El rejuvenecimiento rugoso

PedroSanchez1Una renovación a las puertas de un museo, el surrealismo de las prisas sin equipaje a la vista; en definitiva, el rejuvenecimiento áspero en su superficie y al tacto político con el ph menos neutro posible. Desde ahí emerge la figura baloncestística de Pedro Sánchez, diminuta hace menos de cuatro meses y que, desde, por o para el aparato, ha aumentado internamente a una velocidad que riase usted de la exponencialidad electoral de Podemos. Pero ahí se queda, en lo interno, en lo doméstico y domesticado, tanto así que de los diecisiete puntos a los que se comprometió el político madrileño en su presentación como candidato nada ha tardado en conculcar el primero de aquéllos a los que ha tenido acceso, esto es, retrasar las primarias en su formación para elegir el candidato, el cabeza de cartel, el rostro que intentará mantener la pelea vacua en una política sin contenido.

Lo que es indudable es que con Pedro Sánchez ha desembarcado de manera definitiva y refinada el modo norteamericano de hacer política por estos parajes en desertización democrática. No hay más que ver el video propagandístico para animar su campaña interna en el PSOE, recorriendo aspectos de su intimidad más prescindible en el debate de las ideas, el que en cualquier escenario político se necesita: amigos de infancia relatando sus virtudes y esas pequeñas debilidades, tan tiernas en la construcción del liderazgo; una novia que recibió el flechazo instantáneo, irresistible, ante la presencia del nuevo Secretario General socialista, recordándote que si ella no pudo resistirse antes incluso de hablar con él, ¿Cómo vas a hacerlo tú, desorientado votante, que tanto anhelas abrazar nuevamente la rosa aunque tenga espinas?

PedroSanchez2Volvamos a los famosos diecisiete compromisos de Pedro Sánchez, la tenue sombra a la que todos los dirigentes socialdemócratas ahora se arriman en busca de tímido cobijo para que su arboleda electoral no se despoble, obligándoles a huir al mundo real, con el cambio policlimatológico que se avecina. Luchar contra la corrupción, primarias para todos, puertas giratorias atrabancadas, fin de indulto y aforamientos múltiples, reformas legales genéricas, etc. ¿Y dónde podemos encontrar el socialismo que reclama la ciudadanía, la búsqueda de condiciones laborales y de ejecución real de derechos y perspectivas sociales? No en su sonrisa, desde luego, porque el PSOE se encuentra sujeto a una mastodóntica maquinaria de supervivencia enterrada entre su poder ser y su ser real. Resulta evidente que una participación del 65% en sus bases de afiliados en un éxito de movilización, pero habrá que ver si estos lo han hecho también en la convicción que el cambio de cromos volverá a resultar higiénico para que su hogar político no se derrumbe y, más aún, resurja de sus múltiples cenizas ideológicas.

Desde IU y Podemos resulta bastante evidente su común regocijo por esta orientación en el aparato socialista, que parece preocupar en mayor medida al PP que a todo aquello que se viene gestando a su izquierda, cada día a mayor distancia de lo que sus siglas aparentan ocupar. No obstante, resulta paradójico que quien más le alabe también le tema, bien porque por un lado garantiza el equilibrio del bipartidismo por más que la primera decisión, nada meditada y muy en la línea efectista de la vacuidad programática, sea romper el pacto pro Junker, aunque también su aparente moderación salvaguarde el negocio pero pueda, desde la parafernalia del marketing político, pescar con cierta opulencia, por primera vez, en el caladero popular, siempre a salvo del pirateo electoral por más que Vox y otras cañas desorientadas hayan intentado asomar en río revuelto.

¿Quién ha sido quién en estas urgencias? Negar que el cataclismo de los pasados comicios europeos no ha removido, dentro de sus escasas capacidades, briznas de apariencia cambiaria en los mastodontes políticos es de un cinismo espantoso. Pero está claro que el Partido Popular postergará cualquier estrategia a la extenuación de su mayoría absoluta, mientras que tanto Eduardo Madina como Pérez Tapias ya venían siendo rostro de líneas que rumiaban otro panorama antes incluso que se certificara la defunción de la calma bipartidista. En cambio, será Pedro Sánchez, un obediente miembro del aparato tanto desde su responsabilidad en la Asamblea General de CajaMadrid como en la reforma express del artículo 135 de la Constitución, quien decore el futuro próximo de la socialdemocracia española. Su sonrisa ya ha llegado. Sus ideas, si las tiene, se harán de rogar.

