Perdemos

Perdemos1La potencial ilusión que pueda generarse ante el partido electoral de vuelta y vuelta que se avecina en los próximos meses, desde la aparición de Podemos, Ganemos y cuantas propuestas políticas de denominación positiva se formen, se trastabillea ante la realidad de que el panorama-país que continuamos amasando únicamente parece conducirnos, a partir de la imagen en 360 grados que nos empeñamos en tomar, a la conclusión de que la sociedad española se empeña en evacuar una suerte de Perdemos más allá del resultado de los comicios. Elementos más que aparentes nos invitan a carecer de la confianza tuerta de los esperanzados perennes, toda vez que de derecha a izquierda, si alguien se atreve a definirse sin pudor en algún punto iluminado de este mapa político tenue, continúan asomando desde la impúdica reiteración de los malabares electoralistas de turno hasta el deja vu de estrategias ochenteras, en versión beta, para que la batalla siga igual. Con más siglas, pero sobre cemento fresco.

Perdemos2Este Estado castellano-parlante a la orilla derecha del Atlántico no puede tomarse en serio con actuaciones neocolonialistas de corte burricalvo. Si el asomo del ridículo se advertía en el comienzo de la pasada Cumbre de las Américas, con dos de sus ex presidentes firmando un manifiesto favorable a intereses privados para con la República de Venezuela, la votación en similares términos realizado en la Cámara Alta nacional reclamando la liberación de presos en ese país resulta el colmo del descrédito. ¿Se imaginan sufrir similar aberración desde Congresos extranjeros? La soberanía nacional mancillada, poniendo en cuestión la legitimidad de la democracia local, resulta intolerable para cualquier nación digna. Y Venezuela, salvo que las reglas del juego hayan sido modificadas en medio del partido, es un sistema democrático representativo, así validado por todo tipo de organismos internacionales rigurosos. ¿Detención de delincuentes o de opositores? La justicia es quien lo dilucida, en virtud de la separación de poderes. ¿régimen o dictadura? Repetir calificaciones que no se ajustan a la verdad no modifican la misma, pero la distorsionan en el entendimiento común de miles de ciudadanos. ¿Aversión a un país democrático mientras se modifica la normativa penal para evitar la justicia universal a delincuentes extranjeros de potencias a respetar? Mascarada de país de tercera. ¿Negocios y abrazos con sátrapas y sus naciones, líderes en opacidad jurídica, pena de muerte, torturas y tiranía? Reglas del juego a la inversa.

Perdemos3La esperanza por obtener el brote democrático a este juego encasillado que resulta la política-comercial de bajo standing pareció asomar a través de la formación liderada por Pablo Iglesias y su eclosión en los pasados comicios europeos. Pero, de la misma manera que su ideología o principios se han ido ensombreciendo al ritmo que aumentaba la expectativa electoral vía encuestas, el rigor ha dejado paso a esa manera tradicional de hacer política a ritmo de hitos con flash a la vista. Ayer tocó regalar un pack de Juego de Tronos al monarca de turno, como una graceja que viste al líder pero no aporta ni una clave de gobernabilidad. Ah, y de concreción en materias ejecutivas, desde la políticas más generales hasta aquellas cuestiones tan peregrinas como si por monarquía o república debemos comenzar a poner las tejas, no esperen novedades hasta que las butacas se ocupen y la iluminación baje unos grados.

Perdemos4Y es que en España no queremos saber la verdad porque no estamos preparados para conocerla. Cristóbal Montoro bien lo detecta, ya que cuando se es capaz de empujar por el acantilado de la inseguridad jurídica y tributaria a un país que se dice serio aprobando amnistías fiscales opacas, lo de proteger a amigos y dejar al descubierto a oponentes supone un mínimo regate a tres cuartos de campo de la portería. El gobierno del PP se permite hechuras de juez trasatlántico cuando de poner en barbecho las garantías procesales extranejeras se trata, mientras su ministerio de la verdad se apresta a eliminar todo rastro del hijo pródigo, milagro y resurrección de aquello que califica al propio partido como un circo de ratones. Con las paletas en solfa. Con la naricilla olisqueando la próxima trampa sin queso.

