Cuando Bankia se hunde, Rato es el primero en abandonarlo

Hace menos de un año, analizábamos la salida a bolsa de los dos SIP más aventajados del panorama desguazador en el mercado financiero español, Bankia y Banca Cívica. La obsesión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, por culpabilizar al conjunto del sector de ahorro de los males que venían aquejando al horizonte del crédito nacional, obligó mediante sucesivos decretos a acorralar el destino de las Cajas de Ahorros, independientemente de su tamaño, balance y nivel de riesgo en los activos. De manera libre y estratégica en unas ocasiones (las menos), y de forma orientada por planteamientos más políticos que económicos (los más), estas entidades sin ánimo de lucro fueron suscribiendo celerosas alianzas supra autonómicas para cumplir con los requisitos impuestos y buscar la salvaguarda de su destino empresarial. Tras stress test de dudosísima fiabilidad, formación de los SIP y, finalmente, segregaciones completas de activos, plantillas y actividad financiera al banco matriz, el ritmo de integración y toma de decisiones comunes fue variando según la casa y el número de tumores instalados en sus respectivos cuerpos empresariales.

Al frente de esa prueba de velocidad forzada se encontró Bankia, liderada por CajaMadrid y su flamante y reciente Presidente, Rodrigo Rato. El antiguo ministro de economía en la era Aznar y máximo responsable del FMI (de donde salió con preocupantes críticas acerca de su aptitud) se posicionó nada casualmente en el liderazgo de un rascacielos bancario compuesto por siete Cajas de Ahorros de distinto tamaño y origen geográfico pero con el denominador común de encontrarse controladas por dirigentes del PP. A partir de ahí, echó a andar un imperio financiero considerado el cuarto de mayor envergadura del sistema nacional al mismo ritmo que se comenzaba a dudar de la fiabilidad de sus macrocuentas y de la estabilidad a medio plazo de un posible gigante con pies de barro.

Esto no impidió que el ente con sede en Plaza de Castilla consiguiera superar los plazos para estrenar su presencia en el mercado secundario en primera posición, junto a Banca Cívica, insertando su poderío en el índice IBEX 35 a los pocos meses de estrenar su cotización. Esa salida estuvo reforzada por el anuncio de unos beneficios superiores a los 200 millones de euros en el primer semestre del año anterior, lo que se tradujo en una falsaria sensación de fortaleza y solidez inicial que no consiguió ocultar realidades inmediatamente posteriores conducentes a servir de detector del fango que corría por los pisos bajos del banco de Rato: acudir al FROB para obtener más de cuatro mil millones de liquidez adicional, la creación del BFA como banco paralelo para separar contablemente su inmensa cartera de créditos dudosos e intoxicación inmobiliaria, el astronómico sueldo de su cúpula directiva (Rodrigo Rato declaraba unos ingresos superiores a los 2,4 millones de euros anuales), la segregación de Banco de Valencia al detectarse una contabilidad falseada que demostraba su inviabilidad corporativa hasta ser intervenida por el Banco de España y, finalmente, la constatación de que lo declarado por algunas entidades fundadoras (Bancaja, fundamentalmente, debido a su tamaño) no concordaba con las ligeras auditorías externas y del regulador nacional realizadas antes de salir al parquet bursátil, dieron muestras de notable certeza acerca del incierto futuro de Bankia.

Pero, de igual manera que ha venido ocurriendo a la totalidad de experimentos multicajeros en esta ola de incomprensible tabula rasa de las entidades de ahorro, la entrada en el presente ejercicio, con la profundización de la crisis sistémica de España, ha hecho tambalear los mix que menos empeño han puesto en profundizar en la integración real de sus estructuras formadoras y que han pretendido ser uno ocultando la metástasis de sus órganos. Si algo tuvo que hacer sonar la campana, esta vez de alarma, en lo referente al entorno de Bankia, fue la fundada rumorología de una posible fusión con CaixaBank a finales de enero. Hoy se puede afirmar que esa posibilidad era algo más que una tentativa difusa de cara a prevenir el efectivo desplome que rondaba su plan contable, pero el bloqueo rotundo por parte del poder político valenciano y, fundamentalmente, madrileño, incapaces de aceptar bajo ningún concepto que el banco producto de sus antiguas Cajas, entendidas como herramientas de financiación de sus respectivas políticas megalómanas y faraónicas, descontroladas en el gasto y en la responsabilidad pública, fuera engullido por el poder financiero y empresarial catalán. Esa cortedad de miras, nada sorprendente hablando de quien hablamos, dejó en el inicio del camino la última posibilidad real de conseguir viabilidad a la plantilla y futuro de negocio de Bankia, algo que fue aprovechado raudo y velozmente por el otro SIP que veía como su conversión en entidad cotizada gozaba de unos pronósticos de supervivencia funestos. Banca Cívica se lanzó a los brazos de La Caixa a precio de saldo, pagando muy caro los miles de millones deudores que escondía CajaSol bajo las alfombras de la Plaza de San Francisco, agujero que detectó en menos de dos semanas una auditoría rigurosa de la entidad catalana y que había sido pasado por alto para toda la maraña de controles y seguimientos de Banca Cívica desde su fundación. Esta oportunidad desaprovechada hizo saltar la ruleta: Bancaja también demostró ser menos de lo que se suponía y otras de menor tamaño, como La Caja de Canarias, observa como planea sobre su pasado el fantasma del reiterado falseamiento y maquillaje de sus datos contables.

