Una pista de hielo armado

PatinazoPolitico3Se dedican profesionalmente a aquello diseñado para ser cubierto de manera circunstancial, ocupando sus butacas unos y otros, en cierto modo un poco todos; o, al menos, una parte proporcional de cada tendencia, por muy genéricas que éstas deban ser. Todo ello, claro, siempre y cuando supongamos que el común de los ciudadanos tienen un interés tan real como bien nutrido en cuanto a ver la política, a saborearla, con la certeza de que resulta importante para sus respectivas existencias.

Éstos a los que nos referimos, tan repetidos como aquellos cromos sin valor a la hora de cambiar en busca del ausente, del último, del único, han conseguido rellenar esos asientos ad eternum. Se presentan a los comicios con la certeza de estar únicamente revalidando de una manera medianamente incómoda casi un derecho transmisivo, una especie de renovación documentada; un par de fotos, unas firmas, alguna sonrisa, y vuelta a la realidad. Debe ser por eso, como primer argumento a valorar, por lo que el nivel de traspiés viene aumentando en cantidad y baja calidad durante las respectivas campañas electorales. Y, probablemente, la necesidad imperiosa tanto del PP como del PSOE por mantener los niveles de participación a dieta estricta ayudan a destensar los discursos y participaciones de sus candidatos, empeñados como parecen en calzarse unos patines bien afilados y lanzarse a trompicones sobre pistas de hielo armado. ¿Todas las caidas son fortuitas, o el sombrio ridículo de patujadas propias de no iniciados políticos son el eslogan de baja intensidad, unos desacordes que no arañan el disco y nos hacen saltar de canción en canción, imposible descubrir la melodia?

PatinazoPolitico2En el plenilunio de las campañas, las grandes formaciones, ahora en probable decadencia, allanan el camino de sus rostros mismos, con torpezas quien sabe si calculadas a partir del error permanente, de la confianza generada por ese salvoconducto electoral que les hace entender que no hay mal mayor que el canovismo de nueva esfera. ¿De qué manera si no se puede llegar a explicar que un candidato a obtener la mayoría minoritaria, ataviado con asesores de toda tendencia y colorido, enrede en prime time sus calculados mensajes con machismo de alto voltaje, aderezado con alta graduación, no apta para ciudadanos de política hepática, de soberbia intelectual indemostrable? Cuando estas situaciones se producen, lo último que se espera es que sus ejércitos acudan al rescate con armas silenciosas, provistos de capa sin espada, dejando el campo de campaña hecho unos zorros, sin vivos ni muertos. Sin discurso. Premeditación y alevosía; a falta de argumentos, buenos son los espectáculos de pirotecnia sin pólvora.

PatinazoPolitico1Todo este recorrido parece surgir como, por tanto, nueva estrategia de esos grandes diseños del marketing político, tan carentes primero de ideología y discurso, y que ahora parecen evolucionar hacia la supervivencia de sus clientes eliminando también hasta a los candidatos y sus eslóganes. Siguiendo este hilo conductor, y con el control de los medios de desinformación, el público cautivo, con las siglas y el mamporrerismo de su lado ya bien insertado en el ADN cuatrienal hasta el punto de repetir, como un roedor de laboratorio, el conductismo causa-efecto designado, se encargará de mantener los niveles de representación de sus huestes.

Esos patinazos cada día más habituales obtienen, además, un relleno superior en los espacios informativos destinados al análisis y el discurso político. Y qué decir de las boyantes redes sociales, ahora víctimas de un nuevo fantasma gélido que les invita a movilizarse ante su criminalización vacua, en lugar de ser pasto de campaña alternativo. ¿Es esa obsesión por buscar tipos penales imposibles para controlar la demencia violenta de unos pocos otra pirueta que lleva al poder de bruces contra la masa de hielo o, rindámonos a la evidencia, el virtuosismo malévolo del bipartidismo, entrando a la pista con movimientos patosos, agarrado a las barandillas, para provocar nuestra carcajada a punto de silenciarse? Si nos retiramos confiados, todavía con una sonrisa de peligrosa autoestima a cuestas, puede que a nuestras espaldas nos estemos perdiendo algún que otro triple salto que haga revalidar el triunfo de las malas artes.

