Perdemos

Perdemos1La potencial ilusión que pueda generarse ante el partido electoral de vuelta y vuelta que se avecina en los próximos meses, desde la aparición de Podemos, Ganemos y cuantas propuestas políticas de denominación positiva se formen, se trastabillea ante la realidad de que el panorama-país que continuamos amasando únicamente parece conducirnos, a partir de la imagen en 360 grados que nos empeñamos en tomar, a la conclusión de que la sociedad española se empeña en evacuar una suerte de Perdemos más allá del resultado de los comicios. Elementos más que aparentes nos invitan a carecer de la confianza tuerta de los esperanzados perennes, toda vez que de derecha a izquierda, si alguien se atreve a definirse sin pudor en algún punto iluminado de este mapa político tenue, continúan asomando desde la impúdica reiteración de los malabares electoralistas de turno hasta el deja vu de estrategias ochenteras, en versión beta, para que la batalla siga igual. Con más siglas, pero sobre cemento fresco.

Perdemos2Este Estado castellano-parlante a la orilla derecha del Atlántico no puede tomarse en serio con actuaciones neocolonialistas de corte burricalvo. Si el asomo del ridículo se advertía en el comienzo de la pasada Cumbre de las Américas, con dos de sus ex presidentes firmando un manifiesto favorable a intereses privados para con la República de Venezuela, la votación en similares términos realizado en la Cámara Alta nacional reclamando la liberación de presos en ese país resulta el colmo del descrédito. ¿Se imaginan sufrir similar aberración desde Congresos extranjeros? La soberanía nacional mancillada, poniendo en cuestión la legitimidad de la democracia local, resulta intolerable para cualquier nación digna. Y Venezuela, salvo que las reglas del juego hayan sido modificadas en medio del partido, es un sistema democrático representativo, así validado por todo tipo de organismos internacionales rigurosos. ¿Detención de delincuentes o de opositores? La justicia es quien lo dilucida, en virtud de la separación de poderes. ¿régimen o dictadura? Repetir calificaciones que no se ajustan a la verdad no modifican la misma, pero la distorsionan en el entendimiento común de miles de ciudadanos. ¿Aversión a un país democrático mientras se modifica la normativa penal para evitar la justicia universal a delincuentes extranjeros de potencias a respetar? Mascarada de país de tercera. ¿Negocios y abrazos con sátrapas y sus naciones, líderes en opacidad jurídica, pena de muerte, torturas y tiranía? Reglas del juego a la inversa.

Perdemos3La esperanza por obtener el brote democrático a este juego encasillado que resulta la política-comercial de bajo standing pareció asomar a través de la formación liderada por Pablo Iglesias y su eclosión en los pasados comicios europeos. Pero, de la misma manera que su ideología o principios se han ido ensombreciendo al ritmo que aumentaba la expectativa electoral vía encuestas, el rigor ha dejado paso a esa manera tradicional de hacer política a ritmo de hitos con flash a la vista. Ayer tocó regalar un pack de Juego de Tronos al monarca de turno, como una graceja que viste al líder pero no aporta ni una clave de gobernabilidad. Ah, y de concreción en materias ejecutivas, desde la políticas más generales hasta aquellas cuestiones tan peregrinas como si por monarquía o república debemos comenzar a poner las tejas, no esperen novedades hasta que las butacas se ocupen y la iluminación baje unos grados.

Perdemos4Y es que en España no queremos saber la verdad porque no estamos preparados para conocerla. Cristóbal Montoro bien lo detecta, ya que cuando se es capaz de empujar por el acantilado de la inseguridad jurídica y tributaria a un país que se dice serio aprobando amnistías fiscales opacas, lo de proteger a amigos y dejar al descubierto a oponentes supone un mínimo regate a tres cuartos de campo de la portería. El gobierno del PP se permite hechuras de juez trasatlántico cuando de poner en barbecho las garantías procesales extranejeras se trata, mientras su ministerio de la verdad se apresta a eliminar todo rastro del hijo pródigo, milagro y resurrección de aquello que califica al propio partido como un circo de ratones. Con las paletas en solfa. Con la naricilla olisqueando la próxima trampa sin queso.

