Cambio de marcha

Tras exitosos mítines por las principales ciudades del Estado, la maquinaria ciudadana de Podemos ha alcanzado el epicentro de la capital a toda velocidad, imprimiendo una marcha más en su estrategia política social con el objetivo de alcanzar la última meta: el palacio de la Moncloa. Sin embargo, esta multitudinaria “Marcha por el cambio” tal vez no haya avanzado hasta extraer el total de prestaciones que le permite su carrocería; resulta indudable que el encuentro ha sido un éxito, más allá del juego a doble altura de recontar asistentes para impulsar o frenar, según intereses, el número que importa, esto es, el que acabará dentro de las urnas. Aumentan las revoluciones, hay un cambio de marcha, el circuito parece moderadamente despejado pero, ¿se avanza por el sendero y con el vehículo inicial?

CambioMarcha1Para ser más hay que concretar menos, esa parece una odiosa clave política que se viene cumpliendo en cualquier escenario con derivación en lo electoral. Desde la irrupción de Podemos, como un torbellino, en los pasados comicios al Parlamento europeo, la exponencialidad de su crecimiento en intención de voto y sintonía social ha sido la nota dominante, tal vez a la misma velocidad en que la moderación en el gasto de la espontaneidad ha comenzado a hacerse eco en el silencio de lo concreto. Aunque no se puede discutir sobre el nivel de ataque desleal en lo democrático que ya están padeciendo de manera hemorrágica los principales dirigentes de la formación magenta, lo cierto es que ante un escenario como éste, más que previsible para politólogos y analistas sociológicos de la experiencia de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Iñigo Errejon, esquivar los golpes fuera del ring permite cambiar las reglas, pero no eludir cualquier arbitraje. El tiempo del reposo ha dado paso a la época de los eslóganes, por cada punto porcentual en aumento de los diferentes sondeos parece estancarse el ilusionismo político. Son los mismos acompañados de muchos más, parece que continúan idénticos postulados, hasta de cuando en cuando regresan para sintonizar sus “greatest hits”, pero de casta le viene al galgo desde que la criatura sociológica adquirió estructura de partido político al uso.

CambioMarcha2La cuestión es si esta populosa demostración de fuerza supone la cima sobre la que Podemos comienza a vislumbrar las atalayas institucionales a conquistar y, para descender a la conquista, necesita soltar lastre. Los mítines recientes de la pujante formación política ya se leen, con repicar de aplausos, al ritmo del eslogan: declaraciones estudiadas, mensajes publicitarios disfrazados de contenido político y algún que otro chascarrillo en prime time forman el verso de lo que en un principio fue ágil prosa. No es cuestión de entrar a valorar si tras la ilusión hay solución, sino si la vieja política no se estará instalando en la estrategia de aquello que aspira a remodelar los cimientos carcomidos un cierto conservadurismo estratégico, una sinergia involuntaria con todo aquello conocido para, precisamente, aspirar a sustituirlo. El pavor de PP y PSOE a estas mediciones sociológicas a ras de calle se encuentran acompasadas a la falta de capacidad para soportar reducciones notables en su acomodada colocación de cargos y colaboradores con sueldo público, pero en cuanto a formas de sustituir el liderazgo macropolítico, los partidos habitualmente gobernantes han seguido en diferentes momentos de la historia reciente discursos y tácticas similares. Critican lo que conocen, porque saben que funciona, si bien Podemos llegaba para ser y actuar de manera diferente. De otro modo, estar sin ser supone no una marcha por el cambio, sino un cambio de marcha, haciendo uso del freno-mano que no elimina el movimiento pero limita la velocidad. Habrá que ver si, de todos modos, el combustible alcanza para llegar al destino.

