Avalistas de ida y vuelta

Ángela Merkel ha confirmado en la mañana de ayer lo que Bankia ya nos había gritado al oído unos días antes:  que la gravedad de la situación española nace y sufre metástasis por la crisis de su sistema financiero y la correspondiente burbuja inmobiliaria engordada en la última década. Por lo que parece, su marco temporal a la hora de analizar esta quiebra se queda corto; la depredadora Ley del Suelo durante el primer gobierno de José María Aznar, la desincentivación del mercado del alquiler con la supresión de medidas compensatorias en el IRPF desde el ejercicio 1996, así como la multiplicación de normativas autonómicas para regular el perfil de las Cajas de Ahorros, consentidas por el Tribunal Constitucional, y que abrió la veda a la utilización voraz de estas entidades como inyectores de fondos para faraónicos despropósitos políticos, resultaron el germen más virulento que se puede depositar en un receptor inestable como el Estado Español, de cara a comprender la desgracia que hoy padecemos.

Pero quedémonos con la sabrosa corteza del rudo filete que vamos a tener que ingerir, a marchas forzadas, en el período más inmediato. Lo que viene a reconocer el IV Reich, que ha descubierto como el capital es más eficaz que las bombas a la hora de colonizar sus alrededores, es que la depresión española se circunscribe a la mala praxis continuada de un sector específico de su modelo productivo, de tal modo que la animalada monetaria que se le pretende inyectar se hará de manera indirecta, vía FROB, para que haya un garante multitudinario frente a posibles impagos: nosotros. Reavalistas de la miseria, avalistas de ida y vuelta, como prefieran colgarse la soga al cuello antes de sentir el tirón definitivo.

Hasta hace únicamente dos años, se continuaba poniendo al sector financiero nacional como ejemplo de robustez, solvencia y credibilidad a nivel mundial, apartándolo de la ecuación crítica que venía emponzoñando nuestras perspectivas. Nadie se atrevía, como sucios cómplices de una bomba de efectos retardados, a valorar el sobreendeudamiento crediticio conscientemente alentado, así como el calculado engorde de la política de tasaciones que iban amplificando una maraña especulativa desde el promotor más bravucón al ciudadano dispuesto a participar del beneficio veloz de compraventa fugaz de pisos y locales. Toda esa burbuja, detectable por cualquier estudiante de primero de Ciencias Económicas, pasó como un silbido ventoso de sonido agorero que a nadie interesaba escuchar y, pinchado el globo, el gas liberado se coló en las fosas nasales de los últimos de la clase. Pero el hedor impregnó, como de costumbre, a los estratos obedientes por obligación y así apareció una crisis que era de todo menos del capital: recortes en el sistema de previsión social, en la política educativa pública, en los servicios esenciales, fomento y activación del empleo, etc. Avalistas, por lo tanto, de una miseria no provocada, sin firma y sin notario. Sin poder leer la letra pequeña.

Subordinados como estamos a la opacidad y la política exculpatoria de todo lo que rodee a esta gran estafa, hemos venido pagando la factura a golpe de recortes y miseria en la deconstrucción de nuestro Estado Social. A día de hoy parece que en el ligero y virtual banquillo de los acusados se sientan los verdaderos culpables de esta telenovela de pandereta, pero aún así no cesan los desajustes de nuestra contabilidad pública, señalando a los espectadores como pagadores últimos de lo que viene y vendrá. Es curioso, pero cuando acudimos a adquirir o contratar cualquier producto o servicio a un establecimiento damos por supuesto, y así debe ser, que el profesional que nos atiende al otro lado de la mesa nos planteará la solución más adecuada a nuestro perfil y necesidades. Nadie espera entrar a un concesionario de vehículos con una nómina mileurista y encontrarse con un comercial capaz de agenciarle un deportivo último modelo de alta gama, asegurándole que se lo merece y que con su salario puede permitirse éso y, de paso, una motocicleta para los días soleados. Del mismo modo, responsabilizar a los ciudadanos que han tenido la expectativa razonable de adquirir una vivienda para su uso, realizando un esfuerzo en su capacidad de ahorro para alcanzar ese propósito, no puede escudarse desde asesoramientos movidos por la codicia del capital. Una vez han llegado los desahucios y la deshumanización de las condiciones de vida, primando sobre el constitucional derecho a una vivienda digna la agresión que expulsa y destierra centenares de hogares convirtiendo el cemento hogareño en esqueleto inerte, los lanzadores piden clemencia pecuniaria para proseguir su carrera hacia la maximización del beneficio. El que sea, el que las sobras permitan.

