Sodomía política

A pesar de estar en posición de cúbito radial, sin manejo de las extremidades ni del torso, paciente por aletargado, resulta imposible evitar el desgarro. Nadie nos ha preparado la lubricación social necesaria para continuar soportando lo que entra y sale, seco y rabioso, de ese orificio que pretendía no ser oscuro. Hoy es Ignacio González y cia, pero en realidad ya es la consecución sangrante y marrón, heces en rojo, que ha acabado infectando a toda una generación de ciudadanos que pretendían serlo. Escuchado, a nuestro oído en solfa, el rumor atosigante que emana de jueces que no deberían estar, fiscales que no deberían mirar y funcionarios que menos deberían laissez faire, laissez passer, darnos por culo es lo menos que se podía esperar de aquellos que defienden su inocencia ante un micrófono, mientras reclaman su inmerecida impunidad micrófono tras ganzua. Todo eso pasa, y duele, porque así fue siempre, y los votos confirman que así será más adelante. ¡Muera la honradez, viva la sodomía política!

Había una vez una apariencia que comenzaba en túnel oscuro pero prometía final feliz. Se le llamó democracia, y se tradujo al castellano, valiente imprecación al cielo de las buenas sociedades. Y millones de españoles lo creyeron, ratificaron y contemplaron, con alborozo, como fue sancionado por un solo ser, tras el que se posicionaron corbatas de toda raigambre ideológica y existencial. Transición lo apellidaron, y llegó a nuestras tierras sin llanto, eludiendo la cesárea. El retoño tenía buena cara, las pupilas apenas dilatadas; sus extremidades, tersas y vivarachas. La placenta, en cambio, cayó como un pulpo con la cabeza reventada, tentáculos por todos lados, dando aire a través de las ventosas para sortear el desconcierto y buscar la supervivencia de la especie pretérita. Hasta aquí han llegado, para quedarse.

Esas extensiones de un cuerpo, en su esencia, dilatante, necesitan el cobijo de nuestras mentes cavernosas, introducirse a golpe de desequilibrios colectivos; como estructura social, a cuarenta años vista, demostramos no ser más que víctimas políticas de una violación trasera que, no por menos humillante, preferimos ocultar en el subconciente de cada pregunta electoral, de cada reclamo participativo. A partir de la reiteración de cada acto indebido, a sacudidas violentas que se introducen nuevamente con forma de sms ministeriales, órdenes fiscales elusivas o, directamente, erectas mentiras húmedas de saliva sonriente así como, de manera alternativa, llanto reptil, se nos empuja a guardar silencio frente a una vejación que dura y dura, que no acaba de eyacular.

Estamos infectados por no haber tomado precaucaciones: Dejamos ser penetrados con resistencia silenciosa y, como recompensa, abrimos las piernas para que se depositara una enfermedad que va más allá de algún escozor puntual. Ahora, quizás tarde, nos vemos postrados, arrepentidos. No obstante, ya no sabemos decir no, ya no podemos siquiera abstenernos; abiertos de par en par, la democracia ha dejado de ser placentera para convertirse en vejación. Lo horripilante no se posa únicamente en el trauma, cementerio que huele a almas vitales, sino en la metástasis de una enfermedad abierta en canal. ¿Cuál podría ser esa última decisión que siempre albergamos como herramienta de salida, cuando esta se encuentra sellada? La resignación, el retorno a lo cuadrúpedo. La sodomía árida.

 

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2015: Electoreando, que es enjundia

Encomendarnos a una suerte de propósitos y adivinaciones como manía de primeros de año resulta tan de obsolescencia politóloga programada como lanzarse a practicar jogging al amanecer del nuevo ejercicio: en el kilómetro cero sobre nuestras lustrosas zapatillas ya se va quedando marcada la huella de su abandono inmediato. De este modo, no hay nada que resulte más preferible que tirar por el camino de en medio, más que nada porque en los bordes de nuestro circuito no hay ni barandillas, ni arcenes, siquiera hay territorio, mapa, nada.