Perdemos5Pero no se preocupen, eviten venirse abajo. Recuerden que la hermosura se viste de candidato todavía tanto a derecha como a izquierda, aunque aún no se entiende demasiado bien por qué lo llaman así cuando quieren decir centro. Si todo falla, si la ciudadanía se aburre de promesas o, sencillamente, no tiene a mano algo de agua para tragárselas, ponga usted un líder joven y de buen ver que no diga nada y le preparen todo. Es de una exportación que abruma, el último grito made in usa en mercadotecnia política. Para economía y esas zarandajas, ya contratan a lubricados despachos de asesoramiento transversal (ese hito en léxico electoral de nuevo cuño), que igual les preparan la declaración de la renta que les formulan un programa y sus fechas de anunciación. Ya sabe, si no vota es porque no quiere, bolivariano desalmado.

 

Huelgas silenciadas

Movistar1Hubo un tiempo en el que la iluminación del capital alumbró una nueva veta de beneficios incalculables con sólo hacer un click en la organización del trabajo. De la noche a la mañana, miles de trabajadores directos, que organizaban sus reclamaciones laborales de manera eficaz a través de sus plataformas sindicales y el control que disponían de las relaciones de trabajo a través de sus respectivos convenios colectivos se fue al garete con el invento de la subcontrata. Unos lustros después, nos hartamos sin saberlo de ver a tantos y tantos congéneres con uniformes y logotipos serigrafiados a la ropa de trabajo de corporaciones. que pagan su exiguo salario de manera indirecta: bienvenido a la irresponsabilidad empresarial.

A través de esta vía no sólo se consigue, efectivamente, intentar eludir la confrontación empresa-trabajadores en la ordenación de las condiciones de trabajo, al abonarle la factura a contratas que se comen el marrón y evitan manchar la imagen original si ésta fuera la encargada de establecer horarios leoninos y sueldos de miseria; además, se persigue la disgregación del colectivismo, casi como si se organizara una pelea de fieras, con todas esas microempresas y autónomos estrechando costes para obtener la porción que sea posible de la tarta. No obstante, el error siempre se termina cometiendo, ya que la avaricia es extremadamente golosa y, de este modo, resulta complicado saber detener la tuerca antes que ésta ceda en su aleación.

Los técnicos encargados de reparar las averías de los usuarios de Movistar y de instalar los servicios de fibra óptica y demás productos de la multinacional de las telecomunicaciones nacional, privatizada al gusto del capital a finales de los noventa en esa “era milagrosa” del ministerio económico de Rodrigo Rato, han dicho “basta ya” a las condiciones que pretende, una vez más, imponerles el operador y que, de media, suponen salarios que oscilan entre los 600 y los 800 euros por jornadas de trabajo maratonianas. Afirman, a su vez, que los costes de desplazamiento a los hogares de los clientes, por ejemplo, son abonados por su propio pecunio, como ejemplo paradigmático de hasta donde puede ir retornando la ambición empresarial cuando la normativa laboral se despista a su favor.

Huelga de Hambre telefónicaMiles de incidencias se reparten por todo el Estado, ya que lo que comenzó en las grandes urbes en semana santa se ha extendido al conjunto del Estado, con enorme seguimiento en una huelga esperanzadora, toda vez que, precisamente, ha conseguido eliminar esa apuesta por el individualismo feroz a través de la subcontratación, unificando las demandas de mejoras en las condiciones de trabajo a pesar de no trabajar “en” la misma empresa, pero sí “para” la misma empresa. La presión que se viene obteniendo a través de esas múltiples reclamaciones de los usuarios, que no obtienen respuesta hasta pasado, de media, una semana desde la aparición de sus correspondientes averías, así como las reclamaciones de corrección en las facturas por no disponer del servicio contratado, parece no hacer mella aún a Movistar, que resiste la embestida con personal propio y priorizando, como no, a los grandes clientes.

