Disquisiciones veraniegas

Disquisiciones de esta temporada estival en penumbra soleada, con el menor nivel de rigor en su análisis que el término, en la acepción sin poros de la RAE, permita. Y es que el verano es tiempo de estallidos con poca onda expansiva, no por el contenido o los materiales de la subsodicha explosión, sino porque el efector amplificador queda en nada frente a redacciones que, depauperadas a tiempo completo, hacen su agosto sudorando becarios y maniatando el tiempo de la información.

No obstante, hay determinadas actualidades que no se encuentran en primera línea de titulares pero no por ello deben evitar tostarse al sol del análisis que más padece. Porque este mes, tradicionalmente en stop político, aviva demasiadas urgencias durante el pasado ejercicio. Y eso es así porque el run run ciudadano no descansa, porque las elecciones municipales de 2015 se acercan a la velocidad de un utilitario con dirigente del PP al volante y, sobre todo, porque la apariencia de transformación voluntarista de las formaciones políticas jurásicas necesita, en este momento, usar el disfraz de héroe sin descanso.

La nueva ejecutiva del PSOE, liderada por la sonrisa deconstruida del encantado de conocerse Pedro Sánchez ha tenido un gesto de revolucionaria iniciativa pedagógica al poner al frente de su departamento de “regeneración democrática” a alguien como Ximo Puig, lider de los socialdemócratas valencianos, como si acabara de llegar a la primera escena política en los primeros días de la canícula. Y, claro, el puesto hay que ganárselo, para no salir con el más mínimo desencuadre en el nuevo retrato de familia. En ese sentido, se muestra partidario de que los diputados coticen por su actividad parlamentaria y puedan tener su seguro de desempleo en lugar de que fichen por una empresa donde puede haber colisión de intereses. “Prefiero que un diputado tenga seguro de desempleo a que pueda irse a trabajar a una empresa a la que ha beneficiado con sus decisiones”, ha añadido.

Estamos, pues, ante la rendición previa a la batalla, algo predecible en un político de viejo cuño que es incapaz de razonar fuera de las lógicas de supervivencia electoral. Si no puedes con el enemigo, abrázalo hasta colmarlo de besos mustios. Su idea de regeneración democrática ni siquiera pierde el tiempo deambulando por los espacios comunes, tan pisoteados, de la limitación de mandatos y otros senderos de la bebida instantánea preelectoral. Directamente, Ximo Puig se arroja a la evidencia de que su casta es de visitar y quedarse a la cena, por lo que ya puestos, que sirvan más pavo, que la noche es joven. Entender la res pública como la entrega transitoria de la voluntad y la experiencia humana para mejorar la actividad y los servicios colectivos no se recoge en el diccionario del político como parásito social. Es más, el regenerador democrático acepta como presupuesto inicial que sus compañeros de bancadas llegan cada día antes y no están por abandonar el claustro así que, ya puestos, que saquen la cubertería de plata. Olvida que actualmente congresistas y senadores se aseguran el máximo de pensión de jubilación con sólo reposar sus inquietos traseros en sede parlamentaria a lo largo de dos legislaturas, con lo que su propuesta, además de involucionista en la búsqueda de la transparencia real, ahonda en lo acomodaticio de las perversidades políticas contemporáneas en tierra ibérica.

Y, así, transcurre el agosto. Pero no agotemos todo el sudor de la maledicencia en una sola sesión bajo el sol que más calienta…. nuestra paciencia.

 

Sistema dimisionario

Que jaqueca nos ha dado en esta península moteada de insularidades crispadas con la gratuidad de exigir dimisiones a troche y moche. Que pereza. Empezar la casa por el tejado, un empeño de finiquitar la obra sin haberse leido los planos, sin tener a mano un perfilador de destino con el que diseñar algo más allá de la rabia por tener tornillos de sobra, tablones de menos. ¿No nos hemos dado cuenta todavía que una mayoría absoluta no precisa de cambios de cromos para dejar de ser lo que es, lo que pretende apuntalar en cuatro años que pasan volando? ¿Qué un ministro antipático menos es un sustituto con el mismo manual de instrucciones de manera inmediata? Si el escenario político se compusiera de carteras autónomas, iluminadas todas por un grupo parlamentario plural y capaz de enchufar y desenchufar las reacciones sociales en función de como se vayan encendiendo ciertas bombillas blandas estaríamos situados en un plano evolutivo que, por esencia, se desprendería de esta sinrazón organizativo en menos que grazna un ciudadano.

