Puente aéreo sin alas

A una semana de arrancar motores, con cronómetro a ritmo de minutos por días, los pasajeros se impacientan, sin tripulación, con el aire acondicionado apenas silbando una brisita que llega aderezada con una especie de saliva que se adhiere a todo, con repugnancia. Y, para colmo, al comandante y los suyos le ha dado por repasar el curso de vuelo. Definitivamente, esto ya no trata de tender puentes, sino de no romper alas; da igual, “capítulo 1. El avión…”, y paciencia.

La situación a estas alturas, no cabe duda, se asemeja al retorno indeseado por un túnel del tiempo que carece de señalética; De aquí al próximo domingo es imposible encontrar modo de transporte político que recorra, a cualquier lado al oeste del Mediterráneo, esos 505 kilómetros que, visto el mareo que provoca la actualidad desde Barcelona y a Madrid, el mundo gira en un sentido absurdo mientras yo te espero, tal y como recita Quique González y parece que piensan desde Moncloa al Palacio de la Generalitat. ¿Quién se dará antes la vuelta para apretar el gatillo en este duelo de guante oscuro? Es evidente, tras la sonoridad escandalosa de los sordomudos, que ninguno ha escuchado las reglas antes de comenzar a andar y contar hasta diez, nueve, ocho. Sólo restan siete, y cada uno ya se está pringando de sudor nervioso, 24 horas de vaivenes, detención, protesta, Puigdemont y Rajoy; Trapero y un señor de Sevilla; la impresora de Rufián que multiplica hasta un millón de papeletas y la guardia civil requisando fardos de cuadrículas, blanquísimas, impuras.

No debemos perder de vista el simil de las pistolas al amanecer, retornando en ese dispositivo móvil que nos habrá de colocar, irremediablemente, ante el tiro de gracia de las urnas o quizás ellas rematando a los votantes sin silencio. Los tertualianos no se cansan de repetir que ya nada será igual, que es el tiempo de la política, mientras se rasgan los discursos tras no haberse percatado de como desde un recurso hasta un incendio va un paso de seis años, lento, uno menos para voltear y armar el disparo fatal. Los responsables de las instituciones, a elección vista, son también muy de viajar, con el objetivo de verse con otros elegidos y, supuestamente, tratar asuntos de lesa gravedad para amortiguar nuestras asustadizas previsiones colectivas: de Madrid, a Bruselas, recorriendo Estrasburgo, Ginebra o Nueva York. El Puente Aéreo, no. Recuerden, los aviones se oxidan, sin alas, en la pistas; sus cábinas, huérfanas de chófer. Los precios, políticos, por las nubes.

En un Estado-Nación que requiere de más de una decena de banderas para festejar cualquier logro deportivo colectivo no hay que resultar muy astuto previendo que los símbolos los carga la codicia económica y política, a la espera de mezclar pólvora con votos, represión con sulfanato de legalidad vigente, butifarras con callos. Venga, levantemos un muro nuevo, de altura media para que pase todo menos las esperanzas y los huesos rabiosos, y activemos dinamita y trinitrotolueno a mansalva en otro puente con aluminosis. ¿El tiempo de la política? Este cronómetro con el segundero loco de contar ya no sabe llegar a tiempo, dar la hora, sonar a en punto. No hay más que poner a prueba a Google, sus herramientas se disparatarían hasta crear un caos en el orden del “todo a un click” si a alguien se le ocurriera buscar algo tal que así: “Declaraciones conciliatorias referéndum Catalunya”. Castellanicen la denominación territorial si les place, el derrumbe de las columnas cibernéticas sería igualmente estruendoso. Así que no jueguen con binarismos incontrolables y preparen el sesteo con las informaciones de costumbre, tan rigurosas como enfocadas a que la calle esté a temperatura ambiente. Y es que cuando la política se estrella, el mesianismo recoge los restos.