electorando22015 es año electoral puro y duro. El resto, silencio dramático. Aquéllos que aspiran a retener durante cuatro años el estado de las cosas desde sus respectivos púlpitos ya se han puesto visceras a la obra para que el paisaje se enfoque sin tanto ocre, con menos atardecer permanente. No ha sido ni engullir la duodécima uva y ya hemos recibido, en lugar de cava, confettis y serpentinas en forma de alborozos macro y micro económicos; que si menos impuestos, que si el paro no le preocupa al desterrado y la pérdida de empleo se la reflanflinfla a asalariados y otros menesterosos de nómina puntualmente famélica. Ha sido poner el cuentakilometros de la urna en modo on para que los términos “austeridad”, “sacrificio” o “crisis” se encuentren en el paredón de la RAE, si por la gobernanza estuviera a tiro el fusilamiento de los términos electoralmente incómodos. Ay, que Ministerio de la Verdad podrían capitanear los Guindos, Montoro y demás amados líderes patrios.

electoreando1Pero como hay estafas que no se saben cuanto duran, y ciudadanos que están hartos de resistir oleajes sin dique político de contención, mayo y noviembre se prevén citas memoriosas. En ambas (la segunda siempre y cuando Rajoy no pretenda artificios en el calendario para prorrogar la agonía de los cambios inevitables) el electorado va a arribar, en ausencia de diques y escolleras tramposas, inaugurando la memoria electoral de la microhistoria post Transición. Ni el bipartidismo y sus satélites nacionalistas de dudoso espectro pueden seguir sorteando con tanta facilidad la financión a manos llenas, ni la opulencia en campaña parece, a estas alturas, que revierta en mejor pesca. En todo caso, el caladero común promete multiplicar sus potenciales piezas, dejando la abstención en cosa de márgenes históricos, mientras que la irrupción de nuevas siglas en todo el arco de la estructura representativa nacional dirá adiós, como mínimo, al contubernio previsto con refinado tacticismo para un juego de dos. Ese plan general de ordenación electoral continuará, en efecto, poniendo el camino difícil a la soberanía popular, pero la realidad promete también dificultar que lo inalterable resulte, además, inalterado.

2015, un año que nace con la aguja preparada para tatuar su impronta a los cuatro congéneres siguientes. Sus descendientes quedarán marcados por la personalidad de este ejercicio que promete emociones fuertes desde su primer escalón. Aunque casi siempre ganen los mismos, de cuando en cuando aparece el Atleti, y hasta cae simpático.

La Corona sale al rescate del bipartidismo

AbdicacionRey1El Jefe del Estado se ha apuntado a la renovación, con sorpresa mayúscula para el conjunto de la ciudadanía pero a través de un pacto alineado con el Partido Popular y el Partido Socialista, protagonistas centrales del teatrillo que hoy estamos presenciando y que vienen dirimiendo desde principios de años para, juntos y revueltos, apuntalar sus comunes intereses en busca de la supervivencia en esta transición que desde las diez y media de la mañana ha comenzado. Y hablamos de renovación con la impostura que no tiene siquiera que presuponerse frente a situaciones del calado histórico que hoy se enraiza con el pulso de la ciudadanía, un latido efectivamente renovador, sin trampa ni Borbón, que viene exigiendo en mayor número, con un estimulante alarido exponencial, reclamar su liderato para aprovisionar el invierno socioeconómico que tanto escalofrío le viene provocando.

Mucho se ha comentado en los últimos años, fundamentalmente a raiz de la pérdida de respaldo ciudadano de la monarquía y sus elementos humanos, nada vigorosos en su intento biológico de aproximarse a la infalibilidad de postín, rodeada en su protección de trampas constitucionales bien puntiagudas, acerca del contenido normativo del Título II de la Constitución, su escaso desarrollo desde el vientre de la Carta Magna hacia el resto del ordenamiento jurídico, huérfano de una Ley Orgánica que hubiera dado contenido detallado a una Jefatura del Estado ya lesionada por su lejanía electiva, por su ausencia de respaldo certificado en tanto en cuanto levanta sus murallas desde un referendum global para aprobar un texto constitucional que a ver quien era el guapo que le hacía pestes con la polvora todavía humeante, presta a recargar tambores y apuntar a dar. Precisamente, una Ley Orgánica que ahora parece hacer acto de presencia como un fantasma corpóreo, que ha tejido sus sábanas desde el silencio de palacio con la misma celeridad que el bipartidismo imprimió a la reforma del artículo 135 del texto constitucional, y que mañana hará acto de presencia con el beneplácito de dos formaciones políticas, otrora mayoritarias, hoy con padecimiento de mengua representativa.

