Tensión política no resuelta

TensionPoliticaNoResuelta1Si algo nos ha dejado el paso de la última ventisca electoral es, salvando la sonrisa nueva y excesiva de Pablo Iglesias a lo largo de sus medidos silencios, un paisaje tirando a mustio en el resto de las principales comisuras políticas. ¿Es para tanto? Pues probablemente, no. Ahora bien, para los que ya llevan unos lustros cotizando a golpe de escaño les resulta más complejo modular sus apariencias frente a lo incómodo, que no es más que hacer de su capa un sayo, y de su responsabilidad, virtud negociadora.

Hay varias cuestiones que, por las premuras reales que marca esta etapa hasta la conformación de las Cortes Generales y, por ende, la rampa de salida para intentar alcanzar un acuerdo que permita desde el poder legislativo embrionar y dar a luz a un ejecutivo semi estable, dan respuesta a esos labios poco dados a airear sus quijadas gozosas. No obstante, como todo huele a navideña novedad, en cualquier minuto pueden variar los rostros, tornar la melancolía en alivio; la angustia, en desahogo. De lo que no hay duda es del triunfo sin paliativos del tercer clasificado en esta embestida de lo nuevo frente a lo viejo, signifique lo que signifique tal alquimia parlamentaria como han parido los recientes comicios: Podemos ha encajado sus 69 avanzadillas entre dos frentes tormentosos, aquél que pretendía irrumpir con viento de cola pero se quedó encallado bajo los acantilados de la realidad sufragista, y la gran borrasca que no se sabe si se mantiene con dos núcleos convectivos o, por el contrario, se anima definitivamente a transmutarse en huracán. Para la formación morada esta inestabilidad alimenta sus planes a medio plazo, que no se satisfacen con esa actual presencia institucional, ni mucho menos. A su lado, el PSOE sobrevive tan huesudo que hasta prefiere remojar sus resultados en una suerte de divertimento interno, consistente en una ruleta rusa a puerta cerrada cargada de discusiones: candidatos, pactos, congresos, fechas…. rostros.

TensionPoliticaNoResuelta2Nadie enseña del todo sus cartas, todos lanzan sus órdagos, porque son conscientes que la cuadratura del círculo es el más sencillo de sus respectivos galimatías. Menos el juez, ese árbitro que nunca se ha visto teniendo que utilizar el silbato ni para anunciar el arranque. Para todos aquellos que se encargan de restar responsabilidad efectiva a lo que su predecesor hacía casi sin levantarse del camastro, Felipe VI ya ha dejado claro que por sus actos lo conoceréis. Las huestes podemitas pueden haber superado la muralla, pero no va a esperar quieto a que alcancen el torreón y, así, para todos los que continúan en el desconcierto por un supuesto error estratégico a la hora de seleccionar el decorado de su tradicional discurso de natividad, es más que probable que sea todo lo contrario. Atrincherado desde el Palacio Real, sus palabras dijeron que ese boato es de disfrute colectivo, pero los tiros de cámara afirmaban que se mira, pero no se toca. Desde las alturas, que el resto no deje el subsuelo a medio limpiar, a medio deshacer.

Lo que resulta harto evidente, desemboquemos en estrámboticos laissez faire, laissez passer políticos o en elecciones anticipadas, es que tanta rigidez facial destila tensión política no resuelta a espuertas y, más pronto que tarde, tendrán que deshacer las sábanas y descorrer los visillos. Ya se verá si desde la suite presidencial o desde un motel de carretera.

