Interdicción de la arbitrariedad

InterdiccionArbitrariedad2Una vez dada por finiquitada la crisis, esto es, asegurada la recuperación de capital, control de salarios y destino de los trabajadores por parte de los perennes altos del curso de la Historia, se nubla una pantalla que emitía créditos convenientemente confusos y el servilismo político ha acelerado su inclinación, presto a desplegar nuevos cachivaches a un lado para despistar a la hora del saqueo. Ahora toca el turno a mansalva para que la inimputabilidad cotice en mercados de aforamiento primario, la justicia no mire para ningún lado allende las fronteras, o las brechas socioeconómicas y de oportunidades, ya de por sí insorteables, se eleven como vallas de expulsión ciudadana.

¿Y qué nos queda? Pues por ahora el pataleo recurrente, cotidiano, con más o menos éxito de afluencia en función del grado térmico de indignación que se produzca por cada una de las situaciones que nos arrojan al plato, una vez hecho bola incomestible. Y en esos encuentros, habitualmente dominicales, salimos adornados de cartelería variada desde la que dejar constancia al semejante que, al otro lado de la fotografía o la actualidad televisada, opta por amodorrar su derrota, a ver si con algún teorema impactante conseguimos que deje el chandal de interior y se sume al jogging de protesta colectiva. En esas calles que nunca fueron nuestras, goza de gran éxito frente al micrófono en directo reclamar que se cumplan los derechos más vistosos que los padrastros constitucionales dieron por buenos redactar, darles cuerpo, pero con sus sistemas nerviosos y reproductivos totalmente desabilitados. El acceso a la sanidad pública y universal, a una vivienda digna, etc., son calificados, en época de privatización masiva y de segregación social sin parangón, como “principios programáticos”, meras buenas intenciones que el legislador dejó plantadas por si el tiempo y los azares tenían a bien suministrarles algo de abono normativo, aunque en realidad no han sido más que “frustraciones constitucionales”; aspirar a que lo que la mayoría considera pilares de nuestro Estado actualmente asocial no se quede en unos pocos ladrillos presos de aluminosis, parece dormir el sueño de los injustos.

InterdiccionArbitrariedad2La Constitución española está a buen recaudo. Lejos de las garras ciudadanas, se entiende.  No hay más que recordar como se enarbola una supuesta inmutabilidad permanente en la cúspide del ordenamiento jurídico mientras por sus puertas traseras se maltrata el mismo, con modificaciones en la madrugada de los tiempos en los Estados contemporáneos (artículo 135 y su entreguismo deudor al capital con prisas). Por ese motivo, no parece el camino más recto para protagonizar los cambios necesarios y deseables aquél que pretende transitar a tumba abierta, con escasa visibilidad y lleno de obstáculos. En cambio, existe un apartado constitucional que no es receptor habitual de visitas ni menciones, y desde el cual se sostiene, con repugnante elasticidad, el trayecto contrario al que su composición jurídica pretende guiar: la interdicción de la arbitrariedad (artículo 9.3).

Este principio supone la prohibición expresa para los poderes públicos, entendidos éstos en el sentido más amplio de la terminología legal y su correspondiente traducción vía pronunciamientos del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, de actuar de manera caprichosa, dañando el principio de igualdad de trato frente a los administrados. Dicho así resulta obvio, pero no por ello es menos asombroso que no se tarde apenas unos segundos para recorrer decenas de acciones políticas que patean sin pudor este mandato principal recogido en nuestra Carta Magna.

InterdiccionArbitrariedad3Sí, por ejemplo y de manera destacada, éste es uno de ellos: los indultos. El derecho de gracia sin justificación social ni piadosa que conculca penas a quienes no sólo tienen, como el resto de ciudadanos, la obligación de conocer la ley sin ser eximidos de ello por desconocimiento, sino que por notoriedad pública deben desarrollar un impecable ejercicio profesional, reforzado en esa posición preeminente en la escala capitalista en la que dicen jugar sin cartas marcadas. ¿Y qué decir del proceso de desentronización, entronización, aforamiento y blindaje del linaje Borbón en estos últimos días? Algo de arbitrio sí que parece rezumar la manera en que desde el bipartidismo se otorga un aurea especial al abdicado y su regia plebe, con tal de que los juzgados queden a enorme distancia de su trayectoria.