Pero, sobre todo, esta resistencia responde a dos factores que pueden centrarlizarse en uno sólo: la estabilidad empresarial. Las grandes corporaciones no entienden que se puede ser líder de un determinado sector ofreciendo mejor producto y mejor servicio y que, para ello, repartir el beneficio que genera entre sus empleados revierte en una plantilla satisfecha, que traslada su buen hacer y mejor trato al cliente y éste, nuevamente, continúa confiando en la empresa. Que va. La gran corporación sólo reparte entre su consejo directivo y accionistas de todo el orbe, que ganan con el esfuerzo ajeno únicamente con el sudor de su pulgar, al apretar la tecla de “compro” y “vendo” desde Albacete o desde Kuala Lumpur. Y Movistar, al cierre de ayer, no sólo no padece ganchos en el parqué sino que, muy al contrario, lidera las subidas del grupo del Ibex 35.

Porque ese es el titular que hoy refieren las grandes cabeceras informativas del gigante Movistar. Y ayer. y los días anteriores. De la huelga, ni mu. Bueno, sí, cuestiones como ésta, a modo de resumen. Y de lo que no se habla, no existe. Ningún informativo de las cadenas televisivas nacionales, mucho menos los periódicos de gran tirada, han tenido espacio para tratar una huelga masiva que se prolonga ya por espacio de dos semanas en una de las principales empresas societarias de este país. Falso. Espacio sí le dedican, pero en sus espacios publicitarios prime time o en página impar, a todo color.

¿Qué hay de lo mío? De lo suyo hay para Rato

Rato1En su mocedad, allá por mediados de los setenta, Rodrigo el privatizador todavía no era amante pertinaz de las telenovelas y, por lo tanto, no consideraba necesario engalanar sus sosos nombre y apellido con un “de” por medio. Era, simplemente, un joven-viejo, con ese rostro tan poco ye ye, atribulado sin duda en formarse adecuadamente en el innoble arte del desfalco y tentetieso que, por esas etapas, ya tenían en Ramón Rato Rodríguez y Ramón Rato Figaredo a ilustres prohombres entre sus filas. Tanto es así que papá y el tito, aún sin dominar el superpoder de delinquir continuadamente en las cosas monetarias y eludir la celda, pasaron una temporada a la sombra carabanchelera. Pero no se engañen, que los responsables de haber hundido a conciencia tres bancos y eludir una cantidad más que suculenta (Díaz Ferrán también es pupilo de la escuela Ratiana, como se puede comprobar) entraron en democracia como elefantes delicados, con energía pero sin que sus apellidos sonaran demasiado alto en los salones transitorios.

No en vano, la democracia tuvo la capacidad memorable de teñir y colorear demasiados rostros ocres. Y en esa transformación en technicolor, Fraga y Rato senior se encontraron frente a un suculento cheque para las imberbes arcas de Alianza Popular a cambio de que el vástago Rodrigo tuviera escaño a la mayor brevedad posible. ¿A cuanto el kilo de diputado? que se podría haber dicho, y con esas telas se vistieron las primeras comodidades de lo que algunos aún se empeñan en calificar de modélica reforma del status quo político e institucional tras la muerte del dictador.

Rato2A pesar de la abrumadora victoria de los socialistas en 1982 (202 escaños), las elecciones celebradas en el año del Mundial de España también recogieron la discreta noticia de la entrada en el Congreso de un joven de 35 años, asturiano de parentesco y candidato por Cádiz, bisnieto de un alcalde de Madrid (muy caro cotizaba, y sigue cotizando, el gramo de congresista en las listas por la capital del Reino)  y, de profesión, sus apellidos. Las informaciones adquieren relevancia a medida que el músculo de sus protagonistas toma la dimensión que la proteina de la política le inyecta, y la masa más fibrosa de Rodrigo Rato se alcanzó con su ascenso a Vicepresidente y Ministro de Economía y Hacienda en los gobiernos de José María Aznar. En menos de una década, las principales empresas públicas, la mayoría con rentabilidad positiva y generadoras de plusvalías fundamentales para el sostenimiento de aquellos servicios obligatoriamente deficitarios, se pusieron de manera veloz y opaca en manos privadas, cercanas, amigas, a precio de ganga. La herencia de los favores que duraría para Rato, doblemente, eternamente.

