Coratritus

CoratritusSi cuando miras un telediario te quejas porque únicamente te presentan miseria y destrucción, abre tu cubo de basura, dale fécula puntiaguada con revolución de colores a tu cristalino, y a otra cosa, quisquillosa. Eso de que la belleza puede hallarse en los lugares más insospechados es tan cierto como que el político que desaparece todo agosto, gobierno en funciones mediante, acusa de sobredosis de veraneo al contrincante que regresa en el siguiente puente aéreo. Y la mezcla, ¿Qué añadir a tanto colorido a trozos y en rebanadas, de cráter a punta? Es detritus volcánico, azulado coral que alimenta en silencio, a oscuras, el tiempo del adiós.

El tiempo de la memoria se maneja de forma muy pareja al hambre: Solo vamos a recordar aquello apremiante, lo más rabioso y directo. Nada más, al menos hasta colmar lo urgente. Algo así debe estar mezclándose entre los jugos políticos de la negociación para conformar un gobierno estable en España; de lo contrario, resulta poco recomendable aventurarse a entender porque las dos principales fuerzas políticas que aspiran (sic) a finiquitar un acuerdo continúen, erre que jota, taconeando sobre el mismo andar a lo largo del último mes y medio. Que si ya no estamos en esas, que si para tres ministerios de chichinabo ya tal… Vuelvan a fijar la vista en la naturaleza muerta de su izquierda y comenzarán a ver floretes donde, al principio, nada más que había unos spaguettis sin cocinar que daban asco y mucho.

Sigan, sigan, no dejen de observar el coratritus. Continúa modificándose como uno de esos libros de dibujos triangulares que juegan a las tres dimensiones con nuestra vista torpona ¿A qué ahora aparece un corazón de fresas ya como forma completa, alanceada? Ahí está la cardiología de la política, no lo duden. Los flecos de colores, las pasiones que surgen de cada tono, es tal cual el reflejo de esa ruta de ida y vuelta que se dispone en la negociación postelectoral para llegar a término, aunque sea necesaria oxitocina negociadora a litros. Porque leer el todo que forman esas piezas es como recorrer un poso de café olvidando el granulado: La clave está en la armonía.

Las incrustaciones amarillentas entre tanto rojo no dejan lugar a duda: El pacto PSOE-Unidas Podemos está hecho, pero recibirá trompicones hasta el último minuto. Es la dulce grasa de la revancha, la bilis fresca que busca podrir en lugar de enriquecer pero no hay colesterol HDL que pueda con la inercia de lo inevitable. Va aquí, a través del caudal de la experiencia, la lectura definitiva: La cúpula socialista no se ha quedado sin arena entre los dedos de los pies durante todo el mes de agosto para desarrollar una agenda de reuniones con diferentes colectivos profesionales y sociales, puritita antesala al último round, que bien cuesta para que participen rostros visibles de cada segmento, y hasta la vista. No, para nada. La corteza de ciruela-arteria morada desdice siquiera la más mínima opción de que ese cordón umbilical cardiaco no se encuentre bien sellado, sin posibilidad de corte. Un parto eterno, de cuatrienal aspiración. A mediados del mes de septiembre, con el cronometro del marcapasos pidiendo revisión urgente, se concretará mesa y mantel para confirmar que en noviembre no tendremos cita con las urnas, tal vez con una canícula extendida, a lo sumo. ¿Cuánto durará la alianza? ¿Se dejarán ver en público los dos líderes, mano a mano, pelillos a la mar? A tanto no llega las parábolas de Coratritus, no tentemos a la concreción.

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Ser un buen español es…

… No tener pretensiones de agredir, vejar, insultar, vilipendiar y cualquier actitud en primera conjugación infinitiva que suponga salir de mala baba y, al cruzar esa frontera entre la puerta del hogar y la acera española, buscar enemigos en lugar de un rayito de sol invernal.

