Al capital se le enreda la lengua

Puede sonarles extraños viniendo de un liberal como yo pero… (y aquí entra el resumen de su contradictoria reflexión) parece conveniente, según De Guindos, que en esta época donde su adorada ley de la oferta y la demanda se encuentra tan repleta de cláusulas interpretativas y trampas varias, las entidades financieras intervenidas por el Estado pasen a hacer causa común (con nuestros tributos, of course) y se nacionalicen en solidaria comandita. Efectivamente, el liberal con bipolaridad marxista puntual ha entendido que Bankia y otras estructuras bancarias que tienen control estatal para buscar su reflote y posterior venta a precio de saldo, no van a obtener en eso que llaman mercado pero quiere decir prostíbulo, la más mínima rentabilidad (así sea negativa, en su particular léxico tramposo). Por lo tanto, y siempre remarcando que el futuro (lo que quiera que ese vocablo signifique a estas alturas) de esa hipotética banca pública (prometemos que de sus capitalistas cuerdas vocales emergió esa denominación en su comparecencia de hoy) sólo supone, en su ortodoxia de libremercadista, una engorrosa aceptación transitoria de que la afirmación iniciática tiene trampa, como toda invención humana dispuesta a ser impuesta a golpe de insensibilidad, y que la privatización es cuestión de tiempo, ha procedido a alabar virtudes de lo odiado. Así, se ha dedicado a enumerar todas las posibilidades de que dispone la fusión de las fusiones fracasadas, con el banco de su indemnizado amigo Rato a la cabeza, bajo el mando de su ministerio, otorgando servicios a más de 17 millones de clientes y asegurando su solvencia presente y próxima. Es decir, aquel que protege y confía en la regulación inteligente del mercado asume que tiene mastondósticos productos en oferta sin adquirente a la vista, que aquéllos están siendo abrillantados con nuestra colectiva pasta y que, mientras su adorada divinidad del capital reune calderilla para hacerle la cobertura, va a tener que desempolvar sus apuntes sobre alternativas macroeconómicas para construir un artilugio que no le gusta pero del que destaca valiosas posibilidades en términos de solidez, crecimiento y solidaridad financiera.

Pero De Guindos no ha transmutado su burguesita inconsciencia tras quedar atrapado por consignas colectivas que alimenten sus recovecos cerebrales, sino que continúa por la senda de abrazar aquel negocio que queda en casa. De otra forma no se entendería como se puede continuar hablando de seguridad y robustez del fraude Bankia mientras se aumenta por miles de millones sus necesidades de inyección monetaria a diario. De este modo, con la conciencia anticipada de la debacle que iba a suponer el temblequeo de este hotentote de pega, Rajoy y sus escuderos de la dilapidación de tributos públicos llevan unas programadas jornadas afirmando que iban a inyectar sin rubor todo aquel parné que hiciera falta para que el fraude fuera completo, para que los que se han quedado al frente de la nave hueca fueran estimando al alza la masilla verdosa adecuada a sus planes de impunidad. Banca pública a tiempo parcial, fortaleza de algo que no se vende por imposible. Desde luego, con estratagemas tan miserables usando la estructura pública para validar su sistema de enriquecimiento, el capitalismo se retrata… pero se insufla oxígeno monetario desde aquello que adelgaza y reclama ligero y flexible.

Porque, y de eso no hay duda, el capitalismo saca pecho a medida que llena sus alveolos financieros arriesgando la expectativa ajena. Sirva como ejemplo el significativo caso de César Alierta, presidente de la muy privatizada Telefónica, que en un plazo inferior a doce horas ha resultado ejemplo perfecto de cómo se puede hacer loas a la mano invisible de sus muy visibles negocios. La cabeza marmórea de esa corporación que ha desarrollado mareados tentáculos por mercados tramposos, que tuvo el honor de trasladar al ex Presidente José Luis Rodríguez Zapatero a la sede de Ferraz durante una jornada electoral, facilitándole, que se sepa, los escrutinios y, que no se sepa, tal vez su camaradería tan de pupitre como la que servía Juan Villalonga a José María Aznar, ha afirmado esta mañana que, informe financiado por la empresa que preside y otras tantas de similar tamaño y calaña, la nueva reforma laboral es el instrumento idóneo para reactivar la economía nacional. Tanto es así que se atreve a asegurar como veremos síntomas de sólida recuperación en menos que canta un móvil, dando datos tan precisos como que en poco menos de un año estaremos sobre el 0,5% de crecimiento del PIB y comprobando la creación de un millón y medio de puestos de esclav…trabajo. Y así, amigos, se escribe la historia del fraude mercantilista, denominando “creación de puestos laborales” al centrifugado que han realizado con la destrucción medida de gran parte de la clase media. Tras alcanzar más de cinco millones de desempleados estables, sacan ahora de la lavadora empobrecida empleos en los que no se percibe mota de derechos laborales ni mancha alguna de estabilidad trabajadora o contraprestación salarial digna.

Ya entrada la tarde, el amigo de amargarnos horas muertas con llamadas comerciales al comienzo de la siesta u obsequiarnos con el servicio de atención al cliente más desquiciante que la mano del empresariado haya podido crear, ha visitado, junto a un ramillete de recaudadores del capital elegidos con mercantilista exquisitez, las dependencias oficiales del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para utilizar el despacho de la gestión pública ejecutiva como cueva de negocietes ajenos, cerrando con dirigentes de la República Popular de China acuerdos comerciales de lucro privado por valor de 500 millones de euros.