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Actores nada memorables

De poco, nada. Absolutamente nada. Rodeados como estamos, creyentes de la excepcionalidad, de tanta vulgaridad equivalente a la que emanamos, le echamos vodka al té haciendo únicamente nuestro papel, que es de permanente extra. Qué bendita suerte contar con miles de políticos, hechos casta, hechos masa, malformados, tan adorables como los futbolistas de camiseta ajena, a los que nutrir con nuestra indispensable condición de enviar balones fuera de la patria.

PocoMemorables1No hay ciudadano que no guarde un arma debajo de su metafórica ropa interior. No hay ser humano que no camine con una tormenta sobre su cocorota, todas ellas empecinadas en complicar algo tan sencillo como es el panorama que le queda, sin fecha pero sin frontera. No es siquiera una afirmación que necesita el contraste de la ciencia histórica, especulativa siempre por cuanto el bípedo es especialista en amoldar su pavor a la excusa más pintoresca de cara a presentarse noble; sólos o en tromba, ensayar lo que no somos ni mucho menos pretendemos ser es hábito que fabrica demasiados monjes a tiempo parcial.

Dicho esto, qué podemos esperar de nosotros mismos, como sociedad, cuando el uno se convierte en miles por una de esas obligaciones demasiado excusables, y el 25 de mayo nos presentará ante unas urnas despotricadas pero que se mantienen cristalinas? A saber. Suponemos un concepto vivo tan peculiar, tan contradictorio. Ya nos están hablando de derby bipolar, televisión prime time mediante, y hasta nos descuidamos comprando cerveza y ganchitos, sabiendo de antemano que del empate no va a pasar la contienda, ya con treinta y tantos años de duración. Debe estar escrito en el guión, pero nos encanta espiar por rendijas a otros que huelen mejor tras comprar su perfume con los billetes grandes de nuestra cartera.

PocoMemorables2Quién representa qué papel es lo que nos queda por dilucidar. ¿Nos hemos traicionado y somos los que estamos instalados en la trinchera equivocada, lanzándonos nuestras propias granadas? Los hechos así lo aparentan, al no dejarnos respirar tapándonos las fosas nasales con la excusa de una fetidez que no es más que oxígeno perfumado. “PSOE y PP, la misma mierda es”, retumba de lejos mientras ellos recontarán, una vez más, toneladas de papeletas, en el mismo momento que González Pons cierra su maleta de viaje, sonriendo sus miserias, y Arias Cañete y Elena Valenciano se manda whatss de mutua condolencia febril, dulces derrotados, ganadores permanentes.

Europa, España, Cataluña, Barcelona, tu barrio, la casa que has perdido, la baldosa en que decenas acaban reposando su exilio forzado; fronteras de arriba hacia abajo, de nuestra trampa hasta las mentiras que siempre quisimos creer. Mientras el maniquí de enfrente nos resulte extraño, tal vez rival, las quejas nos seguirán engordando con sumo colesterol existencial, llenaremos Estrasburgo de cientos de mentecatos con derecho a seguir sonrojándonos a seis mil euros el despropósito, involucionaremos creyéndonos vanguardia del nihilismo generacional. Seremos, pues, actores nada memorables.

La artesanía desahuciada de Perucha

Perucha1Los enérgicos impulsos de divulgación periodística, así como la enérgica campaña de crowdfunding que han organizado los alumnos de su escuela y vecinos del barrio de La Ventilla han impedido que el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) haya hecho efectivo la expulsión por desahucio urbanístico de Domingo Perucha, el último artesano del deporte del pedal. Ajeno a la estandarización de la liturgia ciclista, de como se ha de personalizar la extensión de quienes pasan más tiempo sobre el sillín que acostados, su taller continúa a pleno rendimiento, un refugio de lo que se moldea como si fuera la primera vez, la innovación silenciosa que permanece en el valor de cada agraciado.