Ser un buen español es ir hasta la frontera del pueblo de uno, de ese uno y bueno español, del barrio de uno (otro uno, o el mismo, algunos pueblos ya tienen su enjundia y hasta su dimensión territorial tensa), de la provincia o Comunidad Autónoma de uno (mejor si esta no es uniprovincial, porque entonces vamos a lo que vamos y llegamos al mismo sitio), y darse cuenta que no está pintada, que no hay nada más maravilloso que un vacío lineal, no así natural en forma de tierra yerma, riachuelo más o menos mercurizado o, sencillamente, un arbol tras otro. Y, al llegar a ese límite entre sus valores y los de los cafres (eso piensa usted, si continuamos el rastro supositorio, o de suposiciones) que habitan al otro lado, se dará celerosa cuenta que no existe allí y aquí, que no tiene muy claro dónde y por qué han puesto, a suponer, un cartelón de “Bienvenidos a Piedra Las Cañas de la Medianía”. Y, si mira bien y da la casualidad que la trashumancia se vuelve a poner de moda rural, a lo mejor hasta se percata que la antropomorfia y algunos otros rasgos del sapiens sapiens tienen la manía de replicarse allende su urbanización.

Ser buen español es no andar todo el día torturado con ese pensamiento bellaco de que los que vienen por mar andan con el animus robandi por encima de valores clínicos (Y cívicos. Si los suyos andan por los derroteros de la línea anterior, le sobraría la “l” del primer valor o le tocaría sustituir la “V” del segundo) recomendados. Recuerde, compañero de DNI, que no en todas partes se vive tan bien y con tanto bar cerquita de casa (Y del trabajo, y del super, y del ambulatorio…), en algunos sitios hasta les da por matarte por tonterías, torturarte por echar la tarde, arruinarte la vida por un quítame allá esas tierras con coltán debajo. Y que millones de buenos españoles como usted tienen al tío de América, que no dejó herencia pero sí un montón de historias de emprendimiento, sinergias positivas, y branding laboral a punta de pala. Pues eso, que los que arriban verá que también quieren formar esos relatos a sus próximas generaciones, trabajando tanto como los demás y, a poquito que pase el tiempo, acercándose al bar ese tan majete que estaba al lado de… de todos lados.

Ser buen español es no ponerse a trastear hasta la propia bandera del español. Deje esas águilas para los estandartes de Juego de Tronos, no sea impaciente por ver la temporada definitiva. Si tanto nos gusta la Constitución, que la tenemos leída y releída, recuerde que la sacrosanta y poco manoseada Carta Magna nos cuenta como va eso de los símbolos patrios allende el año 78, con sus coronas, sus columnitas, y todo el tuneado propio de las cosas del país democrático en el que usted cohabita.

Ser buen español es serlo sin pensar que se es bueno, sí, pero también mejor que otro buen español. La mejor, única, manera de ser un ibérico o insularizado por mediterráneo o atlántico (norteafricano de ciudades autónomas aparte) de pro consiste en pagar los tributos que correspondan sin poner cara de yogurt con bifidus activado a control remoto y cumplir esas normas que sí, que son muy de esto o lo otro, pero que están aprobadas, ratificadas, sancionadas, promulgadas y publicadas y todo esto, en plural normativo, desemboca en que está requetebien hacerles caso.

Ser buen español no es incompatible con querer cambiar su bello Estado, válganos Quevedo y qué menos. Proponga pero no disponga. Colectivice sus pulsiones, pero no amedrente; vacile, pero no se mofe. Una mano de pintura siempre está a la vuelta de la brocha en el curso de la historia de naciones y comunidades de vecinos, pero recuerde que siempre necesitará de otros millones de buenos españoles y, de paso, si cuenta con debatirlo con esos otros millones que no están por la labor, miel sobre hojuelas.

Porque ser buen español tiene truco: Pruebe a ser un buen tipo/a y verá como la cosa cuaja.

Si lo sé, no pienso

Silosenopienso1No levantar la mirada del desánimo, tan en todas las letras e imágenes que vienen y retornan, trae estas desazonadas cuestiones. Por ejemplo, si un Estado cuenta con la propiedad plena de una compañía de telecomunicaciones, rudimentaria pero monopolística, lo que asegura pingües beneficios casi sin necesidad de innovar y ser innovado, ¿Qué le lleva a deshacerse, precio de mercadillo aparte, de su prístina oportunidad para abastecer presupuestariamente a otros sectores, deficitarios en su esencia y sin remisión? Libre competencia, dicen que alguien comentó que así se llamaba en tiempos del Fausto de Adam Smith. Pero aunque la flor se mantenga lozana en su primer vuelo, el adiós al fértil tallo no hará sino asegurar que le ronda lo mustio, el fin del color. La vuelta al negro y negro.

