El rejuvenecimiento rugoso

PedroSanchez1Una renovación a las puertas de un museo, el surrealismo de las prisas sin equipaje a la vista; en definitiva, el rejuvenecimiento áspero en su superficie y al tacto político con el ph menos neutro posible. Desde ahí emerge la figura baloncestística de Pedro Sánchez, diminuta hace menos de cuatro meses y que, desde, por o para el aparato, ha aumentado internamente a una velocidad que riase usted de la exponencialidad electoral de Podemos. Pero ahí se queda, en lo interno, en lo doméstico y domesticado, tanto así que de los diecisiete puntos a los que se comprometió el político madrileño en su presentación como candidato nada ha tardado en conculcar el primero de aquéllos a los que ha tenido acceso, esto es, retrasar las primarias en su formación para elegir el candidato, el cabeza de cartel, el rostro que intentará mantener la pelea vacua en una política sin contenido.

Lo que es indudable es que con Pedro Sánchez ha desembarcado de manera definitiva y refinada el modo norteamericano de hacer política por estos parajes en desertización democrática. No hay más que ver el video propagandístico para animar su campaña interna en el PSOE, recorriendo aspectos de su intimidad más prescindible en el debate de las ideas, el que en cualquier escenario político se necesita: amigos de infancia relatando sus virtudes y esas pequeñas debilidades, tan tiernas en la construcción del liderazgo; una novia que recibió el flechazo instantáneo, irresistible, ante la presencia del nuevo Secretario General socialista, recordándote que si ella no pudo resistirse antes incluso de hablar con él, ¿Cómo vas a hacerlo tú, desorientado votante, que tanto anhelas abrazar nuevamente la rosa aunque tenga espinas?

PedroSanchez2Volvamos a los famosos diecisiete compromisos de Pedro Sánchez, la tenue sombra a la que todos los dirigentes socialdemócratas ahora se arriman en busca de tímido cobijo para que su arboleda electoral no se despoble, obligándoles a huir al mundo real, con el cambio policlimatológico que se avecina. Luchar contra la corrupción, primarias para todos, puertas giratorias atrabancadas, fin de indulto y aforamientos múltiples, reformas legales genéricas, etc. ¿Y dónde podemos encontrar el socialismo que reclama la ciudadanía, la búsqueda de condiciones laborales y de ejecución real de derechos y perspectivas sociales? No en su sonrisa, desde luego, porque el PSOE se encuentra sujeto a una mastodóntica maquinaria de supervivencia enterrada entre su poder ser y su ser real. Resulta evidente que una participación del 65% en sus bases de afiliados en un éxito de movilización, pero habrá que ver si estos lo han hecho también en la convicción que el cambio de cromos volverá a resultar higiénico para que su hogar político no se derrumbe y, más aún, resurja de sus múltiples cenizas ideológicas.

Desde IU y Podemos resulta bastante evidente su común regocijo por esta orientación en el aparato socialista, que parece preocupar en mayor medida al PP que a todo aquello que se viene gestando a su izquierda, cada día a mayor distancia de lo que sus siglas aparentan ocupar. No obstante, resulta paradójico que quien más le alabe también le tema, bien porque por un lado garantiza el equilibrio del bipartidismo por más que la primera decisión, nada meditada y muy en la línea efectista de la vacuidad programática, sea romper el pacto pro Junker, aunque también su aparente moderación salvaguarde el negocio pero pueda, desde la parafernalia del marketing político, pescar con cierta opulencia, por primera vez, en el caladero popular, siempre a salvo del pirateo electoral por más que Vox y otras cañas desorientadas hayan intentado asomar en río revuelto.

