Desigualdad custodiada

La crónica periodística nacional ha tenido más titulares de los esperados en época estival, toda vez que lo afectivo transmutó un día, tras sin duda una sucesión de rabiosos desencuentros, en enfrentamiento familiar y, sin remedio, acción judicial. Así, agosto ha sido, con doloroso permiso del atentado acaecido en Barcelona, Rivas y Arcuri a modo de apellidos que se han convertido en posicionamiento social frente al tema, delicadísimo, de las separaciones con hijos y denuncias por violencia de género de por medio. Y es que los tribunales se han quedado en medio de un paso de peatones borroso, sus líneas mancilladas bajo el trasiego de cámaras de televisión, crónicas, artículos de opinión y, lleno de aristas, un juicio atestado de dudas razonables y pasión sobre legislación.

A día de hoy, los dos hijos menores de la pareja se encuentran en suelo transalpino, bajo la custodia del padre, mientras el sistema jurídico italiano tiene varias palabras que decir y su homónima ibérica se enfrenta a moldear penalmente lo acaecido a lo largo de las últimas semanas con sustracción de menores y tantísima retahíla, tan lejos de sala y a un palmo de los objetivos de los medios de comunicación que la crónica social ya se encuentra viajando de Maracena a Archidona, transitando Andalucía a través de historias paralelas, de esto no va conmigo.

Es muy del gusto masivo crear inocentes y culpables sin pasar por las facultades de Derecho, menos aún tomándose en serio el sustento psicológico que necesita abordarse ante hechos que no polinizan sin tragedia vital de por medio. Los platós han dictado en estos días que quién no llora, no padece, de la misma manera que la verdad no puede arruinarse con una butaca desocupada por familiar de tercer grado o vecino que pasaba por allí y que, sin lugar a duda televisiva, maneja todas las claves de una intimidad familiar que quebró, de un día a años en adelante, y lamentablemente ha volcado su sordomudez al gélido abrigo del prime time. ¿Inocentes, culpables? No hay largometraje de mediodía más sórdido que un serial con seres humanos que se saben frágiles, accediendo a un micrófono que no cuenta con botón de off.

Juana, hoy, está en su casa. Los hijos de la pareja, bajo supervisión de los servicios sociales de Italia, en la de su progenitor. El futuro de ambos debe establecerse desde los más rigurosos parámetros que las normativas nacionales y comunitarias fijan para estos asuntos, como el de miles de menores que se encuentran en la misma vulnerable situación. El ejemplo que se ha consolidado a lo largo del folletín del estío ha ampliado capítulos con Archidona como nuevo decorado. Sería buen momento para cerrar el guion y tomar las de Villadiego hasta llegar a la frontera del ordenamiento jurídico, poco propenso a rodearse de tertulianos y asesores que decoran el futuro que no es suyo a golpe de alambrada.

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Hablar por vejar

Letra MurgaSi nos tropezamos con otro individuo por la calle y, sin mediar torceduras humanas, éste nos inquiere en cuanto a su parecer con respecto a nuestros andares, sin dires ni diretes, no sólo en cuanto a la cercanía con el borde de la acera sino más bien respecto a supuesta grasa que podemos ir deponiendo pasito tum tum, pasito tum, nuestra reacción dificilmente puede encuadrarse en una soportable levedad del estar. Por el contrario, si otro bípedo rumiante aborda esa pausa cafetera que todos debemos otorgarnos para seguir combustionando el camino de vuelta y solicita hurtarnos una porción de paciencia con el objeto de compartir, vayamos a no saber de antemano porqué inquisitoria razón, aquella semblanza que ha formado de nosotros a razón de cuestiones de índole más o menos pública que conoce, no debería quedarnos más remedio que asentir, disentir, o ignorar. Y ahí no puede más que finiquitarse el libreto de turno.