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Dicen que aquí sí PODEMOS hacerlo

A pocas horas de haberse finalizado el recuento electoral de los correspondientes sufragios para conformar el Parlamento Europeo, los macro análisis ya se han desgranado en forma, como de costumbre, bien de grandes titulares (no hay más que comprobar la caída de un 77% al 49% de porcentaje de votos de los dos grandes partidos desde las generales de 2011 a hoy) o de excusas redactadas a toda prisa por las maquinarias de comunicación de unos mastodontes que se saben artríticos pero posponen su ineludible cita con la rehabilitación interna (Cospedal destacando que España es, junto a Alemania, el único Estado de la UE donde gana el partido que gobierna es de mercadotecnia de grasas trans). Como consecuencia destacadísima no admite discusión que la irrupción de Podemos en estos comicios comprende el gran titular, tanto por haber alcanzado de la nada cinco eurodiputados como por su manera de enfocar, en poco más de tres meses, una campaña electoral ahondando en estrategias realmente transparentes y sobrias de financiación (crowdfunding parciales) y de comunicación (utilización real de los canales de social media, bidireccionalidad permanente, asambleas participativas, ausencias de liderazgo, etc.). A partir de ahí, y con los resultados más que a la vista, ponemos la lupa en batallas parciales que pueden haber arrojado las primeras balas este domingo europeista que, a pesar del interés de Partido Popular y Partido Socialista, no vio la desactivación de la maquinaria ciudadana con su arma más eficaz: la opinión democrática.

PabloIglesiasPodemos Madrid: Si tras el fracaso en las posibilidades de converger a estos comicios con IU hacía presagiar una débil capacidad de esta joven formación para alcanzar, a lo sumo, un escaño, los resultados finales han hecho sonrojar a cualquiera que en este país se dedique al negocio de las encuestas y las predicciones políticas. En ningún rincón del Estado han pasado desapercibidos, pero ha sido en Madrid donde su irrupción ha resultado demoledora. En el conjunto de la Comunidad han resultado la tercera fuerza política, superando en más de quince mil votos a Izquierda Unida y manteniendo esa posición en la mayoría de los municipios más poblados, incluyendo la propia capital, donde UPyD también ha hincado la rodilla. Pero no sólo en el centro peninsular se han erigido como principal fuerza hostigadora de “la casta”: Aragón, Asturias, Baleares y Cantabria también han apostado fuerte por esta renovadora opción. Queda por ver su capacidad para alcanzar estrategias conjuntas con otras fuerzas progresistas de cara a una hipotética participación en las elecciones municipales del próximo año, a donde se verán abocados a participar tras esta expectativa hecha carne politica, y si Pablo Iglesias no se verá superado por ese liderazgo que ha generado su propia imagen. Una cuestión es el deseo de participación colectiva y otra el insuperable torrente de vanidad política que provoca este torbellino. Su eficaz tandem con Juan Carlos Monedero, la otra cara de este intelectualismo académico, debe servir a Podemos de equilibrio para alcanzar la madurez como organización sin demasiados tropiezos a lo largo de esta ilusionante adolescencia.

WillyMeyerOtra oportunidad perdida: IU triplica presencia en la Eurocámara, cierto. Y roza el 10% de los sufragios, no hay duda. Pero da la sensación que su expectativa siempre choca con errores que, por su propia configuración analítica, por su materialismo histórico en vena, no debería cometer. En Asturias, por ejemplo, sus votos unidos a los de Podemos hubiera permitido a la izquierda real superar al PSOE, de igual manera que en, por ejemplo Canarias, territorios donde la formación socialdemócrata mantiene un respaldo histórico y ejerce actualmente tareas ejecutivas. En Andalucía, donde gobierna en coalición, se estanca por no decir que se deja avasallar electoralmente (duplicar sus sufragios en el actual contexto no puede significarse como heróico) por el efecto “Susana Díaz”, así como en Extremadura no han sido capaces de explicar al electorado su posición neutral frente al bipartidismo y sus menesteres. Una conclusión a primera vista puede encontrarse en un cierto rechazo de ciertas capas de potenciales electores en cuanto a sus formas, su aparato, su discurso: no dicen lo mismo que las dos grandes formaciones en decadencia, pero lo hacen desde los mismos púlpitos, utilizando similares estrategias de mercadotecnia, de publicidad de producto embotellado, y eso les entierra para muchos en el mismo pozo de desconfianza manifiesta.

BilduEuropaBildu viaja a Bruselas: En los mentideros de Euskadi se ha venido afirmando que, a pesar de encontrarse en frágil minoria, el PNV y el PSE estaban encantados dejando gobernar a Bildu tanto en la alcaldía de Donostia como en la Diputación Foral de Gipuzkoa, afirmando que su incapacidad para hacer política desde las instituciones acabaría destrozándolos solos. Pues parece que las predicciones han errado de manera atronadora: Bildu no sólo obtiene un eurodiputado, sino que en Gipuzkoa se ha alzado como primera fuerza política, además de mantener su preponderancia en todos aquellos municipios de las tres provincias vascas donde la izquierda abertzale ha destacado, antes y después de la desaparición de ETA, con o sin ilegalización de partidos.