Estos cien mil millones de línea de crédito pasarán por la caja común, si es que aún existe, y volveremos a avalarla entre todos. En caso de ampliación o impago, correrán a buscarnos para exigir el cumplimiento de un contrato sobre el que no nos han pedido ni firma ni consentimiento. Y es que si Luis de Guindos nos invita a cenar y, al pedir la cuenta, se levanta raudo para ir al baño, es preferible decir al camarero que hemos encontrado un bicho en la sopa.

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Si yo fuera periodista

¡Extra, extra! Ya está en la calle el diario con las noticias más trágicas de ayer, de antes de ayer, las que son antesala de los infiernos de hoy y mañana. Redactadas como usted prefiere, repletas de dedos acusatorios, culpables que están tomando el sol, y todo ello bajo el prisma de un infante que no entiende de diplomacia analítica. Cómprelo ahora, antes de que se enfrie y las letras se endurezcan. Su digestión se lo agradecerá.

– Con esta garra que todo lo abarca, el nuevo Consejo de Administración de Bankia ha succionado, en cuestión de 48 horas, más de 23.000 millones a la Hacienda Pública. No es un empréstito, dicen, sino cesión de nueva deuda pública emitida que se entrega a una entidad de crédito nacionalizada para su venta y saneamiento. El BCE parece que no opina lo mismo, que ya se ha cansado de terminologías adulteradas para que el cerramiento del fraude continúe sellando sus rendijas de trampa miserable. Toda la clase política tradicional, cobarde y entregada al capital, calla o miente, dulcifica las grietas kilométricas de la estafa por si tropieza, resbala, y acaba perdiéndose dentro de alguna por el fin de los tiempos. Joan Tardà, de ERC, advierte que los ex directivos del conglomerado de Cajas de ahorros liderado por CajaMadrid no deberían estar tranquilos. Los que desde luego se encuentran aterrorizados son los más de 17 millones de clientes que ya no se fían ni del Fondo de Garantía de Depósitos, ni de las soluciones nada preferentes de los nuevos directivos, mucho menos del panorama en el que sus escasos ahorros parecen más rentables entre las plumas de un colchón que al cobijo de una cueva de ladrones con la calculadora atascada.

Cuando el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, correteaba torpemente por aldeas compostelanas, tal vez nunca imaginó que la ambición hueca sería parte de su paisaje en la madurez. Por fin, esta semana ha decidido, tal y como ha afirmado, coger el toro por los cuernos, pero no con el ánimo de arrastrar a su particular fiera hacia el corral, sino más bien parecía que hacía referencia al atrevimiento de mostrarse solo y en público, expuesto a los medios de comunicación y sus cuestiones como una excepción de su rajoynado. El presidente del Ejecutivo contestó a todo con un léxico catatónico, herido de muerte por todos los flancos, sin contenido. Papeles va, documentos viene, mucho leer y mucha muletilla reafirmante, pero imposible sacar nada en claro de aquel al que su obsesión por alcanzar el poder le ha llevado a asegurar soluciones donde sólo se vislumbran nuevos enredos. Aturdido por una experiencia tan insólita como responder preguntas y tener que dar respuestas, sólo dijo que el banco de sus amores (y cada día el de más populares) no iba a caer porque él y su gente son tipos responsables. Añadamos: y si no lo son y sigo despistado, ya me escribirán otro tomo de respuestas tipo, que este test lo supero, mire usted, como dios manda.

A todas éstas, el Gobernador del Banco de España, tras obsesionarse con hacer paquetes de Cajas cual especulador, poniéndole lazos a activos tóxicos para su venta en el mercado de los embusteros, y destruir a las entidades de ahorro que hacían sus deberes y su responsable reinversión social, ahora tiene su corazoncito dañado y ha solicitado explicar su labor frente a los representantes de la soberanía popular. Pero, pobre diablo, a estas alturas del cuento, tras hacer la cobertura y romper el fuera de juego a propios y extraños, parece que no se ha dado cuenta que tras el latrocinio los rateros toman vías de huida divergentes, y uno no puede quedarse a las puertas del establecimiento saqueado para contar que pasaba por allí. El ministro de la cosa económica, Luis de Guindos, y se supone que sus adláteres de ábaco estropeado, le han dicho que no hay tiempo para protagonismos sin fundamento, que lo hecho, hecho está, y que calladito más bonito. Como Fernández Ordóñez, fundador de la España bancarizada, debe creer que posee algo llamado principios, ha tomado las de VillaRato. Sólo queda por cuantificar a cuanto se paga el kilo de desguace cajero en el mercado de las indemnizaciones.