Sirva esta imprecisa comparativa para encuadrar el texto que nos encabeza. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, fiesta calificada de interés turístico internacional desde hace más de cuatro décadas y considerada una de las más vivarachas del orbe en los períodos de carnestolendas, cuenta con un período de singular expectación por parte del público local, protagonizado por las agrupaciones de murgas locales. Éstas, formadas por la sociedad civil, compiten en un concurso que rebosa de expectación pública y, por tanto, congrega a miles de tinefeños en directo y a través de los medios de comunicación, por ser las más valoradas no tanto por sus fantasías textiles (que también) sino por lo punzante de sus letras, que pretenden realizar un repaso de cabo a rabo de aquellas cuestiones que preocupan al ciudadano insular.

Letra Murga2  El golpeteo a la masa política local, así como las habituales sornas a los vecinos de la ínsula grancanaria, suelen protagonizar las rimas de estas agrupaciones, algunas con más punzamiento en la ironía carcajeante, todas ellas rayando el humor con el dolor. Pero tras leer ese encabezado que hoy les traemos a término, es sencillo comprobar que, en algunas ocasiones, la ironía se despeña antes incluso de asomar el borde de la mofa. Puede resultar más que posible que el ritmo de las sociedades se encuentre desacompasado de ciertas tradiciones, y lo que antes se reía, más tarde se encajaba, algo después se perdonaba y, no se sabe exactamente en qué borde temporal, se rechace. Y es que la letra de cabecera corresponde a una de las melodías incluidas en el libreto de este año por parte de la Afilarmónica Ni Fu-Ni Fa, murga decana del carnaval chicharrero, eliminada por parte de la agrupación tinerfeña tras la recomendación de un concejal del consistorio capitalino de autocensurar, con mucha delicadeza, esta intervención por su contenido homófobo.

Inicialmente, la reacción del grupo murguero giró en la autodefensa, mezclando en períodos especialmente delicados en cuanto a esta realidad, la libertad de expresión, con su encarnizada confianza en que la murga y su voz supone una especie de voz popular que no puede ni debe ser acallada. En efecto, resulta sospechosamente irónica que estas agrupaciones, con cuentan con un favor popular notable en la medida de los miles de individuos que se dan cita en sus concursos anuales, se erijan en exquisita prolongación de las inquietudes ciudadanas, ajenas a la censura, mientras se dejan abrazar por los prebostes políticos insulares, de todo signo político, como eventos consolidados y armónicos. El local de ensayo del murguero siempre acoge a la víctima institucional de sus partituras sin rubor, besando y abrazando al supuesto contrincante. A partir de ahí, la rima les permite sortear determinadas igualdades, consonando broma con sorna, risa con maledicencia.

Letra Murga3Esta letra difícilmente soporta el equilibrio entre la transgresión de las fiestas carnavaleras y el dolor sin gracia que se puede llegar a inflingir a miles de personas que asimilan con más dureza de la que la legislación contempla su condición sexual, asumida ésta al ritmo que marca el biorritmo individual y que no debe soportar prisas repugnantes por un colectivo sin rostro que lo utilice como caballo de mofa. Pero ese motivo no es el que ha llevado a Ni Fu-Ni Fa a renegar de su obra musical, quienes desde un principio han afirmado la inocuidad de su letra, conminada ésta a sobrevivir en el supuesto paréntesis carnavalero que deja de lado el equilibrio entre la diversión y el entorno. Libertad de expresión es aquél principio que, aquí también, se ha enarbolado por sus dirigentes para enfrentar su más que probable torpeza al intentar hacer reir fuera de temporada, lejos de la realidad social a la que pretenden utilizar como escudo humano para defender el caparazón de su estructura vocera popular. Hasta que el debate público, iniciado con la solicitud (siempre rogatoria, nunca inquisitiva) del anteriormente mencionado concejal socialista, les ha llevado a reconsiderar su posición.

