Disquisiciones veraniegas (II)

En los meses que cada vez para más gente son de asueto perpétuo no se crea empleo. Cualquier cifra que pinte sus labios con intenso color de esperanza brillante a ojos de políticos lascivos no es más que el reajuste macrolaboral de una realidad que debe ampliar sus miras a años vistas o, al menos, a esos doce meses que nos hemos inventado los humanos sirve para cuantificar todo lo terrenalmente incontrolable. Menos aún resulta de aceptación para la honradez vital sacar pecho y maracas rumberas contando falsedades a medias. Resulta de todo orden inaceptable que se propugne con la deshonra de un duelista en desbandada suertes de recuperaciones económicas, de empleo a manos llenas, cuando la creación neta de puestos de trabajo, por sí solo, ya ni siquiera es para el verano. Ni para la abstinencia de esperanza.

En primer lugar, uno de cada cuatro empleos que se ha creado en los últimos meses tiene una duración inferior a una semana, con lo que el mismo ciudadano puede contar, a efectos de orgasmo ministerial de la devota Báñez, como tres empleados en uno en el mismo plazo de treinta días, lo que pega pero no junta. Y, claro, le vale para hacer su casita de papel pero no previene para cualquier brisa que anuncie su llegada en lontananza. Por otro lado, el silencio de las buenas nuevas hace un acto de presencia transfronterizo, con guardia a ambos lados de la verja política, cuando de callar el número de exiliados se trata: Más de 200.000 ex cotizantes de la Seguridad Social que han tomado las de Villadiego, ergo para la filosofía popular significa otros tantos problemas estadísticos menos, ya que ante el vicio de no pedir empleo está para ellos la virtud de hacer como que ni nacieron por los alrededores de Ponferrada.

Y para finalizar la estadística completa de esos fuegos de artificio tan del gusto de quien deja en manos de la virgen del Rocío la economía doméstica a jornada sin descanso, la media de horas de trabajo por contrato formalizado en esta última etapa se establece en diez por trabajador, con lo que por cada puesto de trabajo indefinido y de 40 horas de duración, lo normal es ahora realizar cuatro, de carácter visto y no visto, y nuevamente al circuito de creación-destrucción, que es como masticar un bistec, soltar el buche y volverlo a engullir, aunque suene repugnante, con la imaginación perniciosa de que estamos comiendo dos por uno.

Evidentemente estas coartadas las utiliza con conciencia de causa, pero sin ningún cargo de conciencia, el ejecutivo del Partido Popular, ya que cualquier estadística puede publicarse imprimiendo sólo los quesitos que emitan mejores destellos. Los otros también existen, y juntos expulsan una realidad espantosa. Pero ya se sabe, mientras el tiempo corre, cabalga la esperanza. Aunque esta sea de unos pocos, y con tan mal gusto.

Son minoría

Ministros2Los miembros del actual Gobierno, cuando se ven enredados en algo tan trágico como una intervención ante la prensa o declaraciones públicas no controladas por guiones asesorados, suelen recordarnos que cuentan con el beneplácito de una amplia mayoría y que los tres años que les restan para crujirnos a sacrificios imprescindibles nos van a saber a poco. Se aferran a ese supuesto poder omnímodo que le ha otorgado el relativismo electoral, entendida su capacidad como una pregunta de lista cerrada con carácter cuatrienal, aún bajo la trampa de programas de gobierno que no valen ni como contrato social de baja estirpe. Y todo eso con una mayoría que no es tal, apenas un 30% escaso de nacionales con derecho a voto entregaron ese bastón demasiado largo de mando, que Rajoy y los suyos vienen utilizando como una varita mágica inversa, cargada con antipoderes frente a la ciudadanía. En realidad, por tanto, son una minoría que se ha enrocado en su palacio de silencio y mentira, una minoría cada día más profunda a medida que reciben la desafección de un porcentaje nada desdeñable de su electorado. Y lo son no solamente por ese abandono gradual que vienen recibiendo sus acciones políticas y sus omisiones, fundamentalmente en la lucha contra la degradación interna.

Son minoría desde el momento en que se declaran ajenos al cambio inevitable en las estructuras, toma de decisiones y demandas cívicas que se sucede a su alrededor. Pretenden gobernar como una mera delegación de imperativos de otras latitudes, creyéndose a salvo de la falibilidad humana. A medida que los resultados no aparecen, se dilatan los plazos, como una huida hacia adelante plena de fe, a sabiendas de que los resultados sí que llegan, pero en Berlín y alrededores.

