Derecho a la ensoñación

Érase que se era un Estado-Nación mal habituado a residir entre desconchones y grietas tan antiestéticas que, de cuando en cuando, recordaban el riesgo de fractura desde la base hasta el vértice de sus cimientos poco porosos. Entre los límites geográficos de esa unidad de destino en lo irracional (vale, denominémosla España, que ahorra caracteres que es un primor), había que por ahora habíase un gobierno (minúsculo en sus minúsculas) y hasta un presidente (diminuto en su diminutez), con mucho trapo pero poca lengua. De la extranjera, que no de la extemporánea, sobrado de ésta de la punta al trapo. Pues ocurría que le ocurre sortear fronteras (de pega, territoriales, productos de la egoista condición humana. Ninguna interior, no se sofoquen) y el alma tolerante, la prestancia por la libertad alimentada con esteroides y la faz (sin tics, desencajada pero con los párpados enhiestos) ínclita, ella misma orbitando en posición de busto romano sin toga, convertían su presencia internacional en un replicante mal armado para las respuestas, pero inmutable en su silencio aventajado para no tropezar, para que los adoquines no se levanten sobre arena de playa.

??????????????????????????????????????Nous sommes tous Charlie y en esas se atribulaba Rajoy, expedito en tareas de evacuación de las intolerancias internas mientras cruzaba brazos con otros tantos de dudoso linaje exentos de rojizo atuendo, tal vez no tanto a través de la piel política. Pero a la vuelta de excursiones como las que posicionan en primera línea la antítesis del fracaso estratégico, el derecho a la ensoñación torna en pesadilla, se disgrega la voluntad del ser frente a la imposición del estar. ¡Libertad de expresión, qué sabia recomendación! Hoy en día se sigue repitiendo como un mantra que protegemos frente al golpeo externo, una especie de mantra que recubre la exégesis necesaria en cuanto algo decimos, pero no queda nada claro si hacemos, si residimos en su esencia.

Ensoñación2Y eso es así porque resulta de incómoda digestión enarbolar a pachas la banderola gigantesca para parapetar el libre acceso a decir y defender aquellas determinaciones humanas que considera un concreto grupo social legítimo en su impulso y, nada más tomar tierra en la patria inconexa que minúsculamente se dirige, reforzar el respeto al silencio debido: Abogados en trena, defendidos en suspenso, terroristas todos. No hay paz para los postcondenados, no hay ligereza en la pantalla inconexa del “si tú me dices ven, te encierro todo”. Es hecho de particular evidencia en el plano jurídico que sin soporte defensivo no hay causa que merezca la consideración democrática de tal ficción humana. Pues hoy, todos a la carcel. Si hay delito desde la raíz letrada, ¿hoy era el día de pronosticar el suspenso del proceso debido? Reza la prensa menos edulcorada que los delitos que se le imputa al cuerpo de abogados del entorno de Sortu vienen con harinas de otro costal pero los perros suelen transitar sin hueso. Cuando el término “terrorismo” hace acto de presencia allende cualquier gota de agua, algunos parecen sentir el abrigo más reconfortante para jugar sin reglas en el tablero que sigue desconchándose. Hablar de paz es oler a derrota, deben pensar; un grillete a tiempo, un tiempo agrietado.

Ensoñación3Debe ser que como queda poco tiempo para emprender más reformas sobre no ya las imperfecciones propiamente hechas, sino tal vez para impedir una aluminosis metastásica, se coge gusto en el desconcierto universal de amenazas generalizadas, con ese enemigo común inconexo pero disfrazado con ropajes de textura simétrica, para poner paños ardiendo frente labios y lenguas y cuerpos y gestos y ánimos. Frente a todo. Frente al país mismo, desgarrado, hecho añicos, jirones, trizas, polvo contaminante que evapora ácaro contra ácaro. Y no es plan. Ley mordaza, ley que sueña con el sueño del silencio. Multas como recetas, que funcionan a modo de trampolín para negar la mayor siempre y cuando el primer paso exista, si hay salvoconducto no hay delito. ¿Qué usted se muere víctima de Hepatitis C? Si hay receta, hay medicamento. ¿Qué le parece que la cultura está hecha unos zorros? Si usted aprovecha mi aumento de subvenciones, yo graciosamente le aplicaré mi porcentaje de IVA correspondiente. Y así, poco ladrillo resta para que el hormigón quede a la vista.

