Política de rápido consumo

FastFoodQue el invierno comienza a finales de diciembre, o termina en la esperanza de un año que comienza con promesas de cambio, es un ritmo que no puede más que enfriar el escaso ánimo, desandar cualquier atisbo de recuperación emocional en casa propia. Con algunos imputados calentando cerca del banquillo pero tan lejos del terreno de juego carcelario y millones de prudentes ciudadanos dispuestos a rasgarse las vestiduras al ver sus respectivos votos convertidos en carne de gran coalición, las perspectivas de cambio para el año 2015 son inversamente proporcionales al show de fast food político que se ha instalado en el prime time catódico, nueva forma de entretenimiento de saturday night live a golpe de contertulios ligeros de andamiaje intelectual.

De PagaInfantas a convidados de piedra, no hay peor ilusión que la que se tiene desde el desánimo, la que se sabe incumplida antes siquiera de proponerse. Los espacios temporales no dejan de ser etapas ficticias que vamos encajonando en la bitácora del trayecto socio-colectivo para que las estadísticas nos queden más ordenadas, con arrugas bajo el pantalón. Mayo y noviembre son dos estaciones de servicio en ese cubículo anual que tanto se ansía dejar montado antes siquiera de pasar por la planta de compostaje; la primera promete una suerte de 14 de abril del municipalismo, y los optimistas no dejan de soñar con un cierre de ejercicio que vire, hasta colocar el mastil en la dirección de los buenos vientos, vislumbrando en lontananza la prosperidad de esa misma sociedad que lleva más de tres décadas asolándose conscientemente a base de pompas de jabón macroeconómico que siempre estallan, que antes o después tocan la baldosa fría del fraude y estallan.

FastFood2Nada de eso importa, porque ahora, efectivamente, todos tenemos al alcance de un par de botones del mando a distancia el santo grial de lo que viene a denominarse debate político pero no deja de ser amarillismo gritón con rostros que parecían rigurosos. Periodistas, candidatos y toda suerte de mester de juglaría política dejan sonar sus flautines gritones hasta altas horas de la madrugada a ritmo de centella, todo en dolby stereo de rápido consumo. Así tampoco se analiza, se piensa, se encuentran esos nuevos tiempos, ese destierro de lo viejo, que tanto gusta enarbolar con los mismo condimentos de lo caduco, esto es, a golpe de eslogan, con prisas y engordando mórbidamente la sensación de que la política no es más que chillido en celo, histrionismo que vapulea la paciencia ajena, hasta dejar exhausto al paciente frente a la vehemencia que establece hilo directo con el oido hambriento.

Siglas nuevas, espacios que ocupan otros rostros, muy probablemente con sanísimas intenciones, comprende ese escenario tan prometedor para unos, desasogante para otros. ¿Cambios? Resultamos púberes para hacer realidad la modificación sustancial del daguerrotipo social. Es indudable que una amplia mayoría ciudadana lo desea, pero desde lejos, repochada frente al televisor con la actitud del espectador ante un clásico balompédico. Finalmente, si gana tu favorito tendrás una horas, unos días, de venganza victoriosa, pero que no te quiten lo bailado, aunque siempre salgas a la pista con el paso cambiado.

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Una pista de hielo armado

PatinazoPolitico3Se dedican profesionalmente a aquello diseñado para ser cubierto de manera circunstancial, ocupando sus butacas unos y otros, en cierto modo un poco todos; o, al menos, una parte proporcional de cada tendencia, por muy genéricas que éstas deban ser. Todo ello, claro, siempre y cuando supongamos que el común de los ciudadanos tienen un interés tan real como bien nutrido en cuanto a ver la política, a saborearla, con la certeza de que resulta importante para sus respectivas existencias.