La Ventilla, situado en el distrito de Tetuán, extensión de la especulación más rapaz del Madrid que no se cansa de crecer malformada, ha venido desde finales del siglo pasado planeando la obsesión por crear modernidad artificial utilizando el brazo ejecutor de IVIMA, que continúa la senda de todas las alcaldías del PP en la capital de España: los vecinos alojados en residencias poco estilizadas por el paso del tiempo y la carestía de sus fachadas parecen contar únicamente como fronteras humanas del extrarradio, allí donde ese límite lo vaya estableciendo la presión especulativa. Únicamente la lucha pertinaz de varios residentes y el advenimiento de la crisis inmobiliaria han detenido la crónica de un derrumbe planeado. Perucha ha continuado blandiendo el soldador con la paciencia de quien no necesita acelerar el tiempo, pero el tiempo de los intereses se obstina en alcanzarle, aunque pareciera estar a salvo del hormigón, aunque los pedales mantengan el brio de los especialistas en contrarreloj.

Perucha2A diferencia de aquellos que han insistido en tirar abajo el trabajo de una vida, Perucha se ha dedicado a construir con descuidada obstinación el curriculum que se talla a través de las manos rugosas. En sus paredes hay medallas olímpicas, campeonatos nacionales e internacionales, actividad pionera en encontrar equilibrio aerodinámico sobre las dos ruedas. El equipo ONCE de ciclismo adaptado se gestó a partir de su esfuerzo individualizado, reduciendo pesos, eliminando oponentes por medio de la emprendeduría real, en busca del grial con pedales. Su historia es la que ha obtenido algún espacio para que la denuncia de toda la zona haya resonado más allá de Madrid, aunque la gloria deportiva de Perucha haya alcanzado la cúspide del podium mucho antes de la codicia publicitaria de los políticos de cuerpo presente. Quien sabe, tal vez el triunfador de hoy se vea acorralado dentro de unas décadas en la calle del olvido, amortizado ya el cupo de aprovechamiento multimedia del personaje. No hay piedad por parte del que sobrevive como un carroñero agazapado tras esa chirriante honorabilidad de la cosa pública, pendiente de la inmediatez de sus plazos electorales, tomando decisiones a vista de plano desde donde nunca se adivinan los temores encajados entre bloques y pequeñas moradas. Así el justiprecio deja de tener su primario sentido y se convierte en la herramienta más perversa de la nacionalización inversa: quedarte con lo humildemente privado a precio de risa, en demasiadas ocasiones sin un interés general que lo justifique, mientras se regala el músculo público sin planeamiento macroeconómico honrado.

Perucha3A sus 78 años, Perucha parece que ha decidido no bajarse nunca de la bicicleta, mantener el pedaleo arropado por un pelotón protector y cálido. La meta es difícil de vislumbrar, porque las amenazas de palas y gruas no dejan comprobar donde acaba esta etapa. El trabajo se aniquila con el empuje cobarde que alcanza siempre su puertos y metas volantes e ignora, de la misma manera egoista, los besos, las coronas pero se embolsa el cheque y el champán. Afortunadamente, los miembros de su equipo ciclista y aquellos que respetan el legado de la artesanía del esmerado soplete han obtenido los recursos para finalizar el eco de una voz triunfal; esa difusión exponencial que se conseguirá acerca de lo que encierran las paredes del taller de Perucha supone el último esfuerzo para que la competición no sea en balde.

Las vallas electorales que no cesan

Si usted quiere participar de la fiesta de la Democracia, tome aire y respire hondo. Seguramente, estos vacuos consejos no le sirvan de mucho, pero al menos ganará unos segundos antes de bucear en la tensión horripilante que supone entender que, entre el espíritu del asunto y la realidad legisladora, la distancia entre los ciudadanos y sus potenciales representantes se vuelve un universo completito de agujeros negros y antimateria representativa.