Son minoría entendiendo la corrupción desde el silencio, desde la no existencia de lo evidente, malgastando su energía en levantar murallas de papel sobre los vertederos en continuo crecimiento en lugar de ejercer esa energía en regenerar el entorno, en darle vida a lo que se les viene pudriendo sin que sean capaces de percibirlo al evitar la acera, el discurso sin cámaras ni campaña.

Son minoría unos ministros demasiado ansiosos por ejercer, en jornada dominical, el innoble arte de la opinión no solicitada acerca de cuestiones que no incumben a sus respectivas carteras. Si al titular de interior los matrimonios entre personas del mismo sexo no le parecen fértiles y provechosos, o si a la del ramo del empleo le fascina entregar sus designios y los nuestros a las vírgenes inertes de cera y madera, lo único que se nos transmite es un escalofrio de vasos comunicantes, ya que esas apreciaciones sin venir a cuento parecen recordar a los compañeros de Consejo como deben decretar, en qué sentido. Y esa es otra.

Son minoría, precisamente, por como gestionan miserablemente su mayoría efectiva. Casi una treintena de decretos-ley en un escaso año de mandato, sin necesidad ni urgencia justificable, explica a las claras el nulo interés por impulsar el higiénico debate parlamentario, inmune a cualquier agresión a sus normativas pretensiones pero de lo más edificador al escuchar y poder ser escuchado. Si es que se tiene el más mínimo interés para desarrollar la vida parlamentaria sin heridas.

Ministros1Son minoría porque han temido de tal manera su capacidad para enfrentar el caluroso momento que nos golpea que la defensa ha sido entregada a un vendedor de las mismas, la economía a quien les han ordenado desde el mercado al que rinden pleitesia, y la cultura…. la cultura…. tenemos ministro de cultura?

Son minoría porque su supervivencia está a expensas de una lengua suelta, de informaciones que insisten inexistentes pero que buscan hurtando ordenadores, realizando pruebas caligráficas y demandando a siniestro y tenebroso, pero nunca al centro de la diana. Su poder, se presume, ha crecido a base de una fidelidad electoral siempre ganada en sencillas oposiciones, pero poco a poco vamos conociendo donde se ha gestado realmente esa energía que viene de empresas que pagan e inversiones que permiten ejercer como grandes padrinos políticos.

Son minoría, y lo saben. El fracaso les ha llegado desde el momento que esperan soluciones con la alianza del tiempo como única apuesta, mientras utilizan el tiempo que les queda a toda pastilla, recortando lo colectivo para seguir nutriendo a los que abonan las futuras listas opacas. Seguro, no obstante, han aprendido alguna lección. los pagos siguientes los registrarán en excel, a salvo de pruebas periciales.

No por obvias duelen menos

Alfredo Pérez Rubalcaba afirmaba hoy, en su línea de adulación global a todo lo que le huela a voto rescatable, que el concepto puro de endeudamiento no es consustancial a una posición política de izquierdas. A medias; la capacidad de solicitar crédito desde la Administración Pública para poder cumplir con la cobertura suficiente de los servicios esenciales se encuentra (o encontraba) a la disposición de cualquier responsable político. A partir de ahí, la experiencia ejecutiva de este instrumento nos demuestra que su uso ha derivado hacia intenciones electoralistas más que utilitaristas. Durante treinta años, muchas Comunidades Autonómas y corporaciones locales han ido esquilmando sus respectivas carteras al mismo ritmo que la oferta de servicio público ha ido deteriorándose o disminuyendo, sin respuesta clara; es cierto que las prestaciones fueron mejorando o aumentándose, pero al mismo ritmo que la capacidad recaudatoria de la Hacienda, adaptando la riqueza de nuestra calidad ciudadana con la modernización y avance del país. Difícil sería encontrar el momento exacto en que se quiebra esta obviedad necesaria. Lo que sí parece cierto es que determinados dirigentes autonómicos encuentran en la asunción de cierto nivel competencial y su absoluto control el nivel de gastroenteritis extremo como para percibir que ya pueden poner en marcha su sal de frutas particular contra el Estado Social. Mientras su avaricia mediática no ha parecido tener fin, recibiendo cuantos grandes eventos fueran necesarios, cuantas obras faraónicas con ausencia de valor les permitiera el ego propio y la adulación ajena, su nivel de endeudamiento sobrepasaba la razón propia de una gestoría razonable. ¿Soberbia estupidez u operación calculada a medio plazo? Depende de lo estúpidos que consideren a los ciudadanos.