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Se armó la Luiscabronera

Barcenas3Luis Bárcenas llevaba varios días toqueteando los botones de la aspiradora que, sin leerse el manual de instrucciones, sabía antes de sacarla del envoltorio que tenía potencia para succionar todo a su alrededor. Las primeras pruebas, por alguna esquina, le han dado muestras a lo largo de los últimos días de la potencia y calidad del instrumento a su alcance así que hoy se ha puesto manos a la obra y ha decidido dejar la manta impoluta de ácaros. Es sintomático que cuando se descubre la rara avis de un insecto alérgico, como es el caso, la exterminación a su alrededor es inversamente proporcional a la resistencia de su flexible exoesqueleto. Por ahora parece que la precisión helvética funciona a arreones y de manera selectiva, en busca y captura de los microbios que le han venido provocando más escozor, pero si algo es sabido en el común de la cultura popular la generalidad de las especies insectívoras no hacen ascos a compartir heces en barbecho. Eso sí, cuando uno de ellos resulta aplastado, el resto sabe poner con ágil eficacia patas y alas en polvorosa.

La desinsectación de hoy en la Audiencia Nacional ha utilizado productos de tanta toxicidad que ha dejado inconsciente tanto a Mariano Rajoy como a Dolores de Cospedal. De lo contrario, no se entiende la triquiñuela del Presidente del ejecutivo para responder sin hacerlo, teniendo como detestable aliado a un plumillas poco respetuoso con la profesión que le da cobijo; el redactor de ABC ha preferido sodomizar cualquier principio deontológico del periodismo para conservar su trabajo, aceptando primero la imposición de una pregunta pactada por parte de un director de su medio y saltándose, después, el pacto entre los colegas que cubren las ruedas de prensa en Moncloa para repartirse las cuestiones a plantear cuando éstas son limitadas y hacer de correveidile para producir una respuesta que, por escrita, guionizada y dramatizada, fue puro silencio. Aunque, como es costumbre, hasta leyendo robóticamente, con ese seseo metálico tan perturbador, lo que le han cocinado, no puede evitar dejar a la opinión pública exhausta de intranquilidad. Según Mariano Rajoy, analizada su comparecencia, la responsabilidad penal es la única que puede revolotear sobre la clase política gobernante, y como él se jacta de ser honrado se diga lo que se diga, con una mayoría absoluta en lontananza parlamentaria, pues la cara B de este disco rallado, la de la responsabilidad pública o política, no es menester de traer a colación porque su responsabilidad es seguir avanzando en la dirección que le parece a él recta, mientras una gran mayoría nos marea al verlo dar vueltas sobre su sombra. Es normal que esto ocurra cuando se gobierna más alejado de lo habitual del asfalto colectivo y el círculo estrecho, único sonido que digiere para construir su panorama, le asegura que aquí se ha alcanzado en el buen camino y, lo demás, envidia de una oposición debilitada y mezquina. Pero el despiste ya no es sobre el precio de una taza de café; en esta ocasión es el valor de una democracia adolescente lo que no se es capaz de tasar.

Rajoy2Lo más llamativo es la previsibilidad de los invertebrados a la hora de huir al olor del insecticida. El Gobierno no va a ceder al chantaje, ha afirmado, como si se le hubiera colado algún guión tras un atentado de ETA; lo mismo vale para un pisotón que para una rociada de Barceygon. María Dolores de Cospedal se ha empecinado en horario vespertino, obstinadamente, en buscar el mismo cobijo con distinto tono. Al menos a la Secretaria General del Partido Popular no le vibra el párpado izquierdo cuando miente, pero su melena alocada y la empecinada repetición de sustantivos y adjetivos no deja demasiada duda a la imaginación corrupta. Floriano, al amanecer… fue Floriano.

¿Y, ahora, qué? Ya se sabe que la eficacia de estas rociadas, aunque dejen de oler, se mantienen largo tiempo. No obstante, a algunos, desconfiados cuando el pestazo desaparece de la atmósfera, les da por repetir el tratamiento de exterminio, gas sobre gas. No parece que Bárcenas sea los que cumpla las instrucciones de empleo al pie de la letra; es un verso suelto sin demasiado oido para seguir aprendiendo lecciones de sus otrora compañeros. Y el verano no ha hecho más que comenzar a desparramar su bochorno judicial, con lo que eso despierta el apetito de los bichos.

