Deportista por un día

MARIANO RAJOYAdemás de las frases más desafortunadas de Carlos Floriano o Rafael Hernando, al gurú de la derecha política española Pedro Arriola también se le debe suponer esa estrategia tan yankee de poner a sus respectivos candidatos a aparentar una rutina de actividad física cotidiana los días de reflexión de las respectivas campañas electorales. Una mácula más en una estrategia que se va deshaciendo a la misma velocidad que el andar despreciable que comenzaron tomando frente a sus nuevos adversarios, hoy en Andalucía ya compañeros de bancada.

En serio, ¿Por qué trasladar una ficción tan manida a la vida política española? Más aún, a individuos que se ve a la legua no realizan más ejercicio cotidiano que subir y bajar el pie derecho del coche oficial. Porque tiene un pase haber instaurado esa cita sabatina en los tiempos del hipermusculado José María Aznar, tanto así que el ex presidente se lo tomó a pecho y dorsal con tanto ahínco que en algunas estapas de su segundo mandato se pueden encontrar más instantáneas del castellano leonés corriendo, jugando a paddel o haciendo abdominales que en tareas propias de un gobernante.

Deportista1Pero repetir, como con desidio electoral, el mismo argumento para el día antes de los comicios a un señor de provincias como Mariano Rajoy, con ese cuerpo deshilachado desde la quijada cubista hasta el desequilibrio de unos previsibles pies planos, que lo que entiende por deporte se ciñe a leer compulsivamente el “Marca”, no parece que vaya a despertar en el electorado más que sorna o cierta grima lastimera. Pero como en las elecciones generales de 2011 el resultado les salió a pedir de voto, lo de cambiar el rumbo de la impresión a transmitir al potencial votante en la jornada preelectoral se quedó en el desfiladero por el que suelen echar a andar al jefe del ejecutivo cuando le instalan alguna equipación más propia de ir a comprar churros que de bajar calorias. Y, horror, el experimento se repitió en los pasados comicios europeos para con … Arias Cañete. Si el perfil era susceptible de chirriar más aún, con el antiguo ministro de agricultura y medio ambiente los estrategas de la formación conservadora dieron en el clavo. No obstante, e imaginando que las previsiones de las respectivas encuestas y sondeos les tenían más despiertos que de costumbre, se dieron de bruces con la innovación en la fórmula, un ejemplo de poner negro sobre blanco y, alehop, al candidato se le incluyó, en el uniforme deportivo de rigor, nada más y nada menos que una bicicleta. Bueno, en realidad dos, la segunda con esposa incluida, para dar ese toque familiar al paseo bajo el sol que buscaba ternura pero, viendo el sobrepeso del candidato, más bien transmitía lástima.

Deportista3Las elecciones al Parlamento Europeo otorgaron una mínima victoria a los populares, así que el pedaleo informativo quedó como argucia electoralista adecuada. Visto así, ¿Qué podríamos esperar para el fin de semana pasado, en clave andaluza? Efectivamente, más calorías en desbandada, aunque sea fugazmente. Juan Moreno Bonilla tampoco goza de una apariencia que haga imaginar al candidato a la Junta ayer derrotado habitual de gimnasios y centros deportivos. Tanto es así que en las imágenes de sus brinquitos sevillanos, más en forma se vislumbra la Torre del Oro al fondo (imagen muy casual, por supuesto) que Bonilla y sus sonrientes acompañantes. Al equipaje, esta vez sí a juego con la actividad a realizar, sólo le falta la etiqueta colgando para certificar que lo excepcional ni es huevo, ni es gallina. Con lo bien que se está un sábado de reflexión con la familia, comiendo, haciendo la compra (que falta hará, con tantos días fuera de casa) o dando un paseo en ropa de civil. Y lo ajustado a la realidad del común de los votantes ser natural. Pero no, al candidato popular lo que le gusta es subir pulsaciones antes del batacazo. El sudor que les espera en mayo y noviembre promete ser torrencial.

