Si lo sé, no pienso

Silosenopienso1No levantar la mirada del desánimo, tan en todas las letras e imágenes que vienen y retornan, trae estas desazonadas cuestiones. Por ejemplo, si un Estado cuenta con la propiedad plena de una compañía de telecomunicaciones, rudimentaria pero monopolística, lo que asegura pingües beneficios casi sin necesidad de innovar y ser innovado, ¿Qué le lleva a deshacerse, precio de mercadillo aparte, de su prístina oportunidad para abastecer presupuestariamente a otros sectores, deficitarios en su esencia y sin remisión? Libre competencia, dicen que alguien comentó que así se llamaba en tiempos del Fausto de Adam Smith. Pero aunque la flor se mantenga lozana en su primer vuelo, el adiós al fértil tallo no hará sino asegurar que le ronda lo mustio, el fin del color. La vuelta al negro y negro.

De una compañía de telefonía con esguince leve de eficiencia (mercado que fue mutando hasta contar con nuevas extremidades en forma de dispositivos móviles, conexión a internet, televisión a la carta, etc) pasamos a cuatro con diferentes niveles de rotura de ligamentos, cruzando entre ellas sus respectivas lesiones, enredando entre cobre, fibra y demás tiranteces el oligopolio del absurdo. Y poco a poco, fusión a absorción, las quejas pasaron de las cuentas de resultados corporativas a las facturas de millones de usuarios. La farsa de la competencia permanece, pero el control real de este mercado en una sola insignia, casualmente la misma que vino del fondo común a la mansalva privada, es moneda corriente. La diferencia, que esos multimillonarios ingresos ahora se reparten de acción en acción, de aquí para allá, mientras el Estado cuadra cuentas a costa de fondos de calcetín roido. Y no levante mucho la voz, que a lo mejor el santo grial de este juego de pocos para uno se percata de su pujante pobreza y le obliga a seguir siendo competitivo vendiendo algún aeropuerto. Mientras sea el de Castellón….

Silosenopienso2Tanto dar vueltas al innoble arte de reflexionar en voz ronca agota que es un primor, así que nada mejor que airearse con las ventanas del coche bien abiertas y ¿Qué demonios? con el cinturón bien recogido, lejos de la incomodidad de torso a ingle. A fin de cuentas, ¿Con qué derecho viene el Estado que todo lo vende a querer regular mi potencial muerte, elegida desde la inconsciencia más privada? Si me dedico al deporte de rotura de lunas estilo ariete clásico, problema mío y nada más que mío. “Ojo, egoista conductor”, me inquirirá la DGT, “que sus mutilaciones, secuelas, fenecimiento en última instancia, es abonada por todos en solidaria comandita, vía Seguridad Social. Aténgase a las normas para no empobrecer más las arcas públicas ni colapsar la sanidad de su Comunidad, seguramente deficitaria”. Que gran verdad. ¡Gracias, Estado hermano, sanador prematuro de mis humanas imprudencias! ¡Odas a ti, Protector anticipado de las turbulencias de tus ciudadanos atolondrados! Ahora, aplícate el cuento y prohibe de una humanitaria vez tantas y tantas barbaries que se suceden durante la canícula cerebralmente tenebrosa, a lo largo y estrecho de tus pueblos y villas. No permitas que miles de mamíferos superiores, pacíficos y sin capacidad de decidir su participación en ningún tipo de afrenta carnicera a su vida e integridad, sean utilizados como juguetes de muerte, víctimas abrasadas por la obcecación colectiva de reafirmar su ancestralidad sanguinaria. Y, mientras humanizas tu carcaza para abandonar tantas excusas de tradición sobre civilización, no me vuelvas a hablar de responsabilidad en ningún aspecto de mi libre albedrío al mismo momento que facilitas decenas de muertes y lesiones humanas previa al irreversible sacrificio del único que entra sin pedirlo, que se defiende sin ser reconocido por ello. La crueldad aderezada por esa concatenación de irresponsabilidades, desde el poder público que financia generosamente estas atrocidades, hasta los miles de “gallardos” novicios que se lanzan a multiplicar el terror del astado. Y cuando unos pocos, estadística inevitable, fenecen o quedan malheridos de gravedad, se convierte en noticia como si el toro apareciera de la misma manera que ese pinchazo a noventa kilómetros por hora. ¿Y ese doble coste, el de nuestra barbarie social y el de la víctima voluntaria en el fervor de la sangre, quién lo paga?