 

Empurando a Rajoy

RajoyPuro2El Presidente vuelve a estar en silencio, ¿Qué sonido hará rugir al Presidente? En medio del humo que se ha levantado desde el pasado domingo, Mariano Rajoy puede prever la magnitud del incendio que se le avecina, a él y a los suyos, a sabiendas que el paso del tiempo nunca llega a apagar todos los rescoldos que se dejan en un letargo de combustión política. O quizás no sea consecuente presuponer tanta capacidad táctica al jefe del Ejecutivo y su desaparición de la escena pública a lo largo de estas horas se deba, básicamente, a la terrorífica sensación que le puede estar produciendo un escenario que temía pero, en su habitual optimismo, consideraba que no se le iba a presentar. Lo cierto es que tras la segunda vuelta de este round de papelería fina, aderezada con nuevos ganchos de fuerza original, no fotocopiada, todo aquel que sale caligráficamente retratado viene haciendo mutis por el foro ocultándose no ya siquiera con una pantalla de plasma por escudo, sino usando un contraataque equilibrado, esto es, papel por papel, sobresueldos por comunicados de a mí que me registren.

Parte importante de la corriente de opinión que ha venido generando la nueva estrategia de defensa callejera por parte de Bárcenas no alcanza a comprender como, ante la magnitud de escándalos que se concentran en la contabilidad apócrifa del Partido Popular, no se haya desencadenado una turba social, una pira ciudadana que detenga el tiempo de las excusas insolentes y clame y clame hasta que se demuestre lo frágil que resulta el enladrillado de Moncloa. Resulta sencillo de explicar. El común del ciudadano, porque para asaltar políticamente un Palacio de Verano hace falta más que unos miles de cabreados por turnos (que se lo recuerden a Aznar previa invasión iraquí), entiende el delito cuando la sangre inocente corre por el asfalto. Digamos que del artículo 138 en adelante del Código Penal aparecen las fábulas predilectas del entendimiento humano, que la violencia se desparrame y yo pueda verlo para entender la quiebra de la paz social. Pero en el fondo, a pesar de las palizas diarias a la economía doméstica y a las expectativas de progreso individual, ver en unos papelotes números y nombres mal escritos y mentalmente enlazar esa tabla contable con la apropiación indebida (término muy complicado de asimilar frente al robo con alevosía, nocturnidad y mala baba, que es el que entendemos todos) y la prevaricación (que mucho se nombra pero pregunta en la calle qué significa, para que veas) mosquea pero no tanto como para perderse el sorteo del calendario de Liga y salir a achicharrarnos frente a un inmueble cerrado a cal y canto. Ahí, tal vez, es donde reside la confianza de Cospedal y Rajoy en que para que todo siga igual todo debe cambiar, y eso en España nunca ha sido moneda de curso legal.

RajoyPuro1Pongámoslo, pues, fácil para que el hormigueo del ciudadano medio resulte incómodo y nos haga saltar del sofá acondicionado. Imagínese a un ministro de Administraciones Públicas de un Gobierno que ha llegado al poder por primera vez teniendo como bandera la lucha contra la corrupción; ese ministro, que gusta de estética de barba y puro pero sin traje de comandante de Sierra Maestra, tiene entre sus máximas responsabildades ser el guardían de la Ley de Incompatibilidades que impide a un cargo público cobrar cantidad alguna ajena a las retribuciones que le confiere su cargo, vengan aquellas de lo público o de lo privado. Pues bien, ese señor y varios compañeros de filas aparecen como beneficiarios de complementos económicos de diversa naturaleza desde su formación política, aumentos escandalosos mientras el poder adquisitivo y el empleo, tanto su cantidad como su calidad, caían en picado, así como abonos de servicios cuasiprivados que procuraban, de manera integral, facilitarles un nivel de vida sumamente privilegiado. Y, todo esto, financiado presuntamente a través de opacas donaciones en metálico por personas y entidades que, a vuelta de monetario correo, recibían respuesta en forma de concesiones arbitrarias. Así quizás ya suene más rotundo, más criminal, más para enfadarnos un poco e impedir, con la pasividad de una sociedad que no puede merecerse esto que tiene, que desde Génova a diversas huestes autonómicas puedan apostar por el mutismo como forma de defensa y desprecio a partes iguales.

