Avalistas de ida y vuelta

Ángela Merkel ha confirmado en la mañana de ayer lo que Bankia ya nos había gritado al oído unos días antes:  que la gravedad de la situación española nace y sufre metástasis por la crisis de su sistema financiero y la correspondiente burbuja inmobiliaria engordada en la última década. Por lo que parece, su marco temporal a la hora de analizar esta quiebra se queda corto; la depredadora Ley del Suelo durante el primer gobierno de José María Aznar, la desincentivación del mercado del alquiler con la supresión de medidas compensatorias en el IRPF desde el ejercicio 1996, así como la multiplicación de normativas autonómicas para regular el perfil de las Cajas de Ahorros, consentidas por el Tribunal Constitucional, y que abrió la veda a la utilización voraz de estas entidades como inyectores de fondos para faraónicos despropósitos políticos, resultaron el germen más virulento que se puede depositar en un receptor inestable como el Estado Español, de cara a comprender la desgracia que hoy padecemos.

Pero quedémonos con la sabrosa corteza del rudo filete que vamos a tener que ingerir, a marchas forzadas, en el período más inmediato. Lo que viene a reconocer el IV Reich, que ha descubierto como el capital es más eficaz que las bombas a la hora de colonizar sus alrededores, es que la depresión española se circunscribe a la mala praxis continuada de un sector específico de su modelo productivo, de tal modo que la animalada monetaria que se le pretende inyectar se hará de manera indirecta, vía FROB, para que haya un garante multitudinario frente a posibles impagos: nosotros. Reavalistas de la miseria, avalistas de ida y vuelta, como prefieran colgarse la soga al cuello antes de sentir el tirón definitivo.

Hasta hace únicamente dos años, se continuaba poniendo al sector financiero nacional como ejemplo de robustez, solvencia y credibilidad a nivel mundial, apartándolo de la ecuación crítica que venía emponzoñando nuestras perspectivas. Nadie se atrevía, como sucios cómplices de una bomba de efectos retardados, a valorar el sobreendeudamiento crediticio conscientemente alentado, así como el calculado engorde de la política de tasaciones que iban amplificando una maraña especulativa desde el promotor más bravucón al ciudadano dispuesto a participar del beneficio veloz de compraventa fugaz de pisos y locales. Toda esa burbuja, detectable por cualquier estudiante de primero de Ciencias Económicas, pasó como un silbido ventoso de sonido agorero que a nadie interesaba escuchar y, pinchado el globo, el gas liberado se coló en las fosas nasales de los últimos de la clase. Pero el hedor impregnó, como de costumbre, a los estratos obedientes por obligación y así apareció una crisis que era de todo menos del capital: recortes en el sistema de previsión social, en la política educativa pública, en los servicios esenciales, fomento y activación del empleo, etc. Avalistas, por lo tanto, de una miseria no provocada, sin firma y sin notario. Sin poder leer la letra pequeña.

Subordinados como estamos a la opacidad y la política exculpatoria de todo lo que rodee a esta gran estafa, hemos venido pagando la factura a golpe de recortes y miseria en la deconstrucción de nuestro Estado Social. A día de hoy parece que en el ligero y virtual banquillo de los acusados se sientan los verdaderos culpables de esta telenovela de pandereta, pero aún así no cesan los desajustes de nuestra contabilidad pública, señalando a los espectadores como pagadores últimos de lo que viene y vendrá. Es curioso, pero cuando acudimos a adquirir o contratar cualquier producto o servicio a un establecimiento damos por supuesto, y así debe ser, que el profesional que nos atiende al otro lado de la mesa nos planteará la solución más adecuada a nuestro perfil y necesidades. Nadie espera entrar a un concesionario de vehículos con una nómina mileurista y encontrarse con un comercial capaz de agenciarle un deportivo último modelo de alta gama, asegurándole que se lo merece y que con su salario puede permitirse éso y, de paso, una motocicleta para los días soleados. Del mismo modo, responsabilizar a los ciudadanos que han tenido la expectativa razonable de adquirir una vivienda para su uso, realizando un esfuerzo en su capacidad de ahorro para alcanzar ese propósito, no puede escudarse desde asesoramientos movidos por la codicia del capital. Una vez han llegado los desahucios y la deshumanización de las condiciones de vida, primando sobre el constitucional derecho a una vivienda digna la agresión que expulsa y destierra centenares de hogares convirtiendo el cemento hogareño en esqueleto inerte, los lanzadores piden clemencia pecuniaria para proseguir su carrera hacia la maximización del beneficio. El que sea, el que las sobras permitan.