Con la excusa de la obligatoriedad por parte de Bruselas (¿a qué nos recuerda ese desvío de responsabilidades en la toma de decisiones de la soberanía nacional?) de eliminar los monopolios empresariales, no sólo se optó por liberalizar ciertos mercados, sino que se profundizó con exquisito entusiasmo interesado en crear Villalongas y cia, Aliertas sin alertarnos, una camada, en suma, de empresarios manufacturados con el único curriculum de haber dejado los presentes adecuados a la puerta de Génova. Ejemplo del milagro económico español, así se le calificó durante otra larga década; el genio de las finanzas que permitió la mayor etapa de prosperidad que el Reino recuerda desde el imperio de Carlos I. Sí, las burbujas con cierto grosor no estallan con tan sólo aproximar una aguja. En el Fondo Monetario Internacional tardaron un tiempo nada prudencial en darse cuenta.

Rato3Hundido el barco de su honorabilidad, el Rato rata dejó de recibir y tuvo que dedicarse a pedir el reingreso en el club de los favorecidos, dentro y fuera del partido, sin necesidad de que papá regresara con el talonario del Suero. Y por ahí el destino de la existencia demuestra la hermosura del círculo, ese elemento cíclico que nos informa desde la memoria genética y que en el caso nada casual de Rodrigo le alcanzó a recordar que la banca es lo de los suyos. La transmutación de Caja Madrid en una entidad financiera con salida a bolsa, accionistas y campana en el parqué, todo eso que sus antepesados lideraron con la frescura de entenderse por encima de cualquier complicación social y penal, supuso también lanzarse sin remisión a maquillar contabilidades, estafar a sus clientes, arruinar la torre que nunca se inclina del todo.

Y así, por ahora, sigue la estela que marcan las estrellas del destino humano, esa que nos empeñamos reiteradamente recorrer siguiendo las huellas de nuestros ancestros, sin levantar la cabeza para prevenir el muro que nos aguarda. No importa, a los Rato, a los Figaredo, siempre les espera una emboscada dulce, unas trincheras desguarnecidas. Ayer puede haber entrado en calidad de imputado por la puerta de un juzgado, pero hoy ya ha salido raudo a enredarse en las suaves sábanas de las telecomunicaciones privatizadas, en ese testamento vitalicio que firmó para nuestra colectiva ruina. Pase lo que pase, de lo suyo hay para Rato.

Cuando Bankia se hunde, Rato es el primero en abandonarlo

Hace menos de un año, analizábamos la salida a bolsa de los dos SIP más aventajados del panorama desguazador en el mercado financiero español, Bankia y Banca Cívica. La obsesión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, por culpabilizar al conjunto del sector de ahorro de los males que venían aquejando al horizonte del crédito nacional, obligó mediante sucesivos decretos a acorralar el destino de las Cajas de Ahorros, independientemente de su tamaño, balance y nivel de riesgo en los activos. De manera libre y estratégica en unas ocasiones (las menos), y de forma orientada por planteamientos más políticos que económicos (los más), estas entidades sin ánimo de lucro fueron suscribiendo celerosas alianzas supra autonómicas para cumplir con los requisitos impuestos y buscar la salvaguarda de su destino empresarial. Tras stress test de dudosísima fiabilidad, formación de los SIP y, finalmente, segregaciones completas de activos, plantillas y actividad financiera al banco matriz, el ritmo de integración y toma de decisiones comunes fue variando según la casa y el número de tumores instalados en sus respectivos cuerpos empresariales.

Al frente de esa prueba de velocidad forzada se encontró Bankia, liderada por CajaMadrid y su flamante y reciente Presidente, Rodrigo Rato. El antiguo ministro de economía en la era Aznar y máximo responsable del FMI (de donde salió con preocupantes críticas acerca de su aptitud) se posicionó nada casualmente en el liderazgo de un rascacielos bancario compuesto por siete Cajas de Ahorros de distinto tamaño y origen geográfico pero con el denominador común de encontrarse controladas por dirigentes del PP. A partir de ahí, echó a andar un imperio financiero considerado el cuarto de mayor envergadura del sistema nacional al mismo ritmo que se comenzaba a dudar de la fiabilidad de sus macrocuentas y de la estabilidad a medio plazo de un posible gigante con pies de barro.