Letra Murga4Florentino Guzmán (PSOE), alegría en alto como se puede divisar en una instantánea publicada en su cuenta de Twitter en la reunión con los letristas de la murga objeto de la polémica, parece dejar caer en saco roto sus supuestas buenas intenciones cuando aprovecha políticamente la controversia para liderar el desenlace de esta situación. Finalmente, como es costumbre, pueblo y política, ciudadano y concejal, son parte de un todo que se encuentra en febrero para decir y escuchar con una sonrisa tan temporal como inocua. En esta ocasión, el límite de la sorna aplacó la sonrisa del payazo murguero por unas jornadas. Pero viendo el espectáculo binómico que se forma entre ambas realidades cada año con total naturalidad, y la que se ha llegado a engendrar en despachos tan poco lucidos como el de esta instantánea, mejor esperar a la reprobación de una de las partes. La libertad de expresión tiene límite en la ley que la ciudadanía se otorga en cada momento de la Historia, pero el verdadero espacio de entendimiento entre personas que comparten un grupo social cierra filas ante la intolerancia mucho más rápido, o al menos de manera más eficaz, que la poca engrasada máquina del ordenamiento jurídico: La Ni Fu-Ni Fa no tendrá oportunidad de recibir, si así ocurriera, la respuesta reprobatoria ante una letra que ni hace gracia, ni es de este tiempo. En lugar de criticar, esto es hablar por vejar.

Interdicción de la arbitrariedad

InterdiccionArbitrariedad2Una vez dada por finiquitada la crisis, esto es, asegurada la recuperación de capital, control de salarios y destino de los trabajadores por parte de los perennes altos del curso de la Historia, se nubla una pantalla que emitía créditos convenientemente confusos y el servilismo político ha acelerado su inclinación, presto a desplegar nuevos cachivaches a un lado para despistar a la hora del saqueo. Ahora toca el turno a mansalva para que la inimputabilidad cotice en mercados de aforamiento primario, la justicia no mire para ningún lado allende las fronteras, o las brechas socioeconómicas y de oportunidades, ya de por sí insorteables, se eleven como vallas de expulsión ciudadana.

¿Y qué nos queda? Pues por ahora el pataleo recurrente, cotidiano, con más o menos éxito de afluencia en función del grado térmico de indignación que se produzca por cada una de las situaciones que nos arrojan al plato, una vez hecho bola incomestible. Y en esos encuentros, habitualmente dominicales, salimos adornados de cartelería variada desde la que dejar constancia al semejante que, al otro lado de la fotografía o la actualidad televisada, opta por amodorrar su derrota, a ver si con algún teorema impactante conseguimos que deje el chandal de interior y se sume al jogging de protesta colectiva. En esas calles que nunca fueron nuestras, goza de gran éxito frente al micrófono en directo reclamar que se cumplan los derechos más vistosos que los padrastros constitucionales dieron por buenos redactar, darles cuerpo, pero con sus sistemas nerviosos y reproductivos totalmente desabilitados. El acceso a la sanidad pública y universal, a una vivienda digna, etc., son calificados, en época de privatización masiva y de segregación social sin parangón, como “principios programáticos”, meras buenas intenciones que el legislador dejó plantadas por si el tiempo y los azares tenían a bien suministrarles algo de abono normativo, aunque en realidad no han sido más que “frustraciones constitucionales”; aspirar a que lo que la mayoría considera pilares de nuestro Estado actualmente asocial no se quede en unos pocos ladrillos presos de aluminosis, parece dormir el sueño de los injustos.

InterdiccionArbitrariedad2La Constitución española está a buen recaudo. Lejos de las garras ciudadanas, se entiende.  No hay más que recordar como se enarbola una supuesta inmutabilidad permanente en la cúspide del ordenamiento jurídico mientras por sus puertas traseras se maltrata el mismo, con modificaciones en la madrugada de los tiempos en los Estados contemporáneos (artículo 135 y su entreguismo deudor al capital con prisas). Por ese motivo, no parece el camino más recto para protagonizar los cambios necesarios y deseables aquél que pretende transitar a tumba abierta, con escasa visibilidad y lleno de obstáculos. En cambio, existe un apartado constitucional que no es receptor habitual de visitas ni menciones, y desde el cual se sostiene, con repugnante elasticidad, el trayecto contrario al que su composición jurídica pretende guiar: la interdicción de la arbitrariedad (artículo 9.3).