El fumador de puros, el lector de prensa deportiva, aquel que afirma haber perdido poder adquisitivo entrando en política (¿Quién le rogó que, en su mocedad, lo hiciera? ¿Quién lo esperaba, quién lo apartó, en definitiva, de un registro de provincias?) parece ser que recibía cantidades en metálico ocultas en cajas de habanos. ¿Qué fue, entonces, antes? ¿El hábito de fumar o el de trincar? Curioso recipiente para recepcionar algo que se entiende legítimo. Nos huele a chamusquina, tal vez porque las brasas vuelven a prender nuestra paciencia.

La hoguera del incendio de la corrupción

Senado1El Congreso de Los Diputados no ha podido disfrutar esta semana de siquiera un atisbo de eso que se denomina Debate del Estado de la Nación pero que, ni en los momentos de mayor euforia macroeconómica, ha superado un descafeinado toma y daca de argucias dialécticas y brindis al sol para continuar con ese laissez passer que se ha sostenido al albur de especulación y dinero falso, generado a partir de burbujas que a poco que toman altura, explotan. No es la primera vez que esto ocurre en nuestra Historia reciente, pero como los damnificados de hoy son los rescatados de mañana, y vuelta a empezar, las consecuencias sólo han recaido sobre una ciudadanía tremendamente olvidadiza de los compromisos y los programas traicionados.

En las sesiones que componen el debate, Rajoy ha conseguido retener dos excelentes logros para esa autoestima que ha cultivado en los últimos meses a golpe de ignorar la realidad, de convivir con el silencio de los muros de Moncloa: Hacer que las inquisitivas cuestiones acerca de la corrupción quedaran tan lejos de sus tímpanos como cuando se nos aparece a través de plasma, y poder leer todo lo que le han escrito entendiendo a la perfección la letra utilizada. Lo primero es un síntoma de que no siente el más mínimo rubor ante el escenario corrupto que va acorralando su futuro político a corto plazo y su credibilidad como dirigente; lo segundo, que el equipo de asesoría presidencial ha aprendido de errores pasados y ha conseguido, finalmente, resolver definitivamente un problema capital con tarjetones gigantes y letra en Comic Sans 60 en negrita, cursiva y subrayado. Ya entendemos como los hombros presidenciales se han ido hundiendo a medida que ha tenido que ascender y descender la tribuna de oradores cargado con kilos de papel enladrillado.

Pero esto ya no es la Cámara de representantes de un Estado democrático con cierta apariencia de civilización. Lo que ocurre dentro, con todas las butacas ocupadas, en la actual situación, no es más que el eterno retorno de la política cuando las palabras y los aplausos caminan muy lejos de las verdaderas intenciones de los togados. Tras los leones, los muros acribillados, se esconde un pasado aún más lejano; una fantasma inmenso que se posiciona, como una planeta paralelo, sobre el edificio y sus ocupantes. Un Senado romano en vísperas de las murallas en llamas, mientras el privilegio de sus miembros les mantenía ajenos al fin de sus días, rodeando a un Severo sordo y ciego, perdido por no oir los gritos internos y externos, pidiendo energía y rendición, a partes iguales.

Senado2Mariano, desconfía de los aplausos de la bancada a la que le das la espalda con demasiada indulgencia. Por sus silencios, sus inexactitudes al justificarse, sus filtraciones, sus afirmaciones y traiciones, sus intereses, los conocerás. Entre todos ellos hay más puñales que corbatas, demasiados intereses que no están dispuestos a hundirse con un líder que ha cometido un error de novato en la poco insigne carrera de protector de peligros inexistentes a comisión indeterminada: Cuando el contable sabe más de la cuenta, hay que liquidarlo para que no se marche con la libreta delatora rondando sobre tus planes el resto de la existencia. El PP no sólo ha dejado vivito y coleando a cuatro delincuentes de calculadora, sino que ha caido en sus amenazas, siendo parte activa en la protección del enemigo. Normal que ahora las murallas ya prendan y se derrumben, y el César se queda inconscientemente solo ante una turba que no entiende si le anima o vocifera en busca de su cabeza. Las referencias a la corrupción se han topado con el silencio, los requerimientos para que salga a defender el fuerte, con el insulto y el cinismo de quien se oscurece bajo una corona de pesados laureles que lobotomiza como una de eléctricos espinos.