Estos cien mil millones de línea de crédito pasarán por la caja común, si es que aún existe, y volveremos a avalarla entre todos. En caso de ampliación o impago, correrán a buscarnos para exigir el cumplimiento de un contrato sobre el que no nos han pedido ni firma ni consentimiento. Y es que si Luis de Guindos nos invita a cenar y, al pedir la cuenta, se levanta raudo para ir al baño, es preferible decir al camarero que hemos encontrado un bicho en la sopa.

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Cuando Bankia se hunde, Rato es el primero en abandonarlo

Hace menos de un año, analizábamos la salida a bolsa de los dos SIP más aventajados del panorama desguazador en el mercado financiero español, Bankia y Banca Cívica. La obsesión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, por culpabilizar al conjunto del sector de ahorro de los males que venían aquejando al horizonte del crédito nacional, obligó mediante sucesivos decretos a acorralar el destino de las Cajas de Ahorros, independientemente de su tamaño, balance y nivel de riesgo en los activos. De manera libre y estratégica en unas ocasiones (las menos), y de forma orientada por planteamientos más políticos que económicos (los más), estas entidades sin ánimo de lucro fueron suscribiendo celerosas alianzas supra autonómicas para cumplir con los requisitos impuestos y buscar la salvaguarda de su destino empresarial. Tras stress test de dudosísima fiabilidad, formación de los SIP y, finalmente, segregaciones completas de activos, plantillas y actividad financiera al banco matriz, el ritmo de integración y toma de decisiones comunes fue variando según la casa y el número de tumores instalados en sus respectivos cuerpos empresariales.

Al frente de esa prueba de velocidad forzada se encontró Bankia, liderada por CajaMadrid y su flamante y reciente Presidente, Rodrigo Rato. El antiguo ministro de economía en la era Aznar y máximo responsable del FMI (de donde salió con preocupantes críticas acerca de su aptitud) se posicionó nada casualmente en el liderazgo de un rascacielos bancario compuesto por siete Cajas de Ahorros de distinto tamaño y origen geográfico pero con el denominador común de encontrarse controladas por dirigentes del PP. A partir de ahí, echó a andar un imperio financiero considerado el cuarto de mayor envergadura del sistema nacional al mismo ritmo que se comenzaba a dudar de la fiabilidad de sus macrocuentas y de la estabilidad a medio plazo de un posible gigante con pies de barro.

Esto no impidió que el ente con sede en Plaza de Castilla consiguiera superar los plazos para estrenar su presencia en el mercado secundario en primera posición, junto a Banca Cívica, insertando su poderío en el índice IBEX 35 a los pocos meses de estrenar su cotización. Esa salida estuvo reforzada por el anuncio de unos beneficios superiores a los 200 millones de euros en el primer semestre del año anterior, lo que se tradujo en una falsaria sensación de fortaleza y solidez inicial que no consiguió ocultar realidades inmediatamente posteriores conducentes a servir de detector del fango que corría por los pisos bajos del banco de Rato: acudir al FROB para obtener más de cuatro mil millones de liquidez adicional, la creación del BFA como banco paralelo para separar contablemente su inmensa cartera de créditos dudosos e intoxicación inmobiliaria, el astronómico sueldo de su cúpula directiva (Rodrigo Rato declaraba unos ingresos superiores a los 2,4 millones de euros anuales), la segregación de Banco de Valencia al detectarse una contabilidad falseada que demostraba su inviabilidad corporativa hasta ser intervenida por el Banco de España y, finalmente, la constatación de que lo declarado por algunas entidades fundadoras (Bancaja, fundamentalmente, debido a su tamaño) no concordaba con las ligeras auditorías externas y del regulador nacional realizadas antes de salir al parquet bursátil, dieron muestras de notable certeza acerca del incierto futuro de Bankia.