Ahhh, la lejana China, motivo de escarnio, desconfianza y profunda crítica por el autodenominado mundo libre, libre de principios y equidad. El capital, burlón y promiscuo, ignora a propósito la simbología roja a sabiendas que tras sus puños y sus estrellas se encuentra el paraíso de miles de millones de manos esclavas que surten a ridículo coste sus estanterías, las mismas que empobrecen la balanza de costes de sus compatriotas de naves industriales clausuradas, imposibles de competir ante ese discurso en el que se enreda la lengua de la oferta y la demanda; que balbucea, ebrio de monedas mediatas, el principio del fin de su mundo intervenido.

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Desmontando los Presupuestos Generales

En nuestra realidad nacional, un paseíllo así echa en falta a otros señores. Probablemente no vestirían prendas tan desenfadadas, pero caminarían sin duda al mismo ritmo, hacia el mismo destino y pisando las mismas miserias. El quinteto en cuestión estaría acompañado por alguna sotana, un uniforme medallero y, en el centro de la escena, una corona regia sonriendo bobaliconamente.

Tras la miserable trampa temporal que ha retrasado los Presupuestos Generales del Estado 2012 con el objeto de apuntalar el poder omnímodo conservador de norte a sur, los populares han tenido que comenzar la ronda de tramposas justificaciones con una doble derrota a la espalda y una huelga multitudinaria y valiente como mochila llena de piedras. Todo eso ha supuesto traspiés no calculados cara a la presentación de las cuentas públicas más devastadoras por injustas de la historia reciente de España. Los instrumentos físicos, con ropajes ministeriales, que se vienen encargando de ejecutar y hacer cumplir lo ejecutado por los poderes que ya van enseñando su apariencia mortal, aseguran que estamos ante unas partidas de gastos ajustadas a la realidad, que buscan la dinamización y recuperación de la economía nacional y que intentan apretar las teclas adecuadas cara a un futuro halagüeño. La respuesta de sus amos ha sido, sin duda, en consonancia con la deriva que, en poco más de tres meses, ha guiado a estos náufragos que se empeñan en poner rumbo a la España muerta, la que abandonamos hace más de treinta años. Más allá de la constancia que han dejado a primera vista, de las huellas en una escena de crimen que tiene desangrada a casi cinco millones de víctimas, las macrocifras económicas no admiten engaño: los sucesivos gobiernos nacionales, en tiempos de artificial bonanza y de sus inevitables reversos críticos, han ignorado a consciencia los artilugios contables que pudieran suponer el repintado de nuevos escenarios productivos; por el contrario, siempre han sustentado el peso de nuestros tributos sobre la gran obra pública como frágil elemento dinamizador del mercado de trabajo y el pago de deudas que van más allá del simple concepto de empréstito financiero. Reforma laboral y Presupuestos Generales forman un binomio macabro: sus previsiones van de la mano para asomarse a un desfiladero en el que pueden ver, al fondo, con claridad, más de seiscientos mil nuevos parados y un total de endeudamiento público que, a finales del presente ejercicio, superará el 80% del PIB. No obstante, como ciegos sordomudos que se empeñan en guiarse el uno al otro, ambos instrumentos insisten en condenar la estructura pública y en rogar la recuperación frente al altar de un Estado que no necesita redención. Mientras, la deuda privada nacional, la que el sistema bancario soporta divinamente a base de rescates estatales sin contraprestaciones, enquista el destino de este proyecto común que vaga sin pilas.

Hablábamos de los uniformes, de los trajes distintivos que, en este país, tienen por costumbre cometer los crímenes sin consecuencias, independientemente de tiempo y lugar. De este modo, en los Presupuestos con mayor carga de sacrificios por metro cuadrado de la historia democrática española, las partidas presupuestarias destinadas al sostenimiento de la iglesia católica no reciben el más mínimo recorte (159 millones); la Casa Real hace un campechano esfuerzo y acepta disminuir su diezmo un tremendo 2% (8,26 millones mantiene,desprendiéndose de unos pocos miles de euros), siempre en referencia a los gastos conocidos, claro; y, cerrando la santísima trinidad de los improductivos estamentos que, aún así, permanecen dentro de una placidez presupuestaria digna de la España más gris, Defensa acepta un recorte algo superior a sus compañeros de divinidad, pero cargando el grueso del descenso presupuestario (112 millones) en la reducción del personal de tropa en casi dos mil efectivos, con lo que su aportación al sacrificio común se realizará en forma de despidos entre la soldadesca menos cualificada.

¿Y cómo queda el mundo real, el que hemos ido construyendo como sociedad para otorgarnos un paisaje con algo de humedad? Pues hecho unos zorros, evidentemente. Sin comentarios que ahonden gratuitamente en ese dolor frente a nuestras consciencias que nos ha dicho muy a las claras como España era un espejismo, como sigue siendo caspa malsana entre la que no cuenta nuestra frondosidad ciudadana, completamos con los contundentes datos este paseo por el agujero negro que ahora nos viene absorbiendo:

– Políticas Activas de Empleo, 21,3% de reducción para la herramienta básica contra el paro. Ah, claro, que la Contrarreforma Laboral lo arreglará todo en otra existencia.

– Formación Profesional para el empleo, 34,3% menos. Los no instruídos deben ser más sencillos de engañar ante la desesperanza.

– Prestaciones por desempleo, casi un 6% menos. ¿Cómo puede ser si el paro aumenta y el propio Gobierno pronostica un crecimiento de más de medio millón de ciudadanos sin trabajo? Parece ser que porque tienen detectado que un amplio sector de desarraigados laborales no tendrán derecho a prestación. Es decir, sugieren que están manejando estadísticas de lo más precisas en cuanto a los colectivos y segmentos que sufrirán el látigo del desempleo, pero en lugar de poner en práctica políticas activas para evitarlo, se frotan las manos con el ahorro en este epígrafe.