Éstos a los que nos referimos, tan repetidos como aquellos cromos sin valor a la hora de cambiar en busca del ausente, del último, del único, han conseguido rellenar esos asientos ad eternum. Se presentan a los comicios con la certeza de estar únicamente revalidando de una manera medianamente incómoda casi un derecho transmisivo, una especie de renovación documentada; un par de fotos, unas firmas, alguna sonrisa, y vuelta a la realidad. Debe ser por eso, como primer argumento a valorar, por lo que el nivel de traspiés viene aumentando en cantidad y baja calidad durante las respectivas campañas electorales. Y, probablemente, la necesidad imperiosa tanto del PP como del PSOE por mantener los niveles de participación a dieta estricta ayudan a destensar los discursos y participaciones de sus candidatos, empeñados como parecen en calzarse unos patines bien afilados y lanzarse a trompicones sobre pistas de hielo armado. ¿Todas las caidas son fortuitas, o el sombrio ridículo de patujadas propias de no iniciados políticos son el eslogan de baja intensidad, unos desacordes que no arañan el disco y nos hacen saltar de canción en canción, imposible descubrir la melodia?

PatinazoPolitico2En el plenilunio de las campañas, las grandes formaciones, ahora en probable decadencia, allanan el camino de sus rostros mismos, con torpezas quien sabe si calculadas a partir del error permanente, de la confianza generada por ese salvoconducto electoral que les hace entender que no hay mal mayor que el canovismo de nueva esfera. ¿De qué manera si no se puede llegar a explicar que un candidato a obtener la mayoría minoritaria, ataviado con asesores de toda tendencia y colorido, enrede en prime time sus calculados mensajes con machismo de alto voltaje, aderezado con alta graduación, no apta para ciudadanos de política hepática, de soberbia intelectual indemostrable? Cuando estas situaciones se producen, lo último que se espera es que sus ejércitos acudan al rescate con armas silenciosas, provistos de capa sin espada, dejando el campo de campaña hecho unos zorros, sin vivos ni muertos. Sin discurso. Premeditación y alevosía; a falta de argumentos, buenos son los espectáculos de pirotecnia sin pólvora.

PatinazoPolitico1Todo este recorrido parece surgir como, por tanto, nueva estrategia de esos grandes diseños del marketing político, tan carentes primero de ideología y discurso, y que ahora parecen evolucionar hacia la supervivencia de sus clientes eliminando también hasta a los candidatos y sus eslóganes. Siguiendo este hilo conductor, y con el control de los medios de desinformación, el público cautivo, con las siglas y el mamporrerismo de su lado ya bien insertado en el ADN cuatrienal hasta el punto de repetir, como un roedor de laboratorio, el conductismo causa-efecto designado, se encargará de mantener los niveles de representación de sus huestes.

Esos patinazos cada día más habituales obtienen, además, un relleno superior en los espacios informativos destinados al análisis y el discurso político. Y qué decir de las boyantes redes sociales, ahora víctimas de un nuevo fantasma gélido que les invita a movilizarse ante su criminalización vacua, en lugar de ser pasto de campaña alternativo. ¿Es esa obsesión por buscar tipos penales imposibles para controlar la demencia violenta de unos pocos otra pirueta que lleva al poder de bruces contra la masa de hielo o, rindámonos a la evidencia, el virtuosismo malévolo del bipartidismo, entrando a la pista con movimientos patosos, agarrado a las barandillas, para provocar nuestra carcajada a punto de silenciarse? Si nos retiramos confiados, todavía con una sonrisa de peligrosa autoestima a cuestas, puede que a nuestras espaldas nos estemos perdiendo algún que otro triple salto que haga revalidar el triunfo de las malas artes.

¿Votamos o compramos?

Si retiramos los eslóganes finales, si nos presentan estos poco más de treinta segundos de campaña comercial indefinida, resultaría complicado saber exactamente qué producto están ofreciendo a nuestro desnutrido bolsillo. Lo que sí resulta cristalino es que tras tanto paisaje, tras tanto físico deslumbrante, tras tanta afirmación con expectativas de consumo, cualquier ciudadano sin Delorean en sus neuronas tendría claro que el emisor de las secuencias con ánimo de sosiego mercantilista persigue que, una vez finalizado el látigo devorador, salgamos raudos al establecimiento más próximo a requerir que nos surtan de lo suyo, de lo que malamente venda. Pero no, retírense de los escaparantes más cercanos, porque hasta y sólo el 25 de mayo podrán formar parte exclusiva del producto que les pone en bandeja este anuncio. El destino se denomina “colegio electoral” y la corporación que les insta a acelerarse en busca de su mercancia no es otra que el Partido Popular. ¿Y el candidato? ¿Y alguna pista sobre sus propuestas para que los ingredientes no se nos indigesten? Ni rastro, que eso de separar consumismo con representación electoral es de un rojerío que hágaselo ver.

