Apego a lo viejo

ApegoViejo1Las huestes de Podemos han anclado su rumbo político y electoral a base de dos ideas-fuerzas que, como buenos eslóganes, se van quedando en el regusto del elector, con más o menos dulzor en función del respectivo paladar. La primera clama por devolver el poder a la “gente”, como si en alguna ocasión de nuestra ominosa historia como Estado-Nación tal cosa hubiera sucedido. Ahora bien, háblese de retornar o de entregar por primera vez dicho don a la plebe, lo realmente sustantivo del mensaje es apelar al colectivo a través del término “gente”, si bien pudiera parecer a primera vista desdeñoso en comparación con el más elegante, y de mejor tallaje, término “ciudadano”. Hace bien la formación liderada por Pablo Iglesias en la elección, toda vez que en terreno ibérico hay poco hombre y poca mujer que se sienta tal cosa, como si eso fuera socialmente tan sofisticado como ir de compras a Nueva York por navidad.

El segundo mantra de la corriente violacea ha sido, sin duda, el que ha encontrado más titulares durante la campaña electoral recién clausurada en Andalucía: la diferencia entre lo nuevo y lo viejo. Y ahí es donde Podemos se dispara algunos cartuchos de perdigones de tobillo electoral para abajo. Cierto es que Susana Díaz o Juanma Moreno Bonilla (sí, al menos el popular ya ha conseguido que algunos nos hayamos aprendido sus dos apellidos de carrerilla, algo es algo) poseen más arrugas institucionales de las que sus supuestas mocedades aparentan, sumando respectivamente casi veinte años de recorrido en cargos públicos de Madrid a Sevilla, pasando incluso el segundo, como su ex compañero Bárcenas, ruta por Cantabria. De este modo, cuando los andaluces despierten mañana, ambos todavía estarán allí, al pie de las urnas, sesteando plácidamente.

ApegoViejo2No obstante, ¿Quién le ha dicho a Teresa Rodríguez y al círculo de acción ideológica podemita que el español es tendente a desembarazarse de lo viejo? En un país donde a los infantes se les pretende, década tras década, animar a la lectura a golpe de El sí de la niñas o La Regenta, de prosa ininteligible para el impúber digital, en lugar de introducirles la letra sin sangre, en su lenguaje; o donde aquél que realiza sus tramites con la administración pública haciendo uso de las citas previas on line parece poco más que un robot venido del futuro, no parece que se pueda hacer acopio de novedades, todas juntas, como si lo rancio fuera de cotidiana transacción social por ausencia hasta ahora de vanguardias prestas a liberarnos del acopio de moho vital.

ApegoViejo3En realidad, el cerebro vivaracho de Íñigo Errejón y cia. tiene presente esta realidad, más allá de las manifestaciones públicas que se realicen. Y eso es así porque Podemos es más que consciente que con el perfil de votantes hasta treinta años, urbanitas, y usuarios ardorosos de su transparencia digital y su comunicación social media no llega ni para una treintena de escaños en las generales, qué decir por tanto en unos comicios, los andaluces, con tal cantidad de voto pensionista y rural. De ahí que lo viejo esté tan presente en el hacer electoral de Podemos durante esta pasada campaña, tomando la representación más elevada en su permanente llamamiento a los “abuelos y abuelas” que, supuestamente, tanto han dado y tanto esperan recibir en fardos de libertad, derechos y expectativas; y clausurando esa dicotomia entre el verbo y la carne con el multitudinario mitin en el muy viejuno velódromo de Dos Hermanas, escenario predilecto del PSOE de la rosa marchita, con una puesta en escena que bien podría asimilarse a cualquiera de sus precedentes en la post transición nacional, repleto de frases cortas, espera de aplauso facilón y autobombo inmisericorde. En España, duele temerlo, no ha habido generaciones caracterizadas por echar al cubo de la basura el osito de peluche de la mocedad sin lágrima; las casas se encuentran repletas de cajas de zapatos apiladas con sus interiores llenos de cachivaches “por si alguna vez hace falta”. En esta España, tan joven y tan vieja, Felipe González pareció en 1982 una nueva perla de la cantera cuando llevaba veinte años corriendo la banda política. En el país que dijo modernizarse por hacer cuatro autopistas, unos pocos puentes y vías ferreas a golpe de comisión y ayudas estructurales comunitarias, las papeletas de mañana tendrán el mismo diseño que las primeras que empuñamos tras la muerte de la bestia dictatorial. Por algo será.