En primer lugar, arremangado y dispuesto a hacer efectiva la honrosa voluntad de ser voz de una bolsa ciudadana más o menos dilatada, es hora de salir a batirse el primer cobre frente al envite iniciático de la LOREG. Avales y más avales son necesarios recaudar como demostración previa de una voluntad popular abstracta, ésa que, sin comprometerse, parece decir que nuestra formación política tiene cabida en las urnas futuras. En caso de que la saca no chorree nombres, apellidos y firmas, el escollo que se asoma en la primera curva se antojará definitivo para caer lesionados y sin posibilidad de recuperarnos a tiempo.

Quién sabe, tal vez nuestra voluntad de hacer efectivo el mandato democrático de la elegibilidad nos endurezca el ánimo y, de este modo, saltemos con esfuerzo la primera valla a sortear. Hecho ésto, olvídense de las rectas plácidas, pues someternos al antojo de los comicios exige una dósis extra de anabolizantes y esteroides electorales: mitines, pegada de carteles, aprovechamiento de la difusión masiva por medio de redes sociales, etc.; en definitiva, transmisión eficaz del concepto político hacia la zona del cerebro en el que resguardamos nuestras apetencias ideológicas, nuestra manera de entender el mundo. Así hasta ese domingo de uñas y dientes, de profunda tensión estadística y encuestas a pie de intención obsubjetiva. La culminación del ánimo democrático, de trasladar la voluntad ciudadana a los dignos recintos de la discusión política, vierten toda su intensidad en una jornada que ha derivado su solemnidad procedimental hacia una suerte de fanatismo futbolero, de rojo y azul a golpe de victoria o derrota hueca.

¡Albricias! límites y más límites sorteados, porcentajes locales, provinciales, nacionales y universales no han podido con la consciencia colectiva expresada en sobres y papeletas válidas, sin manchurrones rechazables. Estamos en línea de meta, respaldados por un puñado de escaños que, juntos y bien pertrechados, darán voz y batalla a miles de demandas invisibles. Nadie se acerca a nuestra espalda, la campanilla hace rato que nos ha alertado de que nos encontramos afrontando la última vuelta, tal vez la primera de muchas y exigentes pruebas. Pero… ¿qué es esa muralla de hormigón grisáceo que se levanta a toda pastilla sobre el recto horizonte? Nuevos límites, límites subjetivos; adiós mojigata LOREG, abran paso al despistado Reglamento del Congreso.

¿Qué usted ha obtenido cinco o más actas de diputado? ¿Qué se las prometía muy felices en su cabaña de grupo parlamentario propio? Stop, in the name of law. Cándido representante periférico, para armar la tienda de campaña en la Cámara Baja, necesita la base del 5% de los votos totales a nivel nacional. ¿Qué no los ha obtenido? No pasa nada, la norma es magnánima con el voluntarioso candidato minoritario, y le otorga carta de naturaleza grupal en caso de haber arañado el 15% en las circunscripciones en las que se haya presentado. Vaya, así que a usted le ha dado por rascar un escaño en tierras forales extrañas sin haber alcanzado ninguna de esas dos condiciones tan ligeras, meras normas de trámite al alcance de cualquiera. Pues entonces la generosidad democrática se hará carne en la noble Mesa del Congreso, que estudiará al detalle su caso para resolver acorde lo establecido en eso tan concreto denominado voluntad popular.

Y en éstas nos vemos. Quiso el rebaño que las ovejas de IU no siguieran descarriadas una legislatura más, y el 6,92% de votos totales computados salvó a la formación progresista de encontrarse ante la judicatura congresista. Pero claro, los dignos miembros de la Mesa ven con malos ojos que esos díscolos de Amaiur, que cambian de nombre como de estrategia (¡a los mayoritarios populares se la van a dar con queso Idiazábal!), vayan a recibir a estas alturas conmiseración democrática, y ahí busquen alojamiento en eso que llaman grupo mixto pero que sabe a salsa mal casada. Si hablamos de UPyD la cosa cambia, son situaciones radicalmente distintas, arguyen. La letra de la ley está para cumplirla… y para interpretarla.