La corrupción Sobre la paciencia

Implicados a partir de un cutre libro de cuentas, que se vende en cualquier papelería, y que se rellena concienzudamente, casi con pluma de ganso y en la penumbra de un despacho terrorífico, en ese epicentro que gobierna con mayoría absoluta el Estado y la mayoría de las Comunidades Autónomas. Esta síntesis ha revolcado los cimientos de las negativas y amenazas de costumbre, que se realizan en cuestiones como la presente de una manera casi autómata, con la confianza de la prescripción por bandera y a otra cosa, mariposa. Pero hay momentos en que la realidad mezcla demasiados ingredientes como para poder descubrir el sabor de la masa; en este caso, el silencio agría cualquier confianza en que no se haya caducado el contenido. Tal vez sí sea así a nivel penal y fiscal, pero en ningún caso parece que se pueda otorgar la absolución ciudadana a este punto de ebullición que amenaza con quemar toda la cocina central. Los receptores de supuestos sobresueldos de dinero no declarado amenazan o se ocultan; los presuntos donantes no tienen nada que aportar.

Barcenas1Tal y como señala la publicación que ayer dio a conocer el periódico El País, esta tradición de reforzar con regularidad mensual los emolumentos de la cúpula del Partido Popular se ha mantenido, como mínimo a lo largo de casi dos décadas, teniendo a Luis Bárcenas como cajero intocable de un instrumento heredado por unos, auspiciado por otros, pero sobre el que nadie parece tener constancia. Ahí es donde la mayonesa no consigue alcanzar su punto adecuado. Utilizar de manera imperturbable el silencio y hacer mutis por el foro cuando la investigación periodística te señala con diez dedos no alcanza para tanta paciencia agotada. Si hace escasamente un mes una encuesta del mismo medio de tirada nacional evaluaba la confianza de los ciudadanos en los grandes partidos en mínimos históricos, este empuje hacia el descrédito sólo puede continuar alimentándose a medida que no se presenten las pruebas que sean capaces de rebatir el contenido de negra contabilidad o presenciando, por primera vez en la historia de esta arrugada democracia, que los actos ausentes de ética vienen acompañados de consecuencias capaces de regenerar el inmueble sobre el que hemos construido nuestra esperanza como sociedad con ánimo de resultar cada día más avanzada.

En realidad, la prudencia parece sólo partir, precisamente, de aquellos que hemos sufrido la sustracción no sólo de nuestras contraprestaciones tributarias a base de recortes y supuestos sacrificios donde más se hiere a un Estado Social y Democrático de Derecho que se precie de apellidarse con tanto lustre, sino de esa inversión continuada que hemos ido aportando al vaivén de un proceso electoral y político empeñado en alejarse de nuestros gratuitos abrazos, de nuestra confianza tuerta. Las manifestaciones frente a distintas sedes del Partido Popular apenas han superado las centenas de asistentes, y las reacciones en diferentes redes sociales han limitado su indignación y gestión del humor en comparación con escándalos de reciente aparición. No es que el ciudadano se hastíe de lo ocurrido, mucho menos se mal acostumbre como una presencia incómoda que desvalija su esperanza sin posibilidad de redención democrática; la aparición de que la corrupción parece ser una institución imbricada por la élite del partido que gobierna como una estructura de armónico trasvase de parné no declarado elimina gran parte de la ironía que pueda aparecer por las mentes más privilegiadas del anónimo circo de la comunicación en la red y en el asfalto. No hay más que ver la mayoría de carteles que exhibían los manifestantes ayer en la calle Génova: sobrios carteles solicitando Dimisión en blanco y negro.