P.D.- Buen viaje, admirado Moncho.

Cambio de marcha

Tras exitosos mítines por las principales ciudades del Estado, la maquinaria ciudadana de Podemos ha alcanzado el epicentro de la capital a toda velocidad, imprimiendo una marcha más en su estrategia política social con el objetivo de alcanzar la última meta: el palacio de la Moncloa. Sin embargo, esta multitudinaria “Marcha por el cambio” tal vez no haya avanzado hasta extraer el total de prestaciones que le permite su carrocería; resulta indudable que el encuentro ha sido un éxito, más allá del juego a doble altura de recontar asistentes para impulsar o frenar, según intereses, el número que importa, esto es, el que acabará dentro de las urnas. Aumentan las revoluciones, hay un cambio de marcha, el circuito parece moderadamente despejado pero, ¿se avanza por el sendero y con el vehículo inicial?

CambioMarcha1Para ser más hay que concretar menos, esa parece una odiosa clave política que se viene cumpliendo en cualquier escenario con derivación en lo electoral. Desde la irrupción de Podemos, como un torbellino, en los pasados comicios al Parlamento europeo, la exponencialidad de su crecimiento en intención de voto y sintonía social ha sido la nota dominante, tal vez a la misma velocidad en que la moderación en el gasto de la espontaneidad ha comenzado a hacerse eco en el silencio de lo concreto. Aunque no se puede discutir sobre el nivel de ataque desleal en lo democrático que ya están padeciendo de manera hemorrágica los principales dirigentes de la formación magenta, lo cierto es que ante un escenario como éste, más que previsible para politólogos y analistas sociológicos de la experiencia de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Iñigo Errejon, esquivar los golpes fuera del ring permite cambiar las reglas, pero no eludir cualquier arbitraje. El tiempo del reposo ha dado paso a la época de los eslóganes, por cada punto porcentual en aumento de los diferentes sondeos parece estancarse el ilusionismo político. Son los mismos acompañados de muchos más, parece que continúan idénticos postulados, hasta de cuando en cuando regresan para sintonizar sus “greatest hits”, pero de casta le viene al galgo desde que la criatura sociológica adquirió estructura de partido político al uso.

CambioMarcha2La cuestión es si esta populosa demostración de fuerza supone la cima sobre la que Podemos comienza a vislumbrar las atalayas institucionales a conquistar y, para descender a la conquista, necesita soltar lastre. Los mítines recientes de la pujante formación política ya se leen, con repicar de aplausos, al ritmo del eslogan: declaraciones estudiadas, mensajes publicitarios disfrazados de contenido político y algún que otro chascarrillo en prime time forman el verso de lo que en un principio fue ágil prosa. No es cuestión de entrar a valorar si tras la ilusión hay solución, sino si la vieja política no se estará instalando en la estrategia de aquello que aspira a remodelar los cimientos carcomidos un cierto conservadurismo estratégico, una sinergia involuntaria con todo aquello conocido para, precisamente, aspirar a sustituirlo. El pavor de PP y PSOE a estas mediciones sociológicas a ras de calle se encuentran acompasadas a la falta de capacidad para soportar reducciones notables en su acomodada colocación de cargos y colaboradores con sueldo público, pero en cuanto a formas de sustituir el liderazgo macropolítico, los partidos habitualmente gobernantes han seguido en diferentes momentos de la historia reciente discursos y tácticas similares. Critican lo que conocen, porque saben que funciona, si bien Podemos llegaba para ser y actuar de manera diferente. De otro modo, estar sin ser supone no una marcha por el cambio, sino un cambio de marcha, haciendo uso del freno-mano que no elimina el movimiento pero limita la velocidad. Habrá que ver si, de todos modos, el combustible alcanza para llegar al destino.