Pero, de igual manera que ha venido ocurriendo a la totalidad de experimentos multicajeros en esta ola de incomprensible tabula rasa de las entidades de ahorro, la entrada en el presente ejercicio, con la profundización de la crisis sistémica de España, ha hecho tambalear los mix que menos empeño han puesto en profundizar en la integración real de sus estructuras formadoras y que han pretendido ser uno ocultando la metástasis de sus órganos. Si algo tuvo que hacer sonar la campana, esta vez de alarma, en lo referente al entorno de Bankia, fue la fundada rumorología de una posible fusión con CaixaBank a finales de enero. Hoy se puede afirmar que esa posibilidad era algo más que una tentativa difusa de cara a prevenir el efectivo desplome que rondaba su plan contable, pero el bloqueo rotundo por parte del poder político valenciano y, fundamentalmente, madrileño, incapaces de aceptar bajo ningún concepto que el banco producto de sus antiguas Cajas, entendidas como herramientas de financiación de sus respectivas políticas megalómanas y faraónicas, descontroladas en el gasto y en la responsabilidad pública, fuera engullido por el poder financiero y empresarial catalán. Esa cortedad de miras, nada sorprendente hablando de quien hablamos, dejó en el inicio del camino la última posibilidad real de conseguir viabilidad a la plantilla y futuro de negocio de Bankia, algo que fue aprovechado raudo y velozmente por el otro SIP que veía como su conversión en entidad cotizada gozaba de unos pronósticos de supervivencia funestos. Banca Cívica se lanzó a los brazos de La Caixa a precio de saldo, pagando muy caro los miles de millones deudores que escondía CajaSol bajo las alfombras de la Plaza de San Francisco, agujero que detectó en menos de dos semanas una auditoría rigurosa de la entidad catalana y que había sido pasado por alto para toda la maraña de controles y seguimientos de Banca Cívica desde su fundación. Esta oportunidad desaprovechada hizo saltar la ruleta: Bancaja también demostró ser menos de lo que se suponía y otras de menor tamaño, como La Caja de Canarias, observa como planea sobre su pasado el fantasma del reiterado falseamiento y maquillaje de sus datos contables.

Nuevamente, tras las lecciones no aprendidas de CCM, CajaSur,CAM o Banco de Valencia, el Estado central se enfrenta a una falsa nacionalización que no busca la recuperación de un sector estratégico para ponerlo a disposición del crecimiento nacional, sino que supone el pago de una gestión repugnante en lo económico realizada por Miguel Blesa, Carlos Vela y, finalmente, el monarca Rato y sus virreyes del resto de Cajas congregadas bajo una marca que nunca llegó a liderar un proyecto único, más allá que no fuera para malgastar millones de sus clientes en patrocinios como la selección española de baloncesto, escuderías motociclistas y, por supuesto, dispendios con la connivencia del especto político para alegría común y desgracia colectiva; un pago que abonará nuevamente la ciudadanía, viendo como los 4500 millones provenientes del FROB se convierten en falsas acciones que pasan a titularidad estatal para controlar públicamente el proceso de limpieza del trasatlántico con aluminosis, operación que no será recordada por la inmensa mayoría de la población cuando acabe en un futuro nada cercano. El trasatlántico que nunca comprobó las soldaduras de su armazón y fue desintegrándose a medida que avanzaba en una travesía sin rumbo, liderada por un capitán que ha decidido saltar el primero al chocar con los diques de la realidad financiera. De la embarcación en ruinas ya sólo asoma la popa y no se vislumbra al capitán Rato, con dignidad de almirantazgo, hundiéndose con su navío, sino en una balsa de emergencia forrada por 1,2 millones de euros, alcanzando la costa con el uniforme impecable.

El desguace de finos utilitarios

Vayamos por sencillas partes, por una recta transición de los hechos:

– Campaña electoral, año 2008. El PSOE opta con cierta comodidad en los sondeos ciudadanos a renovar su mayoría al frente del legislativo y, por ende, a formar gobierno en solitario, sea éste con respaldo independiente en las Cámaras (Congreso y Senado), o con acuerdos puntuales junto a determinadas fuerzas políticas que respalden su acción de gobierno sin compromiso de cesión permanente de cotas de poder. En dicha campaña, padecemos la soberbia electoral del candidato a Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que viene en las anteriores semanas realizando actos imprudentes de altanería pública, con afirmaciones acerca del merecimiento nacional de ocupar un espacio en el G-8 o, como mínimo, una butaca preferente en el incipiente foro del G-20. Asimismo, no se rasga las vestiduras al afirmar que España está a punto de caramelo de praliné en el lícito propósito de alcanzar al vecino francés en el santificado índice del PIB. Hasta el alumno más novillero de primer curso de ciencias económicas era conocedor del modelo básicamente especulativo del escenario productivo español, un marco de crecimiento atrapado en su propia riqueza con forma de serpiente chupeteando su venenosa cola. Superado el escollo de renovación en las urnas, aparecen los primeros mensajes de tibia advertencia, de acelerada desaceleración, una suerte (en boca de los responsables públicos) de inevitable resfriado que exije un par de días de cama y a seguir disfrutando del carnaval económico.