Barcenas2Siguiendo el procedimiento tradicional del Partido Popular en estas huestes (no hay más que retroceder y echar un vistazo al tratamiento que se le dio al caso Naseiro), la Secretaría General de la formación conservadora niega y amenaza, la Vicepresidenta afirma que no es su cometido tratar de asuntos de partido desde Moncloa y, por lo que aseguran las últimas informaciones, el Presidente, tres días después, se limitará a hablar para los suyos, en abierto para los medios pero sin rueda de prensa ni pregunta de los periodistas acreditados. A ver si se pasa, a ver si se olvida. Pero como de ésta parece que no va a poder salir a base de silencio y chascarrillos, algunos ya se dedican a justificar su aparición en la novela de los pagos. Una realidad que huele como un flato: aunque se niegue, la peste se queda en el ambiente. La dosificación por parte de los medios de próximas informaciones para rentabilizar sus tiradas, el abandono hasta de los propios (salvando a Marhuenda) en la defensa a ultranza de la causa popular y el grito de regeneración que va tomando amplificación minuto a minuto nos dice, nos vocifera, que ha acabado el tiempo de la impunidad.

La Corona errática

La Jefatura del Estado hecha carne, así como toda la troupe cosanguinea que vive al amparo de los presupuestos generales destinados a la Casa Real, ha venido sufriendo un importante descrédito, fundamentalmente a lo largo de los dos últimos años, que no se plasma en las encuestas de valoración ciudadana acerca de las instituciones. Al menos, no se concreta con el mismo peso que supone la gravedad de determinadas situaciones que se suceden desde Zarzuela a Pedralbes, pasando por orillas muy negras, muy revueltas. La Corona continúa manteniendo plaza en posiciones europeas en esto de la simpatía que despierta entre la ciudadanía, aunque habiendo tenido que ceder su habitual primera plaza, obtenida a lo largo de los años no tanto por mérito propio sino gracias a esa burbuja protectora que ha hecho del palacio borbón una isla deseada y respetada gracias a la neblina que ha impedido ver su contaminación.

Ese espejismo tras la verjas de los dominios borbónicos se ha previsto repintar con una estrategia desesperada, propia de un brainstorming de últimos cartuchos ó, quien sabe, diseñada por especialistas del publicismo residentes en tierras lejanas, desconocedores por tanto de la metástasis que Borbolandia sufre en todos sus órganos. De lo contrario, resulta complicado asimilar la ceguera que ha llevado a la máxima institución nacional, primero, a actuar frente a polémicas de incontestable gravedad (actitud cruel y despilfarradora, inmoral desde cualquier ángulo, de Juan Carlos; imputaciones penales contrastadas sobre su yerno Iñaki Urdangarín, etc.) con la estrategia de levantar murallas bajo el océano y, después, aceptando que todo se soluciona con maquillajes de humilde droguería. Con respecto a las actividades pestilentes de algunos miembros del clan, su conocimiento reciente no significa que el virus de la corrupción y el absolutismo se haya colado por las tuberías regias de la noche a la mañana; sencillamente, las múltiples vías de comunicación y difusión derivadas del desarrollo de las redes sociales vienen corrigiendo, afortunadamente, la autocensura que en España se han impuesto los medios de información tradicionales para con la Casa Real. Cuando un elefante aparece acribillado tras el perfil sádico de su majestad de nada valen las llamadas a las diferentes redacciones y consejos editoriales para tratar con discreción esos resbalones sostenidos por compañía femenina de regio concubinato; una foto, más que nunca, vale no más sino tanto, tantísimo, que todas las palabras justificadoras, porque esa imagen corre como la pólvora del rifle borbónico pero con el ritmo de un boomerang, en dirección inversa, con millones de comentarios, reflexiones, denuncias y críticas hacia el entrecejo juancarlista, reforzando la certeza de que una sociedad contemporánea merece instituciones electivas, removibles y controlables, así como alertando nuevas consciencias que van despertando de la placidez con cuerpo de pesadilla.

