Condenados al indulto

Josefa Hernández ha salido de prisión. Tras tres días ingresada en el penal de Tahíche (Lanzarote), su defensa ha conseguido la suspensión de la pena privativa de libertad que se le había impuesto por no proceder a la demolición de su vivienda, situada en el Parque Rural de Betancuria (Fuerteventura). En realidad, su letrado no tuvo que realizar una especial labor para obtener esta medida de gracia con tanta celeridad, toda vez que el caso ha saltado a la gran pantalla con la energía que proyecta esa sensación de injusticia per se, hasta alcanzar la gloria de convertirse en el primer indulto de la historia de España anunciado antes incluso de ser aprobado. Tres días. La cosa juzgada no admite dudas, el proceso es correcto en base al ordenamiento jurídico estatal, y tanto el juez como la fiscalía no han puesto fácil al ejecutivo la concesión de la medida de gracia, si bien su opinión no resulta preceptiva. Tres días.

Josefa1¿Por qué el caso de Josefa Hernández ha alcanzado un grado de simpatía colectiva tan desarrollado con respecto a otras tantas situaciones difíciles de comprender desde el punto de vista de la empatía social? El decorado, sin duda, ha aderezado generosamente el campo de cultivo. Por otro lado, alguno de tantos ejemplos de injusticia para con ciudadanos desvalidos tenía que ser el que colmara el vaso de la incomprensión que hace más de un lustro ha llegado para quedarse en cuanto a la aplicación del sistema penal según quien sea el receptor del castigo. Vivienda de autoconstrucción humilde, de supervivencia; hijas y nietos sin ingresos, a su cargo; abuela coraje que, no obstante, asume su infracción y cumple con la justicia, en la medida de sus posibilidades, de por si sumamente precarias: multa sí, derribo nunca. Y mientras, el litoral atestado de chalet lujosos bordeando la pleamar. Complejos hoteleros de poderosas multinacionales haciendo negocio en terreno protegido, amnistiada su riqueza.

Finalmente, a la división de poderes le encanta estos conflictos de baja intensidad, sobre todo desde la trinchera ejecutiva. A fin de cuentas, electoralismo populista es el principio rector favorito de quien se afana en utilizar el término como descrédito permanente del contrincante. Cree el ladrón… Todo un Presidente del Gobierno anunciando con antelación primorosa la concesión de un indulto así. Inspirador.

Josefa2Centremos el asunto: el proceso judicial se ha realizado conforme a derecho, siguiendo todas las garantías procesales, y ha desembocado en una sentencia firme. El hecho de cosa juzgada, a partir de ahí, se ha enfrentado a la insensibilidad de la ley en casos como el que nos ocupa, algo que ocurre muy a menudo en nuestro panorama normativo. Pero fundamentalmente ha desembocado en la gran pantalla que alimenta el estado de opinión, la barbarie de la toma de decisiones irracional. Desde Mariano Rajoy al concejal más cercano al término geográfico donde se encuentra la morada de la familia Hernández, presta a derruirse, ahora solicitan la apertura de un debate político donde lo que tendría que haber es una administración eficiente, ayudas de carácter social y familiar adecuadas, así como un panorama de acción vertical que permita a las diferentes entidades de derecho público coordinar las labores de atención ciudadana. De lo contrario, ese demagogo debate que no se va a llevar (de antemano lo sabemos) a término continuará condenando al indulto a aquellos pocos que escalen hasta el prime time y, de este modo, sólo permaneceremos iguales ante la injusticia.

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Interdicción de la arbitrariedad

InterdiccionArbitrariedad2Una vez dada por finiquitada la crisis, esto es, asegurada la recuperación de capital, control de salarios y destino de los trabajadores por parte de los perennes altos del curso de la Historia, se nubla una pantalla que emitía créditos convenientemente confusos y el servilismo político ha acelerado su inclinación, presto a desplegar nuevos cachivaches a un lado para despistar a la hora del saqueo. Ahora toca el turno a mansalva para que la inimputabilidad cotice en mercados de aforamiento primario, la justicia no mire para ningún lado allende las fronteras, o las brechas socioeconómicas y de oportunidades, ya de por sí insorteables, se eleven como vallas de expulsión ciudadana.

