Desbandada etimológica

Populismo1Llevamos demasiados días, meses, y los años que nos pueden quedar, recibiendo puñaladas léxicas desde todos los rincones, pero particularmente desde una suerte de extracto humano que parece gustar de disfrazarse con ropajes propios de antílopes sociopolíticos, al efecto de abandonar por completo cualquier atisbo de credibilidad en su oficio (hace demasiado tiempo que resulta difícil encontrar a representantes públicos que se tomen esa consideración con el ánimo temporal que tal designación merece) y entregarse, sin pudor ni miramientos de ninguna índole, a esa máxima electoralista de “repite una mentira, que en el ambiente puede quedarse revoloteando con apariencia de media verdad”. Sin ir más lejos, hemos vivido las recientes elecciones en Grecia como si supusieran una extensión de nuestro acopio plebiscitario, y en estos días hemos recibido desde la práctica totalidad de los medios de comunicación mass media y no tan media el incostatable calificativo de “izquierda radical”, para referirse al sedimento ideológico de la formación política ganadora en los comicios celebrados en el país heleno, Syriza. Y tan panchos.

El radicalismo como posición colectiva puede sonar, de primeras, a acciones poco dadas a la mesura. Por tanto, traslada una sensación de inestabilidad, aderezada con riesgo y hasta violencia. No resulta baladí el uso de una terminología así en los tiempos que vienen frenando, toda vez que las grandes fuerzas conservadoras y socialdemócratas del continente europeo han plantado sus respectivas tiendas de campaña en similares praderas: equilibrio, moderación, reformismo controlado. De este modo, se pulveriza el régimen definitorio de los términos en tanto en cuanto se pretende contraponer manera de construir sociedad a partir de dualismos básicos. Radical era la formación liderada por Lerroux, y nadie en su sano juicio puede imaginarse a una horda de rojos feroces capaces de suspender la autonomía de la Generalitar, o enviando los tanques a aplastar las insurrecciones proletarias en Asturias. Pero hoy, como el tiempo pasa sin dejar poso en la memoria intergeneracional, calificar a la formación de Alexis Tsipras como de extremismo marxistoide o radicalidad cavernaria supera el filtro y se enquista en el vocabulario cotidiano. Recuerden pues que lo que ayer era socialdemocracia hoy puede representar el bolcheviquismo de más rancio abolengo.

Populismo2Pero de todas las majaderías a propósito del lenguaje que se vierte sobre la corteza política, el término “populismo” es el que parece ha conseguido germinar con mayor abundancia de flora colorida, capaz de distraer a la muchachada con derecho al sufragio activo. A partir de la irrupción del fenómeno “Podemos” en el concurso electoral, cualquier propuesta que pretanda abandonar la resignación en el plano de la fragilidad socioeconómica y la vulneración de derechos, libertades y garantías ciudadanas arroja el resultado instantáneo de calificación populista. Y a otra cosa. El calificativo en cuestión no contiene, en puridad, más sustancia que aquella que hace referencia a cualquier situación relativa al pueblo, entendido éste como cada uno quiera verlo o pretenderlo. Probablemente, la silenciosa alianza del Partido Popular y el PSOE en las alturas de la representación política haya contribuido a repetir como un mantra el término, pero da la sensación que estamos ante un “donde ví popular digo populismo”.

Populismo3El sufragio universal impide que los partidos políticos en liza restringan sus mensajes a un determinado estrato ciudadano, entendido éstos como capas separadas por la capacidad de acumular bienes y expectativas de riqueza. De este modo, el que esté libre de una vocación populista, esto es, de afirmar que se vive por y para la defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo, en abstracto, que abandone el primer escaño. Todos los son, y cabe afirmar que las escuadras que hasta ahora han gozado de mayor representación en las diferentes instituciones, practican el innoble arte de prometer sin concretar a través de un mayor currículum demagógico, ora sea por las habilidades perfeccionadas a lo largo de las legislaturas, ora por la comprobación de que las consecuencias de la mentira no producen más que un más que soportable turnismo canovista. Lo incontestable es que mientras se reproduce a conciencia esta suerte de analfabetismo político calculado, la lengua patria arde en llamas frente a lo flamígero de las respuestas en desbandada.

Dudas a raíz del No Rescate

Luis de Guindos ha sido el encargado de anunciar, a la hora prevista y en el sitio señalado, que algo no andaba bien del todo. Pero, precisamente, la evasión permanente de los términos, las trampas léxicas, así como el altavoz utilizado, constituyeron las únicas y anécdoticas diferencias con el escenario previsto.

