Pirómanos con hidroaviones

Una frase así debe haberse repetido por cientos, a lo largo de la tarde-noche de ayer, en otras tantas barras grasientas de aquí y allá. Pero también desde la Casa Blanca, así, tan cerca de un botón nuclear y tan lejos del sentido común. No resulta necesario disponer de complejos conocimientos físicos para llegar a la conclusión, sin alcohol ni pollo frito por medio, de que lanzar toneladas de agua en zona urbana y sobre una estructura de cierta fragilidad, con madera y piedra a altísimas temperaturas es, cuanto menos, una idea de garrafón.

Incendiar las redes ha dejado de tener un sentido excepcional desde la llegada de Donald Trump a la jefatura de Gobierno norteamericana; ahora es un rescoldo permanente que se azuza para revitalizar en llamarada cuando cae la noche en Washington. Pero para el magnate neoyorquino ayer llegó la doble pirueta digital, la más difícil todavía: Hacer arder el sentido común a lomos de un hidroavión. En realidad tiene sentido, como amigo de lo breve e inmediato, una respuesta así, como de arcada a la hora en que ese pulso agrio te hace arrugar las sábanas, tan lejos de la vigilia para advertir la sorpresa. Trump, aunque su inmutabilidad facial lo contradiga, se sabe propenso a las impresiones; no habría, de lo contrario, otro motivo para que emergieran de ese modo ocurrencias sin alma ni razón día tras día, tuit tras tuit.

Claro que hablamos antes de barras de bar y, en eso, bajo los Pirineos hay cierta maestría, un palpable dominio. Lo de opinar con suficiencia, se entiende. No obstante, se aprecia el refinamiento argumental, superando la versión alada por algo más de andar por casa, menos estruendoso y que se aleja de ese exhibicionismo yankee insultantemente grotesco: Mucho mejor las hélices de un helicópero, batiendo a diestro y siniestro llamaradas para que, mientras el agua se entrega con energía a menoscabar cimientos, el fuego se recree en su destrucción capitel arriba, balaustrada abajo. Lo que intentan conseguir estos tuit sobre las mentes blandiblup que nos hemos otorgado, vamos.

Pero como rectificar es de hispánicos sabios, Soto dejó atrás tanta conspiración de media noche, tamaña sugerencia técnica al cuerpo de bomberos de la capital francesa y se lanzó a la disculpa casi regia, que desde Botswana se ha vuelto entre las clases pudientes algo muy rojigualdo.

“Luego me enteré que es una barbaridad”, dicho en alto, debe sonar como apoplejía cultural en coma puro. Es tan curioso la adicción a ciertas redes sociales que lleva a gente que mantenía la simpatía con rima a convertirse en víctimas de su propia incontinencia. Pero claro, cuando a la segunda pirueta siempre hay tiempo para un mortal agrupado más:

Por si las moscas. El “Ahora escucho” es a twitter lo que “Muchos especialistas afirman” en el debate esotérico, sin dejar pasar el “la gente quiere”, en lenguaje político sin descifrar. Las frases en formato condicional son la fortuna de la ignorancia, siempre con la tapa del cofre abierta. Y es que actuar así debe resultar de todo punto liberador: No sé, imaginemos, dejemos la mente hueca para que pase por ella corriente de primavera, con rachitas frescas o tibias sin lograr calentar la vía depaso: Algunas de las principales fortunas galas ya han anunciado donaciones por un montante superior a los 300 millones de euros ¡En menos de 12 horas! Filantropía de la reconstrucción, sin necesidad de bombardear primero, un avance en la civilización del negocio inmobiliario. Y mejor aún, sin plantearse las oportunidades de un solar a la orilla del Sena. No hay prejuicios para el holocausta capitalista, salvo que con los muros, por humeantes que estén, de la iglesia haya que topar. Por eso los Carrefour siempre caen a tiro de extrarradio.

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La infecta noche

A estas alturas de la semana, y salvo que habite en un entorno rural extremo, con una climatología enlazada con el ánimo más fervoroso por el rechazo a cualquier tecnología de comunicación con pretensiones de sofisticación superiores a la pluma de ganso, es más que absolutamente probable que haya tenido que visualizar y escuchar esta terrorífica escena:

El programa “La Sexta Noche”, tras más de un año de emisión, se ha consolidado en la parrilla nocturna de los sábados a través de una apuesta al principio arriesgada, esto es, el intento de mantener frente a la pantalla al espectador con un producto de actualidad política a digerir durante más de tres horas. Debe ser la algarabía por sortear la daga de la cancelación en la primera etapa, y la consiguiente irreflexión para explorar nuevos escenarios de divertimento, lo que ha llevado a cimentar como base del ánimo polemista, acapador de televidentes irritados pero sujetos a la dosis de morbo bidireccional, a un tridente de periodistas dispuestos a superar cualquier barrera de educación y respeto por el diálogo sereno con tal de defender a capa y espada cualquier consigna que venga bien remunerada en los faldones y banner de sus correspondientes medios. De Francisco Marhuenda y su boletín sin lectores ya se ha escrito cualquier cosa, y una letra más supondría redundencia nauseabunda; Eduardo Inda, tras dejar Marca como los chorros de la hojalata, más parecido a un folletín de variedades que a un diario deportivo (si algo así puede llevarse a término sin inventar polémicas entre medias de que corra el balón para alimentar la gordura del kiosco), regresó a El Mundo con mayordomo y sin necesidad de arrimar la caspa a la pescadilla que le muerde permanentemente la cola; es sonreir frente a la cámara y disponernos a un buen trago de fanfarronería patrocinada. Así son los medios, de eso comen la gran masa de periodistas que hoy se dedican a las relaciones públicas, no a la información.