Tener grupo parlamentario propio comprende fundamentales herramientas de acción normativa: presentación de iniciativas legislativas, acceso a las distintas comisiones del Congreso, tiempo de intervención en plenos y sesiones de control, etc. Pero, más allá de las consecuencias prácticas, se pone en valor el espacio representativo otorgado por los electores, se levanta o se retira la última valla para aquellos que llenan el minúsculo espacio que les otorgan las estructuras bipartidistas, bipolares. Qué tiempos aquellos en los que Coalición Canaria, con tres diputados acodados en la bancada peninsular, podían formar grupo parlamentario propio merced a la generosidad cedente del Partido Popular, que les prestaba a dos amiguetes de Soria o Ciudad Real a cambio de fieles manos alzadas, de intervenciones con oratoria pelotera y entregada. Los tiempos cambian, la legislación permanece. La interpretación de la misma, según de donde vengas, según lo que vayas a decir.

La Historia al caer el telón de ETA

El jueves 20 de octubre de 2011, por la tarde, tres dirigentes de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) han anunciado que la asociación armada a la que representan abandona definitivamente su acción bélica, asesina y hueca. Ese fue el pitido inicial a un proceso aperturado desde la máxima complejidad social, imposible de reflexionar desde ningún ámbito con la más mínima garantía. Pero sí nos traslada obviedades pasadas, aspiraciones futuras y, sobre todo, expectativas con respecto a la altura de los masivos interlocutores que, a estas horas, buscan micrófono y medalla para dar lustre a su recorrido.

En el día 0 de un Estado en calma macroasesina, sin la angustia de cientos de ciudadanos que se despiertan acompañados de un reconfortante extraño que cuida sus espaldas y sus cráneos, es indiscutible que esta fecha marca una tinta luminosa, eufórica, en la Historia de España, de Euskadi. Nada es casual. Tras la mesa encapuchada, negruzca, encabezada por el hacha y la serpiente que significan ausencia de ideas y futuro, se han trasladado mensajes y propuestas en las que descansa la razón de cientos de ciudadanos, de toda condición responsable, de todo ámbito esencial, hasta condensar un discurso medido y profundamente elaborado. No así consensuado, no desde todos los vértices. Baste como ejemplo la desesperación del Lehendakari, desde un aeropuerto norteamericano, intentando embarcar para no desplazarse demasiado de la histórica instantánea que ya están horneando en el cuarto de revelado.

Lokarri, es decir, lo que sirve para unir, ha escenificado de manera magistral el capítulo trascendental de este largometraje sangriento, de cientos de rombos. Por este lado del guión, evidentemente había un conseso productivo a la hora de rematar un mensaje liberador. Todos los ponentes, defensores y potenciadores de esta cumbre de luz y taquígrafos estaban al tanto de los títulos de crédito. Desgraciadamente, cuando el éxito está asegurado, el ansioso e insaciado espectador acepta que le esperan secuelas, segundas y terceras partes, que pueden empeorar el producto original; en este caso, ese desarrollo es inevitable, el nudo grueso del ovillo a deshilachar. Se podrá discutir la ausencia de generosidad redentora de los encapuchados, la necesidad de gestos inmediatos, rotundos, casi libertarios tras tanto pánico acumulado durante más de cuatro décadas, pero eso no va a ocurrir. Ni ahora ni a medio plazo. Los manuales de Historia, la literatura y el desarrollo de las respuestas ahora enterradas irán abrillantando una época timorata.

Lo que sí van quedando son cadáveres… políticos. ¿Cual será el alimento miserable de los Mayor Oreja, Rosa Díez y demás profesionales de la supervivencia pública a costa de enarbolar el terror amplificado? La de Sodupe ha llegado a montar un adorador tejemaneje electoral con el único propósito de monopolizar el micrófono de su discurso rabioso, lejos de la democracia organizativa de su antigua formación. Esta misma noche hablaba de prudencia, de incomprensión ante la supuesta euforia inmadura de la mayoría de opinión. Según la voz en el desierto fértil, en concomitancia con la portavoz de la AVT, su única aceptación comprenderá la rendición, la entrega de armas y la petición incondicional de perdón sincero. La trinidad de la arrogancia cobarde, el terror a perder el espectro alimenticio.