CoalicionCanariaLas coaliciones cómodas se desmoronan: Mientras diferentes fuerzas progresistas no sólo han encontrado eficaces vías de entendimiento, así como mensajes unitarios para explicar a la ciudadanía sus planes reales de cara a Europa, uniones temporales de partidos clásicas, como la que han mantenido CiU, PNV y CC se han visto detenidas ante cualquier expectativa de aprovechamiento del suelo bipartidista. Resulta complicado, por ejemplo, que tres fuerzas enfrascadas en realidades antagónicas en sus respectivas Comunidades Autonómas sean capaces de movilizar más allá de sus afiliados. De este modo, ERC ha impuesto su carga de pureza en el mensaje en cuanto al proyecto secesionista en Catalunya; en Euskadi ya hemos visto como Bildu ha ensombrecido cualquier confianza de los peneuvistas; y, finalmente, Coalición Canaria, se ha derrumbado notablemente, a pesar de mantener una vía de confrontación muy fructífera electoralmente con el Gobierno Central a cuenta de las posibles prospecciones petrolíferas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Pues a pesar de solicitar voz para detener los planes del ministro, precisamente canario, José Manuel Soria, el PP ha triunfado en el archipiélago, dándose datos tan desoladores para el partido nacionalista como el cosechado en la capital, Santa Cruz de Tenerife, donde actualmente ostenta la alcaldía: quinta fuerza política, duplicando sus papeletas tanto PP como PSOE, y siendo superado por IU y Podemos.

VidalQuadrasSi la derecha se divide… se queda igual: A diferencia de la movilización que se ha registrado en la zona izquierda del arco parlamentario, la irrupción de Vox para esta campaña electoral puede significar su primer y último impacto como marca electoral. El veterano político conservador Alejo Vidal-Quadras no ha podido revalidar el acta de eurodiputado que ostentaba tras su larga trayectoria en el Partido Popular, y el pírrico 1,5% de votos no parece buen punto de partida ni para atraer a nuevos votantes, ni mucho menos, para arrebatar protagonismo institucional al PP. Más allá de las encuestas, la campaña de crowdfunding donde solicitaban 250.000 euros para sufragar los gastos electorales y que recaudó 6 miseros euros le debían haber servido como la mejor encuesta para detener máquinas antes de chocar de frente con la realidad. Un discurso idéntico, cambiando el verde por el azul, no parece la mejor herramienta en estos tiempos.

marine-le-pen¿Quo Vadis, Europa?: La extrema derecha se impone en Francia, los euroescépticos hacen lo propio en Inglaterra, mientras en Dinamarca tanto de lo mismo, es decir, de espaldas a Europa. Por su parte, Estados como la República Checa o Polonia expresan más por lo que callan que por lo que dicen: la participación ciudadana en ambos países, por debajo del 20%. Hungria y Grecia siguen sonriendo ampliamente la intolerancia racista, pero en el segundo también es cierto que la izquierda real encuentra una victoria de mérito. Ya se solicitan elecciones anticipadas en varios países a tenor de los resultados hoy conocidos. Quo Vadis, Europa? En ocasiones, si bien el horror a la frivolidad historiográfica impulsa a no hacerlo, da la sensación que nos empeñamos en repetir la peor de las realidades. El comienzo de este siglo, sin ir más lejos, parece querer calcar algunos ingredientes del anterior al mismo ritmo anual. Confiemos que las próximas dos décadas nos lleven la contraria.