AdaColauPero aquel Craso de la requemada figura que es Alfonso Rojo merece capítulo aparte, más aún sobre esa estocada a cualquier principio de corrección en el debate y la serenidad que se presume al que busca el diálogo y, por lo tanto, debe desterrar lo barriobajero. De Ponferrada navegó sin mar hacia la luz pública a través de corresponsalías de guerra que pulieron esa otra fama anterior al teléfono móvil, la conexión permanente a la redacción cuando se encuentra uno en lejanas tierras, inhóspitos conflictos, consistente en tratar por igual de héroes a todos los que se la jugaban en medio de escenarios bélicos: algunos entre balas, otros entre aperitivos; los más en la trinchera, los menos mullidos en la recepción del hotel, poniendo el oido donde otro había colocado su frágil destino al servicio de la profesión. De esas carnicerías, no obstante, regresaron todos con las mismas cicatrices, y algunos en base a famas desmerecidas ocupan asientos en prime time, dejando el gatillo sin el seguro puesto.

En change.org más de 65.000 ciudadanos han participado para solicitar a La Sexta que no invite nunca más a Alfonso Rojo, al insulto. Pero intentar sonrojar a Ada Colau por una cuestión ajena al debate, en la diana de lo personal desde la óptica más barriobajera que ni se puede suponer a un profesional de la comunicación que se precie, a un ser humano que mantenga un nivel de buenos modales en la media (y miren que la media no anda escalando, que digamos) no va a eliminar la vía que ha emprendido un programa que, como toda buena intención, perseguía poner en la diana del interés televisivo la actualidad política y social y, en la actualidad, no ha dejado de convertirse en el griterío de turno en donde el contenido carece de importancia. El escaparate, no obstante, todavía incita a determinados ciudadanos con algo que contar a adentrarse en su plató para poder amplificar cuestiones de interés. Con asuntos como éste, con el show por encima de la idea, no se puede esperar menos que una desbandada a corto plazo de cualquier intervención digna. El resto, como ocurre en la gran pradera televisiva, sólo es ruido o reproche.

El cuento del lobo desértico

Siria2Si su sensibilidad geopolítica le provoca un zumbido impenitente desde que cualquier reflexión sobre los hechos sucedidos y a suceder sobrepasan la bipolaridad más soportable, los muertos catalogados en buenos y malos que permiten conciliar el sueño sin más preámbulos morales, posiblemente este texto no sea digerible en su atardecer reflexivo. Sí, claro, vamos a adentrarnos un rato en Siria, sin drones ni misiles de medio alcance con regusto selectivo, sazonados con esa carga democrática que alivia la tiranía y esparce su bombardeo expiatorio con la delicadeza de un bisturí de carta magna y muy demócrata mío.

El planeta, en este instante, está plagado de niños mutilados y desmembrados, mujeres reventadas por falos rabiosos, cebados de semen en desbandada furtiva, territorios en armas sin justificación siquiera primitivamente territorialista, primaria. Todas esas atrocidades surgen del mismo poder, de las rendijas que son balcón con vistas a la opulencia del capitalismo occidental, presa de su monopolio justificador tras dos décadas sin enemigo a la vista a quien echar culpas de manera global. Ese mismo poder, que financia a diestra y siniestra rostros recios o amables en función de las letanías ciudadanas, se aburre de cebar sus graneros y bodegas por el mero hecho de acumular, ya que el capital es hijo bastardo del poder, y necesita el vicio del control, del juego a gran escala. No es esto más que un inmenso Risk en el que caen y se levantan ejércitos con apariencia de plásticos deformados, inertes. Lo que a diario ocurre en la práctica totalidad del continente africano y vastas extensiones de Latinoamérica, con guerrillas fortalecidas para proteger al dios coltán, a la diosa litio, no son genocidios porque la realidad sanguinolenta no es muy de llegar a las primeras planas del sector del papel diario, parte insignificante de los emporios que hoy ansían la guerra fría en el desierto, la tensión del Estado fallido que les laissez faire, laissez passer sus materias primas, sus carruajes sin cuatreros.

