Un Socialista en la Corte del Rey Dólar

BernieSanders1A pesar de que la mayoría de medios de comunicacion a este lado de la frontera se haya resignado, por propia voluntad espiritual o económica, a ejecutar su política de información internacional casi a golpe de teletipo, agencia o freelance poco dado a jugarse su irrisorio pecunio proponiendo otras vertientes más allá de los escaparates brillantes de aquellos protagonistas que el común de los lectores conocen, las primarias en Estados Unidos están dando para un serial por fascículos de lo más emocionante. Porque, en efecto, parece que se nos pretende desde las grandes cabeceras informar desde una óptica de realismo sombrío, al estilo A o B muy del gusto de evitar nerviosismo al consumidor cada vez más famélico. O, como afirmamos al principio del texto, sencillamente ni siquiera se entiende ya una inversión de interés elaborar cuadros completos de momentos socio-políticos de trascendencia, como es este caso.

Y lo cierto es que aquellos españoles que demuestran algún interés en relación a los próximos comicios presidenciales en USA, a celebrar el próximo noviembre, dan de manera mayoritaria por hecho que la candidata demócrata que enfrentará el asalto a la Casa Blanca será Hillary Clinton. Pero oh, como una suerte de guerrero galo, ha emergido desde la conservadora Vermont (Virginia) el septuagenario Bernie Sanders (imposible no relacionar al instante la hazaña y ciertas previsiones a la experiencia reciente de Jeremy Corbyn en el Reino Unido), de tal manera que ha puesto en pie de guerra a la ex Secretaria de Estado, que ha pasado al ataque con su horda de grandes donaciones privadas. Pero, aún así, las últimas encuestas dan empates técnicos en los primeros centros de votación demócrata, así que la historia no ha hecho más que empezar. ¿Y por qué resulta tan sorprendente? Porque nos encontramos ante un candidato que se declara sin rubor “socialista”, teniendo al malogrado Primer Ministro sueco Olof Palme como referencia política, y defendiendo abiertamente la gratuidad y universalidad de la sanidad y educación universitaria. Y todo ello cuatriplicando la audiencia de sus mitines con respecto a su contrincante, sin aceptar donaciones de las grandes multinacionales.

BernieSanders2Aunque, en su mayoría, el espectro informativo nacional nos esté hurtando, de la misma manera que ocurrió con el asalto de Corbyn a la Secretaría General laborista hasta que la noticia era de común conocimiento a través de las redes sociales, este ascenso anómalo desde el punto de vista que nos han inculcado sobre la forma de pensar y votar del americano medio, contamos con este magnífico análisis de BBC (Jaime González, LA), que reproducimos a continuación para que puedan profundizar en el fenómeno Sanders:

Por qué el socialista Bernie Sanders despierta tantas pasiones entre los jóvenes de EE.UU.

¿Puede un autodenominado socialista de 73 años, voz ronca y aspecto desaliñado, al que le gusta despotricar contra la clase dirigente -en particular contra los bancos y las grandes corporaciones- convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos?

Si uno atiende a las miles de personas que en los últimos meses han llenado pabellones deportivos en ciudades de todo el país para oír hablar y vitorear al senador de Vermont Bernie Sanders, la respuesta parece ser que sí.

Aunque si se tiene en cuenta que Sanders es todavía un desconocido para una mayoría de los votantes y que en EE.UU. para muchos nombrar la palabra “socialista” prácticamente equivale a invocar al diablo, la respuesta parece ser que no.

Si a ello se le suma que la rival a la que se enfrenta Sanders para hacerse con la nominación demócrata de cara a las presidenciales de 2016 es la todopoderosa Hillary Clinton, a la que algunos ya ven como la próxima inquilina de la Casa Blanca, la conclusión es: imposible.

En cualquier caso, se trata de un “imposible” que a medida que pasan las semanas y aumenta la popularidad de Sanders -quien por primera vez este miércoles aparece por delante de Clinton en una encuesta de intención de voto de cara a las primarias de New Hampshire- se está transformando en un “¿quizás?”.