– Sanidad, un 6,8% menos. De este modo, el funcionamiento deficitario del sistema público se irá agudizando en la misma proporción que ese argumento conscientemente provocado deriva en políticas de concertación con el ámbito privado, así como gestión del sistema comunitario por empresas que ya están haciendo su permanente agosto.

– Educación, 21,9% en descenso. España es la monda lironda; en lugar de ir reduciendo su política de concertación educativa a medida que el sistema público hubiera ido cubriendo aquellas carencias para poner en oferta un plan universal en todos los rincones del Estado, éste se va arrogando en su obligación como Social y vuelve a dejar en católicas manos la formación de millones de incautas generaciones. Entre esta sangría de desinversión educativa, destaca la mutilación de becas y el holocausto sobre el plan nacional de guarderías. La única conciliación que parece conocer el Gobierno es la de Trento.

– Investigación y Ciencia, donde nos vamos a un 35% de nuevo abandono. Es como disparar sobre un muerto. Si esta materia se usaba a destajo para ponerse civiles medallas mientras el desarrollo científico recibía migas en tiempos de cólera recaudatoria, lo de ahora es para ponerse la bata y hacer sudokus.

– Cultura dice adiós a un 15,1%, porque es territorio de elementos perniciosos para el ínclito Wert y sus disparates de contertulio por horas. Y así, en pequeñas pero devastadoras píldoras, vemos como la Cooperación al Desarrollo prácticamente se despide desde la orilla de sus desposeídos beneficiarios, el Plan nacional contra el SIDA como si quieres arroz, Catalina….

Yo no voy a la huelga porque…

… la reforma laboral, aunque parezca algo dura, es necesaria. No digo que esté de acuerdo con que se despida a la gente sin indemnizarles, pero algo hay que hacer para que la economía sea más flexible, para que las empresas puedan volver a crecer y la crisis nos vaya dejando paso. Además, ya está aprobada, con lo que no voy a cambiar nada yendo o no. Entre los estudiantes y los desempleados que hay se verá una buena movilización y eso es lo importante. Es cierto que es todo complicado, que no es fácil salir de ésta, pero es que también nos hemos dedicado a vivir a cuerpo de rey. Algo de culpa tendremos. No podemos, ahora, con el nuevo Gobierno que está buscando soluciones, ponernos a frenar el país porque sean de derechas. Ya han dicho que no se va a notar la recuperación inmediatamente, pero hay que tener paciencia. Sí, hay que esperar, y todos debemos poner de nuestra parte. Sería un contrasentido esa responsabilidad y, a su vez, paralizar la economía de un país, eso sería gravísimo. Además, el trabajo que hay que hacer es el que es y, si voy a la huelga, al día siguiente tendré que quedarme mañana y tarde para recuperar el tiempo perdido, con lo que nadie gana y, encima, me descuentan un día de salario, que con los tiempos que corren es dinero. Total, para nada, porque voy a seguir haciendo lo mismo, y en horas libres. Así son las cosas, no digo que me gusten, pero son las que son, las que tocan.

Precisamente, el jueves nos han marcado una cuantas reuniones y, claro, lo que no podemos hacer es ausentarnos de compromisos importantes. No digo que no lo hagan con cierta mala baba en la empresa, pero si me convocan es porque cuentan conmigo, y no puedo defraudarles. Al final, yo vivo de mi sueldo y, quien me lo paga, manda. Las cosas irán cambiando, mejorando, muy a peor ya no podemos ir, así que toca hacer el último gran esfuerzo y demostrar que este país es de confianza, que somos trabajadores y con ánimos para salir adelante. La huelga es un derecho pero… es que le acabamos haciendo el juego a los sindicatos, que no hacen nada por nosotros, que se encuentran atiborrados de subvenciones. Sin ir más lejos, en mi empresa los liberados sindicales están más tiempo con bolsas de las tiendas cercanas que pendientes de nuestras necesidades que, ojo, son muchas, pero que se pueden arreglar con buena voluntad, todos estamos en el mismo barco. Pero ellos hace tiempo que están acomodados; mucha pancartita, mucho piquete, pero en el día a día no se puede contar con ellos.

En fin, que eso, que sí, que a lo mejor hay cosas que pueden mejorar pero yo no veo procedente ir a la huelga. Yo…

… Voy a la Huelga. Con toda convicción, con la absoluta certeza de estar haciendo valer mi derechos constitucionales, habitualmente pisoteados y relativizados pero que deben ser enarbolados sin titubear en situaciones de gravedad como la actual. La reforma laboral aprobada no aparecía ni por asomo dentro de las líneas generales programáticas del partido gobernante durante la pasada campaña electoral, lo que supone una estafa general al conjunto de la ciudadanía; este hecho, unido a la tremenda irresponsabilidad que supone dilatar la presentación de los Presupuestos Generales del Estado al comienzo del segundo trimestre, con intenciones (truncadas) puramente electoralistas, nos demuestran que estamos ante un panorama ensombrecido, en el que los actuales gestores de la res pública pretenden disparar a dar con la mirilla conscientemente desequilibrada. Los pesos pesados del Ejecutivo provienen de la alta gestión de mastodónticas corporaciones, algunas de ellas responsables de primer orden en la actual depresión macroeconómica que sufrimos, y suelen ser viajeros de ida y vuelta, que utilizan el aparato colectivo para reorientar sus recursos al enriquecimiento de sus verdaderos amos. Asimismo, utilizan sin pudor el conjunto de empresas que se encargaron, hace aproximadamente una década, de privatizar a precio de ganga, sustrayendo de la riqueza nacional su motor principal y más valioso patrimonio, para colocar a la parentela más y menos desasistidas, a todos sus apellidos de casado y soltera. Restringen hasta el mínimo indivisible las obligatoriedades inherentes al cargo en cuanto a apariciones públicas con turno de ruegos y preguntas, ensayando su actividad ejecutiva como un telefilm de bajo presupuesto y repetitivo decorado. No tienen argumentos directos, confianza para convencer, así que delegan su consabida mentira global en el ejército de plumillas a sueldo que, debate y tertulia al hombro, se encargan de hacer llegar a la ciudadanía un espectro de planificación a medio plazo brillante del que aún no hemos podido visualizar siquiera la corteza. Paciencia, nos piden los juntaletras pedigüeños, mientras insisten, entre otras repugnancias, que la huelga no es la solución.