Y aprovechando que el jefe ha salido a comprar tabaco, el gremio de inspectores y analistas varios del Banco de España se ha atrevido a levantar la voz de la dignidad corporativa, asegurando que ya están hasta el gorro de la duda que les han colocado sobre sus intachables informes y gestiones. Básicamente, lo que vienen a afirmar los cualificados trabajadores del organismo es que se ha jugado con su credibilidad como baza para tener un enemigo al que fustigar cuando los naipes vienen mal dados. Y, a lo peor, puede ser hasta cierto que sus diligencias y auditorias en los procesos de, ejem, reforma financiera, hayan resultado impecables, pero entonces tendrán que continuar esta protesta por el sendero de Yo acuso, y explicar a la opinión pública como la perfección contable puede derivar en la salida a bolsa de dos quesos de gruyere, uno intervenido (Bankia), el otro corriendo a los brazos del redentor (Banca Cívica), o en la inviabilidad de prácticamente todos los collages de Cajas reunidas como entidades solventes y competitivas a medio plazo.

Pero dejemos de lado a tanta gente honorable y pasemos a hablar de los verdaderos criminales. El cantautor Javier Krahe ha tenido el honor de estrenar el artículo 525 del Código Penal y rendir cuentas de su ingrata blasfemia contra el sensible sentir de la comunidad católica, a cuenta de un documental casero que explica como cocinar, en sencillos pasos, un indigesto cristo crucificado. Algo tan deliciosamente cutre debe haber conseguido, gracias a la excelsa publicidad obtenida por este disparate procesal, un número de visionados impensable, que hará las delicias culinarias en el arte de hornear para todos aquellos que posean un estómago a prueba de clavos y un sentido del humor que no es de este mundo reaccionario. Total, que con la Fiscalía dando un kilométrico paso al costado y la defensa aguantando el papelón de esta farsa inquisitorial al reo equivocado, todos los ciudadanos vemos perder el tiempo y el dinero de un juzgado que debería estar en aquello de recibir y entregar justicia. Brassens ya se lo advertía a su alumno aventajado, de los jueces no hay que fiarse.

Jueces que, cuando llegan a la cúspide del estamento togado, extenuados frente a tanto impartir justicia aquí y allá, necesitan vías de escape. Sabiamente, el presidente de la judicatura patria, ha sabido equilibrar su estresante responsabilidad decisoria y, aunque los recursos se amontonen durante décadas en los pasillos de los tribunales, ha optado por establecer regulares reuniones de alto nivel en hotelitos de un puñado de estrellas por la costa marbellí. Que Carlos Dívar no considere a bien explicar quien era su partenaire a la luz de los candelabros en la Costa del Sol ó qué opina del gasto que supone al contribuyente sus desplazamientos con escoltas, chófer, suites y demás zarandajas debemos entenderlo como un culto a la sana ignorancia. Ellos saben lo que se hacen. Tan unidos están que siete de los doce miembros del CGPJ están junto a su viajero Presidente, mientras que cinco exigen su dimisión. Un didáctico ejercicio de cómo hemos dejado deconstruir nuestros poderes públicos.

Y es que perdemos el tiempo con tantas dudas sobre nuestro sistema de justicia. Con lo que podríamos aprender de las prácticas y metodología del gobierno colombiano durante los mandatos del íntimo amigo de José María Aznar, Álvaro Uribe. Usted le promete a cualquier campesino, desempleado ó elemento despistado que no le parezca necesario para el glorioso futuro de la patria, un trabajo estable. Eso sí, a unos cuantos kilómetros de su empobrecido hogar pero que no se preocupe, que su generosidad es tal que se encarga de trasladarlo y ponerlo a la puerta del oficio. Ya por el camino, cuando los matorrales y la vegetación den sensación de territorio guerrillero, le ejecuta a sangre fría, lo disfraza de maligno revolucionario, le coloca el arma del delito entre las manos y lo retrata junto a unos cuantos más incautos desangrados. Desde la Presidencia uribista, pasando por los más altos mandos militares, le plagarán el uniforme de condecoraciones por su aportación al fin del terrorismo. A su vez, la cuna de la democracia que se encuentra un poco al norte, encantada ante su implacable defensa de la justicia y la verdad, le surtirá de los dólares suficientes para mantener la maquinaría. ¿Qué ahora la sociedad reclama banquillo para los que planearon el exterminio de miles de ciudadanos? Qué falta de pragmatismo.