Al fin y al cabo, antes de la irrupción del senador Barack Obama, ¿quién pensaba que Clinton no iba a ser la candidata demócrata en las presidenciales de 2008?

No hay duda de que a estas alturas la mayor parte de seguidores de Sanders engrosan el electorado demócrata más a la izquierda del partido, que muchos consideran minoritario.

Pero los responsables de la campaña Sanders -nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1941 en el seno de una familia de origen judío- están haciendo un uso muy inteligente de la redes sociales, logrando que su mensaje esté llegando a los votantes de a pie, como demuestra la gran cantidad de gente que está acudiendo a sus mítines.

Lleno total

Hasta el momento, al mayor evento protagonizado por Hillary Clinton asistieron unas 5.500 personas.

Mientras, Sanders logró congregar tan sólo el pasado fin de semana a 15.000 personas en Seattle, en el estado de Washington, y a más de 20.000 en Portland, en Oregón.

En julio tuvo un éxito similar en ciudades consideradas territorio republicano, como Phoenix, en Arizona, y Dallas, en Texas, reuniendo a 11.000 y 8.000 personas respectivamente.

Este lunes protagonizó otro lleno total en Los Ángeles, California, donde más de 20.000 personas acudieron al pabellón Memorial a escuchar su mensaje en contra de los multimillonarios y a favor de la clase trabajadora.

A Sanders se le acusa de carecer de atractivo entre los votantes pertenecientes a minorías, aunque eso contrasta con la diversidad de la multitud que le ovacionó en incontables ocasiones durante su discurso en la ciudad californiana, y que estaba compuesta por gente de todas las razas y edades.

Educación superior gratuita, sanidad pública universal, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y del sistema judicial, vacaciones y bajas de maternidad pagadas para los trabajadores, fin de las contribuciones de las corporaciones a las campañas políticas, mayor control de Wall Street y sus bancos, fin de las rebajas fiscales para los ricos…

Sanders habla de todos estos temas en un tono populista y desacomplejado, logrando conectar con un electorado cansado de los políticos, tanto demócratas como republicanos, que anteponen los deseos de sus influyentes donantes a los de los ciudadanos.

El senador de Vermont se ha comprometido a no aceptar para su campaña ni un solo dólar de las grandes corporaciones y hasta el momento ha conseguido recaudar más de US$15 millones gracias a las pequeñas donaciones de 200.000 de sus seguidores.

Cambiar el sistema

“Estoy aquí para mostrar mi apoyo a Bernie porque creo que en este país hay muchas cosas que tienen que cambiar. Hay que reconstruir la clase media y él me ha devuelto la esperanza de que eso es posible”, asegura Edwina Aguayo, quien acudió al mitin de Los Ángeles acompañada de varios amigos.

“Hasta hace unos meses ningún candidato se atrevía a hablar del racismo que existe en este país, y Bernie pone el énfasis en la necesidad de que estemos unidos, sin importar nuestra raza”, apunta la joven.

Daniel, un estudiante de ciencias políticas de 18 años asegura que apoya a Sanders -porque como él- cree que “la universidad debe ser gratuita”.

“Además, el hecho de que no sea un político como los demás y que apueste por cambiar el sistema me gusta”, dice el joven originario del condado californiano de Orange.

“También estoy de acuerdo con él en que la sanidad gratuita debería ser un derecho de todos los estadounidenses y no sólo de unos pocos”.

Su amigo Jake, de 18 años y estudiante de relaciones internacionales, asegura “que hay muchas cosas en las que no está de acuerdo con Sanders, aunque le apoya “porque no es como el resto de políticos”.

“No acepta dinero de las grandes corporaciones y se nota que le preocupa la gente y no sus donantes”. Lo mismo opina Erik Martínez, un estudiante de secundaria de 17 años que por primera vez podrá votar en las presidenciales de 2016 y que le dará su apoyo al senador de Vermont porque este “quiere gobernar para la gente”. “Habla de cosas con las que estoy de acuerdo, como no dar rebajas fiscales a los millonarios o luchar contra el cambio climático. Creo que Hillary Clinton es una republicana disfrazada de demócrata. Recibe demasiado dinero de las grandes corporaciones”, asegura Martínez.