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Fundamentalismo democrático

Terrorismo1Se queda uno la mar de tranquilo, arropado en casa, tal vez a unas cuotas de ser desahuciado, o volviendo a dejarse seducir por el tumulto tintineante que entra y sale de las rebajas a cuota y fuego de tarjeta de crédito, cuando tras la sangre llega la ley, vigorosa, con más calorías, presta a no dejar espacio para las ondulaciones sociales y la violencia antisistémica.

Y es que es cosa de paz, propia de nuestro confortable occidente humano, trastear con los cuerpos legales en momentos de marejada con rachas de fuerte marejada, según las kalashnikov de cotrabando se encasquillen más o menos. Cuando azota el vientecillo de la intolerancia, efectivamente, incomoda tanto su ritmo firme sobre la opinión de cada cual como el tornado que se genera ante y frente a la libertad de expresión, esa damisela que abre y cierra la balconada antes de que amaine la tormenta. Pero la dirigencia, eficaz y nada pusilánime cuando de cubrirnos las espaldas tocan, ya se ha pertrechado para subir, valerosa, a reparar el pararrayos antes que sacudan más balas atronadoras sobre la palabra y el hecho.

Terrorismo2Poner negro sobre blanco, una vez nos tiñe el rojizo de la intolerancia, tal vez con demasiada ceguera indómita cuando de poner taquígrafos se ha tratado con más potencia de la contratada, es colocar ley sobre ley. Y la que en cada momento copa el montón parece contener más hormigón que su predecesor tocho. Tranquilos todos, pues, porque no hay sistema de garantías más eficaz que aquél que tiene normativa para todos los gustos y colores, permitiendo calificar diferentes actividades presuntamente delictivas con tantos disfraces como la alarma social de turno requiera. Rabiando el pánico, se disipa la muerte.

La calle en toda Europa vuelve a recuperar la placidez de los espacios muertos, sin ventisca. Una vez manifestados en placentera comandita dirigentes de aquí y de allá, abrigados como crías indefensas y temerosas de misma camada, cada cual ha vuelto a lo suyo pero con el buche saciado en esa retroalimentación globalizadora que hace que el control de la ciudadanía encuentre justificaciones a miles de kilómetros, como quien tira un trompo a sabiendas que lo de menos es su baile. A legislar se ha dicho, que las armas las carga el ordenamiento jurídico. Bien sabe la dirigencia que las arrugas en nuestra calma chicha son producto de unos cuerpos normativos demasiado laxos, faltos de hidratos de castigos.

Terrorismo3Si no le gusta tener ojos sobre cualquiera de sus privados movimientos, es que no entiende en qué consiste la seguridad y sus inevitables estrecheces democráticas. Y si la manoseada libertad de expresión le da olor como a moho inconstituyente, entonces es cuestión de ir a contracorriente casi por vicio, y para eso no se alarme que le están preparando un cocido de soluciones con tanto ingrediente como permita el articulado penal patrio. Es por su bien, no lo olvide, más cuando las calificaciones de los delitos se vengan engullendo, como un agujero negro, hacia el epicentro de dirimirse todos con rostro de terrorismo, de organización en pillos colectivos, de culpable de los malos. Usted mañana puede no ser un chorizo, sino el acaparador de recursos para banda armada familiar. Tenga ojo, guarde distancia con la incorrección y el delito, allí donde la frontera se establezca, y aunque esté a punto de rozarle hasta en la alcoba. Pero, no lo olvide, también tenga fe. La democracia sólo quiere protegerle.

El rejuvenecimiento rugoso

PedroSanchez1Una renovación a las puertas de un museo, el surrealismo de las prisas sin equipaje a la vista; en definitiva, el rejuvenecimiento áspero en su superficie y al tacto político con el ph menos neutro posible. Desde ahí emerge la figura baloncestística de Pedro Sánchez, diminuta hace menos de cuatro meses y que, desde, por o para el aparato, ha aumentado internamente a una velocidad que riase usted de la exponencialidad electoral de Podemos. Pero ahí se queda, en lo interno, en lo doméstico y domesticado, tanto así que de los diecisiete puntos a los que se comprometió el político madrileño en su presentación como candidato nada ha tardado en conculcar el primero de aquéllos a los que ha tenido acceso, esto es, retrasar las primarias en su formación para elegir el candidato, el cabeza de cartel, el rostro que intentará mantener la pelea vacua en una política sin contenido.

