Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

Las elecciones vascas y gallegas, en titulares

Con el 100% de los votos escrutados en los comicios autónomicos celebrados hoy en Galicia y Euskadi, es hora de extraer las conclusiones a golpe de teletipo. Es el modo más veloz de llegar a una meta descafeinada, sin grandes sorpresas en ambos comicios, pero en la que rezuman tendencias y respuestas puntuales que resultan determinantes en cuanto al presente inmediato y el futuro nuboso.

– El desplome de los Pachis: El circunstancial tandem socialdemócrata de los Pachis (López-Vázquez), supone un histriónico fracaso lejos del tono cómico de aquel actor que aunaba ambos apellidos. Eso sí, el enfrentamiento ante las urnas de ambos en el mismo escenario dominical responde a cuestiones de circunstancial estrategia y, sobre todo, proviene de tronos de muy distinto fundamento. El líder del PSOE gallego enfrentó la contienda desde un altar ruinoso, dividido y que alcanzó a costa de la fragilidad de las familias desunidas. Por su parte, Patxi López ha tenido que soportar meses de gestión como Lehendakari a sabiendas que el mareo ante el 21 de octubre era debido a una silla con una pata rota. Hoy ambos saben que su futuro político resulta inexistente, aunque es probable que el dirigente vasco, como buen profesional de la cosa pública, presente resistencia desde nuevas trincheras.

– Los ganadores: Pocas encuestas se atrevían a poner en duda que las formaciones con mayor número de escaños a obtener serían el PP en Galicia, y el PNV en Euskadi. En el primer caso las cuestiones que se ponían sobre la mesa de debate dudaban de la capacidad de los populares para reeditar la mayoría absoluta, cuestión que hubiera abierto, automáticamente, la formación de alianzas progresistas para desterrar durante un cuatrienio a la formación popular del ejecutivo gallego. No obstante, Feijoo ha conseguido convencer a su más que fiel electorado de que se encuentra capacitado para plantear una política autonómica con cierta independencia de las tijeras madrileñas. Lo que resulta inexplicable es que existan tantos cientos de miles empeñados en apostar por un optimismo suicida, pero no es menos cierto que, una vez más, la báscula electoral D´Hont se presenta como la maquinaria que mejor manipula el peso de las supuestas mayorías: PSdeG, AGE y BNG suman el mismo número de papeletas que los conservadores, pero…

Por su parte, los 27 escaños obtenidos por el PNV los sitúan a la altura de los sondeos más optimistas para la formación jeltzale, donde mucho ha tenido que ver si inteligente estrategia en las tres provincias vascas de cara a contener el crecimiento de Bildu, fundamentalmente en Guipuzkoa. El empate a nueve diputados en la provincia con mayor afinidad abertzale ha conseguido contener posibles cercanías en el número de poltronas a repartir y, con ello, desterrar el terror que supondría para la formación de Urkullu verse obligado a ceder la lehendakaritza.

– Juego de pactos: Con el encuentro finiquitado en suelo gallego, la margarita de los pactos en el País Vasco tardará en deshojarse, a pesar que el panorama en cuanto al reparto de escaños estaba más o menos dispuesto. Nadie ha querido expresar de manera rotunda la hoja de ruta que piensa seguir en los próximos días de cara a conformar un ejecutivo estable en Ajuria Enea, si descartamos el rechazo incuestionable de las formaciones constitucionalistas a asomarse siquiera a la sede de Bildu. Al PNV no le llega con los nueve diputados del PP, mucho menos con lo que supondría una alianza que en Madrid echaría chispas; compartir tareas de gobernanza con el derrotado supremo tampoco supondría una lógica de estabilidad ejecutiva, menos aún cuando el pacto con los socialdemócratas, histórico durante las dos últimas décadas del siglo anterior, resultaría histriónico en la hoja de ruta de ambas formaciones en los tiempos que corren. Con todo esto, el entendimiento entre las dos escuadras nacionalistas parece inevitable, si bien el ritmo hacia la búsqueda del autogobierno no parece realizarse con la misma cilindrada, además de suponer una antítesis política en un supuesto Estado vasco de incierto futuro del mismo modo que sucedió con la alianza PP-PSOE, a sensu contrario, durante la legislatura anterior.