Nuevamente, tras las lecciones no aprendidas de CCM, CajaSur,CAM o Banco de Valencia, el Estado central se enfrenta a una falsa nacionalización que no busca la recuperación de un sector estratégico para ponerlo a disposición del crecimiento nacional, sino que supone el pago de una gestión repugnante en lo económico realizada por Miguel Blesa, Carlos Vela y, finalmente, el monarca Rato y sus virreyes del resto de Cajas congregadas bajo una marca que nunca llegó a liderar un proyecto único, más allá que no fuera para malgastar millones de sus clientes en patrocinios como la selección española de baloncesto, escuderías motociclistas y, por supuesto, dispendios con la connivencia del especto político para alegría común y desgracia colectiva; un pago que abonará nuevamente la ciudadanía, viendo como los 4500 millones provenientes del FROB se convierten en falsas acciones que pasan a titularidad estatal para controlar públicamente el proceso de limpieza del trasatlántico con aluminosis, operación que no será recordada por la inmensa mayoría de la población cuando acabe en un futuro nada cercano. El trasatlántico que nunca comprobó las soldaduras de su armazón y fue desintegrándose a medida que avanzaba en una travesía sin rumbo, liderada por un capitán que ha decidido saltar el primero al chocar con los diques de la realidad financiera. De la embarcación en ruinas ya sólo asoma la popa y no se vislumbra al capitán Rato, con dignidad de almirantazgo, hundiéndose con su navío, sino en una balsa de emergencia forrada por 1,2 millones de euros, alcanzando la costa con el uniforme impecable.

El desguace de finos utilitarios

Vayamos por sencillas partes, por una recta transición de los hechos:

– Campaña electoral, año 2008. El PSOE opta con cierta comodidad en los sondeos ciudadanos a renovar su mayoría al frente del legislativo y, por ende, a formar gobierno en solitario, sea éste con respaldo independiente en las Cámaras (Congreso y Senado), o con acuerdos puntuales junto a determinadas fuerzas políticas que respalden su acción de gobierno sin compromiso de cesión permanente de cotas de poder. En dicha campaña, padecemos la soberbia electoral del candidato a Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que viene en las anteriores semanas realizando actos imprudentes de altanería pública, con afirmaciones acerca del merecimiento nacional de ocupar un espacio en el G-8 o, como mínimo, una butaca preferente en el incipiente foro del G-20. Asimismo, no se rasga las vestiduras al afirmar que España está a punto de caramelo de praliné en el lícito propósito de alcanzar al vecino francés en el santificado índice del PIB. Hasta el alumno más novillero de primer curso de ciencias económicas era conocedor del modelo básicamente especulativo del escenario productivo español, un marco de crecimiento atrapado en su propia riqueza con forma de serpiente chupeteando su venenosa cola. Superado el escollo de renovación en las urnas, aparecen los primeros mensajes de tibia advertencia, de acelerada desaceleración, una suerte (en boca de los responsables públicos) de inevitable resfriado que exije un par de días de cama y a seguir disfrutando del carnaval económico.

– La cosa se pone fea, comienza una evidente restricción en el otorgamiento de préstamos hipotecarios y, por tanto, de creación de empleo en el sector de la construcción y de las promociones inmobiliarias. Se comienza a poner en el punto de mira a las entidades financieras, responsables primeros y últimos a ojos interesadamente desviados de la opinión pública, de un alza ficticio en los precios de la vivienda (como si nuestro modelo económico capitalista no se basara, como premisa fundamental, en el valor relativo de los productos de consumo en función de su demanda, de la posibilidad de llevárselo crudo en el menor tiempo posible y con el esfuerzo más liviano y engorroso que se consiga). El Ejecutivo central y la mayoría de fuerzas políticas representadas en el Congreso, entienden como urgente e indispensable la reforma del sistema de regulación del mercado financiero nacional.

– Pagan justos por pecadores, los enemigos engordados en el estómago propio braman consignas de cambio inmediato, a tiempo parcial, desde el redil ajeno. Se trata a las entidades bancarias y de ahorro por igual en cuanto a las cuotas de responsabilidad derivadas de un mercado primordial en la creación de riqueza nacional. Nadie advierte que el capital en movimiento es producto de un endeudamiento estrangulado dirigido a consciencia desde el aprobador y receptor, cara y cruz de un mismo escenario. Mientras, la gran banca se sienta a la diestra del pater Presidente y le susurra al oído la solución infalible al entramado irrespirable que se viene encima, ése que de repente todos detectan por arte de biribirloque. La respuesta procede, oh casualidad, de los principales acreedores de las grandes formaciones canovistas que se han venido subrogando la responsabilidad gobernante en los últimos treinta años. Consejos, al fin y al cabo, generosos y desinteresados.

– Las cerca de cincuenta Cajas de Ahorros repartidas por la geografía española son señaladas como elementos perturbadores del buen destino del flujo crediticio, filosofía inversora y, puestos al derrumbe reputacional sin retención, responsables últimos de esa debacle de la que ya vienen germinando brotes verdes que se chamuscan de inmediato, expuestos a la irradiación imprudente de gestores sin escrúpulos y despilfarro ineficaz. Nuevamente la casualidad quiere que aquellos que comienzan a utilizar los púlpitos informativos para advertir de una imprescindible reconducción de la realidad de las Cajas sean los mismos que pueblan sus respectivos Consejos de Administración en representación de las plazas en las que éstas se encuentran radicadas, orientando una política inversora basada en el retorno a misero coste de faraónicos proyectos en los que se corta la cinta con la misma tijera que se guarda a la hora de aprobar la operación crediticia de turno. En suma, una clase política que vino reformando la Ley de Cajas para asegurar su presencia en todos aquellos órganos decisorios de las mismas, indicando el destino para desmanes propios y ajenos en la cercanía y que, tras ver la luz de la eficiencia y sobriedad inversora, acusan a su propia silla vacía.