Lo que es indudable es que con Pedro Sánchez ha desembarcado de manera definitiva y refinada el modo norteamericano de hacer política por estos parajes en desertización democrática. No hay más que ver el video propagandístico para animar su campaña interna en el PSOE, recorriendo aspectos de su intimidad más prescindible en el debate de las ideas, el que en cualquier escenario político se necesita: amigos de infancia relatando sus virtudes y esas pequeñas debilidades, tan tiernas en la construcción del liderazgo; una novia que recibió el flechazo instantáneo, irresistible, ante la presencia del nuevo Secretario General socialista, recordándote que si ella no pudo resistirse antes incluso de hablar con él, ¿Cómo vas a hacerlo tú, desorientado votante, que tanto anhelas abrazar nuevamente la rosa aunque tenga espinas?

PedroSanchez2Volvamos a los famosos diecisiete compromisos de Pedro Sánchez, la tenue sombra a la que todos los dirigentes socialdemócratas ahora se arriman en busca de tímido cobijo para que su arboleda electoral no se despoble, obligándoles a huir al mundo real, con el cambio policlimatológico que se avecina. Luchar contra la corrupción, primarias para todos, puertas giratorias atrabancadas, fin de indulto y aforamientos múltiples, reformas legales genéricas, etc. ¿Y dónde podemos encontrar el socialismo que reclama la ciudadanía, la búsqueda de condiciones laborales y de ejecución real de derechos y perspectivas sociales? No en su sonrisa, desde luego, porque el PSOE se encuentra sujeto a una mastodóntica maquinaria de supervivencia enterrada entre su poder ser y su ser real. Resulta evidente que una participación del 65% en sus bases de afiliados en un éxito de movilización, pero habrá que ver si estos lo han hecho también en la convicción que el cambio de cromos volverá a resultar higiénico para que su hogar político no se derrumbe y, más aún, resurja de sus múltiples cenizas ideológicas.

Desde IU y Podemos resulta bastante evidente su común regocijo por esta orientación en el aparato socialista, que parece preocupar en mayor medida al PP que a todo aquello que se viene gestando a su izquierda, cada día a mayor distancia de lo que sus siglas aparentan ocupar. No obstante, resulta paradójico que quien más le alabe también le tema, bien porque por un lado garantiza el equilibrio del bipartidismo por más que la primera decisión, nada meditada y muy en la línea efectista de la vacuidad programática, sea romper el pacto pro Junker, aunque también su aparente moderación salvaguarde el negocio pero pueda, desde la parafernalia del marketing político, pescar con cierta opulencia, por primera vez, en el caladero popular, siempre a salvo del pirateo electoral por más que Vox y otras cañas desorientadas hayan intentado asomar en río revuelto.

¿Quién ha sido quién en estas urgencias? Negar que el cataclismo de los pasados comicios europeos no ha removido, dentro de sus escasas capacidades, briznas de apariencia cambiaria en los mastodontes políticos es de un cinismo espantoso. Pero está claro que el Partido Popular postergará cualquier estrategia a la extenuación de su mayoría absoluta, mientras que tanto Eduardo Madina como Pérez Tapias ya venían siendo rostro de líneas que rumiaban otro panorama antes incluso que se certificara la defunción de la calma bipartidista. En cambio, será Pedro Sánchez, un obediente miembro del aparato tanto desde su responsabilidad en la Asamblea General de CajaMadrid como en la reforma express del artículo 135 de la Constitución, quien decore el futuro próximo de la socialdemocracia española. Su sonrisa ya ha llegado. Sus ideas, si las tiene, se harán de rogar.