“No hay que subestimarlo”

Según le dijo a BBC Mundo el director de comunicación la campaña de Sanders, la gran cantidad de gente que se congregó en Los Ángeles para escucharle “no fue una sorpresa” dado el éxito que habían tenido sus mítines anteriores.

“Que tantos quieran escucharle hablar demuestra que su mensaje está llegando a la gente de todo el país”, aseguró Michael Briggs.

“Habla de asuntos que los grandes medios no tratan y sobre los que a una mayoría de estadounidenses -ya sean republicanos, demócratas o independientes- están de acuerdo. Cuanto más lo conocen, más les gusta”.

Según Briggs, desde que inició su carrera política como alcalde de Burlington, la mayor localidad del estado de Vermont, Sanders “ha sido subestimado y eso es algo que ha demostrado no se debe hacer con él”.

Viendo la energía desbordante que había este lunes en su mitin de Los Ángeles, resulta sorprendente la poca atención que los grandes medios están prestando a la campaña de Sanders, a quien a estas alturas pocos dan opciones de vencer a Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata.

Pero no hay que olvidar que en 1991 Sanders se convirtió en el primer candidato independiente en ser elegido para el Congreso de EE.UU. en más de cuatro décadas, gracias al apoyo ciudadano que recibió y que ahora está tratando de replicar a nivel nacional haciendo un llamado a una “revolución ciudadana”.

¿Imposible? No para las miles de personas que este lunes coreaban en Los Ángeles en español “Sí se puede”.

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El cuento del lobo desértico

Siria2Si su sensibilidad geopolítica le provoca un zumbido impenitente desde que cualquier reflexión sobre los hechos sucedidos y a suceder sobrepasan la bipolaridad más soportable, los muertos catalogados en buenos y malos que permiten conciliar el sueño sin más preámbulos morales, posiblemente este texto no sea digerible en su atardecer reflexivo. Sí, claro, vamos a adentrarnos un rato en Siria, sin drones ni misiles de medio alcance con regusto selectivo, sazonados con esa carga democrática que alivia la tiranía y esparce su bombardeo expiatorio con la delicadeza de un bisturí de carta magna y muy demócrata mío.

El planeta, en este instante, está plagado de niños mutilados y desmembrados, mujeres reventadas por falos rabiosos, cebados de semen en desbandada furtiva, territorios en armas sin justificación siquiera primitivamente territorialista, primaria. Todas esas atrocidades surgen del mismo poder, de las rendijas que son balcón con vistas a la opulencia del capitalismo occidental, presa de su monopolio justificador tras dos décadas sin enemigo a la vista a quien echar culpas de manera global. Ese mismo poder, que financia a diestra y siniestra rostros recios o amables en función de las letanías ciudadanas, se aburre de cebar sus graneros y bodegas por el mero hecho de acumular, ya que el capital es hijo bastardo del poder, y necesita el vicio del control, del juego a gran escala. No es esto más que un inmenso Risk en el que caen y se levantan ejércitos con apariencia de plásticos deformados, inertes. Lo que a diario ocurre en la práctica totalidad del continente africano y vastas extensiones de Latinoamérica, con guerrillas fortalecidas para proteger al dios coltán, a la diosa litio, no son genocidios porque la realidad sanguinolenta no es muy de llegar a las primeras planas del sector del papel diario, parte insignificante de los emporios que hoy ansían la guerra fría en el desierto, la tensión del Estado fallido que les laissez faire, laissez passer sus materias primas, sus carruajes sin cuatreros.

Siria1Bashar Al-Asad y señora han sido, hasta escasas fechas, protagonistas amarillentos del folio más coloreado, el de fin de semana, el que acompaña el combinado en las tumbonas selectas, como una pareja ejemplo del refinamiento de una cultura que igual se vilipendia como se enaltece. El que manda sabe jugar a llamarte ayer árabe y hoy moro; hace unos días Presidente, actualmente sátrapa. El ministerio de la verdad domina la neolengua mejor que nadie. De palacio inmaculado como telón de fondo, el primer ministro sirio ha visto deshacerse el escenario para transmutarse en carne infantil depredada por ácidos y balas, por muerte de la que despelleja cualquier barrera de duda ante la obligación de ser más obamistas que Obama. Pero es la secuencia repetida, el guión que ni siquiera se empeñan en traducir para que parezca una historia nueva en lugar de un remake de final cierto. Ya debemos saber que esto no es la democracia, estúpidos, sino la economía, el control. La muerte a partir de la mentira.