Perdemos5Pero no se preocupen, eviten venirse abajo. Recuerden que la hermosura se viste de candidato todavía tanto a derecha como a izquierda, aunque aún no se entiende demasiado bien por qué lo llaman así cuando quieren decir centro. Si todo falla, si la ciudadanía se aburre de promesas o, sencillamente, no tiene a mano algo de agua para tragárselas, ponga usted un líder joven y de buen ver que no diga nada y le preparen todo. Es de una exportación que abruma, el último grito made in usa en mercadotecnia política. Para economía y esas zarandajas, ya contratan a lubricados despachos de asesoramiento transversal (ese hito en léxico electoral de nuevo cuño), que igual les preparan la declaración de la renta que les formulan un programa y sus fechas de anunciación. Ya sabe, si no vota es porque no quiere, bolivariano desalmado.

 

Qué no votar cuando vas a estar votando

Votar1No hay cerebro más avinagrado que el de un ciudadano español con derecho a voto en el presente año. Si, además, dicho individuo se encuentra empadronado en Andalucía o Cataluña, las posibilidades de diálisis macroencefálica aumentan exponencialmente en cuanto las campañas electorales pretenden sumergirse en sus respectivos lóbulos parietales, hasta alcanzar la inmersión sin escapatoria en dimes y diretes de lo viejo y lo nuevo, el eslogan y el mensaje. En definitiva, 2015 supone, irremediablemente, la anualidad decisoria, un impulso al que están llamados casi 30 millones de electores con la diferencia sustancial, respecto a las anteriores citas frente a las urnas, de esa intención decisoria de la que puede dimanar un escenario divergente en la controversia, unívoco ante la construcción de la primera democracia.

Votar2Las ilusiones van y vienen, y cuando de entregar una decisión compleja en forma de simple papeleta se trata, los ensueños suelen arrinconarse al pie del colegio electoral de turno. No obstante, para los próximos meses se avecina una novedad, encarnada en forma de pluralidad, por mucho que ésta pueda deberse a corderos disgregados empeñados en tostar su piel para que el lobo al que entierran bajo sus tiernas fauces no concrete el colmillo avecinado. En efecto, de 1982, aún con menos oferta en el carrito electoral, podemos aprender como la carnaza puede resultar de apetecible a podrida en menos que se anula una promesa programática. Hoy contamos con cinco artistas en ciernes, algunos ajados de tanto salir al escenario a golpearse con el aplauso pactado, otros necesitados de cabecear en las encuestas con más ritmo que el perrito piloto del asiento trasero, así lo nieguen, así consumen su apuesta por lo nuevo recurriendo a diario a las estructuras canosas.

Votar3Estamos perdidos, eso es patente de corso ciudadano. Y el que no lo quiera ver, que se ajuste el iris y la cornea antes que su ideológico espejo retrovisor le abandone ante el choque lateral de turno. Se ha hablado en los últimos dos años tanto de castas, viejo y nuevo, superación del bipartidismo y otros menestorosos tratamientos publicitarios de esta pausa en el partido amañado de nuestra rutina política, que algunos llegarán exhaustos en lo anímico a los últimos compases del presente ejercicio. Eso que se denomina caduco no desaparecerá en tanto en cuanto el nivel formativo del elector común con derecho a serlo y votarlo encuentre su rebeldía crítica circunscrita a un jadeo puntual, inentendible, al hacer zapping y deslizarse unos gramos-minutos en aquel debate político que hoy es tedio. De resto, su afecto para con la papeleta se encuentra entre el desapego y la fidelidad… a la pareja de turno. Mientras, aquellas almas rebeldes dispuestas a encontrar nueva parentela para abrazar esas veladas sociales por explorar continuarán siendo casquivanas errantes en el sendero del acuerdo sin consenso, la crisis estabilizada, el grito del sordomudo. No se apenen, que a lo mejor le quedan tres oportunidades: tiren a dar, que el perrito piloto no siempre toca, pero tiene ganas de irse en sus brazos.