Dicen que aquí sí PODEMOS hacerlo

A pocas horas de haberse finalizado el recuento electoral de los correspondientes sufragios para conformar el Parlamento Europeo, los macro análisis ya se han desgranado en forma, como de costumbre, bien de grandes titulares (no hay más que comprobar la caída de un 77% al 49% de porcentaje de votos de los dos grandes partidos desde las generales de 2011 a hoy) o de excusas redactadas a toda prisa por las maquinarias de comunicación de unos mastodontes que se saben artríticos pero posponen su ineludible cita con la rehabilitación interna (Cospedal destacando que España es, junto a Alemania, el único Estado de la UE donde gana el partido que gobierna es de mercadotecnia de grasas trans). Como consecuencia destacadísima no admite discusión que la irrupción de Podemos en estos comicios comprende el gran titular, tanto por haber alcanzado de la nada cinco eurodiputados como por su manera de enfocar, en poco más de tres meses, una campaña electoral ahondando en estrategias realmente transparentes y sobrias de financiación (crowdfunding parciales) y de comunicación (utilización real de los canales de social media, bidireccionalidad permanente, asambleas participativas, ausencias de liderazgo, etc.). A partir de ahí, y con los resultados más que a la vista, ponemos la lupa en batallas parciales que pueden haber arrojado las primeras balas este domingo europeista que, a pesar del interés de Partido Popular y Partido Socialista, no vio la desactivación de la maquinaria ciudadana con su arma más eficaz: la opinión democrática.

PabloIglesiasPodemos Madrid: Si tras el fracaso en las posibilidades de converger a estos comicios con IU hacía presagiar una débil capacidad de esta joven formación para alcanzar, a lo sumo, un escaño, los resultados finales han hecho sonrojar a cualquiera que en este país se dedique al negocio de las encuestas y las predicciones políticas. En ningún rincón del Estado han pasado desapercibidos, pero ha sido en Madrid donde su irrupción ha resultado demoledora. En el conjunto de la Comunidad han resultado la tercera fuerza política, superando en más de quince mil votos a Izquierda Unida y manteniendo esa posición en la mayoría de los municipios más poblados, incluyendo la propia capital, donde UPyD también ha hincado la rodilla. Pero no sólo en el centro peninsular se han erigido como principal fuerza hostigadora de “la casta”: Aragón, Asturias, Baleares y Cantabria también han apostado fuerte por esta renovadora opción. Queda por ver su capacidad para alcanzar estrategias conjuntas con otras fuerzas progresistas de cara a una hipotética participación en las elecciones municipales del próximo año, a donde se verán abocados a participar tras esta expectativa hecha carne politica, y si Pablo Iglesias no se verá superado por ese liderazgo que ha generado su propia imagen. Una cuestión es el deseo de participación colectiva y otra el insuperable torrente de vanidad política que provoca este torbellino. Su eficaz tandem con Juan Carlos Monedero, la otra cara de este intelectualismo académico, debe servir a Podemos de equilibrio para alcanzar la madurez como organización sin demasiados tropiezos a lo largo de esta ilusionante adolescencia.

WillyMeyerOtra oportunidad perdida: IU triplica presencia en la Eurocámara, cierto. Y roza el 10% de los sufragios, no hay duda. Pero da la sensación que su expectativa siempre choca con errores que, por su propia configuración analítica, por su materialismo histórico en vena, no debería cometer. En Asturias, por ejemplo, sus votos unidos a los de Podemos hubiera permitido a la izquierda real superar al PSOE, de igual manera que en, por ejemplo Canarias, territorios donde la formación socialdemócrata mantiene un respaldo histórico y ejerce actualmente tareas ejecutivas. En Andalucía, donde gobierna en coalición, se estanca por no decir que se deja avasallar electoralmente (duplicar sus sufragios en el actual contexto no puede significarse como heróico) por el efecto “Susana Díaz”, así como en Extremadura no han sido capaces de explicar al electorado su posición neutral frente al bipartidismo y sus menesteres. Una conclusión a primera vista puede encontrarse en un cierto rechazo de ciertas capas de potenciales electores en cuanto a sus formas, su aparato, su discurso: no dicen lo mismo que las dos grandes formaciones en decadencia, pero lo hacen desde los mismos púlpitos, utilizando similares estrategias de mercadotecnia, de publicidad de producto embotellado, y eso les entierra para muchos en el mismo pozo de desconfianza manifiesta.