Este principio supone la prohibición expresa para los poderes públicos, entendidos éstos en el sentido más amplio de la terminología legal y su correspondiente traducción vía pronunciamientos del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, de actuar de manera caprichosa, dañando el principio de igualdad de trato frente a los administrados. Dicho así resulta obvio, pero no por ello es menos asombroso que no se tarde apenas unos segundos para recorrer decenas de acciones políticas que patean sin pudor este mandato principal recogido en nuestra Carta Magna.

InterdiccionArbitrariedad3Sí, por ejemplo y de manera destacada, éste es uno de ellos: los indultos. El derecho de gracia sin justificación social ni piadosa que conculca penas a quienes no sólo tienen, como el resto de ciudadanos, la obligación de conocer la ley sin ser eximidos de ello por desconocimiento, sino que por notoriedad pública deben desarrollar un impecable ejercicio profesional, reforzado en esa posición preeminente en la escala capitalista en la que dicen jugar sin cartas marcadas. ¿Y qué decir del proceso de desentronización, entronización, aforamiento y blindaje del linaje Borbón en estos últimos días? Algo de arbitrio sí que parece rezumar la manera en que desde el bipartidismo se otorga un aurea especial al abdicado y su regia plebe, con tal de que los juzgados queden a enorme distancia de su trayectoria.

Estos detalles sólo son algunos artificios que pueden destapar en su mente las interminables explosiones de lucidez que le llevarán a recordar que frente a tanta y tanta desigualdad legislativa se encuentra la mencionada prohibición, sorteada a diario, ignorada por muchos.

La Corona sale al rescate del bipartidismo

AbdicacionRey1El Jefe del Estado se ha apuntado a la renovación, con sorpresa mayúscula para el conjunto de la ciudadanía pero a través de un pacto alineado con el Partido Popular y el Partido Socialista, protagonistas centrales del teatrillo que hoy estamos presenciando y que vienen dirimiendo desde principios de años para, juntos y revueltos, apuntalar sus comunes intereses en busca de la supervivencia en esta transición que desde las diez y media de la mañana ha comenzado. Y hablamos de renovación con la impostura que no tiene siquiera que presuponerse frente a situaciones del calado histórico que hoy se enraiza con el pulso de la ciudadanía, un latido efectivamente renovador, sin trampa ni Borbón, que viene exigiendo en mayor número, con un estimulante alarido exponencial, reclamar su liderato para aprovisionar el invierno socioeconómico que tanto escalofrío le viene provocando.

Mucho se ha comentado en los últimos años, fundamentalmente a raiz de la pérdida de respaldo ciudadano de la monarquía y sus elementos humanos, nada vigorosos en su intento biológico de aproximarse a la infalibilidad de postín, rodeada en su protección de trampas constitucionales bien puntiagudas, acerca del contenido normativo del Título II de la Constitución, su escaso desarrollo desde el vientre de la Carta Magna hacia el resto del ordenamiento jurídico, huérfano de una Ley Orgánica que hubiera dado contenido detallado a una Jefatura del Estado ya lesionada por su lejanía electiva, por su ausencia de respaldo certificado en tanto en cuanto levanta sus murallas desde un referendum global para aprobar un texto constitucional que a ver quien era el guapo que le hacía pestes con la polvora todavía humeante, presta a recargar tambores y apuntar a dar. Precisamente, una Ley Orgánica que ahora parece hacer acto de presencia como un fantasma corpóreo, que ha tejido sus sábanas desde el silencio de palacio con la misma celeridad que el bipartidismo imprimió a la reforma del artículo 135 del texto constitucional, y que mañana hará acto de presencia con el beneplácito de dos formaciones políticas, otrora mayoritarias, hoy con padecimiento de mengua representativa.