– Aparece la figura SIP (Sistema Institucional de Protección), una abstracción llamada a asegurar la viabilidad financiera de las Cajas de Ahorros, alentando la búsqueda de sinergías de negocio entre ellas y centrada en aquellas que no cumplen determinados requisitos en cuanto a sus ratios de eficiencia, volumen de negocio, riesgo de deuda, etc. Una estrambótica invención que persigue, inicialmente, la creación por parte de uniones de Cajas de un nuevo ente, en forma de institución con apariencia bancaria, llamado a liderar el negocio de cada fundador con una política única en sus territorios de origen, con creación de marca común que conviva con las restantes y evitando, en todo caso, el solapamiento de la red comercial de los integrantes así como potenciando, en definitiva, su eficiencia futura. ¿Eficiencia y mejora en los costes creando una nueva organización sin desmantelar las originarias? Parece descabellado, pero el Banco de España manda y muchas entidades de ahorro comienzan a obedecer.

– A mediados del año 2010 comienzan a darse los primeros movimientos, todos ellos de lo más variopinto: Cajas de Ahorros de mediano tamaño, con solvencia suficiente y moderación en su política de riesgos y salarios (Banca Cívica, hasta la obligatoria adopción de CajaSol), liderazgo de entidades de cierto volumen a las que se agregan satélites financieros en busca de cobijo (Bankia), descabellados proyectos con radicación exclusiva en una Comunidad Autónoma (NovaCaixaGalicia), integraciones minúsculas con el objetivo de cumplir el expediente (Unnim, Caja 3, etc.). Todo tipo de formas de entender la nueva normativa, de orientar un incierto futuro en busca de respuestas en el pozo de la desconcertante fortuna.

– Rectificación brusca: eso de un banco-faro-guía sobre el destino uniforme de matrimonios cajeros de conveniencia se torna en la obligatoriedad de segregación del total de activos, plantilla y negocio a la entidad matriz, salvo aquel adscrito a las respectivas obras benéfico-sociales. Toma del frasco, carrasco, en nombre de la santificada pero hasta ahora inadvertida consecución de la eficiencia. De un día para otro, se escrituran propiedades en nombre de las nuevas S.A., se novan contratos laborales, se redimensionan las políticas gestoras y de negocio, etc; pero, de mejora en la actividad puramente financiera, de sinergias favorables en la eficacia del método, nada de nada. Lo que sí se alumbra en partos fulgurantes es el nacimiento de una nueva clase de banqueros provenientes de las estructuras de aquellas entidades cesionarias, prestos a otorgarse sueldos astronómicos y situarse en un plano elitista en lo profesional, alejados de la noche a la mañana de sus otrora compañeros de fatigas. De igual manera, se ralentiza abordar las imprescindibles armonizaciones colectivas en cuanto a política de salarios, horarios, beneficios sociales, etc., de las respectivas plantillas.

– Muchas de las aventuras integradoras entre Cajas de Ahorros, en ningún caso voluntarias ni de manos desatadas, comienzan a desbarrancar por el desfiladero de condiciones más y más exigentes por parte del Banco de España y el Ministerio de Economía. Se advierte de la inviabilidad de aquellas uniones que no cuenten con un volumen de negocio cercano a los 150.000 millones de euros y se empiezan a colocar los acelerados plazos para enfrentar una nueva ronda de amores de pago, de roce sin cariño. Salvo excepciones muy localizadas (KutxaBank, tal vez Bankia, Ibercaja con algún amiguete de menor estatura, etc.), el resto de SIP alertan su radar de supervivencia en busca de salvación… en la cúpula. Esa camada de incipientes banqueros de amplísima nómina pero costumbres viciadas se reúnen y no se dejan de reunir en busca de un socio con el que seguir manteniendo el sillón caliente y el chófer en la puerta. La lentitud es el signo distintivo de estas rondas sin victoria a los puntos. En el comienzo del año en curso, el nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, acelera los plazos para que esos contactos fructifiquen, so pena de excomunión financiera. A todas éstas, se van definiendo las subastas de aquellas entidades de ahorro podridas por dentro, impunes por fuera. El sector bancario comienza su devorador propósito inicial, adjudicándose la bicoca del animal herido (marca, clientes, patrimonio, etc) por cantidades tan astronómicas como un euro (Banco Sabadell-CAM). Porque, claro, los 3.000 millones necesarios para cicatrizar su necrosada herida provienen de las plaquetas tributarias, la de los impuestos públicos y, así, servida limpia y sin escamas, la gran banca se va quedando con entidades que bien podrían fusionarse y, tras ese reflote con capital de todos, inaugurar una nueva y solidaria banca pública, en compromiso innegociable de no rivalizar con la actividad de intermediación financiera del la banca privada, pero desarrollando esa gestión poco rentable pero fundamental para la necesidad de ver fluir crédito a la economía más débil (familias, pymes, etc.), además de gestionar de manera directa los más de 45.000 millones del Instituto de Crédito Oficial (Préstamos ICO), y no depender de su sospechosa utilización por parte de la gestión indirecta que realizan las entidades bancarias en forma de loteros que conocen el premio de antemano.