– La mayoría silenciosa que se queda en casa… el día de las elecciones: En ambas Comunidades Autónomas se ha escenificado en idéntico porcentaje el desencuentro de la ciudadanía con su expresión como ser político colectivo; más del 35% de los habitantes con derecho a voto ha optado por no participar de la denominada fiesta electoral a pesar de la realidad en la que nos venimos desenvolviendo, ésa que nos desprecia como soberanos de la voluntad de nuestros destinos.

– Palabras que dejan sin ellas: Cobardías en pocos caracteres como la que precede no merecen ser comentadas. Ni siquiera pueden leerse como emanadas de un ciudadano común y corriente, porque memeces así eran y son la manera en que Esperanza Aguirre ha entendido lo que significa la política. La degradación de esa estirpe que sigue sin entender que suponen los derechos y las libertades de una Constitución que nombran, enarbolan, pero no leen ni entienden, conducen a soportar este terrorismo léxico que mata la convivencia, extermina el diálogo, acribilla la tolerancia y asesina el desarrollo político y social.

– Mario Conde, cuatro años a la sombra gallega: Determinados resultados que se han producido en ambos comicios pueden resultar complejos de entender ante el panorama que se nos viene presentando a mutilante velocidad, más aún cuando la mayoría absoluta del PP gallego nos acerca rápidamente a ese rescate hasta ahora en pause por motivos tácticos. Queda la esperanza de comprobar que la ciudadanía desconcierta pero no asquea: poco más de diez mil papeletas se introdujeron en las urnas con las siglas del SCD del Conde del alto delinquir. Los votos nulos y en blanco, siempre con un nutrido grupo de fieles seguidores, le superaron ampliamente.

Tiempo de madurez

El dinero viene y va, pero no hay la menor duda que las manos que huelen a óxido ferroso con mayor habitualidad carecen de callos secos. En realidad, esas manos rara vez clausuran sobre sus palmas monedas de curso legal; lo tienen dando vueltas en busca de primos hermanos con los que emparentarse para ver crecer la pecuniaria parentela, pero siempre avisando al progenitor, obedientemente, sobre sus andanzas y sus idas y venidas.

Algo así ocurre en los discursos que ya están presidiendo la actualidad política de Euskadi y que no dejarán de revolotear, cada día con mayor agresividad en sus respectivos aleteos, a medida que se acerque el 21 de octubre. Patxi López dicen que se ha rendido ante la evidencia de la crisis y que, por una supuesta responsabilidad institucional, ha tomado la decisión de adelantar los comicios, como si ambas situaciones pudieran interconectarse para desembocar en una ineludible conclusión idílica. Ante el nuevo panorama electoral, con el retorno de la izquierda abertzale a las urnas, la fragmentación que rodeará Ajuria Enea suena con convertirse en un impedimento a medio plazo para que cualquier candidato pueda tomarla sin resistencia. Por lo tanto, y ante esa realidad, no parece ésta la mejor vía para activar la prosperidad de una tierra que, de por sí, mantiene los mejores niveles en cuanto a desempleo, productividad o consumo.

Ante todo lo dicho, desde luego los mensajes pueden dar bandazos pero no dejan de continuar bajo el monopolio de los micrófonos de siempre, micrófonos con mala memoria, que no retumban para evitarnos el bochorno de las contradicciones permanentes. El pacto PSOE-PP no aguanta una nueva mano de pintura, incapaz de secar en medio de una política nublada entre ambas formaciones. Y tanto desde Ferraz como en Génova saben que cada día que le dan de margen a Bildu, sus previsiones electorales despejan miles de dudas en forma de escaños, así que el consenso de las grandes formaciones nacionales les ha emparentado en ese altar que definen como de normalidad institucional, que viene a ser algo así como la negación infantil de que la Ley D´Hont les pueda ser esquiva en alguna urna estatal. Pero lo cierto es que ese 21 de octubre se les plantea como el tiempo de descuento máximo que se pueden permitir para mantener el resultado y dejar fuera de la competición a los enémigos globales que volverán a sentarse en Vitoria-Gasteiz. Bien lo sabe Basagoiti, que ya ha vendido su piel de hogareño cazador, tanto en las extremidades tendidas hacia todas direcciones para continuar refugiando su aspereza falsamente bonachona en despachos institucionales, como en esa perversa propuesta a machamartillo de reducir el aforo parlamentario de 75 a 60 butacas, a sabiendas de como afectaría esa restricción, fundamentalmente, en la provincia de Guipuzkoa, acogotando la linea de meta de los abertzales.