Desprivatizando a Lasquetty

Lasquetty1No es periódico de ayer, sino la calma relatada tras la tormenta más que perfecta. No hizo falta más que un auto, un ejercicio de honorabilidad judicial por el poder arbitral (que no arbitrario) en el que se sustenta la supervivencia de nuestro famélico Estado Social, para que se derrumbara la montaña de prepotencia y manifiesta intencionalidad privada de Javier Fernández Lasquetty, consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid. Este rostro contenido, con bolsas de aire entre los carrillos que siempre amenazaban huracanes de rabia, había sido hasta hace poco más de una semana el germen perfecto entre la codicia desmedida de Lamela, la presencia seductora de Güemes y, en el trino equilibrio, las anchas espaldas de Ignacio González y Esperanza Aguirre. Un compendio, en definitiva, entre la continuación al descuartizamiento sin aristas junto a la necesaria convicción ideológicamente inmoral para llevarla a término. Y así, sin cita previa, resulta evidente que la labor que ha heredado con gusto y sin picor, de manera exclusiva, ha sido dar acomodo a determinadas contratas para gestionar aquellas millonarias estructuras hospitalarias puestas en marcha sin capacidad presupuestaria. Cada uno de los pipiolos venidos desde la orilla de FAES han ido cubriendo su respectivo escalón para pretender disipar el tracto sucesorio-político de una más que evidente planificación del capital, de sus señores feudales, de ellos mismos. De la puerta que no deja de girar.

Lasquetty2A Lasquetty le tocó bailar con la que parecía más guapa antes de desprenderse del vestido, y aún con las luces apagadas. Pero no. Tratar como borricos de amplia sumisión a los diferentes colectivos que hacen posible el servicio de salud a la ciudadanía es un ejemplo evidente de lo mal que hace, en lo que respecta a la táctica política de los nuevos cachorros, no pisar más suelo que el de un despacho tras otro, repeler las baldosas al no conocer más superficie que el parquet acuchillado. En realidad tenía en su mano dar un golpe definitivo a uno de los pilares fundamentales del sistema de protección social que nos habíamos dejado otorgar, con más ilusión que cabeza, como un obsequio en lugar de algo propio, no hace mucho. El negocio huele rápido la presa y frente a su huracanada voracidad pocos tienen la apetencia de resistir. Precisamente esas demandas, esas urgencias por comenzar a meter primera en los seis nuevecitos hospitales que mamá Estado les había hecho para su enriquecimiento, provocaron que la mala consejera de costumbre modificara mal y pronto el pliego de condiciones. Lo demás es historia conocida: un triunvirato de valientes en la sala 3ª del TSJM mantuvo el caso en sus manos, soportó las presiones de extraños pero, sobre todo, de muchos propios, para que el caso no pasara a un pleno presto a hacer pelillos a la mar portorriqueña, mientras los funcionarios sanitarios iban cicatrizando, mediante protestas y una poderosa estrategia jurídica, todas las heridas abiertas en esta privatización que amenazaba con extenderse por el conjunto del Estado.

Lasquetty3Lasquetty ya es historia, pero nunca fue protagonista de ella. Su nombre sonará de cuando en cuando para recordar un episodio de toda esta serie a la que le restan temporadas y capítulos por doquier. No hay peor tratamiento para una enfermedad que cuando ésta se ignora por su portador, y en muy poco tiempo la ciudadanía española ha dado por hecho derechos con la misma inocencia que deja a los zorros cuidando a las ovejas. Ningún responsable político en el sentido digno del término se toma como afrentas, de manera rabiosa, las decisiones de la mayoría sectorial y social. Es incomprensible. Salvo que tenga más hambre de la que su estómago consiga digerir. Pues ahí está el problema, en todos aquellos que están con el ánimo dispuesto para cebar al siguiente que se suba a la doble tarima, micrófono en ristre, y prometa una retahíla de principios que le saben a nada, que le provocan acidez.

Democracia abortada

Aborto1De la mano del ejecutivo silencioso, que no silenciado, realizamos un atareado viaje en el tiempo para regresar a todas aquellas épocas que, no por remotas, carecen siquiera del exotismo de las modas venidas a menos, de las imágenes cotidianas que, en lugar de nostalgia, nos llenan de ácaros ideológicos, imposibles de ver pero tercos en su afan de producir alergia a la libertad individual y colectiva. Y en esta sucesión de traslados forzosos al pasado de una democracia que aún no conseguía desembarazarse de sus complejos nacional católicos, arribamos a 1985, año en que el derecho a decidir abrió su puerta a modo de plazos y supuestos, manera aplaudible en base al contexto en que se enmarcaba un cambio notable en la anuencia de toma de decisiones fuera del control estatal. El siguiente cuarto de siglo ha transcurrido normalizando social y legislativamente la decisión ciudadana de interrumper de manera voluntaria el embarazo, dentro de unas condiciones y requisitos temporales, hasta alcanzar unos elevados porcentajes de aprobación en cuanto a su regulación y acomodo cotidiano. Como dato incuestionable basta comprobar la cifra de este tipo de intervenciones, que de manera regular ha venido descendiendo en los últimos años, gracias por un lado a la mayor educación sexual en la juventud, así como la utilización cotidiana de los diferentes medios anticonceptivos.