– La cosa se pone fea, comienza una evidente restricción en el otorgamiento de préstamos hipotecarios y, por tanto, de creación de empleo en el sector de la construcción y de las promociones inmobiliarias. Se comienza a poner en el punto de mira a las entidades financieras, responsables primeros y últimos a ojos interesadamente desviados de la opinión pública, de un alza ficticio en los precios de la vivienda (como si nuestro modelo económico capitalista no se basara, como premisa fundamental, en el valor relativo de los productos de consumo en función de su demanda, de la posibilidad de llevárselo crudo en el menor tiempo posible y con el esfuerzo más liviano y engorroso que se consiga). El Ejecutivo central y la mayoría de fuerzas políticas representadas en el Congreso, entienden como urgente e indispensable la reforma del sistema de regulación del mercado financiero nacional.

– Pagan justos por pecadores, los enemigos engordados en el estómago propio braman consignas de cambio inmediato, a tiempo parcial, desde el redil ajeno. Se trata a las entidades bancarias y de ahorro por igual en cuanto a las cuotas de responsabilidad derivadas de un mercado primordial en la creación de riqueza nacional. Nadie advierte que el capital en movimiento es producto de un endeudamiento estrangulado dirigido a consciencia desde el aprobador y receptor, cara y cruz de un mismo escenario. Mientras, la gran banca se sienta a la diestra del pater Presidente y le susurra al oído la solución infalible al entramado irrespirable que se viene encima, ése que de repente todos detectan por arte de biribirloque. La respuesta procede, oh casualidad, de los principales acreedores de las grandes formaciones canovistas que se han venido subrogando la responsabilidad gobernante en los últimos treinta años. Consejos, al fin y al cabo, generosos y desinteresados.

– Las cerca de cincuenta Cajas de Ahorros repartidas por la geografía española son señaladas como elementos perturbadores del buen destino del flujo crediticio, filosofía inversora y, puestos al derrumbe reputacional sin retención, responsables últimos de esa debacle de la que ya vienen germinando brotes verdes que se chamuscan de inmediato, expuestos a la irradiación imprudente de gestores sin escrúpulos y despilfarro ineficaz. Nuevamente la casualidad quiere que aquellos que comienzan a utilizar los púlpitos informativos para advertir de una imprescindible reconducción de la realidad de las Cajas sean los mismos que pueblan sus respectivos Consejos de Administración en representación de las plazas en las que éstas se encuentran radicadas, orientando una política inversora basada en el retorno a misero coste de faraónicos proyectos en los que se corta la cinta con la misma tijera que se guarda a la hora de aprobar la operación crediticia de turno. En suma, una clase política que vino reformando la Ley de Cajas para asegurar su presencia en todos aquellos órganos decisorios de las mismas, indicando el destino para desmanes propios y ajenos en la cercanía y que, tras ver la luz de la eficiencia y sobriedad inversora, acusan a su propia silla vacía.

– Aparece la figura SIP (Sistema Institucional de Protección), una abstracción llamada a asegurar la viabilidad financiera de las Cajas de Ahorros, alentando la búsqueda de sinergías de negocio entre ellas y centrada en aquellas que no cumplen determinados requisitos en cuanto a sus ratios de eficiencia, volumen de negocio, riesgo de deuda, etc. Una estrambótica invención que persigue, inicialmente, la creación por parte de uniones de Cajas de un nuevo ente, en forma de institución con apariencia bancaria, llamado a liderar el negocio de cada fundador con una política única en sus territorios de origen, con creación de marca común que conviva con las restantes y evitando, en todo caso, el solapamiento de la red comercial de los integrantes así como potenciando, en definitiva, su eficiencia futura. ¿Eficiencia y mejora en los costes creando una nueva organización sin desmantelar las originarias? Parece descabellado, pero el Banco de España manda y muchas entidades de ahorro comienzan a obedecer.

