Diaz abrumadorez

Tras varios diaz deshojando las margaritaz, Susana se ha dado cuenta que no tiene un ratón chiquitín, sino un roedor con los caninos afiladísimos que le espera con el lomo erizado justo al cruzar la frontera de Despeñaperros. Claro, con esas amenazas en lontananza, las hojas no tardarían en arrugarse al sol que ya comienza a desplegar sus rayos por la tierra andaluza, y Susana Diaz, tras ídem abrumadorez, con la presión de un partido desquiciado que sabe que quien controla la delegación sureña domina la elección a Secretario General vista la desbandada en la federación catalana, parece haber sido consciente de sus limitaciones a corto plazo. Por mucho Griñán, mucho Guerra, mucho Chavez y, sobre todo, demasiadas sugerencias González por radio, mar y televisión, ha recogido velas y, de Palos a Sevilla, ha puesto rumbo a custodiar sus riquezas, presupuestadas en diez puntos de rentabilidad obtenidas de manera indirecta, sin sangre, en las pasadas elecciones europeas a nivel interfronterizo.

SusanaDiaz1Es lo normal. Resultaría extraordinario, de una imprudencia propia de equilibrista, poco fértil en en las franjas de los grandes partidos, que un líder de volumen moderado, incipiente en su presencia pero con los hechos encapotados bajo los interrogantes, se aventure a saltar sin red antes de haberse amoldado a la flexibilidad del suelo elástico sobre el que suelen avanzar, habitualmente con ánimo vertical, a diferencia de la horizontalidad del resto de mortales. Aquí no hay triunfos, ya que ni siquiera el PSOE permite, con toda su mercadotecnia de primarias potenciales, del éxito antes de la apuesta, irrumpir al foro sin haber maniatado, paradójicamente, el aplauso colectivo con el volumen que se exige a sí mismo. Ante este panorama, Susana Díaz es rosa sin petalos maduros aún, y parece mantener a su albur los confidentes necesarios para no dejarse seducir por un liderazgo rodeado por cadáveres a todos lados del campo de batalla.

SusanaDiaz2Con la retirada del epicentro electoral por parte de quien parece construir su casa por el tejado más robusto de esa edificación socialdemócrata plagada de aluminosis democrática, se abre de par en par el panorama de la discordia controlada entre la ambición y la codicia; es hora de repartirse la fama de los restos, las sobras templadas, antes de que se convierta en putrefacción gélida, sin capacidad para nutrir aunque sepa y huela como sangre seca, dentro de un puño plagado de espinas impedido, rígido. Eduardo Madina, Pedro Sánchez y la candidatura folclórica de turno (Pérez Tapias y la Izquierda Socialista, tan llamativos en el anonimato, como si la izquierda dentro del centro se multiplicara al bramar, silenciándose al cohabitar en un rincón sin luz), se pliegan a sí mismos, se retroalimentan en la soledad de las alturas, ajenos a la exigencia de la militancia en desbandada que, casi despidiéndose, reclama para quedarse al postre que se pague a escote. Pero ni por esas, ellos se lo guisan y el plato, mohoso, tiene destino a la basura a la izquierda de las urnas; el delfín de Rubalcaba parece entender que diferenciarse, que la fórmula para hacer notorio su actual anonimato, supone una rebelión contenida pidiendo libertad de voto (el suyo, a lo sumo) para evitar abdicar al Borbón que ya se ha ido. Madina, por su parte, quiere el camino despejado del Congreso hasta el infinito, y poco más allá. Ser líderes es lo suyo, que de criticar la democracia de otras formaciones ya se encarga el departamento de comunicación y marketing correspondiente. Menos mal que para sus globales intereses, esas margaritas deshojadas no pueden ser podadas, o no hasta la raíz ya que la savia socialdemócrata parecer poseer los nutrientes indispensables para evitar a corto plazo el secano absoluto, y con eso ya se abonan de contentos.