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Disquisiciones veraniegas (IV)

Antes que el calendario intraparlamentario recupere su anodina uniformidad conviene despedir este augusto mes con una de alcaldes. Los que conservarán su nicho de confortabilidad antipolítica y los que están por llegar desde la cercanía de las minorías unívocas. La reforma de la normativa electoral en lo que afecta al régimen local, además de extemporáneo y tramposo, como ya se ha comentado ampliamente en diferentes medios de comunicación, también adolece de cualquier viso de animosidad democrática, esto a pesar, precisamente, de muchos de esos análisis periodísticos que disculpan el fondo de la cuestión poniendo el énfasis únicamente en la forma. Y no. El estómago de la última andanada del Partido Popular para sostener por las bravas el poder municipal en las grandes capitales del orbe hispánico resulta un insolente ataque al deguello de cualquier esencia representativa que se precie. María Dolores de Cospedal ya mostró el camino a sus huestes conservadores reduciendo el número de parlamentarios autonómicos de Castilla-La Mancha y haciéndolo, además, sin debate plenario y sin contar con la más mínima voluntad de explorar consensos con otras fuerzas parlamentarias. A costa de ahorrar unos pocos miles de euros en salarios y dietas, la secretaría general de los populares se dio el atracón más voraz de política reaccionaria que se haya celebrado en España desde 1978.

Separemos la paja del trigo; el voto, de la voluntad. Esto es, comencemos por el final, que suele hacer más sencillo recorrer el camino ya escrito. Que gobierne, per se, la lista más votada, ni resulta más democrático ni, por supuesto, conlleva mayor eficacia de la res pública. Los pactos postelectorales resultan consustanciales a la mejor virtud de la política hecha entre todos, otra cosa es que dichas alianzas se establezcan en base a meros repartos de poder, a cuestiones de codicia personal. Pero para evitar esas situaciones no se puede establecer una cláusula de juego más ominosa en el epicentro del terreno de juego electoral. Es a la ciudadanía a quien le corresponde (y en el terreno municipal no nos negaran que resulta mucho más sencillo) evaluar el capital humano que compone las diferentes listas en su respectiva circunscripción, y exigir, mediante una actividad política permanente como animal colectivo necesitado de salubridad institucional, rigor en la defensa de los proyectos políticos presentados en campaña, así como coherencia en los acuerdos inter partes que puedan resultar de la conformación del ayuntamiento donde se encuentren empadronados. Que, como cacarea irritantemente Mariano Rajoy a ritmo de canícula gallega, puedan resultar gobiernos locales mediante acuerdos de tres, cuatro o cinco (o veinte) partidos, no supone la más mínima contradicción con la esencia de la democracia, mas al contrario, en circunstancias de honestidad pactista, limpia y da esplendor a los comunes rebuznos huecos entre militancia contraria a cada pleno que se celebre en lo largo y en lo ancho del Estado. Todos ellos comprenderan, de manera conjunta, una mayor representación ciudadana en número de votos, ergo el cauce nunca se rebosará de manera atronadoramente ilegítima. Al contrario, la automática gobernanza del minoritario más votado plantea dos dudas inmediatas: ¿Se permitirán las mociones de censura? (de ser así, todo este quebradero fabulado por el presidente y su círculo más temerosamente cercano no haría sino retrasar unos días lo inevitable en cientos de corporaciones locales); y ¿de no ser así, está preparado para crear un mapa municipal con multitud de plenos bloqueados?

Lo de ir, una vez surgidas todas las grietas que plantea esta nueva irracionalidad a golpe de mayoría absoluta, improvisando soluciones al modo de posibles segundas vueltas ya resulta dramáticamente carcajeante. Si se afirma haber visto la luz de la democracia perfecta tras cuarenta años en que se ha jugado a unas reglas establecidas por sus mismos padres políticos, ¿Por qué no se aprovecha el golpe de mano para establecer el mismo parámetro electivo en los parlamentos autonómicos y las Cámaras nacionales? Ah, no, que en recintos como el Senado se vive muy bien eligiendo un tercio de sus representantes a dedo autonómico y sin responsabilidad legislativa real. Como diría el ínclito Mariano “Esto ahora no toca”. Lo que corresponde, visto lo visto, es continuar alejando a la ciudadanía de las instituciones, pero acercando a la gente al colmo de su paciencia.