AbdicacionRey2La defensa a ultranza del equilibrio regio que aparecen en estas primeras horas de despedida juancarlista resuena a inmovilismo de segunda generación, atando y bien atando entre el poder que se siente desorientado tras su golpetazo del pasado domingo y el guia en decadencia un futuro que no les interesa si es el más propicio a medio plazo para el conjunto de la sociedad española, sino el de armazón con mayor refuerzo para sus respectivas supervivencias. De entre el articulado del mencionado Título II (antesala de los padrastros constitucionales en un curso avanzado de cómo autogestionar el poder eterno, recubriéndolo del espeso barniz que otorga el artículo 168 y su reforma agravada) sí hay un apartado que permite de manera automática demostrar a Felipe de Borbón definirse como el demócrata que su barrera de contención afirma que es: A través del artículo 62 c), nada más colgarse el cetro si los acontecimientos no le superan antes, puede convocar a referéndum en los casos previstos en la Carta Magna. Evidentemente, la decisión no resulta automática, ya que todos los actos que ejecuta la jefatura del Estado son actos debidos salvo un par de lindezas autopresupuestarias, pero sí le imbuye de legitimidad para, nuevamente, sostenerse en sus bastones partidistas, a derecha y izquierda, e impulsar el interrogante hacia la acera. Claro está que por vía del artículo 57.5 (Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica) le queda más a mano, pero algo nos dice que esa norma que mañana va a desempolvar el bipartidismo, cocinada desde el primer trimestre, no va a ser muy preguntona.

AbdicacionRey3No obstante todo esto, no nos llevemos a engaño. La virtud prestidigitadora de la política que se derrite, la que sale tan poco a la calle que no resfría su capacidad manipulativa desde las alturas, habrá calibrado el ruido y entenderá que el fuego controlado será disparado con un debate monarquía-república inerte en el contenido, efectista como estrategia de despiste. Y, además, no se puede excluir en el análisis del interrogante de los plazos que Alfredo Pérez Rubalcaba está pero se viene yendo, y es la tercera piedra de estos Pactos de la Zarzuela necesarios (salvo que la fecha fuera aplazada hasta que Juan Carlos viera como monarca alzar al Real Madrid la décima, que cuestiones mas disparatadas emergen en el anecdotario historiográfico) para ese segundo encuentro normativo veloz y con el refuerzo cuantitativo imprescindible en las Cortes Generales que permitirán nuevamente imponer en silencio sus cábalas. Un alto porcentaje de la afiliación socialdemócrata no aplaude con tanta vehemencia estos chanchullos contrarios a uno de los espíritus básicos en la estructura sociopolítica que plantea su razón de ser, así que este triunvirato se las componía hoy o nunca. Y a Craso ya no le daban más cuartelillo.

Resultaría, por tanto, estremecedor que este artificio nuble la marejada que necesita entrar a puerto. La sociedad española viene reclamando ser cuestionada pero no como delegada, sino como protagonista del curso de su historia, siendo ésta la que lideran sus grupos ciudadanos con las renovaciones que la finitud vital impone a la raza humana. Hoy toca aprovechar este apaño fáctico para convertirlo en la legítima reclamación de como dar el giro que en mayoría nos propongamos. Mañana mismo tiene que ser la transición que le corresponde a nuestra generación.

 

Un descanso agotador

Poner distancia ante tantos frentes rugosos, por un período que no podría considerarse en tiempo real ni un intermedio balompédico para recobrar las sales existenciales básicas, está visto que vale de bien poco. Actualmente los balones de realidad se lanzan sobre nosotros con masa de titanio, a toda velocidad, aunque nos intentemos ocultar en el vestuario, a oscuras, meditando como regresar ante los focos con alguna táctica que nos permita soñar en la remontada o, al menos, en maquillar el resultado, para que los silbidos dejen paso a la comprensión, a la confianza en próximas jornadas.