– Hoy, día uno de la nueva crisis que vendrá mañana hasta la hecatombe de pasado, el desguace del sector de Cajas de Ahorros es un hecho. Entidades nacidas del cooperativismo y solidaridad local, sin ánimo de lucro y sin dueños, han sido puestas miserablemente en el mercado privado, otorgándoles su valor el ondulante precio de una acción cotizada en lugar de un objetivo balance o una reinversión de sus beneficios en la plaza respectiva por medio de su acción social, cultural, medioambiental o de promoción deportiva. De su ganado, cuando proceda, prestigio. Se mutila así, de paso, la creación de riqueza indirecta en base a la pérdida de centenas de millones de euros que ahora pasan a engrosar, en el mejor de los casos, departamentos de marketing y publicidad comercial y sesgada.

– Estos amaneceres del mes de marzo del fatídico año 2012 se han convertido en la línea de salida acelerada de la previsible conclusión de ese proceso de bancarización absoluta del sistema financiero español. Muchas de las entidades en guiada búsqueda de supervivencia difusa disfrutan de los miles de millones entregados por el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) sin aparentar inversiones de mejora concreta en su fortaleza inmediata. Por el contrario, e ignorando supinamente el nuevo convenio regulador de Cajas, que explicita la asunción de medidas de reordenación en ningún caso traumáticas en el empleo, comienzan a plantear, reforma laboral bajo el brazo, despidos inmediatos, cierre de sucursales, congelación salarial, desaparición de beneficios sociales, etc. ¿Con qué propósito si tienen un incierto futuro a semanas vista? Ni más ni menos que para dejar limpito el patio delantero con el objeto de que pasen y entren los dueños de todo esto; la gran banca afila los cuchillos para hincar el diente a bajo coste a aquellos rivales a los que, en muchas provincias, nunca pudieron tumbar en buena lid, en el terreno de la prestación de servicios financieros y atención al cliente. Hoy son todos suyos, están a la venta. Y barato oiga, que el desguace ha terminado.

Hundidos por la campana

En las pruebas atléticas de medio fondo, al sonido de la campana que anuncia la última vuelta, los corredores intentan sacar fuerzas de flaqueza y embestir la meta como si les fuera la vida en ellos. Finalmente, sólo uno recibe la contraprestación perseguida, en forma de título o medalla, de distinción y honores. Del mismo modo, los Sistemas Institucionales de Protección (SIP) más aventajados en el errático proceso de reforma financiera nacional, Bankia (CajaMadrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja Rioja, Caja Segovia, Caja Ávila y Caixa Laietana) y Banca Cívica (CajaSol, Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos), agitaron el correspondiente badajo en la sede de la Bolsa de Madrid la semana pasada, anunciando su anticipado paso por línea de meta, en busca de una cinta a cortar que, por las sonrisas, los globos y los brindis, parecía superada antes incluso de enfilar la última recta. En efecto, la exposición al parquet en momentos de tamaña agitación bursatil, con un sector mayorista reacio a aventuras accionariales en forma de incógnita, parecía aventurar un cambio de ritmo apresurado por parte de ambas entidades bancarias. Cierto es que los decretazos semanales del Consejo de Ministros en lo que respecta a las exigencias que se han venido imponiendo al sector de Cajas de Ahorros nacionales no daba mucho margen a la prudencia, empujando al abismo especulativo a entes acostumbrados a operar en otro circuito y escenario.

Sólo una semana ha tardado el insensible Mercado en exponer a Bankia y Banca Cívica a un control antidoping sorpresa. Si bien la institución presidida por Rodrigo Rato soportó honorablemente una jornada de caídas generales en el Ibex 35, hasta cerrar con un soportable descenso de 0,68% (3,67 euros por acción, habiendo sido su precio de salida 3,75), gracias al lustroso anuncio de 211 millones de beneficios en el primer semestre del ejercicio, los defensores de una banca transparente y participativa se desplomaron hasta perder, a la clausura del día de hoy, un ruinoso 8,75%. No hay que olvidar que Banca Cívica se estrenó en el mercado bursatil con un precio de salida de 2,70 euros, lo que ya suponía un ímplicito descuento del 60% de su valor con respecto al recogido en sus libros contables. Aún así, los accionistas de la entidad financiera liderada por Antonio Pulido y Enrique Goñi vieron como el valor de su papel descendía hasta un mísero 2,41.

Este abatimiento mercantilista apresurado tiene una respuesta principal, pero no única: mientras que los principales valedores internacionales de Banca Cívica (Credit Suisse y Morgan Stanley), encargados de la colocación de su papel en el mercado, no han sostenido su compraventa y han abandonado el barco presurosos, JPMorgan (adalid de Bankia en su intermediación) mantuvo un nivel de compraventa aceptable, evitando su despeñamiento. En ambos casos, el comportamiento del mercado mayorista juega un papel clave en su estabilización bursatil, ya que el grueso del papel en manos de minoristas  se encuentra, fundamentalmente, a buen recaudo de clientes de la Cajas de Ahorros de origen, que han comprometido pequeñas cantidades como inversión a largo plazo o en espera de reparto futuro de dividendos, al modo de intereses fijos de IPF, pero de corte variable y especulativo.