– A mediados del año 2010 comienzan a darse los primeros movimientos, todos ellos de lo más variopinto: Cajas de Ahorros de mediano tamaño, con solvencia suficiente y moderación en su política de riesgos y salarios (Banca Cívica, hasta la obligatoria adopción de CajaSol), liderazgo de entidades de cierto volumen a las que se agregan satélites financieros en busca de cobijo (Bankia), descabellados proyectos con radicación exclusiva en una Comunidad Autónoma (NovaCaixaGalicia), integraciones minúsculas con el objetivo de cumplir el expediente (Unnim, Caja 3, etc.). Todo tipo de formas de entender la nueva normativa, de orientar un incierto futuro en busca de respuestas en el pozo de la desconcertante fortuna.

– Rectificación brusca: eso de un banco-faro-guía sobre el destino uniforme de matrimonios cajeros de conveniencia se torna en la obligatoriedad de segregación del total de activos, plantilla y negocio a la entidad matriz, salvo aquel adscrito a las respectivas obras benéfico-sociales. Toma del frasco, carrasco, en nombre de la santificada pero hasta ahora inadvertida consecución de la eficiencia. De un día para otro, se escrituran propiedades en nombre de las nuevas S.A., se novan contratos laborales, se redimensionan las políticas gestoras y de negocio, etc; pero, de mejora en la actividad puramente financiera, de sinergias favorables en la eficacia del método, nada de nada. Lo que sí se alumbra en partos fulgurantes es el nacimiento de una nueva clase de banqueros provenientes de las estructuras de aquellas entidades cesionarias, prestos a otorgarse sueldos astronómicos y situarse en un plano elitista en lo profesional, alejados de la noche a la mañana de sus otrora compañeros de fatigas. De igual manera, se ralentiza abordar las imprescindibles armonizaciones colectivas en cuanto a política de salarios, horarios, beneficios sociales, etc., de las respectivas plantillas.

– Muchas de las aventuras integradoras entre Cajas de Ahorros, en ningún caso voluntarias ni de manos desatadas, comienzan a desbarrancar por el desfiladero de condiciones más y más exigentes por parte del Banco de España y el Ministerio de Economía. Se advierte de la inviabilidad de aquellas uniones que no cuenten con un volumen de negocio cercano a los 150.000 millones de euros y se empiezan a colocar los acelerados plazos para enfrentar una nueva ronda de amores de pago, de roce sin cariño. Salvo excepciones muy localizadas (KutxaBank, tal vez Bankia, Ibercaja con algún amiguete de menor estatura, etc.), el resto de SIP alertan su radar de supervivencia en busca de salvación… en la cúpula. Esa camada de incipientes banqueros de amplísima nómina pero costumbres viciadas se reúnen y no se dejan de reunir en busca de un socio con el que seguir manteniendo el sillón caliente y el chófer en la puerta. La lentitud es el signo distintivo de estas rondas sin victoria a los puntos. En el comienzo del año en curso, el nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, acelera los plazos para que esos contactos fructifiquen, so pena de excomunión financiera. A todas éstas, se van definiendo las subastas de aquellas entidades de ahorro podridas por dentro, impunes por fuera. El sector bancario comienza su devorador propósito inicial, adjudicándose la bicoca del animal herido (marca, clientes, patrimonio, etc) por cantidades tan astronómicas como un euro (Banco Sabadell-CAM). Porque, claro, los 3.000 millones necesarios para cicatrizar su necrosada herida provienen de las plaquetas tributarias, la de los impuestos públicos y, así, servida limpia y sin escamas, la gran banca se va quedando con entidades que bien podrían fusionarse y, tras ese reflote con capital de todos, inaugurar una nueva y solidaria banca pública, en compromiso innegociable de no rivalizar con la actividad de intermediación financiera del la banca privada, pero desarrollando esa gestión poco rentable pero fundamental para la necesidad de ver fluir crédito a la economía más débil (familias, pymes, etc.), además de gestionar de manera directa los más de 45.000 millones del Instituto de Crédito Oficial (Préstamos ICO), y no depender de su sospechosa utilización por parte de la gestión indirecta que realizan las entidades bancarias en forma de loteros que conocen el premio de antemano.