Partido político revisable

CadenaPerpetua1La realidad supera a la suposición en el panorama político actual, no cabe duda. Aunque adivinen el rostro enjuto del estilizado Secretario General del PSOE a la vera del jefe del gobierno patrio, su vena cava se encuentra rebosante de nutrientes pactistas, y tras este intercambio primigéneo de pactos en torrente, su cuerpo le pide que el ritmo no pare. Esa supuesta Grosse Koalition que tanto se supone y, a la vez, el diputado madrileño niega antes que el gallo marque la hora de los comicios, comienza a tomar cuerpo en fascículos; y, como buena historia relatada a través de porciones, la primera entrega supone un capítulo piloto, capaz de sorprender, aturdir, desorientar al espectador, pero nunca decepcionar. En el caso del pacto para una reforma del Código Penal (y van…), lo de Pedro Sánchez fue firmar y renegar, como su tocayo mesiánico salvo que, en este caso, parece no querer alejarse de la crucifixión política que se le avecina.

Se ponga como se ponga el blanqueamiento dental con capacidad bípeda designado, a medias y a ratos, como cabeza visible del enésimo proyecto socialdemócrata fracasado de antemano, suscribir un acuerdo calificado “de Estado” (la miopía soberbia del bipartidismo carece de bastón y de perro guía) por iniciativa propia para, acto seguido, anunciar su denuncia inmediata, resulta imposible de explicar a aquellas huestes que quedan formando trinchera con las uñas. Y evitar, al día siguiente, a los mismos medios que silenciaron el día anterior, entregándoles únicamente una declaración en la que denota ánimo pactista con el partido al que se pretende derrocar, ya sitúa directamente la estrategia en el gabinete de comunicación de Génova 13.

CadenaPerpetua2Y es que al PP, si fuera por sus compañeros de rotación gubernamental, la purga se las hacen sin necesidad de subir la tapa del váter político. Resulta de todo punto normal que Rajoy y sus huestes se sientan en la salsa menos picantona a la hora de afrontar la pelea definitiva con la pureza de Podemos y sus inmaculados cuadros en esto de la confrontación electoral. A fin de cuentas, tras 35 años de jugar al “corre, corre que te pillo” en un círculo milimétrico, debe resultar hasta tedioso competir con aquellos que viven en una contradicción demasiado instalada en la corteza ideológica como para suturar las heridas entre sus simpatizantes a cada golpe de timón excusada en la “responsabilidad de gobierno”, y zarandajas similares. Para las imputadísimas señorías de la bancada derecha, todos sus pecados se expían con un par de padres suyos; es lo que tiene vivir con una valla fronteriza a ambos márgenes: ni sale emigrante en busca de pan y voto, ni accede más allá de la descendencia social que acepta votar PP porque es patria, España, y olé.

CadenaPerpetua3Sí, el principal interesado en estar cerca del partido gobernante es, aunque parezca una paradoja ufológica, el propio PSOE, aterrorizado con la posibilidad de perder esa reconfortante medalla de plata acostumbrada a colgarse sin necesidad de esprintar. La hora de las navajas chapuceras, renovada en última instancia a través de la condescendencia de los delegados socialdemócratas con su propio porvenir como formación política destacada, les ha dejado a los pies de Pedro Sánchez, capaz de firmar un documento que llevará al ejecutivo popular a incluir un nuevo capítulo de penas fagocitador de la propia esencia que alumbró el Código Penal de 1995 y que, definitivamente, situará a este Estado inestable en la vanguardia europea del castigo frente a la redención y la reinserción a pesar de tener uno de los niveles más bajos de todo el continente en cuanto a índices de criminalidad se refiere. Da igual, el secretario general del PSOE le ha cogido el gusto a jugar a hombre de Estado antes siquiera de soñar con rozar tal dignidad, mientras deja a su espalda, en lontananza a un partido político revisable de principio a fin.

Cambio de marcha

Tras exitosos mítines por las principales ciudades del Estado, la maquinaria ciudadana de Podemos ha alcanzado el epicentro de la capital a toda velocidad, imprimiendo una marcha más en su estrategia política social con el objetivo de alcanzar la última meta: el palacio de la Moncloa. Sin embargo, esta multitudinaria “Marcha por el cambio” tal vez no haya avanzado hasta extraer el total de prestaciones que le permite su carrocería; resulta indudable que el encuentro ha sido un éxito, más allá del juego a doble altura de recontar asistentes para impulsar o frenar, según intereses, el número que importa, esto es, el que acabará dentro de las urnas. Aumentan las revoluciones, hay un cambio de marcha, el circuito parece moderadamente despejado pero, ¿se avanza por el sendero y con el vehículo inicial?