¿Quién ha sido quién en estas urgencias? Negar que el cataclismo de los pasados comicios europeos no ha removido, dentro de sus escasas capacidades, briznas de apariencia cambiaria en los mastodontes políticos es de un cinismo espantoso. Pero está claro que el Partido Popular postergará cualquier estrategia a la extenuación de su mayoría absoluta, mientras que tanto Eduardo Madina como Pérez Tapias ya venían siendo rostro de líneas que rumiaban otro panorama antes incluso que se certificara la defunción de la calma bipartidista. En cambio, será Pedro Sánchez, un obediente miembro del aparato tanto desde su responsabilidad en la Asamblea General de CajaMadrid como en la reforma express del artículo 135 de la Constitución, quien decore el futuro próximo de la socialdemocracia española. Su sonrisa ya ha llegado. Sus ideas, si las tiene, se harán de rogar.

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Alea iacta non est

Desde este instante hasta el cierre de los colegios electorales restan veinticuatro profundas horas, aprovechable plazo para tomarse muy en serio una de las herramientas más directas para expresar la opinión que esta miseria que nos rodea provoca. Está claro que el proceso cuenta con décenas de trampas en su estructura, recuento y valoración de la opinión colectiva, triquiñuelas que han pasado inadvertidas en tiempos de opíparo despiste pero que fueron conscientemente implantadas por los padres y las madres de una transición que ya reconocemos no tan afortunada como la historiografía oficial había diseñado; también es notorio que el descontento frente a unos comicios aumenta exponencialmente en cuanto comprobamos cómo el poder político tradicional se demuestra cómplice o incapaz (o ambas cosas) de cara a emitir o construir respuestas siquiera que influyan en la esperanza diaria de las masas de ciudadanos excluidos a diario de la trampa del consumo. Estar en primera línea evitando desahucios que tapian viviendas vacías y expulsan dignidad a la noche fría, rebosar las plazas para construir respuestas dignas ante el enemigo sin rostro debe ser una constante permanente, porque ese mal avaricioso repliega en ocasiones vela, pero nunca abandona su misión de dominar nuestros mares con galas de rival mezquino, con técnicas de pirata al acecho en lugar de almirante de Armada, con la cobardía del que se sabe sucio aunque vista caro.

Mañana ganará el capital, como así ha sido desde la plácida muerte de la dictadura; sólo hemos venido asistiendo a una somnolienta continuación de una pobreza pactada, si bien estamos asistiendo a la derrota definitiva de la esperanza. Una mayoría absoluta del Partido Popular, comandado por un fracasado esclavo de sus dueños y, a la vez, de sus codiciosos subalternos, sin energía siquiera para verter mentiras más allá de su silencio de prisionero chivato, de franquiciado torturador, será tan terrible como esos gobiernos en minoría de falsa izquierda, sustentados en formaciones nacionalistas de la misma internacional conservadora de los ominosos populares; el capital siempre ha mandado, envileciendo de manera continuada los espacios de crecimiento ciudadano y de auténtico gobierno de todos.

No importa. Todavía es tiempo para nuestra esperanza, para echar el resto de la verdad y la razón a nuestro alrededor, para recordar que el limitado poder de la papeleta no debe ser, precisamente por ese particular en mayor medida, objeto de especulación minúscula. Nadie te pregunta qué actitud estatal hay que tomar para decisiones trascendentales en nuestro destino, menos aún lo harán para detectar tu compleja intención a la hora de votar con la intención de evitar ésta o aquella derrota balompédica del menos malo, para recolectar el espíritu completo del panorama que entiendes menos gravoso a tus inmediatos anhelos e intereses. La única respuesta se encuentra en la convicción, los principios, los valores. En definitiva, las pertenencias intelectuales e ideológicas que hemos ido acumulando en el trayecto de nuestros encuentros, lecturas, aprendizajes y, también, violentas resignaciones. Ahora es el momento de la valentía, de salir del colegio electoral conscientes de que cualquier oportunidad en la que podamos demostrar qué camino queremos tomar realmente no sea desaprovechada. Esta es una de ellas, de igual modo que el lunes debemos continuar con esa buena costumbre y aprovechar el empuje de la expresión democrática. No hay motivos para la pereza electoral, el recuento global en sí es una respuesta común a una situación sucia y trágica que no hemos manchado nosotros; al menos, siempre lo será en nuestra acción cotidiana, entrando y saliendo límpios de dobleces y estrategias en algo tan hermosamente primario cómo resulta expresar nuestra expresión global, aunque ésta se encuentre carcelariamente atrapada en un folio con nombres ordenados y blindados.