Miles de trabajadores se ven mañana ante la tesitura de enfrentar su expectativa de supervivencia a amenazas nada veladas y presiones empresariales directas; otros tantos llevan demasiado tiempo disfrazados de ejecutivos, con sus trajes almidonados y corbatas atrevidas, que olvidaron en algún punto del encuentro que son empleados por cuenta ajena. Y así, millones de ciudadanos están en este momento alimentando argumentos para no sentirse esquirol en la jornada de mañana en lugar de reforzar sus convicciones ideológicas para disponer de esa energía que debe barrer con todos los obstáculos que nos han ido colocando desde hace más de dos décadas. ¿Qué la Huelga General no es necesaria porque la reforma no tiene marcha atrás? menos la tendrá si la convocatoria es un fracaso participativo ¿ Qué la situación está como está y las reformas se hacen indispensables? La recesión no implica desequilibrio en el reparto de los recursos disponibles, y áquel crece más a medida que esta crisis se acrecienta. Alguien gana de la pobreza ajena, y desde luego no los trabajadores.

Por todo ésto, y por lo que todos sabemos, en conciencia, decimos en orgulloso y alto volumen: ¡Yo Sí Voy a la Huelga!

El desguace de finos utilitarios

Vayamos por sencillas partes, por una recta transición de los hechos:

– Campaña electoral, año 2008. El PSOE opta con cierta comodidad en los sondeos ciudadanos a renovar su mayoría al frente del legislativo y, por ende, a formar gobierno en solitario, sea éste con respaldo independiente en las Cámaras (Congreso y Senado), o con acuerdos puntuales junto a determinadas fuerzas políticas que respalden su acción de gobierno sin compromiso de cesión permanente de cotas de poder. En dicha campaña, padecemos la soberbia electoral del candidato a Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que viene en las anteriores semanas realizando actos imprudentes de altanería pública, con afirmaciones acerca del merecimiento nacional de ocupar un espacio en el G-8 o, como mínimo, una butaca preferente en el incipiente foro del G-20. Asimismo, no se rasga las vestiduras al afirmar que España está a punto de caramelo de praliné en el lícito propósito de alcanzar al vecino francés en el santificado índice del PIB. Hasta el alumno más novillero de primer curso de ciencias económicas era conocedor del modelo básicamente especulativo del escenario productivo español, un marco de crecimiento atrapado en su propia riqueza con forma de serpiente chupeteando su venenosa cola. Superado el escollo de renovación en las urnas, aparecen los primeros mensajes de tibia advertencia, de acelerada desaceleración, una suerte (en boca de los responsables públicos) de inevitable resfriado que exije un par de días de cama y a seguir disfrutando del carnaval económico.

– La cosa se pone fea, comienza una evidente restricción en el otorgamiento de préstamos hipotecarios y, por tanto, de creación de empleo en el sector de la construcción y de las promociones inmobiliarias. Se comienza a poner en el punto de mira a las entidades financieras, responsables primeros y últimos a ojos interesadamente desviados de la opinión pública, de un alza ficticio en los precios de la vivienda (como si nuestro modelo económico capitalista no se basara, como premisa fundamental, en el valor relativo de los productos de consumo en función de su demanda, de la posibilidad de llevárselo crudo en el menor tiempo posible y con el esfuerzo más liviano y engorroso que se consiga). El Ejecutivo central y la mayoría de fuerzas políticas representadas en el Congreso, entienden como urgente e indispensable la reforma del sistema de regulación del mercado financiero nacional.

– Pagan justos por pecadores, los enemigos engordados en el estómago propio braman consignas de cambio inmediato, a tiempo parcial, desde el redil ajeno. Se trata a las entidades bancarias y de ahorro por igual en cuanto a las cuotas de responsabilidad derivadas de un mercado primordial en la creación de riqueza nacional. Nadie advierte que el capital en movimiento es producto de un endeudamiento estrangulado dirigido a consciencia desde el aprobador y receptor, cara y cruz de un mismo escenario. Mientras, la gran banca se sienta a la diestra del pater Presidente y le susurra al oído la solución infalible al entramado irrespirable que se viene encima, ése que de repente todos detectan por arte de biribirloque. La respuesta procede, oh casualidad, de los principales acreedores de las grandes formaciones canovistas que se han venido subrogando la responsabilidad gobernante en los últimos treinta años. Consejos, al fin y al cabo, generosos y desinteresados.

– Las cerca de cincuenta Cajas de Ahorros repartidas por la geografía española son señaladas como elementos perturbadores del buen destino del flujo crediticio, filosofía inversora y, puestos al derrumbe reputacional sin retención, responsables últimos de esa debacle de la que ya vienen germinando brotes verdes que se chamuscan de inmediato, expuestos a la irradiación imprudente de gestores sin escrúpulos y despilfarro ineficaz. Nuevamente la casualidad quiere que aquellos que comienzan a utilizar los púlpitos informativos para advertir de una imprescindible reconducción de la realidad de las Cajas sean los mismos que pueblan sus respectivos Consejos de Administración en representación de las plazas en las que éstas se encuentran radicadas, orientando una política inversora basada en el retorno a misero coste de faraónicos proyectos en los que se corta la cinta con la misma tijera que se guarda a la hora de aprobar la operación crediticia de turno. En suma, una clase política que vino reformando la Ley de Cajas para asegurar su presencia en todos aquellos órganos decisorios de las mismas, indicando el destino para desmanes propios y ajenos en la cercanía y que, tras ver la luz de la eficiencia y sobriedad inversora, acusan a su propia silla vacía.