– Hoy, día uno de la nueva crisis que vendrá mañana hasta la hecatombe de pasado, el desguace del sector de Cajas de Ahorros es un hecho. Entidades nacidas del cooperativismo y solidaridad local, sin ánimo de lucro y sin dueños, han sido puestas miserablemente en el mercado privado, otorgándoles su valor el ondulante precio de una acción cotizada en lugar de un objetivo balance o una reinversión de sus beneficios en la plaza respectiva por medio de su acción social, cultural, medioambiental o de promoción deportiva. De su ganado, cuando proceda, prestigio. Se mutila así, de paso, la creación de riqueza indirecta en base a la pérdida de centenas de millones de euros que ahora pasan a engrosar, en el mejor de los casos, departamentos de marketing y publicidad comercial y sesgada.

– Estos amaneceres del mes de marzo del fatídico año 2012 se han convertido en la línea de salida acelerada de la previsible conclusión de ese proceso de bancarización absoluta del sistema financiero español. Muchas de las entidades en guiada búsqueda de supervivencia difusa disfrutan de los miles de millones entregados por el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) sin aparentar inversiones de mejora concreta en su fortaleza inmediata. Por el contrario, e ignorando supinamente el nuevo convenio regulador de Cajas, que explicita la asunción de medidas de reordenación en ningún caso traumáticas en el empleo, comienzan a plantear, reforma laboral bajo el brazo, despidos inmediatos, cierre de sucursales, congelación salarial, desaparición de beneficios sociales, etc. ¿Con qué propósito si tienen un incierto futuro a semanas vista? Ni más ni menos que para dejar limpito el patio delantero con el objeto de que pasen y entren los dueños de todo esto; la gran banca afila los cuchillos para hincar el diente a bajo coste a aquellos rivales a los que, en muchas provincias, nunca pudieron tumbar en buena lid, en el terreno de la prestación de servicios financieros y atención al cliente. Hoy son todos suyos, están a la venta. Y barato oiga, que el desguace ha terminado.

El ansia de poder no madura en los Guindos

Nueva reforma financiera, ese titular tan impactante como vacuo a la hora de afrontar problemas largamente detectados y dejados secar al sol como calamares salados. Luis de Guindos, nuevo Ministro de Economía y viejo conocido del truculento mercadeo de valores y productos bancarios desde su alta responsabilidad en Lehman Brothers, toma su primera decisión de relativo calado haciéndonos creer que se ha caído de un idem, o que nosotros maduramos en una suerte de cerezos ácidos y tenemos tendencia suicida a precipitarnos bruscamente sobre un lecho áspero y puntiguado llamado desmemoria.

El FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) vuelve a abrir sus puertas, desparramando el venenoso maná de ayudas públicas a cambio de nuevas y celerosas fusiones. El mercado, dice el titular del ramo, necesita cuadrar sus números con honestidad contable, y ya no hay plazo para más escaramuzas en aquellos balances que otorgan un valor que no es tal sobre el activo inmobiliario secuestrado por las entidades financieras. Lo afirma, lo dice, lo grita a mandibula batiente, uno de aquellos que disfrutó como un mico hace menos de un lustro alentando el mercadeo especulativo de viviendas indecentemente tasadas por encima de su valor aproximado, que hizo negocio del bueno hasta que estalló una burbuja exhausta de aire mientras él y los suyos se ponían a buen recaudo. Desde instituciones que se han demostrado culpables sin paliativos de provocar una crisis a consciencia, tal es el caso de Lehman Brothers, las clases medias fueron arrojadas a la ilusión tolerable de un cierto progreso materialista: tasar, dar valor y, a su vez, igualar ese falso coste con préstamos hipotecarios para casa, coche, muebles y viaje, resultó el completo fraude que ha devuelto, con mayor crueldad, las cosas a su histórico lugar; las clases sociales, lejos de mantener su contracción progresiva, han comenzado a sufrir la dilatación de este big bang que resulta en la lucha por liderar la Historia.