AbdicacionRey2La defensa a ultranza del equilibrio regio que aparecen en estas primeras horas de despedida juancarlista resuena a inmovilismo de segunda generación, atando y bien atando entre el poder que se siente desorientado tras su golpetazo del pasado domingo y el guia en decadencia un futuro que no les interesa si es el más propicio a medio plazo para el conjunto de la sociedad española, sino el de armazón con mayor refuerzo para sus respectivas supervivencias. De entre el articulado del mencionado Título II (antesala de los padrastros constitucionales en un curso avanzado de cómo autogestionar el poder eterno, recubriéndolo del espeso barniz que otorga el artículo 168 y su reforma agravada) sí hay un apartado que permite de manera automática demostrar a Felipe de Borbón definirse como el demócrata que su barrera de contención afirma que es: A través del artículo 62 c), nada más colgarse el cetro si los acontecimientos no le superan antes, puede convocar a referéndum en los casos previstos en la Carta Magna. Evidentemente, la decisión no resulta automática, ya que todos los actos que ejecuta la jefatura del Estado son actos debidos salvo un par de lindezas autopresupuestarias, pero sí le imbuye de legitimidad para, nuevamente, sostenerse en sus bastones partidistas, a derecha y izquierda, e impulsar el interrogante hacia la acera. Claro está que por vía del artículo 57.5 (Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica) le queda más a mano, pero algo nos dice que esa norma que mañana va a desempolvar el bipartidismo, cocinada desde el primer trimestre, no va a ser muy preguntona.

AbdicacionRey3No obstante todo esto, no nos llevemos a engaño. La virtud prestidigitadora de la política que se derrite, la que sale tan poco a la calle que no resfría su capacidad manipulativa desde las alturas, habrá calibrado el ruido y entenderá que el fuego controlado será disparado con un debate monarquía-república inerte en el contenido, efectista como estrategia de despiste. Y, además, no se puede excluir en el análisis del interrogante de los plazos que Alfredo Pérez Rubalcaba está pero se viene yendo, y es la tercera piedra de estos Pactos de la Zarzuela necesarios (salvo que la fecha fuera aplazada hasta que Juan Carlos viera como monarca alzar al Real Madrid la décima, que cuestiones mas disparatadas emergen en el anecdotario historiográfico) para ese segundo encuentro normativo veloz y con el refuerzo cuantitativo imprescindible en las Cortes Generales que permitirán nuevamente imponer en silencio sus cábalas. Un alto porcentaje de la afiliación socialdemócrata no aplaude con tanta vehemencia estos chanchullos contrarios a uno de los espíritus básicos en la estructura sociopolítica que plantea su razón de ser, así que este triunvirato se las componía hoy o nunca. Y a Craso ya no le daban más cuartelillo.

Resultaría, por tanto, estremecedor que este artificio nuble la marejada que necesita entrar a puerto. La sociedad española viene reclamando ser cuestionada pero no como delegada, sino como protagonista del curso de su historia, siendo ésta la que lideran sus grupos ciudadanos con las renovaciones que la finitud vital impone a la raza humana. Hoy toca aprovechar este apaño fáctico para convertirlo en la legítima reclamación de como dar el giro que en mayoría nos propongamos. Mañana mismo tiene que ser la transición que le corresponde a nuestra generación.