Sigamos con las preguntas, auténticas protagonistas de esta impactante velada. ¿Beneficia políticamente a alguien este anuncio, a día de hoy? A corto plazo, no parece. La gravísima contracción financiera que padecemos, unida a la desaparición, de facto, de la actividad terrorista hace más de dos años, ha despeñado su importancia ciudadana a niveles ínfimos en los últimos barómetros del CIS. A un mes vista de las elecciones generales, pocos votantes modificarán su decisión frente a las urnas en función de lo acaecido hoy, más aún con esa sensación de que tras el anuncio no hay negociación por parte estatal ni triunfo con rostro y apellidos por parte de nadie, aunque pueda aplaudirse a algunos más que a otros. Pero, sobre todo, porque lo que ahora se abre es el liderazgo en la forma de enfocar el cierre definitivo de la tragedia, y en ese devenir los electores tienen claro, en su esencia, cual es el perfil que prefieren en la punta de lanza del Estado de Derecho. Eso no resta que desde el entorno abertzale el espectáculo esté bien medido. Tal vez, sólo tal vez, necesitan despojarse del armamento antes de la presencia del Partido Popular en La Moncloa, a sabiendas que Rajoy tiene imposible justificar concesiones inevitables para que el futuro sea limpio. Porque ahí sí, a medio plazo, nos encontraremos con consecuencias políticas, siempre desde el lado de la realidad vasca. A diferencia de movimientos terroristas patrios del corte Grapo, Terra i Lliure o MPAIAC, borrados con relativa sencillez al no disponer de una cobertura ideológica asentada notablemente en su entorno social, ETA ha sobrevivido gracias al arraigo manifiesto de una orientación en la sensibilidad ciudadana de cierta relevancia en el territorio que, demagógicamente, pretendía liberar. Si alguien tenía dudas al respecto, la torpeza inconstitucional asumida por la mayoría política nacional que significó la Ley de Partidos Políticos dejó plena constancia. Mártires y más mártires sobrevivieron al éxodo institucional hasta que, en los pasados comicios locales, las siglas de turno de marca abertzale de izquierda sobrepasaron expectativas halagüeñas en el marco representativo. Ese destierro dio perspectiva a la organizada convicción ciudadana que en Euskadi cree, firme y pacíficamente, en un Estado soberano, e inundó de maná jugoso una consciencia latente en una sociedad madura.

¿Hay espacio para la amnistía presidiaria? En ningún caso. La paz no implica la desaparición de consecuencias penales equivalentes a cualquier delincuente que incumpla el pacto social. Aquí nos enfrentamos a cientos de reos que han balaceado fríamente a funcionarios públicos, responsables políticos, catedráticos ilustres… ciudadanos inocentes, muchos anónimos para el resto de sus compatriotas, en definitiva. Todo muy lejos del presidio de conciencia, del encarcelamiento por divergencia ideológica. El arrepentimiento es valorable desde su prisma redentor y mantiene unas consecuencias establecidas en la legislación de enjuiciamiento criminal, pero la reinserción y rehabilitación que inspira nuestro Código Penal no puede saltarse plazos a una quinta marcha que provoque derrapes innecesarios en la vía que debemos ir asfaltando. No obstante, queda por ver el fundamento jurídico de ciertas condenas, algunas muy cercanas en el tiempo, que mantienen a líderes políticos encarcelados bajo discutibles sentencias que pretenden mezclar palabra con pistola, que arremolinan discurso con dinamita. Quien sabe, tal vez sí alguno de esos reclusos sea mañana aplaudido a las puertas de un centro penitenciario y alzado como pacificador visionario. La Historia también se va escribiendo con algún borrón.