La Corona sale al rescate del bipartidismo

AbdicacionRey1El Jefe del Estado se ha apuntado a la renovación, con sorpresa mayúscula para el conjunto de la ciudadanía pero a través de un pacto alineado con el Partido Popular y el Partido Socialista, protagonistas centrales del teatrillo que hoy estamos presenciando y que vienen dirimiendo desde principios de años para, juntos y revueltos, apuntalar sus comunes intereses en busca de la supervivencia en esta transición que desde las diez y media de la mañana ha comenzado. Y hablamos de renovación con la impostura que no tiene siquiera que presuponerse frente a situaciones del calado histórico que hoy se enraiza con el pulso de la ciudadanía, un latido efectivamente renovador, sin trampa ni Borbón, que viene exigiendo en mayor número, con un estimulante alarido exponencial, reclamar su liderato para aprovisionar el invierno socioeconómico que tanto escalofrío le viene provocando.

Mucho se ha comentado en los últimos años, fundamentalmente a raiz de la pérdida de respaldo ciudadano de la monarquía y sus elementos humanos, nada vigorosos en su intento biológico de aproximarse a la infalibilidad de postín, rodeada en su protección de trampas constitucionales bien puntiagudas, acerca del contenido normativo del Título II de la Constitución, su escaso desarrollo desde el vientre de la Carta Magna hacia el resto del ordenamiento jurídico, huérfano de una Ley Orgánica que hubiera dado contenido detallado a una Jefatura del Estado ya lesionada por su lejanía electiva, por su ausencia de respaldo certificado en tanto en cuanto levanta sus murallas desde un referendum global para aprobar un texto constitucional que a ver quien era el guapo que le hacía pestes con la polvora todavía humeante, presta a recargar tambores y apuntar a dar. Precisamente, una Ley Orgánica que ahora parece hacer acto de presencia como un fantasma corpóreo, que ha tejido sus sábanas desde el silencio de palacio con la misma celeridad que el bipartidismo imprimió a la reforma del artículo 135 del texto constitucional, y que mañana hará acto de presencia con el beneplácito de dos formaciones políticas, otrora mayoritarias, hoy con padecimiento de mengua representativa.

AbdicacionRey2La defensa a ultranza del equilibrio regio que aparecen en estas primeras horas de despedida juancarlista resuena a inmovilismo de segunda generación, atando y bien atando entre el poder que se siente desorientado tras su golpetazo del pasado domingo y el guia en decadencia un futuro que no les interesa si es el más propicio a medio plazo para el conjunto de la sociedad española, sino el de armazón con mayor refuerzo para sus respectivas supervivencias. De entre el articulado del mencionado Título II (antesala de los padrastros constitucionales en un curso avanzado de cómo autogestionar el poder eterno, recubriéndolo del espeso barniz que otorga el artículo 168 y su reforma agravada) sí hay un apartado que permite de manera automática demostrar a Felipe de Borbón definirse como el demócrata que su barrera de contención afirma que es: A través del artículo 62 c), nada más colgarse el cetro si los acontecimientos no le superan antes, puede convocar a referéndum en los casos previstos en la Carta Magna. Evidentemente, la decisión no resulta automática, ya que todos los actos que ejecuta la jefatura del Estado son actos debidos salvo un par de lindezas autopresupuestarias, pero sí le imbuye de legitimidad para, nuevamente, sostenerse en sus bastones partidistas, a derecha y izquierda, e impulsar el interrogante hacia la acera. Claro está que por vía del artículo 57.5 (Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica) le queda más a mano, pero algo nos dice que esa norma que mañana va a desempolvar el bipartidismo, cocinada desde el primer trimestre, no va a ser muy preguntona.

AbdicacionRey3No obstante todo esto, no nos llevemos a engaño. La virtud prestidigitadora de la política que se derrite, la que sale tan poco a la calle que no resfría su capacidad manipulativa desde las alturas, habrá calibrado el ruido y entenderá que el fuego controlado será disparado con un debate monarquía-república inerte en el contenido, efectista como estrategia de despiste. Y, además, no se puede excluir en el análisis del interrogante de los plazos que Alfredo Pérez Rubalcaba está pero se viene yendo, y es la tercera piedra de estos Pactos de la Zarzuela necesarios (salvo que la fecha fuera aplazada hasta que Juan Carlos viera como monarca alzar al Real Madrid la décima, que cuestiones mas disparatadas emergen en el anecdotario historiográfico) para ese segundo encuentro normativo veloz y con el refuerzo cuantitativo imprescindible en las Cortes Generales que permitirán nuevamente imponer en silencio sus cábalas. Un alto porcentaje de la afiliación socialdemócrata no aplaude con tanta vehemencia estos chanchullos contrarios a uno de los espíritus básicos en la estructura sociopolítica que plantea su razón de ser, así que este triunvirato se las componía hoy o nunca. Y a Craso ya no le daban más cuartelillo.