Más de tres décadas hemos convivido en una economía de mercado pero, incomprensiblemente, políticos de orientación conservadora han poblado la estructura administrativa con sociedades anónimas de accionariado exclusivamente público, rebosantes éstas de la parentela que se ha convertido en casta, incapaz de asumir el sentido del esfuerzo laboral y creando una telaraña dispuesta a enriquecer a algunos sin competir en ese sistema que sin trampas, sin saltarse algunas reglas,no da frutos inmediatos. No era difícil asumir que, a la mínima crisis en el horizonte, la improductividad financiada iba a arrasar con el espejismo que proyectaba cifras monas. A partir de ahí, entenderíamos entonces que la irresponsabilidad disfrutaría de alguna revelación inmediata y los mismos que la habían liado volverían tras sus pasos, salvando los muebles que dan lustre a las principales estancias de este país nuestro. Nanai. Acerquense a sus instituciones públicas más cercanas y buceen en la red de empresas que no son pero están de mano de los que ustedes saben. Y, mientras, el verano va desgranando la, nos dicen, irremediable acción correctora de esta hecatombe presupuestaria consecuencia de malvados especuladores de rostro invisible. Ambulatorios cerrados, plazas de guarderías canceladas, dotaciones educativas al nivel de la limosna correctora… pero dispónganse a soportar algún que otro proyecto de megalomanía para loor del Presidente de turno en próximas fechas, esas nunca faltan: auditorios, líneas de tren calavéricas, grandes avenidas con denominaciones familiares. Para empezar, las vallas publicitarias comenzarán a poblarse de los rostros barbudos conocidos en un par de semanas, con su correspondiente coste, como si ya no tuviéramos la desgracia de conocer sus intestinos.

Es llegar la ruina absoluta que hasta nuestros vecinos nos la compran como el amiguito potentado de infancia que te surtía de golosinas, salvo que tenemos los dientes podridos de caries. Y, claro, los faraones no están muy acostumbrados a vivir en corralas, así que es pasar estrecheces y asumirlas en propuestas propias de la inutilidad saciada. Que si un repago sanitario por aquí, que si no tendremos de nada pero si unos cuantos millones para mantener la concertación educativa en lugar de una inversión en el crecimiento de la docencia pública, etc. Lo indispensable lo convierten en lujo asiático, y lo prescindible en fundamental para el sostenimiento de su ego como nueva clase social dominante y apisonante.

Cautivo y desarmado el Estado Social, no hay mejor momento para autolimitar el gasto público desde la perspectiva de los que han derrochado el pasado y la mínima esperanza futura. Esto nos conduce a más obviedades dolorosas, como presenciar la celeridad que son capaces de coordinar las dos principales formaciones nacionales para activar el mecanismo de reforma constitucional con la misma marcha que han utilizado al unísono para despreciar exigencias de modificación de la Carta Magna so pretexto de su necesidad reflexiva a medio plazo. ¿Dónde ha quedado entonces ese indispensable tiempo de meditación? No se preocupen, ya lo han sufrido otros por ellos, desde Berlín a Bruselas.

Revisar una Constitución a la que le han salido canas es una obligación que han obviado las dos principales fuerzas políticas, las únicas con capacidad bicameral para ejercer la iniciativa reformista y la honradez consensual a la hora de pactar una auténtica Transición 2.0. No sólo han vivido de espaldas a la realidad de los millones de ciudadanos que no entienden la realidad nacional con el mismo tono, sino que generan una desvergüenza entre chulesca y bobalicona al explicarnos desde su prisma la necesidad de reforma constitucional que estamos padeciendo. La representación política comprometida con la evolución, desarrollo y mejora del Estado Social no dudará un ápice en abrir líneas de financiación de cara a mantener el ritmo de crecimiento y evolución de los derechos y servicios prioritarios. En este sentido, habitualmente el endeudamiento se ha asimilado a políticas de izquierda… en nuestras coordenadas. No es extraño encontrar planteamientos así en formaciones conservadoras a lo largo y ancho del norte de Europa, donde el artículo 1 de nuestra Carta Magna es realidad incontestable, no únicamente una cabecera vistosa. En España, el endeudamiento ha sido llave maestra para la malversación social y, actualmente, alcohol y esparadrapos para sanar el acuchillamiento múltiple que ha sufrido nuestra precaria cobertura social.

