, no ideas, y a esas exigencias conducen estas campañas. A Rey muerto, Rey puesto.