El PSOE dice, y dice bien en su trailer para el preverano 2014, que su intención principal pasa por mover Europa. Visto el ritmo activo de los actores que secundan su propuesta, y retirando de la misma manera siglas y colores, resulta evidente que no han sabido, o peor aún, no han querido transmitir a la compañía de comunicación que se encarga de esta campaña que el público objetivo es el conjunto de la ciudadanía a través de una ideología, una manera de entender Europa. Cuando los treinta segundos de spot se funden en negro, a lo más que alcanza el ideario visual y sonoro es a tentarnos con salir raudos a comprar leche hipedesnatada, enriquecida con omegas varios, para que nuestro corazón no palpite frenéticamente al ritmo de la desazón política. O quizás la socialdemocracia española pretenda realizar un viraje inmediato en su objeto social y ahora esté interesada en dedicarse a la organización de carreras populares o subidas verticales por estas tierras en llamas.

Europa1En formato gráfico la cosa no mejora. En la cartelería sí que los candidatos bicéfalos parecen condenados a “dar la cara”, pero a medias. Elena Valenciano no parece cómoda sin arropar su gaznate en este tiempo entre textiles, a medias entre el pañuelo de una damisela de Serrano y una activista alejada de gritos y fronteras. Se pretende un palestino, pero se queda más cerca de Estrasburgo que de Gaza, que eso pretende la cosa inamovible. De la unión fiscal, de los equilibrios ciudadanos en la Europa comunitaria, de las reclamaciones para que desaparezcan los lobbys que marcan tendencia inagotable en cuanto a la lucha desclasada se refiere, ni jota, ni soe. Sí se encuentra, en cambio, la “P” de perdidos en una envidiable foto-carnet que la arrimará a Bruselas de la misma manera que a los millones de despistados socialdemócratas españoles les aleja de la más mínima esperanza de encontrar bajo el puño y la rosa alguna predicción progresista en cualquier futuro próximo.

Europa2Y para no desentonar con la alianza de intereses a ambos lados de las urnas, siempre en busca del desapego más quejumbroso, de esa necesidad de parecer que te activan cuando no hay mayor somnolencia electoral que hacerte bostezar a propósito, Arias Cañete y los suyos no se quedan atrás. Ambos dejan claro en sus respectivas cartelerías que rojo y azul son colores que monopolizan, que buscan inundar nuestra inconsciencia para que no veamos más allá, ni mas acá. “Lo que está en juego es el futuro”, situado frente a un señor entrado en años (y no busquen más entradas perversas, que de los juegos dialécticos sabemos cuando retirarnos), y una mirada difusa entre el añil, los brillos, y unos binóculos que realzan párpados y pestañas en búsqueda de abrazos comunes. Ni vemos su futuro, ni nos resulta sencillo justificar su pasado, pero se obstina en remarcarnos que algo va “en la buena dirección”, y de no ser el colesterol y la carga triglicérica del protagonista, resulta complejo acompasar la señal con algún mensaje clarividente.

¿Votamos o compramos? Las dos grandes estructuras políticas, a pesar de sus más que pronosticable debacles en intención de voto, ¿nos tratan como consumidores a conciencia o se les ha acabado el repertorio de lugares comunes? Resulta evidente que enviarnos lejos de las urnas, tal y como están sus evidencias, les resulta más beneficioso que animar a votantes del pasado a encontrarse el domingo, tal vez, con ganas de doblar otros comodines, de ponerse de puntillas a ver qué hallazgos pueden encontrar en los estantes superiores.