De una compañía de telefonía con esguince leve de eficiencia (mercado que fue mutando hasta contar con nuevas extremidades en forma de dispositivos móviles, conexión a internet, televisión a la carta, etc) pasamos a cuatro con diferentes niveles de rotura de ligamentos, cruzando entre ellas sus respectivas lesiones, enredando entre cobre, fibra y demás tiranteces el oligopolio del absurdo. Y poco a poco, fusión a absorción, las quejas pasaron de las cuentas de resultados corporativas a las facturas de millones de usuarios. La farsa de la competencia permanece, pero el control real de este mercado en una sola insignia, casualmente la misma que vino del fondo común a la mansalva privada, es moneda corriente. La diferencia, que esos multimillonarios ingresos ahora se reparten de acción en acción, de aquí para allá, mientras el Estado cuadra cuentas a costa de fondos de calcetín roido. Y no levante mucho la voz, que a lo mejor el santo grial de este juego de pocos para uno se percata de su pujante pobreza y le obliga a seguir siendo competitivo vendiendo algún aeropuerto. Mientras sea el de Castellón….

Silosenopienso2Tanto dar vueltas al innoble arte de reflexionar en voz ronca agota que es un primor, así que nada mejor que airearse con las ventanas del coche bien abiertas y ¿Qué demonios? con el cinturón bien recogido, lejos de la incomodidad de torso a ingle. A fin de cuentas, ¿Con qué derecho viene el Estado que todo lo vende a querer regular mi potencial muerte, elegida desde la inconsciencia más privada? Si me dedico al deporte de rotura de lunas estilo ariete clásico, problema mío y nada más que mío. “Ojo, egoista conductor”, me inquirirá la DGT, “que sus mutilaciones, secuelas, fenecimiento en última instancia, es abonada por todos en solidaria comandita, vía Seguridad Social. Aténgase a las normas para no empobrecer más las arcas públicas ni colapsar la sanidad de su Comunidad, seguramente deficitaria”. Que gran verdad. ¡Gracias, Estado hermano, sanador prematuro de mis humanas imprudencias! ¡Odas a ti, Protector anticipado de las turbulencias de tus ciudadanos atolondrados! Ahora, aplícate el cuento y prohibe de una humanitaria vez tantas y tantas barbaries que se suceden durante la canícula cerebralmente tenebrosa, a lo largo y estrecho de tus pueblos y villas. No permitas que miles de mamíferos superiores, pacíficos y sin capacidad de decidir su participación en ningún tipo de afrenta carnicera a su vida e integridad, sean utilizados como juguetes de muerte, víctimas abrasadas por la obcecación colectiva de reafirmar su ancestralidad sanguinaria. Y, mientras humanizas tu carcaza para abandonar tantas excusas de tradición sobre civilización, no me vuelvas a hablar de responsabilidad en ningún aspecto de mi libre albedrío al mismo momento que facilitas decenas de muertes y lesiones humanas previa al irreversible sacrificio del único que entra sin pedirlo, que se defiende sin ser reconocido por ello. La crueldad aderezada por esa concatenación de irresponsabilidades, desde el poder público que financia generosamente estas atrocidades, hasta los miles de “gallardos” novicios que se lanzan a multiplicar el terror del astado. Y cuando unos pocos, estadística inevitable, fenecen o quedan malheridos de gravedad, se convierte en noticia como si el toro apareciera de la misma manera que ese pinchazo a noventa kilómetros por hora. ¿Y ese doble coste, el de nuestra barbarie social y el de la víctima voluntaria en el fervor de la sangre, quién lo paga?

Silosenopienso3Basta de dar vueltas, de seguir dudando alrededor de la propia duda, que podemos dar un volantazo de esos que hieren con sólo sentir el derrape bajo las neuronas. Mejor continuar acechando este mes de agosto lejos de los arrumacos de la contradicción que supone perseguir lo equilibrado. A la playa, pues, a escote, con amigos, tirando del poco dinero que el menudeo de este capitalismo nuestro nos permuta en algún rincón de las comisionadas cuentas bancarias. Claro que, pensando sin querer hacerlo pero nuevamente un poco, a ver de qué manera uno se tumba en la hamaca sin ser visto por los prismáticos del periodismo riguroso. Mal está gastar lo que uno bien se gana, y peor aún si lo hace tras cometer la osadía de ser político de paso con la pensión a la vista de todos. Faltaría que los que van de Luxury Resort imPúnicamente vayan a permitir que se extienda la costumbre de proveerse de asueto contra el pecunio propio. Desde luego, está visto, mejor no salir de casa. Mejor aún no salir del sueño. Si lo sé, no pienso.