Esta noche y todas las siguientes, los seguros victoriosos ordenan inhumanos desalojos de familias expulsadas por un sistema que se sabe sin enemigos a los que acallar; las programaciones televisivas se inundan de casuales ofertas para contratar magníficos seguros de salud al mismo ritmo que la Xunta de Galicia bloquea las tarjetas sanitarias de otros tantos congéneres abandonados a su suerte de eterno desempleo. Vuelven las castas, las aulas y consultas sólo para quien las pague, y nos lo cuentan desde el juguete predilecto, el que rocía la adormidera envasada de hechos consumados, en monodósis inapreciables a corto plazo. De otra manera no se entiende las columnas millonarias de derrotados que se negarán mañana a razonar su seguro infortunio. Por eso, como siempre y a pleno rendimiento, durante la jornada dominical coloreemos las urnas con la alegría del voto honrado, de la extensión de nuestro compromiso consciente hasta el mensaje masivo de que no van a pudrir nuestro destino con su asesina avaricia.

¿Democracia y Libertad?

José Antonio Bermúdez de Castro, vicepresidente segundo de la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados, respondió ayer, durante su participación en el programa de RNE En días como hoy, siete preguntas con la misma respuesta: Es un triunfo de la democracia y la libertad…. bla, bla, bla. Las cuestiones planteadas por Juan Ramón Lucas al congresista popular estaban centradas en los dos asuntos de máxima actualidad nacional: el asesinato de Osama Bin Laden y la prohibición por parte del Tribunal Supremo de participar en el proceso electoral a las candidaturas de Bildu.

No obstante, Bermúdez de Castro, a quien pueden contemplar en toda su alegría contenida de profundo demócrata en la instantánea de su izquierda, no hace sino expresar, con cierta carencia dialéctica, lo que, de una u otra manera, han venido repitiendo durante las últimas veinticuatro horas, con más o menos asomo de sonrojo, representantes de su partido político y del PSOE. Qué sea patrono de la FAES no lo ha convertido ayer en un integrista de los dogmas ultraliberales, ya que con sus afirmaciones miméticas, lo único que le caracterizó fue una incapacidad flagrante para desarrollar un planteamiento que acepta pero del que, en su tibia intimidad, desconfía electoralmente.

Repetir los planteamientos mitineros y vacuos de todos los responsables políticos que “analizaron” durante el día de ayer ambos titulares es una absoluta pérdida de tiempo y de neuronas. Sería intentar comprender como los dos partidos que engloban mayor número de electores y, por ende, de cargos públicos representantivos en nuestro país, aceptan a pies juntillas discursos antidemocráticos como si tal cosa. Ese pensamiento devasta nuestro mapa cerebral como si de un coma etílico se tratara. Comprender, por lo tanto, qué nos ha llevado a aceptar miserablemente ilegalidades y atrocidades como principios rectores de nuestra organización política y social, es tarea alejada de la manada de corbatas y trajes de corte ejecutivo con pretensión monocorde. Observemos lo ocurrido con lejanía kilométrica:

Finalmente, la sala del Tribunal Supremo encargada de estudiar el recurso de la fiscalía acerca de las listas electorales de la coalición Bildu decidió, en aplicación de la mutiladora Ley Orgánica 6/2002, prohibir su concurrencia a los comicios del próximo 22 de mayo. Nueve votos contra seis, y tan anchos. Los votos en contra se caracterizan por una meticulosidad jurídica digna de encomio, entrando al estudio de la prueba y fundamentando el fallo con rigurosidad. La mayoría optó, en cambio, por un discurso político en sus conclusiones, con la falaz utilización de jurisprudencia amputada con el fin de ser utilizada a conveniencia literaria del proceso en juego, y a otra cosa mariposa. Detrás quedan decenas de miles de ciudadanos que, si el Tribunal Constitucional no lo remedia, se tendrán que quedar sin poder ejercitar, de facto, su derecho de sufragio activo y, en la cúspide del deterioro democrático y jurídico al que nos ha llevado el Alto Tribunal, cientos de inmaculados candidatos, así como siglas políticas de intachable tradición democrática, apartados del proceso electivo por connivencia de las dos principales marcas importadoras del modelo imperial agresivo-liberal. En las alocuciones de éstos, ya que a los renegados del sistema no se les deja ni espacio para el debate público en los medios de comunicación masivos, siempre la democracia y la libertad como adalides victoriosos frente a la amenaza del terrorismo y de los enemigos de nuestro plácido sistema. El 5 de mayo el TC tiene reservada la responsabilidad histórica de no toparnos de bruces con una resolución del Tribunal de Estrasburgo que ponga colorada la cara de nuestra inmadura y repelente democracia porque, no lo duden, allende Los Pirineos no se van a tomar a guasa esta indivisión de poderes patrio.

Para rematar este fin de semana largo, en el que los ramos y los bombones aplastaron a las necesarias pancartas y reivindicaciones como trágico preludio del futuro a corto plazo que estamos gestando, ayer despertamos con el asesinato del rostro que encarna el mal en la Tierra. Fue liquidado, fulminado, en una operación militar norteamericana precisa en la orden de no atrapar prisioneros. Estamos hablando de un líder terrorista acusado formalmente de infinidad de delitos de lesa humanidad, en busca y captura por decenas de Estados, entre ellos el nuestro tras los funestos atentados acaecidos en Madrid el 11 de marzo de 2004. No obstante y nuevamente, los representantes políticos que se han llenado la boca con los términos “aplicación estricta de la ley”, “triunfo del Estado de derecho y cumplimiento de las reglas de juego”, etc., para congratularse por la ilegalización de personas e ideas, aplauden rabiosamente, en cambio, saltarse a la torera los elementales y básicos instrumentos de garantía procesal y practicar la ley del Talión sin asomo de duda. Debe ser que cuando dicen digo quiere decir diego, y que donde creíamos que nos encontrábamos ante un sistema de justicia reinsertativa realmente buceábamos entre una miserable justicia retributiva.

Este señor era y es The Hope para la socialdemocracia internacional, la escenificación de una época de reformas y progreso. Pero, por desgracia, sólo está apareciendo como extensión del larguísimo decenio neoliberalista que amenaza con convertirse en centuria. Las fuerzas internacionales, bajo el inefable mando de la OTAN, ya hicieron prácticas de tiro al líder que no nos gusta y asesinaron vilmente a uno de los hijos de Muammar el Gadafi y tres de sus nietos, saltándose a la torera el mandato de Naciones Unidas que limita la presencia internacional en suelo libio para establecer una zona de exclusión aérea. Sin darnos cuenta, esa rendija forzada se ha convertido en puerta abierta de par en par con el objetivo de establecer las herramientas más convenientes a la hora de controlar los recursos naturales de excelente calidad que brotan de la tierra beduina; y a quien no le guste, a llorar al valle.

Atrapar a Osama Bin Laden no tendría ningún efecto positivo en el país más fanático actualmente del globo terráqueo. Las calles de las principales ciudades norteaméricanas se congestionaron de fundamentalistas de las barras y las estrellas celebrando la desaparición física de su Darth Vader particular, el Doctor Maligno que protagonizará historias para no dormir durante años en las mentes infantiles de los futuros ciudadanos del Imperio. Bravo por ellos, ya no disimulan sus aviesas intenciones de controlar la realidad planetaria a cualquier precio. Por ahora, si nada ha cambiado a nuestras espaldas, España sigue reconociendo y perteneciendo al Tribunal Penal Internacional, además de no regular la pena de muerte en ningún caso, tras su supresión del Código Penal Militar en 1995, que regulaba determinados tipos jurídicos en tiempos de guerra. ¿Cómo pueden entonces nuestros dirigentes políticos aplaudir el ojo por ojo sanguinario cometido por las tropas norteaméricanas? ¿Cómo se atreven a solicitar respeto para las decisiones judiciales y la división de poderes si, con sus manifestaciones, avalan un sistema basado en la venganza y el rencor, en la ley del más fuerte?