Silosenopienso3Basta de dar vueltas, de seguir dudando alrededor de la propia duda, que podemos dar un volantazo de esos que hieren con sólo sentir el derrape bajo las neuronas. Mejor continuar acechando este mes de agosto lejos de los arrumacos de la contradicción que supone perseguir lo equilibrado. A la playa, pues, a escote, con amigos, tirando del poco dinero que el menudeo de este capitalismo nuestro nos permuta en algún rincón de las comisionadas cuentas bancarias. Claro que, pensando sin querer hacerlo pero nuevamente un poco, a ver de qué manera uno se tumba en la hamaca sin ser visto por los prismáticos del periodismo riguroso. Mal está gastar lo que uno bien se gana, y peor aún si lo hace tras cometer la osadía de ser político de paso con la pensión a la vista de todos. Faltaría que los que van de Luxury Resort imPúnicamente vayan a permitir que se extienda la costumbre de proveerse de asueto contra el pecunio propio. Desde luego, está visto, mejor no salir de casa. Mejor aún no salir del sueño. Si lo sé, no pienso.

Más cornadas dan los desahucios

A pesar del certero énfasis que Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, esgrimió ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados el pasado lunes, con un millón de firmas bajo el brazo y un planteamiento de mínimos para humanizar la práctica hipotecaria en nuestro país, el Partido Popular ya ha anunciado que no aceptará su contenido de raíz y, por tanto, no se abrirá debate parlamentario para su análisis y puesta en conocimiento. Un millón de demandas ciudadanas, por tanto, se quedarán por ahora en el limbo desentendido que se ha adueñado de la representación política actualmente mayoritaria con respecto a un drama que apuñala a diario a más de 500 familias a lo largo del territorio nacional. ¿Las argumentaciones? que a lo largo de este año la Cámara afrontará una reforma de la normativa en vigor sobre este particular y no encuentran, por tanto, la urgencia para discutir las peticiones redactadas por la Plataforma. Colau tildó de criminal a los agentes económicos, políticos y financieros que permiten este terrorismo social a diario, a pesar de los aspavientos de cierta parte de la bancada neoliberal, y se quedó corta; lo son, y por partida doble.

Toros1Y es que el bloqueo a esta propuesta ciudadana secundada de manera masiva no obsta, faltaría más, para que en la sesión plenaria del martes sí tenga encaje otra Iniciativa Legislativa Popular, ésta con el respaldo de algo más de la mitad de las suscripciones obtenidas por la PAH y en un espacio de tiempo mucho más extenso, con el objeto de declarar la aberración taurina Bien de Interés Cultural. A diferencia del drama de los lanzamientos, desalojos, desahucios, como queramos denominar al destierro sistemático de miles de seres humanos de su espacio más inviolable, el Partido Popular hace suya esta supuesta iniciativa espontánea, al defender en sede parlamentaria su repugnante intencionalidad mercantilista basada en el maltrato a un hervíboro indefenso el diputado de la formación conservadora por la provincia de Sevilla, Juan Manuel Albendea. No es éste un actor casual del circo de sangre y arena; su actividad privada está esbozada por la defensa a ultranza de la tortura en la plaza, dejando amplia constancia en obras narrativas, otorgamiento de distinciones varias por su defensa pertinaz de esta reminiscencia atroz de nuestros más bajos instintos para con el entorno animal, y la aportación de propuestas disparatadas de amplio espectro. Nos podemos hacer una veloz idea de la relevancia que le dan al término Cultura los miembros de la fuerza con mayor representación institucional de este triste país cuando alguien como Juan Manuel Albendea preside la Comisión del sector en la Cámara Baja. Y entre los firmantes de la Iniciativa, cómo no, nuestro ínclito Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Esa firma parece que sí le consta.