En todas éstas también vuelan sin brújula, yendo y viniendo, las sensibilidades electorales entre la masa votante nacionalista. El PNV arranca la campaña con una mínima ventaja que debe conservar a cualquier costa, ya que su victoria, aún en segura minoría, le otorgaría la legitimidad necesaria para desterrar a Bildu del panorama ejecutivo autonómico y poder pactar con cualquier otro partido a sabiendas que sus votantes le habrían indicado que retome el bastón de mando a toda costa, sin necesidad de ser escrupuloso en la elección de pareja.

Pero las encuestas se estrechan permanentemente, y desde la izquierda nacionalista son plenamente conscientes que dejarían a los jeltzales ante un panorama tenebroso si consiguieran superarles en esa línea de meta de finales de octubre, obligándoles a definirse como formación, a elegir la máscara utilitarista de réditos cortoplacistas. Que Bildu no va a poder, en ningún caso, formar gobierno, es cosa sabida entre sus fieles. Eso les alienta a escatimar ante la pereza de la abstención, pero habrá que comprobar entre los miles de nacionalistas indecisos que sestean con las frases barítonas de Urkullu y abogan por un avance en la construcción nacional de una Euskadi que opte por otra vía para retornar a la reactivación económica. Precisamente, el pacto entre nacionalistas permitiría una vía intermedia que reforzaría la normalidad política tras el cese de la actividad etarra, dando uno de esos pasos necesarios para que la ilusión deje de alzar el vuelo y se pose en la realidad vasca. Una lástima que la política y sus ambiciones sea afiliada permanente al vuelo sin motor del poder por el poder, dejando olor a metal en la conciencia.

La Historia al caer el telón de ETA

El jueves 20 de octubre de 2011, por la tarde, tres dirigentes de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) han anunciado que la asociación armada a la que representan abandona definitivamente su acción bélica, asesina y hueca. Ese fue el pitido inicial a un proceso aperturado desde la máxima complejidad social, imposible de reflexionar desde ningún ámbito con la más mínima garantía. Pero sí nos traslada obviedades pasadas, aspiraciones futuras y, sobre todo, expectativas con respecto a la altura de los masivos interlocutores que, a estas horas, buscan micrófono y medalla para dar lustre a su recorrido.

En el día 0 de un Estado en calma macroasesina, sin la angustia de cientos de ciudadanos que se despiertan acompañados de un reconfortante extraño que cuida sus espaldas y sus cráneos, es indiscutible que esta fecha marca una tinta luminosa, eufórica, en la Historia de España, de Euskadi. Nada es casual. Tras la mesa encapuchada, negruzca, encabezada por el hacha y la serpiente que significan ausencia de ideas y futuro, se han trasladado mensajes y propuestas en las que descansa la razón de cientos de ciudadanos, de toda condición responsable, de todo ámbito esencial, hasta condensar un discurso medido y profundamente elaborado. No así consensuado, no desde todos los vértices. Baste como ejemplo la desesperación del Lehendakari, desde un aeropuerto norteamericano, intentando embarcar para no desplazarse demasiado de la histórica instantánea que ya están horneando en el cuarto de revelado.