Esto no impidió que el ente con sede en Plaza de Castilla consiguiera superar los plazos para estrenar su presencia en el mercado secundario en primera posición, junto a Banca Cívica, insertando su poderío en el índice IBEX 35 a los pocos meses de estrenar su cotización. Esa salida estuvo reforzada por el anuncio de unos beneficios superiores a los 200 millones de euros en el primer semestre del año anterior, lo que se tradujo en una falsaria sensación de fortaleza y solidez inicial que no consiguió ocultar realidades inmediatamente posteriores conducentes a servir de detector del fango que corría por los pisos bajos del banco de Rato: acudir al FROB para obtener más de cuatro mil millones de liquidez adicional, la creación del BFA como banco paralelo para separar contablemente su inmensa cartera de créditos dudosos e intoxicación inmobiliaria, el astronómico sueldo de su cúpula directiva (Rodrigo Rato declaraba unos ingresos superiores a los 2,4 millones de euros anuales), la segregación de Banco de Valencia al detectarse una contabilidad falseada que demostraba su inviabilidad corporativa hasta ser intervenida por el Banco de España y, finalmente, la constatación de que lo declarado por algunas entidades fundadoras (Bancaja, fundamentalmente, debido a su tamaño) no concordaba con las ligeras auditorías externas y del regulador nacional realizadas antes de salir al parquet bursátil, dieron muestras de notable certeza acerca del incierto futuro de Bankia.

Pero, de igual manera que ha venido ocurriendo a la totalidad de experimentos multicajeros en esta ola de incomprensible tabula rasa de las entidades de ahorro, la entrada en el presente ejercicio, con la profundización de la crisis sistémica de España, ha hecho tambalear los mix que menos empeño han puesto en profundizar en la integración real de sus estructuras formadoras y que han pretendido ser uno ocultando la metástasis de sus órganos. Si algo tuvo que hacer sonar la campana, esta vez de alarma, en lo referente al entorno de Bankia, fue la fundada rumorología de una posible fusión con CaixaBank a finales de enero. Hoy se puede afirmar que esa posibilidad era algo más que una tentativa difusa de cara a prevenir el efectivo desplome que rondaba su plan contable, pero el bloqueo rotundo por parte del poder político valenciano y, fundamentalmente, madrileño, incapaces de aceptar bajo ningún concepto que el banco producto de sus antiguas Cajas, entendidas como herramientas de financiación de sus respectivas políticas megalómanas y faraónicas, descontroladas en el gasto y en la responsabilidad pública, fuera engullido por el poder financiero y empresarial catalán. Esa cortedad de miras, nada sorprendente hablando de quien hablamos, dejó en el inicio del camino la última posibilidad real de conseguir viabilidad a la plantilla y futuro de negocio de Bankia, algo que fue aprovechado raudo y velozmente por el otro SIP que veía como su conversión en entidad cotizada gozaba de unos pronósticos de supervivencia funestos. Banca Cívica se lanzó a los brazos de La Caixa a precio de saldo, pagando muy caro los miles de millones deudores que escondía CajaSol bajo las alfombras de la Plaza de San Francisco, agujero que detectó en menos de dos semanas una auditoría rigurosa de la entidad catalana y que había sido pasado por alto para toda la maraña de controles y seguimientos de Banca Cívica desde su fundación. Esta oportunidad desaprovechada hizo saltar la ruleta: Bancaja también demostró ser menos de lo que se suponía y otras de menor tamaño, como La Caja de Canarias, observa como planea sobre su pasado el fantasma del reiterado falseamiento y maquillaje de sus datos contables.