– Aparece la figura SIP (Sistema Institucional de Protección), una abstracción llamada a asegurar la viabilidad financiera de las Cajas de Ahorros, alentando la búsqueda de sinergías de negocio entre ellas y centrada en aquellas que no cumplen determinados requisitos en cuanto a sus ratios de eficiencia, volumen de negocio, riesgo de deuda, etc. Una estrambótica invención que persigue, inicialmente, la creación por parte de uniones de Cajas de un nuevo ente, en forma de institución con apariencia bancaria, llamado a liderar el negocio de cada fundador con una política única en sus territorios de origen, con creación de marca común que conviva con las restantes y evitando, en todo caso, el solapamiento de la red comercial de los integrantes así como potenciando, en definitiva, su eficiencia futura. ¿Eficiencia y mejora en los costes creando una nueva organización sin desmantelar las originarias? Parece descabellado, pero el Banco de España manda y muchas entidades de ahorro comienzan a obedecer.

– A mediados del año 2010 comienzan a darse los primeros movimientos, todos ellos de lo más variopinto: Cajas de Ahorros de mediano tamaño, con solvencia suficiente y moderación en su política de riesgos y salarios (Banca Cívica, hasta la obligatoria adopción de CajaSol), liderazgo de entidades de cierto volumen a las que se agregan satélites financieros en busca de cobijo (Bankia), descabellados proyectos con radicación exclusiva en una Comunidad Autónoma (NovaCaixaGalicia), integraciones minúsculas con el objetivo de cumplir el expediente (Unnim, Caja 3, etc.). Todo tipo de formas de entender la nueva normativa, de orientar un incierto futuro en busca de respuestas en el pozo de la desconcertante fortuna.

– Rectificación brusca: eso de un banco-faro-guía sobre el destino uniforme de matrimonios cajeros de conveniencia se torna en la obligatoriedad de segregación del total de activos, plantilla y negocio a la entidad matriz, salvo aquel adscrito a las respectivas obras benéfico-sociales. Toma del frasco, carrasco, en nombre de la santificada pero hasta ahora inadvertida consecución de la eficiencia. De un día para otro, se escrituran propiedades en nombre de las nuevas S.A., se novan contratos laborales, se redimensionan las políticas gestoras y de negocio, etc; pero, de mejora en la actividad puramente financiera, de sinergias favorables en la eficacia del método, nada de nada. Lo que sí se alumbra en partos fulgurantes es el nacimiento de una nueva clase de banqueros provenientes de las estructuras de aquellas entidades cesionarias, prestos a otorgarse sueldos astronómicos y situarse en un plano elitista en lo profesional, alejados de la noche a la mañana de sus otrora compañeros de fatigas. De igual manera, se ralentiza abordar las imprescindibles armonizaciones colectivas en cuanto a política de salarios, horarios, beneficios sociales, etc., de las respectivas plantillas.

– Muchas de las aventuras integradoras entre Cajas de Ahorros, en ningún caso voluntarias ni de manos desatadas, comienzan a desbarrancar por el desfiladero de condiciones más y más exigentes por parte del Banco de España y el Ministerio de Economía. Se advierte de la inviabilidad de aquellas uniones que no cuenten con un volumen de negocio cercano a los 150.000 millones de euros y se empiezan a colocar los acelerados plazos para enfrentar una nueva ronda de amores de pago, de roce sin cariño. Salvo excepciones muy localizadas (KutxaBank, tal vez Bankia, Ibercaja con algún amiguete de menor estatura, etc.), el resto de SIP alertan su radar de supervivencia en busca de salvación… en la cúpula. Esa camada de incipientes banqueros de amplísima nómina pero costumbres viciadas se reúnen y no se dejan de reunir en busca de un socio con el que seguir manteniendo el sillón caliente y el chófer en la puerta. La lentitud es el signo distintivo de estas rondas sin victoria a los puntos. En el comienzo del año en curso, el nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, acelera los plazos para que esos contactos fructifiquen, so pena de excomunión financiera. A todas éstas, se van definiendo las subastas de aquellas entidades de ahorro podridas por dentro, impunes por fuera. El sector bancario comienza su devorador propósito inicial, adjudicándose la bicoca del animal herido (marca, clientes, patrimonio, etc) por cantidades tan astronómicas como un euro (Banco Sabadell-CAM). Porque, claro, los 3.000 millones necesarios para cicatrizar su necrosada herida provienen de las plaquetas tributarias, la de los impuestos públicos y, así, servida limpia y sin escamas, la gran banca se va quedando con entidades que bien podrían fusionarse y, tras ese reflote con capital de todos, inaugurar una nueva y solidaria banca pública, en compromiso innegociable de no rivalizar con la actividad de intermediación financiera del la banca privada, pero desarrollando esa gestión poco rentable pero fundamental para la necesidad de ver fluir crédito a la economía más débil (familias, pymes, etc.), además de gestionar de manera directa los más de 45.000 millones del Instituto de Crédito Oficial (Préstamos ICO), y no depender de su sospechosa utilización por parte de la gestión indirecta que realizan las entidades bancarias en forma de loteros que conocen el premio de antemano.