La primera duda que ha surgido en la opinión pública ha sido ésta, precisamente. ¿Dónde se encuentra el Presidente del ejecutivo en el momento de comunicar a la sociedad algo de tamaña gravedad? Pues es sencillo: dejando hablar a su jefe. Si convenimos que España es un país técnicamente intervenido desde finales de 2010, cuando el anterior gobierno anunció el severo plan de ajustes inicial, lo propio es que sobre Rajoy mande un tecnócrata al servicio del capital, como ocurre actualmente en Italia sin tanto carnaval, y pretenden que se instale en Grecia si esos locos helenos continúan haciendo uso de la democracia y votando en conciencia. Pues bien, que es el ministro Guindos, si no? Él mismo se encargó de darnos una sonora pista hace pocos días, durante el nombramiento del nuevo gobernador del Banco de España; de Luis María Linde destacó, especialmente, su bajo perfil político, como si eso resultará ser, para un supuesto político, una virtud. De este modo, la máscara bajo la que asoma el anfibio rostro ocultado se ha desintegrado por completo durante la rueda de prensa que celebró ayer: Él manda y Rajoy cumple su sueño de ser Presidente, sea al precio que sea.

Y es que sobre su agenda y su protagonismo real en el acontecer del ejecutivo nacional, surge la segunda de las cuestiones. ¿Será verdad, tendrá tanta desfachatez el esquivo Rajoy, como para presenciar en directo el encuentro entre España e Italia esta tarde en Gandsk? Pues dependiendo quien se alce como su espontáneo portavoz, tendremos respuestas distintas. A esta hora de la mañana, la agenda de La Moncloa no dice lo contrario, así como su presencia ha sido confirmada por la práctica totalidad de medios de comunicación, entre ellos Telecinco por medio de su redactora Sara Carbonero. ¿Y qué interés especial tiene resaltar este nombre? Pues porque su actual pareja y cancerbero titular de la selección española, Iker Casillas, se encargó ayer, durante la rueda de prensa previa al encuentro, de desmentir la presencia de Rajoy en el encuentro, declaraciones recogidas por el periódico ABC, entre otros. Sólo faltaría que el líder de los populares no sólo hundiera España, sino también a la pareja más chic del panorama ibérico. ¡Por ahí no pasan sus votantes, amigo!

Tercera duda que nos corroe. ¿Si obvian el término rescate con tanta obsesión que parece que desean extirparlo del diccionario de la RAE, por qué razón debemos suponer que esta exclusiva solución dispuesta por la UE es más beneficiosa? Según las explicaciones puestas ayer sobre la mesa, parecería que nos encontramos frente a una generosísima póliza de crédito, a intereses de risa y a disposición de la empresa España para cuando tenga algún desajuste de tesorería. Qué cosas, parece tan ligero el panorama que hasta deberíamos preguntarnos porque no hemos ido antes a la sucursal de Bruselas a negociar este instrumento. Pero esta es la trampa para incómodos ratones y sólo están esperando que atrapemos el queso para que la víctima no tenga escapatoria. La letra pequeña de esta nueva fórmula del laboratorio financiero perverso no hemos tenido ocasión de leerla, a modo de analfabetos rescatables frente a preferentes soluciones. En primer lugar, porque todos sabemos qué entidades van a tener que hacer uso de la disponibilidad de esos fondos, y en todas ellas convergen desastres monetarios producidos por la especulación, la ambición, la codicia y la incapacidad de sus politizados gestores: NovaCaixaGalicia y los sueños de Feijoo de poseer una banca gallega a cualquier precio, CAM y sus despilfarros corruptos continuados ó el experimento Bankia, con siete cajas controladas por el PP y cosidas a toda pastilla para disolver las responsabilidades particulares de cada una, en una carrera de fondo hacia el estropicio financiero. ¿Qué hay o habrá otros casos en las próximas fechas? Es posible. Pero fundamentalmente estas miserias son las que nos harán acudir, raudos, a meter la mano en el cepo con olor a celulosa de algodón. Si, tal y como Luis de Guindos afirmó ayer, la situación es realmente una solución pactada gracias a la brillantez de su equipo de economistas y la clarividencia solidaria de su partenaire en el BCE, tampoco se comprende qué les ha llevado a optar por una póliza de 100.000 millones, una cantidad a primera vista muy superior a lo necesario para ir tirando hasta fin de mes. Nada bueno, sin duda, puede suponer; por Bruselas, que se sepa, manejan mejor la calculadora que en la torre inclinada de Plaza de Castilla. En cambio, todo indica que ese montante ya nos debe advertir de inmediatas y desastrozas informaciones de quiebras y fallidos bajo Los Pirineos.

Una última e inquietante duda. ¿Cuánto vamos a esperar para sentar a los malhechores ante una justicia objetiva?

Actualización vespertina: Finalmente, al resuelto Mariano Rajoy le ha dado tiempo a leer unos folios redactados por su equipo a toda pastilla, coger un avión privado con su vástago primogénito, poner cara de futbolero despistado, mantener una reunión en el descanso con el presidente polaco mientras el nene compraba las chuches, poner caritas a la pareja heredera a ver si le rescataban una sonrisa, y volver para ver mañana, en su anónimo almuerzo, el final de Roland Garros, suspendido por una lluvia que ha conseguido provocar merced a otra de sus habilidosas negociaciones europeístas. Qué desagradecidos los vasallos ibéricos, que a estas horas pueblan plazas y avenidas pidiendo que no vuelva, que se dedique a negociar su reincorporación al puesto de registrador que le tienen todavía reservado.