BilduEuropaBildu viaja a Bruselas: En los mentideros de Euskadi se ha venido afirmando que, a pesar de encontrarse en frágil minoria, el PNV y el PSE estaban encantados dejando gobernar a Bildu tanto en la alcaldía de Donostia como en la Diputación Foral de Gipuzkoa, afirmando que su incapacidad para hacer política desde las instituciones acabaría destrozándolos solos. Pues parece que las predicciones han errado de manera atronadora: Bildu no sólo obtiene un eurodiputado, sino que en Gipuzkoa se ha alzado como primera fuerza política, además de mantener su preponderancia en todos aquellos municipios de las tres provincias vascas donde la izquierda abertzale ha destacado, antes y después de la desaparición de ETA, con o sin ilegalización de partidos.

CoalicionCanariaLas coaliciones cómodas se desmoronan: Mientras diferentes fuerzas progresistas no sólo han encontrado eficaces vías de entendimiento, así como mensajes unitarios para explicar a la ciudadanía sus planes reales de cara a Europa, uniones temporales de partidos clásicas, como la que han mantenido CiU, PNV y CC se han visto detenidas ante cualquier expectativa de aprovechamiento del suelo bipartidista. Resulta complicado, por ejemplo, que tres fuerzas enfrascadas en realidades antagónicas en sus respectivas Comunidades Autonómas sean capaces de movilizar más allá de sus afiliados. De este modo, ERC ha impuesto su carga de pureza en el mensaje en cuanto al proyecto secesionista en Catalunya; en Euskadi ya hemos visto como Bildu ha ensombrecido cualquier confianza de los peneuvistas; y, finalmente, Coalición Canaria, se ha derrumbado notablemente, a pesar de mantener una vía de confrontación muy fructífera electoralmente con el Gobierno Central a cuenta de las posibles prospecciones petrolíferas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Pues a pesar de solicitar voz para detener los planes del ministro, precisamente canario, José Manuel Soria, el PP ha triunfado en el archipiélago, dándose datos tan desoladores para el partido nacionalista como el cosechado en la capital, Santa Cruz de Tenerife, donde actualmente ostenta la alcaldía: quinta fuerza política, duplicando sus papeletas tanto PP como PSOE, y siendo superado por IU y Podemos.

VidalQuadrasSi la derecha se divide… se queda igual: A diferencia de la movilización que se ha registrado en la zona izquierda del arco parlamentario, la irrupción de Vox para esta campaña electoral puede significar su primer y último impacto como marca electoral. El veterano político conservador Alejo Vidal-Quadras no ha podido revalidar el acta de eurodiputado que ostentaba tras su larga trayectoria en el Partido Popular, y el pírrico 1,5% de votos no parece buen punto de partida ni para atraer a nuevos votantes, ni mucho menos, para arrebatar protagonismo institucional al PP. Más allá de las encuestas, la campaña de crowdfunding donde solicitaban 250.000 euros para sufragar los gastos electorales y que recaudó 6 miseros euros le debían haber servido como la mejor encuesta para detener máquinas antes de chocar de frente con la realidad. Un discurso idéntico, cambiando el verde por el azul, no parece la mejor herramienta en estos tiempos.

marine-le-pen¿Quo Vadis, Europa?: La extrema derecha se impone en Francia, los euroescépticos hacen lo propio en Inglaterra, mientras en Dinamarca tanto de lo mismo, es decir, de espaldas a Europa. Por su parte, Estados como la República Checa o Polonia expresan más por lo que callan que por lo que dicen: la participación ciudadana en ambos países, por debajo del 20%. Hungria y Grecia siguen sonriendo ampliamente la intolerancia racista, pero en el segundo también es cierto que la izquierda real encuentra una victoria de mérito. Ya se solicitan elecciones anticipadas en varios países a tenor de los resultados hoy conocidos. Quo Vadis, Europa? En ocasiones, si bien el horror a la frivolidad historiográfica impulsa a no hacerlo, da la sensación que nos empeñamos en repetir la peor de las realidades. El comienzo de este siglo, sin ir más lejos, parece querer calcar algunos ingredientes del anterior al mismo ritmo anual. Confiemos que las próximas dos décadas nos lleven la contraria.

Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

¿Votamos o compramos?

