Lobo con piel de humano

Tengo una maldad, bendita calamidad, mi vida es un trasunto (de mi esterilidad); tengo una maldad, ansioso por lo que pasará, me voy a dar el gusto… Y esa calamidad, al bípedo pedregoso, no le supone la más mínima vergüenza, mas al contrario le excita, rifle erecto en ristre sustitutivo, las cosas que pasan por su puro gusto polvoreado, espantado, apaleado. Y sabe lo que le pasa, porque a nivel penal es nada y, en función del territorio yermo de normas consuetudinarias , sabe lo que va a hacer, haciendo: Divertirse recorriendo el sufrimiento de patas cortas a cogote que explota en risa, patada y bota, sangre que no sale porque la cámara ve el sonido hueco del coágulo que retumba a muerte. La caza, la vida muerta.

Enloquece la opinión pública pero en el terruño, tú lo sabes muy bien, domina la debilidad osada del chaleco amarillo que reclama la punta hueca del cartucho mandón. Porque el derecho, derecho es. Caza, muerte, diversión ilimitada, normas asilvestradas. Esa gran debilidad será lo que será, pero es muy patria, valga el dios que da y quita, amen lo que desempolve el gatillo oficial apartándose del doble cartucho y el salto infame, mortal. Pero….

Por mucho o por nada, con cánidos amamantados para reventar la teta de la vida, en madrigueras secas o bajo pastos correosos, la familia con mirilla persigue lo mismo: Levantarse cada día que se permite en esta estrambótica realidad para tirar a dar, a dar en el centro, cornea, lomo, lóbulo, morro, objetivo carnagilatinoso que derrumbar, oquear, amedrentar, perturbar y, obviamente, derruir por puro gusto. Viva y bravo.

Curarse de este mal antes de enloquecer no es parte del bolero amable de aquellos que aparecen frente a la imagen que les corta el amable pulso del camino arenoso. Lo llevan en la mirada, lo llevan en la mirilla, y… ¡Ay, qué debilidad!

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Si lo sé, no pienso

Silosenopienso1No levantar la mirada del desánimo, tan en todas las letras e imágenes que vienen y retornan, trae estas desazonadas cuestiones. Por ejemplo, si un Estado cuenta con la propiedad plena de una compañía de telecomunicaciones, rudimentaria pero monopolística, lo que asegura pingües beneficios casi sin necesidad de innovar y ser innovado, ¿Qué le lleva a deshacerse, precio de mercadillo aparte, de su prístina oportunidad para abastecer presupuestariamente a otros sectores, deficitarios en su esencia y sin remisión? Libre competencia, dicen que alguien comentó que así se llamaba en tiempos del Fausto de Adam Smith. Pero aunque la flor se mantenga lozana en su primer vuelo, el adiós al fértil tallo no hará sino asegurar que le ronda lo mustio, el fin del color. La vuelta al negro y negro.

De una compañía de telefonía con esguince leve de eficiencia (mercado que fue mutando hasta contar con nuevas extremidades en forma de dispositivos móviles, conexión a internet, televisión a la carta, etc) pasamos a cuatro con diferentes niveles de rotura de ligamentos, cruzando entre ellas sus respectivas lesiones, enredando entre cobre, fibra y demás tiranteces el oligopolio del absurdo. Y poco a poco, fusión a absorción, las quejas pasaron de las cuentas de resultados corporativas a las facturas de millones de usuarios. La farsa de la competencia permanece, pero el control real de este mercado en una sola insignia, casualmente la misma que vino del fondo común a la mansalva privada, es moneda corriente. La diferencia, que esos multimillonarios ingresos ahora se reparten de acción en acción, de aquí para allá, mientras el Estado cuadra cuentas a costa de fondos de calcetín roido. Y no levante mucho la voz, que a lo mejor el santo grial de este juego de pocos para uno se percata de su pujante pobreza y le obliga a seguir siendo competitivo vendiendo algún aeropuerto. Mientras sea el de Castellón….

Silosenopienso2Tanto dar vueltas al innoble arte de reflexionar en voz ronca agota que es un primor, así que nada mejor que airearse con las ventanas del coche bien abiertas y ¿Qué demonios? con el cinturón bien recogido, lejos de la incomodidad de torso a ingle. A fin de cuentas, ¿Con qué derecho viene el Estado que todo lo vende a querer regular mi potencial muerte, elegida desde la inconsciencia más privada? Si me dedico al deporte de rotura de lunas estilo ariete clásico, problema mío y nada más que mío. “Ojo, egoista conductor”, me inquirirá la DGT, “que sus mutilaciones, secuelas, fenecimiento en última instancia, es abonada por todos en solidaria comandita, vía Seguridad Social. Aténgase a las normas para no empobrecer más las arcas públicas ni colapsar la sanidad de su Comunidad, seguramente deficitaria”. Que gran verdad. ¡Gracias, Estado hermano, sanador prematuro de mis humanas imprudencias! ¡Odas a ti, Protector anticipado de las turbulencias de tus ciudadanos atolondrados! Ahora, aplícate el cuento y prohibe de una humanitaria vez tantas y tantas barbaries que se suceden durante la canícula cerebralmente tenebrosa, a lo largo y estrecho de tus pueblos y villas. No permitas que miles de mamíferos superiores, pacíficos y sin capacidad de decidir su participación en ningún tipo de afrenta carnicera a su vida e integridad, sean utilizados como juguetes de muerte, víctimas abrasadas por la obcecación colectiva de reafirmar su ancestralidad sanguinaria. Y, mientras humanizas tu carcaza para abandonar tantas excusas de tradición sobre civilización, no me vuelvas a hablar de responsabilidad en ningún aspecto de mi libre albedrío al mismo momento que facilitas decenas de muertes y lesiones humanas previa al irreversible sacrificio del único que entra sin pedirlo, que se defiende sin ser reconocido por ello. La crueldad aderezada por esa concatenación de irresponsabilidades, desde el poder público que financia generosamente estas atrocidades, hasta los miles de “gallardos” novicios que se lanzan a multiplicar el terror del astado. Y cuando unos pocos, estadística inevitable, fenecen o quedan malheridos de gravedad, se convierte en noticia como si el toro apareciera de la misma manera que ese pinchazo a noventa kilómetros por hora. ¿Y ese doble coste, el de nuestra barbarie social y el de la víctima voluntaria en el fervor de la sangre, quién lo paga?

Silosenopienso3Basta de dar vueltas, de seguir dudando alrededor de la propia duda, que podemos dar un volantazo de esos que hieren con sólo sentir el derrape bajo las neuronas. Mejor continuar acechando este mes de agosto lejos de los arrumacos de la contradicción que supone perseguir lo equilibrado. A la playa, pues, a escote, con amigos, tirando del poco dinero que el menudeo de este capitalismo nuestro nos permuta en algún rincón de las comisionadas cuentas bancarias. Claro que, pensando sin querer hacerlo pero nuevamente un poco, a ver de qué manera uno se tumba en la hamaca sin ser visto por los prismáticos del periodismo riguroso. Mal está gastar lo que uno bien se gana, y peor aún si lo hace tras cometer la osadía de ser político de paso con la pensión a la vista de todos. Faltaría que los que van de Luxury Resort imPúnicamente vayan a permitir que se extienda la costumbre de proveerse de asueto contra el pecunio propio. Desde luego, está visto, mejor no salir de casa. Mejor aún no salir del sueño. Si lo sé, no pienso.