Toros2En la entrevista que enlazamos, realizada en enero de 2012, el alter ego Gonzalo Argote defendía la reducción del IVA para espectáculos taurinos en comparación con la baja tributación (a su juicio, en ese momento) del acceso a cines y teatros. Para empezar, ya ha conseguido que el tipo de los segundos haya aumentado hasta dejar desolados los patios de butacas. Ahora sólo le queda abaratar y subvencionar con la miseria colectiva los graderíos al albur de la arena teñida de saliva y sangre, de la cultura de la agresión, la tortura y la muerte gratuita. Evidentemente, la Iniciativa presentada por la Federación de Entidades Taurinas, esto es, los interesados en la rentabilidad pecuniaria del crimen, no pierden el sueño por la orientación y desenlace del debate parlamentario; de igual manera que el rodillo de esa mayoría absoluta de la que abusa el Partido Popular a pesar del descrédito creciente que padece ha sido utilizado para silenciar en el Hemiciclo las demandas desesperadas de tantas y tantas familias despojadas de su dignidad, lanzadas sin reubicación a la acera, las poltronas conservadoras darán, con copa y puro, la mayoritaria bienvenida a la conversión de otra inhumanidad en bien de especial protección.  El proceso a partir de ahí será sencillo: tras su admisión a trámite pasará a la Comisión de Cultura (¿recuerdan quien la presidía?) para su análisis (ejem). Una vez resuelto ese engorro, sin banderillas ni picadores animalistas por medio, continuará su tramitación en el Senado donde, si no hay objeciones (mayoría absoluta del PP, no lo olvidemos), pasará directamente a ser publicada en el BOE y a dar, por lo tanto, rienda suelta a su siguiente y principal objetivo: la conversión de la matanza nacional en Bien Inmaterial de la Humanidad.

Toros3Para que el despropósito se remate de esta manera, en la UNESCO debería ocurrir un cataclismo moral de amplias dimensiones, pero nunca se sabe. Lo que resulta indiscutible en este momento es que la enfermedad taurina de unos pocos pasará a recuperar su posición de amplio privilegio en tanto en cuanto su mutación en BIC acarreará una potenciación de su perfil de negocio, que de eso se trataba por si alguien andaba despistado: exenciones y subvenciones otorgarán el papel privilegiado que en España ha tenido lo que ocurre en la plaza. La dación en pago, por el contrario, así como el alquiler social y el realojo ciudadano, no resulta rentable en términos monetarios ni para el capital ni para sus delegados con acta de diputado.

Seis años de regresión televisiva animal

Televisión Española había conseguido superar el atavismo de un determinado sector de la clase política y la ciudadanía más insensible y eliminar por completo de su parrilla, durante los últimos seis años, el repugnante espectáculo que, con disfraz de inocente tradición, consiste en acribillar a seis hervíboros astados con diferentes instrumentos de afilada tortura. Lamentablemente cierto es que aún continúa sobreviviendo la trampa festiva de los Sanfermines, como si una carrerita previa por las calles del centro de Pamplona mitigara el asesino desenlace posterior en el ruedo navarro. Pero, de igual manera que ha retornado la ambición por el control informativo de los medios públicos con la llegada del Partido Popular al poder, poco han tardado en saltarse cualquier sensibilidad y cumplimiento de la normativa respecto a los horarios de especial protección infantil. Les ha podido la reivindicación cutre de un concepto de patria que ya fue, que ya no es. Que por ahí no recupera ni crea nada, sino que nos devuelve a un espacio que no es capaz de contemplar el respeto catódico múltiple más riguroso, utilizando la proyección financiada colectivamente para traer una España sanguinolenta e insensible en franja protegida.

El pasado 5 de septiembre, la Feria de la muy reaccionaria Valladolid reestrenó las matanzas animales televisadas en la pública. Ni siquiera un basto criterio de audiencia justificaría la ignorancia de los múltiples acuerdos que buscan desterrar del escenario allende las plazas y ruedos el ominoso ejemplo que consiste en disfrutar con el sufrimiento de seres vivos asustados e inofensivos; dicho criterio, además, no existe. Prueba de ello es su ausencia de las principales cadenas privadas, que se guían ciegamente por análisis de rentabilidad publicitaria; únicamente Canal+ se empeña en ofertar las principales ferias a sus abonados. Pero si algo causa especial repulsión en lo que respecta a este errado retorno taurino a TVE es una indisimulada connivencia del Gobierno actual con sus cabeceras informativas aliadas. El terreno para preparar el regreso de sangre y arena a nuestras pantallas como una victoria de la España de bien comenzó semanas atrás con las patrióticas portadas de ABC a raíz de un supuesto lleno espontáneo en la Plaza de Toros de Illumbe (Donostia), un éxito de taquilla que, según el diario conservador, cimentaba una politizada respuesta al proyecto de la corporación municipal de cara a prohibir la celebración de eventos taurinos en el municipio. Fanáticos de distintos puntos del Estado acudieron a la patriótica llamada para crear la apariencia concertada de que la izquierda abertzale prohibe y reprime los legítimos intereses de la ciudadanía. Y así se escribe la agria historia de la España reversible. En todo caso, el consistorio donostiarra no picó en la trampa y, una vez finalizadas las jornadas de matanza con público, llevo a término el civilizado destierro de las corridas allende sus fronteras municipales.

