Cruce de regalos sin envolver

CruceRegalos1La navidad se adelantó unos días en la relación, hasta el popular saber, invernal entre el ejecutivo popular y las grandes plataformas postsindicales, vease UGT y CCOO. Ese día, Mariano Rajoy y Fátima Báñez entregaron, sin papel de regalo, un obsequio al millonario atasco laboral en forma de ciudadanos sin ningún tipo de expectativa laboral ni prestación que se deprecie a larguísimo plazo. ¿A qué se debía esa generosidad, jau jau, del gobierno nacional más insensible con la penuria del populacho, tras tres años de sordera a cualquier inversión socioeconómica que pudiera arrastrar su dogmatismo austero? ¿Por qué razón Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo resultaron tan desagradecidos con el presente gubernamental, sin una sonrisita inocente que consolara tamaño acto de bonhomía? Curioso, curioso. En palabras de la ministra del Rocío, perdón, del ramo, 400.000 parados verían, a comienzos de 2015, reestructurados sus respectivos dramas cortoplacistas con una dádiva de 426 eurazos mensuales que deja el populismo del bolivarianismo acechante a la altura de un prestidigitador de hotel levantino. Ahora ya vamos conociendo la letra pequeña, la cláusula cielo donde estallará el artificio tamborilero del gobierno patrio, además de resultar sorprendente que el mismo partido que anuncia la consolidación de la recuperación y el despegue definitivo de la economía se preste, precisamente en ese anhelado instante de algarabía macroeconómica, a potenciar la vía del subsidio. Y Méndez y Toxo, mientras continuamos estas líneas, se empeñan en mantener prietos los dientes, oculta la alegría.

CruceRegalos2Parece que esa prudencia sindical no guarda relación con esperar a la festividad de Reyes (los tres del lejano Oriente, no los dos de la cercana Zarzuela) para devolver la sorpresa como se merece. Mas al contrario, antes de finiquitar el año de los nerviosismos postelectorales, hemos podido conocer que el obsequiante era, realmente, el obsequiador. Y no, Méndez y Toxo no permanecían con el frente labial incólume porque les supiera a carbón el kilo de limosna subsidiada, sino precisamente por parecer beneficiarios de aquello que, en realidad, les había dejado la cartera con más telarañas que sus estadísticas de nuevas afiliaciones. Hoy han recibido, a vuelta de Código Penal, la ofrenda recíproca a esas enhiestas presencias, responsables como gusta definir estos artificios en diferido, para loa de una gobernanza con poco margen de que la alquimia política derive encuestas decadentes en más balcón genovés, más plasma para todos y más sucursal germana transpirenáica. Hoy, navideños lectores, el rodillo absoluto del Partido Popular se disfraza de sensibilidad obrera, y ha anunciado la reducción de penas en la legislación penalista nacional para aquellos delitos relacionados con actividades ilegales en jornadas de huelga y acciones sindicales de similar naturaleza. Estamos de acuerdo en la desproporción de unas condenas que han servido, en los últimos tiempos, para atemorizar al movimiento obrero, metiendo entre rejas a decenas de trabajadores (otros tantos están a la espera de condena o de resolución de sus respectivas peticiones de indulto) por, en muchas ocasiones, dudosas acciones violentas en piquetes informativos o manifestaciones de carácter laboral. Pero que, de manera unilateral, la misma panda neoconservadora que ha dejado la normativa laboral sazonada para disfrute del capital más voraz deje correr una lágrima por el sindicalista que gusta gritar, manifa arriba, manifa abajo, “Esto nos pasa, por un gobierno facha”, mientras amedrenta (según cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con ratificación judicial de por medio) a oprobiosos esquiroles de toda estirpe, cuela poco y, sobre todo, rasga vestiduras. Un cruce de regalos sin envolver que ahora, ambas partes, muestran en todo su encaje, como dos legos de ida y vuelta.