Agotador1Aunque cualquier necesidad de calma humana tuviera a su disposición la autoinducción de un reparador sueño social, al despertar, las mentiras de plasma y la violencia intolerante seguirán allí. Semanas después, Dolores de Cospedal regresará al atril, con la soberbia de costumbre, disfrazada de una Bernarda Alba de baja talla, ojeras en ristre, con la pretensión de un desmaquillaje que elimine las preguntas incómodas, en una simulación que pretende cobrar de una tacada. Lo mismo de siempre, la agresividad de costumbre.

La indignación popular continua in crescendo, levantando el tono y el ritmo a la misma velocidad sanamente estridente con que la clase política canovista se empeña en jugar a ser invisibles a la realidad, en repetir el discurso que les conservó en la falsa opulencia de antaño. Ahora la calle es nuestra, con la valentía de los últimos recursos, el conducto estrecho por el que se han obstinado en conducirnos para jugar a la guerra de los insultos. Miran a Venezuela y hablan de un país fracturado; ellos, que lo polarizan todo, que se empeñan en soliviantar a sus últimas huestes diciendo que los desahuciados a un alto tipo de interés no son más que filoterroristas que pretenden mancillar su paz social, la de los que resisten pasivamente.

Agotador2Saltamos nuevamente al terreno de juego y frente a nosotros nos topamos con la misma alineación, inalterable, a pesar que no son capaces de dar pie con bola: una con fiestas pagadas en comandita corrupción; otra que defiende a golpe de virgen; un justiciero en pos de rescatar el aborto clandestino y los matrimonios indisolubles; el interior que sigue a la ley de su dios para él y para el resto; aquel volante exterior que ve la paja en el jugador ajeno; y todos comandados por un portero ciego y sordo, que prefiere el puro de palco a bajar al césped. El resto del equipo, ni está ni se le espera. O nos ha destrozado la red a puntapiés y nosotros seguimos pensando en el average.

¿Y el teórico árbitro de la contienda, cómo lo lleva? Pues confirmando el nefasto nivel de costumbre, con la complacencia de sus asistentes y demás parentela. La Jefatura del Estado parece agotada de una impostura de tres décadas, de una falsa campechanía que ya le resulta tediosa y, con ese cansancio de fingir, todo el castillo de naipes e infantas han ido rodando hasta dejar las postales veraniegas y navideñas en una mala instantánea de instagram, tomada en posición horizontal. No hay mentira que dure una generación ni sociedad que lo resista, y esto de la impecable Transición ya quedó superado, confiemos que por fin, no por dios. Lo cierto es que volvemos a abrir los ojos tras una hibernación a destiempo y dan ganas de seguir, perezosos, buscando el sueño que no nos despierte de una mentira resquebrajada. Esta etapa ha muerto, viva el futuro de vencedores sin vencidos.

A la rica transparencia

Ha sido aparecer de una manera notoria, maloliente, la corrupción que en épocas de algarabía postransicional se mantenía a buen recaudo, y la exigible transparencia ha dejado de ser una obligación que creíamos inmutable para convertirse en la moda de esta temporada invierno-primavera. A la rica transparencia, oiga, parecen bramar las manos sucias y las lenguas pastosas de la política institucionalizada. Lo relevante en su versión más putrefacta ha sido comprobar que la acción indebida no ha mutado, en este país, ni de manera puntual ni se encuentra arrinconada en excepcionales perversidades de un político por aquí, un empresario por allá. La parrilla de salida de la mala práxis con respecto a los dineros, bien saliendo de manera irregular, bien no entrando por el conducto tributario establecido, parece no tener ni una pieza destacada para que ésta sea vigilada, arrinconada y obligada a entregar sus hirientes armas; las tramas, por el contrario, a medida que se van descubriendo, denotan un mal hacer con idénticos patrones y, sobre todo, con un apellido común: impunidad.