CambioMarcha1Para ser más hay que concretar menos, esa parece una odiosa clave política que se viene cumpliendo en cualquier escenario con derivación en lo electoral. Desde la irrupción de Podemos, como un torbellino, en los pasados comicios al Parlamento europeo, la exponencialidad de su crecimiento en intención de voto y sintonía social ha sido la nota dominante, tal vez a la misma velocidad en que la moderación en el gasto de la espontaneidad ha comenzado a hacerse eco en el silencio de lo concreto. Aunque no se puede discutir sobre el nivel de ataque desleal en lo democrático que ya están padeciendo de manera hemorrágica los principales dirigentes de la formación magenta, lo cierto es que ante un escenario como éste, más que previsible para politólogos y analistas sociológicos de la experiencia de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Iñigo Errejon, esquivar los golpes fuera del ring permite cambiar las reglas, pero no eludir cualquier arbitraje. El tiempo del reposo ha dado paso a la época de los eslóganes, por cada punto porcentual en aumento de los diferentes sondeos parece estancarse el ilusionismo político. Son los mismos acompañados de muchos más, parece que continúan idénticos postulados, hasta de cuando en cuando regresan para sintonizar sus “greatest hits”, pero de casta le viene al galgo desde que la criatura sociológica adquirió estructura de partido político al uso.

CambioMarcha2La cuestión es si esta populosa demostración de fuerza supone la cima sobre la que Podemos comienza a vislumbrar las atalayas institucionales a conquistar y, para descender a la conquista, necesita soltar lastre. Los mítines recientes de la pujante formación política ya se leen, con repicar de aplausos, al ritmo del eslogan: declaraciones estudiadas, mensajes publicitarios disfrazados de contenido político y algún que otro chascarrillo en prime time forman el verso de lo que en un principio fue ágil prosa. No es cuestión de entrar a valorar si tras la ilusión hay solución, sino si la vieja política no se estará instalando en la estrategia de aquello que aspira a remodelar los cimientos carcomidos un cierto conservadurismo estratégico, una sinergia involuntaria con todo aquello conocido para, precisamente, aspirar a sustituirlo. El pavor de PP y PSOE a estas mediciones sociológicas a ras de calle se encuentran acompasadas a la falta de capacidad para soportar reducciones notables en su acomodada colocación de cargos y colaboradores con sueldo público, pero en cuanto a formas de sustituir el liderazgo macropolítico, los partidos habitualmente gobernantes han seguido en diferentes momentos de la historia reciente discursos y tácticas similares. Critican lo que conocen, porque saben que funciona, si bien Podemos llegaba para ser y actuar de manera diferente. De otro modo, estar sin ser supone no una marcha por el cambio, sino un cambio de marcha, haciendo uso del freno-mano que no elimina el movimiento pero limita la velocidad. Habrá que ver si, de todos modos, el combustible alcanza para llegar al destino.

Desbandada etimológica

Populismo1Llevamos demasiados días, meses, y los años que nos pueden quedar, recibiendo puñaladas léxicas desde todos los rincones, pero particularmente desde una suerte de extracto humano que parece gustar de disfrazarse con ropajes propios de antílopes sociopolíticos, al efecto de abandonar por completo cualquier atisbo de credibilidad en su oficio (hace demasiado tiempo que resulta difícil encontrar a representantes públicos que se tomen esa consideración con el ánimo temporal que tal designación merece) y entregarse, sin pudor ni miramientos de ninguna índole, a esa máxima electoralista de “repite una mentira, que en el ambiente puede quedarse revoloteando con apariencia de media verdad”. Sin ir más lejos, hemos vivido las recientes elecciones en Grecia como si supusieran una extensión de nuestro acopio plebiscitario, y en estos días hemos recibido desde la práctica totalidad de los medios de comunicación mass media y no tan media el incostatable calificativo de “izquierda radical”, para referirse al sedimento ideológico de la formación política ganadora en los comicios celebrados en el país heleno, Syriza. Y tan panchos.