Disquisiciones veraniegas (II)

En los meses que cada vez para más gente son de asueto perpétuo no se crea empleo. Cualquier cifra que pinte sus labios con intenso color de esperanza brillante a ojos de políticos lascivos no es más que el reajuste macrolaboral de una realidad que debe ampliar sus miras a años vistas o, al menos, a esos doce meses que nos hemos inventado los humanos sirve para cuantificar todo lo terrenalmente incontrolable. Menos aún resulta de aceptación para la honradez vital sacar pecho y maracas rumberas contando falsedades a medias. Resulta de todo orden inaceptable que se propugne con la deshonra de un duelista en desbandada suertes de recuperaciones económicas, de empleo a manos llenas, cuando la creación neta de puestos de trabajo, por sí solo, ya ni siquiera es para el verano. Ni para la abstinencia de esperanza.

En primer lugar, uno de cada cuatro empleos que se ha creado en los últimos meses tiene una duración inferior a una semana, con lo que el mismo ciudadano puede contar, a efectos de orgasmo ministerial de la devota Báñez, como tres empleados en uno en el mismo plazo de treinta días, lo que pega pero no junta. Y, claro, le vale para hacer su casita de papel pero no previene para cualquier brisa que anuncie su llegada en lontananza. Por otro lado, el silencio de las buenas nuevas hace un acto de presencia transfronterizo, con guardia a ambos lados de la verja política, cuando de callar el número de exiliados se trata: Más de 200.000 ex cotizantes de la Seguridad Social que han tomado las de Villadiego, ergo para la filosofía popular significa otros tantos problemas estadísticos menos, ya que ante el vicio de no pedir empleo está para ellos la virtud de hacer como que ni nacieron por los alrededores de Ponferrada.

Y para finalizar la estadística completa de esos fuegos de artificio tan del gusto de quien deja en manos de la virgen del Rocío la economía doméstica a jornada sin descanso, la media de horas de trabajo por contrato formalizado en esta última etapa se establece en diez por trabajador, con lo que por cada puesto de trabajo indefinido y de 40 horas de duración, lo normal es ahora realizar cuatro, de carácter visto y no visto, y nuevamente al circuito de creación-destrucción, que es como masticar un bistec, soltar el buche y volverlo a engullir, aunque suene repugnante, con la imaginación perniciosa de que estamos comiendo dos por uno.

Evidentemente estas coartadas las utiliza con conciencia de causa, pero sin ningún cargo de conciencia, el ejecutivo del Partido Popular, ya que cualquier estadística puede publicarse imprimiendo sólo los quesitos que emitan mejores destellos. Los otros también existen, y juntos expulsan una realidad espantosa. Pero ya se sabe, mientras el tiempo corre, cabalga la esperanza. Aunque esta sea de unos pocos, y con tan mal gusto.

La guerra del petróleo canario (IV)

Petroleo8Los años pasan pero las desgracias permanecen. Hace más de dos cursos que, a través de una trilogía que analizaba el plan, los personajes y su fondo normativo, nos hacíamos eco de aquellos primeros pasos en los que la privatizada y multinacionalizada compañía Repsol recuperaba un interés silenciado por realizar sondeos en posiciones cercanas al archipiélago canario. Para tal fin, nada mejor que un ministro ambicioso, del terruño objeto de la discordia, y bunkerizado en un gobierno con una habilidad para potenciar su sordera ciudadana desde cualquier ángulo de altavoz social. Y es que José Manuel Soria no sólo se caracteriza por haber dado sus primeros pasos políticos en las islas (¡Y que pasos, oiga!), sino más bien por los últimos, titubeantes, que protagonizó antes de marcharse a la capital del reino para poner tierra y, sobre todo, mucha agua de por medio con su otrora socio de gobierno, el nacionalista de baja intensidad Paulino Rivero.