¡Compren, compren! Este diario nunca se agota.

La locura ambulatoria del PP

El Gobierno del PP, a cuenta de alcanzar esos famosos parámetros de déficit público que Alemania exporta y que Europa, preferentemente del sur, acata y persigue, ha entrado en una dinámica paranóica que se onnubila permanentemente en busca de puntos muertos, arrugas espacio-temporales, donde meter la tijera sin que este plano de la realidad se percate. Así, el recorrido de síes y noes, de puntualizaciones y desmentidos sobre informaciones que deben ser matizadas o, acaso, negadas antes de anunciarse mediante impersonal comunicado, convierte al Ejecutivo y sus huestes autonómicas en una amalgama de hacinado psiquiátrico, una especie de monstruo de Frankestein de personalidad múltiple nada más despertar a la vida.

El sujeto de la instantánea superior, José Ignacio Echániz, mantiene la responsabilidad en el área de sanidad del Partido Popular, así como la lideró hace un lustro en el gobierno de la Comunidad de Madrid y, en la actualidad, continúa esa responsabilidad en la Consejería del ramo de la Junta de Castilla-La Mancha. Su madrugadora intervención en el programa En días como hoy, de RNE, ha abierto la veda de una sucesión de manifestaciones públicas por parte de sotas y bastos populares que han desembocado en una conclusión de recovecos dialéctivos nerviosos y exculpatorios sobre otro de los latigos que se nos viene sobre la dolorida piel posterior de forma inmediata. El dirigente popular, tras jugar varias manos con las consabidas cartas marcadas que suponen descargar todas las culpas en nefastas gestiones anteriores como inevitable consecuencia de las desagradables apuestas posteriores, se desmarcó con una estrategia de rancio complejo conservador, afirmando que, más allá de las estrategias que opten por implantar en cada CCAA, lo que resulta indiscutible es que el común de la ciudadanía no tiene porque pagarle las medicinas a personas como Emilio Botín. Extraña argumentación para eludir cuestiones más que directas acerca de la implantación de inmediatos repagos sanitarios, cargando culpas sobre un adalid de los suyos. En realidad, un dramatismo populista innecesario; el derecho a una sanidad pública y universal deriva de la responsabilidad fiscal del total ciudadano y, de este modo, el Presidente del Banco Santander tiene tanto derecho a recibir tratamiento y fármacos prescritos como cualquier otro residente en el Estado Español, siempre y cuando sea escrupuloso con la responsabilidad tributaria derivada de sus correspondientes rendimientos de trabajo y capital. Es más, de la rectitud fiscal de personajes como el denostado por Echániz dependen sus píldoras y las de unos cuantos más que, por múltiples circunstancias de índole social, laboral o económica no aportan reembolso pecuniario a las arcas estatales. Estos conceptos, solidaridad y progresividad, marcan las columnas gemelas de un Estado Social sano. Pero no, para el monstruo esquizofrénico de siete lenguas popular el sistema público de salud actual es insostenible. Y, a partir de ahí, las soluciones a ese axioma las iremos conociendo como la de los cotilleos en las revistas del corazón: leyendo desmentidos entre líneas.