Lokarri, es decir, lo que sirve para unir, ha escenificado de manera magistral el capítulo trascendental de este largometraje sangriento, de cientos de rombos. Por este lado del guión, evidentemente había un conseso productivo a la hora de rematar un mensaje liberador. Todos los ponentes, defensores y potenciadores de esta cumbre de luz y taquígrafos estaban al tanto de los títulos de crédito. Desgraciadamente, cuando el éxito está asegurado, el ansioso e insaciado espectador acepta que le esperan secuelas, segundas y terceras partes, que pueden empeorar el producto original; en este caso, ese desarrollo es inevitable, el nudo grueso del ovillo a deshilachar. Se podrá discutir la ausencia de generosidad redentora de los encapuchados, la necesidad de gestos inmediatos, rotundos, casi libertarios tras tanto pánico acumulado durante más de cuatro décadas, pero eso no va a ocurrir. Ni ahora ni a medio plazo. Los manuales de Historia, la literatura y el desarrollo de las respuestas ahora enterradas irán abrillantando una época timorata.

Lo que sí van quedando son cadáveres… políticos. ¿Cual será el alimento miserable de los Mayor Oreja, Rosa Díez y demás profesionales de la supervivencia pública a costa de enarbolar el terror amplificado? La de Sodupe ha llegado a montar un adorador tejemaneje electoral con el único propósito de monopolizar el micrófono de su discurso rabioso, lejos de la democracia organizativa de su antigua formación. Esta misma noche hablaba de prudencia, de incomprensión ante la supuesta euforia inmadura de la mayoría de opinión. Según la voz en el desierto fértil, en concomitancia con la portavoz de la AVT, su única aceptación comprenderá la rendición, la entrega de armas y la petición incondicional de perdón sincero. La trinidad de la arrogancia cobarde, el terror a perder el espectro alimenticio.

Sigamos con las preguntas, auténticas protagonistas de esta impactante velada. ¿Beneficia políticamente a alguien este anuncio, a día de hoy? A corto plazo, no parece. La gravísima contracción financiera que padecemos, unida a la desaparición, de facto, de la actividad terrorista hace más de dos años, ha despeñado su importancia ciudadana a niveles ínfimos en los últimos barómetros del CIS. A un mes vista de las elecciones generales, pocos votantes modificarán su decisión frente a las urnas en función de lo acaecido hoy, más aún con esa sensación de que tras el anuncio no hay negociación por parte estatal ni triunfo con rostro y apellidos por parte de nadie, aunque pueda aplaudirse a algunos más que a otros. Pero, sobre todo, porque lo que ahora se abre es el liderazgo en la forma de enfocar el cierre definitivo de la tragedia, y en ese devenir los electores tienen claro, en su esencia, cual es el perfil que prefieren en la punta de lanza del Estado de Derecho. Eso no resta que desde el entorno abertzale el espectáculo esté bien medido. Tal vez, sólo tal vez, necesitan despojarse del armamento antes de la presencia del Partido Popular en La Moncloa, a sabiendas que Rajoy tiene imposible justificar concesiones inevitables para que el futuro sea limpio. Porque ahí sí, a medio plazo, nos encontraremos con consecuencias políticas, siempre desde el lado de la realidad vasca. A diferencia de movimientos terroristas patrios del corte Grapo, Terra i Lliure o MPAIAC, borrados con relativa sencillez al no disponer de una cobertura ideológica asentada notablemente en su entorno social, ETA ha sobrevivido gracias al arraigo manifiesto de una orientación en la sensibilidad ciudadana de cierta relevancia en el territorio que, demagógicamente, pretendía liberar. Si alguien tenía dudas al respecto, la torpeza inconstitucional asumida por la mayoría política nacional que significó la Ley de Partidos Políticos dejó plena constancia. Mártires y más mártires sobrevivieron al éxodo institucional hasta que, en los pasados comicios locales, las siglas de turno de marca abertzale de izquierda sobrepasaron expectativas halagüeñas en el marco representativo. Ese destierro dio perspectiva a la organizada convicción ciudadana que en Euskadi cree, firme y pacíficamente, en un Estado soberano, e inundó de maná jugoso una consciencia latente en una sociedad madura.