La forzada bicefalia al frente de Banca Cívica tampoco juega a favor de buenas expectativas en el futuro inmediato de la entidad radicada en la Avenida de Recoletos. Ni, mucho menos, los astronómicos honorarios que, se rumorea, ha pasado a convertir a ambos, de la noche a la mañana, de modestos cajeros a opulentos banqueros (se especula con cantidades totales que rondan los 7,5 millones por barba). En efecto, si las integraciones de Cajas de Ahorros no son bien entendidas por los inversores extranjeros, menos aún se explican que una entidad financiera de tamaño pequeño-mediano mantenga un gobierno dual y no bien avenido.

Si hace unos días nos fustigábamos al comprobar como se pierde una excelente oportunidad para recuperar músculo financiero público, fusionando a las entidades de ahorro intervenidas por su mala praxis (CCM, CajaSur y CAM, por ahora) y resucitando una banca pública solidaria y limitada al apoyo crediticio de familias en situación de exclusión financiera y PYMES con necesidad de recursos pecuniarios, comprobar como enfilan la recta de meta aquellos bancos que otrora fueron Cajas de Ahorros sin ánimo de lucro, sin dueño, y con un propósito de reversión benéfico social en los territorios radicados, produce impotencia ciudadana. En definitiva, el sudor y energía que están perdiendo por el camino del capitalismo salvaje es nada más y nada menos que miles de millones de euros de cuentarrentistas honorables y modestos, inversiones y activos de emprendedores locales pero, sobre todo, la dignidad de entidades de ahorro, en muchos casos centenarias, despedazadas de un plumazo por obra y gracia de un Ejecutivo cobarde que ha atendido al imperativo gruñido de los antidemocráticos Mercados por encima de la digna eficiencia futura de su sistema financiero. A falta de una vuelta que puede devenir terroríficamente eterna, el toque de campana ha hundido la moral y las últimas reservas de estos inexpertos corredores bursátiles, que más que potenciales vencedores se antojan improvisadas liebres de los medallistas de siempre.

 

Otra oportunidad conscientemente desperdiciada

Un nuevo capítulo sobre cómo tirar a la basura oportunidades magníficas para voltear un sistema muerto al que califican, con cobardía manifiesta, como crisis pasajera. El incontestable suspenso de la Caja de ahorros del Mediterráneo (CAM) en los últimos stress test sobrevino como una puntilla imposible de esquivar para una cúpula directiva politizada, sin experiencia en la gestión financiera, y amante de la especulación inmobiliaria a cotas indecentes. Únicamente con los millones de euros invertidos en el despropósito megalómano de Terra Mítica y las líneas de crédito en Polaris World o Seseña, cualquier Caja de Ahorros de tamaño medio se hubiera desbarrancado sin remisión. No obstante, el gobierno popular de la Comunidad Valenciana ha mantenido defensivamente a la misma ineptitud postrada en los mullidos sillones de un Consejo de Administración presuntuoso y cretino: primero con BBK y, posteriormente, con Cajastur, Caja de Extremadura y Caja Cantabria, la entidad de ahorro levantina ha dinamitado la posibilidad de estructurar SIP estables por su obsesión a la hora de negociar cotas de poder que no se correspondían con su balance, siempre bajo el argumento de su volumen de negocio total, ése que escondía bajo la alfombra miles de millones de morosidad irrecuperable, de inmuebles apalancados sin posibilidad de salida.

Tras el hundimiento de CCM y CajaSur, el Ejecutivo ha perdido conscientemente la oportunidad de establecer el germen de un sistema financiero público, de tamaño mediano y exclusivamente enfocado a facilitar microcréditos a familias en situación de riesgo y líneas de apoyo innovadoras a las pymes. Por el contrario, el sistema tributario detraerá de sus ingresos unos tres mil millones de euros a fondo perdido para sanear CAM y, posteriormente, desguazarla y venderla al mejor postor. La banca patria ya se frota las manos con este nuevo obsequio de magnífico relleno en forma de ingentes cantidades de pasivo a gestionar a coste cero, con una red de sucursales y una plantilla formidable.

Radiografía de CAM. Dragan Lukic

Las Cajas de Ahorros han mantenido un camino de negocio y gestión bien determinado hasta principios de los ochenta. Limitado su acceso a la oferta de productos financieros complejos, la separación entre entidades financieras y de ahorro mantenía igualmente el espectro diáfano cara al cliente en lo que respecta a su elección. La interesada apertura y ampliación de servicios, especialmente en lo que se refiere al negocio de préstamos hipotecarios, unida a la invasión desmedida de la clase política en los Consejos de Administración y Asambleas, trajo estos lodos.

El manifiesto apoyo de Emilio Botín al cumplimiento efectivo de la legislatura no es baladí ni gratuito. El proceso de reestructuración del sistema financiero no ha sido más que la antesala para dejar a los pies de los caballos a aquellas Cajas de Ahorros que ahora podrían estar integrando una gran banca pública con los mismos principios inspiradores que vieron nacer a estas entidades: ausencia de ánimo de lucro y reversión benéfico social en las comunidades donde se encuentran asentadas. Con la salida a bolsa de Bankia y Banca Cívica, los dos primeros grupos de Cajas que han rematado su proceso de desaparición, ya están a disposición de los grandes capitales el control de los otrora fondos de millones de ahorradores que apostaban por generar beneficios a su comunidad. Estructuras bancarias medianas, gestionadas por los mismos directivos que, presumiblemente, no supieron mantener a sus entidades de ahorro en unos niveles de solvencia adecuados para escapar de la quema, serán pasto de los carroñeros que ya sobrevuelan sus minúsculas sedes.