El Partido Animalista (Pacma), así como otras formaciones de carácter local a lo largo y ancho del Estado, han procedido a registrar denuncias contra RTVE, recordando que las corridas de toros son “un espectáculo en el que los espectadores asisten a la agonía y muerte de un animal desangrado, un auténtico maltrato para los animales”. Además, ha acusado al Partido Popular de apoyar “de forma partidista al ‘lobby’ taurino” y estar “dispuesto a todo para que las retransmisiones de las corridas regresen a la cadena pública”. Incluso a pasar por encima de la directiva europea de ‘Televisión Sin Fronteras’, incorporada al Ordenamiento Jurídico español en 1994 y que impide taxativamente que los contenidos violentos que afecten a la infancia sean emitidos entre las 6.00 y las 22.00 horas.

El entorno en el que vamos reptando para pasar desapercibidos ante los ojos de esta perenne crisis no sólo se circunscribe al ámbito económico, comprobando como retornamos, con curvas demasiado cerradas, al nivel de expectativa vital de décadas anteriores, sino que resulta patente que los del bastón de mando se obstinan en atar a nuestro peso cotidiano otro saco extra relleno de España intelectualmente cruel y subdesarrollada.

Reflexión a toro desempleado

El ayuntamiento de Guijo de Galisteo (Cáceres) decidió a principios de esta semana abanderar ese concepto tan bello de la democracia participativa inmediata. Así, los dignos quince mil euros consignados presupuestariamente a principios del ejercicio para masacrar algún despistado astado de fincas colindantes, fueron puestos en juicio de escrutinio público con vistas a derivar esa partida a algún bolsillo de brava humanidad desempleada. Pues debe ser que por esas pedanías de mar lejano la cuenta ajena es tabú excluyente, que el mensaje sobre la armonía patriotera bajo la bandera cada día más de hotentote, de tonelada insoportable sobre las esperanzas colectivas, supone inexistencia vergonzosa.

Dicho esto, convengamos que no podemos criminalizar a los nobles moradores de este municipio cacereño, ya que en su localidad principal la opción destinada al fomento del empleo obtuvo una aplastante victoria (115 papeletas optaron por esta opción, frente a 40 que decidieron hacerlo por el gusto a sangre enarenada), mientras que en los pueblos de Valrío y Batán, dependientes del mismo Ayuntamiento, no dudaron en recordar que verano y olor a muerte taurina son indispensables para regocijo de sus almas pueblerinas. De este modo, Salomón se ha acercado al Salón de Plenos y ha decidido, sin sacar aún el estoque definitivo, que con el dineral con que cuentan para estos menesteres estivales (15.000 euros) se invierta en cada una de las poblaciones en función del espíritu de los correspondientes escrutinios.

Con todo, Guijo de Galisteo ha sido ubicada en un mapa por su iniciativa, aparentemente bondadosa y consecuente, pero no desde luego por ejemplificar rutas en lo político que puedan generar soluciones en poblaciones similares. ¿Qué cantidad presupuestada irá, efectivamente, destinada a crear empleo? No hay que tener un máster especializado en asuntos económicos para concluir que lo consignado supondrá, a lo sumo, el salario mínimo interprofesional para un trabajador durante un ejercicio. Claro que menos lúcido hay que ser de cara a comprender los mecanismos de la participación ciudadana: Un grupo de gobierno que desea optar por excluir las matanzas taurinas de su calendario de festejos, desterrando de su realidad esta práctica deshumanizada, no debe lanzar la pelota de su responsabilidad gubernativa a la ciudadanía, convirtiendo en apariencia participativa lo que no resulta más que cobardía en las decisiones; más aún cuando su alcalde ha asegurado que la opción de destinar esta partida presupuestaria al fomento del empleo era la que se encontraba en el espíritu del grupo de gobierno.

