Si volvieran los Quijotes

Hoy se cumplen los primeros seis meses de gestación del gobierno del Partido Popular, un plazo demasiado longevo como para no haber detectado que el embrión político carece de viabilidad, que sus órganos se han desarrollado tumorosos, derretidos y sin vida. A pesar de la certeza que su alumbramiento sería desastroso, más de once millones de ciudadanos se lanzaron a un frenesí procreativo, introduciendo su esperma electoral en virginales urnas a lo largo y ancho del Estado español, violadas en su permanente inocencia. Seis meses larguísimos, rotundos en la confirmación de los peores presagios, sin necesidad de realizar ecografías en tres dimensiones para apreciar la planicie del feto siempre fallecido.

O tal vez no. Quizás la criatura, de continuar el proceso, emerja como un patoso gigante que no se conforme con asumir su derrota vital y apisone, ya sin excusas ni contradicciones evolutivas, a todos los diminutos seres que continuamos sorteando las sombras de extremidades que aplanan nuestra superficie, nuestro horizonte.

Ese pisoteo comenzó desde el mismo día 20 de noviembre en el que nos encontramos, resignados, frente a un equipo de perdedores profesionales, dispuestos a disfrutar del poder vacuo, sin resortes novedosos tras siete años para estudiar a fondo la lección. Tal ha sido el desastre en tan poco tiempo que han tenido que volver a asomar desde sus merecidos retiros algunos Quijotes con la espada largo tiempo envainada. La sociedad necesita referentes para apartar su letargo ante los latigazos que da esta rocosa clase política, y parece que Julio Anguita, tras dos infartos de miocardio producto de un entorno cargado de vicio cínico, ha asumido que su presencia y su discurso, la armadura de la honradez política y dialéctica que le caracterizaron a lo largo de su trayectoria pública, debe ser desempolvado y dar la última batalla en este campo de minas anticiudadanía.

La valentía quijotesca de Anguita no debe obviar que los gigantes patizambos a los que pretende hacer frente, mermado de fuerzas tras el largo camino, son en realidad molinos inmensos, cargados de codicia a proteger, y sus hélices no van a dar tregua utilizando dimes y diretes para espantar al enemigo. Aunque el escenario parezca una planicie que sortear con el brío de la experiencia ya recorrida, esas estructuras tienen muy claro cuales son las prioridades, entre las que nunca se encuentra enarbolar siquiera una temporal bandera blanca. Mucho les ha costado ir llenando sus alforjas como para abandonar el equipaje ante el primer caballero andante que retome el testigo de hacerles frente.

La aventura que se propone necesita algo más que una plataforma cívica indeterminada como cobertura valiente para enfrentar el holocausto que se nos viene a diario encima. En ese sentido, Julio Anguita no ha clarificado si cuenta en su planificación participar con la coalición de la que ha sido coordinador federal durante más de una década. Efectivamente, el crecimiento electoral, así como de valoración ciudadana, por parte de Izquierda Unida en los últimos comicios autonómicos y generales, pone de manifiesto que es la aeronave idónea para que el político cordobés sume desde el navío común, además de poder incorporar su discurso preclaro a aquel que se viene postulando como vanguardia de más y más ciudadanos, no sólo en convocatorias electorales, sino en el respaldo que significan sus acciones cotidianas para con la honestidad y buenos modos en la relación colectiva. Volver a la arena le dignifica, tanto más cuanto su acción siempre fue de compromiso bienintencionado, pero los pasos a andar debe darlos con la mejor horma, con el calzado que no produzca llagas.

Así están los Quijotes españoles, colocando en las estanterías el repaso de las caballerías que fueron y pueden ser, animándose a salir al asfalto para convertir en hechos las fábulas que se han convertido en utopía. La criatura que tanto pataleo ha dado en el vientre del Estado pretende continuar su agresiva existencia en cualquier momento, como un sietemesino presuroso. De dar a luz en fecha, el verano será infernal en nuestro común vientre, pero su gateo hacia el final del presente ejercicio puede dejar a su paso la llanura más árida. Por eso necesitamos a los Quijotes en guardía, con sus escuderos susurrándoles que desconfíen de las hélices que rodean a aquellos molinos, en lontananza, que no son sino gigantes con puños peligrosamente torpones.

 

Andalucía y Asturias: Análisis post electoral

Andalucía y Asturias han bajado la verja de sus respectivas jornadas electorales. Por partes, porque ambas respuestas no tienen excesivos puntos de semejanza en sendas urnas colectivas, si bien algunos medios ya vienen haciendo una facilona lectura acerca de la supervivencia socialdemócrata como contención a las inmediatas medidas mutiladoras del Ejecutivo central. Error. Los ciudadanos, cuando afrontan su responsabilidad ante los comicios, mantienen una decisión individual dentro de una abstracción colectiva de deseo, no de objetiva decisión. De este modo, el elector introduce la papeleta apoyando tal o cual propuesta política con la confianza de ser acompañado por una mayoría atronadora, no realizando labores de analista calculando qué puede ocurrir en base a su minúscula apuesta, a su deseo no contenido. Desde esta perspectiva, los resultados que han arrojado ambos comicios autonómicos pueden recibir, y de hecho ya están recibiendo, cientos de especulaciones resumidas para dar de comer a la terna de especialistas políticos, ésos que hace menos de veinticuatro horas no supieron pronosticar, en ningún caso, los resultados al sur de España.