Nuevamente, tras las lecciones no aprendidas de CCM, CajaSur,CAM o Banco de Valencia, el Estado central se enfrenta a una falsa nacionalización que no busca la recuperación de un sector estratégico para ponerlo a disposición del crecimiento nacional, sino que supone el pago de una gestión repugnante en lo económico realizada por Miguel Blesa, Carlos Vela y, finalmente, el monarca Rato y sus virreyes del resto de Cajas congregadas bajo una marca que nunca llegó a liderar un proyecto único, más allá que no fuera para malgastar millones de sus clientes en patrocinios como la selección española de baloncesto, escuderías motociclistas y, por supuesto, dispendios con la connivencia del especto político para alegría común y desgracia colectiva; un pago que abonará nuevamente la ciudadanía, viendo como los 4500 millones provenientes del FROB se convierten en falsas acciones que pasan a titularidad estatal para controlar públicamente el proceso de limpieza del trasatlántico con aluminosis, operación que no será recordada por la inmensa mayoría de la población cuando acabe en un futuro nada cercano. El trasatlántico que nunca comprobó las soldaduras de su armazón y fue desintegrándose a medida que avanzaba en una travesía sin rumbo, liderada por un capitán que ha decidido saltar el primero al chocar con los diques de la realidad financiera. De la embarcación en ruinas ya sólo asoma la popa y no se vislumbra al capitán Rato, con dignidad de almirantazgo, hundiéndose con su navío, sino en una balsa de emergencia forrada por 1,2 millones de euros, alcanzando la costa con el uniforme impecable.

La guerra del petróleo canario (III): Análisis del RD 547/2012

En el Boletín Oficial del Estado, ayer miércoles, se publicó finalmente el Real Decreto 547/2012, de 16 de marzo, por el que se convalida el número 1462/2001 que trata acerca de los permisos de investigación de hidrocarburos en esas nueve inmensas parcelas oceánicas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura.

El contenido en sí viene, a grandes rasgos, a convalidar la autorización otorgada hace más de una década a Repsol y sus empresas colaboradoras (Woodside Energy Iberia S.A. y RWE Dea AG) para realizar catas y extracciones en las áreas delimitadas, así como a subsanar el contenido del artículo 2. No obstante, del espíritu de la redacción emergen ciertas urgencias por cerrar vías de fuga para que el procedimiento no modifique las líneas maestras que llevarán, si la presión ciudadana e institucional de las islas afectadas no lo remedia, a entregar un inmenso botín a una corporación privada sin apenas réditos al Estado y asumiendo éste y sus habitantes todos los riesgos derivados de una operación extractiva de inmensa complejidad.

Lo más llamativo deriva de la consideración acerca de esa modificación en el articulado. Así, en la exposición inicial se afirma que se introducen determinadas modificaciones en el artículo 2 que flexibilizan en programa de trabajos pero no constituye en ningún caso una modificación relevante al mantenerse invariables tanto las obligaciones materiales como las inversiones. Veamos la redacción original de los apartados c) y d), así como su texto refundido en el nuevo RD:

c) Tercer año: Perforación de un pozo exploratorio hasta una profundidad aproximada de 3.500 m y realización de trabajos geológicos y geofísicos, siendo la inversión mínima para este tercer año de diez millones de euros.
d) Cuarto, quinto y sexto año: Perforación de un segundo pozo exploratorio hasta una profundidad aproximada de 3.500 m y realización de trabajos geológicos y geofísicos, con una inversión mínima durante estos tres años de diez millones de euros.

Como decimos, ambos apartados se concentran ahora en un único punto, que queda tal que así:

c) Tercer, cuarto, quinto y sexto año: Se perforarán al menos dos pozos exploratorios de 3.500 metros de profundidad aproximada y se realizarán estudios geológicos y geofísicos, todo ello con una inversión mínima de veinte millones de euros.

De la reflexiva lectura de ambos textos sí que se pueden extraer diferencias sustanciales. La primera, y más preocupante, es relativa al número de pozos exploratorios a perforar en las profundidades canarias. Si en la redacción original se hablaba de dos catas entre el tercer y sexto año de vigencia de las correspondientes autorizaciones, en la actualidad se recoge que, como mínimo, se realizará esa cantidad de pozos, abriendo la posibilidad a más operaciones extractivas a una profundidad de 3.500 metros, es decir, la distancia de un Teide invertido. No hace falta recordar los riesgos implícitos en una operación de esa complejidad, en un entorno oceánico a dos palmos de tierra de la costa norteafricana y de las islas orientales del archipiélago canario.