FdezDiazGallardonDe eso, lamentablemente, no va la cosa. Indignado votante conquense o palentino, por situarnos en la estepa electoral donde se dilucida el equilibrio bipartidista, no desgaste sus gélidas cuerdas vocales en este invierno repetitivo. Reserve sus energías para menesteres de mayor empaque en la aventura del tiempo de futuro. Tal cual está montado el asuntejo, los dos o tres diputados que se reparten en la mayor parte del espectro provincial (tanta CCAA para utilizar como manual de instrucciones electivo un mapa decimonónico tan arbitrario como injusto) seguirán siendo los mismos, vote lo que vote, brame lo que brame. Se quede en casa diciendo “conmigo que no cuenten esta vez” ó se decida por elegir la papeleta que refleje con mayor ahínco el cabreo sordo que le tienen en insomnio social hace ya no se sabe cuanto. Desentume las dudas, la búsqueda de nuevas respuestas. Por ahí su voto descabalgará junto a cientos de miles, todos al sumidero de lo no contabilizado, de tanta opinión popular que no se traslada al arco parlamentario ni en forma de representación humano ni, como mínimo, de escaño vacío que traslade la abstención, la espalda al proceso que ya se sabe repetido como muralla pringosa.

FdezDiazWertOnce millones de ciudadanos han permitido que una decena de ministros respiren en función de las diferentes familias que pelean por el poder en el Partido Popular, y ese equilibrio resulta imposible de restañar porque con lo de comer no se juega. Si el jefe de las fuerzas aceitunadas ordena o permite desechar las olivas más negras, más plásticas y contundentes a presión sobre los que, ahogados antes de tocar el agua, se sumergen en la esperanza de encontrar futuro restando kilómetros, no se enrabiete si dice que Diego es mejor que digo, y que por eso no dice nada que queramos escuchar. Si los tertulianos se apropian de la cultura para que el dogma sustituya a la razón, pelillos a la mar. ¿Qué la mitad de la población ve limitada su capacidad de obrar, siendo tratada como irresponsables potenciales frente a su propia osamenta? Déjelo estar. Total, a saber a cuanto corresponde el kilo de lobby transministerial con respecto al de ciudadano enviatuits.

Claro, puede ocurrir que usted se arrepienta de haber emitido su voto como quien cambia de marca de zumo; o de no haber ido al colegio electoral; o de no tomarse muy en serio esto de la política porque “total, después siempre hacen lo que quieren”. Pero también ocurre que una ley electoral distribuidora de bipartidismo y unos intereses económicos más o menos poderosos resultan más sencillos de sustituir y transformar que el hastío y la miseria de un par de generaciones completas. Mientras nos damos cuenta del asunto, no olvide tomarse la píldora de las decisiones pragmáticas y no haga caso a los Gallardón, Wert, Báñez y compañía. Aunque sonrían, tienen más que claro que no son más que un apellido favorecido y una voluntad quebrada, en manos del verdadero objetivo.

Más cornadas dan los desahucios

A pesar del certero énfasis que Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, esgrimió ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados el pasado lunes, con un millón de firmas bajo el brazo y un planteamiento de mínimos para humanizar la práctica hipotecaria en nuestro país, el Partido Popular ya ha anunciado que no aceptará su contenido de raíz y, por tanto, no se abrirá debate parlamentario para su análisis y puesta en conocimiento. Un millón de demandas ciudadanas, por tanto, se quedarán por ahora en el limbo desentendido que se ha adueñado de la representación política actualmente mayoritaria con respecto a un drama que apuñala a diario a más de 500 familias a lo largo del territorio nacional. ¿Las argumentaciones? que a lo largo de este año la Cámara afrontará una reforma de la normativa en vigor sobre este particular y no encuentran, por tanto, la urgencia para discutir las peticiones redactadas por la Plataforma. Colau tildó de criminal a los agentes económicos, políticos y financieros que permiten este terrorismo social a diario, a pesar de los aspavientos de cierta parte de la bancada neoliberal, y se quedó corta; lo son, y por partida doble.