Revueltas patrocinadas

Ahora que por Egipto se ponen lúgubremente de moda los tonos militares, da que pensar la supuesta estacionalidad de las revueltas que inundan las costas mediterráneas desde Tetuán hasta Latakia. Más de dos años después de que germinaran, supuestamente, masas floridas al albur de una democracia transmitida a golpe de tuit y “me gusta la libertad”, el calendario parece haberse detenido en plena insolación; Túnez soporta, a día de hoy, el mismo deterioro institucional, caos en los servicios y violación sistemática de los derechos humanos primarios con un dictador múltiple, sin rostro, el de sus propias cadenas oligarcas. A Libia mejor ni asomarse, presa de la venganza en cada esquina, con un Estado absolutamente fallido y la mutación (¿o sería más exacto recordar que no es más que la presencia, sin adornos externos, de la verdadera condición de la codicia?) de toda aquella troupé bendecida como “reformistas democráticos” en una suerte de señores diarios de la guerra por el control de la riqueza, cualquiera que ésta sea. Por Siria no se libran de sus propios libertadores, patrocinados con descaro por un interés mayor a cualquier apariencia cuneiforme de las primeras farsas en el innoble arte de la ocupación macroeconómica de los pueblos. Y de Egipto, ¿qué decir de Egipto? Tan asqueada de dictadores y tan amantes del totalitarismo, ansiosos por elegir y excitados por no aceptar sus propias elecciones. En todos estos casos, lo que allende sus respectivas fronteras se debate debería tener una postura uniforme, alejada de impulsar alienaciones en la opinión pública, favorable siempre a dos principios inmutables: la democracia y la protección y defensa de los derechos humanos. Pues depende, pues depende.

CORRECTION-GREECE-VIOLENCEEs lo que tiene intentar comprender por qué la turba se maneja contra uno, contra otros, o contra ellos mismos, en una sucesión de odios sociales que no parecen deslizarse en función de mayor o menor cantidad de polen de indignación en el ambiente. Allende nuestras fronteras, acostumbrados como estamos a no encontrar más enemigos que el abstracto villano del capital, representado en aquellos mismos a los que hemos entregado, con repetitivo desdén, nuestra confianza cuatrienal, ver imágenes de masas gritando y exigiendo, en lenguas interesadamente traducidas, valores supremos que damos como innegociables (a pesar de que se nos vayan dispersando, como calderilla revoltosa, a diario) nos emocionan. Si a eso le unimos montajes con musiquilla libertaria y un par de tomas de jóvenes en primer plano, los pelos como escarpia revolucionaria que se nos ponen.

Pero como el prisma del largo plazo suele ser mucho más sensato que secundar, sin miramientos, aquello que nos dicen que huele a violeta de la libertad, presenciar la segunda parte de algunos aconteceres que creíamos no iban a contar con trilogía deberían hacernos sospechar que los guionistas ocultos suelen inclinarse por exprimir al máximo la rentabilidad de sus productos. En casos como el egipcio, parece ser que el sufragio universal como cartelera del éxito de la floresta pasada no resulta adecuado cuando a los Hermanos Musulmanes nos referimos. Democracia sí, pero sin pasarse. Aquí no entran en juego mayorías, consensos ni negociaciones posibles, que no está el capital para patrocinar premiere al aire libre y que caigan chuzos de islámica punta. Para poder corregir ese desatino climatológico en lo electoral, siempre podemos contar con el héroe de turno (vease El Baradei y otros star de la oligarquía occidental de rostro árabe) y el estético despliegue de cámaras enfocadas hacia el plano adecuado.

Revuelta2Si a este lado del Mare Nostrum nos da por hacer de las nuestras, discutiendo la servidumbre del poder político a todos menos a quienes los han elegido, rechazando la alienación que resulta dar como hechos innegociables el sacrificio de un mayoritario lado para armar la fertilidad del que siempre gana fuera de las urnas, la estética de las mareas y las pancartas se torna, por obra y gracia de los patrocinadores, en una pira repleta de encendidos anti sistemas (¿es ese término rechazable per se?) que merece dispersar en mamporrero desorden. Entonces, dos costas se enfrentan en función del producto de sistema político manufacturado que se pretenda introducir. Por Siria llevan dos años erre que erre, y mira que les cuesta. Pero no hay salida, si el marketing exige frente libertario en busca del cambio de cromos, no hay valla publicitaria, ni sacrificadas abejas polinizando a diestro y siniestro que eviten la desertización de cualquier esperanza crédula.