El radicalismo como posición colectiva puede sonar, de primeras, a acciones poco dadas a la mesura. Por tanto, traslada una sensación de inestabilidad, aderezada con riesgo y hasta violencia. No resulta baladí el uso de una terminología así en los tiempos que vienen frenando, toda vez que las grandes fuerzas conservadoras y socialdemócratas del continente europeo han plantado sus respectivas tiendas de campaña en similares praderas: equilibrio, moderación, reformismo controlado. De este modo, se pulveriza el régimen definitorio de los términos en tanto en cuanto se pretende contraponer manera de construir sociedad a partir de dualismos básicos. Radical era la formación liderada por Lerroux, y nadie en su sano juicio puede imaginarse a una horda de rojos feroces capaces de suspender la autonomía de la Generalitar, o enviando los tanques a aplastar las insurrecciones proletarias en Asturias. Pero hoy, como el tiempo pasa sin dejar poso en la memoria intergeneracional, calificar a la formación de Alexis Tsipras como de extremismo marxistoide o radicalidad cavernaria supera el filtro y se enquista en el vocabulario cotidiano. Recuerden pues que lo que ayer era socialdemocracia hoy puede representar el bolcheviquismo de más rancio abolengo.

Populismo2Pero de todas las majaderías a propósito del lenguaje que se vierte sobre la corteza política, el término “populismo” es el que parece ha conseguido germinar con mayor abundancia de flora colorida, capaz de distraer a la muchachada con derecho al sufragio activo. A partir de la irrupción del fenómeno “Podemos” en el concurso electoral, cualquier propuesta que pretanda abandonar la resignación en el plano de la fragilidad socioeconómica y la vulneración de derechos, libertades y garantías ciudadanas arroja el resultado instantáneo de calificación populista. Y a otra cosa. El calificativo en cuestión no contiene, en puridad, más sustancia que aquella que hace referencia a cualquier situación relativa al pueblo, entendido éste como cada uno quiera verlo o pretenderlo. Probablemente, la silenciosa alianza del Partido Popular y el PSOE en las alturas de la representación política haya contribuido a repetir como un mantra el término, pero da la sensación que estamos ante un “donde ví popular digo populismo”.

Populismo3El sufragio universal impide que los partidos políticos en liza restringan sus mensajes a un determinado estrato ciudadano, entendido éstos como capas separadas por la capacidad de acumular bienes y expectativas de riqueza. De este modo, el que esté libre de una vocación populista, esto es, de afirmar que se vive por y para la defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo, en abstracto, que abandone el primer escaño. Todos los son, y cabe afirmar que las escuadras que hasta ahora han gozado de mayor representación en las diferentes instituciones, practican el innoble arte de prometer sin concretar a través de un mayor currículum demagógico, ora sea por las habilidades perfeccionadas a lo largo de las legislaturas, ora por la comprobación de que las consecuencias de la mentira no producen más que un más que soportable turnismo canovista. Lo incontestable es que mientras se reproduce a conciencia esta suerte de analfabetismo político calculado, la lengua patria arde en llamas frente a lo flamígero de las respuestas en desbandada.

Disquisiciones veraniegas (IV)

Antes que el calendario intraparlamentario recupere su anodina uniformidad conviene despedir este augusto mes con una de alcaldes. Los que conservarán su nicho de confortabilidad antipolítica y los que están por llegar desde la cercanía de las minorías unívocas. La reforma de la normativa electoral en lo que afecta al régimen local, además de extemporáneo y tramposo, como ya se ha comentado ampliamente en diferentes medios de comunicación, también adolece de cualquier viso de animosidad democrática, esto a pesar, precisamente, de muchos de esos análisis periodísticos que disculpan el fondo de la cuestión poniendo el énfasis únicamente en la forma. Y no. El estómago de la última andanada del Partido Popular para sostener por las bravas el poder municipal en las grandes capitales del orbe hispánico resulta un insolente ataque al deguello de cualquier esencia representativa que se precie. María Dolores de Cospedal ya mostró el camino a sus huestes conservadores reduciendo el número de parlamentarios autonómicos de Castilla-La Mancha y haciéndolo, además, sin debate plenario y sin contar con la más mínima voluntad de explorar consensos con otras fuerzas parlamentarias. A costa de ahorrar unos pocos miles de euros en salarios y dietas, la secretaría general de los populares se dio el atracón más voraz de política reaccionaria que se haya celebrado en España desde 1978.