Toros1Y es que el bloqueo a esta propuesta ciudadana secundada de manera masiva no obsta, faltaría más, para que en la sesión plenaria del martes sí tenga encaje otra Iniciativa Legislativa Popular, ésta con el respaldo de algo más de la mitad de las suscripciones obtenidas por la PAH y en un espacio de tiempo mucho más extenso, con el objeto de declarar la aberración taurina Bien de Interés Cultural. A diferencia del drama de los lanzamientos, desalojos, desahucios, como queramos denominar al destierro sistemático de miles de seres humanos de su espacio más inviolable, el Partido Popular hace suya esta supuesta iniciativa espontánea, al defender en sede parlamentaria su repugnante intencionalidad mercantilista basada en el maltrato a un hervíboro indefenso el diputado de la formación conservadora por la provincia de Sevilla, Juan Manuel Albendea. No es éste un actor casual del circo de sangre y arena; su actividad privada está esbozada por la defensa a ultranza de la tortura en la plaza, dejando amplia constancia en obras narrativas, otorgamiento de distinciones varias por su defensa pertinaz de esta reminiscencia atroz de nuestros más bajos instintos para con el entorno animal, y la aportación de propuestas disparatadas de amplio espectro. Nos podemos hacer una veloz idea de la relevancia que le dan al término Cultura los miembros de la fuerza con mayor representación institucional de este triste país cuando alguien como Juan Manuel Albendea preside la Comisión del sector en la Cámara Baja. Y entre los firmantes de la Iniciativa, cómo no, nuestro ínclito Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Esa firma parece que sí le consta.

Toros2En la entrevista que enlazamos, realizada en enero de 2012, el alter ego Gonzalo Argote defendía la reducción del IVA para espectáculos taurinos en comparación con la baja tributación (a su juicio, en ese momento) del acceso a cines y teatros. Para empezar, ya ha conseguido que el tipo de los segundos haya aumentado hasta dejar desolados los patios de butacas. Ahora sólo le queda abaratar y subvencionar con la miseria colectiva los graderíos al albur de la arena teñida de saliva y sangre, de la cultura de la agresión, la tortura y la muerte gratuita. Evidentemente, la Iniciativa presentada por la Federación de Entidades Taurinas, esto es, los interesados en la rentabilidad pecuniaria del crimen, no pierden el sueño por la orientación y desenlace del debate parlamentario; de igual manera que el rodillo de esa mayoría absoluta de la que abusa el Partido Popular a pesar del descrédito creciente que padece ha sido utilizado para silenciar en el Hemiciclo las demandas desesperadas de tantas y tantas familias despojadas de su dignidad, lanzadas sin reubicación a la acera, las poltronas conservadoras darán, con copa y puro, la mayoritaria bienvenida a la conversión de otra inhumanidad en bien de especial protección.  El proceso a partir de ahí será sencillo: tras su admisión a trámite pasará a la Comisión de Cultura (¿recuerdan quien la presidía?) para su análisis (ejem). Una vez resuelto ese engorro, sin banderillas ni picadores animalistas por medio, continuará su tramitación en el Senado donde, si no hay objeciones (mayoría absoluta del PP, no lo olvidemos), pasará directamente a ser publicada en el BOE y a dar, por lo tanto, rienda suelta a su siguiente y principal objetivo: la conversión de la matanza nacional en Bien Inmaterial de la Humanidad.