¿Hay espacio para la amnistía presidiaria? En ningún caso. La paz no implica la desaparición de consecuencias penales equivalentes a cualquier delincuente que incumpla el pacto social. Aquí nos enfrentamos a cientos de reos que han balaceado fríamente a funcionarios públicos, responsables políticos, catedráticos ilustres… ciudadanos inocentes, muchos anónimos para el resto de sus compatriotas, en definitiva. Todo muy lejos del presidio de conciencia, del encarcelamiento por divergencia ideológica. El arrepentimiento es valorable desde su prisma redentor y mantiene unas consecuencias establecidas en la legislación de enjuiciamiento criminal, pero la reinserción y rehabilitación que inspira nuestro Código Penal no puede saltarse plazos a una quinta marcha que provoque derrapes innecesarios en la vía que debemos ir asfaltando. No obstante, queda por ver el fundamento jurídico de ciertas condenas, algunas muy cercanas en el tiempo, que mantienen a líderes políticos encarcelados bajo discutibles sentencias que pretenden mezclar palabra con pistola, que arremolinan discurso con dinamita. Quien sabe, tal vez sí alguno de esos reclusos sea mañana aplaudido a las puertas de un centro penitenciario y alzado como pacificador visionario. La Historia también se va escribiendo con algún borrón.

Los mezquinos deben quedar fuera cuanto antes, apagarles definitivamente el micrófono indecente que amplifican para masticar su miseria política, sus sobras con apariencia golosa. Por el lado contrario, determinados líderes de opinión, habituales de los atriles y escaños elegibles, tienen la oportunidad de demostrar altura política el día después del discurso aprehendido como dogma de campaña. Aquí hace falta extrema de perspectiva histórica, nadie puede apoderarse del futuro que entierra décadas de miseria. No se puede exigir cuando se es parte relativa de las huellas por formar, el vivo no puede reclamar perdón para los que no están, los que tal vez abrazaran la butaca y el café sin la nuca alerta. Porque, seamos dolorosamente honestos, las más de ochocientas víctimas masacradas por ignorantes pistoleros, por incapaces de romper el sonido del viento con la palabra y no con el acero atragantado de pólvora, tienen la única exigencia hereditaria de proteger la dignidad histórica de sus familiares, no el derecho a reclamar la imposición de su visión en el proceso. El dolor ante el fallecimiento abrupto, ante el asesinato, siempre expande ondas de dolor en un círculo humano, sea éste más o menos amplio. La sangre que se derrama por una cartera con pocas monedas a intercambiar por heroina, la sangre mancillada por la torpeza inhumana que pisotea ideas y propuestas; no obstante, a nadie se le ocurriría entregar el futuro penalista de millones de esperanzados ciudadanos a la revancha, a la necesidad de victoria caducada. Y la dignidad no puede borrar la memoria, abrazar la inmediatez con réditos palpables. En definitiva, José Luis Rodríguez Zapatero no puede afirmar, como hoy lo ha hecho, el compromiso con la dignidad de las víctimas etarras cuando ha abandonado la de cientos de miles de torturados, fusilados y expoliados demócrastas, de igual valor humano nacional, con una normativa sin sustento presupuestario, comprometido ni valeroso. Todos a una, todos frente a nuestro destino como sociedad.

Es seguro y comprensible que a muchos les irrita asumir en el centro del fotograma a esos responsables públicos elegidos bajo siglas detestadas, ver un final sin goleada, tan siquiera sin victoria por la mínima en el último minuto. Queda un mes para moldear un esqueleto descalcificado, una parte de nuestro recorrido social que hoy ha llegado a su inapelable fin. Es cierto que, tras el anuncio del cese definitivo de la violencia, no nos hemos detenido en la instancia inmediata a la afirmación largamente esperada; el trío encapuchado reclama la apertura de diálogo con el Estado español y francés para buscar las vías que rematen el guión. ¿Sabremos asumir que el fin de una metástasis en feliz regresión no tiene vencedores ni vencidos, no debe tenerlos nunca? Todos juntos lo diremos. Mascullen lo que mascullen algunos pigmeos políticos, esta noche hay muchos acertantes de primera categoría sin necesidad de apuesta azarosa: miles de ellos disfrutarán mañana de su primer café en décadas con una espalda únicamente tapada por sus respectivas chaquetas.