Los mezquinos deben quedar fuera cuanto antes, apagarles definitivamente el micrófono indecente que amplifican para masticar su miseria política, sus sobras con apariencia golosa. Por el lado contrario, determinados líderes de opinión, habituales de los atriles y escaños elegibles, tienen la oportunidad de demostrar altura política el día después del discurso aprehendido como dogma de campaña. Aquí hace falta extrema de perspectiva histórica, nadie puede apoderarse del futuro que entierra décadas de miseria. No se puede exigir cuando se es parte relativa de las huellas por formar, el vivo no puede reclamar perdón para los que no están, los que tal vez abrazaran la butaca y el café sin la nuca alerta. Porque, seamos dolorosamente honestos, las más de ochocientas víctimas masacradas por ignorantes pistoleros, por incapaces de romper el sonido del viento con la palabra y no con el acero atragantado de pólvora, tienen la única exigencia hereditaria de proteger la dignidad histórica de sus familiares, no el derecho a reclamar la imposición de su visión en el proceso. El dolor ante el fallecimiento abrupto, ante el asesinato, siempre expande ondas de dolor en un círculo humano, sea éste más o menos amplio. La sangre que se derrama por una cartera con pocas monedas a intercambiar por heroina, la sangre mancillada por la torpeza inhumana que pisotea ideas y propuestas; no obstante, a nadie se le ocurriría entregar el futuro penalista de millones de esperanzados ciudadanos a la revancha, a la necesidad de victoria caducada. Y la dignidad no puede borrar la memoria, abrazar la inmediatez con réditos palpables. En definitiva, José Luis Rodríguez Zapatero no puede afirmar, como hoy lo ha hecho, el compromiso con la dignidad de las víctimas etarras cuando ha abandonado la de cientos de miles de torturados, fusilados y expoliados demócrastas, de igual valor humano nacional, con una normativa sin sustento presupuestario, comprometido ni valeroso. Todos a una, todos frente a nuestro destino como sociedad.

Es seguro y comprensible que a muchos les irrita asumir en el centro del fotograma a esos responsables públicos elegidos bajo siglas detestadas, ver un final sin goleada, tan siquiera sin victoria por la mínima en el último minuto. Queda un mes para moldear un esqueleto descalcificado, una parte de nuestro recorrido social que hoy ha llegado a su inapelable fin. Es cierto que, tras el anuncio del cese definitivo de la violencia, no nos hemos detenido en la instancia inmediata a la afirmación largamente esperada; el trío encapuchado reclama la apertura de diálogo con el Estado español y francés para buscar las vías que rematen el guión. ¿Sabremos asumir que el fin de una metástasis en feliz regresión no tiene vencedores ni vencidos, no debe tenerlos nunca? Todos juntos lo diremos. Mascullen lo que mascullen algunos pigmeos políticos, esta noche hay muchos acertantes de primera categoría sin necesidad de apuesta azarosa: miles de ellos disfrutarán mañana de su primer café en décadas con una espalda únicamente tapada por sus respectivas chaquetas.

Plazos incomprensibles, realidad desconcertante

Finalmente nuestro análisis a raíz de los plazos y modos de la sucesión socialdemócrata cara a los comicios generales de 2012 no se ha cumplido. Hemos errado en lo primero, no así en lo segundo. Efectivamente, la presión de algunos barones del partido en el poder, demandaba con estrepitosa intensidad la necesidad acerca de un mensaje que aliviara las alforjas que suponen enfrentarse ante el electorado vendiendo el producto podrido que llega de Madrid después de esperar en aduanas europeas un salvoconducto, ignorando éste las fechas de caducidad y los plazos óptimos de disfrute y aprovechamiento de la mercancía.

Los tiempos, como decimos, se han acelerado. No es ninguna novedad; una relevante mayoría, en cantidad e importancia, de analistas políticos nacionales ha venido anunciando la posibilidad de exclusiva antes de las elecciones locales y autonómicas del próximo mayo. Es apostar a cierto caballo vencedor, sin tara y con jockey estilizado. En primer lugar por esa extendida impresión de que, si algo domina el jefe del ejecutivo, son los tiempos. Y esos tiempos los ha marcado como un hábil lanzador de penaltys. Lo discutible es comprender con quien ha consensuado esas zancadas, y si el camino hasta el balón era el conveniente para el golpeo.