Dicen que aquí sí PODEMOS hacerlo

A pocas horas de haberse finalizado el recuento electoral de los correspondientes sufragios para conformar el Parlamento Europeo, los macro análisis ya se han desgranado en forma, como de costumbre, bien de grandes titulares (no hay más que comprobar la caída de un 77% al 49% de porcentaje de votos de los dos grandes partidos desde las generales de 2011 a hoy) o de excusas redactadas a toda prisa por las maquinarias de comunicación de unos mastodontes que se saben artríticos pero posponen su ineludible cita con la rehabilitación interna (Cospedal destacando que España es, junto a Alemania, el único Estado de la UE donde gana el partido que gobierna es de mercadotecnia de grasas trans). Como consecuencia destacadísima no admite discusión que la irrupción de Podemos en estos comicios comprende el gran titular, tanto por haber alcanzado de la nada cinco eurodiputados como por su manera de enfocar, en poco más de tres meses, una campaña electoral ahondando en estrategias realmente transparentes y sobrias de financiación (crowdfunding parciales) y de comunicación (utilización real de los canales de social media, bidireccionalidad permanente, asambleas participativas, ausencias de liderazgo, etc.). A partir de ahí, y con los resultados más que a la vista, ponemos la lupa en batallas parciales que pueden haber arrojado las primeras balas este domingo europeista que, a pesar del interés de Partido Popular y Partido Socialista, no vio la desactivación de la maquinaria ciudadana con su arma más eficaz: la opinión democrática.

PabloIglesiasPodemos Madrid: Si tras el fracaso en las posibilidades de converger a estos comicios con IU hacía presagiar una débil capacidad de esta joven formación para alcanzar, a lo sumo, un escaño, los resultados finales han hecho sonrojar a cualquiera que en este país se dedique al negocio de las encuestas y las predicciones políticas. En ningún rincón del Estado han pasado desapercibidos, pero ha sido en Madrid donde su irrupción ha resultado demoledora. En el conjunto de la Comunidad han resultado la tercera fuerza política, superando en más de quince mil votos a Izquierda Unida y manteniendo esa posición en la mayoría de los municipios más poblados, incluyendo la propia capital, donde UPyD también ha hincado la rodilla. Pero no sólo en el centro peninsular se han erigido como principal fuerza hostigadora de “la casta”: Aragón, Asturias, Baleares y Cantabria también han apostado fuerte por esta renovadora opción. Queda por ver su capacidad para alcanzar estrategias conjuntas con otras fuerzas progresistas de cara a una hipotética participación en las elecciones municipales del próximo año, a donde se verán abocados a participar tras esta expectativa hecha carne politica, y si Pablo Iglesias no se verá superado por ese liderazgo que ha generado su propia imagen. Una cuestión es el deseo de participación colectiva y otra el insuperable torrente de vanidad política que provoca este torbellino. Su eficaz tandem con Juan Carlos Monedero, la otra cara de este intelectualismo académico, debe servir a Podemos de equilibrio para alcanzar la madurez como organización sin demasiados tropiezos a lo largo de esta ilusionante adolescencia.

WillyMeyerOtra oportunidad perdida: IU triplica presencia en la Eurocámara, cierto. Y roza el 10% de los sufragios, no hay duda. Pero da la sensación que su expectativa siempre choca con errores que, por su propia configuración analítica, por su materialismo histórico en vena, no debería cometer. En Asturias, por ejemplo, sus votos unidos a los de Podemos hubiera permitido a la izquierda real superar al PSOE, de igual manera que en, por ejemplo Canarias, territorios donde la formación socialdemócrata mantiene un respaldo histórico y ejerce actualmente tareas ejecutivas. En Andalucía, donde gobierna en coalición, se estanca por no decir que se deja avasallar electoralmente (duplicar sus sufragios en el actual contexto no puede significarse como heróico) por el efecto “Susana Díaz”, así como en Extremadura no han sido capaces de explicar al electorado su posición neutral frente al bipartidismo y sus menesteres. Una conclusión a primera vista puede encontrarse en un cierto rechazo de ciertas capas de potenciales electores en cuanto a sus formas, su aparato, su discurso: no dicen lo mismo que las dos grandes formaciones en decadencia, pero lo hacen desde los mismos púlpitos, utilizando similares estrategias de mercadotecnia, de publicidad de producto embotellado, y eso les entierra para muchos en el mismo pozo de desconfianza manifiesta.