Instrumentalizar una agenda imperativa de aquellas materias que deben ser sometidas a referendum en municipios con escasa población resultaría un magnífico elemento de cohesión social y confianza en las instituciones. Los ciudadanos percibirían su participación regular en los asuntos ejecutivos y aumentaría el interés por la cosa pública. Utilizarlo con afán demagógico, lo que se demuestra en el caso que nos ocupa por su excepcionalidad casi folclórica, nos recuerda qué lejos estamos del Salón de Plenos y que cerca de aplaudir la mutilación de rabo, orejas y esperanza.

Potente dosis de humanidad frente al brutal concepto de cultura

¿Hace falta añadir palabras, proclamas o manifiestos a esta contundente realidad? Para cualquier ser humano que se encuentre a la altura civilizatoria que marca nuestro desarrollo genético y el óptimo aprovechamiento de los avances en materia de sensibilidad, humanidad y relación con el entorno, probablemente no. Pero tal vez cínicos representantes públicos de los Estados español y francés debieran ser obligados a una potente dosis diaria de imágenes de esta naturaleza, tan reales y cotidianas como la crueldad que muchos individuos ejercen sobre variopintas especies por pura y ominosa diversión.

El civilizado país galo procedió el pasado 22 de abril 2011, por medio de su Ministerio de Cultura, a inscribir las corridas de toros como patrimonio cultural inmaterial de Francia. No es, por tanto, exclusiva de nuestra ibérica patria la obcecación por blindar la celebración cotidiana de torturas gratuitas a especies bovinas calificadas, de manera torticera e interesada, como bravas o salvajes. Nuestros vecinos suprapirenáicos también mantienen bajo el confuso manto de la administración estatal encargada de la promoción y protección de actividades culturales esta práctica cavernícola, propia de conductas salvajes de otros tiempos, de otras cuevas. Intereses para ello los encontramos a destajo, pero ninguno de los mismos responde a los fundamentos encuadernados en la tarea de un ministerio de esta naturaleza.

Esperanza Aguirre es, sin duda, una ejemplar muestra de esos ciudadanos que, si visionaran imágenes como las adjuntas, no sentirían excesiva piedad u optarían por replantearse sus estancadas concepciones acerca del significado de tradición, cultura, historia o idiosincrasia. Hace unos días, como enardecida pregonera de la Feria Taurina de Málaga (?), asoció impunemente antitaurinismo con antiespañolismo, enraizando su amor confeso por la matanza en la arena con el concepto pasado, presente y futuro como nación. De nada importan los avances humanos y tecnológicos, el destierro de prácticas, políticas y estructuras que no tienen cabida en la evolución social; el español de bien ama y respeta la tortura animal como ejemplo de culturalidad profunda. Seguramente esa sensibilidad la desarrolla a diario mientras paladea unos versos de su amada poetisa portuguesa Sara Mago, a la que tanto leía según confirmó en épocas en que un reconocido novelista radicado en Lanzarote, de nombre misteriosamente similar, se alzaba con el Premio Nobel de Literatura, coincidiendo en el tiempo con su responsabilidad al frente del Ministerio de Cultura.

Habiendo vuelto en estos días la gestión de esta barbarie cotidiana en infectos círculos arenosos de norte a sur del país a manos de dicho ministerio, no queda más que recomendar a sus máximos responsables, aquí y en Francia, en Colombia o México, que visualicen una sóla vez imágenes como las que compartimos aquí y recapitulen qué concepto protege la más alta instancia gubernamental en materia cultural.

La res (no es televisión) pública

El actual gobierno estatal, entre sus moderados aciertos y sus notables desaciertos, enfocó desde el inicio de su primer mandato, allá por el año 2004, el honrado aunque complejo reto de reestructurar el organigrama, enfoque y parrilla de contenidos de RTVE. Así, el espíritu neutral que debe presidir el mensaje a transmitir por el grupo radiofónico y televisivo público fue consolidando estrategias arriesgadas pero imprescindibles para diferenciar la plataforma de todos de aquellas cadenas que manejan sus decisiones en función del rating y las fusiones empresariales.