Como Coalición Canaria tiene a bien haber entendido su supervivencia como encaje de interesadillos a base de mantener la normativa electoral más asfixiante que pulula por el espectro jurídico nacional, a través de la cual se enraiza una perversa estructura de pactos a tres bandas donde siempre juega a caballo ganador, quien hoy es su socio en el archipiélago tiende a contradecir la conformación de mayorías a nivel estatal; así, sus amigos en las islas se convierten, legislatura tras legislatura, en inefables contendientes cuando las encuestas marcan nuevas líneas de simpatía electoral en el conjunto del Estado. Esta estructura de hechos consagrados, dispuesta exclusivamente en el sostenimiento de unas siglas mal avenidas en términos de capital humano cuando las instituciones abren sus puertas a regañadientes a los miembros coalicioneros, se expresa en toda su negrura en el hecho que nos ocupa: lo que hoy es bandera innegociable para el ejecutivo autonómico fue casi realidad con su complacencia hace prácticamente nada; debe ser que los alisios, como el siroco más tremebundo, desorienta al isleño, le arrebata en sueños su bastón de mando, le deja desasistido de memoria y de principios.

petroleo2Las puertas giratorias que empuja Repsol, presa de políticos en activo que aceptan marearse al ritmo de una ruleta rusa con pocos proyectiles listos para ser lanzados al mullido panorama de sus estructuras corporativas, son piruetas que abarcan todos los caminos de retorno, de primera vuelta, de llegada al verdadero objetivo. De este modo, el enemigo al que este fin de semana se ha crucificado en las principales localidades de las Islas Canarias, con decenas de miles de ciudadanos reclamando un modelo energético acorde a la potencialidad archipielágica (eólica, solar, etc.) y compatible con la indiscutible primera industria, el turismo, es José Manuel Soria como podía haberlo sido el ministro del ramo de diferentes siglas que hubiera estado en este instante al frente de la cartera de Industria (maletín del que cuelga, tan contradictoriamente doloroso en este caso, la hebilla del turismo, enfrentadas ambas realidades en un mismo bigote rasurado), quien sabe si con la connivencia de Coalición Canaria como en sus inicios se barruntó.

petroleo1Mañana el Tribunal Supremo resolverá las demandas planteadas por los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, así como aquellas presentadas por diferentes organizaciones y plataformas medioambientalistas y de carácter político, acerca de los informes técnicos para realizar las catas prospectivas que puedan resolver el entuerto de fondo: ¿Hay o no crudo de calidad en las profundidades oceánicas cercanas a las Islas Canarias? De ser así ¿Quién y cuando se encargará de su aprovechamiento? El negocio es la clave, ya que la dependencia energética española continuará existiendo en los mismos parámetros, toda vez que Repsol no es de titularidad pública tras su descuido a manos privadas a finales del siglo anterior. Y si el Alto Tribunal no detiene mañana esta carrera sin ganadores, las calles canarias seguirán rugiendo, con la complicidad en esta ocasión, como excepción perversa, de un gobierno autonómico desacreditado por muchos bandos. Por eso el pacifismo y la concordia se adueñan del recuento de participantes, y la manga ancha se presenta en el control de los recorridos y la protesta. También por eso diferentes miembros del Partido Popular de Canarias andan más desorientados de lo habitual, sin saber como salir de ésta en la que se han convertido, cuestión de tiempos y mayorías, en los malísimos de una película que, en los intereses que pululan sobre la indignación ciudadana, carece de héroes aunque algunos se sumen, corbata al bolsillo, a una población que nos lo quiere en primera línea.