 

La justicia, al servicio del delito

El Código Penal español, reformado casi por completo en 1995 para adaptarse a la normativa de su entorno, establece una frágil ambivalencia entre el concepto de pena, como castigo que cumple funciones de prevención colectiva y escarmiento individual, y la reinserción del procesado, intentando que el cumplimiento de la sentencia promueva las circunstancias adecuadas para que el sujeto no vuelva a delinquir. Esa dualidad a la hora de enfrentar las incorrecciones de la paz social deben calibrarse con meticulosidad casi de equilibrista, ya que pasarse o quedarse corto en las medidas puede resultar catastrófico a la hora de emitir sentencia tanto en las consecuencias del penado como en el escándalo colectivo que supone encontrarse fuera del espacio del sentido común.

Justicia1Por que el ordenamiento jurídico debe inspirarse como principio fundamental en éso, el sentido común más integrador entre las millonarias sensibilidades humanas que transitan en el Estado donde ha de aplicarse las correspondientes leyes y reglamentos. La realidad penal es, sin duda, la más llamativa, la que alcanza el prime time de las portadas cuando las decisiones judiciales chirrían; peor aún cuando la división de poderes da muestras de cierta efectividad y, de sopetón, se reta la justicia y el interés minúsculo, proveniente precisamente del núcleo de donde deberían emanar las respuestas más sensatas, las acciones determinantes para equilibrar las deficiencias de las relaciones humanas. Ver a la Fiscalía de parte de procesados como Miguel Blesa o Cristina de Borbón no puede resultar cuanto menos sospechoso, más aún en una época en que la lucha de clases se demuestra en plena vigencia, con ese derroche de privilegios que están teniendo que gastar de sus reservas los que han podido transitar las últimas tres décadas poniendo rostro de congénere, de ser de los nuestros.

No obstante, el arte del disimulo como una suerte de onomatopeya constante frente a los desmanes allende nuestras fronteras siempre han pretendido refugiarnos en una placidez mezquina a la hora de valorar como se las gasta el pudiente patrio. Los medios de comunicación de más amplia difusión se obstinan en aleccionarnos frente a la violación permanente de la justicia y la moral a lo lejos, donde no debemos siquiera mirar, por si, de casualidad, viéramos otras cosas que echáramos en falta a menudo. Denunciar la impunidad de las altas esferas está muy bien, no cabe duda, y a los pobres de solemnidad nos reconforta estúpidamente cuando un poderoso cae frente a miles de injusticias cotidianas, cuando el que se cree intocable cae de bruces dentro de la inesperada mazmorra. Mientras nos entretenemos con esos castigos, no sólo se cometen atrocidades insoportables, impunes en un entorno sin seguridad ni organización judicial, sino que nublamos ese nada común sentido que debería orientarnos en el análisis del cosmos nacional plagado de imputados que, con sus posibles, sus contactos y unas tasas que destierran del sistema la justicia sin parné, nos han devuelto a un escenario con pantallas pero sin cimientos. En el cuerpo legal todo continúa existiendo, como un espejismo, como si tal cosa, pero no se anime más de la cuenta, cuando se sienta vilipendiado, a gritar que se les verá en el juzgado sin haber contado antes el capitalito del que dispone.

AccidenteTenerife1Mientras toda la herrumbre que se oxidó alrededor del poder político en las últimas décadas cuelga sin demasiado agotamiento el cartel de imputado, a sabiendas que las molestias de transitar frente a las cámaras es cuestión incómoda de poco tiempo, hay una segunda escala de impunidad que evita el crimen, el castigo, y la moderna reinserción del que perturba el equilibrio social. Farruquitos y Ortegas Cano vulneran a diario nuestros titulares, tomando las vías públicas como circuitos de los que deben apartarse los torpes siervos de la gleva que manchan su bólidos. Pasa en el amarillismo más notorio, y en esos señoritos de provincia que ostentan los apellidos, la raigambre política y de clase, así como los recursos para asaltar la triple muerte ajena en la noche del alcohol, las risas y la ausencia de consecuencias. Los pobres reciben el castigo del olvido mientras aquellos, sin despeinarse, comprueban como el sistema se acciona para proteger su buen nombre, su futuro impoluto.