Siete años después, nos encontramos como espectadores ante un formato audiovisual que ha eliminado la publicidad de su parrilla (con el subsiguiente deterioro en su capacidad presupuestaria), muy de agradecer en términos generales de cara al espectador, si bien podemos echar en falta (para quejarnos siempre hay tiempo) algún que otro descanso en retransmisiones de cierta duración: tantos y tantos años aprovechando ese momento para preparar una cena rápida (hasta que las cadenas privadas establecieron unas pausas comerciales que permiten asar un pavo) o pasar por el baño para aliviar tanta bebida gaseosa provocan que, en ocasiones, no valoremos con tanta estima lo que sonaba a canto celestial, a un no parar de pura televisión. En líneas generales, una decisión de agradecer por el consumidor-contribuyente.

Asimismo, resulta innegable apreciar un cualitativo aumento en los servicios informativos del ente público (a pesar de que, tras el paso de Urdaci, muy difícil no parecía alcanzar este logro), con un nivel de imparcialidad aceptable. Ofertando, además, un canal de noticias 24 horas, y tras el mercantilista cierre de CNN+, resulta imprescindible aire puro, agua que has de beber y no dejarla correr.

Por su parte, La 2 ha revolucionado su popurrí de contenidos como de baratillo, a modo de una frecuencia que recoge los desechos de su hermana mayor y, asumiendo sin complejos el destierro de su tesoro en forma de audiencia, el deporte, a un canal específico para estos menesteres, actualmente transmite auténtica personalidad madura, ajena a las impertinencias de las encuestas anónimas que, permanentemente, le otorgaban a sus documentales naturalistas más seguimiento que a Los Verdes en las propias de época preelectoral. Un único pero, imperdonable la cancelación del concurso vespertino Gafapastas, a modo de Vasile implacable, por elevados costes en relación a número de espectadores: si El Terrat cobra caro sus formatos, más costoso resulta evaporar el ingenio que condensaba esta media hora de humor e ingenioso carrusell de preguntas y respuestas, aderezada por los pertinentes y muy impertinentes monólogos de Juanra Bonet.

En definitiva, aprobado alto o notable bajo para el trayecto que emprendió el ejecutivo del PSOE desde su llegada al poder en relación a establecer a RTVE como una plataforma de comunicación, información y entretenimiento ajena a la beligerancia de las cadenas privadas, honesta en sus contenidos y con el espíritu de aglutinar las sensibilidades colectivas.

Por todo esto, resulta incomprensible la retransmisión en directo de los pasados sanfermines, anunciado a bombo y platillo cual largometraje de estreno o Final de un Campeonato del Mundo. Los encierros pamplonicas son festejos declarados de Interés Turístico Internacional, es cierto. Tan incontestable como que, igual que el agua dulce que fluye por los ríos desemboca, inexorablemente, en el mar, que es el morir, los aterrorizados astados que recorren veloces las estrechas vías de la capital navarra rodeados de risueños corredores, confluyen en la salada plaza, antesala de su sangriento y bestial fin, allí donde se confunde fiesta con tortura.

Los toros, bravos o mansos, de ésta o áquella centenaria ganadería, no deben soportar permanentes stress test para nuestro discutido divertimento. El ser humano no es quien para decidir qué espectáculo en el que el protagonista no sea consciente de los riesgos que implica su exposición al mismo se ajusta o no a ciertos parámetros de legalidad o sensibilidad. Ni tan siquiera esa, en apariencia, inofensiva mini marathon previa a la masacre de banderillas, picas y espada, puede ser excusada, desde el momento en que comprobamos como las reses, en desbandada, buscan despavoridas una vía de escape entre tanto intruso de su cotidiana paz vital. Estamos ante el último vestigio de la dicotomía sangrienta entre tradición y barbarie, pero mientras convenimos como especie consciente el momento final del abuso sobre nuestros congéneres, resulta inaceptable el aplomo con que nuestra televisión pública alienta y promociona nuevas y sanguinolentas adhesiones.