Democracia abortada

Aborto1De la mano del ejecutivo silencioso, que no silenciado, realizamos un atareado viaje en el tiempo para regresar a todas aquellas épocas que, no por remotas, carecen siquiera del exotismo de las modas venidas a menos, de las imágenes cotidianas que, en lugar de nostalgia, nos llenan de ácaros ideológicos, imposibles de ver pero tercos en su afan de producir alergia a la libertad individual y colectiva. Y en esta sucesión de traslados forzosos al pasado de una democracia que aún no conseguía desembarazarse de sus complejos nacional católicos, arribamos a 1985, año en que el derecho a decidir abrió su puerta a modo de plazos y supuestos, manera aplaudible en base al contexto en que se enmarcaba un cambio notable en la anuencia de toma de decisiones fuera del control estatal. El siguiente cuarto de siglo ha transcurrido normalizando social y legislativamente la decisión ciudadana de interrumper de manera voluntaria el embarazo, dentro de unas condiciones y requisitos temporales, hasta alcanzar unos elevados porcentajes de aprobación en cuanto a su regulación y acomodo cotidiano. Como dato incuestionable basta comprobar la cifra de este tipo de intervenciones, que de manera regular ha venido descendiendo en los últimos años, gracias por un lado a la mayor educación sexual en la juventud, así como la utilización cotidiana de los diferentes medios anticonceptivos.

Pero cuando de deslizarnos regresivamente por una arruga político-temporal se refiere, no hay mejor tripulante a bordo que el ministro de justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ese joven viejo que hacía las delicias de un nutrido grupo de socialdemócratas despistados desde el sillón presidencial de la alcaldía de Madrid, tan dicharachero él ante los micrófonos de “Caiga quien Caiga” y formatos similares. No parece del PP, afirmaban aquellos miles que viven sobre el péndulo indefinido de la línea central en lo político y que, con su candidez ideológica, pusieron la primera e inamovible piedra de más de dos décadas de mayorías políticas conservadoras en la capital del Estado y la Comunidad Autonóma que le da cobijo. Pero al derrochador regidor se le quedó corto circunvalar y circunvalar la ciudad, así que optó por umbilicarse en el equipo justiciero de Rajoy, que con mayoría absoluta se está en un plácido estado de gestión, que no así gestando.

Aborto2Resulta burdamente paradójico como se las ingenian aquellos que se catalogan a sí mismos de liberales a la hora de deslindar su voluntad de no ser controlados en lo económico con la misma firmeza con que se obstinan en imponer su pensamiento existencial sobre el resto. Y no hablamos de desarrollar derechos que les resulten de interés, sino en cercenar los mismos a golpe de deberes sobre la voluntad individual y el pensamiento libre, fuera del control gubernamental en cualquier sistema competente en cuanto éste emana de la cesión voluntaria de la libertad inherente a la condición humana con el objeto de poner en común estrategias de protección y desarrollo colectivo, no así de ver impedido el acceso a la toma de decisiones consustanciales al propio ser que no afectan al resto del grupo ciudadano. Un contrato social con letra pequeña es lo que nos ofrece este Ejecutivo acostumbrado a pasar a la firma programas electorales que automáticamente se contradicen con la teoría de los actos propios.

Aborto3La leyenda que acompaña a Gallardón Jr a raíz de una supuesta respuesta de su conservador progenitor, que afirmó en público que si a él lo consideraban de derechas era porque no se habían topado con su vástago, queda certificada precisamente con esa tendencia a haber abandonado paulatinamente las gracejas, la sonrisa de cejas rugonas y el buenrrollismo alcaldil, para convertirse en azote primero de toda la comunidad jurídica del Estado, en un asociacionismo sin precedente de abogados, fiscales, procuradores y jueces frente a una ley de tasas que conculca de facto el acceso a la tutela judicial efectiva, amen de desequilibrar la capacidad de protección de derechos, e instaurarse después en el epicentro de un blanco y negro que desentona con el paisaje, el tiempo, la historia y el sentido de la res pública, temporal y al servicio de la sensibilidad colectiva. Gallardón ha arrebatado competencias a una ministra de sanidad en paradero intelectual desconocido, y ha armado un cuerpo legal a la altura de su miseria ideológica y la de su cohorte, de Roma a Santiago, desde un útero ajeno hasta la satisfacción propia por dejar en el mundo, en su mundo, lo que llaman vida como unidad espiritual en lo universal. La jefatura que maneja al empleado Ruiz-Gallardón ordena que todos tengamos alma desde que un espermatozoide y un óvulo se saluden a lo lejos, y si ese espíritu viene acorazado en carne enferma, dolorida, no habrá ley ni presupuesto de dependencia que arregle el desaguisado moral, más allá de la caridad que ama, irremisiblemente, aquél que no acepta la igualdad, que se abraza a estar un peldaño por encima del mayor número de indig…ciudadanos posibles. No ven el aborto como un trauma, como una decisión personal de extraordinaria responsabilidad dolorida, sino que proyectan su miseria hacia un panorama impostado en el que creen que pululan miles de mujeres que mutilan con gratuidad vida y a otro polvo en polvorosa. Es lo que sucede cuando se gobierna desde la intolerancia que hay tras las murallas, en una suerte de atalaya feudal que sólo abre sus puertas cuatrienalmente para repartir dádivas insolentes que automáticamente se devalúan una vez recuperan el cetro.