La modificación del texto legal resulta incomprensible, ya que el contenido del propio Real Decreto 547/2012 explicita que la sentencia de 24 de febrero de 2004 de la Sala Tercera del Tribunal Supremo por la que se resuelven los recursos contencioso-administrativos 39/2001 y 40/2001 contra el mencionado Real Decreto 1462/2001, de 21 de diciembre, anuló los compromisos y programas de investigación especificados en los apartados c y d del artículo 2 de dicho real decreto, correspondientes a los años tercero a sexto, por no haberse determinado expresamente las medidas de protección medioambiental a que se refiere el artículo 18.3 de la Ley 34/1998, de 7 de octubre, del Sector de Hidrocarburos. Si éste es el motivo aducido para la modificación, queda por ver la subsanación adecuada cara a asegurar el equilibrio mediambiental de la zona. Pues bien, el ministerio incluye un bis al artículo 2 que, resumiendo, viene a incluir una serie de obligaciones al concesionario en lo que respecta a planes de contingencia medioambiental. Perfecto, muy decorativo. Pero ahí no radica el quid de la cuestión, ya que el Ejecutivo lo que hace es aferrarse al artículo 67 de ley 30/1992, de Régimen jurídico, para convalidar el acto anulado y subsanar los vicios. En la jerga política, impedir que se abra un nuevo procedimiento de concesión y Repsol pueda quedarse sin el chollo apalabrado primero con Rodrigo Rato y, en la actualidad, con el canario Soria.

En definitiva, este Real Decreto aprobado a toda mecha para no perder ni un segundo petrolero no cumple otra función más que la citada y, por supuesto, heredar el contenido del reglamento 1462/2001. Entre sus asuntos más llamativos, los aficionados a la cartografía pueden entretenerse detectando en el mapa la longitud y latitud exacta de las nueve áreas de permiso, que entre todas ocupan la misma superficie que el conjunto terrestre del archipiélago. Este dato tiene suma importancia, ya que el ministro de industria aseguró a principios de semana que las plataformas petrolíferas se establecerán a una distancia mínima de 60 kilómetros de la costa canaria, mientras que el Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, afirmó ayer, durante el debate del estado de la nacionalidad, que esa aseveración era fraudulenta por completo, pudiendo ubicar las moles extractoras a poco más de diez kilómetros de la paradisíaca arena de Fuerteventura.

Las administraciones locales se han sentido profundamente maltratadas en todo este procedimiento, sobre todo a raíz de la mofa contenida en el Real Decreto, de la forma que sigue: por último, instruido el procedimiento, se ha cumplimentado el trámite final de audiencia, cuyas alegaciones y comentarios han sido convenientemente valorados. Los correspondientes presidentes de los Cabildos afectados afirman que no han podido plantear alegación alguna, siendo emplazados el martes pasado a una reunión al día siguiente por la mañana en Madrid como única fecha posible, sin tiempo ni capacidad para organizar el expediente de argumentaciones contrarias. El sábado 24, la ciudadanía canaria saldrá a la calle a mostrar su frontal rechazo a toda esta codicia dispuesta a destruir el futuro del archipiélago. Tal vez esas alegaciones sí tengan que ser valoradas.

 

Hundidos por la campana

En las pruebas atléticas de medio fondo, al sonido de la campana que anuncia la última vuelta, los corredores intentan sacar fuerzas de flaqueza y embestir la meta como si les fuera la vida en ellos. Finalmente, sólo uno recibe la contraprestación perseguida, en forma de título o medalla, de distinción y honores. Del mismo modo, los Sistemas Institucionales de Protección (SIP) más aventajados en el errático proceso de reforma financiera nacional, Bankia (CajaMadrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja Rioja, Caja Segovia, Caja Ávila y Caixa Laietana) y Banca Cívica (CajaSol, Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos), agitaron el correspondiente badajo en la sede de la Bolsa de Madrid la semana pasada, anunciando su anticipado paso por línea de meta, en busca de una cinta a cortar que, por las sonrisas, los globos y los brindis, parecía superada antes incluso de enfilar la última recta. En efecto, la exposición al parquet en momentos de tamaña agitación bursatil, con un sector mayorista reacio a aventuras accionariales en forma de incógnita, parecía aventurar un cambio de ritmo apresurado por parte de ambas entidades bancarias. Cierto es que los decretazos semanales del Consejo de Ministros en lo que respecta a las exigencias que se han venido imponiendo al sector de Cajas de Ahorros nacionales no daba mucho margen a la prudencia, empujando al abismo especulativo a entes acostumbrados a operar en otro circuito y escenario.