Con la familia mal avenida y entrando en hospitales y saliendo de comisarias y juzgados, su derrumbre definitivo se ha evitado provisionalmente gracias al colchón que le viene proporcionando su homónimo gubernamental. El virrey Rajoy y sus huestes de millonarios ministros centran la indignación principal y crónica de la sociedad y, en ese caos, el Palacio de Invierno a ocupar tiene fachada de Congreso, tal vez de Moncloa, mientras La Zarzuela va librándose de la invasión hasta que los primeros objetivos sean conquistados. Ese tiempo precioso lo quiere aprovechar la dinastía borbónica para preparar sus defensas pero, como recordamos al principio, los encargados de diseñar las medidas de protección parecen poco atinados. Bien es cierto que algunas, inicialmente, no han recibido la aprobación de la soberbia patriarcal o, al menos, ella misma se ha encargado de dejarlas invalidadas con su propia reincidencia. Con el final del verano, la familia real se ha puesto a salvo de los objetivos furtivos y se ha aprestado a desarrollar una estrategia que difunda su genética campechanía pero frente a cámaras amigables.

La campaña no ha podido comenzar de peor manera. El book idílico de la pareja principesca y su prole (de la que reproducimos algunas instantáneas), con el estilo más casposo del Hola para condesas de segunda y aristócratas en decadencia, pretende mostrar, o eso se supone, la cercanía y fraternidad armónica de la familia heredera. Y eso se escenifica, en un Estado con seis millones de desempleados en ciernes y una agitación social producto de la amputación de derechos y prestaciones sin precedentes en la etapa democrática, mostrando una sucesión de rostros impostados, modelitos para señora, caballero e infantitas de lucimiento chic, todo ello rodeado de hectáreas de jardines versallescos. Si quieren caer simpáticos recordándonos el lujo del que disfrutan a costa de nuestros tributos, y que gracia les supone el asunto, desde luego que el asesoramiento recibido no comprende a qué tipo de situación se enfrenta. Tras esta ostentación provocadora, el próximo paso anunciado sigue la línea irregular de una estrategia desesperada por remontar terreno hacia la simpatía popular por aquellos que nunca han entendido el esfuerzo ni la necesidad de cultivar la responsabilidad de ese cargo con fondos pero sin contenidos; en próximas fechas, Televisión Española ha anunciado el estreno de un programa semanal sobre la actividad de la Casa Real. La pluralidad de la pública desaparece con los despidos de tantos profesionales que no casan con el reaccionarismo de Somoano y los suyos, mientras por la puerta grande entrará el monarca y familia a contarnos lo mucho que trabajan y lo normal que es su vida y su cotidianeidad. Lo dicho, si esto es asesorar, que lo cambien por algo de sentido común.

Dudas a raíz del No Rescate

Luis de Guindos ha sido el encargado de anunciar, a la hora prevista y en el sitio señalado, que algo no andaba bien del todo. Pero, precisamente, la evasión permanente de los términos, las trampas léxicas, así como el altavoz utilizado, constituyeron las únicas y anécdoticas diferencias con el escenario previsto.

La primera duda que ha surgido en la opinión pública ha sido ésta, precisamente. ¿Dónde se encuentra el Presidente del ejecutivo en el momento de comunicar a la sociedad algo de tamaña gravedad? Pues es sencillo: dejando hablar a su jefe. Si convenimos que España es un país técnicamente intervenido desde finales de 2010, cuando el anterior gobierno anunció el severo plan de ajustes inicial, lo propio es que sobre Rajoy mande un tecnócrata al servicio del capital, como ocurre actualmente en Italia sin tanto carnaval, y pretenden que se instale en Grecia si esos locos helenos continúan haciendo uso de la democracia y votando en conciencia. Pues bien, que es el ministro Guindos, si no? Él mismo se encargó de darnos una sonora pista hace pocos días, durante el nombramiento del nuevo gobernador del Banco de España; de Luis María Linde destacó, especialmente, su bajo perfil político, como si eso resultará ser, para un supuesto político, una virtud. De este modo, la máscara bajo la que asoma el anfibio rostro ocultado se ha desintegrado por completo durante la rueda de prensa que celebró ayer: Él manda y Rajoy cumple su sueño de ser Presidente, sea al precio que sea.