Siria1Bashar Al-Asad y señora han sido, hasta escasas fechas, protagonistas amarillentos del folio más coloreado, el de fin de semana, el que acompaña el combinado en las tumbonas selectas, como una pareja ejemplo del refinamiento de una cultura que igual se vilipendia como se enaltece. El que manda sabe jugar a llamarte ayer árabe y hoy moro; hace unos días Presidente, actualmente sátrapa. El ministerio de la verdad domina la neolengua mejor que nadie. De palacio inmaculado como telón de fondo, el primer ministro sirio ha visto deshacerse el escenario para transmutarse en carne infantil depredada por ácidos y balas, por muerte de la que despelleja cualquier barrera de duda ante la obligación de ser más obamistas que Obama. Pero es la secuencia repetida, el guión que ni siquiera se empeñan en traducir para que parezca una historia nueva en lugar de un remake de final cierto. Ya debemos saber que esto no es la democracia, estúpidos, sino la economía, el control. La muerte a partir de la mentira.

Siria3Siria, tan lejos de nuestra verdad y tan cerca de Israel, tan en el amino de las materias primas que unos quieren transportar y otros poseer, supone desde hace dos años la víctima tensa de un lobo estepario que se asfixia a través de dunas que no le corresponden. Parece ser que hoy ha de llegar a su destino, así sea exhausto de legitimidad, con colmillos de bárbara justificación aún punzantes, candentes. Nuestros representantes, una vez más, nos recuerdan cuan poco estiman trazas de inteligencia de quien dicen representar; unos muertos sin autor, aquellas prisas porque dos años no son nada y cien mil supuestos fallecidos menos cuando de obviar a la ONU se refiere, y a enviar drones y balacera visca para democratizar el crimen, para abrir paso a más inviernos árabes en busca del frio de la Historia.

Un descanso agotador

Poner distancia ante tantos frentes rugosos, por un período que no podría considerarse en tiempo real ni un intermedio balompédico para recobrar las sales existenciales básicas, está visto que vale de bien poco. Actualmente los balones de realidad se lanzan sobre nosotros con masa de titanio, a toda velocidad, aunque nos intentemos ocultar en el vestuario, a oscuras, meditando como regresar ante los focos con alguna táctica que nos permita soñar en la remontada o, al menos, en maquillar el resultado, para que los silbidos dejen paso a la comprensión, a la confianza en próximas jornadas.

Agotador1Aunque cualquier necesidad de calma humana tuviera a su disposición la autoinducción de un reparador sueño social, al despertar, las mentiras de plasma y la violencia intolerante seguirán allí. Semanas después, Dolores de Cospedal regresará al atril, con la soberbia de costumbre, disfrazada de una Bernarda Alba de baja talla, ojeras en ristre, con la pretensión de un desmaquillaje que elimine las preguntas incómodas, en una simulación que pretende cobrar de una tacada. Lo mismo de siempre, la agresividad de costumbre.

La indignación popular continua in crescendo, levantando el tono y el ritmo a la misma velocidad sanamente estridente con que la clase política canovista se empeña en jugar a ser invisibles a la realidad, en repetir el discurso que les conservó en la falsa opulencia de antaño. Ahora la calle es nuestra, con la valentía de los últimos recursos, el conducto estrecho por el que se han obstinado en conducirnos para jugar a la guerra de los insultos. Miran a Venezuela y hablan de un país fracturado; ellos, que lo polarizan todo, que se empeñan en soliviantar a sus últimas huestes diciendo que los desahuciados a un alto tipo de interés no son más que filoterroristas que pretenden mancillar su paz social, la de los que resisten pasivamente.

Agotador2Saltamos nuevamente al terreno de juego y frente a nosotros nos topamos con la misma alineación, inalterable, a pesar que no son capaces de dar pie con bola: una con fiestas pagadas en comandita corrupción; otra que defiende a golpe de virgen; un justiciero en pos de rescatar el aborto clandestino y los matrimonios indisolubles; el interior que sigue a la ley de su dios para él y para el resto; aquel volante exterior que ve la paja en el jugador ajeno; y todos comandados por un portero ciego y sordo, que prefiere el puro de palco a bajar al césped. El resto del equipo, ni está ni se le espera. O nos ha destrozado la red a puntapiés y nosotros seguimos pensando en el average.

¿Y el teórico árbitro de la contienda, cómo lo lleva? Pues confirmando el nefasto nivel de costumbre, con la complacencia de sus asistentes y demás parentela. La Jefatura del Estado parece agotada de una impostura de tres décadas, de una falsa campechanía que ya le resulta tediosa y, con ese cansancio de fingir, todo el castillo de naipes e infantas han ido rodando hasta dejar las postales veraniegas y navideñas en una mala instantánea de instagram, tomada en posición horizontal. No hay mentira que dure una generación ni sociedad que lo resista, y esto de la impecable Transición ya quedó superado, confiemos que por fin, no por dios. Lo cierto es que volvemos a abrir los ojos tras una hibernación a destiempo y dan ganas de seguir, perezosos, buscando el sueño que no nos despierte de una mentira resquebrajada. Esta etapa ha muerto, viva el futuro de vencedores sin vencidos.