Resultaría, por tanto, estremecedor que este artificio nuble la marejada que necesita entrar a puerto. La sociedad española viene reclamando ser cuestionada pero no como delegada, sino como protagonista del curso de su historia, siendo ésta la que lideran sus grupos ciudadanos con las renovaciones que la finitud vital impone a la raza humana. Hoy toca aprovechar este apaño fáctico para convertirlo en la legítima reclamación de como dar el giro que en mayoría nos propongamos. Mañana mismo tiene que ser la transición que le corresponde a nuestra generación.

 

Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

Crónicas del rey cazado

Viendo esta imagen de juventud, un tiempo antes de haber siquiera recibido la corona preconstitucional, nadie puede afirmar que le coja de nuevas las aficiones francotiradoras del Jefe del Estado. Otra cosa es que, en un país que ha mantenido, con mínimos altibajos, un crecimiento económico al que ha accedido grandes bolsas ciudadanas, es hasta entendible que las cosas de Corte sólo interesen cuando rezuman perfume aristocrático. Aquella rumorología maledicente, producto de rencorosos excluídos de la fiesta de la democracia por voluntad propia, que aseguraban filias monárquicas algo más truculentas de las que aparecían en asépticas portadas plagadas de glamour, eran obviadas sobre patines invernales, regatas de estival campechanía, así como bodas, bautizos y comuniones salteados con chascarrillos regios que despertaban la risotada cómplice, la admiración por todo aquello que Zarzuela exportaba de una España que era admiración internacional. La leyenda de amores silenciados por cómodos pagarés sine die, osos ajusticiados debido a sus problemas de onmívora alcoholemia y escapadas nocturnas a dos ruedas, como un angel vengador que deface entuertos a la misma velocidad que patina en sinuosas curvas sin estrellas, sólo encontraban espacio en publicaciones de sátira nada costumbrista o, peor aún, en esas páginas de reducida lectura, sólo toleradas por estómagos rencorosos, malas bestias que no podían aceptar que en Iberia, por fin, reinaba la paz de los hombres y el optimismo de los dioses.

El 14 de abril de 2012, quien lo iba a decir, transcurrió como el aniversario menos republicano de nuestra historia, sin saber que esa fecha podrá ser recordada, en no mucho tiempo, como el día en que la monarquía comenzó a desangrarse, malherida, por un disparo informativo penosamente cubierto. En menos de 24 horas todo ese escudo protector, ese chaleco antibalas periodístico que rodea La Zarzuela, trasluce enormes agujeros de gruyere, por el que no sólo se están colando críticas esperadas, sino desafecciones más que sorprendentes.

En ese sentido, es altamente recomendable la columna de alguien de nula sospecha antimonárquica, todo lo contrario, como es José Antonio Zarzalejos, quien hace hoy un repaso en El Confidencial de todas aquellas desventuras que están llevando a la Jefatura del Estado y su incontrolada prole a verse cerca de necesidades de abdicación, nada menos. Demasiados disparos y escándalos en los que mete el dedo hasta la cadera regia, hablando muy alto sobre la absoluta ruptura del matrimonio real y la existencia pública de consorte sin corona en viajes y actos oficiales que, por supuesto, no aparecen en la portada de la revista de popular saludo.

Zarzalejos afirma, en una incontinencia narrativa impropia de su mesura conservadora hacia la realeza, que la reina está triste, qué le pasa a la reina: ni más ni menos que haber sido culpabilizada por su marido de la pérdida de prestigio de la institución, sobre todo por lo que considera matrimonios imperfectos de sus vástagos. Esto demuestra la poca capacidad autocrítica de nuestra primera institución, lo que ha provocado el distanciamiento hasta geográfico de la pareja real. Sofía, en efecto, parece estar más tiempo en Londres con su hermano que atendiendo sus responsabilidades locales y, claro, sin la cabeza de familia, el clan se despendola.