Huelgas silenciadas

Movistar1Hubo un tiempo en el que la iluminación del capital alumbró una nueva veta de beneficios incalculables con sólo hacer un click en la organización del trabajo. De la noche a la mañana, miles de trabajadores directos, que organizaban sus reclamaciones laborales de manera eficaz a través de sus plataformas sindicales y el control que disponían de las relaciones de trabajo a través de sus respectivos convenios colectivos se fue al garete con el invento de la subcontrata. Unos lustros después, nos hartamos sin saberlo de ver a tantos y tantos congéneres con uniformes y logotipos serigrafiados a la ropa de trabajo de corporaciones. que pagan su exiguo salario de manera indirecta: bienvenido a la irresponsabilidad empresarial.

A través de esta vía no sólo se consigue, efectivamente, intentar eludir la confrontación empresa-trabajadores en la ordenación de las condiciones de trabajo, al abonarle la factura a contratas que se comen el marrón y evitan manchar la imagen original si ésta fuera la encargada de establecer horarios leoninos y sueldos de miseria; además, se persigue la disgregación del colectivismo, casi como si se organizara una pelea de fieras, con todas esas microempresas y autónomos estrechando costes para obtener la porción que sea posible de la tarta. No obstante, el error siempre se termina cometiendo, ya que la avaricia es extremadamente golosa y, de este modo, resulta complicado saber detener la tuerca antes que ésta ceda en su aleación.

Los técnicos encargados de reparar las averías de los usuarios de Movistar y de instalar los servicios de fibra óptica y demás productos de la multinacional de las telecomunicaciones nacional, privatizada al gusto del capital a finales de los noventa en esa “era milagrosa” del ministerio económico de Rodrigo Rato, han dicho “basta ya” a las condiciones que pretende, una vez más, imponerles el operador y que, de media, suponen salarios que oscilan entre los 600 y los 800 euros por jornadas de trabajo maratonianas. Afirman, a su vez, que los costes de desplazamiento a los hogares de los clientes, por ejemplo, son abonados por su propio pecunio, como ejemplo paradigmático de hasta donde puede ir retornando la ambición empresarial cuando la normativa laboral se despista a su favor.

Huelga de Hambre telefónicaMiles de incidencias se reparten por todo el Estado, ya que lo que comenzó en las grandes urbes en semana santa se ha extendido al conjunto del Estado, con enorme seguimiento en una huelga esperanzadora, toda vez que, precisamente, ha conseguido eliminar esa apuesta por el individualismo feroz a través de la subcontratación, unificando las demandas de mejoras en las condiciones de trabajo a pesar de no trabajar “en” la misma empresa, pero sí “para” la misma empresa. La presión que se viene obteniendo a través de esas múltiples reclamaciones de los usuarios, que no obtienen respuesta hasta pasado, de media, una semana desde la aparición de sus correspondientes averías, así como las reclamaciones de corrección en las facturas por no disponer del servicio contratado, parece no hacer mella aún a Movistar, que resiste la embestida con personal propio y priorizando, como no, a los grandes clientes.

Pero, sobre todo, esta resistencia responde a dos factores que pueden centrarlizarse en uno sólo: la estabilidad empresarial. Las grandes corporaciones no entienden que se puede ser líder de un determinado sector ofreciendo mejor producto y mejor servicio y que, para ello, repartir el beneficio que genera entre sus empleados revierte en una plantilla satisfecha, que traslada su buen hacer y mejor trato al cliente y éste, nuevamente, continúa confiando en la empresa. Que va. La gran corporación sólo reparte entre su consejo directivo y accionistas de todo el orbe, que ganan con el esfuerzo ajeno únicamente con el sudor de su pulgar, al apretar la tecla de “compro” y “vendo” desde Albacete o desde Kuala Lumpur. Y Movistar, al cierre de ayer, no sólo no padece ganchos en el parqué sino que, muy al contrario, lidera las subidas del grupo del Ibex 35.