Extraigamos las únicas conclusiones positivas para los intereses generales, juguemos con sus mismas cartas marcadas: si una altura de miras política puede consensuar una reforma constitucional en cuatro tardes no estaría mal que mantuvieran viva esa llama notoria de mimetismo a medio plazo e hicieran lo propio para expandir la capacidad de toma de decisiones a una amplia mayoría de la representación ciudadana; para empezar, una reforma de la legislación orgánica en materia electoral no estaría mal…

El dilapidador ambulante

En los westerns que tanto disfrutábamos en la infancia, ésos en los que, a medida que íbamos cumpliendo años,  progresivamente trasladábamos nuestra simpatía de los emprendedores cowboys hacia los heroicos indios, aparecía recurrentemente un personaje secundario pillo y timador, un emprendedor de lo cutre.

Algo así, pero cambiando el humor por el drama. El vendedor ambulante, que aparecía en las poblaciones recien constituídas intentando aprovecharse de la ignorancia y la desesperanza ajena ofreciendo productos supuestamente milagrosos, es una figura incrustada en casi cualquier espacio y tiempo de la historia. Su final, en todo caso, siempre es el mismo, sangriento y brutal a manos de algún estafado, indignado doblemente con la certidumbre inocente del engaño y la pérdida de sus escasos recursos.

Estos titiriteros comerciales, como decimos, han cultivado su brillantez sobre la estupidez ajena, y es presencia confirmada en cualquier sociedad y momento histórico, si bien sus ropajes y actitudes evolucionan en la medida que sus ancestros fracasan.

Hemos analizado en artículos anteriores el momento actual que padece el conjunto de Cajas de Ahorros en nuestro país a raíz de la agresiva campaña de modificación y transformación de su naturaleza jurídica por parte del ejecutivo nacional. Como recordamos, se han ido dando una serie de pasos, confusos en su inicio, terriblemente clarificadores en estos días, que demuestran a las claras unos propósitos espurios. Hagamos memoria:

1. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, comienza a hablar de la reestructuración del sistema financiero español, atendiendo especialmente a la supuesta debilidad en los ratios de solvencia y morosidad por parte de las entidades de ahorro. Anima a buscar alternativas de cara a reordenar el mapa de las Cajas, dejando abiertas las posibilidades.

2. Tras varias intervenciones en la misma línea, comienzan a embrionarse uniones estratégicas de Cajas de ahorros, siendo Caja Navarra, Caja de Burgos, CajaCanarias y Sa Nostra (ésta última se descolgaría finalmente) la asociación pionera en anunciar una agrupación bajo la fórmula de un SIP (Sistema Institucional de Protección), con el objeto de buscar sinergias financieras para mejorar sus perspectivas de negocio.

3. El Ministerio de Economía y Hacienda anuncia la obligatoriedad, antes de fin del año 2010, de conformar grupos de cajas bajo esta fórmula o fusiones reales, poniendo a disposición de dichos movimientos empresariales el denominado FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria Ordenada), de cara a agilizar la financiación necesaria para acometer los procesos mencionados. Las cantidades solicitadas se tienen que devolver en un plazo máximo de cinco años a un tipo fijo del 7,75%. Salvo Banca Cívica, el resto de uniones acuden al auxilio de esta fórmula de financiación.

4. Conformados los principales SIP, bajo la figura obligatoria de una entidad bancaria de nueva creación formada por las cajas participadas en cada proceso, se anuncia la obligatoriedad de que dichas entidades coticen en bolsa en un plazo que no puede superar el mes de marzo del año 2012. Las entidades de ahorro que opten por mantener su naturaleza jurídica o los SIP que no abran su participación en el mercado bursatil, deben cumplir unos mínimos extremos de exigencia solvente (10% de ratio), prácticamente inalcanzables (Unicaja ó BBK son las excepciones hasta la fecha). De este modo, las integraciones eficaces se transforman en nacimientos de nuevas entidades bancarias, en las que las cajas fundadoras se reservan un porcentaje superior al 51% del accionariado y el resto, dependiendo de la decisión de cada Consejo de Administración, saldrá a bolsa, entrando capital privado que, en caso de concentración, puede variar diametralmente la naturaleza y objeto del destino fundacional y social de las Cajas.