Lo terrible, lo que francamente debe hacernos prever que el futuro inmediato sólo puede estar protagonizado por la desesperanza y la sinrazón, es que a todo ésto que hemos tratado, lo califican de Triunfo de la democracia y la libertad.

Cuando la ley pierde su imperio

En cualquier Estado de Derecho se cumplen una serie de premisas estructurales, de organización y, por supuesto, filosofico-jurídicas que pretenden asegurar el normal desarrollo de la convivencia social, así como el desarrollo individual y colectivo en cualquier ámbito. En primera línea, si no directamente en la cabeza de la clasificación, se encuentra un concepto básico del parlamentarismo constitucional: el imperio de la ley que, por lo tanto y explicitamente, comporta que ésta deba ser general, no atendiendo situaciones puntuales ni particulares, así como evitando su enfoque individualizado ni segmentado. Por desgracia, la ley 6/2002, más conocida como ley de partidos, se saltó como un canguro hormonado esta premisa consagrada en nuestro sistema jurídico, y diseñó, con la connivencia de los dos grandes partidos nacionales (o uno, con dos sedes y dos colores, no lo tenemos claro) un instrumento que asegurara la no participación en la vida electoral nacional no ya de un partido político, sino de un espectro concreto de electores.

En efecto, la citada reglamentación electoral se aseguró la imposibilidad de participación en cualquier comicio de cerca de un 15-20% de la población de la CCAA de Euskadi, sabedores de la ausencia de alternativas dentro de los colores del arco iris en que se manejan sus postulados. Las tímidas pretensiones de captar ese voto prohibido por parte de Eusko Alkartasuna o Aralar no han cuajado, como lo demuestran los procesos electorales siguientes, desde la aparición de la ley hasta nuestros días. Prohibir a las ideas tiene ese resultado, no por ello denostado desde los impulsores de la ley: eliminar el sufragio activo de cerca de 300.000 ciudadanos como chantaje o herramienta de negociación en un proceso armado, en un conflicto que trasciende lo político. Nadie en su sano juicio puede imaginar que una cantidad así de individuos sean terroristas potenciales, o estén prestos a engrosar las filas de un grupo armado sin son requeridos para ello. La inmensa mayoría electoral de la izquierda abertzale persigue propósitos planteables en un sistema democrático: un Estado independiente, mediante un proceso consultivo y constituyente, así como la defensa de determinados conceptos políticos e ideológicos.

Logotipo de Sortu, nueva marca de la izquierda abertzale, con la que pretende concurrir a los próximos comicios autonómicos y locales.

Esa herramienta perversa ha impedido concurrir a cualquiera de las marcas electorales que la izquierda abertzale ha presentado, independientemente del contenido de sus respectivos estatutos y principios políticos: Tanto el PP como el PSOE únicamente han estado preocupados en un hecho tan tramposo e insustancial como obligar a sus representantes a condenar explicitamente el terrorismo, sin asegurar ninguna contraprestación a cambio, todo muy al estilo de la persecución de la herejía en otros tiempos: se anima a reconocer la brujería, y cuando ésto ocurre para evitar la hoguera, los troncos siguen ardiendo de igual manera.