– Hoy, día uno de la nueva crisis que vendrá mañana hasta la hecatombe de pasado, el desguace del sector de Cajas de Ahorros es un hecho. Entidades nacidas del cooperativismo y solidaridad local, sin ánimo de lucro y sin dueños, han sido puestas miserablemente en el mercado privado, otorgándoles su valor el ondulante precio de una acción cotizada en lugar de un objetivo balance o una reinversión de sus beneficios en la plaza respectiva por medio de su acción social, cultural, medioambiental o de promoción deportiva. De su ganado, cuando proceda, prestigio. Se mutila así, de paso, la creación de riqueza indirecta en base a la pérdida de centenas de millones de euros que ahora pasan a engrosar, en el mejor de los casos, departamentos de marketing y publicidad comercial y sesgada.

– Estos amaneceres del mes de marzo del fatídico año 2012 se han convertido en la línea de salida acelerada de la previsible conclusión de ese proceso de bancarización absoluta del sistema financiero español. Muchas de las entidades en guiada búsqueda de supervivencia difusa disfrutan de los miles de millones entregados por el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) sin aparentar inversiones de mejora concreta en su fortaleza inmediata. Por el contrario, e ignorando supinamente el nuevo convenio regulador de Cajas, que explicita la asunción de medidas de reordenación en ningún caso traumáticas en el empleo, comienzan a plantear, reforma laboral bajo el brazo, despidos inmediatos, cierre de sucursales, congelación salarial, desaparición de beneficios sociales, etc. ¿Con qué propósito si tienen un incierto futuro a semanas vista? Ni más ni menos que para dejar limpito el patio delantero con el objeto de que pasen y entren los dueños de todo esto; la gran banca afila los cuchillos para hincar el diente a bajo coste a aquellos rivales a los que, en muchas provincias, nunca pudieron tumbar en buena lid, en el terreno de la prestación de servicios financieros y atención al cliente. Hoy son todos suyos, están a la venta. Y barato oiga, que el desguace ha terminado.

Reptando por la Reforma Laboral

Imposible analizarla erguidos y con la espalda tiesa. La letra, en este caso, entra con sangre y vísceras, obligándonos a ingerirla en posición horizontal y sobre gélido mármol. Mármol de otros, evidentemente.

Si algo supone mayor asquerosidad que la redacción en sí del Real Decreto Ley 3/2012 (lo que demuestra su enorme consenso y voluntad de análisis con el resto de formaciones políticas; decretazo al canto y convalidación posterior sin debate y publicidad parlamentaria. Otra mentira más para el saco de los populares en menos de un trimestre de responsabilidad ejecutiva. Y van…), es la terna de contertulios y redactores miserables que no son capaces de salirse del esquema que, vete a saber y sabemos, les ha sido dictado con pelos y punto y coma: que estamos ante una reforma completa y necesaria, que su contenido flexibiliza y hasta mejora la relación entre empleado y empleador a la hora de “negociar” su relación laboral, que allende los mares y los montes la precariedad en la contratación es aún más aguda y ello permite un movimiento del mercado de trabajo más agil, etc, etc. Todas estas invenciones, estos pagos por adelantado, no hacen referencia a la ausencia de elasticidad en los elementos más rígidos y, a su vez, responsables en mayor medida del estancamiento económico del país; por un lado, el sistema financiero nacional se niega a cumplir su objetivo empresarial, esto es, la intermediación en el crédito. No hay más que ver cómo los 45.000 millones de euros destinados a préstamos ICO se han quedado fosilizados mientras los bancos reciben préstamos al 1% de interés con los que especulan en bonos de hasta el 6% de rentabilidad, en lugar de realizar una política crediticia eficaz para familias y pymes, además de otorgar cobertura social a aquellos colectivos estrangulados por sus deudas bancarias. Por otro lado, realzan el latigazo en recortes de derechos ajenos pero obvian los complementos públicos de protección ciudadana frente al desamparo del desempleo. En Inglaterra el despido es barato y sencillo para el empresario, de acuerdo, pero maneja una oficina pública del trabajo ágil y eficaz, en la que la media de recolocación del trabajador se mantiene en dos meses y donde la cobertura económica es alta, mediante la presentación de facturas y su correspondiente abono al parado. En Francia, país que se utiliza como termómetro para nuestros anhelos (Zapatero todavía no olvida su despropósito público acerca de alcanzar en 2007 el PIB del país galo) y envidias (deporte como referencia del status nacional), la indemnización por despido se mantiene en 60 días por año trabajado, no en quince como algunos voceros del capitalismo braman sin vergüenza, aprovechándose de la incultura normativa general. Y así…

Pero entremos en harina de este costal. Ciñámonos a la letra del texto con rango de ley que ha sido aprobado y explicado en una rueda de prensa con enormes lagunas interesadas para producir confusión social y hasta apoyo de un amplio sector de la clase trabajadora educada en el capitalismo voraz que le impide ver siquiera una secuoya en el desierto.

Art. 10, relativo a la movilidad funcional de los trabajadores: El empleado puede ser recolocado en funciones de mayor o menor escala profesional por la abstracta necesidad de razones técnicas u organizativas. Si dichas funciones de superior categoría exceden del plazo de seis meses durante un año, o de ocho durante dos años, el trabajador puede reclamar el ascenso. Claro que el convenio de empresa puede regular lo contrario, y como ahora éste prima sobre el del sector, difícil va a ser que regule esa posibilidad en favor del trabajador.