Transparencia1Por primera vez en treinta y cinco años la ciudadanía parece haber enterrado la capacidad de asombro ante la certeza de que el titular escandaloso de hoy puede quedar sumergido en el encabezado ominoso de mañana. Nos vemos, no cabe duda, retratados como sociedad al ir hilvanando el trajín que nos ha traído hasta aquí, y para eso no ha hecho falta más que un lustro, tan celeroso ha sido el derrumbe de la falsa opulencia que nos trajo la democracia y que nos hacía presagiar que cualquiera de sus pequeñas alteraciones quedaría corregida por obra y gracia de los santos apostolados de las instituciones, la división de poderes, los vigilantes de los vigilantes y, en fin, eso que a muchos representantes públicos les apasiona denominar el Estado de derecho que nos hemos otorgado. A partir de esas premisas con esqueleto de Torre de Pisa, inclinándose imperceptiblemente hacia el abismo sin que pudiéramos percibirlo de manera cotidiana, resulta irreprochable que la ciudadanía, en general, se deba sentir inimputable moralmente; como sociedad no podíamos preverlo, si acaso pudimos detener la construcción antes de que los cimientos armaran todo este jaleo. Y es que no hay transición posible ni creible que intente sustentar su éxito en un simple cambio de cromos que oculta lo que hay entre bambalinas, esa herencia impoluta que protegió y dio cobijo al empresariado que se embolsó las ganancias de la esclavitud y la barbarie, sin un mercado libre, sin competidores y siendo parte del ejército no cautivo, como un soldado más al servicio de la gloria del Caudillo; esa ausencia de renovación en la cúpula militar que vio reforzada su musculatura al recibir mimos y prebendas del primer gobierno socialdemócrata, como un mensaje de rendición ante los sables y los fusiles todavía amenazantes, con las pistolas del tricornio humeantes en su sed de recordar Aquí estoy yo. Y, por supuesto, con la creación de un proceso político que pintó los murales de todos los colores del espectro democrático de manera que la ceguera ante tantas papeletas por elegir no permitiera vislumbrar que la ruta estaba perfectamente diseñada para que nada se saliera del perfil.

Transparencia2No es sencillo confirmar si la estructura de elección y representatividad es el germen o la metástasis, pero no cabe duda que unas buenas listas cerradas, donde el que se salga del círculo cae al abismo y se queda sin cenar caliente, ha ayudado al capital a no tener que diversificar innecesariamente a sus rehenes; obtener el puesto número seis por Madrid, por poner un ejemplo, se convierte en lucha de guadañas en la oscura noche de los comités y las asambleas: nadie te conoce, nadie repara en tí, pero tienes el escaño asegurado. Una vez comprobado lo mullido del sillón cuatrienal, ¿quién va a recordar la supuesta obligación de defensa de los intereses ciudadanos de tu distrito, provincia, o como quiera denominarse? Aquí se levanta el pulgar o se mira para otro lado según marque el ritmo de rueda del jefe de equipo. De este modo, ciento y largo diputados cobran, viven, existen, se contonean al sonido de un único silbido. Pero aquí se paga a escote, el de ellos; aquí no brota aquel que disiente y lo argumenta, sino el que calla, otorga, y presume de ello. El problema es que las alcantarillas han dejado de realizar cotidianamente sus tareas de mantenimiento y la porquería ha aflorado en doble sentido, que a fin de cuentas es la dirección inevitable. Como no andamos muy duchos en el noble arte de la transparencia real, pues jugamos a la que sabemos: una especie de strip poker pudoroso, en el que enseñamos cacho pero nos reservamos alguna prenda. No resulta erótico, sino patético, ver lanzarse de un bando a otro declaraciones de IRPF y patrimonio, mientras la paga extra se guarda bajo la manga. ¿La queremos con IVA o sin IVA? Sencillamente, preferiríamos no haber tenido que llamar a estos fontaneros.

No es corrupción, es metástasis democrática

Corrupcion1Los escalones que teníamos la sensación de ir ascendiendo se han topado con la barrera que impedía siquiera acceder al edificio por construir. Esto que nos asola a diario en los titulares no es la valentía casual de un ramillete de excelentes periodistas, que también lo es, descubriendo un filón de dorada podredumbre bajo la veta de nuestros derechos y esperanzas; en este caso, es el descubrimiento empresarial de cómo arropar la verdad vende ejemplares, trae réditos publicitarios de un lado aunque se resten de otro. La valentía a cinco columnas se descubre siempre y cuando tras su cortinaje vayan a aparecer inmediatos sufragistas de las siguientes tiradas.

