De cuando Javier Ortiz traspasó la puerta del padre Inouva

Cuenta la certera leyenda minoritaria que el delicado melómano Javier Ortiz, allá por sus años mozos de instructivas y longevas vacaciones en tierra gala, descubrió a través de las rendijas de un café argelino la sintonía penitente de un compadre norteafricano que pulsaba su mismo ritmo cardiaco. Como potencial desterrado de Hamelín, primero se acercó al tono cautivador de aquella descascarada máquina de discos y se sumergió, moneda tras moneda, en los cantos de sireno delicado hasta que, atrapado y eternamente cautivo, hostigó poéticamente al mesero hasta conseguir que le entregara el disco del artilugio parlante. Ese vinilo, en manos amigas, surcó tierras a buen recaudo hasta posarse en las de su creador, Idir, que, cautivado por la estrambótica aventura, completó el petróleo circular con la dedicatoria más apasionada.

A vava Inouva es la punta de lanza de un integrador cultural, de un hombre justo, que fiel a sus raíces consiguió hacerse un confortable hueco en el panorama musical francés, mientras cultiva sin detenerse el sincero aspecto del juglar imprescindible. Javier, probablemente sin entender ni palabra de los ecos de la Kabilia argelina, más probablemente aún habrá derramado alguna lágrima emocionada ante esta cueva de tesoros sonoros, presente bereber que, al ser trasladado a nuestra lengua, quiebra por completo la muralla repleta de colorines monocordes que nos venden ayer, hoy y demasiados mañanas.

Hoy continuamos esa cadena, para que la magia de Idir y de una tierra que nos hemos empeñado que siga castigada frente a este mezquino compromiso conforme al otro lado del Estrecho siga enraizando sensibilidades. Y, qué narices, porque comentar cualquier aspecto de la imprescindible existencia de Javier Ortiz nos hace mucha falta de vez en cuando.

a Vava Inouva

Txilek elli yi n taburt a Vava Inouva
Te ruego padre Inouva ábreme la puerta

Ccencen tizebgatin-im a yelli Ghriba
Oh, mi hija Ghriba haz zumbar tus pulseras

Ugadegh lwahc elghaba a Vava Inouva
Tengo miedo del monstruo del bosque, padre Inouva,

Ugadegh ula d nekkini a yelli Ghriba
Yo tengo miedo también, oh, mi hija Ghriba

Amghar yedel deg wbernus
Di tesga la yezzizin
El abuelo se arrebuja en su albornoz
En la distancia se calienta

Mmis yethebbir i lqut
ussan deg wqarru-s tezzin
Sus hijos preocupados por ganarse el pan (vida material)
(Mientras que) los días van y vienen en su cabeza

Tislit zdeffir uzetta
Tessallay tijebbadin
La nuera (sentada) detrás del telar
remonta los tensores metálicos

Arrac ezzin d i tamghart
A sen teghar tiqdimin
Los niños rodean a la abuela
quien les instruye en las cosas de antaño

Txilek elli yi n taburt a Vava Inouva
Te ruego padre Inouva ábreme la puerta

Ccencen tizebgatin-im a yelli Ghriba
Oh, mi hija Ghriba haz zumbar tus pulseras

Ugadegh lwahc elghaba a Vava Inouva
Tengo miedo del monstruo del bosque, padre Inouva,

Ugadegh ula d nekkini a yelli Ghriba
Yo tengo miedo también, oh, mi hija Ghriba

Te echamos tanto de menos...

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