Y es que sobre su agenda y su protagonismo real en el acontecer del ejecutivo nacional, surge la segunda de las cuestiones. ¿Será verdad, tendrá tanta desfachatez el esquivo Rajoy, como para presenciar en directo el encuentro entre España e Italia esta tarde en Gandsk? Pues dependiendo quien se alce como su espontáneo portavoz, tendremos respuestas distintas. A esta hora de la mañana, la agenda de La Moncloa no dice lo contrario, así como su presencia ha sido confirmada por la práctica totalidad de medios de comunicación, entre ellos Telecinco por medio de su redactora Sara Carbonero. ¿Y qué interés especial tiene resaltar este nombre? Pues porque su actual pareja y cancerbero titular de la selección española, Iker Casillas, se encargó ayer, durante la rueda de prensa previa al encuentro, de desmentir la presencia de Rajoy en el encuentro, declaraciones recogidas por el periódico ABC, entre otros. Sólo faltaría que el líder de los populares no sólo hundiera España, sino también a la pareja más chic del panorama ibérico. ¡Por ahí no pasan sus votantes, amigo!

Tercera duda que nos corroe. ¿Si obvian el término rescate con tanta obsesión que parece que desean extirparlo del diccionario de la RAE, por qué razón debemos suponer que esta exclusiva solución dispuesta por la UE es más beneficiosa? Según las explicaciones puestas ayer sobre la mesa, parecería que nos encontramos frente a una generosísima póliza de crédito, a intereses de risa y a disposición de la empresa España para cuando tenga algún desajuste de tesorería. Qué cosas, parece tan ligero el panorama que hasta deberíamos preguntarnos porque no hemos ido antes a la sucursal de Bruselas a negociar este instrumento. Pero esta es la trampa para incómodos ratones y sólo están esperando que atrapemos el queso para que la víctima no tenga escapatoria. La letra pequeña de esta nueva fórmula del laboratorio financiero perverso no hemos tenido ocasión de leerla, a modo de analfabetos rescatables frente a preferentes soluciones. En primer lugar, porque todos sabemos qué entidades van a tener que hacer uso de la disponibilidad de esos fondos, y en todas ellas convergen desastres monetarios producidos por la especulación, la ambición, la codicia y la incapacidad de sus politizados gestores: NovaCaixaGalicia y los sueños de Feijoo de poseer una banca gallega a cualquier precio, CAM y sus despilfarros corruptos continuados ó el experimento Bankia, con siete cajas controladas por el PP y cosidas a toda pastilla para disolver las responsabilidades particulares de cada una, en una carrera de fondo hacia el estropicio financiero. ¿Qué hay o habrá otros casos en las próximas fechas? Es posible. Pero fundamentalmente estas miserias son las que nos harán acudir, raudos, a meter la mano en el cepo con olor a celulosa de algodón. Si, tal y como Luis de Guindos afirmó ayer, la situación es realmente una solución pactada gracias a la brillantez de su equipo de economistas y la clarividencia solidaria de su partenaire en el BCE, tampoco se comprende qué les ha llevado a optar por una póliza de 100.000 millones, una cantidad a primera vista muy superior a lo necesario para ir tirando hasta fin de mes. Nada bueno, sin duda, puede suponer; por Bruselas, que se sepa, manejan mejor la calculadora que en la torre inclinada de Plaza de Castilla. En cambio, todo indica que ese montante ya nos debe advertir de inmediatas y desastrozas informaciones de quiebras y fallidos bajo Los Pirineos.

Una última e inquietante duda. ¿Cuánto vamos a esperar para sentar a los malhechores ante una justicia objetiva?

Actualización vespertina: Finalmente, al resuelto Mariano Rajoy le ha dado tiempo a leer unos folios redactados por su equipo a toda pastilla, coger un avión privado con su vástago primogénito, poner cara de futbolero despistado, mantener una reunión en el descanso con el presidente polaco mientras el nene compraba las chuches, poner caritas a la pareja heredera a ver si le rescataban una sonrisa, y volver para ver mañana, en su anónimo almuerzo, el final de Roland Garros, suspendido por una lluvia que ha conseguido provocar merced a otra de sus habilidosas negociaciones europeístas. Qué desagradecidos los vasallos ibéricos, que a estas horas pueblan plazas y avenidas pidiendo que no vuelva, que se dedique a negociar su reincorporación al puesto de registrador que le tienen todavía reservado.