De igual manera, a medida que los titulares tienen una víctima al día, acorralar a las siguientes hienas con disfraz de ciervo herido deja de convertirse en un festín agradable. Los colmillos necesitan más sangre; de repente, la usura aplacada por esa connivencia multidisciplinar denominada pluralidad política ha deshecho su cortinaje y se lanza, rauda, a colgarse medallas de latón, gorras con múltiples estrellas de supuesta pureza administrativa. Mi transparencia refulge con blancura sin igual, parecen afirmar los líderes y aspirantes a ello que, antes de cerrar las rotativas, envían sus misivas bienhechoras, con todo el ánimo de conseguir un titular bonachón que mañana les incline a ser esperanza cautiva de unos cuantos miles de electores. No entienden nada.

Si las canas no han beligerado sobre alopecias aún más agotadas, seremos capaces de recordar que hace apenas dos décadas no necesitábamos prismáticos amables para asegurar, sin grietas ideológicas, que del 75 en adelante lo ocurrido era, en un paquete bien precintado, resultado de una suma de condescendencias inevitables en vistas al futuro próspero que ya, que ahora, que para siempre, estamos disfrutando. Todo parecía ser una cuesta arriba a base de escalera mecánica, como unos grandes almacenes poblados de mercancía gratuita; los hijos de los nietos que han tenido bandos pero, antes que nada, necesidad de comulgar miseria redentora, no fueron capaces de aleccionar preventivamente. España va bien, y ese mensaje nunca lo ha desvirtuado ni el más diminuto de los representantes con pernada de más de dos minutos seguidos en televisión nacional. Tal vez alguno sí, pero a quien le importaba, con tanto euro, tanto piso en plano y tanto crédito plástico que nos hacía europeos, universales. Extraterrestres.

Corrupcion2Parece mentira que proxenetas de la corrupción entre depresiones tan vulgares y previsibles como estos Bárcenas, Correa y bigotudos varios hayan tenido que salir a la luz desde sus alcantarillas, sin aguantar siquiera la vela de sus miserias, para tener que darnos cuenta que resulta imposible de toda transición construir un período que deje atrás cientos de años miserables con la sola voluntad de un rostro militarizado, pleno de medallas de hojalata, frente a una cámara que cruza avenidas cinematográficas, eludiendo disparos y amenazas, para cumplir su trascendental leyenda en UHF de barrer en fotogramas heróicos toda podredumbre. Rostros en la clandestinidad, arrugas de blanco y negro frente al caudillo, todos parecieron abrazarse en una noche de akelarres con los ingredientes de listas cerradas, provinciales, alineadas en fronteras que no han dejado escapar la más mínima inspiración ciudadana. En realidad, un potaje agrio que ha ido disolviendo especias con sabor a crédito, ladrillos, automóviles, subvenciones.

Corrupcion3Hemos tenido todos los escenarios que el teatro entendía como imprescindibles para que la obra culminara con aplausos a rabiar: división de poderes, elecciones, internacionalización de voluntades e inspiraciones. Todo el decorado ha estado listo y reluciente durante tres décadas, con poco silbidos, acallados éstos por plateas con una sonoridad estruendosa, independientemente del aforo de aquellos gallineros que han tenido que poblarse saltimbaqueando escaleras carcomidas, programas a medio redactar. Ahora llega la escena final, pero lo actores y sus interpretaciones no cuelan. Ni siquiera las primeras filas, acomodadas con la galantería de sobres amamantados, son capaces de replicar el diagnóstico del resto del aforo, que se duele terriblemente en la espalda, en los bordes del sobaco. ¿Qué será, doctor?

 

¿Qué hay de lo mío? De lo suyo hay para Rato

Rato1En su mocedad, allá por mediados de los setenta, Rodrigo el privatizador todavía no era amante pertinaz de las telenovelas y, por lo tanto, no consideraba necesario engalanar sus sosos nombre y apellido con un “de” por medio. Era, simplemente, un joven-viejo, con ese rostro tan poco ye ye, atribulado sin duda en formarse adecuadamente en el innoble arte del desfalco y tentetieso que, por esas etapas, ya tenían en Ramón Rato Rodríguez y Ramón Rato Figaredo a ilustres prohombres entre sus filas. Tanto es así que papá y el tito, aún sin dominar el superpoder de delinquir continuadamente en las cosas monetarias y eludir la celda, pasaron una temporada a la sombra carabanchelera. Pero no se engañen, que los responsables de haber hundido a conciencia tres bancos y eludir una cantidad más que suculenta (Díaz Ferrán también es pupilo de la escuela Ratiana, como se puede comprobar) entraron en democracia como elefantes delicados, con energía pero sin que sus apellidos sonaran demasiado alto en los salones transitorios.