Porque ese es el titular que hoy refieren las grandes cabeceras informativas del gigante Movistar. Y ayer. y los días anteriores. De la huelga, ni mu. Bueno, sí, cuestiones como ésta, a modo de resumen. Y de lo que no se habla, no existe. Ningún informativo de las cadenas televisivas nacionales, mucho menos los periódicos de gran tirada, han tenido espacio para tratar una huelga masiva que se prolonga ya por espacio de dos semanas en una de las principales empresas societarias de este país. Falso. Espacio sí le dedican, pero en sus espacios publicitarios prime time o en página impar, a todo color.

Los a la derecha firmantes

AznarGonzalezCuando se habla de “bipartidismo”, imposible no pensar en esta idílica pareja. Entre ellos se fraguó, durante la última década del siglo pasado, un deja vu histórico de alto voltaje, actualizando el pucherazo de Cánovas y Sagasta a un centenario vista. Todo atado y bien atado. En las afinidades, en los intereses, se acaban encontrando los más irredentos antagonistas, si bien en el caso del binomio PSOE-PP cada vez resulta más complicado recordar si, en efecto, alguna vez desde 1978 y el primer gran acuerdo de las fuerzas ordenadas, que no de orden, en realidad fueron líquidos políticos divergentes. En el sumidero electoral en el que andan ambas formaciones metidas parece claro que los millones de votos que van a ir perdiendo serán succionados en la misma dirección de las agujas del reloj, esto es, a la derecha y a toda pastilla.

Felipe González y José María Aznar comparten más de lo que desechan en sus bifurcados senderos hacia el poder y el dinero. Han utilizado ambos como nadie, si no instaurado en versión alto copete, las puertas giratorias, desde Gas Natural hasta Endesa, pasando por asesoramientos de dudosa compatibilidad moral para con eso que ya no parece valer, como es el prestigioso cargo (o así debería serlo) de ex Presidente del Gobierno. Se alinearon y se dejaron de alinear con unos y otros dirigentes, pero ambos les rieron las gracias a Alemania, se confrontaron de pega y se amaron con Francia, y se postraron ante los Estados Unidos como jefes de todo esto, desde la OTAN que sí, que no, que nunca te decides, hasta postrar a España bélicamente en montañas lejanas plagadas de cadáveres inocentes.

AznarGonzalez2Pero como su reino no es de esta Iberia en busca de nuevos acomodos en las instituciones, ambos han tenido unos buenos años para granjear sus correspondientes simpatías en tierras allende los mares y en conquistas pudientes. Esa visión, tan extensa como la codicia les permita, ha conformado que se alcen como discretos estrategas comerciales al mismo ritmo que se erigen, de cuando en cuando y tal y como se les exija, de faros de cartón piedra en la defensa del término más embarrado que puede leerse en titulares a cinco columnas: “Libertad”. Coincidiendo con la próxima Cumbre de Las Américas, Felipe González y José María Aznar han reaparecido juntos y bien revueltos, junto a otros veintitres ex presidentes latinoamericanos, suscribiendo un manifiesto en defensa de ese supuesto valor supremo en Venezuela. Les acompañan en la cruzada caribeña dirigentes tan adorados en sus países de origen como puede ser el caso del argentino Jorge Duhalde, el colombiano Álvaro Uribe, el magnate mexicano Vicente Fox, el boliviano Jorge Quiroga o el uruguayo Luis Alberto Lacalle. Todos ellos comparten similar espacio en el curso de la historia, esto es, el abandono de las conductas que representan por parte de sus respectivas ciudadanías, si no, en algunos casos, hasta el intento de persecución judicial por acciones nada instructivas.

AznarGonzalez3El grupo de los 25 se muestra tremendamente preocupado por lo que ocurre en un Estado que ha visto como el grupo político que ostenta la responsabilidad de gobernar ha vencido en 16 de los 17 comicios realizados desde la llegada al poder de Hugo Chávez, con ratificación de las principales instituciones observadores en cada uno de los procesos electorales; que ha conseguido disminuir radicalmente los índices de pobreza alimentaria y educativa del conjunto de la nación; o con avances de trazo grueso en materia de lucha contra la desigualdad. Esos mismos ex dirigentes, que retornan del pasado para imponer la visión del presente con la connivencia de las grandes plataformas de comunicación a uno y otro lado del océano, ¿Se preocuparon de levantar una mínima crítica a Pinochet en vida? Más bien lo dejaron retornar plácidamente de Londres a su cueva, en primera clase. ¿No tiene ninguno nada que suscribir ante la violencia estructural de México y sus países limítrofes? Calla, que son de los nuestros. ¿En qué medida les quitó el sueño las atrocidades de las monarquías árabes para con sus ciudadanos? Lo inversamente proporcional a los jugosos contratos firmados con las potencias saudies.

