Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

La corrupción Sobre la paciencia

Implicados a partir de un cutre libro de cuentas, que se vende en cualquier papelería, y que se rellena concienzudamente, casi con pluma de ganso y en la penumbra de un despacho terrorífico, en ese epicentro que gobierna con mayoría absoluta el Estado y la mayoría de las Comunidades Autónomas. Esta síntesis ha revolcado los cimientos de las negativas y amenazas de costumbre, que se realizan en cuestiones como la presente de una manera casi autómata, con la confianza de la prescripción por bandera y a otra cosa, mariposa. Pero hay momentos en que la realidad mezcla demasiados ingredientes como para poder descubrir el sabor de la masa; en este caso, el silencio agría cualquier confianza en que no se haya caducado el contenido. Tal vez sí sea así a nivel penal y fiscal, pero en ningún caso parece que se pueda otorgar la absolución ciudadana a este punto de ebullición que amenaza con quemar toda la cocina central. Los receptores de supuestos sobresueldos de dinero no declarado amenazan o se ocultan; los presuntos donantes no tienen nada que aportar.

Barcenas1Tal y como señala la publicación que ayer dio a conocer el periódico El País, esta tradición de reforzar con regularidad mensual los emolumentos de la cúpula del Partido Popular se ha mantenido, como mínimo a lo largo de casi dos décadas, teniendo a Luis Bárcenas como cajero intocable de un instrumento heredado por unos, auspiciado por otros, pero sobre el que nadie parece tener constancia. Ahí es donde la mayonesa no consigue alcanzar su punto adecuado. Utilizar de manera imperturbable el silencio y hacer mutis por el foro cuando la investigación periodística te señala con diez dedos no alcanza para tanta paciencia agotada. Si hace escasamente un mes una encuesta del mismo medio de tirada nacional evaluaba la confianza de los ciudadanos en los grandes partidos en mínimos históricos, este empuje hacia el descrédito sólo puede continuar alimentándose a medida que no se presenten las pruebas que sean capaces de rebatir el contenido de negra contabilidad o presenciando, por primera vez en la historia de esta arrugada democracia, que los actos ausentes de ética vienen acompañados de consecuencias capaces de regenerar el inmueble sobre el que hemos construido nuestra esperanza como sociedad con ánimo de resultar cada día más avanzada.

En realidad, la prudencia parece sólo partir, precisamente, de aquellos que hemos sufrido la sustracción no sólo de nuestras contraprestaciones tributarias a base de recortes y supuestos sacrificios donde más se hiere a un Estado Social y Democrático de Derecho que se precie de apellidarse con tanto lustre, sino de esa inversión continuada que hemos ido aportando al vaivén de un proceso electoral y político empeñado en alejarse de nuestros gratuitos abrazos, de nuestra confianza tuerta. Las manifestaciones frente a distintas sedes del Partido Popular apenas han superado las centenas de asistentes, y las reacciones en diferentes redes sociales han limitado su indignación y gestión del humor en comparación con escándalos de reciente aparición. No es que el ciudadano se hastíe de lo ocurrido, mucho menos se mal acostumbre como una presencia incómoda que desvalija su esperanza sin posibilidad de redención democrática; la aparición de que la corrupción parece ser una institución imbricada por la élite del partido que gobierna como una estructura de armónico trasvase de parné no declarado elimina gran parte de la ironía que pueda aparecer por las mentes más privilegiadas del anónimo circo de la comunicación en la red y en el asfalto. No hay más que ver la mayoría de carteles que exhibían los manifestantes ayer en la calle Génova: sobrios carteles solicitando Dimisión en blanco y negro.

Barcenas2Siguiendo el procedimiento tradicional del Partido Popular en estas huestes (no hay más que retroceder y echar un vistazo al tratamiento que se le dio al caso Naseiro), la Secretaría General de la formación conservadora niega y amenaza, la Vicepresidenta afirma que no es su cometido tratar de asuntos de partido desde Moncloa y, por lo que aseguran las últimas informaciones, el Presidente, tres días después, se limitará a hablar para los suyos, en abierto para los medios pero sin rueda de prensa ni pregunta de los periodistas acreditados. A ver si se pasa, a ver si se olvida. Pero como de ésta parece que no va a poder salir a base de silencio y chascarrillos, algunos ya se dedican a justificar su aparición en la novela de los pagos. Una realidad que huele como un flato: aunque se niegue, la peste se queda en el ambiente. La dosificación por parte de los medios de próximas informaciones para rentabilizar sus tiradas, el abandono hasta de los propios (salvando a Marhuenda) en la defensa a ultranza de la causa popular y el grito de regeneración que va tomando amplificación minuto a minuto nos dice, nos vocifera, que ha acabado el tiempo de la impunidad.