CruceRegalos3Extrañarnos de esta recíproca generosidad entre los representantes del capital y la supuesta vanguardia de la clase trabajadora resulta más inocente que las bromas de las que ayer haya sido objeto. Nicolás Redondo dejó de ver fútbol continental hasta sus últimos días por si el bombo cruzaba a algun equipo ibérico con el PSV Eindhoven; Antonio Gutiérrez vio muy poco chic eso de volver a labores de proletario electricista cuando se abandona la corona sindical y, de ahí, a diputado socialdemócrata no se tarda ni un día de asuntos propios; José María Fidalgo, tan alto, tan erguido, que desde la torre de Comisiones Obreras pudo admirar, antes que ningún proletario malencarado, la luminosidad del Cid Aznar, hasta acabar rendido a su babieca presencia. Cándido Méndez ya ha anunciado su renuncia a renovar los votos de la alta magistratura de UGT. Quien sabe, a lo mejor ya ha hecho su lista a la sombra del árbol de esta navidad con tantos presentes de ida y vuelta; ahora queda acostarse temprano, dejar alguna leche con galletas para apuntalar las bondades de su causa y esperar que se cumplan sus sueños, esta vez un lazo de postín.

Disquisiciones veraniegas (II)

En los meses que cada vez para más gente son de asueto perpétuo no se crea empleo. Cualquier cifra que pinte sus labios con intenso color de esperanza brillante a ojos de políticos lascivos no es más que el reajuste macrolaboral de una realidad que debe ampliar sus miras a años vistas o, al menos, a esos doce meses que nos hemos inventado los humanos sirve para cuantificar todo lo terrenalmente incontrolable. Menos aún resulta de aceptación para la honradez vital sacar pecho y maracas rumberas contando falsedades a medias. Resulta de todo orden inaceptable que se propugne con la deshonra de un duelista en desbandada suertes de recuperaciones económicas, de empleo a manos llenas, cuando la creación neta de puestos de trabajo, por sí solo, ya ni siquiera es para el verano. Ni para la abstinencia de esperanza.

En primer lugar, uno de cada cuatro empleos que se ha creado en los últimos meses tiene una duración inferior a una semana, con lo que el mismo ciudadano puede contar, a efectos de orgasmo ministerial de la devota Báñez, como tres empleados en uno en el mismo plazo de treinta días, lo que pega pero no junta. Y, claro, le vale para hacer su casita de papel pero no previene para cualquier brisa que anuncie su llegada en lontananza. Por otro lado, el silencio de las buenas nuevas hace un acto de presencia transfronterizo, con guardia a ambos lados de la verja política, cuando de callar el número de exiliados se trata: Más de 200.000 ex cotizantes de la Seguridad Social que han tomado las de Villadiego, ergo para la filosofía popular significa otros tantos problemas estadísticos menos, ya que ante el vicio de no pedir empleo está para ellos la virtud de hacer como que ni nacieron por los alrededores de Ponferrada.

Y para finalizar la estadística completa de esos fuegos de artificio tan del gusto de quien deja en manos de la virgen del Rocío la economía doméstica a jornada sin descanso, la media de horas de trabajo por contrato formalizado en esta última etapa se establece en diez por trabajador, con lo que por cada puesto de trabajo indefinido y de 40 horas de duración, lo normal es ahora realizar cuatro, de carácter visto y no visto, y nuevamente al circuito de creación-destrucción, que es como masticar un bistec, soltar el buche y volverlo a engullir, aunque suene repugnante, con la imaginación perniciosa de que estamos comiendo dos por uno.

Evidentemente estas coartadas las utiliza con conciencia de causa, pero sin ningún cargo de conciencia, el ejecutivo del Partido Popular, ya que cualquier estadística puede publicarse imprimiendo sólo los quesitos que emitan mejores destellos. Los otros también existen, y juntos expulsan una realidad espantosa. Pero ya se sabe, mientras el tiempo corre, cabalga la esperanza. Aunque esta sea de unos pocos, y con tan mal gusto.