A pesar de esa ausencia de generalidad en la referida ley, la izquierda vasca se ha obstinado en cumplir y respetar dicha norma, cumpliendo los requisitos exigidos para ser elegible. De este modo, para los comicios locales y autonómicos de mayo han presentado su nueva campaña bajo la denominación Sortu (nacer, en euskera), con unos estatutos más impecables en lo democrático que la de cualquier asociación política que se precie de tal calificativo. Evidentemente, a nadie se le escapa que su legalización o no se dilucidará en los despachos políticos, no en los juzgados, a tenor de los avances que se vayan sucediendo en el proceso de abandono de las armas por parte de ETA. Sea como fuere, confiemos que esta mancha que gotea y salpica nuestro sistema jurídico sea purificada lo antes posible, a pesar de que por el camino haya dejado un surco de ocho años de indignidad democrática justificada, una vez más, en que contra el terrorismo vale todo.

Mesas de convergencia

En estos días un grupo de incívicos habitantes de la red han boicoteado la página web del profesor de economía Juan Torres López. Eso no ha sido óbice para que haya vuelto a colgar, con celeridad y compromiso, el llamamiento realizado por un grupo de ciudadanos para organizar la primera mesa de encuentro, más allá de adscripciones políticas concretas pero desde una obvia visión de izquierdas, y convergencia con el propósito de acercar puntos de encuentro, reflexionar y actuar ante lo que está ocurriendo en España.

El objetivo primordial es recordar, recordarnos, que la cierta comodidad o seguridad que mantenemos transita y se agota ante mensajes que nos conducen hacia sacrificios en pos de mantener una estructura económica y social destinada al enriquecimiento de sujetos abstractos, los mercados, y la perpetuación de un sistema injusto que recae sobre el sacrificio de los trabajadores.

Adjuntamos la carta convocatoria del colectivo al que, evidentemente, nos hemos sumado, así como el enlace al blog donde animamos a todos a formar parte de esta corriente de reflexión y acción:

Estimado amiga y estimada amigo;

Un grupo de personas preocupadas por la situación política y por las amenazas que se ciernen sobre sectores cada vez más amplios de la población sentimos la necesidad de tomar la iniciativa. Pensamos que ha llegado el momento de impulsar un proceso de acercamiento y convergencia de todos los sectores y sensibilidades de la izquierda para ir conformando una respuesta unitaria y eficaz a la situación que vive nuestro país de países.

Nuestra pretensión es muy abierta pero muy clara. Estamos convencidos de que es imprescindible promover la más amplia confluencia de fuerzas de la izquierda social y política frente a la ofensiva neoliberal que estamos sufriendo. Esta ofensiva probablemente no va a remitir en los próximos tiempos sino todo lo contrario.

Creemos que es necesario ir construyendo consensos para definir valores y políticas que permitan defender el bienestar colectivo, la justicia social, el desarrollo sostenible y las libertades democráticas en estos momentos críticos que estamos viviendo. Es sólo un comienzo pero un comienzo necesario para empezar a articular una contraofensiva al neoliberalismo dentro del actual panorama de la izquierda en nuestro país.

Para darle el primer impulso a este proceso, aprobar el programa mínimo antineoliberal y lanzar el proceso de conformación de mesas para la convergencia ciudadana en todo el Estado, hemos convocado una Asamblea el próximo día 19 de febrero a las 11.00 horas en el Auditorio Marcelino Camacho de Madrid, Calle Lope de Vega nº 40.

Somos conscientes de que una convocatoria de este tipo no es muy frecuente. Pero existe una posibilidad real, hasta ahora tenida por imposible, de que se produzca una regresión dramática de las conquistas sociales, democráticas y culturales de los últimos treinta años. Está en juego, además, la propia existencia de la izquierda como actor político relevante. Por ello confiamos en tu responsabilidad y en tu generosidad en unos momentos tan importantes como los que estamos viviendo.

Un saludo cordial

El grupo promotor de la iniciativa

Juan Torres López, Manolo Monereo, Ricardo García Zaldívar, Carlos Martínez García, Armando Fernández Steinko, Roberto Viciano, Carlos Ruiz Escudero

http://mesasdeconvergencia.wordpress.com/