El dilapidador ambulante

En los westerns que tanto disfrutábamos en la infancia, ésos en los que, a medida que íbamos cumpliendo años,  progresivamente trasladábamos nuestra simpatía de los emprendedores cowboys hacia los heroicos indios, aparecía recurrentemente un personaje secundario pillo y timador, un emprendedor de lo cutre.

Algo así, pero cambiando el humor por el drama. El vendedor ambulante, que aparecía en las poblaciones recien constituídas intentando aprovecharse de la ignorancia y la desesperanza ajena ofreciendo productos supuestamente milagrosos, es una figura incrustada en casi cualquier espacio y tiempo de la historia. Su final, en todo caso, siempre es el mismo, sangriento y brutal a manos de algún estafado, indignado doblemente con la certidumbre inocente del engaño y la pérdida de sus escasos recursos.

Estos titiriteros comerciales, como decimos, han cultivado su brillantez sobre la estupidez ajena, y es presencia confirmada en cualquier sociedad y momento histórico, si bien sus ropajes y actitudes evolucionan en la medida que sus ancestros fracasan.

Hemos analizado en artículos anteriores el momento actual que padece el conjunto de Cajas de Ahorros en nuestro país a raíz de la agresiva campaña de modificación y transformación de su naturaleza jurídica por parte del ejecutivo nacional. Como recordamos, se han ido dando una serie de pasos, confusos en su inicio, terriblemente clarificadores en estos días, que demuestran a las claras unos propósitos espurios. Hagamos memoria:

1. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, comienza a hablar de la reestructuración del sistema financiero español, atendiendo especialmente a la supuesta debilidad en los ratios de solvencia y morosidad por parte de las entidades de ahorro. Anima a buscar alternativas de cara a reordenar el mapa de las Cajas, dejando abiertas las posibilidades.

2. Tras varias intervenciones en la misma línea, comienzan a embrionarse uniones estratégicas de Cajas de ahorros, siendo Caja Navarra, Caja de Burgos, CajaCanarias y Sa Nostra (ésta última se descolgaría finalmente) la asociación pionera en anunciar una agrupación bajo la fórmula de un SIP (Sistema Institucional de Protección), con el objeto de buscar sinergias financieras para mejorar sus perspectivas de negocio.

3. El Ministerio de Economía y Hacienda anuncia la obligatoriedad, antes de fin del año 2010, de conformar grupos de cajas bajo esta fórmula o fusiones reales, poniendo a disposición de dichos movimientos empresariales el denominado FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria Ordenada), de cara a agilizar la financiación necesaria para acometer los procesos mencionados. Las cantidades solicitadas se tienen que devolver en un plazo máximo de cinco años a un tipo fijo del 7,75%. Salvo Banca Cívica, el resto de uniones acuden al auxilio de esta fórmula de financiación.

4. Conformados los principales SIP, bajo la figura obligatoria de una entidad bancaria de nueva creación formada por las cajas participadas en cada proceso, se anuncia la obligatoriedad de que dichas entidades coticen en bolsa en un plazo que no puede superar el mes de marzo del año 2012. Las entidades de ahorro que opten por mantener su naturaleza jurídica o los SIP que no abran su participación en el mercado bursatil, deben cumplir unos mínimos extremos de exigencia solvente (10% de ratio), prácticamente inalcanzables (Unicaja ó BBK son las excepciones hasta la fecha). De este modo, las integraciones eficaces se transforman en nacimientos de nuevas entidades bancarias, en las que las cajas fundadoras se reservan un porcentaje superior al 51% del accionariado y el resto, dependiendo de la decisión de cada Consejo de Administración, saldrá a bolsa, entrando capital privado que, en caso de concentración, puede variar diametralmente la naturaleza y objeto del destino fundacional y social de las Cajas.

5. Actualmente, y bajo las premisas descritas anteriormente, en las que desde el gobierno estatal se ha venido culpando a las entidades de ahorro de excesiva morosidad en operaciones dudosas (en muchos casos auspiciadas por la clase política desembarcada en los órganos de gobierno de las Cajas), así como de su inviabilidad jurídica de cara a la atracción de inversores extranjeros se ha logrado desnaturalizar de manera sensacionalista la esencia de las Cajas, motores económicos gracias a la reinversión social, así como garantes eficaces de la atención cercana y preocupada de sectores poco atractivos a nivel de rentabilidad para los bancos (pensionistas, entidades sociales, etc.). La obligatoriedad de conformación de una entidad bancaria sobre los pilares de las cajas, lo que, a primera vista, podía sonar a contrasentido, por duplicidad de funciones, se ha destapado como la esencia misma del plan ejecutor comenzado hace año y medio. Las Cajas se quedarán convertidas en meras fundaciones enrocadas en su porcentaje de participación en el banco matriz, que decidirá en términos estratégicos como dotar las correspondientes obras sociales. A la entrada de capital privado, éste, vinculado a alguno de los socios fundadores, en escenarios de concentración accionarial, puede resultar definitivo para el enterramiento, gradualmente, de un modelo eficaz que se han encargado de demonizar impunemente.

6. El último capítulo de este defenestración de soberanía nacional ha tomado forma por obra y gracia de una nueva generación de vendedores ambulantes, representados por el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Los mercados y los inversores internacionales han dejado de presentarse como figuras abstractas para concretarse en algo tan terrenal e inquietante como jeques y petrodólares. De este modo, el titiritero se ha llevado a Oriente Próximo una maleta llena de productos con magnífico envase y un contenido milagroso: Bancos nuevos, con muchos fondos de ahorradores y pequeños empresarios, así como ingentes promociones inmobiliarias en cartera, listas para vender. Compre señor, que le sale barato. El jefe del ejecutivo, en un nuevo acto de soberbia incompetencia y ausencia de mira histórica, ha anunciado la entrada de capital quatarí y dubaití en nuestro sistema financiero-social, como un logro estratégico de agarrate y no te menees.