Se profundiza el holocausto rociero

Poco ha cambiado en los bestiales procedimientos de muchos participantes en El Rocío andaluz año tras año, pero sí en el aumento de las inocentes víctimas de su supuesta fe. Tras finalizar la presente año, otros 23 inocentes caballos han dejado su vida en el camino, víctimas del agotamiento, la deshidratación y el trato brutalista que reciben por aquellos que comercian con su sufrimiento en busca de un impío divertimento, consistente en ir en busca de una adorada talla para que arrope sus pecados, mientras transitan en salvaje acomodo sobre los lomos equinos que, a cambio, reciben látigo en lugar de abrigo. Algunos creyentes, por tanto, los tratan como a impúdicos fariseos en lugar de con la cristiana solidaridad que parecen no arrastrar en su viaje, tal vez pensando que, al saltar las vallas como posesos, obtendrán la redención de todos los ominosos pecados que han cometido desde la edición anterior. Aunque, en realidad, tal vez no estemos sino frente a la humanidad menos cercana al concepto, tal y como podemos apreciar en el siguiente video:

Visto estos 23 cadáveres, abandonados en ocasiones en sus últimos estertores tras la tortura de días de camino sin apenas descanso ni alimento, exhaustos, no podemos sino relacionar la crudeza de esa ausencia de civilización que marca, como tantas otras tradiciones nefastas, el ADN del Estado español, con las sonrisas bobaliconas de la ministra de empleo (ejem), Fátima Báñez, invocando al trozo de cera, madera y abalorios como solucionador de todas aquellas desgracias a las que nos han conducido, precisamente y en muchos casos, reconocidos nacional-catolicistas que sólo cuelgan su capa delincuente cuando atraviesan las puertas de sus templos para recibir la redención de sus penales pecados, en muchos casos por medio de otros colaboradores y cooperadores necesarios en el innoble arte de destruir el Estado social, la redistribución justa de las rentas y, en este caso, tratar al resto de seres vivos con ese desprecio tan desgraciadamente habitual en nuestro entorno. La piedad y la caridad es lo que adoran, para que sus beatas columnas mantengan el control de los recursos y, a su vez, la afición de la limosna tan de ocio para sus domingos y fiestas de desterrar.

Rocio2Esta es la imagen de falso color, fundida a negro en las conciencias de aquellos que nos negamos a quedarnos atrapados en esa basura cadavérica, desvencijada en la arena mojada de sangre y crimen, de ausencia en aquella esperanza que nos animaba a transitar hacia el solidario progreso, a encontrarnos por fin en una patria con el epicentro más grueso posible. No es así, ya lo vemos, mas al contrario el tecnicolor de los derechos y garantías no sólo dejan de acariciarnos en exponencial velocidad, sino que siquiera rozan a nuestros cuadrúpedos congéneres, tratados como instrumento, vida sin fin, sin destino.

La mayor horripilancia al tener que enfrentarnos, un año más, al mismo genocidio, transmutado ya en insufrible holocausto, es tanto el pavor nunca asumible frente a esta tortura realizada, con picada sonrisa, por supuestos ciudadanos que nos cruzamos a diario, como la desoladora convicción de que nada cambiará, de que ya están trotando, inocentes, inconscientes, las siguientes víctimas de esta miseria humana.