Art. 11, relativo a la movilidad geográfica: Más subjetividad, que es la guerra del capitalismo. Las empresas que no tengan centros de trabajo móviles o itinerantes sólo podrán trasladar a sus empleados por (¡tachán!) razones técnicas, económicas, organizativas o de producción que lo justifiquen. Vamos, cuando les venga en gana, ya que en el párrafo siguiente define estas razones como cuestiones relacionadas con la competitividad, productividad u organización técnica o del trabajo de la empresa. Le deseamos que usted no esté contratado en una fábrica con sedes allende los mares, porque este cajón de sastre les permite, en caso de necesitar aligerar la plantilla, solicitarle un traslado a miles de kilómetros de su residencia habitual. ¿Qué no le interesa? Tranquilo, ya le ha comentado su tertuliano favorito que esta reforma “flexibiliza” su diálogo con el patrón. El siguiente párrafo del artículo en cuestión regula que, notificado el traslado (diálogo fluido), puede optar por aceptarlo o no. En el segundo caso, extinción contractual, 20 días por año trabajado de indemnización con un máximo de doce mensualidades, y a otra cosa.

Art. 12, relativo a modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo: Uno de los principios básicos de la Ley es su necesaria seguridad jurídica. Así lo entiende el legislador popular al retomar esa concretísima idea de razones económicas, técnicas, organizativas o de producción, relacionadas con la certeza que impregna los términos competitividad, productividad u organización técnica o del trabajo en la empresa para poder unilateralmente modificar la jornada de trabajo, el horario y distribución del tiempo de trabajo o el sistema de remuneración y cuantía salarial, entre otras cosas tan secundarias para aquellos que trabajamos por… por… ¿Por qué trabajamos? debe ser por pasar un rato de ocio junto a nuestro amigo el empresario. Estas modificaciones pueden afectar a las condiciones reconocidas tanto en el contrato de trabajo como en los acuerdos colectivos. Efectivamente, esta reforma impulsa el diálogo entre las partes, la bilateralidad de la relación laboral se refuerza una barbaridad que no veas. Pero no seamos injustos, que el patrono tiene un montón de obligaciones dentro de este artículo, tantos como notificar dicha modificación en el plazo de 15 días. El trabajador, por su parte, esgrimirá su negativa tajante y el artículo le otorga unos derechos que parecen privilegios de nobleza: 20 días por año trabajado…. qué bicoca!

Art. 13, relativo a la suspensión del contrato o reducción de la jornada por causas económicas, técnicas, organizativa o de producción derivadas de fuerza mayor: Nuevamente, estas condiciones tan concretas son excusa suficiente para que, sea cual sea el tamaño de la empresa y la cantidad de trabajadores afectados, el empleador puede acogerse con un mero aviso con quince días de antelación a la aplicación de la medida. Se puede berrear en un juzgado de lo social, como de costumbre, pero la ley con sangre seguirá entrando hasta el espinazo.

Art. 14, relativo a la negociación colectiva: La madre del cordero. Comienza la modificación del artículo 82.3 del Estatuto de los Trabajadores (o cómo se defina ahora el régimen de semiesclavitud) advirtiendo que los convenios colectivos obligan a ambas partes, salvo lo dispuesto en las reformas antes mencionadas (¿Queda alguna obligación por la parte que imaginan?). Sin perjuicio de lo anterior (irónicamente textual), dichos convenios pueden ser inaplicados por esas causas que venimos repitiendo y que deben tener a la cúpula de la CEOE con insomnio perpétuo, en materias tan intrascendentes como la jornada de trabajo, su horario y distribución, el sistema de remuneración y cuantía salarial, el sistema de trabajo y rendimiento, etc. Minucias. El decretador ( que no legislador, ya que emana del poder ejecutivo esta norma pendiente únicamente de convalidación por un grupo parlamentario con mayoría absoluta) se digna en explicar, con su habitual subjetivismo normativo, en qué consisten estas causas tan trágicas para el honrado patrón asfixiado por un mercado laboral que oprime sus desinteresadas expectativas empresariales. Léanlas que a nosotros nos da la risa.

En dicho artículo también se aborda la anunciada reforma acerca de la escala jerárquica de los convenios colectivos. Efectivamente, el artículo 84.2 del Estatuto recoge a partir de ahora la prioridad aplicativa de los convenios de empresa respecto del convenio sectorial estatal precisamente en aquellas partes de la relación laboral mencionadas anteriormente (sueldo, horario, etc.). Si en un entorno de relación económica tan frágil y fragmentado como el actual era complejo poner de acuerdo a un sector productivo, a ver quien es el inconsciente que pierde fuerza en la gran batalla en lugar de optar por la guerra de guerrillas. La victoria final es ahora papel mojado, todo se cuece en la empresa de turno, con la buscada división de la clase trabajadora en busca de su salvación particular, de su pelea calle por calle, sólo y sin munición.

Para otorgar un espacio de reflexión a esta relación laboral tan de iguales, el artículo 86.3 afirma a partir de ahora la necesidad de acuerdo en el plazo de dos años a partir de la pérdida de vigencia de un convenio. En caso contrario, pasa a regularse la relación laboral en base al convenio de ámbito superior, esto es, al sectorial pero… ¿existirán tales acuerdos?

A partir de aquí, y durante el grueso del texto, éste se pone digno y hasta romántico, revisionando las herramientas administrativas y procesales a las que tiene acceso el trabajador para defender sus (ja) derechos si los entiende menoscabados. Claro, las razones económicas, técnicas y organizativas no dejan mucho margen al orgullo laboral. Analizando los artículos en cuestión, la disminución indemnizatoria de 45 a 33 días por año trabajado y su tope de mensualidades de 42 a 24 no parece ya la protagonista trágica de este hundimiento laboral. Total, siempre habrá una razón económica o técnica que eche por tierra su miserable expectativa compensatoria, haciéndole reptar hasta la oficina del INEM más cerca. Aproveche, siempre hay un curso de manipulador de alimentos esperándole.