Separemos la paja del trigo; el voto, de la voluntad. Esto es, comencemos por el final, que suele hacer más sencillo recorrer el camino ya escrito. Que gobierne, per se, la lista más votada, ni resulta más democrático ni, por supuesto, conlleva mayor eficacia de la res pública. Los pactos postelectorales resultan consustanciales a la mejor virtud de la política hecha entre todos, otra cosa es que dichas alianzas se establezcan en base a meros repartos de poder, a cuestiones de codicia personal. Pero para evitar esas situaciones no se puede establecer una cláusula de juego más ominosa en el epicentro del terreno de juego electoral. Es a la ciudadanía a quien le corresponde (y en el terreno municipal no nos negaran que resulta mucho más sencillo) evaluar el capital humano que compone las diferentes listas en su respectiva circunscripción, y exigir, mediante una actividad política permanente como animal colectivo necesitado de salubridad institucional, rigor en la defensa de los proyectos políticos presentados en campaña, así como coherencia en los acuerdos inter partes que puedan resultar de la conformación del ayuntamiento donde se encuentren empadronados. Que, como cacarea irritantemente Mariano Rajoy a ritmo de canícula gallega, puedan resultar gobiernos locales mediante acuerdos de tres, cuatro o cinco (o veinte) partidos, no supone la más mínima contradicción con la esencia de la democracia, mas al contrario, en circunstancias de honestidad pactista, limpia y da esplendor a los comunes rebuznos huecos entre militancia contraria a cada pleno que se celebre en lo largo y en lo ancho del Estado. Todos ellos comprenderan, de manera conjunta, una mayor representación ciudadana en número de votos, ergo el cauce nunca se rebosará de manera atronadoramente ilegítima. Al contrario, la automática gobernanza del minoritario más votado plantea dos dudas inmediatas: ¿Se permitirán las mociones de censura? (de ser así, todo este quebradero fabulado por el presidente y su círculo más temerosamente cercano no haría sino retrasar unos días lo inevitable en cientos de corporaciones locales); y ¿de no ser así, está preparado para crear un mapa municipal con multitud de plenos bloqueados?

Lo de ir, una vez surgidas todas las grietas que plantea esta nueva irracionalidad a golpe de mayoría absoluta, improvisando soluciones al modo de posibles segundas vueltas ya resulta dramáticamente carcajeante. Si se afirma haber visto la luz de la democracia perfecta tras cuarenta años en que se ha jugado a unas reglas establecidas por sus mismos padres políticos, ¿Por qué no se aprovecha el golpe de mano para establecer el mismo parámetro electivo en los parlamentos autonómicos y las Cámaras nacionales? Ah, no, que en recintos como el Senado se vive muy bien eligiendo un tercio de sus representantes a dedo autonómico y sin responsabilidad legislativa real. Como diría el ínclito Mariano “Esto ahora no toca”. Lo que corresponde, visto lo visto, es continuar alejando a la ciudadanía de las instituciones, pero acercando a la gente al colmo de su paciencia.

El Eibar de la política

Ésta es la celebración que ayer se produjo en la localidad guipuzcoana de Eibar, tras certificar, por primera vez en su historia, el ascenso a Primera División. Tras 75 años de existencia, el conjunto armero se convertía oficialmente en el club número 60 en engrosar la lista histórica de participantes en la máxima categoría del balompié nacional. Desde luego es de lo más destacable, toda vez que estamos hablando del club con el presupuesto más modesto de la división de plata, así como de ser un conjunto recién ascendido, tras un periplo de tres ejercicios en Segunda B. Pero lo más destacable es que el club presidido por Álex Aranzabal sostiene un balance contable que es puesto como ejemplo en la Liga Profesional nacional, sosteniendo un equilibrio financiero impecable en base a una política que prima la estabilidad económica sobre las pretensiones deportivas. Pero eso no basta. Así lo establece el Real Decreto 1251/1999, de Sociedades Anónimas Deportivas, que en base al cálculo regulado en función de diversos factores, obliga a la Sociedad Deportiva Eibar a una ampliación de capital desde los 400.000 euros actuales hasta algo más de dos millones. De lo contrario, el próximo mes de agosto el conjunto eibartarra cambiará de categoría, en efecto, pero descendiendo un peldaño.