Estos detalles sólo son algunos artificios que pueden destapar en su mente las interminables explosiones de lucidez que le llevarán a recordar que frente a tanta y tanta desigualdad legislativa se encuentra la mencionada prohibición, sorteada a diario, ignorada por muchos.

Desprivatizando a Lasquetty

Lasquetty1No es periódico de ayer, sino la calma relatada tras la tormenta más que perfecta. No hizo falta más que un auto, un ejercicio de honorabilidad judicial por el poder arbitral (que no arbitrario) en el que se sustenta la supervivencia de nuestro famélico Estado Social, para que se derrumbara la montaña de prepotencia y manifiesta intencionalidad privada de Javier Fernández Lasquetty, consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid. Este rostro contenido, con bolsas de aire entre los carrillos que siempre amenazaban huracanes de rabia, había sido hasta hace poco más de una semana el germen perfecto entre la codicia desmedida de Lamela, la presencia seductora de Güemes y, en el trino equilibrio, las anchas espaldas de Ignacio González y Esperanza Aguirre. Un compendio, en definitiva, entre la continuación al descuartizamiento sin aristas junto a la necesaria convicción ideológicamente inmoral para llevarla a término. Y así, sin cita previa, resulta evidente que la labor que ha heredado con gusto y sin picor, de manera exclusiva, ha sido dar acomodo a determinadas contratas para gestionar aquellas millonarias estructuras hospitalarias puestas en marcha sin capacidad presupuestaria. Cada uno de los pipiolos venidos desde la orilla de FAES han ido cubriendo su respectivo escalón para pretender disipar el tracto sucesorio-político de una más que evidente planificación del capital, de sus señores feudales, de ellos mismos. De la puerta que no deja de girar.

Lasquetty2A Lasquetty le tocó bailar con la que parecía más guapa antes de desprenderse del vestido, y aún con las luces apagadas. Pero no. Tratar como borricos de amplia sumisión a los diferentes colectivos que hacen posible el servicio de salud a la ciudadanía es un ejemplo evidente de lo mal que hace, en lo que respecta a la táctica política de los nuevos cachorros, no pisar más suelo que el de un despacho tras otro, repeler las baldosas al no conocer más superficie que el parquet acuchillado. En realidad tenía en su mano dar un golpe definitivo a uno de los pilares fundamentales del sistema de protección social que nos habíamos dejado otorgar, con más ilusión que cabeza, como un obsequio en lugar de algo propio, no hace mucho. El negocio huele rápido la presa y frente a su huracanada voracidad pocos tienen la apetencia de resistir. Precisamente esas demandas, esas urgencias por comenzar a meter primera en los seis nuevecitos hospitales que mamá Estado les había hecho para su enriquecimiento, provocaron que la mala consejera de costumbre modificara mal y pronto el pliego de condiciones. Lo demás es historia conocida: un triunvirato de valientes en la sala 3ª del TSJM mantuvo el caso en sus manos, soportó las presiones de extraños pero, sobre todo, de muchos propios, para que el caso no pasara a un pleno presto a hacer pelillos a la mar portorriqueña, mientras los funcionarios sanitarios iban cicatrizando, mediante protestas y una poderosa estrategia jurídica, todas las heridas abiertas en esta privatización que amenazaba con extenderse por el conjunto del Estado.

Lasquetty3Lasquetty ya es historia, pero nunca fue protagonista de ella. Su nombre sonará de cuando en cuando para recordar un episodio de toda esta serie a la que le restan temporadas y capítulos por doquier. No hay peor tratamiento para una enfermedad que cuando ésta se ignora por su portador, y en muy poco tiempo la ciudadanía española ha dado por hecho derechos con la misma inocencia que deja a los zorros cuidando a las ovejas. Ningún responsable político en el sentido digno del término se toma como afrentas, de manera rabiosa, las decisiones de la mayoría sectorial y social. Es incomprensible. Salvo que tenga más hambre de la que su estómago consiga digerir. Pues ahí está el problema, en todos aquellos que están con el ánimo dispuesto para cebar al siguiente que se suba a la doble tarima, micrófono en ristre, y prometa una retahíla de principios que le saben a nada, que le provocan acidez.

