Se profundiza el holocausto rociero

Poco ha cambiado en los bestiales procedimientos de muchos participantes en El Rocío andaluz año tras año, pero sí en el aumento de las inocentes víctimas de su supuesta fe. Tras finalizar la presente año, otros 23 inocentes caballos han dejado su vida en el camino, víctimas del agotamiento, la deshidratación y el trato brutalista que reciben por aquellos que comercian con su sufrimiento en busca de un impío divertimento, consistente en ir en busca de una adorada talla para que arrope sus pecados, mientras transitan en salvaje acomodo sobre los lomos equinos que, a cambio, reciben látigo en lugar de abrigo. Algunos creyentes, por tanto, los tratan como a impúdicos fariseos en lugar de con la cristiana solidaridad que parecen no arrastrar en su viaje, tal vez pensando que, al saltar las vallas como posesos, obtendrán la redención de todos los ominosos pecados que han cometido desde la edición anterior. Aunque, en realidad, tal vez no estemos sino frente a la humanidad menos cercana al concepto, tal y como podemos apreciar en el siguiente video:

Visto estos 23 cadáveres, abandonados en ocasiones en sus últimos estertores tras la tortura de días de camino sin apenas descanso ni alimento, exhaustos, no podemos sino relacionar la crudeza de esa ausencia de civilización que marca, como tantas otras tradiciones nefastas, el ADN del Estado español, con las sonrisas bobaliconas de la ministra de empleo (ejem), Fátima Báñez, invocando al trozo de cera, madera y abalorios como solucionador de todas aquellas desgracias a las que nos han conducido, precisamente y en muchos casos, reconocidos nacional-catolicistas que sólo cuelgan su capa delincuente cuando atraviesan las puertas de sus templos para recibir la redención de sus penales pecados, en muchos casos por medio de otros colaboradores y cooperadores necesarios en el innoble arte de destruir el Estado social, la redistribución justa de las rentas y, en este caso, tratar al resto de seres vivos con ese desprecio tan desgraciadamente habitual en nuestro entorno. La piedad y la caridad es lo que adoran, para que sus beatas columnas mantengan el control de los recursos y, a su vez, la afición de la limosna tan de ocio para sus domingos y fiestas de desterrar.

Rocio2Esta es la imagen de falso color, fundida a negro en las conciencias de aquellos que nos negamos a quedarnos atrapados en esa basura cadavérica, desvencijada en la arena mojada de sangre y crimen, de ausencia en aquella esperanza que nos animaba a transitar hacia el solidario progreso, a encontrarnos por fin en una patria con el epicentro más grueso posible. No es así, ya lo vemos, mas al contrario el tecnicolor de los derechos y garantías no sólo dejan de acariciarnos en exponencial velocidad, sino que siquiera rozan a nuestros cuadrúpedos congéneres, tratados como instrumento, vida sin fin, sin destino.

La mayor horripilancia al tener que enfrentarnos, un año más, al mismo genocidio, transmutado ya en insufrible holocausto, es tanto el pavor nunca asumible frente a esta tortura realizada, con picada sonrisa, por supuestos ciudadanos que nos cruzamos a diario, como la desoladora convicción de que nada cambiará, de que ya están trotando, inocentes, inconscientes, las siguientes víctimas de esta miseria humana.

Holocausto en honor al fútbol

La designación de un Estado como sede de un evento deportivo de primera magnitud ha dejado de resultar una cuestión de honor patriótico, si es que alguna vez lo fue, para resultar simplemente la puerta de entrada a celerosas inversiones y captación de capital, así como el escaparate idóneo de cara a relanzar sectores de negocio tales como el turismo y la construcción. Y, claro, ese escaparate debe permanecer radiante de principio a fin. En función de la nación que albergue la organización de una de estas competiciones que movilizan a cientos de miles de seguidores y aficionados, las técnicas y herramientas para limpiar, dar brillo y esplendor a decorados que, en algunos casos, comienzan la tarea sin saber siquiera dar lustre por responsabilidad gubernativa, provocan que el resultado final pueda estar teñido de una sociedad insoportable, que permanece con su hedor inhumano sobre los impolutos escenarios.