EibarCuriosa manera de legislar en busca de la regulación correcta de las sociedades deportivas. Mientras durante años se ha permitido a clubes sortear descensos y desapariciones realizando maquillajes rastreros, desde ampliaciones anuales de capital imposibles de completar hasta empréstitos inasumibles a medio plazo por los clubes en favor de financieras y sociedades de intermediación deportiva, lo que ha llevado a la ruina técnica (dejando de lado corruptelas directas, sobornos, chanchullos, etc., impunes de toda impunidad) a clubes con tanto arraigo social como el Zaragoza o Racing de Santander, entre muchos otros. El conjunto armero, además, intentará el más difícil todavía: alcanzar esa ampliación de capital con una limitación por adquisición de paquetes accionariales, dando por sentado que resulta más importante el mantenimiento del espíritu familiar, colectivo, del proyecto, que el ascenso a costa de la irrupción de fondos externos que arranquen de cuajo el alma deportiva del Eibar.

Y del fútbol a la política, un camino relativamente corto en terreno nacional. Más aún al comparar las coincidencias de las dos mayores alegrías colectivas que protagonizaron la jornada dominical, los ascensos que generaron esperanza, regocijo, confianza en que se pueden lograr los objetivos a base de trabajo, honestidad y coherencia. Como ya hemos analizado con detenimiento, la formación PODEMOS se alzó como el triunfador sin paliativos de la jornada electoral para elegir la composición del Parlamento Europeo, al dinamitar las encuestas y lograr cinco escaños con más de un millón doscientos mil votos. Y esto en sólo cuatro meses, utilizando herramientas de comunicación interciudadana, fomento de las redes sociales, potenciación de las asambleas y movimientos locales, y sobre todo a través de una estrategia de financiación electoral impulsada desde el crowdfunding transparente, el rechazo a su financión vía compromisos crediticios con las entidades bancarias y, en definitiva, gastando aquello que sus propios simpatizantes fueron capaces de recaudar a lo largo de la campaña.

PodemosPues bien, en base a sus resultados y a la estructura de subvención a formaciones políticas para estos comicios europeistas, Podemos optaría a recibir algo más de treinta mil euros por cada eurodiputado obtenido, así como 1,08 euros por voto logrado. En total, la formación liderada por el politólogo Pablo Iglesias debería recibir algo más de un millón y medio de euros pero hecha la ley, hecha la mordaza económica. Al haber declarado poco más de cien mil euros como gastos de campaña, y considerarse como subvención el reparto de las cantidades a presupuestar, ese es el tope que puede percibir la formación progresista. ¿Subvención o financiación? He ahí el quid de la cuestión, al tratarse de unas cantidades a percibir con posterioridad, lo que impide conocer la necesidad de inversión en campaña, y que castiga el rigor a la hora de no gastar aquello de lo que no se dispone. Como quiera que los partidos tradicionales mantienen un flujo monetario siempre deficitario, atrapados en su mayoría por empréstitos frente a las grandes corporaciones financieras, ante aquellas a las que reclaman con mimo y caricias que aflojen el yugo de los desahucios y las ejecuciones hipotecarias, sus gastos siempre serán superiores a lo amortizado con estas compensaciones monetarias pagadas por todos. En cambio, lo ganado en las urnas, en buena lid, por Podemos no le permitirá continuar creciendo estructuralmente, sino que se repartirá equitativamente entre los morosos, premiando el derroche frente a esa austeridad real que no casa con la que nos incitan a llevar a término aquellos que han sido vapuleados electoralmente, claro está, por vivir en una repugnante contradicción. Por poner un ejemplo, VOX, que no ha alcanzado representación en la eurocámara a pesar de invertir una cantidad muy superior a lo largo de la campaña, recibirá una compensación mayor que Podemos. Dos ejemplos de como el sistema proclama y reclama unos principios mientras los apalea cuando éstos toman forma lejos de su control.