AznarGonzalez4En Venezuela se libra una de tantas batallas del capital tras la desaparición de Hugo Chávez, con las mismas espadas en alto que aguardaban su momento desde la atalaya de Miami, el mismo faro que vigila Quito, La Paz o La Habana. En el caso del país caribeño, sus recursos energéticos lo convierten en pieza codiciosa que no puede dejarse escapar por más tiempo. ¿Alguien recuerda lo que sucedió en Paraguay tras el arrinconamiento de Lugo? ¿Preocupa la corrupción generalizada de El Salvador, Honduras o Guatemala? En el caso de nuestra ramplante pareja de ex gobernantes, ¿Ha osado suscribir acaso un párrafo solicitando la libertad del pueblo saharaui frente al expolio y destierro del ogro marroquí? Cuidado, que la libertad se escribe con Mont Blanc. Para la sangre, ya está la de los desaparecidos en el combate de la avaricia.

AznarGonzalez5De tanto repetirse en según qué medios de según qué capitales, se empeñan en consolidar un Ministerio de la Verdad virtual que nos injerte la premisa de que Venezuela no es una democracia, que sus problemas de inseguridad son sinónimo de guerracivilismo, y que el desabastecimiento de sus mercados internos no supone un embargo multinacional encubierto, sino torpeza y crueldad de sus mandatorios, que se las ha olvidado comprar el pan y la leche al salir a tirar la basura. En ésas se encuentra el capital, y para él aportan su fidelidad nuestros pizpiretos ex jefes del ejecutivo. Mientras, en España, sus antiguas formaciones continúan idolatrando ambas figuras, a las que llevarán en procesión en los próximos comicios. Después se sorprenderán al verse en la obligación del fustigamiento, con borbotones de votos huyendo de esas heridas que la ideología, la honradez política y la auténtica libertad no son capaces de cicatrizar.

Qué no votar cuando vas a estar votando

Votar1No hay cerebro más avinagrado que el de un ciudadano español con derecho a voto en el presente año. Si, además, dicho individuo se encuentra empadronado en Andalucía o Cataluña, las posibilidades de diálisis macroencefálica aumentan exponencialmente en cuanto las campañas electorales pretenden sumergirse en sus respectivos lóbulos parietales, hasta alcanzar la inmersión sin escapatoria en dimes y diretes de lo viejo y lo nuevo, el eslogan y el mensaje. En definitiva, 2015 supone, irremediablemente, la anualidad decisoria, un impulso al que están llamados casi 30 millones de electores con la diferencia sustancial, respecto a las anteriores citas frente a las urnas, de esa intención decisoria de la que puede dimanar un escenario divergente en la controversia, unívoco ante la construcción de la primera democracia.

Votar2Las ilusiones van y vienen, y cuando de entregar una decisión compleja en forma de simple papeleta se trata, los ensueños suelen arrinconarse al pie del colegio electoral de turno. No obstante, para los próximos meses se avecina una novedad, encarnada en forma de pluralidad, por mucho que ésta pueda deberse a corderos disgregados empeñados en tostar su piel para que el lobo al que entierran bajo sus tiernas fauces no concrete el colmillo avecinado. En efecto, de 1982, aún con menos oferta en el carrito electoral, podemos aprender como la carnaza puede resultar de apetecible a podrida en menos que se anula una promesa programática. Hoy contamos con cinco artistas en ciernes, algunos ajados de tanto salir al escenario a golpearse con el aplauso pactado, otros necesitados de cabecear en las encuestas con más ritmo que el perrito piloto del asiento trasero, así lo nieguen, así consumen su apuesta por lo nuevo recurriendo a diario a las estructuras canosas.