En todo esto, cabe preguntarse ¿la democracia qué es? Mientras nuestros antiguos socios, a los que recíbiamos en Moncloa o visitábamos en jaimas, se convierten en tiranos desterrados de nuestro selecto grupo sólo cuando el pueblo expresa lo que ya se sabía, firmamos acuerdos con sus primos hermanos, los que mañana se podrán ver en la misma tesitura de conflicto interno. La honestidad no abunda ni en la política ni en la información, pero nadie oculta que los socios del oro negro lo son en tanto en cuanto vendan barato, suministren bien y mantengan su apariencia de dirigentes generosos al más alto nivel. Hasta ahí, amigos. Si a tus hambrientos súbditos les da por rebelarse y nos obliga a aparentar condena e indignación, no te llamo más.

Quatar es dictadura, es expolio de los recursos naturales para gloria de monarcas absolutos derrochadores y pretensiosos. Aún así, somos cómplices históricos de la injusticia porque no gozamos en nuestro subsuelo del maná fundamental de la vida moderna. Y rematamos la jugada con la más trágica de las ventas ambulantes. ¡Cajas baratitas, oiga. Por ciento cincuenta millones le cedo el control de una recién limpita y lustrosa! Confiemos que al final de la película los vecinos del poblado descubran el engaño y obliguen a reparar la estafa.

De las Cajas de Ahorros a los SIP (Sistemas Indisimulados de Privatización)

Sobre la nueva regulación del mercado financiero español se ha escrito hasta la extenuación en los últimos seis meses: sesudos trabajos en medios de comunicación especializados, reflexiones más o menos ligeras en primeras páginas para profanos, análisis económicos sobre cómo debe quedar el mapa financiero del Estado, argumentando supuestos desmanes como jusfificación de un futuro inmodificable y, a la vez, supuestamente necesario, en estudiado paralelismo con el pliegue a los mercados internacionales y a los mandatos de las instituciones comunitarias.

Por lo tanto, sería innecesario volver sobre pasos andados en todas direcciones; la intención es realizar una reflexión acerca de la justicia de lo que está sucediendo y, casi irremediablemente, se concretará a lo largo del presente año. Una reflexión sin datos macroeconómicos ni estadísticas presupuestarias que obliguen a desembocar en una conclusión utilitarista. Es éste un camino que comienza a finales del siglo XIX y que nos tememos va a finalizar a lo largo del presente curso. ¿De qué manera? Sencillamente de la única posible: injustamente, malvendiendo lo que no es de uno, dejando en manos de ese mercado salvador de la patria chica unas estructuras creadas por los individuos, por los asalariados, a precio de saldo.

Sede Central de Caixa Laietana

Las Cajas de ahorros españolas comenzaron su formación, como decíamos, hace más de cien años, apareciendo como instrumentos mutualistas que permitieran la estructuración de ahorro y préstamo entre asalariados, de modo que, solidariamente, pudieran hacer frente a las necesidades de crédito de los miembros, así como asegurar su capacidad de ahorro. De manera similar y en idéntica época comenzaron a surgir las primeras mutualidades de seguros. La idea inicial y que aún hoy se mantiene, al menos en sus estatutos, es bien sencilla: poner en común cantidades pecuniarias excedentes para hacer frente a la necesidad de préstamo o de cobertura de contingencia, en uno u otro caso. Las mutuas de seguro desempeñaron una función primordial en Estados con estructuras de protección social básicas o inexistentes, cubriendo aquellas necesidades derivadas de un accidente de trabajo (asistencia médica, baja laboral, etc.), mientras que las Cajas de Ahorros aseguraban los fondos y, a su vez, hacían fluir el dinero para movilizar la economía local y desarrollar su estructura.

Esos proyectos se concretaron en una suerte intermedia entre comunidades de bienes y fundaciones; absorbe de las primeras la intención de poner algo en común para conseguir un rendimiento, y de las segundas el concepto de entidad sin ánimo de lucro con afán de reinversión de sus beneficios en cuestiones de marcado carácter social. Esta filosofía original también se mantiene en su espíritu, si bien se entiende como un catálogo de principios bienintencionados por encima de su acción real.

Sede Central de CajaCanarias

Sede Central de CajaCanarias

Para entender el discurrir de su realidad jurídica y operativa, tenemos que recordar dos asuntos claves y uno en forma de tiro de gracia en las dos últimas décadas del siglo XX: la trasferencia de capacidad legislativa a las CCAA en lo que respecta a la regulación de las Cajas de Ahorros y la estructura de sus Asambleas y correspondientes órganos de gobierno, permitiendo a ellos el acceso de los cargos públicos de las plazas donde están radicadas (del remate nos ocuparemos más adelante). Ambas situaciones han conducido a la raíz del problema o, en puridad, a la oportunidad justificativa de lo que hoy nos ocupa. En efecto, el abuso en la presencia de la clase política en aquellos foros donde se estructura la política financiera de las entidades de ahorro ha permitido que éstas derivaran en auténticos prestamistas de las corporaciones públicas, dando cobertura a operaciones de dudosa o nula garantía que han venido lastrando la capacidad de dichas entidades, preocupadas en servir a sus responsables y sirviendo como innegables mecenas de campañas electorales. Asimismo, la capacidad legislativa de las asambleas autonómicas ha dejado en las mismas manos el destino de los fondos de las Cajas y su estructura jurídica, sin olvidar su valor más representativo: la organización y el destino de las Obras benéfico-sociales de las entidades de ahorro. Aún así, es fascinante comprobar como, reformando la cobertura legislativa de estos entes de manera disgregada, sin capacidad unificadora desde el Estado central, los desmanes y errores han sido similares y, en ocasiones, misteriosamente coordinados.