Democracia abortada

Aborto1De la mano del ejecutivo silencioso, que no silenciado, realizamos un atareado viaje en el tiempo para regresar a todas aquellas épocas que, no por remotas, carecen siquiera del exotismo de las modas venidas a menos, de las imágenes cotidianas que, en lugar de nostalgia, nos llenan de ácaros ideológicos, imposibles de ver pero tercos en su afan de producir alergia a la libertad individual y colectiva. Y en esta sucesión de traslados forzosos al pasado de una democracia que aún no conseguía desembarazarse de sus complejos nacional católicos, arribamos a 1985, año en que el derecho a decidir abrió su puerta a modo de plazos y supuestos, manera aplaudible en base al contexto en que se enmarcaba un cambio notable en la anuencia de toma de decisiones fuera del control estatal. El siguiente cuarto de siglo ha transcurrido normalizando social y legislativamente la decisión ciudadana de interrumper de manera voluntaria el embarazo, dentro de unas condiciones y requisitos temporales, hasta alcanzar unos elevados porcentajes de aprobación en cuanto a su regulación y acomodo cotidiano. Como dato incuestionable basta comprobar la cifra de este tipo de intervenciones, que de manera regular ha venido descendiendo en los últimos años, gracias por un lado a la mayor educación sexual en la juventud, así como la utilización cotidiana de los diferentes medios anticonceptivos.

Pero cuando de deslizarnos regresivamente por una arruga político-temporal se refiere, no hay mejor tripulante a bordo que el ministro de justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ese joven viejo que hacía las delicias de un nutrido grupo de socialdemócratas despistados desde el sillón presidencial de la alcaldía de Madrid, tan dicharachero él ante los micrófonos de “Caiga quien Caiga” y formatos similares. No parece del PP, afirmaban aquellos miles que viven sobre el péndulo indefinido de la línea central en lo político y que, con su candidez ideológica, pusieron la primera e inamovible piedra de más de dos décadas de mayorías políticas conservadoras en la capital del Estado y la Comunidad Autonóma que le da cobijo. Pero al derrochador regidor se le quedó corto circunvalar y circunvalar la ciudad, así que optó por umbilicarse en el equipo justiciero de Rajoy, que con mayoría absoluta se está en un plácido estado de gestión, que no así gestando.

Aborto2Resulta burdamente paradójico como se las ingenian aquellos que se catalogan a sí mismos de liberales a la hora de deslindar su voluntad de no ser controlados en lo económico con la misma firmeza con que se obstinan en imponer su pensamiento existencial sobre el resto. Y no hablamos de desarrollar derechos que les resulten de interés, sino en cercenar los mismos a golpe de deberes sobre la voluntad individual y el pensamiento libre, fuera del control gubernamental en cualquier sistema competente en cuanto éste emana de la cesión voluntaria de la libertad inherente a la condición humana con el objeto de poner en común estrategias de protección y desarrollo colectivo, no así de ver impedido el acceso a la toma de decisiones consustanciales al propio ser que no afectan al resto del grupo ciudadano. Un contrato social con letra pequeña es lo que nos ofrece este Ejecutivo acostumbrado a pasar a la firma programas electorales que automáticamente se contradicen con la teoría de los actos propios.

Aborto3La leyenda que acompaña a Gallardón Jr a raíz de una supuesta respuesta de su conservador progenitor, que afirmó en público que si a él lo consideraban de derechas era porque no se habían topado con su vástago, queda certificada precisamente con esa tendencia a haber abandonado paulatinamente las gracejas, la sonrisa de cejas rugonas y el buenrrollismo alcaldil, para convertirse en azote primero de toda la comunidad jurídica del Estado, en un asociacionismo sin precedente de abogados, fiscales, procuradores y jueces frente a una ley de tasas que conculca de facto el acceso a la tutela judicial efectiva, amen de desequilibrar la capacidad de protección de derechos, e instaurarse después en el epicentro de un blanco y negro que desentona con el paisaje, el tiempo, la historia y el sentido de la res pública, temporal y al servicio de la sensibilidad colectiva. Gallardón ha arrebatado competencias a una ministra de sanidad en paradero intelectual desconocido, y ha armado un cuerpo legal a la altura de su miseria ideológica y la de su cohorte, de Roma a Santiago, desde un útero ajeno hasta la satisfacción propia por dejar en el mundo, en su mundo, lo que llaman vida como unidad espiritual en lo universal. La jefatura que maneja al empleado Ruiz-Gallardón ordena que todos tengamos alma desde que un espermatozoide y un óvulo se saluden a lo lejos, y si ese espíritu viene acorazado en carne enferma, dolorida, no habrá ley ni presupuesto de dependencia que arregle el desaguisado moral, más allá de la caridad que ama, irremisiblemente, aquél que no acepta la igualdad, que se abraza a estar un peldaño por encima del mayor número de indig…ciudadanos posibles. No ven el aborto como un trauma, como una decisión personal de extraordinaria responsabilidad dolorida, sino que proyectan su miseria hacia un panorama impostado en el que creen que pululan miles de mujeres que mutilan con gratuidad vida y a otro polvo en polvorosa. Es lo que sucede cuando se gobierna desde la intolerancia que hay tras las murallas, en una suerte de atalaya feudal que sólo abre sus puertas cuatrienalmente para repartir dádivas insolentes que automáticamente se devalúan una vez recuperan el cetro.