Pero cuando de deslizarnos regresivamente por una arruga político-temporal se refiere, no hay mejor tripulante a bordo que el ministro de justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ese joven viejo que hacía las delicias de un nutrido grupo de socialdemócratas despistados desde el sillón presidencial de la alcaldía de Madrid, tan dicharachero él ante los micrófonos de “Caiga quien Caiga” y formatos similares. No parece del PP, afirmaban aquellos miles que viven sobre el péndulo indefinido de la línea central en lo político y que, con su candidez ideológica, pusieron la primera e inamovible piedra de más de dos décadas de mayorías políticas conservadoras en la capital del Estado y la Comunidad Autonóma que le da cobijo. Pero al derrochador regidor se le quedó corto circunvalar y circunvalar la ciudad, así que optó por umbilicarse en el equipo justiciero de Rajoy, que con mayoría absoluta se está en un plácido estado de gestión, que no así gestando.

Aborto2Resulta burdamente paradójico como se las ingenian aquellos que se catalogan a sí mismos de liberales a la hora de deslindar su voluntad de no ser controlados en lo económico con la misma firmeza con que se obstinan en imponer su pensamiento existencial sobre el resto. Y no hablamos de desarrollar derechos que les resulten de interés, sino en cercenar los mismos a golpe de deberes sobre la voluntad individual y el pensamiento libre, fuera del control gubernamental en cualquier sistema competente en cuanto éste emana de la cesión voluntaria de la libertad inherente a la condición humana con el objeto de poner en común estrategias de protección y desarrollo colectivo, no así de ver impedido el acceso a la toma de decisiones consustanciales al propio ser que no afectan al resto del grupo ciudadano. Un contrato social con letra pequeña es lo que nos ofrece este Ejecutivo acostumbrado a pasar a la firma programas electorales que automáticamente se contradicen con la teoría de los actos propios.

Aborto3La leyenda que acompaña a Gallardón Jr a raíz de una supuesta respuesta de su conservador progenitor, que afirmó en público que si a él lo consideraban de derechas era porque no se habían topado con su vástago, queda certificada precisamente con esa tendencia a haber abandonado paulatinamente las gracejas, la sonrisa de cejas rugonas y el buenrrollismo alcaldil, para convertirse en azote primero de toda la comunidad jurídica del Estado, en un asociacionismo sin precedente de abogados, fiscales, procuradores y jueces frente a una ley de tasas que conculca de facto el acceso a la tutela judicial efectiva, amen de desequilibrar la capacidad de protección de derechos, e instaurarse después en el epicentro de un blanco y negro que desentona con el paisaje, el tiempo, la historia y el sentido de la res pública, temporal y al servicio de la sensibilidad colectiva. Gallardón ha arrebatado competencias a una ministra de sanidad en paradero intelectual desconocido, y ha armado un cuerpo legal a la altura de su miseria ideológica y la de su cohorte, de Roma a Santiago, desde un útero ajeno hasta la satisfacción propia por dejar en el mundo, en su mundo, lo que llaman vida como unidad espiritual en lo universal. La jefatura que maneja al empleado Ruiz-Gallardón ordena que todos tengamos alma desde que un espermatozoide y un óvulo se saluden a lo lejos, y si ese espíritu viene acorazado en carne enferma, dolorida, no habrá ley ni presupuesto de dependencia que arregle el desaguisado moral, más allá de la caridad que ama, irremisiblemente, aquél que no acepta la igualdad, que se abraza a estar un peldaño por encima del mayor número de indig…ciudadanos posibles. No ven el aborto como un trauma, como una decisión personal de extraordinaria responsabilidad dolorida, sino que proyectan su miseria hacia un panorama impostado en el que creen que pululan miles de mujeres que mutilan con gratuidad vida y a otro polvo en polvorosa. Es lo que sucede cuando se gobierna desde la intolerancia que hay tras las murallas, en una suerte de atalaya feudal que sólo abre sus puertas cuatrienalmente para repartir dádivas insolentes que automáticamente se devalúan una vez recuperan el cetro.