Suspenso antes del examen

suspenso1Septiembre no deja de ser antesala mohosa del comienzo real del curso. En esos últimos días, coincidentes con un alumbramiento otoñal que ya no deja hojas pero se empeña en recrear luminosas desbandadas de microondas temperaturas, rabiosas en la algarabía de las estaciones en exilio, no hay libros que desempolvar, mucho menos que forrar para lucirlos, lustrosos, ante camaradas en solfa, prestos de igual manera a hacer lo propio, esto es, germinar la envidia colectiva, de multilanzadera, para desencontrarnos en la sonrisa, en la algarabía de comenzar la época repetida que, no por ello, resulta menos florida. En este caso no; siquiera necesitamos acercarnos a los pupitres, mucho menos ver reposar su material lustroso, en lontananza nuestra desidia, a quienes realmente se examinan a nuestra costa. Estamos suspensos, exiliados, erradicados, abandonados, desterrados y ampliamente mutilados, sin respetar la terminación de huesos y extensiones arteriales o venosas a la hora de amputar cualquier conexión con la vida social, colectiva. Ampliamente deficiente es nuestra valoración individual y colectiva, sin paliativos, sin necesidad de reclamar segundas opiniones, reclamaciones docentes superiores. Antes de desenvainar escuadra y cartabón, anhelos sociales con vitolas de probo ciudadano, poco nos falta para que los barrotes hagan recorrer, con la velocidad del sonido metálico insondable, la antesala del destierro ciudadano.

suspenso2Lo sabemos, estamos conformados de esa pasta muy alejada del adecuado dente conciudadano. De esa manera nos pueden golpear, siquiera a razón de debate proyectivo en lo legislativo, sino a base de mamporro abusón realdecretivo, con silenciosos 10% de hachazo al Pacto de Toledo en forma de cobro a golpe de cama cancerígena, vuelo ultrasónico de becas que trashuman sin ánimo de regresar en la siguiente temporada a visitar el esfuerzo académico juvenil, y así un largo etcétera de extensas puñaladas frente no sólo a sus enemigos de clase sino también a aquellos inocentes cautivos de la fe en que el rico maneja con mayor sabiduría la estrechez que aquél que, siendo de su clase, exhuma desconfianza por alargar del terruño alguna extremidad para invertirla en calamidades de todas las bandas. Y, así, es oir el timbre ruidoso, estridente, que anuncia el fin del recreo, y las ganas de huir son todas unas. Y tantas. Y huimos. Y no hay verja. Y no puede haberla.