BilduEuropaBildu viaja a Bruselas: En los mentideros de Euskadi se ha venido afirmando que, a pesar de encontrarse en frágil minoria, el PNV y el PSE estaban encantados dejando gobernar a Bildu tanto en la alcaldía de Donostia como en la Diputación Foral de Gipuzkoa, afirmando que su incapacidad para hacer política desde las instituciones acabaría destrozándolos solos. Pues parece que las predicciones han errado de manera atronadora: Bildu no sólo obtiene un eurodiputado, sino que en Gipuzkoa se ha alzado como primera fuerza política, además de mantener su preponderancia en todos aquellos municipios de las tres provincias vascas donde la izquierda abertzale ha destacado, antes y después de la desaparición de ETA, con o sin ilegalización de partidos.

CoalicionCanariaLas coaliciones cómodas se desmoronan: Mientras diferentes fuerzas progresistas no sólo han encontrado eficaces vías de entendimiento, así como mensajes unitarios para explicar a la ciudadanía sus planes reales de cara a Europa, uniones temporales de partidos clásicas, como la que han mantenido CiU, PNV y CC se han visto detenidas ante cualquier expectativa de aprovechamiento del suelo bipartidista. Resulta complicado, por ejemplo, que tres fuerzas enfrascadas en realidades antagónicas en sus respectivas Comunidades Autonómas sean capaces de movilizar más allá de sus afiliados. De este modo, ERC ha impuesto su carga de pureza en el mensaje en cuanto al proyecto secesionista en Catalunya; en Euskadi ya hemos visto como Bildu ha ensombrecido cualquier confianza de los peneuvistas; y, finalmente, Coalición Canaria, se ha derrumbado notablemente, a pesar de mantener una vía de confrontación muy fructífera electoralmente con el Gobierno Central a cuenta de las posibles prospecciones petrolíferas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Pues a pesar de solicitar voz para detener los planes del ministro, precisamente canario, José Manuel Soria, el PP ha triunfado en el archipiélago, dándose datos tan desoladores para el partido nacionalista como el cosechado en la capital, Santa Cruz de Tenerife, donde actualmente ostenta la alcaldía: quinta fuerza política, duplicando sus papeletas tanto PP como PSOE, y siendo superado por IU y Podemos.

VidalQuadrasSi la derecha se divide… se queda igual: A diferencia de la movilización que se ha registrado en la zona izquierda del arco parlamentario, la irrupción de Vox para esta campaña electoral puede significar su primer y último impacto como marca electoral. El veterano político conservador Alejo Vidal-Quadras no ha podido revalidar el acta de eurodiputado que ostentaba tras su larga trayectoria en el Partido Popular, y el pírrico 1,5% de votos no parece buen punto de partida ni para atraer a nuevos votantes, ni mucho menos, para arrebatar protagonismo institucional al PP. Más allá de las encuestas, la campaña de crowdfunding donde solicitaban 250.000 euros para sufragar los gastos electorales y que recaudó 6 miseros euros le debían haber servido como la mejor encuesta para detener máquinas antes de chocar de frente con la realidad. Un discurso idéntico, cambiando el verde por el azul, no parece la mejor herramienta en estos tiempos.

marine-le-pen¿Quo Vadis, Europa?: La extrema derecha se impone en Francia, los euroescépticos hacen lo propio en Inglaterra, mientras en Dinamarca tanto de lo mismo, es decir, de espaldas a Europa. Por su parte, Estados como la República Checa o Polonia expresan más por lo que callan que por lo que dicen: la participación ciudadana en ambos países, por debajo del 20%. Hungria y Grecia siguen sonriendo ampliamente la intolerancia racista, pero en el segundo también es cierto que la izquierda real encuentra una victoria de mérito. Ya se solicitan elecciones anticipadas en varios países a tenor de los resultados hoy conocidos. Quo Vadis, Europa? En ocasiones, si bien el horror a la frivolidad historiográfica impulsa a no hacerlo, da la sensación que nos empeñamos en repetir la peor de las realidades. El comienzo de este siglo, sin ir más lejos, parece querer calcar algunos ingredientes del anterior al mismo ritmo anual. Confiemos que las próximas dos décadas nos lleven la contraria.