Columnas situadas habitualmente a la derecha de la página han seguido a lo largo del día atizando a su otrora referencia institucional, salvando por supuesto la quinta columna del ABCedario. ¿Supone concluir que la Casa Real ya no posee la fortaleza para gestionar la opinión de una parte del periodismo nacional? Evidentemente, si resulta inútil matar mosquitos a cañonazos, es repugnante acribillar elefantes a escasos metros por perversa diversión. Lo segundo es indefendible, escandaloso, excéntrico en lo pecuniario, doloroso en lo institucional. Pero lo primero, con el bloqueo y eliminación de la web en la que se encontraba la instantánea de un paquidermo ajusticiado tras dos sonrientes matarifes, es propio de gabinetes decimonónicos: desde Zarzuela no parecen haber renovado sus conocimientos acerca del funcionamiento de la información en estos días; secuestrar una publicación o trasladar unas cuantas recomendaciones a los directores de las principales cabeceras no impide que la interacción digital siga su propio camino, forme la corriente de opinión que mañana demandará explicaciones y cambios.

En estas veinticuatro horas de tambaleo monárquico, ande o no ande, con muletas o sin ellas, quien debe sufrir un mayor desconcierto decepcionante es la inmensa colectividad de simpatizantes socialdemócratas españoles. Habiendo asumido que se puede participar en un partido republicano sin serlo, que la monarquía ha traído estabilidad al país, que se es, en realidad, juancarlista como un mal pasajero… habiendo asumido todo eso durante tres décadas la sensación de repugnancia ayer habrá sido mayoritaria entre sus filas, pero hoy han tenido que levantarse y comprobar que sus principales líderes han decidido ejercer de mudos domingueros, evitando pronunciarse sobre esta sucia actualidad (salvo la excepción nada sorprendente de Tomás Gómez). Ya dirá algo Rubalcaba a la hora del Telediario, pensarían camino del kiosco o encendiendo el ordenador para empaparse de la línea de su medio de cabecera. Pues nada, la editorial de El País, como si quieres arroz, Catalina. Miguel González, por su parte, habla de un mal tropiezo, una cosita en plan resumen de los descuidos públicos de la tribu borbónica, pero evitando caer en la reprimenda ó el fino enseñamiento. Ya se sabe, a elefante abatido todo son pulgas. Y, por ahí, llegó el tercer disgusto del progresista moderado esta mañana, que si tecleó sin querer la dirección de El Mundo, habráse visto sorprendido por un cambio de cromos en las orientaciones de cabecera. El ídem al revés; ya nadie sabe quien protege al general para que huya y se ponga a buen recaudo, lejos del campo de batalla. Debe ser que la infantería ha sido machacada, peor aún, que los restos de la soldadesca estilográfica baten en retirada. Toca al rey mantener el rifle desempolvado y proteger, desde su solitaria loma, la corona con espinas.

Las victorias derrotadas

Con cierto retraso sobre el horario previsto, y tras varios (y supuestos, nunca confirmados) recuentos sobre la línea de gol, las escasas mil papeletas delegadas entregaron la victoria en el 38º Congreso del PSOE a Alfredo Pérez Rubalcaba por veintidós voluntades de diferencia. Desde la tarde de ayer, con los teléfonos compromisorarios haciendo bip bip sin parar, bajo recomendaciones varias con nocturnidad y simpatía, era bien sabido que el sprint se decidiría con foto finish, pero ahora cabe preguntarse qué premio lleva aparejado el triunfo. En definitiva, cómo se reparten los restos del naufragio.

Cualquier individuo familiarizado con el mundo de las apuestas no hubiera tenido dudas a la hora de realizar su pronóstico con semanas de antelación: un fijo al último candidato a la Presidencia del Gobierno por la formación socialdemócrata. Y es que no ha sido este Congreso un ejemplo de renovación necesaria, tal y como se habría supuesto tras la debacle electoral de noviembre; en lugar de presenciar valientes pasos al frente, plenos de energía y voluntades recicladoras, las familias de la rosa y el puño, desgastadas institucionalmente de norte a sur, prefirieron recoger vela y lanzar tímidamente sus batallas tras los rostros de dos compañeros bien conocidos, con amplio recorrido. Y en esa ruta, Rubalcaba se las sabe todas. Estamos ante un ministro de clase media en el entramado felipista, capaz de sobrevivir en la travesía en el desierto que supuso el liderazgo despistado de Joaquín Almunia, reverdercer con fuerza en el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero y, finalmente, capitanear la nave varada socialista en sus contradicciones acción de gobierno vs promesas electorales. Ante un rival que se presentaba en el ring con las mismas heridas de guerra que su oponente, sin capacidad para librarse de la responsabilidad gestora de los últimos siete años de gobierno, estaba relativamente claro que no había que esperar a un triunfo a los puntos, aunque así lo pareciera visto el ajustado escrutinio.