Se armó la Luiscabronera

Barcenas3Luis Bárcenas llevaba varios días toqueteando los botones de la aspiradora que, sin leerse el manual de instrucciones, sabía antes de sacarla del envoltorio que tenía potencia para succionar todo a su alrededor. Las primeras pruebas, por alguna esquina, le han dado muestras a lo largo de los últimos días de la potencia y calidad del instrumento a su alcance así que hoy se ha puesto manos a la obra y ha decidido dejar la manta impoluta de ácaros. Es sintomático que cuando se descubre la rara avis de un insecto alérgico, como es el caso, la exterminación a su alrededor es inversamente proporcional a la resistencia de su flexible exoesqueleto. Por ahora parece que la precisión helvética funciona a arreones y de manera selectiva, en busca y captura de los microbios que le han venido provocando más escozor, pero si algo es sabido en el común de la cultura popular la generalidad de las especies insectívoras no hacen ascos a compartir heces en barbecho. Eso sí, cuando uno de ellos resulta aplastado, el resto sabe poner con ágil eficacia patas y alas en polvorosa.

La desinsectación de hoy en la Audiencia Nacional ha utilizado productos de tanta toxicidad que ha dejado inconsciente tanto a Mariano Rajoy como a Dolores de Cospedal. De lo contrario, no se entiende la triquiñuela del Presidente del ejecutivo para responder sin hacerlo, teniendo como detestable aliado a un plumillas poco respetuoso con la profesión que le da cobijo; el redactor de ABC ha preferido sodomizar cualquier principio deontológico del periodismo para conservar su trabajo, aceptando primero la imposición de una pregunta pactada por parte de un director de su medio y saltándose, después, el pacto entre los colegas que cubren las ruedas de prensa en Moncloa para repartirse las cuestiones a plantear cuando éstas son limitadas y hacer de correveidile para producir una respuesta que, por escrita, guionizada y dramatizada, fue puro silencio. Aunque, como es costumbre, hasta leyendo robóticamente, con ese seseo metálico tan perturbador, lo que le han cocinado, no puede evitar dejar a la opinión pública exhausta de intranquilidad. Según Mariano Rajoy, analizada su comparecencia, la responsabilidad penal es la única que puede revolotear sobre la clase política gobernante, y como él se jacta de ser honrado se diga lo que se diga, con una mayoría absoluta en lontananza parlamentaria, pues la cara B de este disco rallado, la de la responsabilidad pública o política, no es menester de traer a colación porque su responsabilidad es seguir avanzando en la dirección que le parece a él recta, mientras una gran mayoría nos marea al verlo dar vueltas sobre su sombra. Es normal que esto ocurra cuando se gobierna más alejado de lo habitual del asfalto colectivo y el círculo estrecho, único sonido que digiere para construir su panorama, le asegura que aquí se ha alcanzado en el buen camino y, lo demás, envidia de una oposición debilitada y mezquina. Pero el despiste ya no es sobre el precio de una taza de café; en esta ocasión es el valor de una democracia adolescente lo que no se es capaz de tasar.

Rajoy2Lo más llamativo es la previsibilidad de los invertebrados a la hora de huir al olor del insecticida. El Gobierno no va a ceder al chantaje, ha afirmado, como si se le hubiera colado algún guión tras un atentado de ETA; lo mismo vale para un pisotón que para una rociada de Barceygon. María Dolores de Cospedal se ha empecinado en horario vespertino, obstinadamente, en buscar el mismo cobijo con distinto tono. Al menos a la Secretaria General del Partido Popular no le vibra el párpado izquierdo cuando miente, pero su melena alocada y la empecinada repetición de sustantivos y adjetivos no deja demasiada duda a la imaginación corrupta. Floriano, al amanecer… fue Floriano.

¿Y, ahora, qué? Ya se sabe que la eficacia de estas rociadas, aunque dejen de oler, se mantienen largo tiempo. No obstante, a algunos, desconfiados cuando el pestazo desaparece de la atmósfera, les da por repetir el tratamiento de exterminio, gas sobre gas. No parece que Bárcenas sea los que cumpla las instrucciones de empleo al pie de la letra; es un verso suelto sin demasiado oido para seguir aprendiendo lecciones de sus otrora compañeros. Y el verano no ha hecho más que comenzar a desparramar su bochorno judicial, con lo que eso despierta el apetito de los bichos.