Suspenso antes del examen

suspenso1Septiembre no deja de ser antesala mohosa del comienzo real del curso. En esos últimos días, coincidentes con un alumbramiento otoñal que ya no deja hojas pero se empeña en recrear luminosas desbandadas de microondas temperaturas, rabiosas en la algarabía de las estaciones en exilio, no hay libros que desempolvar, mucho menos que forrar para lucirlos, lustrosos, ante camaradas en solfa, prestos de igual manera a hacer lo propio, esto es, germinar la envidia colectiva, de multilanzadera, para desencontrarnos en la sonrisa, en la algarabía de comenzar la época repetida que, no por ello, resulta menos florida. En este caso no; siquiera necesitamos acercarnos a los pupitres, mucho menos ver reposar su material lustroso, en lontananza nuestra desidia, a quienes realmente se examinan a nuestra costa. Estamos suspensos, exiliados, erradicados, abandonados, desterrados y ampliamente mutilados, sin respetar la terminación de huesos y extensiones arteriales o venosas a la hora de amputar cualquier conexión con la vida social, colectiva. Ampliamente deficiente es nuestra valoración individual y colectiva, sin paliativos, sin necesidad de reclamar segundas opiniones, reclamaciones docentes superiores. Antes de desenvainar escuadra y cartabón, anhelos sociales con vitolas de probo ciudadano, poco nos falta para que los barrotes hagan recorrer, con la velocidad del sonido metálico insondable, la antesala del destierro ciudadano.

suspenso2Lo sabemos, estamos conformados de esa pasta muy alejada del adecuado dente conciudadano. De esa manera nos pueden golpear, siquiera a razón de debate proyectivo en lo legislativo, sino a base de mamporro abusón realdecretivo, con silenciosos 10% de hachazo al Pacto de Toledo en forma de cobro a golpe de cama cancerígena, vuelo ultrasónico de becas que trashuman sin ánimo de regresar en la siguiente temporada a visitar el esfuerzo académico juvenil, y así un largo etcétera de extensas puñaladas frente no sólo a sus enemigos de clase sino también a aquellos inocentes cautivos de la fe en que el rico maneja con mayor sabiduría la estrechez que aquél que, siendo de su clase, exhuma desconfianza por alargar del terruño alguna extremidad para invertirla en calamidades de todas las bandas. Y, así, es oir el timbre ruidoso, estridente, que anuncia el fin del recreo, y las ganas de huir son todas unas. Y tantas. Y huimos. Y no hay verja. Y no puede haberla.

A rezar, que son cuatro años

O cuatro décadas, a saber. No contentos con dejarnos exhaustos a diario a base de golpetazos en ambos riñones, los agresores se arrogan el poder sodomita de emitirnos consejos del siglo pasado, del escenario brutalista de los analfabetos creados a conciencia. Ambos órganos, primos hermanos en su vitalidad, reciben mandobles a diestro y siniestro: Por un lado, la violencia principal, la que deja más moratones internos, nos va llegando al ritmo de la destrucción sistemática de la cobertura sanitaria, educativa, social a fin de cuentas de aquello que a la sociedad española le ha costado consolidar de manera, ahora lo sabemos, frágil, de cara a sobrevivir en un escenario falsamente próspero. Desde la vertiente inversa, la sangre se trasluce en la piel más sensible pero, a su vez, menos mortal a nivel colectivo. Sin embargo, estas heridas son las que nuestros maltratadores más se empecinan en mostrar para desviar la atención de la violencia terrible que nos está desangrando, que nos lleva de cabeza a la tumba de la fragmentación social.