Estamos frente a la primera ocasión en la que el PSOE, a lo largo de su travesía en período democrático, enfrenta un Congreso tras caer derrotado en los comicios sin esperanza de cambio en su devenir dirigente e ideológico. Sorprende más aún cuando lo sufrido a finales del año pasado fue una auténtica debacle que escalofrió sus cimientos plagados de aluminosis previa, de gobernanza sin rumbo valiente. Lo de hoy es una victoria hueca, auspiciada por unos para repartirse las sobras de una merendola mohosa que no da para todos. Seguramente por eso nadie ha prestado atención a posibles discursos con contenido reformador; de haber ocurrido, el sonrojo en la tez de ambos candidatos habría competido en luminosidad con el rojo de la cartelería socialdemócrata de fondo.

Esta durísima etapa de crisis económica e institucional que azota, particularmente, a nuestro país tiene visos de perpetuarse en septenio de vacas pero que muy flacas. Las dos principales formaciones políticas nacionales se autocomplacen en su estudiada resistencia canovista, es decir, se han dado cuenta (mucho no han tardado en hacerlo) que no deben complicarse demasiado para obtener una confortable existencia año sí, año también. La alternancia en política, ese término tan salivado por los que ganan y pierden armónicamente, les ha hecho ver que es mejor guardar las dagas y pelear, a lo sumo, con espadas de madera. Hoy el PSOE le ha otorgado la vara de mando a quien no tiene nada que ofrecer de cara a las necesarias soluciones que demanda una sociedad empobrecida. Mientras, en el Palacio de La Moncloa, descansa aquel que tras dos derrotas consiguió el objetivo de su corporación. Se le ve poco, pero el asunto del desempleo de los suyos lo va resolviendo eficazmente. Ahí acaban sus universos y empieza nuestra miseria.

No por obvias duelen menos

Alfredo Pérez Rubalcaba afirmaba hoy, en su línea de adulación global a todo lo que le huela a voto rescatable, que el concepto puro de endeudamiento no es consustancial a una posición política de izquierdas. A medias; la capacidad de solicitar crédito desde la Administración Pública para poder cumplir con la cobertura suficiente de los servicios esenciales se encuentra (o encontraba) a la disposición de cualquier responsable político. A partir de ahí, la experiencia ejecutiva de este instrumento nos demuestra que su uso ha derivado hacia intenciones electoralistas más que utilitaristas. Durante treinta años, muchas Comunidades Autonómas y corporaciones locales han ido esquilmando sus respectivas carteras al mismo ritmo que la oferta de servicio público ha ido deteriorándose o disminuyendo, sin respuesta clara; es cierto que las prestaciones fueron mejorando o aumentándose, pero al mismo ritmo que la capacidad recaudatoria de la Hacienda, adaptando la riqueza de nuestra calidad ciudadana con la modernización y avance del país. Difícil sería encontrar el momento exacto en que se quiebra esta obviedad necesaria. Lo que sí parece cierto es que determinados dirigentes autonómicos encuentran en la asunción de cierto nivel competencial y su absoluto control el nivel de gastroenteritis extremo como para percibir que ya pueden poner en marcha su sal de frutas particular contra el Estado Social. Mientras su avaricia mediática no ha parecido tener fin, recibiendo cuantos grandes eventos fueran necesarios, cuantas obras faraónicas con ausencia de valor les permitiera el ego propio y la adulación ajena, su nivel de endeudamiento sobrepasaba la razón propia de una gestoría razonable. ¿Soberbia estupidez u operación calculada a medio plazo? Depende de lo estúpidos que consideren a los ciudadanos.