Andalucía: Y es que la inmensa mayoría de medios de comunicacion tradicionales sólo estaban pendientes de una supuesta mayoría absoluta conservadora que, al parecer, se estaba jugando al límite. El resto de opiniones parecían deseos más que estudios objetivos sobre el escenario electoral real. Nadie se planteó que los resultados estarían condicionados por un aumento en casi doce puntos porcentuales de ese saco egoísta denominado abstención. Que aunque el batacazo en número de papeletas del PSOE se mantuvo dentro de los límites predecibles (700.000 votos menos), el PP obtuvo un crecimiento de escaños inversamente proporcional a su generación de la más mínima ilusión programática, descendiendo con respecto a la anterior cita electoral en casi 200.000 apoyos ciudadanos. En toda esta parálisis de la fiesta democrática, IU ha sido la única formación con presencia en la Cámara capaz de movilizar nuevas afiliaciones electorales, con un aumento de 100.000 papeletas que le han permitido doblar su presencia y, a la vez, ser llave indiscutible de la gobernabilidad andaluza. Está claro que las derrotas en el ámbito electoral son tan relativas que, si bien es la primera vez en la etapa democrática que los socialdemócratas no se alzan como la fuerza más votada en Andalucía, a estas alturas el ganador de las mismas aparece como el mayor de los derrotados. Resultados como los obtenidos en la provincia de Sevilla, donde el PSOE ha obtenido una ventaja de casi nueve puntos porcentuales, han hecho imposible la remontada soñada por la formación conservadora, pero ahora se abre otro escenario de vital trascendencia; Julio Anguita, a la hora de afrontar potenciales pactos con otras fuerzas políticas, utilizaba una rotunda expresión: luz y taquígrafos. Así debe ser, como fue en Extremadura, y esa seridad en los planteamientos programáticos permitió al PP gobernar en minoría en lugar de ensuciar los principios y la dignidad de la coalición de izquierda porque sí . Los apoyos ciudadanos no deben entregarse por veleidades de corriente similar, por frenar supuestos peligros. El valor que se le supone a la democracia, al encuentro electoral como acto central del pacto social, nunca debe desterrarse mediante pactos sin contenido. En ese sentido, Cayo Lara no ha estado especialmente acertado en esta noche post electoral dando por hecho un gobierno de izquierda en la CCAA más poblada del Estado español, mucho antes de enfrentar la actitud del PSOE en esa inmediata negociación, en ese pacto donde los más de cuatrocientos mil apoyos progresistas han exigido una forma distinta de enfocarnos como sociedad, de afrontar el futuro bajo la dictadura de la soberanía popular, no de los mercados o la corrupción. Arenas, el señorito de la eterna sonrisa, tendrá con casi toda seguridad que buscar refugio en Madrid; habrá que ver como los triunfadores protegen bajo su ala al compañero derrotado, obligado a regresar a su patria para ser profeta cuando estaba en la cúspide de Génova y que retorna con los zapatos nada lustrosos.

Asturias: Y, a la misma hora, se concretó otra victoria ácida. El PSOE recuperó terreno pérdido con respecto a los anteriores comicios autonómicos y se alzó con un triunfo probablemente vacuo cara a obtener una aspiración de gobernabilidad en la Comunidad asturiana. El tramposo partido de Álvarez Cascos (Foro Asturias) planteó este adelanto electoral como un innecesario plebiscito al grito de conmigo o contra mí, entendiendo desde su pecaminosa óptica que él es Asturias y, el resto, enemigos de la patria. Pues esa especie de ególatra referendum le comunicó que unos cuantos menos creen que sea el líder amantísimo que necesita Asturias, repartiéndose éstos descreídos del ex Vicepresidente entre los brazos de PSOE, IU y UPyD. Las tres formaciones mejoraron en un escaño con respecto a la cita con las urnas celebrada hace, escasamente, cinco meses; poco tiempo para tanto cambio pero, sobre todo, para tanta abstención. Asturias también se ha quedado en casa en este dominical comicio, hastiada con los discursos de uno y otro lado, y el recuento total obliga a un entendimiento entre Álvarez Cascos y sus otrora compañeros populares, que no sólo se han estancado electoralmente sino que vieron restado su apoyo en unas miles de papeletas. Y obliga porque Foro no aparece como la fuerza más votada y, esta vez sí, necesita compañeros de camino, aquellos que le dejaron en la cuneta; los únicos que tiene, por otra parte. Y necesitará a las huestes impredecibles de Rosa Díez si el escaño que, a estas horas, sigue bailando por 150 sufragios, rueda uno de los sillones parlamentarios hacia el lado socialdemócrata, no permitiéndole cerrar un acuerdo de mayoría únicamente con las fuerzas de Mercedes Cherines Fernández. Salvo que, pese a todo, la ausencia de entendimientos permita gobernar, nuevamente, a la fuerza más votada. Entonces sí, el PSOE podrá descorchar, después de mucho tiempo, alguna botella de champán esta noche. O mejor de sidra y vino fino.