Acorraladitos

Corralito2Y en éstas llegó Chipre y mandó temblar. Los millones de pequeños ahorradores europeos, que coinciden con aquellos estratos sociales que llevan un lustro soportando intervenciones enmascaradas, aumentos desproporcionados de la imposición indirecta y un desempleo galopante que amenaza cada mañana a todos y cada uno de los asalariados que tienen aún la fortuna de serlo, observan con pavor desde el pasado viernes como el fantasma último de la gran estafa planea sobre sus miseras cuentas corrientes: una funesta suerte de corralito financiero que lanza su candado sobre la falsa placidez de los depósitos bancarios para retener, primero, su reintegro y proceder al adelgazamiento unilateral, después, sin juego de sartenes por medio, con vistas a seguir pagando cuentas ajenas.

A lo largo de los próximos días el Parlamento chipriota debatirá (?) una batería de medidas orientadas a utilizar de mascota ejemplarizante al minúsculo Estado insular con vistas a continuar la senda del recobro de una deuda que escala y escala sin permitirnos conocer el grosor de su titularidad expansiva. Una vez más nos encontramos ante la consecuencia de trayectorias similares, difícilmente casuales por cuanto responden a un recorrido extrapolable a todos aquellos países de la zona euro que se ven acorralados por la Troika y su voracidad incontrolada: La aparición de una burbuja financiera e inmobiliaria que, aprovechando el espejismo de falsa prosperidad que presentaba la primera, desencadenó un aumento del crédito descontrolado en relación al PIB real, con la connivencia de un descontrol de precios sobre los bienes inmobiliarios. El fácil acceso a los empréstitos hipotecarios genera una economía virtual que pone en el mercado ingentes cantidades de euros respaldados por ladrillo de plastilina, que se van derritiendo a medida que el colapso en los precios y el cierre del grifo crediticio comienza a provocar fugas de desempleo, impagos y estancamiento macroeconómico. El desenlace ya lo venimos conociendo, si bien los últimos vagones aún no han pasado por el andén.

Corralito1Si algo se ha mantenido como principio sacrosanto de la economía capitalista, asentada en la intermediación financiera y su política de depósitos como refugio inalterable de las alcancías ciudadanas, es el aseguramiento de las cantidades acumuladas moneda a moneda, honradamente, con un máximo de 100.000 euros a razón de cada cliente en virtud de la propia normativa comunitaria y nacional, a través de los respectivos fondos de garantías. Con la línea que se pretende cruzar en el epicentro mediterráneo se derrumba por completo, si es que todavía mantenía respiración no asistida, la mermada confianza ciudadana en el entorno, por muy duro y tormentoso que se ha venido presentando desde finales del año 2008. La mayor parte de la gente puede ir desarrollando parciales caparazones para protegerse del desmantelamiento parcial del Estado Social, el aumento de tasas, impuestos y contribuciones, el encarecimiento de los bienes indispensables de consumo, pero necesita irse a la cama con la mínima placidez de ese colchón más o menos recio de su capacidad hormiguera para fabricar un inmediato porvenir algo mullido; si se le azuza con la vara recaudadora en su bolsa de viaje, el pánico ante la injusticia puede perder los estribos.