Cospedaleando

Cospedal1Érase, que por desgracia sigue siendo, una señorita de provincias castellanas que desde su más recia mocedad sintió la llamada conversa para erigirse en una unida de destino en lo cospedacional. Y, así, andando por lo inciertos senderos de la floreciente democracia, se armó de un “de” y la formación básica al objeto de abalanzarse al mundo con las armas de conservadora mujer que su naturaleza le había otorgado. Por el camino sintió el biológico y muy cristiano deseo de alumbrar parentela con categoría de descendencia, y a falta de varón de su raza que pudiera entorpecer la aventura aún en período de brotes azules por un quítame allá ese esperma, se dio a la aventura de la maternidad sin comandita. Y olé.

Desde tierra de secano y leyendas, obtuvo por el camino los poderes más valorados allende las fronteras machengas, y se alzó, navajera desde la finísima hoja de corte que raja sin notar la herida de manera inmediata, a la caza de su sitio en el mundo popular. Es el de Cospedal un feminismo inverso, una justicia particular, demasiadas verdades simuladas. Así, de Toledo a Madrid, del Cigarral a Génova, la deriva del Partido Popular se vio encauzada en medio de las hordas rojas por una pulcra señorita que quería verse bien primero a ella misma, y más tarde a su alrededor.

Cospedal2El poder real, por partida doble, desde el centro del reino y como virreina de uno de esos territorios de intramar que parecían inaccesibles para los nacionales, le llegó con una sonrisa de autoconfianza siempre instalada en su impoluta aura de haber cumplido la misión que se había propuesta antes aún de pisar una facultad. Incluso su solitaria batalla comenzó a destilar fisuras, y optó por el asociacionismo romántico o, lo que debe suponer puertas adentro del Palace, optar a nupcias a partir del común amor por el crecimiento mutuo. De qué tipo, todo queda para plazos diferidos, inversiones de la mano que toman uno u otro camino en función de como florezca la primavera política. Y aquí acaba su necesidad masculina en el transcurrir de la leyenda cospedaliana, el resto debe llevarlo de fábrica. El resto de varones con ánimo regio se han venido convirtiendo, directamente, en enemigos de la causa, reducido ya el mundanal borde que rodea lo que ocurre alrededor de su efigie carnal a unas pocas habitaciones institucionales y políticas, adornadas con más o menos cámaras gráficas en función del humor, el tinte, las ojeras y el look de Bernarda Alba que toque en función de alumbrar o bajar la luminosidad de sus vericuetos como mujer políticamente fatal.

Cospedal3Santa en su negritud, su trayectoria es la fiel constatación de que el recorrido humano es cíclico de manera inexorable. María Dolores de Cospedal, disfrazada para la ocasión, pasaría elegantemente desapercibida en cualquier corte tres siglos atrás. Hoy, expuesta a la incomodidad de la renovación cuatrienal de sus poderes, se ve en la necesidad de someter sus virtudes y acentuar sus debilidades, que ni siquiera se puede confirmar que son, que existen, que las sufre. Es una princesa solitaria, acorralada entre machos que se sienten herederos, que la sienten enemiga; instalada voluntariamente en un machismo que adora, que le pone. Con Luis Bárcenas comenzó su reto por girar la tendencia en ese micromundo que es el suyo; poco después ha continuado con sus antecesores Álvarez-Cascos y Arenas, a sabiendas que renunciar públicamente al trono no eliminar las conspiraciones de palacio. Y ya se atreve a asomar su mantilla donde se posa la corona de otro paciente resistente, indeterminado en su clase, poderoso en el universo aún más minúsculo en que se ha convertido su entorno. Señalar está muy feo, pero érase que por desgracia sigue siendo este cuento sin moraleja a la vista.