Toros3Para que el despropósito se remate de esta manera, en la UNESCO debería ocurrir un cataclismo moral de amplias dimensiones, pero nunca se sabe. Lo que resulta indiscutible en este momento es que la enfermedad taurina de unos pocos pasará a recuperar su posición de amplio privilegio en tanto en cuanto su mutación en BIC acarreará una potenciación de su perfil de negocio, que de eso se trataba por si alguien andaba despistado: exenciones y subvenciones otorgarán el papel privilegiado que en España ha tenido lo que ocurre en la plaza. La dación en pago, por el contrario, así como el alquiler social y el realojo ciudadano, no resulta rentable en términos monetarios ni para el capital ni para sus delegados con acta de diputado.

Protestando sin pisar la calle

Para el que aún no lo sepa, este sujeto con ese aire entre bonachón y triste, al estilo Moratinos, es el actual Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Un hombre de partido. Tanto, que milita por la derecha desde los tiempos de AP, pisando poco lo que comunmente llamamos un oficio, y enlazando gobiernos civiles, secretarías de Estado y actas de diputado ramplón desde aquellos majestuosos tiempos en que dicen que el pueblo español refrendó una Constitución que garantizara un marco democrático de relaciones en esta patria peleona. El hermano viejuno del lozano Alberto Fernández, líder hasta hace bien poco de los populares catalanes, pudo haber sido un buen estudiante de Ingenieria Industrial, que es de la cosa universitaria en la que recibió licenciatura, pero de la rama del Derecho no parece colgarse ni para hacer piruetas con cierta armonía. Hoy ha anunciado la finalización de un sesudo informe de su ministerio, en colaboración con su homónimo de Justicia, de cara a recrudecer determinados tipos penales con el ordenado intento de evitar actos vandálicos que, parece ser, se cuelan con habitualidad en todo tipo de protestas y manifestaciones públicas. De este modo, y para intentar asegurar fríos barrotes al que desordene el asfalto y su mobiliario, confirma que el Código Penal incorporará nuevas conductas punibles, se ampliarán otras y se actuará con suma diligencia para aplacar esa incomprensible conducta como de irritabilidad permanente que le ha dado, como una viruela intempestiva, a ciertos elementos humanos que pululan por sus dominios. Entre la amalgama de sandeces jurídicas que plantean parchear en el ya apaleado cuerpo penal del año 1995 (al que no reconoce ni la madre que lo parió) sobresale la inclusión como delito de atentado contra la autoridad la resistencia activa o pasiva grande ante las fuerzas de seguridad, llegando en alguno de los supuestos a implantar el poder padecer responsabilidades penales de hasta cuatro años de prisión.

Estas actitudes tan Gandhi no parecen resultar convenientes para mitigar la violencia, sobre todo la de esos mercados que ya tienen a nuestra cotidiana prima de riesgo acariciando el 7% a diez años. Pero, insistimos, a pesar de las bienintencionadas acciones de nuestro afable Ministro, que con todo ésto seguro que pretende evitarnos más cachiporrazos de los habituales, pasándonos a pernoctar por un buen tiempo en esos holgados presidios patrios donde apenas encuentras congéneres antes que desviarnos a la sanidad a curar heridas evitables en estos tiempos recortados que corren y vuelan, nos tememos que su conocimiento del cuerpo jurídico español no anda muy fresco. Y es que si el Código Penal ha sufrido en quince años tantas ocurrencias que apenas ya se puede reconocer su estructura ni su espíritu inicial, qué decir de otro texto aún más anciano, al que poco penetran pero que, de rato en rato, soban y abandonan en la cuneta sin dinero para que regrese a casa. El artículo 21 de la Carta Magna reza lo siguiente:

1. Se reconoce el derecho de reunión pacifica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

Vaya, vaya. ¿Y cómo desarrollará este principio tan confuso el marco legal descendente? Pues la Ley Orgánica 9/1983 (los derechos fundamentales tienen una regulación cristalina hace mucho tiempo, y su perdurabilidad viene acompañada por los principios de seguridad jurídica y protección garantista), reguladora del Derecho de Reunión recuerda que los participantes en reuniones o manifestaciones, que causen un daño a terceros, responderán directamente de él, y lo harán en base a la rama jurídica que corresponda. Es decir, hace 30 años que está bien definido el marco de responsabilidades para aquellos que busquen promover altercados bajo el manto de una manifestación pública, con lo que no mantiene la más mínima lógica la alteración del CP, ni mucho menos los parches mohosos que pretenden agregarle por puro espíritu amedrentador.