TelediarioRezoEn efecto, empecinarse aquellas figuras del Gobierno más débiles en irritar de manera denodada nuestra paciencia, deteriorada de por sí ante la pobreza buscada con la consideración de ejecutar acciones para la mejor administración de las minorías con la apariencia de una acción decisoria en busca de la recuperación de todos, contando electoralmente y a sonrisas forzadas con los desamparados, para el avance sin fisuras de casi nadie, no resulta lógico. Pero es la estrategia más sencilla cuando se aborda un tablero con menos piezas, si bien frente a las más poderosas que parecen pedir tablas en lugar de un jaque que sacrificaría dos reyes en un único movimiento: el del equilibrio de los reales poderes.

Para ese malabarismo de amplia perturbación política, en el que los resistentes de sus privilegios, ajenos a cualquier necesidad o acción real para retornar a la ciudadanía a la que pertenecen, a la que deben sumisión cuatrienal a base de trabajo y sacrificio, boca y oídos, a Rajoy y los suyos no les queda más remedio que acudir o bien a un proceso de inmersión estúpida en forma de goteo, o bien a un sacrificio de dama, en busca de no ver como se rebana el cogote de la pieza mayor, la de la supervivencia de la especie privilegiada. De lo contrario ¿ A qué viene, en tiempos de cólera económica, obstinarse en enervar a los damnificados multitudinarios frente al colapso sanitario, la agresión educativa, el maltrato frente al retroceso de los supuestos de libertad frente a la interrupción del embarazo? Este es el tridente de los casos de amplio espectro, pero se encuentran aderezados por esas salpicaduras que lo manchan todo a base de perlas, a primera vista insustanciales, pero que alteran de tal modo por sus respectivas improcedencias a la opinión pública, y de manera tan regular, que no pueden ocurrir de manera distraida. Parece, por el contrario, que la agenda de actos semanal del ejecutivo estatal debe estar compuesta por la apuesta acerca de la mayor burricalvada que uno de sus miembros deslizará a los medios, alejando así, en la medida de lo posible, del debate público el grueso de las lesiones que nos van impidiendo.

TelediarioRezo2Son éstas muchas, protagonistas de un reportaje de enorme ambición si se pretende ser archivista del disparate; en cualquier caso, no resulta necesario porque de lo contrario se tropezaría con el despiste que, precisamente, esas algaradas pretenden. Los ministros y responsables políticos a cualquier nivel de la administración se encuentran en su innoble capacidad de alzar la voz para que, mientras, repte la miseria entre nuestros tobillos, pero que todos ellos le cojan gusto a la farsa hasta sentar en las cuerdas vocales de los nuevos maniquís del no-do contemporáneo sus proyectos de distracción, algo que resulta insoportable. Sí, ya lo saben, porque eso es lo que les trae discutiendo con familiares y amigos en lugar de continuar planteándonos por qué soportamos un conjunto de leyes electorales, de crédito o administrativas de lo más injustas o desterradas en el panorama democrático internacional. TVE nos animó, de soslayo, a echar unos rezos para sentirnos mas espirituosos que si empináramos el codo con vistas a abandonar a ratitos el panorama sin dioses de pega ni cartón. Lo comentamos con sonrisitas indignadas, entre un café y el silencio. Y a otra cosa. Mientras, los del Consejo apuestan la siguiente canallada, a lo mejor en la capilla de su inmundicia.

De la prima de Rajoy a la de riesgo: Surtido de mentiras visuales de un tiempo a esta parte