La artesanía desahuciada de Perucha

Perucha1Los enérgicos impulsos de divulgación periodística, así como la enérgica campaña de crowdfunding que han organizado los alumnos de su escuela y vecinos del barrio de La Ventilla han impedido que el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) haya hecho efectivo la expulsión por desahucio urbanístico de Domingo Perucha, el último artesano del deporte del pedal. Ajeno a la estandarización de la liturgia ciclista, de como se ha de personalizar la extensión de quienes pasan más tiempo sobre el sillín que acostados, su taller continúa a pleno rendimiento, un refugio de lo que se moldea como si fuera la primera vez, la innovación silenciosa que permanece en el valor de cada agraciado.

La Ventilla, situado en el distrito de Tetuán, extensión de la especulación más rapaz del Madrid que no se cansa de crecer malformada, ha venido desde finales del siglo pasado planeando la obsesión por crear modernidad artificial utilizando el brazo ejecutor de IVIMA, que continúa la senda de todas las alcaldías del PP en la capital de España: los vecinos alojados en residencias poco estilizadas por el paso del tiempo y la carestía de sus fachadas parecen contar únicamente como fronteras humanas del extrarradio, allí donde ese límite lo vaya estableciendo la presión especulativa. Únicamente la lucha pertinaz de varios residentes y el advenimiento de la crisis inmobiliaria han detenido la crónica de un derrumbe planeado. Perucha ha continuado blandiendo el soldador con la paciencia de quien no necesita acelerar el tiempo, pero el tiempo de los intereses se obstina en alcanzarle, aunque pareciera estar a salvo del hormigón, aunque los pedales mantengan el brio de los especialistas en contrarreloj.

Perucha2A diferencia de aquellos que han insistido en tirar abajo el trabajo de una vida, Perucha se ha dedicado a construir con descuidada obstinación el curriculum que se talla a través de las manos rugosas. En sus paredes hay medallas olímpicas, campeonatos nacionales e internacionales, actividad pionera en encontrar equilibrio aerodinámico sobre las dos ruedas. El equipo ONCE de ciclismo adaptado se gestó a partir de su esfuerzo individualizado, reduciendo pesos, eliminando oponentes por medio de la emprendeduría real, en busca del grial con pedales. Su historia es la que ha obtenido algún espacio para que la denuncia de toda la zona haya resonado más allá de Madrid, aunque la gloria deportiva de Perucha haya alcanzado la cúspide del podium mucho antes de la codicia publicitaria de los políticos de cuerpo presente. Quien sabe, tal vez el triunfador de hoy se vea acorralado dentro de unas décadas en la calle del olvido, amortizado ya el cupo de aprovechamiento multimedia del personaje. No hay piedad por parte del que sobrevive como un carroñero agazapado tras esa chirriante honorabilidad de la cosa pública, pendiente de la inmediatez de sus plazos electorales, tomando decisiones a vista de plano desde donde nunca se adivinan los temores encajados entre bloques y pequeñas moradas. Así el justiprecio deja de tener su primario sentido y se convierte en la herramienta más perversa de la nacionalización inversa: quedarte con lo humildemente privado a precio de risa, en demasiadas ocasiones sin un interés general que lo justifique, mientras se regala el músculo público sin planeamiento macroeconómico honrado.

Perucha3A sus 78 años, Perucha parece que ha decidido no bajarse nunca de la bicicleta, mantener el pedaleo arropado por un pelotón protector y cálido. La meta es difícil de vislumbrar, porque las amenazas de palas y gruas no dejan comprobar donde acaba esta etapa. El trabajo se aniquila con el empuje cobarde que alcanza siempre su puertos y metas volantes e ignora, de la misma manera egoista, los besos, las coronas pero se embolsa el cheque y el champán. Afortunadamente, los miembros de su equipo ciclista y aquellos que respetan el legado de la artesanía del esmerado soplete han obtenido los recursos para finalizar el eco de una voz triunfal; esa difusión exponencial que se conseguirá acerca de lo que encierran las paredes del taller de Perucha supone el último esfuerzo para que la competición no sea en balde.

¿Por qué lo llama dimisión cuando quiere decir rendición?