Corralito3Establecer una imposición sobre los fondos propios de la economía doméstica no sólo resulta gravemente injusto por lo anteriormente expuesto, sino que viola y transgrede cualquier mínima confianza que aún pueda depositar la ciudadanía en los planes de sus gobernantes para salir de ésta porque se estaría frente a un atraco sin pasamontañas, a plena luz del día, y con el agravante de secuestro: el modus operandi que los dueños de Europa planean pasa por el cierre temporal de las sucursales bancarias para arrinconar el dinero lejos de sus legítimos propietarios, hacerse con una parte sustancial del botín, y salir a cara descubierta diciéndole a los agraviados que lo hacen por su bien y que no se alteren que la cosa podría ser peor.

Imagínese el presente panorama sobrevolando democracias sospechosas desde la óptica deformada de Bruselas, a las que se pone en la picota cada vez que optan por recuperar para la riqueza y gestión nacional aquellas concesiones en manos de multinacionales europeas que no cumplen los requisitos y acuerdos establecidos. Si en Venezuela o Ecuador se optara por una intervención directa en los fondos ciudadanos ya estaríamos desayunándonos con titulares que alertarían de expropiaciones, nacionalizaciones y atentados contra la economía de mercado. Por estas tierras, en cambio, no se escucha ni una brizna de escándalo frente a algo que es mucho más que todo eso: estamos ante un auténtico recobro, después de haber soportado como viene fluyendo el crédito desde el BCE a los bancos privados a un 1% con fondos provenientes de nuestros tributos comunitarios, mientras los Estados miembros los reciben a un interés cinco o seis veces superior.

Estamos acorraladitos. Vivimos la crisis argentina a finales del siglo pasado con indiferencia de confianzudos conquistadores de segunda generación, seguros de que esas aberraciones económicas eran producto y consecuencia de los desmanes latinos del mal vivir y peor gestionar. Pues ya están aquí, por mucho que Merkel, Oli Rehn o De Guindos por estas tierras siempre salgan prestos a poner el nunca antes que el pero. El viernes cayó el último fortín del descanso ahorrador; ahora sólo cabe preguntarse: ¿Estarán mis ahorros igual de esbeltos que cuando los vi la última vez?

La democracia alejada

Nos encontramos a las puertas de una nueva y despilfarradora campaña electoral, en este caso con el propósito de elegir a nuestro representantes en los diferentes Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales y Cabildos, así como en los parlamentos de aquellas CCAA que no aprobaron sus correspondientes Estatutos de Autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución, salvo Andalucía. Estamos, por tanto, frente a un proceso que, si bien debería convertirse en fiesta de la democracia y herramienta real para la expresión de la soberanía popular, se ha enquistado como un procedimiento pactado y pactista. Pactado en base al sistema de distribución proporcional del voto que rige nuestro sistema electoral, y pactista por cuanto los programas de gobierno de los diferentes partidos políticos con posibilidad de conseguir concejales y diputados aparecen matizados desde los mitines iniciales, intentando no herir sensibilidades necesarias para combinar estrategias miserables de poder.

En efecto, el sistema siempre ha utilizado una estrategia de marketing político encaminada a vender la importancia de hacer uso de la papelera, perdón, de la papeleta, expresando nuestra opinión de forma directa, traduciendose ésta en la voluntad soberana del pueblo español. Dicha campaña ha dejado al descubierto su manifiesta ineficacia, por cuanto el nivel de abstencionismo en las últimas elecciones generales y autonómicas, no digamos ya europeas, es abrumador. ¿Por qué? muchos son los factores, pero dos se antojan definitivos a medida que nuestra educación electoral se ha ido asentando con el paso de los respectivos procesos electivos desde el advenimiento de la monarquía parlamentaria.

1. El bicameralismo que propugna nuestra carta magna no se traduce en dualidad de funciones efectivas, y la elección de sus miembros no viene acompañada por un reparto de las responsabilidades que defina su existencia. En nuestro sistema se utiliza, como método de distribución electoral, la fórmula denominada “sistema de D´Hont”. A grandes rasgos, el procedimiento consiste en computar el total de votos logrados por cada partido político en liza y, a partir de ahí, ir repartiendo el total de escaños en función del mayor total de votos en cada división que se vaya realizando. Resulta muy sencillo en base a un ejemplo: supongamos que participan cuatro partidos políticos para repartir un total de 8 escaños. El primer partido ha recibido 240.000 votos, el segundo 150.000, el tercero 70.000 y el último 20.000.