Si retiramos los eslóganes finales, si nos presentan estos poco más de treinta segundos de campaña comercial indefinida, resultaría complicado saber exactamente qué producto están ofreciendo a nuestro desnutrido bolsillo. Lo que sí resulta cristalino es que tras tanto paisaje, tras tanto físico deslumbrante, tras tanta afirmación con expectativas de consumo, cualquier ciudadano sin Delorean en sus neuronas tendría claro que el emisor de las secuencias con ánimo de sosiego mercantilista persigue que, una vez finalizado el látigo devorador, salgamos raudos al establecimiento más próximo a requerir que nos surtan de lo suyo, de lo que malamente venda. Pero no, retírense de los escaparantes más cercanos, porque hasta y sólo el 25 de mayo podrán formar parte exclusiva del producto que les pone en bandeja este anuncio. El destino se denomina “colegio electoral” y la corporación que les insta a acelerarse en busca de su mercancia no es otra que el Partido Popular. ¿Y el candidato? ¿Y alguna pista sobre sus propuestas para que los ingredientes no se nos indigesten? Ni rastro, que eso de separar consumismo con representación electoral es de un rojerío que hágaselo ver.

El PSOE dice, y dice bien en su trailer para el preverano 2014, que su intención principal pasa por mover Europa. Visto el ritmo activo de los actores que secundan su propuesta, y retirando de la misma manera siglas y colores, resulta evidente que no han sabido, o peor aún, no han querido transmitir a la compañía de comunicación que se encarga de esta campaña que el público objetivo es el conjunto de la ciudadanía a través de una ideología, una manera de entender Europa. Cuando los treinta segundos de spot se funden en negro, a lo más que alcanza el ideario visual y sonoro es a tentarnos con salir raudos a comprar leche hipedesnatada, enriquecida con omegas varios, para que nuestro corazón no palpite frenéticamente al ritmo de la desazón política. O quizás la socialdemocracia española pretenda realizar un viraje inmediato en su objeto social y ahora esté interesada en dedicarse a la organización de carreras populares o subidas verticales por estas tierras en llamas.

Europa1En formato gráfico la cosa no mejora. En la cartelería sí que los candidatos bicéfalos parecen condenados a “dar la cara”, pero a medias. Elena Valenciano no parece cómoda sin arropar su gaznate en este tiempo entre textiles, a medias entre el pañuelo de una damisela de Serrano y una activista alejada de gritos y fronteras. Se pretende un palestino, pero se queda más cerca de Estrasburgo que de Gaza, que eso pretende la cosa inamovible. De la unión fiscal, de los equilibrios ciudadanos en la Europa comunitaria, de las reclamaciones para que desaparezcan los lobbys que marcan tendencia inagotable en cuanto a la lucha desclasada se refiere, ni jota, ni soe. Sí se encuentra, en cambio, la “P” de perdidos en una envidiable foto-carnet que la arrimará a Bruselas de la misma manera que a los millones de despistados socialdemócratas españoles les aleja de la más mínima esperanza de encontrar bajo el puño y la rosa alguna predicción progresista en cualquier futuro próximo.

Europa2Y para no desentonar con la alianza de intereses a ambos lados de las urnas, siempre en busca del desapego más quejumbroso, de esa necesidad de parecer que te activan cuando no hay mayor somnolencia electoral que hacerte bostezar a propósito, Arias Cañete y los suyos no se quedan atrás. Ambos dejan claro en sus respectivas cartelerías que rojo y azul son colores que monopolizan, que buscan inundar nuestra inconsciencia para que no veamos más allá, ni mas acá. “Lo que está en juego es el futuro”, situado frente a un señor entrado en años (y no busquen más entradas perversas, que de los juegos dialécticos sabemos cuando retirarnos), y una mirada difusa entre el añil, los brillos, y unos binóculos que realzan párpados y pestañas en búsqueda de abrazos comunes. Ni vemos su futuro, ni nos resulta sencillo justificar su pasado, pero se obstina en remarcarnos que algo va “en la buena dirección”, y de no ser el colesterol y la carga triglicérica del protagonista, resulta complejo acompasar la señal con algún mensaje clarividente.