La UEFA y la FIFA, organismos encargados de la regulación europea y mundial, respectivamente, del negocio que subyace sobre, bajo y alrededor del balompié, han aprobado en los últimos tiempos la organización de sus competiciones más prestigiosas en países donde sólo cabía la certeza de que los plazos y las infraestructuras necesarias llegarían a tiempo para que el decorado aparentara hermosura en los cientos de pantallas de televisión que expondrían la magia del circo futbolero. Baste recordar que, tras la elección de Brasil como sede del próximo Mundial a celebrar en 2014, la organización presidida por Joseph Blatter tomó la insólita determinación de aprobar de una tacada los receptores de las dos siguientes designaciones, cerrando las sedes hasta 2022. Rusia y Quatar, dos Estados que no se caracterizan precisamente por su liderazgo en materia de derechos humanos, igualdad electoral o desarrollo de políticas sociales avanzadas, han sido premiadas por el poder del capital, con la instrucción de llegar a la cita con los estadios más vanguardistas en pie, y los hoteles y avenidas dispuestos a recibir a los visitantes de estos parques de atracciones rotatorios. Como lo hagan, es lo de menos.

La UEFA no quiso quedarse atrás en esto de mirar hacia otro lado a la hora de valorar las situaciones colaterales antes de que comience a rodar el balón y se enciendan los opacos focos del espectáculo balompédico. Una utilitarista alianza entre Polonia (miembro de la UE) y la ex república soviética Ucrania, en el ojo de mira permanente debido a sus constantes rupturas con el fomento democrático y del desarrollo ciudadano (encarcelamiento en sospechosas circunstancias de la ex Primera Ministra Yulia Timoshenko, envenamiento del candidato presidencial Viktor Yushchenko, etc.) ha supuesto la celebración de dos Eurocopas en una, provocando un tenso equilibrio dialéctico por parte de dirigentes y hasta futbolistas a la hora de participar en esta competición. Un claro ejemplo ha supuesto la declaración del capitán de la selección de Alemania, Philipp Lahm, acerca de su negativa y la del resto de compañeros del conjunto germano a estrechar la mano de cualquier dirigente del Estado ucranio por la situación en aquel país en materia de derechos humanos.

Más allá del trato que ha recibido la ciudadanía ucraniana desde la fallida Revolución Naranja, un holocausto sangriento ha venido recorriendo las ciudades que están siendo sedes de la presente Eurocopa, un holocausto denunciado con tibieza e ignorado por la mayor parte de la población local. Para asear el teatro de los sueños futbolísticos, las autoridades decidieron implantar una política de cruel exterminio sobre perros y gatos callejeros, utilizando métodos de extrema crueldad de cara a rematar con la mayor velocidad este asqueroso genocidio en nombre del negocio de los hombres. Hasta que la asociación PETA denunció internacionalmente las atrocidades que se venían cometiendo, se estima que más de 250.000 animales fueron sacrificados en el repugnante altar del Olimpo balompédico, 20.000 de ellos en la capital del país, Kiev. Hornos crematorios ambulantes supusieron los campos de exterminios de todos estos seres indefensos, atrapados y retenidos en gigantescas bolsas donde morían asfixiados o heridos. Los que lograban sobrevivir perecían al ser arrojados vivos a temperaturas superiores a 900 grados centígrados. En otras localidades que no disponían de instrumentos de eliminación tan sofisticados, se ha procedido de cualquier atroz manera a cumplir este sangriento cometido: fusilamientos, envenenamientos masivos, cualquier fórmula miserable por encima de utilizar un minúsculo porcentaje de los presupuestos asignados a la organización de la Eurocopa para implantar una política de esterilizaciones y centros de acogida, una acción que acercara a Ucrania a la intención de convertirse en una sociedad avanzada, respetuosa con todos los seres vivos que en ella participan.

A pesar de las denuncias, que obligaron al gobierno ucraniano a asegurar que se habían detenido las matanzas y los métodos despreciables utilizados para la carnicería, observadores de diferentes organizaciones en defensa de los animales aseguran que éstas prosiguieron para que el espectáculo continúe, para que el deporte rey elija a aquél que detentará el cetro europeo los próximos cuatro años, mientras nuestra capacidad de ahondar en una sociedad más justa y sensible con nuestro entorno pierde todos los partidos por goleada.