5. Actualmente, y bajo las premisas descritas anteriormente, en las que desde el gobierno estatal se ha venido culpando a las entidades de ahorro de excesiva morosidad en operaciones dudosas (en muchos casos auspiciadas por la clase política desembarcada en los órganos de gobierno de las Cajas), así como de su inviabilidad jurídica de cara a la atracción de inversores extranjeros se ha logrado desnaturalizar de manera sensacionalista la esencia de las Cajas, motores económicos gracias a la reinversión social, así como garantes eficaces de la atención cercana y preocupada de sectores poco atractivos a nivel de rentabilidad para los bancos (pensionistas, entidades sociales, etc.). La obligatoriedad de conformación de una entidad bancaria sobre los pilares de las cajas, lo que, a primera vista, podía sonar a contrasentido, por duplicidad de funciones, se ha destapado como la esencia misma del plan ejecutor comenzado hace año y medio. Las Cajas se quedarán convertidas en meras fundaciones enrocadas en su porcentaje de participación en el banco matriz, que decidirá en términos estratégicos como dotar las correspondientes obras sociales. A la entrada de capital privado, éste, vinculado a alguno de los socios fundadores, en escenarios de concentración accionarial, puede resultar definitivo para el enterramiento, gradualmente, de un modelo eficaz que se han encargado de demonizar impunemente.

6. El último capítulo de este defenestración de soberanía nacional ha tomado forma por obra y gracia de una nueva generación de vendedores ambulantes, representados por el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Los mercados y los inversores internacionales han dejado de presentarse como figuras abstractas para concretarse en algo tan terrenal e inquietante como jeques y petrodólares. De este modo, el titiritero se ha llevado a Oriente Próximo una maleta llena de productos con magnífico envase y un contenido milagroso: Bancos nuevos, con muchos fondos de ahorradores y pequeños empresarios, así como ingentes promociones inmobiliarias en cartera, listas para vender. Compre señor, que le sale barato. El jefe del ejecutivo, en un nuevo acto de soberbia incompetencia y ausencia de mira histórica, ha anunciado la entrada de capital quatarí y dubaití en nuestro sistema financiero-social, como un logro estratégico de agarrate y no te menees.

En todo esto, cabe preguntarse ¿la democracia qué es? Mientras nuestros antiguos socios, a los que recíbiamos en Moncloa o visitábamos en jaimas, se convierten en tiranos desterrados de nuestro selecto grupo sólo cuando el pueblo expresa lo que ya se sabía, firmamos acuerdos con sus primos hermanos, los que mañana se podrán ver en la misma tesitura de conflicto interno. La honestidad no abunda ni en la política ni en la información, pero nadie oculta que los socios del oro negro lo son en tanto en cuanto vendan barato, suministren bien y mantengan su apariencia de dirigentes generosos al más alto nivel. Hasta ahí, amigos. Si a tus hambrientos súbditos les da por rebelarse y nos obliga a aparentar condena e indignación, no te llamo más.

Quatar es dictadura, es expolio de los recursos naturales para gloria de monarcas absolutos derrochadores y pretensiosos. Aún así, somos cómplices históricos de la injusticia porque no gozamos en nuestro subsuelo del maná fundamental de la vida moderna. Y rematamos la jugada con la más trágica de las ventas ambulantes. ¡Cajas baratitas, oiga. Por ciento cincuenta millones le cedo el control de una recién limpita y lustrosa! Confiemos que al final de la película los vecinos del poblado descubran el engaño y obliguen a reparar la estafa.

El panorama financiero español a partir de 2011

Desde el pasado viernes 18 de febrero, el mapa financiero español ha vuelto a modificar sus coordenadas, en este caso con un halo de golpe definitivo de aquellos horizontes que aún quedaban en lontananza. Lo más significativo, si bien ha sido encubierto en los grandes titulares por una medida mucho más populista que eficaz (la limitación de salarios y retribuciones de los directivos que reciban ayudas públicas del FROB), es la ratificación de que todo el proceso de “reestructuración” de las Cajas de Ahorros iba encaminado a esta mano de pintura definitiva: de un modo u otro, resulta imposible que en el mapa financiero nacional sobreviva ninguna entidad de ahorro con la estructura y objetivos que hasta ahora venían rigiendo, independientemente de haber ido cumpliendo los parámetros exigidos y demostrar su solvencia probada y ratios establecidos.