 

La democracia de los insurrectos

Insurrectos1El concepto democracia es, para las formaciones mayoritarias, inversamente proporcional a la expectativa de voto que van padeciendo en pronósticos y encuestas como las que les intoxican en los momentos actuales. Y esto es así porque confunden el término tal cual, a secas, con esa relación léxica que tanto paladean, condensada dulzonamente en la estabilidad democrática. De alguna indisgesta transición deben venir estas confusiones, porque el gobierno de todos puede ser saltarín, egoísta, irreflexivo o hasta padecer algún transtorno bipolar fuera de fecha, pero ser estable no es consustancial, ni por asomo, a su materia gris. Todavía las bancadas más populosas son capaces de reirse frente al panorama que se les presenta, porque lo detectan alejado, remontable, pero ya comienzan a notarse los primeros signos de incomodidad, de tonos fuera de partitura.

José María Aznar ha continuado hoy, en una conferencia abarrotada del empresariado más correoso y parte de la plana mayor del Gobierno, no se sabe si en calidad de oyentes o de vigilantes, tirando a dar en busca de la relevancia perdida, la de los suyos, la de lo suyo. Pero en el disparadero acarició una bala que es también del gusto polvoriento del actual Ejecutivo: advertir sobre el supuesto peligro que entraña la inestabilidad política derivada de la fragmentación electoral. Aquí es donde se puede apreciar con interesada claridad la divergencia que acontece entre la voluntad ciudadana y los intereses de clase: mientras la inversión en publicidad e imagen se mantiene, la cosa da para ir tirando de mayorías a uno y otro lado, protestando sin protestarse. Crisis, corrupciones e incompetencias aparte, desde el advenimiento del espejismo post franquista éstas han sido sorteadas con la opacidad de las financiaciones como un dios creen que mandaba, el maná de los fondos estructurales y de convergencia, la liberalización de la ley del suelo y la venta a cachitos de las empresas de propiedad colectiva para manos cercanas y, finalmente, la creación de una empresa hormigonera sobre las trampas de desregulación protectora de nuestro terruño, a golpe de ladrillazo. Pero se acabaron los recovecos y los atajos, si bien el bipartidismo ha tenido tiempo de tejer con rigidez de acero esa estructura protectora que se desparrama desde los medios de comunicación a poderes que deberían estar para ser saludados desde la distancia, con cortesía pero sin dar la mano. De ese modo nace la soberbia por la que transitan a pesar de levantarse a escándalo y fracaso diario, pero cada golpe de metroscopia les pone en guardia, a sabiendas que queda escasamente un año para comenzar a comprobar si los quesitos comienzan a equilibrar sus colores. En esa encrucijada, los socios dejan de aparentar enemistad y se alían en la supervivencia. Los que califican como desviaciones de la normalidad institucional todo aquello que agrede su confortable espacio han liderado la mayoría, ergo se han enarbolado de los paños de la supuesta democracia de los estabilizadores (nuevamente el peligro, el extravío). Notando como resbala el comodín derretido de tantas oportunidades malgastadas su sistema ya transita hacia un nuevo escenario: la democracia de los insurrectos.

Insurrectos2Capaces de cualquier actitud ,de cualquier viraje, de cualquier impostura, con tal de conservar el redil a su vera, a la verita de todos los suyos, el demócrata que se ve menos mayoritario que ayer pero menos que mañana no dudará en ser más condescendiente con los trapicheos y torpezas de sus cuitas escuderos, que sonríen en la melancolía de saberse a salvo no por hacer una temporada decorosa, sino porque a falta de recursos no hay plazas de descenso. Ese demócrata se asomará menos al balcón sobre la plaza en permanente sombra, pero buscará hasta el ventanuco con barrotes minúsculo para alardear de la apariencia sin torre de cristal. El demócrata ve terroristas y enemigos del orden donde, en la opulencia de los votos, veía pluralidad y buen rollo; ese demócrata califica de delito lo que antes apreciaba como derecho. ¿Qué es, entonces, la democracia? Desde luego, lo que la voluntad de los comicios decidan se acerca, con todas sus benditas fragmentaciones, mucho más que la interesada estabilidad democrática de los insurrectos que comienzan a ponerse el traje de camuflaje.