Racimos de inmundicia

En estos escasos cinco meses de gobierno popular, como le gusta recalcar al Presidente Rajoy para despejar supuestas responsabilidades ejecutivas, hemos descubierto, por su mero actuar, características sonrojantes de una amplia representación de los responsables de las carteras gubernamentales. De este modo, el tertuliano Wert ya nos ha dejado más que claro que es precisamente éso, un tertuliano de los que se relamen con sus titulares de pacotilla, dispuesto a gozar con el escándalo que provocan frases que son griterío de mesa redonda, sin más conocimiento del medio que sus propios complejos como elemento del lado derecho del saloncito de debate; Fatima Báñez ha demostrado que sabe emplear su aptitudes en rogar a la virgen del Rocío que la deje como está y en perfeccionar sus habilidades en juegos para móviles. Todavía está a tiempo de tomar unas lecciones sobre legislación laboral, si tantas obligaciones no se lo impiden; Fernández-Díaz ha interiorizado la maldad que se esconde tras la ciudadanía que exige derechos y respuestas, respondiéndole con el látigo y la cachiporra de sus fuerzas represivas; y, finalmente, Luis de Guindos continúa su exitosa senda de directivo de empresas potencialmente quebradas, y quien se hunde en un Goldman Sachs, bien puede hacerlo con un Estado que sí se parece a Uganda, pero en mutilaciones varias e irreversibles.

De lo que sólo poseíamos fundados rumores, a modo de silbido bombardero, era del gusto laboral del actual titular de la cartera de Defensa, Pedro Morenés, por el negocio armamentístico. Su pasado como consejero de la empresa de fabricación militar Instalaza (véase web al respecto) suponía, desde el punto de partida, una macabra concatenación de responsabilidades, a primera vista, incompatibles. Pero el ministro ha aprovechado el maremagnum de desastres económicos y polémicas decisiones de sus correligionarios de Consejo para pasar fabulosamente desapercibido en este plazo de gobernación. Hasta ahora.

Morenés, como decíamos, representó a la citada empresa de la cosa militar desde 2005 a 2007, año en el que se aprueba la Ley 53/2007, de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso. A partir de ahí ocupó el puesto de representante hasta el pasado 4 de octubre de 2011, tal y como recoge el Boletín Oficial del Registro Mercantil. Instalaza, entre su variado surtido de productos destinados a la excelsa decoración de un entrañable escenario bélico, mantenía como producto estrella en su catálogo las tristemente famosas bombas de racimo.

Pues bien, el artículo 8 de la citada ley limitaba la adquisición de determinados elementos armamentísticos, recogiendo lo dispuesto en el Tratado de Dublín. Una de esas limitaciones, en el marco del Derecho Internacional, hace mención al uso, almacenamiento y fabricación de las bombas de racimo, trampas diseñadas para causar la amputación y destrozo de máxima salvajada en los cuerpos vivos que tuvieran la desgracia de tropezarse con su mortífera presencia. No obstante, Instalanza decidió reclamar al Estado español, por supuestos incumplimientos contractuales, una indemnización de 40 millones de euros en concepto de desagravio por la prohibición aprobada, reclamación anunciada desde mayo de 2011 por lucro cesante de la corporación. Efectivamente, Pedro Morenés era su representante por aquellas fechas.

Cabría entender que desde su nueva responsabilidad de salvaguardar los intereses públicos en el área de defensa, Morenés habría optado por recusarse motu proprio del contencioso mencionado que, por supuesto, ha seguido su curso impasible. Pues los caminos excrutables del señor de la guerra parece que marchan por derroteros más silenciosos pero igualmente inmundos: supuestamente, Instalanza procederá a revender esa deuda adquirida con el Estado para que sea una tercera entidad la que se encargue de cobrar directamente de las arcas públicas, salvaguardando miserablemente la conexión del ministro en el entuerto belicista de esos podridos intereses del dinero sobre la vida, de la responsabilidad colectiva por debajo de la codicia que arrebata futuros.

En breve, cuarenta millones de nuestra saqueada tesorería, que ha visto como se ha llenado de nueva deuda para sanear un sector que decían inmaculado y ejemplo de gestión como el financiero, saldrán rumbo a indemnizar la decisión de no permitir la compra de artefactos que buscan aumentar el dolor y el martirio de víctimas siempre inocentes, más aún cuando éstas son niños que, años después de lanzadas las bombas, tropiezan con ese 30% de rango de fallo reconocido que queda enterrado en territorios devastados, confundiéndolas con una lata-juguete, una pelota-juguete, una muerte-juguete.