Explicar en qué consiste ese temor perpetuo que se cuela en nuestros titulares y agría nuestros desayunos es cosa bien sencilla: En momentos como el actual, en que la balanza de pagos estatal es deficitaria y la economía privada se constriñe como un acordeón reseco, cualquier Estado optaría por devaluar su moneda para ser más competitivo en el mercado exterior. Como sea que nuestra soberanía monetaria ha sido cedida a una entelequia supranacional que baila al son del más opulento, esto es, Alemania, el índice que alerta sobre la salud financiera de áquel o éste país recae sobre la prima de riesgo: la cantidad de deuda pública emitida y el valor en el que se cotiza. Las perspectivas de crecimiento a medio plazo no resultan halagüeñas, menos aún con una estrategia obsesionada en disminuir el déficit público cuando el peso del endeudamiento nacional recae en manos privadas, con lo que la prima de riesgo ha venido manteniendo su nivel de supervivencia gracias a la adquisición masiva de ésta por parte, fundamentalmente en las últimas subastas, de la banca española, que consigue liquidez por parte del BCE (o sea, con los tributos de la ciudadanía comunitaria) a un generoso 1% de interés, cantidades multimillonarias que se dedican a reinvertir en deuda soberana en lugar de hacer fluir el crédito entre empresas y particulares y reactivar la economía real. Pero mientras ésta trampa capitalista, que de libre mercado hace tiempo que no se enorgullece, tiene los días contados por el cierre del caudal monetario de Bruselas, los inversores privados intentan deshacerse masivamente de deuda española en los mercados secundarios al no hallar indicios de crecimiento a medio plazo, con lo que la prima aumenta sin control. Dicho ésto, ¿Se encuentra alguna conexión entre el problema matriz y las soluciones impuestas por el Ejecutivo liderado por Mariano Rajoy?. Mutilaciones improvisadas en la cobertura sanitaria y educativa pública, en las políticas activas de empleo o en el campo de la investigación no parecen ser teclas que enlacen de ninguna manera con el problema real, pero van dejando en manos de unos pocos aquellos sectores sostenidos por el esfuerzo colectivo en las manos privadas de costumbre. El Partido Popular negó, en su última etapa en la oposición, con tenacidad casi desquiciada, que fuera a implantar medidas como las que venimos sufriendo en las últimas semanas. Mientras, se dedicaba a pulir esa técnica tan de los conservadres, consistente en realizar declaraciones con apariencia de rueda de prensa pero sin periodistas delante, o bien con la prohibición de realizar preguntas a la finalización de la respectiva intervención. Ayer, perfeccionó por completo esa estrategia antidemocrática, anunciando un severo recorte de 10000 millones de euros en sanidad y educación por medio de un párrafo encubierto en un comunicado inerte enviado a los medios y, en la tarde de hoy, el Presidente del Gobierno se ha alzado al Olimpo de la irregularidad política al salir disparado de la sesión del Senado hacia el garaje, eludiendo a los profesionales informativos en su propia cara.

Todo esto en sólo 100 días. Demasiado pocos para confiar en un repentino viraje de la situación que haya obligado a las huestes conservadoras a modificar su estrategia de gobernanza. Y es que, hace sólo cuatro meses, éstas eran algunas de las afirmaciones que repetían hasta la extenuación. Diviértanse o, más bien, deprímanse:

El programa de La Sexta, El Intermedio, realizó un brillante monográfico sobre las mentiras centradas en la esclavista Reforma Laboral:

Un surtido de mentiras en technicolor, con la melodía más adecuada:

Y para poner el broche de heces a este largometraje de fraude democrático, les facilitamos el video en el que pueden comprobar como Rajoy ha hecho mutis por el foro senatorial esta tarde. En el segundo 50 observen como una periodista es retirada violentamente de la escena…. del crimen político.

La locura ambulatoria del PP

El Gobierno del PP, a cuenta de alcanzar esos famosos parámetros de déficit público que Alemania exporta y que Europa, preferentemente del sur, acata y persigue, ha entrado en una dinámica paranóica que se onnubila permanentemente en busca de puntos muertos, arrugas espacio-temporales, donde meter la tijera sin que este plano de la realidad se percate. Así, el recorrido de síes y noes, de puntualizaciones y desmentidos sobre informaciones que deben ser matizadas o, acaso, negadas antes de anunciarse mediante impersonal comunicado, convierte al Ejecutivo y sus huestes autonómicas en una amalgama de hacinado psiquiátrico, una especie de monstruo de Frankestein de personalidad múltiple nada más despertar a la vida.