 

El maltrato colectivo

Una sociedad o una nación se pueden conocer por como tratan a sus animales.                    Mahatma Gandhi.

A estas alturas de nuestra autocomplaciencia como sociedad avanzada, España continúa siendo un enclave geográfico donde sus inmaduros ciudadanos abandonan a diario una media de cuatrocientos animales de compañía. Dejar en tierra a un ser vivo que se ha incluído voluntariamente en el nucleo familiar y que, de este modo, se le ha integrado emocionalmente, es doblemente doloroso; su razonamiento y habilidad empática se ve masacrada ante el desorden sentimental que le supone verse expulsado de su realidad. Como sabemos, lo que suele ocurrir a partir de ahí supone un desgarrador descenso a los infiernos más o menos acelerado: desde atropellos por extravío espacial o enfermedades, hasta la llegada a un centro de animales que, en la mayoría de las ocasiones, no es más que una factoría del exterminio y el maltrato.

Resulta evidente la necesidad de sensibilización social acerca de este trágico fenómeno que no ofrece mejorías estadísticas en los últimos años, más bien al contrario. Su línea de salida está perfectamente delimitada, con la prohibición de realizar acciones de compraventa que tengan como objeto a un animal. En efecto, estamos desgraciadamente acostumbrados a ver a las tiendas de mascotas y sus opresivas jaula-escaparates como establecimientos agradables, casi como comercios sensibles a la vida animal. Sin entrar a valorar el amor que puedan sentir por otras razas vivas sus dueños y dependientes, lo que no escapa a un análisis de certeza es su peligrosidad estadística para el mantenimiento de los terribles datos de abandono y repulsa de perros y gatos en nuestro país. Dos razones poderosas han de esgrimirse para reivindicar la imposibilidad de venta de mascotas: el tufo esclavista que supone mercadear con seres vivos que, a priori, van a ocupar un puesto en el núcleo familiar, así como la ausencia del período y elementos reflexivos en la toma de decisiones profundas que supone esa integración por parte de un nuevo miembro a nuestro hogar. Un tercer elemento se podría añadir, sin duda, tal y como sería lo innecesario de su mercado existiendo un descompensado elemento de oferta sobre la demanda: los centros de acogida se encuentran repletos de perros y gatos ansiosos por conseguir cobijo y cariño, y son éstos lugares donde podemos recibir el asesoramiento adecuado y la meditación necesaria de cara a tomar una decisión con todas las consecuencias. La voz de la liberalidad electiva, aquella que reclame su derecho a adquirir la mascota que se corresponda a su raza favorita de can o felino, ya está reconociendo implícitamente su ausencia de interés por adoptar con todos sus efectos y emociones.

Al intentar analizar esa insensibilidad histórica no hay que realizar sesudos estudios de comportamiento con el entorno, sino algo tan sencillo como comprobar nuestras herramientas de relaciones con el prójimo: una sociedad a la cabeza en el asesinato a sangre fría a manos de la pareja (ejem) sentimental, en la que el maltrato escolar continúa siendo tolerado e, incluso, aplaudido en ocasiones y que defiende con uñas y dientes la existencia de espectáculos abominables de tortura animal como sangriento divertimento colectivo no parece el mejor punto de partida para plantear la sensibilización inmediata de sus miembros para con aquellos a los que considera elementos de decimoquinta categoría en la ingrata escala de puntos civilizatorios.

Ante un panorama así, es más sencillo entender (que no comprender), la reciente reforma laboral emprendida por un gobierno maltratador al que han aupado en hombros millones de ciudadanos masoquistas. El PP, poco amigo de las ruedas de prensa y la explicación pública de sus responsabilidades gubernamentales, ha optado por ir un paso más allá, y además de no aceptar preguntas en sus alocuciones ahora añade la mentira directa a la hora de dar cuenta de su toma de decisiones, decisiones por otro lado antagónicas a las planteadas durante su larga travesía en la oposición y en plena campaña electoral. Para horripilarse y tomar consciencia de la que nos espera sentados en el sofá no hay nada mejor que leer el Real Decreto Ley 3/2012 que desarrolla una reforma que es esclavitud encubierta, que no se centra en la ya de por sí dolorosa rebaja del período indemnizatorio de 45 a 33 días por año trabajado, sino que, por el contrario, entrega a la empresa infinidad de herramientas excusatorias cara a despedir libremente por la misera cantidad de 20 días y con un límite máximo de 9 meses de finiquito. Para poner el lazo al jugoso regalo que ha recibido el poder del capital, los convenios colectivos de empresa tendrán prioridad a los del sector, consiguiendo de este modo debilitar y desorientar en peleas minúsculas e indefensos a los trabajadores de cada ramo, con lo que aquellos acuerdos de relación colectiva en un determinado segmento productivo quedarán en papel mojado, si es que siquiera existen, dado el interés prioritario que tendrán los representantes de los trabajadores en cerrar cuanto antes el de su factoria o empresa. Que no corran tanto, porque a su vencimiento, y en el plazo de dos años, su contenido dejará de tener validez, lanzándolos así a aceleradas negociaciones donde, como se sabe cuando uno va con prisas, se suelen dejar cosas atrás.

Este panorama está refrendado por millones de maltratadores/as silenciosos, que con su voto y pasividad han tejido el germen de una relación nacional entre unos pocos maltratadores armados hasta los dientes y millones de potenciales maltratados esperando aterrorizados la primera bofetada. El que se crea libre de latigazos, que continúe haciendo zapping.

Leyendo la certera definición de Mahatma Gandhi, y sufriendo a diario el trato que infringimos a nuestros animales, era sólo cuestión de decoroso tiempo y forma comenzar a recibir los puntapiés de nuestros insensibles semejantes.