Foto velada

NewYorkPostRelata el refranero de uso cotidiano que una imagen vale más que mil palabras, pero no es del todo cierto o, como suele suceder en este tipo de afirmaciones que saltan inconscientemente del cerebro a las cuerdas vocales, encierra tanto de cierto como de erróneo. La publicación, hace unos días, de esta instantánea en The New York Post, donde puede contemplarse la fatalidad abandonada de un transeunte a punto de ser engullido por la maquinaria de un vagón de metro en un andén de La Gran Manzana no revela ninguna exclusiva periodística, pero si deja al descubierto lo solos que nos encontramos cuando la hora punta nos provoca un falso cobijo de sentirnos seguramente rodeados.

Ésta es la última foto velada del periodismo inmediato, que nació desde el mismo día de la invención de la cámara fotográfica y que exponencialmente carga sus imágenes a medida que las nuevas tecnologías han democratizado la constatación gráfica de cualquier escena cotidiana, aunque ésta resulte anodina o, como ocurre frente a la muerte abandonada, carezca de interés informativo en tanto en cuanto alumbre, ahí sí, un hecho de lo más noticiable: la prioridad por el impacto frente a la sensibilidad social.

NiñosMuertosSea en medio de la pretendida civilización y sus normas de consultas salteadas, ocurra en tierras que se nos muestran únicamente cuando la sangre se derrama por bandos sin clasificar pero presentados con la parcialidad del que toma y nos incita a tomar parte, los ojos inertes, el pavor ante el acontecimiento definitivo de sangre y sombra, arramblan con toneladas de morbo a velocidad de crucero, entre presentadores que ensayan una gestualidad cariacontecida para acusar, presuntamente doloridos, al terrorista sin juicio que, nos aseguran, comete la barbarie de masacrar espinazos infantiles con la misma celeridad con que pasan a modo sonrisa para anunciarnos las ventajas irrefutables de una pasta dentífrica. Muerte y venta, venta y marketing; venta, en definitiva, de productos y prejuicios, en media hora, a cinco columnas.

La crisis del sector informativo no puede, en ningún caso, servir de excusa para una lacra que viene emanando hace décadas desde los despachos superiores de las redacciones, desde aquellas dependencias donde las máquinas de escribir antes y los ordenadores portátiles ahora nunca han tecleado más que cartas de despido. El respeto por la profesión es consustancial al narrador que, en la fabula más atormentada, traslada el relato de lo vivido bajo el ritmo de la poesía sin prisas. Informar no significa, no puede en ningún caso, empaquetar en un dispositivo de letras o imágenes, a velocidad de vértigo, las escenas de mayor truculencia para servir de complemento al segmento de variedades y cotilleos. No es menos cierto que las responsabilidades en cualquier ámbito suelen trasladarse en doble sentido; para eso siempre existirá el ideólogo que rechazará las responsabilidades y afirmará que se vende lo que se demanda. El juego de siempre, la excusa que todo lo enturbia. Qué grado de verdad puede tener una mezquindad así en una etapa en que el sector de la información zigzaguea por el período más indeterminado, frágil y errático de su historia. Se podrá también esgrimir que esto ocurre porque, con las múltiples redes sociales y el consiguiente acceso a la democratización que internet ha supuesto para emitir juicios de valor y opiniones varias desde cualquier lugar en la mano, los medios tradicionales deben buscar formatos y propuestas capaces de proteger su espacio de negocio.

Pero la confusión y la trampa de medir los párrafos en peso de potencial venta, aderezados con imágenes como las expuestas, sólo alcanza a aplastar la vendimia y dejarla al sol; con la piel churruscada frente al flash constante somos incapaces de olisquear el mosto vital que se filtra y desaparece, alimentando el terreno inadecuado.