Sólo una semana ha tardado el insensible Mercado en exponer a Bankia y Banca Cívica a un control antidoping sorpresa. Si bien la institución presidida por Rodrigo Rato soportó honorablemente una jornada de caídas generales en el Ibex 35, hasta cerrar con un soportable descenso de 0,68% (3,67 euros por acción, habiendo sido su precio de salida 3,75), gracias al lustroso anuncio de 211 millones de beneficios en el primer semestre del ejercicio, los defensores de una banca transparente y participativa se desplomaron hasta perder, a la clausura del día de hoy, un ruinoso 8,75%. No hay que olvidar que Banca Cívica se estrenó en el mercado bursatil con un precio de salida de 2,70 euros, lo que ya suponía un ímplicito descuento del 60% de su valor con respecto al recogido en sus libros contables. Aún así, los accionistas de la entidad financiera liderada por Antonio Pulido y Enrique Goñi vieron como el valor de su papel descendía hasta un mísero 2,41.

Este abatimiento mercantilista apresurado tiene una respuesta principal, pero no única: mientras que los principales valedores internacionales de Banca Cívica (Credit Suisse y Morgan Stanley), encargados de la colocación de su papel en el mercado, no han sostenido su compraventa y han abandonado el barco presurosos, JPMorgan (adalid de Bankia en su intermediación) mantuvo un nivel de compraventa aceptable, evitando su despeñamiento. En ambos casos, el comportamiento del mercado mayorista juega un papel clave en su estabilización bursatil, ya que el grueso del papel en manos de minoristas  se encuentra, fundamentalmente, a buen recaudo de clientes de la Cajas de Ahorros de origen, que han comprometido pequeñas cantidades como inversión a largo plazo o en espera de reparto futuro de dividendos, al modo de intereses fijos de IPF, pero de corte variable y especulativo.

La forzada bicefalia al frente de Banca Cívica tampoco juega a favor de buenas expectativas en el futuro inmediato de la entidad radicada en la Avenida de Recoletos. Ni, mucho menos, los astronómicos honorarios que, se rumorea, ha pasado a convertir a ambos, de la noche a la mañana, de modestos cajeros a opulentos banqueros (se especula con cantidades totales que rondan los 7,5 millones por barba). En efecto, si las integraciones de Cajas de Ahorros no son bien entendidas por los inversores extranjeros, menos aún se explican que una entidad financiera de tamaño pequeño-mediano mantenga un gobierno dual y no bien avenido.

Si hace unos días nos fustigábamos al comprobar como se pierde una excelente oportunidad para recuperar músculo financiero público, fusionando a las entidades de ahorro intervenidas por su mala praxis (CCM, CajaSur y CAM, por ahora) y resucitando una banca pública solidaria y limitada al apoyo crediticio de familias en situación de exclusión financiera y PYMES con necesidad de recursos pecuniarios, comprobar como enfilan la recta de meta aquellos bancos que otrora fueron Cajas de Ahorros sin ánimo de lucro, sin dueño, y con un propósito de reversión benéfico social en los territorios radicados, produce impotencia ciudadana. En definitiva, el sudor y energía que están perdiendo por el camino del capitalismo salvaje es nada más y nada menos que miles de millones de euros de cuentarrentistas honorables y modestos, inversiones y activos de emprendedores locales pero, sobre todo, la dignidad de entidades de ahorro, en muchos casos centenarias, despedazadas de un plumazo por obra y gracia de un Ejecutivo cobarde que ha atendido al imperativo gruñido de los antidemocráticos Mercados por encima de la digna eficiencia futura de su sistema financiero. A falta de una vuelta que puede devenir terroríficamente eterna, el toque de campana ha hundido la moral y las últimas reservas de estos inexpertos corredores bursátiles, que más que potenciales vencedores se antojan improvisadas liebres de los medallistas de siempre.