El sujeto de la instantánea superior, José Ignacio Echániz, mantiene la responsabilidad en el área de sanidad del Partido Popular, así como la lideró hace un lustro en el gobierno de la Comunidad de Madrid y, en la actualidad, continúa esa responsabilidad en la Consejería del ramo de la Junta de Castilla-La Mancha. Su madrugadora intervención en el programa En días como hoy, de RNE, ha abierto la veda de una sucesión de manifestaciones públicas por parte de sotas y bastos populares que han desembocado en una conclusión de recovecos dialéctivos nerviosos y exculpatorios sobre otro de los latigos que se nos viene sobre la dolorida piel posterior de forma inmediata. El dirigente popular, tras jugar varias manos con las consabidas cartas marcadas que suponen descargar todas las culpas en nefastas gestiones anteriores como inevitable consecuencia de las desagradables apuestas posteriores, se desmarcó con una estrategia de rancio complejo conservador, afirmando que, más allá de las estrategias que opten por implantar en cada CCAA, lo que resulta indiscutible es que el común de la ciudadanía no tiene porque pagarle las medicinas a personas como Emilio Botín. Extraña argumentación para eludir cuestiones más que directas acerca de la implantación de inmediatos repagos sanitarios, cargando culpas sobre un adalid de los suyos. En realidad, un dramatismo populista innecesario; el derecho a una sanidad pública y universal deriva de la responsabilidad fiscal del total ciudadano y, de este modo, el Presidente del Banco Santander tiene tanto derecho a recibir tratamiento y fármacos prescritos como cualquier otro residente en el Estado Español, siempre y cuando sea escrupuloso con la responsabilidad tributaria derivada de sus correspondientes rendimientos de trabajo y capital. Es más, de la rectitud fiscal de personajes como el denostado por Echániz dependen sus píldoras y las de unos cuantos más que, por múltiples circunstancias de índole social, laboral o económica no aportan reembolso pecuniario a las arcas estatales. Estos conceptos, solidaridad y progresividad, marcan las columnas gemelas de un Estado Social sano. Pero no, para el monstruo esquizofrénico de siete lenguas popular el sistema público de salud actual es insostenible. Y, a partir de ahí, las soluciones a ese axioma las iremos conociendo como la de los cotilleos en las revistas del corazón: leyendo desmentidos entre líneas.

A media mañana, el Ministro de Economía, Luis de Guindos, realizó una aparición traicionera ahondando sobre los conceptos defendidos por su compañero de filas: de co(re)pago, nada de nada, necesidad de nuevas respuestas para el sostenimiento de los servicios públicos esenciales y posibilidad de un aporte adicional por parte de aquellas rentas superiores a los 96.000 euros anuales. Contando con que únicamente el 1,2% de la población cuenta con ingresos laborales tan fabulosos, no parece que esa potencial recaudación extraordinaria resulte suficiente para cicatrizar la herida sanitaria nacional. Y eso es lo que debió también pensar Carlos Floriano, secretario de organización del PP, después de resolver con enjundia contable la regla de tres planteada por De Guindos, pues no tardó en salir a la palestra para desdecir al jefe de lo económico y atribuir sus afirmaciones a una supuesta “reflexión personal”. Calla, calla, que esta historia la conocemos. Es el mismo sendero que se sigue para anunciar un fichaje balompédico de relumbrón y, efectivamente, a media tarde la nueva voz anunciadora se transmutó en un discreto folio enviado a los medios de comunicación, recogiendo inmediatos recortes en Sanidad y Educación por un montante aproximado de 10.000 millones de euros, todo con el inexcusable propósito germáni… nacional de ahondar en el obligatorio adelgazamiento del déficit público durante el presente ejercicio. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿En qué hospital o escuela comienza la prueba piloto de régimen presupuestario? Una incógnita. El comunicado inerte (un paso de evolutivo desprecio democrático tras las ruedas de prensa sin turno de preguntas) establece una irresponsable estrategia de lugares comunes, basada en la falsaria oda a la racionalización, eliminación de duplicidades y eficiencia en la gestión (privatización dixit). Sería conveniente que el PP tomara nota de su propia medicina caducada, y no malgastara opiniones multilaterales por parte de sus miembros, todas ellas presuntamente desenfocadas. Parece, por tanto, que la formación conservadora se ha convertido en una especie de psiquiátrico desbordado de opiniones enfermas, alocadas, que gustan de la alocución irreflexiva en lugar del sano análisis de sus propias estrategias políticas. O, quizás, se encuentren todos bajo agresiva medicación sedante y actúen como desquiciados gestores de un ambulatorio en ruinas. Tal y como el que visitamos cotidianamente, ése que ahora puede ser víctima de medidas privatizadoras que todo lo sanan, que todo lo ajustician.