A media mañana, el Ministro de Economía, Luis de Guindos, realizó una aparición traicionera ahondando sobre los conceptos defendidos por su compañero de filas: de co(re)pago, nada de nada, necesidad de nuevas respuestas para el sostenimiento de los servicios públicos esenciales y posibilidad de un aporte adicional por parte de aquellas rentas superiores a los 96.000 euros anuales. Contando con que únicamente el 1,2% de la población cuenta con ingresos laborales tan fabulosos, no parece que esa potencial recaudación extraordinaria resulte suficiente para cicatrizar la herida sanitaria nacional. Y eso es lo que debió también pensar Carlos Floriano, secretario de organización del PP, después de resolver con enjundia contable la regla de tres planteada por De Guindos, pues no tardó en salir a la palestra para desdecir al jefe de lo económico y atribuir sus afirmaciones a una supuesta “reflexión personal”. Calla, calla, que esta historia la conocemos. Es el mismo sendero que se sigue para anunciar un fichaje balompédico de relumbrón y, efectivamente, a media tarde la nueva voz anunciadora se transmutó en un discreto folio enviado a los medios de comunicación, recogiendo inmediatos recortes en Sanidad y Educación por un montante aproximado de 10.000 millones de euros, todo con el inexcusable propósito germáni… nacional de ahondar en el obligatorio adelgazamiento del déficit público durante el presente ejercicio. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿En qué hospital o escuela comienza la prueba piloto de régimen presupuestario? Una incógnita. El comunicado inerte (un paso de evolutivo desprecio democrático tras las ruedas de prensa sin turno de preguntas) establece una irresponsable estrategia de lugares comunes, basada en la falsaria oda a la racionalización, eliminación de duplicidades y eficiencia en la gestión (privatización dixit). Sería conveniente que el PP tomara nota de su propia medicina caducada, y no malgastara opiniones multilaterales por parte de sus miembros, todas ellas presuntamente desenfocadas. Parece, por tanto, que la formación conservadora se ha convertido en una especie de psiquiátrico desbordado de opiniones enfermas, alocadas, que gustan de la alocución irreflexiva en lugar del sano análisis de sus propias estrategias políticas. O, quizás, se encuentren todos bajo agresiva medicación sedante y actúen como desquiciados gestores de un ambulatorio en ruinas. Tal y como el que visitamos cotidianamente, ése que ahora puede ser víctima de medidas privatizadoras que todo lo sanan, que todo lo ajustician.

El desguace de finos utilitarios

Vayamos por sencillas partes, por una recta transición de los hechos:

– Campaña electoral, año 2008. El PSOE opta con cierta comodidad en los sondeos ciudadanos a renovar su mayoría al frente del legislativo y, por ende, a formar gobierno en solitario, sea éste con respaldo independiente en las Cámaras (Congreso y Senado), o con acuerdos puntuales junto a determinadas fuerzas políticas que respalden su acción de gobierno sin compromiso de cesión permanente de cotas de poder. En dicha campaña, padecemos la soberbia electoral del candidato a Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que viene en las anteriores semanas realizando actos imprudentes de altanería pública, con afirmaciones acerca del merecimiento nacional de ocupar un espacio en el G-8 o, como mínimo, una butaca preferente en el incipiente foro del G-20. Asimismo, no se rasga las vestiduras al afirmar que España está a punto de caramelo de praliné en el lícito propósito de alcanzar al vecino francés en el santificado índice del PIB. Hasta el alumno más novillero de primer curso de ciencias económicas era conocedor del modelo básicamente especulativo del escenario productivo español, un marco de crecimiento atrapado en su propia riqueza con forma de serpiente chupeteando su venenosa cola. Superado el escollo de renovación en las urnas, aparecen los primeros mensajes de tibia advertencia, de acelerada desaceleración, una suerte (en boca de los responsables públicos) de inevitable resfriado que exije un par de días de cama y a seguir disfrutando del carnaval económico.

– La cosa se pone fea, comienza una evidente restricción en el otorgamiento de préstamos hipotecarios y, por tanto, de creación de empleo en el sector de la construcción y de las promociones inmobiliarias. Se comienza a poner en el punto de mira a las entidades financieras, responsables primeros y últimos a ojos interesadamente desviados de la opinión pública, de un alza ficticio en los precios de la vivienda (como si nuestro modelo económico capitalista no se basara, como premisa fundamental, en el valor relativo de los productos de consumo en función de su demanda, de la posibilidad de llevárselo crudo en el menor tiempo posible y con el esfuerzo más liviano y engorroso que se consiga). El Ejecutivo central y la mayoría de fuerzas políticas representadas en el Congreso, entienden como urgente e indispensable la reforma del sistema de regulación del mercado financiero nacional.

– Pagan justos por pecadores, los enemigos engordados en el estómago propio braman consignas de cambio inmediato, a tiempo parcial, desde el redil ajeno. Se trata a las entidades bancarias y de ahorro por igual en cuanto a las cuotas de responsabilidad derivadas de un mercado primordial en la creación de riqueza nacional. Nadie advierte que el capital en movimiento es producto de un endeudamiento estrangulado dirigido a consciencia desde el aprobador y receptor, cara y cruz de un mismo escenario. Mientras, la gran banca se sienta a la diestra del pater Presidente y le susurra al oído la solución infalible al entramado irrespirable que se viene encima, ése que de repente todos detectan por arte de biribirloque. La respuesta procede, oh casualidad, de los principales acreedores de las grandes formaciones canovistas que se han venido subrogando la responsabilidad gobernante en los últimos treinta años. Consejos, al fin y al cabo, generosos y desinteresados.