Le han dado tantas vueltas a las entidades financieras nacionales, tantas nuevas denominaciones solapan a la vieja nomenclatura, que han conseguido eliminar de nuestro castigado recuerdo que, tras toda esa maraña de minúsculos bancos prestos a ser devorados por la santísima trinidad capitalista, todavía late la esencia de las Cajas de Ahorros. El desguace y posterior venta de aquellas entidades que tanto se obstinaron en gobernar, prostituir y orientar como un apéndice de su desmedido protagonismo voraz, otorgándose faraónicos créditos blandísimos y despilfarrando desde sus obras sociales como un monedero agujereado, no soluciona el problema de raíz, la trampa preparada desde sus púlpitos codiciosos. La última reforma es, a su vez, la conclusión de una estirpe que ha preparado el terreno para bancarizar definitivamente el sistema financiero nacional, eliminando el concepto solidario y equilibrador que impregnaba desde su fundación las entidades de ahorro. Por no hablar de la potente herramienta de generación de riqueza que alumbraba la respectiva Obra Social en los territorios de origen de las respectivas Cajas. ¿De verdad quieren reestructurar el sistema financiero? No tire al monte, no se recueste bajo el guindo de esos frutos incomibles que producen acidez a corto plazo; muy cerca de aquí, cruzando los Pirineos, tiene la respuesta a sus jaquecas. Tan sencillo como guiar desde la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros) una macrofusión hasta obtener una única y gran Caja a nivel nacional, con orientación de servicio público y sin afan competidor para con la Banca privada; una entidad financiera que tenga determinada desde la Ley de Cajas el destino de los recursos destinados a obra benéfico-social, sin intervención decisoria de sus órganos de dirección, ahorrándole así al Estado partidas inversoras notables y democratizando y dando valor a esa devolución a la sociedad de lo financieramente generado. Pregunten por La Poste, pregunten desde donde se extraen los recursos monetarios para afrontar los gastos derivados del desarrollo de VPO (Vivienda de Protección Oficial) en el Estado francés. A veces es necesario soñar con que nuestros responsables políticos son capaces de tomar decisiones en beneficio de la sociedad a la que representan. A veces es necesario caerse de un guindo.

El dilapidador ambulante

En los westerns que tanto disfrutábamos en la infancia, ésos en los que, a medida que íbamos cumpliendo años,  progresivamente trasladábamos nuestra simpatía de los emprendedores cowboys hacia los heroicos indios, aparecía recurrentemente un personaje secundario pillo y timador, un emprendedor de lo cutre.

Algo así, pero cambiando el humor por el drama. El vendedor ambulante, que aparecía en las poblaciones recien constituídas intentando aprovecharse de la ignorancia y la desesperanza ajena ofreciendo productos supuestamente milagrosos, es una figura incrustada en casi cualquier espacio y tiempo de la historia. Su final, en todo caso, siempre es el mismo, sangriento y brutal a manos de algún estafado, indignado doblemente con la certidumbre inocente del engaño y la pérdida de sus escasos recursos.

Estos titiriteros comerciales, como decimos, han cultivado su brillantez sobre la estupidez ajena, y es presencia confirmada en cualquier sociedad y momento histórico, si bien sus ropajes y actitudes evolucionan en la medida que sus ancestros fracasan.

Hemos analizado en artículos anteriores el momento actual que padece el conjunto de Cajas de Ahorros en nuestro país a raíz de la agresiva campaña de modificación y transformación de su naturaleza jurídica por parte del ejecutivo nacional. Como recordamos, se han ido dando una serie de pasos, confusos en su inicio, terriblemente clarificadores en estos días, que demuestran a las claras unos propósitos espurios. Hagamos memoria:

1. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, comienza a hablar de la reestructuración del sistema financiero español, atendiendo especialmente a la supuesta debilidad en los ratios de solvencia y morosidad por parte de las entidades de ahorro. Anima a buscar alternativas de cara a reordenar el mapa de las Cajas, dejando abiertas las posibilidades.

2. Tras varias intervenciones en la misma línea, comienzan a embrionarse uniones estratégicas de Cajas de ahorros, siendo Caja Navarra, Caja de Burgos, CajaCanarias y Sa Nostra (ésta última se descolgaría finalmente) la asociación pionera en anunciar una agrupación bajo la fórmula de un SIP (Sistema Institucional de Protección), con el objeto de buscar sinergias financieras para mejorar sus perspectivas de negocio.

3. El Ministerio de Economía y Hacienda anuncia la obligatoriedad, antes de fin del año 2010, de conformar grupos de cajas bajo esta fórmula o fusiones reales, poniendo a disposición de dichos movimientos empresariales el denominado FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria Ordenada), de cara a agilizar la financiación necesaria para acometer los procesos mencionados. Las cantidades solicitadas se tienen que devolver en un plazo máximo de cinco años a un tipo fijo del 7,75%. Salvo Banca Cívica, el resto de uniones acuden al auxilio de esta fórmula de financiación.