Sede Central de Caja Granada

El tiro de gracia no es otro que la pérdida de naturaleza jurídica de las Cajas de Ahorros a partir de la liberalización del mercado financiero; permitiendo a estas entidades operar en el mercado con los mismo parámetros y ofertando la misma gama de productos que a los bancos, se condena a sus dueños originarios a ser beneficiarios de tercera en cuanto a la capacidad de crédito de la entidad. En efecto, las Cajas de Ahorros, hasta hace aproximadamente treinta años no podían ofertar determinados productos y servicios (acciones, productos derivados, etc.), protegiendo de este modo su esencia y separando meridianamente las funciones y el espacio comercial entre Cajas y bancos. Eliminando dicha barrera, unido a los factores anteriormente descritos, sobre todo lo que respecta a la entrada de intereses ajenos a los cuentarrentistas en los órganos de gobierno, las Cajas propusieron una batalla entre desiguales, operando en el mercado a semejanza de bancos y compitiendo en campos hasta ese momento inexplorados, lo que condujo, en muchos casos, a una sobredimensión exponencial de sus estructuras y resultados, con desigual suerte. De esta guerra sin cuartel los bancos se han quejado amargamente, no sin razón: Algunas cajas que han tomado un tamaño relevante en el mercado financiero han realizado operaciones de compraventa de mayorías accionariales en bancos europeos, mientras que éstos no pueden entrar en sus Asambleas y órganos de gobierno, al tratarse de Fundaciones con carácterísticas especiales, pero en todo caso entidades sin ánimo de lucro y, por lo tanto, sin dueños. Esta condición, que choca con las condiciones de libre mercado, es consecuencia de la liberalización del mercado, de exponer al concepto Caja de Ahorro a la ambición especulativa y comercial de muchos directivos que han querido ser banqueros, cuando en realidad eran cajeros. Esas partidas, en muchas ocasiones con la complicidad de algunas Cajas de mayor tamaño con pretensiones indisimuladas, han originado estos resultados. Entidades nacidas con el esfuerzo ahorrativo de multitud de cuentarrentistas asalariados y empresarios locales se verán obligadas a integrarse primero y a despedazarse después. Los SIP son Sistemas Indisimulados de Privatización, no Sistemas Institucionales de Protección, como rezan sus siglas.

Sede Central de Vital Kutxa

Sede Central de Vital Kutxa

La reforma del sistema financiero no esconde que ha tenido que realizar un regate a la realidad jurídica para privatizar por nacionalización liberal, es decir, sin ánimo de poner en manos públicas un bien que crea riqueza colectiva, sino su reverso tenebroso. Al no poder vender lo que no es tuyo, y mucho menos obligar a hacerlo, se ha aprovechado de una situación económica y financiera (la estatal y la de las Cajas de Ahorro) auspiciada por las propias decisiones y acciones surgidas de las modificaciones anteriormente expuestas, y las ha colocado en bandeja de plata para sus benditos mercados. En un tiempo donde nadie discute que es necesario hacer fluir el crédito, preferentemente a las pymes (70% del sector empresarial español) y los trabajadores por cuenta ajena, se desguaza a sus principales promotores. Cuando es necesario el apoyo desinteresado y ágil a proyectos que dinamicen la realidad social, cultural o deportiva, creadores e impulsores eficaces de la economía, así como de su diversificación operativa, las obras sociales quedan en tela de juicio. Y no pasa nada.

Las integraciones de Cajas permiten la trampa, son la única vía: disfrazan de sinergias y mutualizaciones (términos podridos en el ámbito financiero), lo que son prejubilaciones incentivadas a costa de los bolsillos colectivos, pactadas con la Fiscalía, el poder judicial y el Banco de España sin pudor ninguno, en nombre de la reestructuración y eficacia. De nuevas contrataciones, nada de nada. Maquillan de eficacia operativa y organizativa lo que es el fin último de todo este proceso: la aparición de un banco, pero de un banco pequeñito. Primero nos dijeron que era necesario unir Cajas y no entendimos bien a bien por qué; después que la fórmula del SIP era la más adecuada y tampoco lo explicaron con claridad; más adelante, pero con celeridad, esos SIP formaron bancos, cuyo dueños eran las Cajas integradas, sin darnos cuenta de como mejoraría la multiplicación de estructuras la eficacia de concesión de crédito y captación de capitales. Ahora ya se han quitado la máscara, las Cajas se quedarán como exóticas Fundaciones locales, pero sin naturaleza definida ni autonomía conocida, mientrás un buen tajo de la tarta se convierte en acciones, cotizadas en bolsa como no puede ser de otra manera, y a esperar a los mercados salvadores, que raudos llegarán a la pesca de la nueva presa. El problema es que la pieza obtenida no la han capturado en mar abierto, sino en nuestra pecera, a través de una ventana que no recordamos haber dejado abierta.