No en vano, la democracia tuvo la capacidad memorable de teñir y colorear demasiados rostros ocres. Y en esa transformación en technicolor, Fraga y Rato senior se encontraron frente a un suculento cheque para las imberbes arcas de Alianza Popular a cambio de que el vástago Rodrigo tuviera escaño a la mayor brevedad posible. ¿A cuanto el kilo de diputado? que se podría haber dicho, y con esas telas se vistieron las primeras comodidades de lo que algunos aún se empeñan en calificar de modélica reforma del status quo político e institucional tras la muerte del dictador.

Rato2A pesar de la abrumadora victoria de los socialistas en 1982 (202 escaños), las elecciones celebradas en el año del Mundial de España también recogieron la discreta noticia de la entrada en el Congreso de un joven de 35 años, asturiano de parentesco y candidato por Cádiz, bisnieto de un alcalde de Madrid (muy caro cotizaba, y sigue cotizando, el gramo de congresista en las listas por la capital del Reino)  y, de profesión, sus apellidos. Las informaciones adquieren relevancia a medida que el músculo de sus protagonistas toma la dimensión que la proteina de la política le inyecta, y la masa más fibrosa de Rodrigo Rato se alcanzó con su ascenso a Vicepresidente y Ministro de Economía y Hacienda en los gobiernos de José María Aznar. En menos de una década, las principales empresas públicas, la mayoría con rentabilidad positiva y generadoras de plusvalías fundamentales para el sostenimiento de aquellos servicios obligatoriamente deficitarios, se pusieron de manera veloz y opaca en manos privadas, cercanas, amigas, a precio de ganga. La herencia de los favores que duraría para Rato, doblemente, eternamente.

Con la excusa de la obligatoriedad por parte de Bruselas (¿a qué nos recuerda ese desvío de responsabilidades en la toma de decisiones de la soberanía nacional?) de eliminar los monopolios empresariales, no sólo se optó por liberalizar ciertos mercados, sino que se profundizó con exquisito entusiasmo interesado en crear Villalongas y cia, Aliertas sin alertarnos, una camada, en suma, de empresarios manufacturados con el único curriculum de haber dejado los presentes adecuados a la puerta de Génova. Ejemplo del milagro económico español, así se le calificó durante otra larga década; el genio de las finanzas que permitió la mayor etapa de prosperidad que el Reino recuerda desde el imperio de Carlos I. Sí, las burbujas con cierto grosor no estallan con tan sólo aproximar una aguja. En el Fondo Monetario Internacional tardaron un tiempo nada prudencial en darse cuenta.

Rato3Hundido el barco de su honorabilidad, el Rato rata dejó de recibir y tuvo que dedicarse a pedir el reingreso en el club de los favorecidos, dentro y fuera del partido, sin necesidad de que papá regresara con el talonario del Suero. Y por ahí el destino de la existencia demuestra la hermosura del círculo, ese elemento cíclico que nos informa desde la memoria genética y que en el caso nada casual de Rodrigo le alcanzó a recordar que la banca es lo de los suyos. La transmutación de Caja Madrid en una entidad financiera con salida a bolsa, accionistas y campana en el parqué, todo eso que sus antepesados lideraron con la frescura de entenderse por encima de cualquier complicación social y penal, supuso también lanzarse sin remisión a maquillar contabilidades, estafar a sus clientes, arruinar la torre que nunca se inclina del todo.

Y así, por ahora, sigue la estela que marcan las estrellas del destino humano, esa que nos empeñamos reiteradamente recorrer siguiendo las huellas de nuestros ancestros, sin levantar la cabeza para prevenir el muro que nos aguarda. No importa, a los Rato, a los Figaredo, siempre les espera una emboscada dulce, unas trincheras desguarnecidas. Ayer puede haber entrado en calidad de imputado por la puerta de un juzgado, pero hoy ya ha salido raudo a enredarse en las suaves sábanas de las telecomunicaciones privatizadas, en ese testamento vitalicio que firmó para nuestra colectiva ruina. Pase lo que pase, de lo suyo hay para Rato.