La democracia de los insurrectos

Insurrectos1El concepto democracia es, para las formaciones mayoritarias, inversamente proporcional a la expectativa de voto que van padeciendo en pronósticos y encuestas como las que les intoxican en los momentos actuales. Y esto es así porque confunden el término tal cual, a secas, con esa relación léxica que tanto paladean, condensada dulzonamente en la estabilidad democrática. De alguna indisgesta transición deben venir estas confusiones, porque el gobierno de todos puede ser saltarín, egoísta, irreflexivo o hasta padecer algún transtorno bipolar fuera de fecha, pero ser estable no es consustancial, ni por asomo, a su materia gris. Todavía las bancadas más populosas son capaces de reirse frente al panorama que se les presenta, porque lo detectan alejado, remontable, pero ya comienzan a notarse los primeros signos de incomodidad, de tonos fuera de partitura.

José María Aznar ha continuado hoy, en una conferencia abarrotada del empresariado más correoso y parte de la plana mayor del Gobierno, no se sabe si en calidad de oyentes o de vigilantes, tirando a dar en busca de la relevancia perdida, la de los suyos, la de lo suyo. Pero en el disparadero acarició una bala que es también del gusto polvoriento del actual Ejecutivo: advertir sobre el supuesto peligro que entraña la inestabilidad política derivada de la fragmentación electoral. Aquí es donde se puede apreciar con interesada claridad la divergencia que acontece entre la voluntad ciudadana y los intereses de clase: mientras la inversión en publicidad e imagen se mantiene, la cosa da para ir tirando de mayorías a uno y otro lado, protestando sin protestarse. Crisis, corrupciones e incompetencias aparte, desde el advenimiento del espejismo post franquista éstas han sido sorteadas con la opacidad de las financiaciones como un dios creen que mandaba, el maná de los fondos estructurales y de convergencia, la liberalización de la ley del suelo y la venta a cachitos de las empresas de propiedad colectiva para manos cercanas y, finalmente, la creación de una empresa hormigonera sobre las trampas de desregulación protectora de nuestro terruño, a golpe de ladrillazo. Pero se acabaron los recovecos y los atajos, si bien el bipartidismo ha tenido tiempo de tejer con rigidez de acero esa estructura protectora que se desparrama desde los medios de comunicación a poderes que deberían estar para ser saludados desde la distancia, con cortesía pero sin dar la mano. De ese modo nace la soberbia por la que transitan a pesar de levantarse a escándalo y fracaso diario, pero cada golpe de metroscopia les pone en guardia, a sabiendas que queda escasamente un año para comenzar a comprobar si los quesitos comienzan a equilibrar sus colores. En esa encrucijada, los socios dejan de aparentar enemistad y se alían en la supervivencia. Los que califican como desviaciones de la normalidad institucional todo aquello que agrede su confortable espacio han liderado la mayoría, ergo se han enarbolado de los paños de la supuesta democracia de los estabilizadores (nuevamente el peligro, el extravío). Notando como resbala el comodín derretido de tantas oportunidades malgastadas su sistema ya transita hacia un nuevo escenario: la democracia de los insurrectos.

Insurrectos2Capaces de cualquier actitud ,de cualquier viraje, de cualquier impostura, con tal de conservar el redil a su vera, a la verita de todos los suyos, el demócrata que se ve menos mayoritario que ayer pero menos que mañana no dudará en ser más condescendiente con los trapicheos y torpezas de sus cuitas escuderos, que sonríen en la melancolía de saberse a salvo no por hacer una temporada decorosa, sino porque a falta de recursos no hay plazas de descenso. Ese demócrata se asomará menos al balcón sobre la plaza en permanente sombra, pero buscará hasta el ventanuco con barrotes minúsculo para alardear de la apariencia sin torre de cristal. El demócrata ve terroristas y enemigos del orden donde, en la opulencia de los votos, veía pluralidad y buen rollo; ese demócrata califica de delito lo que antes apreciaba como derecho. ¿Qué es, entonces, la democracia? Desde luego, lo que la voluntad de los comicios decidan se acerca, con todas sus benditas fragmentaciones, mucho más que la interesada estabilidad democrática de los insurrectos que comienzan a ponerse el traje de camuflaje.