La ministra de Economía, Elena Salgado, ha conseguido dar la estocada definitiva a las Cajas de Ahorros, esta vez sin tapujos. Utilizando el discurso manido de recuperar la credibilidad exigida por los mercados internacionales, ha dejado en manos privadas sí o también los fondos y recursos de entidades que, hasta ahora, carecían de dueño, y que mantenían una profunda obligación de reinversión social. Ambas características han sido aprovechadas con mejor o peor tino por los directivos de turno a lo largo y ancho del mapa nacional, pero lo que resulta innegable es que resultan, en puridad, instituciones con las herramientas más adecuadas para hacer fluir el crédito hacia las pymes y las familias, así como reinvertir en la respectiva plaza los beneficios obtenidos con su actividad financiera.

Pues bien, de manos de la orensana, los ratios de capital mínimos exigidos superan los establecidos para países de nuestro entorno, llegando al 10% para aquellas entidades que no coticen. De este modo, se levanta un camino de muros altos y una sola dirección, en las que las Cajas que no se conviertan en bancos y antes de marzo de 2011 no coticen en bolsa, como mínimo, un 20% de su capital únicamente tendrán un camino: la nacionalización. Pero como advertimos en un artículo anterior, estamos ante el perverso manejo de una nacionalización inversa, en la que el Estado no pretende, ni por asomo, rehabilitar una banca pública para conseguir la generación de crédito solidario o, por lo menos, de una

Con socialistas así, cuando la derecha llegue ni nos enteraremos

impersonal actividad financiera de eminente carácter social, destinado a atender necesidades de las familias, al estilo de lo que reservan a nivel empresarial para las lineas ICO. La intención del gobierno estatal será guiar a esas entidades “díscolas” hacia el camino correcto. El gobierno gallego ya ha puesto el grito en el cielo, porque comprueba con estupor que su obsesión por apadrinar una fusión de cajas gallegas (CaixanovaGalicia) no ha servido de nada. El porqué de ese interés y obsesión es otro cantar. Pero, ¿qué ocurrirá con entidades de ahorro que no han participado de ningún proceso de integración por dar muestras objetivas de unos ratios de morosidad y capital adecuados con su actividad?. La vizcaína BBK, la guipuzcoana Kutxa o la malagueña Unicaja han mantenido sus caminos solitarios en esta carrera de fondo que hace referencia a reestructuración, pero exclama a gritos privatización de la buena. De la que, con las medidas de este pasado viernes, dejará a las integraciones de las Cajas a los pies de los grandes bancos, nacionales e internacionales, con sus respectivas salidas iniciales a bolsa anunciadas. Los directivos de las más importantes fusiones realizadas hasta ahora (la fomentada por Caja Madrid y Bancaja, junto con otras cajas de menor tamaño, o el llamativo proceso denominado Banca Cívica) restan dramatismo al asunto, afirmando que la naturaleza de las cajas primigéneas, que inicialmente mantendrán un 60% de las acciones del banco creado, continuarán su labor benéfico-social y su orientación hacia aquellos segmentos que han formado la clientela tradicional de sus entidades. Pero con la velocidad a la que se han ido produciendo los acontecimientos, desde el verano pasado, hasta hoy, nadie puede asegurar que tan siquiera sobrevivan como Fundaciones dentro del organigrama del banco matriz. Para empezar, porque con la necesidad de mejorar esos ratios de capital y solvencia por parte del banco matriz, esto obligará a las Cajas participadas a hacer un esfuerzo titánico que redundará en sus respectivas Obras Sociales, de las que se detraerán importantes partidas ahora encaminadas a alcanzar límites exagerados y desproporcionados con respecto al sistema financiero europeo, eliminando una importante herramienta de dinamización no sólo cultural, social o deportiva, sino fundamentalmente económica. A partir de ahí, si se estabilizan las condiciones actualmente impuestas, habrá que ver qué herida, curable o mortal de necesidad, se habrá producido en la esencia y fin de una figura jurídica que ha sido motor y desarrollo de la economía nacional. Tras la privatización de Caja Postal, Argentaria, las Cajas de Ahorros, a pesar de su politización desmedida y su incursión en aventuras financieras insoportables con respecto a su tamaño y capacidad, eran los últimos reductos de una suerte de banca cercana, solidaria, capaz de entender la microeconomía. A partir de 2012, el recuerdo de que el sistema financiero debe existir, en esencia, para mutualizar beneficios y deudas, para dinamizar la economía y sostener el desarrollo social, quedará en los libros de historia y en algunos tomos desperdigados por la sede de la CECA, donde imaginamos que estarán bunkerizados, resistiendo sin confianza a un enemigo que los tiene cercados.