Siria3Siria, tan lejos de nuestra verdad y tan cerca de Israel, tan en el amino de las materias primas que unos quieren transportar y otros poseer, supone desde hace dos años la víctima tensa de un lobo estepario que se asfixia a través de dunas que no le corresponden. Parece ser que hoy ha de llegar a su destino, así sea exhausto de legitimidad, con colmillos de bárbara justificación aún punzantes, candentes. Nuestros representantes, una vez más, nos recuerdan cuan poco estiman trazas de inteligencia de quien dicen representar; unos muertos sin autor, aquellas prisas porque dos años no son nada y cien mil supuestos fallecidos menos cuando de obviar a la ONU se refiere, y a enviar drones y balacera visca para democratizar el crimen, para abrir paso a más inviernos árabes en busca del frio de la Historia.

Subcontrata refinada

En una década escasa, desde la invasión cruentísima de Irak por parte de unos cuantos Estados lunáticamente ansiosos, hasta la inminente absorción de la desvencijada Libia S.L.U. desde las succionadoras fauces de las hambrientas corporaciones occidentales, podría parecer que poco ha cambiado en el estilo difusor de las amenazas, resoluciones, acciones y, finalmente, transiciones guiadas por el aliado filantrópico. En ese plazo que, para nuestro ritmo desordenado puede significar, al echar la vista atrás, un chasquido agobiante en los pasos gastados, para el sector tecnológico, por ejemplo, comprende un universo evolutivo. En cambio, la diplomacia folclórica especializada en dar pábulo al ansía mercantilista se esmera en arrastrarse, sigilosa, avanzando en sus objetivos con la prestancia de exquisitez en formas y argumentos en apariencia inalterables; la legalidad internacional merece distinción, observación, análisis y, en último término, acción inevitable. Gracias por las garantías, por la transparencia. Por la falacia con lacitos y papel de celofán.

George W. Bush, que paradójicamente ha enterrado su cabezota imitando a su otrora obsesión Sadam Husein para evitar, en algún descuido demócrata, su puesta a disposición en ese Tribunal Penal Internacional que su nación se niega a aceptar para poder rematar los expolios salvapatrias a golpe de horca autóctona, se sirvió de eficientes contratas bélicas para ejecutar los mandatos internacionales impuestos a golpe de acoso y amenaza. Lo que ocurre es que una empresa de gestión de matanzas que se nutre de gorilas lustrosos salidos de una peli de Steven Seagal no casan bien con la imagen de una intervención pacificadora y de liberación. De este modo, la omnipotente Blackwater reconvirtió sus símbolos e imagen para seguir gestionando bolos sangunarios por esas tierras con algo de subsuelo sabrosón.

El sonriente Obama no ha caído en la trampa. Consciente de que la factura de su victoria no admite más moratorias, aceptó desviar su cegadora sonrisa hacia escenarios tragicómicos y, de la mano de sus siempre fieles y avariciosillos amigos europeos, que en todo quieren picotear antes de que procedan a retirar las bandejas, instó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a emitir una resolución, la 1970, con el objeto improrrogable de exigir al gobierno libio un cambio de orientación inmediato en su actitud para con el pueblo, como es obvio proceder en el adalid de la democracia universal y sus acólitos aprendices. Ya estando reunidos, podrían haber aprovechado la tesitura para unos cuantos copia y pega modificando únicamente el nombre de las naciones advertidas, añadiendo un Yemen por aquí, un Guinea Ecuatorial por allá… pero debe ser que llegó la hora del bocata y después los europeos, esos transoceánicos de moral disipada, contagiaron al resto de presentes con esas malas costumbres del aperitivo, la siesta, la partidita de cartas, y claro, se hizo la hora de volver a casa porque cerraban la sala de reuniones mundial.