– Las cerca de cincuenta Cajas de Ahorros repartidas por la geografía española son señaladas como elementos perturbadores del buen destino del flujo crediticio, filosofía inversora y, puestos al derrumbe reputacional sin retención, responsables últimos de esa debacle de la que ya vienen germinando brotes verdes que se chamuscan de inmediato, expuestos a la irradiación imprudente de gestores sin escrúpulos y despilfarro ineficaz. Nuevamente la casualidad quiere que aquellos que comienzan a utilizar los púlpitos informativos para advertir de una imprescindible reconducción de la realidad de las Cajas sean los mismos que pueblan sus respectivos Consejos de Administración en representación de las plazas en las que éstas se encuentran radicadas, orientando una política inversora basada en el retorno a misero coste de faraónicos proyectos en los que se corta la cinta con la misma tijera que se guarda a la hora de aprobar la operación crediticia de turno. En suma, una clase política que vino reformando la Ley de Cajas para asegurar su presencia en todos aquellos órganos decisorios de las mismas, indicando el destino para desmanes propios y ajenos en la cercanía y que, tras ver la luz de la eficiencia y sobriedad inversora, acusan a su propia silla vacía.

– Aparece la figura SIP (Sistema Institucional de Protección), una abstracción llamada a asegurar la viabilidad financiera de las Cajas de Ahorros, alentando la búsqueda de sinergías de negocio entre ellas y centrada en aquellas que no cumplen determinados requisitos en cuanto a sus ratios de eficiencia, volumen de negocio, riesgo de deuda, etc. Una estrambótica invención que persigue, inicialmente, la creación por parte de uniones de Cajas de un nuevo ente, en forma de institución con apariencia bancaria, llamado a liderar el negocio de cada fundador con una política única en sus territorios de origen, con creación de marca común que conviva con las restantes y evitando, en todo caso, el solapamiento de la red comercial de los integrantes así como potenciando, en definitiva, su eficiencia futura. ¿Eficiencia y mejora en los costes creando una nueva organización sin desmantelar las originarias? Parece descabellado, pero el Banco de España manda y muchas entidades de ahorro comienzan a obedecer.

– A mediados del año 2010 comienzan a darse los primeros movimientos, todos ellos de lo más variopinto: Cajas de Ahorros de mediano tamaño, con solvencia suficiente y moderación en su política de riesgos y salarios (Banca Cívica, hasta la obligatoria adopción de CajaSol), liderazgo de entidades de cierto volumen a las que se agregan satélites financieros en busca de cobijo (Bankia), descabellados proyectos con radicación exclusiva en una Comunidad Autónoma (NovaCaixaGalicia), integraciones minúsculas con el objetivo de cumplir el expediente (Unnim, Caja 3, etc.). Todo tipo de formas de entender la nueva normativa, de orientar un incierto futuro en busca de respuestas en el pozo de la desconcertante fortuna.

– Rectificación brusca: eso de un banco-faro-guía sobre el destino uniforme de matrimonios cajeros de conveniencia se torna en la obligatoriedad de segregación del total de activos, plantilla y negocio a la entidad matriz, salvo aquel adscrito a las respectivas obras benéfico-sociales. Toma del frasco, carrasco, en nombre de la santificada pero hasta ahora inadvertida consecución de la eficiencia. De un día para otro, se escrituran propiedades en nombre de las nuevas S.A., se novan contratos laborales, se redimensionan las políticas gestoras y de negocio, etc; pero, de mejora en la actividad puramente financiera, de sinergias favorables en la eficacia del método, nada de nada. Lo que sí se alumbra en partos fulgurantes es el nacimiento de una nueva clase de banqueros provenientes de las estructuras de aquellas entidades cesionarias, prestos a otorgarse sueldos astronómicos y situarse en un plano elitista en lo profesional, alejados de la noche a la mañana de sus otrora compañeros de fatigas. De igual manera, se ralentiza abordar las imprescindibles armonizaciones colectivas en cuanto a política de salarios, horarios, beneficios sociales, etc., de las respectivas plantillas.