Pocas aptitudes se le pueden colgar al rugoso cuello de la denominada lideresa, como si ese adjetivo impostado, de innovadora irrealidad, haya creado por si mismo una presencia, una actitud, una labor y una personalidad que hoy merezcan, en momentos de sorpresiva renuncia a su autoimpuesta catalogación, una sentida, colectiva, reverencia por su marcha contenida pero juguetonamente lacrimosa. Esperanza Aguirre es, en esencia, aquella burricalva Ministra de Educación de la primera legislatura presidida por José María Aznar, presa golosa y fácil de Pablo Carbonell y compañía en las dominicales guasas de Caiga quien caiga. Su llegada a tan alta responsabilidad coincidió con el despiece inexorable de la cobertura intelectual del Estado, hecha pellejo en esa sonrisa inquietante, de esquiva malignidad adornada de tontuna maquillada, capaz de expulsar veleidades de soberbia tontuna descarada como la afirmación rotunda de ser admiradora imperturbable de la compleja obra de esa poetisa portuguesa de nombre Sara Mago y que representa la sensibilidad lusitana de la misma manera que sus lacados compuestos capilares sostenían una gruesa capa de agresividad contra el ozono, contra el entorno, contra la respetabilidad misma de un país que aún no era consciente de cuan bajo puede caer el electorado cuando la irreflexión y la confianza en un sistema ya consolidado deja paso al oportunismo mafioso.

Porque esa misma bobalicona con el único encanto de hacer sonrojar a los cercanos y carcajear a los crédulos fue capaz de rodearse y presidir un grupo de codiciosos sin escrúpulos al frente de la candidatura del PP para la Comunidad de Madrid. A falta de dos tortas, buenas fueron dos hostias, y sendos escaños socialistas desencajaron el apuntalado gobierno de Rafael Simancas bajo la prestidigitación de lo corrupto, comienzo inexorable de un imperio que ha caminado sobre la ignorancia, el populismo miope, preso de privatizaciones y obras mayores y menores a pagar en especies que se quedan en el debe de los herederos. Esperanza Aguirre, en estos nueve años, ha sostenido con el poder heróico de la demagogia de aristócrata barriada una sucesión de contubernios que han alimentado su ignorancia hasta hacerla creer realmente una imparable destinada a responsabilidades más altas. No hay duda, en su cabeza ha revoloteado con demasiado aleteo ensordecedor, casi mareante, la rocosa aspiración de convertirse en el primer jefe de gobierno de sexo femenino en este Estado sin rumbo. Como perfecto ejemplo de la ignorancia absolutista propia de aquella que se rodea de varones arrodillados, creyó ser inexpugnable frente a la opinión pública contra todo aquél proyectil machista que llegara de su formación, la de los hombres como deben ser, la de las mujeres que no dicen ser nada. Salvo ella.

Se nos marcha la lideresa un lunes al mediodía, con la discreción de sus legatarios bien anudada, escenificando un penúltimo artificio que deje cuenta de que no está pero sigue en el reflejo de su Ignacio González del alma, aquel que continuará la batalla por hacer el futuro de Mariano Rajoy un poco más agrio, con más necesidad de pedir en la botica un tinte más reforzado. Se marcha porque a lo mejor está enferma, o empeora, o si mejora prefiere dedicar sus horas a la prole extensa propia de su condición aristócrata. Se larga con viento fresco para recuperar, tres décadas después y presta a adquirir la condición de jubilada, la ilusión por retomar su condición funcionarial. Se pira la reina de la soberbia el mismo día que sus detestados contrincantes sindicales paralizan la ciudad, como si ese hecho le produjera un orgasmo político perpetuo, deteniendo el tiempo de su despedida, como un César sin ser acuchillado de frente, robándoles el protagonismo de la decencia como una última algarada vengativa. Se despide con la estructura social madrileña acribillada a rencores ultraliberales, disculpándose únicamente por sus meteduras de pata, obviando al resto de miembros y órganos de sus trajines descabellados para que el mundo, el suyo, el de los suyos, sea ahora mismo un mucho más de esos pocos parientes de largo apellido. Hace mutis por el foro porque sabe, afirma con más arruga de la cuenta, cuando hay que ser responsable y dejar paso en la primera línea política, ese momento que a juicio de los tácticos de la especulación electoral debe darse con el margen suficiente para que sus delfines puedan atar los comicios siguientes con amplio plazo. La Comunidad Autónoma de Madrid y su principal Ayuntamiento están en manos de dos deslegitimados, que buscan cobrar la herencia sin pasar por el notario. Esperanza Aguirre no se va, se rinde, pero su soberbia le impide hacerlo con una bandera blanca.