¿Y qué nos queda? Pues por ahora el pataleo recurrente, cotidiano, con más o menos éxito de afluencia en función del grado térmico de indignación que se produzca por cada una de las situaciones que nos arrojan al plato, una vez hecho bola incomestible. Y en esos encuentros, habitualmente dominicales, salimos adornados de cartelería variada desde la que dejar constancia al semejante que, al otro lado de la fotografía o la actualidad televisada, opta por amodorrar su derrota, a ver si con algún teorema impactante conseguimos que deje el chandal de interior y se sume al jogging de protesta colectiva. En esas calles que nunca fueron nuestras, goza de gran éxito frente al micrófono en directo reclamar que se cumplan los derechos más vistosos que los padrastros constitucionales dieron por buenos redactar, darles cuerpo, pero con sus sistemas nerviosos y reproductivos totalmente desabilitados. El acceso a la sanidad pública y universal, a una vivienda digna, etc., son calificados, en época de privatización masiva y de segregación social sin parangón, como “principios programáticos”, meras buenas intenciones que el legislador dejó plantadas por si el tiempo y los azares tenían a bien suministrarles algo de abono normativo, aunque en realidad no han sido más que “frustraciones constitucionales”; aspirar a que lo que la mayoría considera pilares de nuestro Estado actualmente asocial no se quede en unos pocos ladrillos presos de aluminosis, parece dormir el sueño de los injustos.

InterdiccionArbitrariedad2La Constitución española está a buen recaudo. Lejos de las garras ciudadanas, se entiende.  No hay más que recordar como se enarbola una supuesta inmutabilidad permanente en la cúspide del ordenamiento jurídico mientras por sus puertas traseras se maltrata el mismo, con modificaciones en la madrugada de los tiempos en los Estados contemporáneos (artículo 135 y su entreguismo deudor al capital con prisas). Por ese motivo, no parece el camino más recto para protagonizar los cambios necesarios y deseables aquél que pretende transitar a tumba abierta, con escasa visibilidad y lleno de obstáculos. En cambio, existe un apartado constitucional que no es receptor habitual de visitas ni menciones, y desde el cual se sostiene, con repugnante elasticidad, el trayecto contrario al que su composición jurídica pretende guiar: la interdicción de la arbitrariedad (artículo 9.3).

Este principio supone la prohibición expresa para los poderes públicos, entendidos éstos en el sentido más amplio de la terminología legal y su correspondiente traducción vía pronunciamientos del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, de actuar de manera caprichosa, dañando el principio de igualdad de trato frente a los administrados. Dicho así resulta obvio, pero no por ello es menos asombroso que no se tarde apenas unos segundos para recorrer decenas de acciones políticas que patean sin pudor este mandato principal recogido en nuestra Carta Magna.

InterdiccionArbitrariedad3Sí, por ejemplo y de manera destacada, éste es uno de ellos: los indultos. El derecho de gracia sin justificación social ni piadosa que conculca penas a quienes no sólo tienen, como el resto de ciudadanos, la obligación de conocer la ley sin ser eximidos de ello por desconocimiento, sino que por notoriedad pública deben desarrollar un impecable ejercicio profesional, reforzado en esa posición preeminente en la escala capitalista en la que dicen jugar sin cartas marcadas. ¿Y qué decir del proceso de desentronización, entronización, aforamiento y blindaje del linaje Borbón en estos últimos días? Algo de arbitrio sí que parece rezumar la manera en que desde el bipartidismo se otorga un aurea especial al abdicado y su regia plebe, con tal de que los juzgados queden a enorme distancia de su trayectoria.

Estos detalles sólo son algunos artificios que pueden destapar en su mente las interminables explosiones de lucidez que le llevarán a recordar que frente a tanta y tanta desigualdad legislativa se encuentra la mencionada prohibición, sorteada a diario, ignorada por muchos.