 

Una gélida e inacabable primavera

El inevitable poder de la semántica ha venido contrayendo las esperanzas propias (que no ajenas, occidentales) de cambios positivos para el discurrir de la sociedad norteafricana y de Oriente Medio. La luminosidad de una primavera con plazas atestadas de valientes, sin temor frente a presuntas maquinarias inhumanas, se ha ido marchitando pero sin recibir apenas rayos de cálido efecto ultravioleta y, un año después, el escenario en el que permanece la esperanza continúa sin barrer, con olor a putrefacción política.

Desde nuestra analítica sociedad, presta a emitir juicios de valor acerca de realidades y territorios que se califican de ejemplares y peligrosos casi en el mismo párrafo, qué sencillo resultó asistir a un conglomerado de sesudas reflexiones acerca de elementos de leyenda que magnificaban la condición humana en cuanto valor de progreso colectivo. Capaz una sociedad semianalfabeta y dividida, acostumbrada a la supervivencia individual, en convertirse de la noche de los tiempos a la mañana del futuro en hormiguero ordenado frente a la Reina voraz. Aplausos, aplausos, de nuestras democracias, que no tardaron en ponerse públicamente del lado de aquellos sumisos habitantes de territorios-dique que, precisamente, optaban a derrocar a dirigentes amigables, bastiones de control ante el abstracto fenómeno del islamismo radical (como si Islam pudiera ser, en su esencia, poesía para despiadados), generalatos que obviaban la permanente agresión sionista a sus congéneres. Hoy Túnez y Egipto han perdido el rostro incómodo que consumía miles de estatuas y cartelones publicitarios de oda al dictador en el que centrar la causa-efecto-solución de las rebeliones, mas continúan comprobando como el poder sin rostro eterniza los mismos baches, idénticas desigualdades e injusticias. No importa, el analista allende los mares continuará acostándose con la satisfacción literaria de hacer creer, y hasta convencerse dogmáticamente, que todo está resuelto porque las santificadas redes sociales demostraron su eficacia una vez y volverán a hacerlo cuando se estime oportuno. Las redes sociales, el fenómeno de la interconexión tecnológica en poblaciones sin apenas acceso a estaciones de comunicación y con, precisamente, angustiosas realidades económicas como para estar provistos de smartphones, ipad y demás zarandajas de insensata digestión. Que cosas tan cinematográficas.

¿Qué fue mientras del día en que florecieron las rosas del desierto? En esa eclosión colorida de cambios esperanzadores, las fuerzas vivas de este lado del globo no quisieron ser pacientes para con las decisiones populares y arrancaron por soleares en Libia. Primero, una exclusión aérea y, para cuando quisimos darnos cuenta, teníamos a la representación del mal encarnado en rostro informe, empalado, golpeado y, finalmente, asesinado en plena calle como argumento de un futuro esperanzador en esto de la exportación democrática. Un año después, Amnistía Internacional viene denunciando la sistemática violación de los derechos humanos en la práctica totalidad de centros de internamiento visitados en el país beduino; las milicias continúan actuando con bélica impunidad, la inseguridad y falta de servicios es insoportable, regresando a tiempos de permanente conflicto tribal en un terreno arenoso que nunca aspiró a ser Estado.

Hoy toca Siria, y destruir así cualquier cordón umbilical con el escudo iraní, dejando al descubierto su viabilidad como Estado soberano. Nuestros medios de comunicación ya están ejerciendo su obligatoria avanzadilla de concienciación ciudadana en cuanto a lo que ocurre minuto a minuto de Damasco a Homs. No hay institución supranacional que valga ni convenio de cooperación que se precie que evite ser superado por la indiscutible verdad de nuestros gobiernos, que pierden el sueño de repente ante su destino universal en la protección humana allí donde se cometa una injusticia; ellos la detectan con eficacia meridiana, sobre todo cuanto más cerca ocurra del imperio israelí y más negro sea el suelo por donde se pisa. Eso es democracia, eso es primavera. Aprovechen que, como unas soñadas rebajas, ésta nunca acaba. Usted, que se informa escrupulosamente en prensa, radio y televisión, ya lo tiene claro.