La sombra de Chávez no debe alargarse

Cumpliendo lo estipulado en el texto constitucional venezolano, el ejecutivo del país caribeño ha procedido a convocar elecciones generales el próximo 14 de abril. La imposibilidad de toma de posesión por parte de Hugo Chávez tras su victoria en los comicios del pasado octubre no ha variado esta obligatoriedad de nueva visita a las urnas, toda vez que la normativa electoral regula esta situación no sólo en el caso de no acceder efectivamente a la más alta representación del Estado, sino también por fallecimiento o incapacitación durante los cuatro primeros años de mandato. Aclarado, por tanto, el calendario, así como los candidatos en disputa, queda ver qué grado de variación en la intención de voto puede producirse a escasos cuatro meses de una cita con las urnas que otorgó al PSUV liderado por Chávez unos resultados contundentes, reafirmados semanas después con otra apabullante victoria en los comicios regionales.

Venezuela1No es ningún secreto que Henrique Capriles planteó notables objeciones a la hora de repetir como candidato presidencial de la mezcolanza opositora, toda vez que es consciente de su más que previsible derrota, posiblemente agudizada frente al cadaver aún caliente de Chávez Frías. El gobernador del Estado Miranda sabe que el 14 de abril tiene mucho que perder y nada que ganar: su reputación nacional, a pesar de la derrota del pasado octubre, no le impidió quebrar electoralmente a un peso pesado del oficiliasmo, Elia Jaua, en Miranda, mientras que su capacidad pública para aglutinar a las familias que componen los restos del sistema de partidos anterior a 1999 ya se consideró, en sí, una victoria a medio plazo. Por su parte, Nicolás Maduro ha sido anunciado como sucesor en la jefatura del Estado sin aparente disención entre las corrientes del PSUV, a pesar de los interesados anuncios apocalípticos que, desde el fallecimiento del coronel de paracaidistas, vaticinaban una batalla encarnizada por repartirse supuestas fragmentaciones en el movimiento bolivariano. La realidad es que el consenso, al menos aparente, de las tendencias que componen a la coalición de gobierno no se han transparentado ni por asomo en esta luctuosa semana frente al cadaver del incontestable y carismático lider venezolano Hugo Chávez. Todos siguen a una para proteger el ideario de la particular revolución que viene desarrollando, con sus vaivenes, el Estado caribeño desde finales del siglo pasado, apoyada en más de una decena de procesos democráticos por una inconstestable mayoría de la ciudadanía venezolana.

Desde la progresía más aparente que se puede esperar por parte de las multinacionales de la comunicación, al odio más irreverente que se puede plasmar a cinco columnas, las reflexiones acerca del futuro inmediato y del desenlace de la actual situación macroeconómica y social de Venezuela insisten en presentarnos a un país altamente subvencionado, que ha creado un clientelismo electoral fruto de una especie de simple reparto de la riqueza colectiva merced al maná petrolero. De este modo, el refrendo de las políticas gubernamentales se deriva de una mejora soberbia de las condiciones sociales y económicas de las clases menos privilegiadas (aquellas desterradas históricamente por la corrupción rampante AD-Copei), y que resultará abandonada a medida que el grifo de crudo deje de surtir las arcas estatales. Del mismo modo, el apoyo de la mayoría de Estados del continente americano no merece lectura más compleja que la supuesta generosidad del Comandante Chávez obsequiando a sus vecinos a cambio de adhesiones sin fondo. Esa es la lectura, esos son los sesudos análisis de aquellos que aprendieron la lección del infructuoso golpe de Estado de 2002 y han optado por una nueva vía de agresión periodística, la del descrédito ante un ejemplo gubernativo que hace polvo el interés de sus financiadores y patrocinadores.