Más de tres décadas hemos convivido en una economía de mercado pero, incomprensiblemente, políticos de orientación conservadora han poblado la estructura administrativa con sociedades anónimas de accionariado exclusivamente público, rebosantes éstas de la parentela que se ha convertido en casta, incapaz de asumir el sentido del esfuerzo laboral y creando una telaraña dispuesta a enriquecer a algunos sin competir en ese sistema que sin trampas, sin saltarse algunas reglas,no da frutos inmediatos. No era difícil asumir que, a la mínima crisis en el horizonte, la improductividad financiada iba a arrasar con el espejismo que proyectaba cifras monas. A partir de ahí, entenderíamos entonces que la irresponsabilidad disfrutaría de alguna revelación inmediata y los mismos que la habían liado volverían tras sus pasos, salvando los muebles que dan lustre a las principales estancias de este país nuestro. Nanai. Acerquense a sus instituciones públicas más cercanas y buceen en la red de empresas que no son pero están de mano de los que ustedes saben. Y, mientras, el verano va desgranando la, nos dicen, irremediable acción correctora de esta hecatombe presupuestaria consecuencia de malvados especuladores de rostro invisible. Ambulatorios cerrados, plazas de guarderías canceladas, dotaciones educativas al nivel de la limosna correctora… pero dispónganse a soportar algún que otro proyecto de megalomanía para loor del Presidente de turno en próximas fechas, esas nunca faltan: auditorios, líneas de tren calavéricas, grandes avenidas con denominaciones familiares. Para empezar, las vallas publicitarias comenzarán a poblarse de los rostros barbudos conocidos en un par de semanas, con su correspondiente coste, como si ya no tuviéramos la desgracia de conocer sus intestinos.

Es llegar la ruina absoluta que hasta nuestros vecinos nos la compran como el amiguito potentado de infancia que te surtía de golosinas, salvo que tenemos los dientes podridos de caries. Y, claro, los faraones no están muy acostumbrados a vivir en corralas, así que es pasar estrecheces y asumirlas en propuestas propias de la inutilidad saciada. Que si un repago sanitario por aquí, que si no tendremos de nada pero si unos cuantos millones para mantener la concertación educativa en lugar de una inversión en el crecimiento de la docencia pública, etc. Lo indispensable lo convierten en lujo asiático, y lo prescindible en fundamental para el sostenimiento de su ego como nueva clase social dominante y apisonante.

Cautivo y desarmado el Estado Social, no hay mejor momento para autolimitar el gasto público desde la perspectiva de los que han derrochado el pasado y la mínima esperanza futura. Esto nos conduce a más obviedades dolorosas, como presenciar la celeridad que son capaces de coordinar las dos principales formaciones nacionales para activar el mecanismo de reforma constitucional con la misma marcha que han utilizado al unísono para despreciar exigencias de modificación de la Carta Magna so pretexto de su necesidad reflexiva a medio plazo. ¿Dónde ha quedado entonces ese indispensable tiempo de meditación? No se preocupen, ya lo han sufrido otros por ellos, desde Berlín a Bruselas.

Revisar una Constitución a la que le han salido canas es una obligación que han obviado las dos principales fuerzas políticas, las únicas con capacidad bicameral para ejercer la iniciativa reformista y la honradez consensual a la hora de pactar una auténtica Transición 2.0. No sólo han vivido de espaldas a la realidad de los millones de ciudadanos que no entienden la realidad nacional con el mismo tono, sino que generan una desvergüenza entre chulesca y bobalicona al explicarnos desde su prisma la necesidad de reforma constitucional que estamos padeciendo. La representación política comprometida con la evolución, desarrollo y mejora del Estado Social no dudará un ápice en abrir líneas de financiación de cara a mantener el ritmo de crecimiento y evolución de los derechos y servicios prioritarios. En este sentido, habitualmente el endeudamiento se ha asimilado a políticas de izquierda… en nuestras coordenadas. No es extraño encontrar planteamientos así en formaciones conservadoras a lo largo y ancho del norte de Europa, donde el artículo 1 de nuestra Carta Magna es realidad incontestable, no únicamente una cabecera vistosa. En España, el endeudamiento ha sido llave maestra para la malversación social y, actualmente, alcohol y esparadrapos para sanar el acuchillamiento múltiple que ha sufrido nuestra precaria cobertura social.