4. Conformados los principales SIP, bajo la figura obligatoria de una entidad bancaria de nueva creación formada por las cajas participadas en cada proceso, se anuncia la obligatoriedad de que dichas entidades coticen en bolsa en un plazo que no puede superar el mes de marzo del año 2012. Las entidades de ahorro que opten por mantener su naturaleza jurídica o los SIP que no abran su participación en el mercado bursatil, deben cumplir unos mínimos extremos de exigencia solvente (10% de ratio), prácticamente inalcanzables (Unicaja ó BBK son las excepciones hasta la fecha). De este modo, las integraciones eficaces se transforman en nacimientos de nuevas entidades bancarias, en las que las cajas fundadoras se reservan un porcentaje superior al 51% del accionariado y el resto, dependiendo de la decisión de cada Consejo de Administración, saldrá a bolsa, entrando capital privado que, en caso de concentración, puede variar diametralmente la naturaleza y objeto del destino fundacional y social de las Cajas.

5. Actualmente, y bajo las premisas descritas anteriormente, en las que desde el gobierno estatal se ha venido culpando a las entidades de ahorro de excesiva morosidad en operaciones dudosas (en muchos casos auspiciadas por la clase política desembarcada en los órganos de gobierno de las Cajas), así como de su inviabilidad jurídica de cara a la atracción de inversores extranjeros se ha logrado desnaturalizar de manera sensacionalista la esencia de las Cajas, motores económicos gracias a la reinversión social, así como garantes eficaces de la atención cercana y preocupada de sectores poco atractivos a nivel de rentabilidad para los bancos (pensionistas, entidades sociales, etc.). La obligatoriedad de conformación de una entidad bancaria sobre los pilares de las cajas, lo que, a primera vista, podía sonar a contrasentido, por duplicidad de funciones, se ha destapado como la esencia misma del plan ejecutor comenzado hace año y medio. Las Cajas se quedarán convertidas en meras fundaciones enrocadas en su porcentaje de participación en el banco matriz, que decidirá en términos estratégicos como dotar las correspondientes obras sociales. A la entrada de capital privado, éste, vinculado a alguno de los socios fundadores, en escenarios de concentración accionarial, puede resultar definitivo para el enterramiento, gradualmente, de un modelo eficaz que se han encargado de demonizar impunemente.

6. El último capítulo de este defenestración de soberanía nacional ha tomado forma por obra y gracia de una nueva generación de vendedores ambulantes, representados por el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Los mercados y los inversores internacionales han dejado de presentarse como figuras abstractas para concretarse en algo tan terrenal e inquietante como jeques y petrodólares. De este modo, el titiritero se ha llevado a Oriente Próximo una maleta llena de productos con magnífico envase y un contenido milagroso: Bancos nuevos, con muchos fondos de ahorradores y pequeños empresarios, así como ingentes promociones inmobiliarias en cartera, listas para vender. Compre señor, que le sale barato. El jefe del ejecutivo, en un nuevo acto de soberbia incompetencia y ausencia de mira histórica, ha anunciado la entrada de capital quatarí y dubaití en nuestro sistema financiero-social, como un logro estratégico de agarrate y no te menees.

En todo esto, cabe preguntarse ¿la democracia qué es? Mientras nuestros antiguos socios, a los que recíbiamos en Moncloa o visitábamos en jaimas, se convierten en tiranos desterrados de nuestro selecto grupo sólo cuando el pueblo expresa lo que ya se sabía, firmamos acuerdos con sus primos hermanos, los que mañana se podrán ver en la misma tesitura de conflicto interno. La honestidad no abunda ni en la política ni en la información, pero nadie oculta que los socios del oro negro lo son en tanto en cuanto vendan barato, suministren bien y mantengan su apariencia de dirigentes generosos al más alto nivel. Hasta ahí, amigos. Si a tus hambrientos súbditos les da por rebelarse y nos obliga a aparentar condena e indignación, no te llamo más.

Quatar es dictadura, es expolio de los recursos naturales para gloria de monarcas absolutos derrochadores y pretensiosos. Aún así, somos cómplices históricos de la injusticia porque no gozamos en nuestro subsuelo del maná fundamental de la vida moderna. Y rematamos la jugada con la más trágica de las ventas ambulantes. ¡Cajas baratitas, oiga. Por ciento cincuenta millones le cedo el control de una recién limpita y lustrosa! Confiemos que al final de la película los vecinos del poblado descubran el engaño y obliguen a reparar la estafa.