Venezuela2Estamos, pues, ante una forma de análisis socio-político tramposo o, tal vez, incapaz de entender el mundo fuera de los parámetros de capitalismo voraz que limita nuestra visión de conjunto. Reinvertir los pingües rendimientos de los recursos colectivos en alfabetizar a la población, abaratar los costes de los productos básicos y tejer una red de protección social eficaz supone gobernar para la mayoría, equilibrar la permanente lucha de clases sin necesidad de sangre y ser fiel al proyecto bolivariano que sueña con una Latinoamérica remando en una dirección, la de sus ciudadanos. Intercambiar petroleo por médicos, materias primas o apoyo institucional no es más que ser fiel a ese fundamento histórico: poner a disposición de todos lo que las falsas fronteras han tenido a bien dejar dentro de un territorio que aspira a derribar esos falsos muros, esas interesadas divisiones que han enemistado a los que debieran ser hermanos, los desterrados de la Historia desde la invasión hispánica. Se puede poner en solfa el estilo bravucón y pseudoreligioso de aquel que ha encabezado ese magno proyecto durante los últimos catorce años, pero no el fondo, los resultados, de su acción política. Queda por ver cuanto de alargada es la sombra de Hugo Chávez en el futuro inmediato de todo el continente, qué grado de dependencia mitificada se estancará en la locomotora del progreso colectivo en el cono sur. Por el bien del mundo de las ideas, su figura no debe trascender a pin y camisetas, a alguna referencia literaria de bondadosas pretensiones, pero nunca resulta conveniente embalsamar y poner en los altares públicos lo físico para intentar sostener lo material; de ahí a ver a las hienas repartirse los restos no hay más que un paso, con la consecuente degradación de lo que realmente importa, del avance de una sociedad esperanzada.

Chávez para principiantes

Desapareció físicamente el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, tras innumerables complicaciones físicas que le han mantenido encogido en ese esfuerzo que parece una diana política aceptable pero que se considera expiación multitudinaria si el que se encorva públicamente viste de blanco purificado por esencias de divinidad crucificada. Hoy ha fallecido un hombre, pero no debe ser enterrado un mito, porque aunque alzara minúsculas biblias en medio de actividades legítimas en eso de la administración eficaz de los recursos colectivos, no había falsa divinidad en los logros que han venido sustentando acceso efectivo de la mayoría ciudadana a los fértiles recursos de la nación venezolana. El chavismo hoy ha muerto con Chávez, y así debe ser. Lo que mañana amanezca debe tener el rocío agradablemente húmedo de sus bonanzas, nunca el diluvio de tormentas con afan de arrinconar.

Chavez1La mitificación del hombre ha impedido comprobar que sus células son tan inestables como las de cualquier individuo finito, y es lógico que así fuera desde que consiguió democráticamente aglutinar un proyecto que desterró ese bipartidismo perverso que exportaba la riqueza colectiva a los confines de la recaudación bancaria extranjera, a buen recaudo. Granjearle enemistades por el posicionamiento de un gobierno con las miras puestas en los prismas de la mayoría desterrada históricamente en la tierra de los dulces sin azúcar, sabrosos en pocos paladares, era cuestión de finito tiempo; golpe de Estado por bandera intentó, por cuestión de horas, convertirle en militar fusilable, con la connivencia de los que ese día se descubrieron insurrectos del armisticio real, con tinta y con palabra. Dio igual. Salió con la evidencia externa de que ninguna trampa podía dejar a un pueblo fuera de juego, y así los banderines se bajaron automáticamente para dejar paso a las sospechas sin fundamento, a esa reiteración de exigencia externa que no se reclama en tierra propia. Hoy no se embalsama un cuerpo inerte, se solidifica un mito poderoso. Y, en realidad, es una desgracia evolutiva, una metástasis histórica, reclamando como estamos el ansia de proclamas con efectividad macroeconómica, que la cuenta cuadre para más que para menos.

Chavez2No hay sombras más allá del personalismo que le han otorgado a sus mandatos democráticos por parte de aquellos empeñados en adscribir un período de voluntad democrática a una suerte de idolatría casi caudillista que nunca fue tal, menos aún cuando trece encuentros electorales se sortearon con mayorías validadas no sólo por las papeletas sino por el refrendo internacional unánime en su ejecución. Una derrota en su haber, la más severa, precisamente la mayor de las victorias democráticas al preguntar a los suyos lo que por estas tierras nos sustraen: el derecho a rectificar lo que no deja de ser una carta consensuada con derecho a roce en lugar de Tablas de Moisés inquebrantables salvo a golpe de alevoso déficit eurocomunitario.

El día después de Venezuela sin su Presidente electo debe ser tan reposado como la borrasca con presiones de componente codicioso lo permita. Encontrar primeras portadas con reflexiones tramposas sobre la inmediatez política de Venezuela sólo vuelve a quitar el antifaz a los titulares mal pagados, pervertidos.