A todas estas, el ejecutivo libio no se dio muy por aludido, confiado en sortear una vez más las acostumbradas amenazas a su trayectoria, arropado también por la sacrificada inversión del último lustro de cara a lavar su imagen exterior, con la apertura de sus reservas de crudo, gas natural y agua potable a empresas de exportación extranjeras, así como sonoras y cuantiosas indemnizaciones a las víctimas de sus bravuconadas terroristas pasadas. Pero no, superada la somnolencia de la primera jornada, y tras el plazo de observancia debida, optaron por insistir en su advertencia, aprobando por diez votos a favor y cinco abstenciones (China y Rusia, con derecho de veto, así como Alemania, Brasil e India) la Resolución 1973, en la que, mediante una amalgama agotadora de gerundios enérgicos, concluían que debían garantizar la seguridad de los ciudadanos del país norteafricano mediante la aplicación de una zona de exclusión aérea, la protección de civiles y zonas ocupadas excluyendo el uso de fuerza de intervención extranjera (?), así como proceder a intervenir unos pocos fondos de entidades marcadas con la cruz de financiadores del régimen a desestabilizar. Nada se habla, pues, de acción directa, de influir en el cambio de orientación política o administrativa del Estado libio, etc., pero un fantasma ha de recorrer los cielos beduinos, invisible en su invasión, invisible desde su higiene aérea.

La inmediata operación, liderada a regañadientes por USA en cuanto a su posición diplomática, diseñó un timing ejecutor basado en las buenas enseñanzas, en cómo sortear la piedra que vuelve a buscar nuestro tropiezo, irremediablemente, en la jaqueca de la Historia. Una resolución del Consejo de Seguridad sirve como factor 50 de protección frente a la antipática opinión pública que se empeña en exigir garantías y esas zarandajas que no entran a la despensa de las residencias oficiales, y si la redacción que se consensua hila fino, la ejecución de la misma puede llevarse a cabo sin ataudes con bandera patria, sin reservistas pululando por las calles con sus historias miserables que reavivan la llama del pensamiento. ¿Buscar, entonces, en la agenda, alguna agencia de confianza, que tenga como objeto social el alquiler por horas de mercenarios, con sus granadas, sus armas automáticas, y utensilios de buen matar? Na. Afganistán y su cobarde amparo internacional han enseñado mucho y bien. Tenemos en casa la solución. Buena, bonita y pagada. Que limpia, fija y da el esplendor deseado al informativo del mediodía.

Efectivamente, la Organización del Tratado del Atlántico Norte está ahí, como un papel chorreante y pegajoso. En vigor y sin enemigo. Protectores difusos a este lado del océano que oteamos a través de nuestra ventana del oeste pero que se empeña en abrir nuevos respiraderos en otros mares, con antiguos enemigos. Sin una mención ni de soslayo a su posible papel ejecutor en el mandato de la ONU, como una velada subcontrata del trabajo inevitable. Los ladinos gestores del expolio evolucionan su otrora vacilante sigilo, colocando en los reactores que habían de proteger los cielos y los cuerpos una bandera colectiva, inofensiva en este mundo que se empeña en mostrar razonamiento unívoco.

Despezadado hace una veintena de años el equilibrio amenazante, el incómodo estorbo para alcanzar los tesoros chorreantes de tierras misteriosas, la estrella de cuatro puntas ya puede guiar los navíos para mercantilizar a bajo coste el negro Dorado. Subcontrata de personal propio, Rosa de Los Vientos que expande sus afiladas extremidades allí donde su presencia sea reclamada. Desde la legalidad internacional, la colonización moderna no necesita desembarcar para tomar posesión de las riquezas ajenas. Ni siquiera llevar baratijas para confundir a los beduinos tontainas. Basta unas bombas amedrentadoras, una hermética comunicación externa y vuelta a la reunión para liquidar el asunto. Pero esta vez con hábil celeridad, sin café, copa y puro.