– Muchas de las aventuras integradoras entre Cajas de Ahorros, en ningún caso voluntarias ni de manos desatadas, comienzan a desbarrancar por el desfiladero de condiciones más y más exigentes por parte del Banco de España y el Ministerio de Economía. Se advierte de la inviabilidad de aquellas uniones que no cuenten con un volumen de negocio cercano a los 150.000 millones de euros y se empiezan a colocar los acelerados plazos para enfrentar una nueva ronda de amores de pago, de roce sin cariño. Salvo excepciones muy localizadas (KutxaBank, tal vez Bankia, Ibercaja con algún amiguete de menor estatura, etc.), el resto de SIP alertan su radar de supervivencia en busca de salvación… en la cúpula. Esa camada de incipientes banqueros de amplísima nómina pero costumbres viciadas se reúnen y no se dejan de reunir en busca de un socio con el que seguir manteniendo el sillón caliente y el chófer en la puerta. La lentitud es el signo distintivo de estas rondas sin victoria a los puntos. En el comienzo del año en curso, el nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, acelera los plazos para que esos contactos fructifiquen, so pena de excomunión financiera. A todas éstas, se van definiendo las subastas de aquellas entidades de ahorro podridas por dentro, impunes por fuera. El sector bancario comienza su devorador propósito inicial, adjudicándose la bicoca del animal herido (marca, clientes, patrimonio, etc) por cantidades tan astronómicas como un euro (Banco Sabadell-CAM). Porque, claro, los 3.000 millones necesarios para cicatrizar su necrosada herida provienen de las plaquetas tributarias, la de los impuestos públicos y, así, servida limpia y sin escamas, la gran banca se va quedando con entidades que bien podrían fusionarse y, tras ese reflote con capital de todos, inaugurar una nueva y solidaria banca pública, en compromiso innegociable de no rivalizar con la actividad de intermediación financiera del la banca privada, pero desarrollando esa gestión poco rentable pero fundamental para la necesidad de ver fluir crédito a la economía más débil (familias, pymes, etc.), además de gestionar de manera directa los más de 45.000 millones del Instituto de Crédito Oficial (Préstamos ICO), y no depender de su sospechosa utilización por parte de la gestión indirecta que realizan las entidades bancarias en forma de loteros que conocen el premio de antemano.

– Hoy, día uno de la nueva crisis que vendrá mañana hasta la hecatombe de pasado, el desguace del sector de Cajas de Ahorros es un hecho. Entidades nacidas del cooperativismo y solidaridad local, sin ánimo de lucro y sin dueños, han sido puestas miserablemente en el mercado privado, otorgándoles su valor el ondulante precio de una acción cotizada en lugar de un objetivo balance o una reinversión de sus beneficios en la plaza respectiva por medio de su acción social, cultural, medioambiental o de promoción deportiva. De su ganado, cuando proceda, prestigio. Se mutila así, de paso, la creación de riqueza indirecta en base a la pérdida de centenas de millones de euros que ahora pasan a engrosar, en el mejor de los casos, departamentos de marketing y publicidad comercial y sesgada.

– Estos amaneceres del mes de marzo del fatídico año 2012 se han convertido en la línea de salida acelerada de la previsible conclusión de ese proceso de bancarización absoluta del sistema financiero español. Muchas de las entidades en guiada búsqueda de supervivencia difusa disfrutan de los miles de millones entregados por el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) sin aparentar inversiones de mejora concreta en su fortaleza inmediata. Por el contrario, e ignorando supinamente el nuevo convenio regulador de Cajas, que explicita la asunción de medidas de reordenación en ningún caso traumáticas en el empleo, comienzan a plantear, reforma laboral bajo el brazo, despidos inmediatos, cierre de sucursales, congelación salarial, desaparición de beneficios sociales, etc. ¿Con qué propósito si tienen un incierto futuro a semanas vista? Ni más ni menos que para dejar limpito el patio delantero con el objeto de que pasen y entren los dueños de todo esto; la gran banca afila los cuchillos para hincar el diente a bajo coste a aquellos rivales a los que, en muchas provincias, nunca pudieron tumbar en buena lid, en el terreno de la prestación de servicios financieros y atención al cliente. Hoy son todos suyos, están a la venta. Y barato oiga, que el desguace ha terminado.