Votar3Estamos perdidos, eso es patente de corso ciudadano. Y el que no lo quiera ver, que se ajuste el iris y la cornea antes que su ideológico espejo retrovisor le abandone ante el choque lateral de turno. Se ha hablado en los últimos dos años tanto de castas, viejo y nuevo, superación del bipartidismo y otros menestorosos tratamientos publicitarios de esta pausa en el partido amañado de nuestra rutina política, que algunos llegarán exhaustos en lo anímico a los últimos compases del presente ejercicio. Eso que se denomina caduco no desaparecerá en tanto en cuanto el nivel formativo del elector común con derecho a serlo y votarlo encuentre su rebeldía crítica circunscrita a un jadeo puntual, inentendible, al hacer zapping y deslizarse unos gramos-minutos en aquel debate político que hoy es tedio. De resto, su afecto para con la papeleta se encuentra entre el desapego y la fidelidad… a la pareja de turno. Mientras, aquellas almas rebeldes dispuestas a encontrar nueva parentela para abrazar esas veladas sociales por explorar continuarán siendo casquivanas errantes en el sendero del acuerdo sin consenso, la crisis estabilizada, el grito del sordomudo. No se apenen, que a lo mejor le quedan tres oportunidades: tiren a dar, que el perrito piloto no siempre toca, pero tiene ganas de irse en sus brazos.

Atajo a mano derecha

Ciudadanos1La resaca acuosa del efecto Podemos parece que comienza a replegar olas, a paso lento e inseguro, si bien resultará imposible secar la humedad de su inserción hasta el centro del panorama político aunque su oleaje no sea finalmente tan hidrogenada como podía preverse. No obstante, de la misma manera que un terremoto, las réplicas vienen para intentar quedarse, y ahora le toca el turno a aquella que pretende atajar en línea recta pero con el intermitente derecho avisando de su maniobra más inmediata. Desde la Catalunya más divergente, den la bienvenida a aquellos que han tomado la nacional sin peajes hasta el ecuador geográfico y político del Estado español: ellos son los Ciudadanos tan del futuro que no llega como una azafata de Neutrex, sin bandera, sin ideología, sin complicaciones. Listos para consumir, éxito de ventas.

De cabo de Gata a rabo de Finisterre, parece que las huestes de Albert (¿O ya se habrá transmutado en castellano Alberto?) Rivera han esperando la resaca de las ventiscas populares para hacer suyo el paisaje decolorado de una política marchita. Podemos ya se ha encargado de recolectar todos aquellos frutos electorales ansiosos de ser engullidos al albur de la primavera política, pero parece que la analítica sociológica, desorientada del edén parlamentario, obviaba a aquellos cientos de miles votantes conservadores y liberales tan alejados de rejos, monedas y coletas que también se encontraban marcando el número de emergencia electoral.

Ciudadanos2Rajoy y los suyos parece ser que han perdido un tiempo exquisito en recolectar pruebas irrefutables acerca de lo lejos que pone Íñigo Errejón a redactar sus trabajos académicos o la indigestión que le provocan a Pablo Iglesias las ostras con perlas mientras Rivera enviaba a Garicano y Conthe por el flanco derecho, desguarnecido en la confianza de mantener firmes unas garitas realmente agrietadas, cuando la cauterización electoral se encuentra acorralada por una especie de hemofilia de confianza. El Partido Popular se ha equivocado de enemigo, y hasta tal vez ha llegado el momento de arrepentirse en su estrategia de ignorar la necesidad de hacer bueno el desvalor de tu antiguo enemigo si no quiere que la supuesta gran coalición pueda quedarse en coqueto pacto de esquina. El naranja ha venido para quedarse, y sabe en qué herida debe escarbar si precisa alimento. De este modo, pocas tonalidades van quedando en un arco iris que ha dejado, definitivamente, de resultar bicolor para ese estrabismo político que la ciudadanía hispana ha tenido a mal soportar. Si los semáforos del sentido común hablaran…

Ciudadanos3Parece evidente que la geopolítica nacional no va a dirimir sus múltiples controversias electorales en cuestión de debate, sino de plazos. Abierta la veda por las legiones violetas, da la sensación que la corriente magenta se pasó de frenada, llegando tarde a su quinta marcha, mientras el múltiple trazo verdoso se ha ido dejando potencia colorida por la obsesión de ser cola de microbio casi desde que la democracia sufría su primer acné en forma de comicios. Azul y rojo, tanto monta y monta ahora tanto menos, resultan incapaces de entender sus respectivas pinceladas en la mezcla de la paleta representativa y, finalmente, ese cocktail que va desmenbrándose de las apariencias primarias ha tomado forma naranja: Los últimos tal vez sean los primeros o, al menos, los más veloces en la curva definitiva de este futuro político incierto.