Si el PSOE quiere mantener alguna posibilidad de evitar una debacle superior a la que se fue gestando a partir de 1996, con derrotas internas, de ideología, contenido, coherencia, transparencia y democracia, así como vapuleos externos, la fecha del primero de octubre era la línea de meta que permitía a sus cuadros organizativos y liderazgo probable establecer un cauce de actuación y objetivos adecuados en tanto en cuanto gozarían de plazo para recuperar el margen de distancia estadística con los neocom patrios y, a su vez, evitar el lastre de tener que echar la vista atrás, cual corredor de fondo, por si algún enemigo se acerca en la distancia cuando lo creíamos ampliamente superado. José Luis Rodríguez Zapatero, en su glosario de justificaciones, dejó caer de forma liviana una que era todo. La familia. No hay más vueltas en los vericuetos del viscoso entramado político moderno. Complejo y tortuoso. Maligno y calavérico. Su situación personal, producto de un desgaste asfixiante en los últimos tres años para un núcleo de parentesco acostumbrado a otros ritmos en su andar han situado al premier nacional en una agonía diaria difícil de comprender para los que asumimos que la alta política es sacrificio no dubitativo. Se mire por donde se mire, se disfrace y trabaje como se quiera y pretenda, el anuncio realizado en estos días por el Presidente del Gobierno es innecesario de cara a la confianza que pueda o no generar el gobierno nacional cara a las reformas por plantear y, sobre todo, realza el brillo del mandoble en la estocada de los derechistas de este Estado nuestro.

El PSOE se tendrá que ajustar el nudo, mientras que Zapatero se lo suelta antes de lo indicado

Efectivamente, el PP se ha encontrado con un obsequio tentador y con sólo un lazo atravesado: el alivio personal de ZP que le permitirá desenvolverse a nivel público en campaña con mayor gracia y creatividad y, sobre todo, con cierta complacencia de un sector del electorado de izquierdas que lo tenía cruzado y que, a partir de ahora, puede entender los mitines de campaña como una gira de despedida, cual estrella del rock en decadencia. Pero esos aplausos en los bises, cuando entone la letra nostálgica de sus mejores éxitos, no le servirán para evitar que sus contrincantes repitan a sus trece millones de fanáticos la consigna de que han conseguido derrumbar una torre antes de que las termitas roan la superficie. A Presidente muerto, Rejoy impuesto. Este anuncio entierra el mensaje de los representantes socialdemócratas, de Frontera a Finisterre. Ahora todo será mensajes más vacuos y aplausos secos y sordos. Y, mientras, la terna de candidatos que analizamos en este espacio de encuentro mutuo ha acelerado su descomposición por tantas prisas hasta empujar a únicamente dos la batalla por el pulso mortal. Sin eliminatorias ni contenido, sin corrientes ideológicas ni propuestas. Sencillamente, la batalla por el mando, realzando el abandono teórico de un partido que sólo ha mantenido (rescatado, en realidad), un logo, cual multinacional vendedora de estupefacientes dialécticos.

Rubalcaba o Chacón. Blanco o negro. No hay historia pero hay tiempo. Demasiado. Lo que aplasta este egoismo poco consensuado es la capacidad de regeneración de lo marchito, sin ambages ni recovecos. Se estudie desde cualquier perspectiva interesada, la bandeja brillante está en la mesa de los populares, con la cabeza de un Presidente que entregan en el convite de mitin de domingo. Y eso es una victoria sí o también. Habiendo retrasado la propuesta de futuro a la caída de las hojas hubieran conseguido el margen adecuado para hablar y discutir únicamente de lo que importa: los proyectos que presentarán a los ciudadanos para retomar su confianza y reestablecer el equilibrio en los proyectos de futuro de la nación. Lo de ahora es un circo, y si esa bufonada es la que plantean para sobrevivir, es preferible que se ahorren el acto de los titiriteros peleándose por la damisela disfrazada de Moncloa.