¿Votamos o compramos? Las dos grandes estructuras políticas, a pesar de sus más que pronosticable debacles en intención de voto, ¿nos tratan como consumidores a conciencia o se les ha acabado el repertorio de lugares comunes? Resulta evidente que enviarnos lejos de las urnas, tal y como están sus evidencias, les resulta más beneficioso que animar a votantes del pasado a encontrarse el domingo, tal vez, con ganas de doblar otros comodines, de ponerse de puntillas a ver qué hallazgos pueden encontrar en los estantes superiores.

Chalecos salvapatrias bajo el escaño

ValencianoCañete1A lo largo de las próximas dos semanas, todos aquellos que aún no hemos conseguido ser hastiados por la política-show que campa de cabo a rabo a lomos bipartidistas, teles arriba, periódicos abajo, tendremos que ser sometidos bajo palio a las estocadas sin punta, al machete de hoja acolchada. Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete son muy suyos, lo que viene a ser muy de sus partidos, del establishment, y ambos, puestos en solfa, nos arengan con eslóganes demasiado acordes, tal vez hasta acordados. Nos despistan de manera despiadada tratando sobre asuntos que están en la pista de aterrizaje y sin combustible, tan lejos de Bruselas como de las entendederas que todavía nos quedan con algo de riego: que si viajar en business o en turista, si pagar dietas de taxi o tomar el tren-lanzadera… Las dos grandes estructuras empresariales que dedican su negocio a esto de la política parece que, bajo sus asientos, siempre acomodados en primera fila, no esperan encontrar más que un confortable chaleco salvapatrias que les aleje del riesgo del voto masivo y, de este modo, insonorice sus terrores con el mullido confort de la abstención.

Partido Popular y Partido Socialista observan el horizonte con ganas de abrazarse y dejarse de vainas. Todo ha sido tan dualmente traicionado por aseveraciones que van y vienen y nunca se cumplen pero se recriminan que el lobo hace demasiado que les ha mostrado las orejas, el rabo y la lengua. Se pueden seguir pagando encuentas con preguntas significadas, ocultar en porcentajes de gatillo fácil que el producto que vienes vendiendo huele rancio, salpimentarlo recuperando ingredientes que en estas citas incluyes para la receta si bien, una vez superada la velada electoral, olvidas su aprovisionamiento. Todo eso se puede usar en perversa lid y, de hecho, es más rutina que excepción. Pero lo que anima todo ello es, precisamente, a que acudamos cada vez menos al establecimiento, que ese porcentaje ya de por sí manoseado se achate y se triture para que los más de los menos mantengan el equilibrio en las cantidades; fuera de la cabina parlamentaria el frio no decae.

Y mientras unos piden con el tono bajito que les votemos bajo el argumento de que, ahora sí, ahora más que antes, ahora más que nunca, el futuro se decide con ellos como estandartes, el presente nos dilapida con muestras repetidas de discursos, revanchas y censuras que hostigan lo inmediato para que el poder, el objetivo último y único, nos despiste, precisamente, de aquello que debe ser reclamado a corto plazo. Monago y Fernández Vara, tan cerca y tan más cerca, tiran de amnesia embotellada para reactivar esas mismas batallas con pistolas de agua, y ese cruce de disparos despolvoreados difícilmente supone para la ciudadanía entender qué va a cambiar o qué se está protegiendo cuando el ruido se escucha más por palmadas propias que por bofetadas en pragmatismo ajeno.

Las democracias nacen, se hacen, se recuperan y se defienden hasta la derrota, pero también, y es el panorama más tremebundo cuando el amanecer se despierta con estas tonalidades, se amnesian desde la trinchera interior. Desde luego, desde estos dos reactores (PSOE y PP) que no se ruborizan por despegar en aeropuertos sin tráfico, que prefieren no repasar los niveles de combustible antes de ascender en descenso, mirar por el retrovisor significa coordinar sus respectivas rutas y confiar que no falle ningún motor más y la improvisación se reduzca a repetir las normas de seguridad para que no se nos olvide que el sistema pasa por ellos, que el chaleco no es un paracaidas, que en la diversidad llegan sus retrasos.