Extraigamos las únicas conclusiones positivas para los intereses generales, juguemos con sus mismas cartas marcadas: si una altura de miras política puede consensuar una reforma constitucional en cuatro tardes no estaría mal que mantuvieran viva esa llama notoria de mimetismo a medio plazo e hicieran lo propio para expandir la capacidad de toma de decisiones a una amplia mayoría de la representación ciudadana; para empezar, una reforma de la legislación orgánica en materia electoral no estaría mal…

Crónica de un adelanto anunciado

Qué poca emoción transmite una noticia del calibre que se supone a un adelanto electoral nacional cuando éste es un secreto a voces desde hace meses. Aunque el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha negado en redondo a confirmar siquiera el planteamiento de este extremo desde los recientes comicios locales y autonómicos, lo cierto es que el PSOE era consciente hace muchas jornadas que el Campeonato se le estaba escapando del terreno arenoso en que zigzaguea la política. El anuncio que ha trasladado el Jefe del Ejecutivo esta mañana trae perdida la principal baza que se le supone: el efecto sorpresa para desarbolar al contrario y recortar terreno en la carrera de obstáculos que le espera a un especialista en velocidad lisa como es Alfredo P. Rubalcaba. No es que el adelanto se sospechara, es que la fecha definitiva de celebración de los comicios al Congreso de Los Diputados y al Senado (20 de noviembre) se especulaba firmemente días atrás en los principales medios de comunicación. De este modo, el Partido Popular ha tenido tiempo para aprovecharse del tirón del contricante y, sin excesivo esfuerzo, mantener su todavía holgada ventaja en carrera.

Establecer la fecha definitiva de las próximas elecciones generales el  próximo 20 de noviembre, fecha de infausto tufo dictatorial aunque pueda también verse como el día 1 del cambio que nos ha traído hasta aquí, suena a riesgo calculado: Si bien la sensación espontánea que nos aparece sustenta un margen apurado para confiar en un volteo radical de lo que a día de hoy exponen las encuestas sobre intención de voto, no hay que desdeñar el escenario soportable que vive actualmente la formación de Ferraz, con un candidato disfrutando de su efecto novedad (qué mal estamos si un sujeto que ha mantenido importantes y longevas responsabilidades de gobierno se presenta como alternativa innovadora, extremo extrapolable a ambos líderes en la terna a máximo responsable político del Estado), unas previsiones de descenso del paro propias de la temporada estival y, sobre todo, un margen temporal exacto para eludir el previsible enmarañamiento de las redes de pesca de esos mercados hambrientos y crueles que tanto pavor producen a los gobiernos cobardes.

Efectivamente, sostener la legislatura hasta su efectivo cumplimiento supone arriesgar el encontronazo de bruces con una valla solitaria en medio de la carrera, una de ésas en forma de intervención especulativa, crecimiento abrupto de la tasa de desempleo tras la orgía navideña y vuelta al resacón de los días de currículums y negativas ó, aún peor, desgaste apresurado del antifaz que cubre el rostro de la vieja era. Agosto es un mes muerto en el sentido de las ideas; éstas se reblandecen y encallan al sol que, cada día más, calienta y tuesta. Por lo tanto, 30 días ya se han consumido para gestionar las energías disponibles. En unos escasos dos meses y medio, Rubalcaba debe aniquilar el descontesto global que ha generado la sobreexposición de las radiaciones capitalistas sobre nuestras indefensas pieles e irradiar aptitudes que se le suponen, se le conocen, pero también se le temen. Por su parte, Mariano Rajoy no tiene más remedio que aprender a convivir nuevamente con el patíbulo de las apariciones públicas, incapacitado como estará para escapar a la francesa de filias, fobias, corruptelas y falta de respuesta a un futuro que, aunque se le antoja suyo, es tan abstracto como la incomprensión que siempre le ha corroído desde el escalafón de eterno perdedor.

Y a todas estas, ¿cual es el plazo que manejamos todos aquellos que venimos abogando por cambios estructurales en la composición política y espiritual de nuestras instituciones? Pues más bien poco, ya que todas aquellas proposiciones que se vienen perfilando desde los pasados comicios locales y autonómicos no tendrán reflejo en novedades, por insignificantes que éstas fueran, dentro del nuevo circo electoral que se lanza sobre nuestra responsabilidad cívica. No obstante, a pesar de volver a padecer una injusta normativa de reparto electoral, el 20-N (cómo espeluzna escribir esa fecha para tratar un asunto relacionado con la dignidad democrática) no debemos olvidar que hay variadas papeletas en la mesa electoral; en ellas se encierra la diversidad de nuestras exigencias, de los heterogéneos reclamos. Ante la desidia y la resignación, nada mejor que emplear un tiempo extra de este tiempo que no nos sobra con el objeto de madurar nuestra elección en una onomástica que, en lugar de retrotraernos a la mullida desaparición de un ogro infame, puede ser recordada como el primer día de una nueva democracia.