De este modo, se realiza la siguiente tabla:

Partido 1            Partido 2            Partido 3           Partido 4

240.000  (1) 150.000              70.000              20.000

120.000             150.000 (1) 70.000               20.000

120.000 (2) 75.000 (1) 70.000               20.000

80.000    (3) 75.000 (1) 70.000               20.000

60.000    (3) 75.000 (2) 70.000               20.000

60.000    (3) 50.000 (2) 70.000 (1) 20.000

60.000    (4) 50.000 (2) 35.000 (1) 20.000

48.000    (4) 50.000 (3) 35.000 (1) 20.000

De este modo, a medida que en cada paso se reparte un escaño, el partido que lo logra divide para la siguiente columna su elección total, primero por dos, después por tres, etc., hasta contabilizar el número total a repartir. En las elecciones al Congreso de los Diputados y Parlamentos Autonómicos se utiliza este sistema, absolutamente injusto en relación a una democracia directa. En primer lugar, por la fórmula de reparto explicado en el cuadro anterior se desprende la ausencia de democracia directa en el mismo, ya que la proporción juega en favor del partido más votado. En el ejemplo expuesto, el primer partido consigue una proporción de 4/1 con el tercer candidato, si bien el total de votos (240.000 contra 70.000) no representa idéntica diferencia. Si a eso le sumamos los límites legislativos para poder siquiera optar al reparto (mínimo de 3% a nivel nacional, pero con casos tan sangrantes como el regulado en la Ley Electoral de la CCAA de Canarias, que establece un límite del 6% regional y el ¡30%! insular), y que las listas no son únicas a nivel nacional, sino provinciales (lo que establece un segundo baremo poblacional por escaño que afecta a la proporcionalidad), tiramos la soberanía popular a la basura.

De este modo, una Cámara que debería recoger el sentir político general del total de ciudadanos del Estado queda repartida en beneficio de los dos grandes partidos, así como beneficia a aquellas formaciones políticas que concentran su capacidad y espectro político en una CCAA determinada. Sumemos a estos despropósitos el anteriormente mencionado elemento abstencionista, que no mantiene representación ni resta número de elegibles, y la injusticia está bien preparada. Es más, a los partidos mayoritarios hasta les favorece que ésos que no votan ni aparezcan, sobre todo los desencantados y críticos con el sistema.

A su vez, el Senado se instrumentaliza como una Cámara de representación territorial sin serlo, ya que, el no contar con listas cerradas no influye en la fórmula de elección, circunscrita a provincias y con elección directa, pero sin instrumentalizarla como un órgano con efectiva capacidad legislativa y reglamentaria en asuntos de índole territorial. Al contrario, su presencia se limita a servir de frágil contrapeso de la Cámara baja, lo que en lugar de constituir un elemento constructor de la voluntad del Congreso, únicamente consigue (en función de las mayorías) frenar el proceso de elaboración normativa.

2. La inexistencia del péndulo necesario que equilibre la voluntad general, residente en los más de treinta y cinco millones de electores, con respecto a los desajustes del sistema. Consecuencia de lo advertido en el primer punto, el sistema, de forma directa, evita un equilibrio jacobino entre la expresión del soberanismo parlamentarista y el sentir de la población. De este modo, no sólo quedan millones de votos arrimados en los grupos mixtos de las Cámaras de representantes, sino que el boyante abstencionismo, fruto del desencanto por las fallas del proceso y la realidad política, no viene acompañada de un contrapeso popular que complemente las decisiones representadas en los órganos de gobierno.

El Asamblearismo democrático, maquillado tras los límites, arreglos y mecanismos detallados anteriormente, se traduce en desigualdad, irrealidad y, en definitiva, limitación de la legitimidad del sistema.