Pero, más allá de cualquier otra consideración, a lo mejor algún estudiante de primero de Derecho podría acercarse por el despacho ministerial y recordarle a este tal Fernández Díaz que existe un Título de nada en la Constitución Española, para más señas el primero, en el que habita una Sección I del Capítulo II. Ésta, bajo la contundente denominación “De los derechos y deberes fundamentales“, se encuentra compuesta por los artículos que van del 14 al 29. Todos ellos, junto al 30 (objeción de conciencia), son de amparo judicial y constitucional directo, tal y como afirma tajantemente el artículo 53.2 de la Carta Magna:

Cualquier ciudadano podrá recabar la tutela de las libertades y derechos reconocidos en el artículo 14 y la Sección primera del Capítulo II ante los Tribunales ordinarios por un procedimiento basado en los principios de preferendcia y sumariedad y, en su caso, a través del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Este último recurso será aplicable a la objeción de conciencia reconocida en el artículo 30.

Cómo además de con las leyes no parece muy ducho con los números, recordémosle que el número 21 se encuentra entre el 14 y el 29. Y, de paso, que esa cosa llamada Constitución está en la cúspide del ordenamiento. A ver si aprende, y se le pasa la furia castigadora.

 

Un ciudadano, una expectativa de voto

Más allá de la inerte mayoría popular en los comicios del pasado domingo, el concepto destacado de tantas y tantas valoraciones post electorales tiene como análisis central la denostada normativa electoral que viene provocando no pocos desequilibrios en la relación elector-elegible. Y es cierto, innegable, que el camino hasta la urna, lejos de resultar una actividad ilusionante en la vertiente de protagonismo directo, resulta una frustración por el valor que acaba resultando de nuestra papeleta en la balanza de la correspondencia representativa. ¿A cuanto sale el kilo de diputado, oiga? Depende de la inflación poblacional y otros mejunjes de macroeconomía política, señora.

La transmutación del papel con siglas en carne y huesos congresista, de ese ejercicio comprometido que deviene representación irresponsable, efectivamente ha centrado multitud de foros, sesudos debates que, en ocasiones, desembocan en beligerancia simplista. ¿Un ciudadano, un voto? Jacobinismo del bueno, del puro destilado a base de calcetín con manchurrones; parece lo justo, lo obvio, el camino recto entre dos puntos que la clase política apabullantemente mayoritaria nos ha venido coartando con sus interesadas curvas paisajísticas, desentrándonos del placer visual del bosque con ese abeto en medio del escenario límpido. Ciegos interesados en el paraíso de los tuertos lúcidos; recordemos los resultados dominicales, con una mayoría absoluta inapelable de una formación que gobernará a pierna suelta y, a pesar de eso, no alcanzó el 45% del escrutinio global, del tal forma que un sistema de vía directa y poder ciudadano equilibrado conllevaría la ingobernabilidad permanente de la expresión política emanada de esa población de igual calibre. Peor aún, revolveríamos la paradoja hasta el extremo perpetuo de someter a las mayorías conscientes a la voluntad de las minorías imprescindibles para la sostenibilidad de la gobernanza más o menos estable.Vamos, lo que suele ocurrir ahora, pero para siempre jamás. La República italiana, desde 1945 hasta su perversión berlusconiana de obligada concentración bilateral, puede dar buena cuenta de ello.

No cabe duda que, a día de hoy y desde los albures de esa transición a la que se le ha corrido el rímel con las lluvias del especulativo invierno, el sistema electoral nacional no se ha mirado al espejo y, así, únicamente Izquierda Unida ha practicado una suerte de trágica trashumancia desértica, llorando en el valle lo que otros recolectan sin quebrar el lomo. Estos días se destaca cómo la justicia que supondría la urna sin forma de papelera hubiera dispuesto la multiplicación de los congresistas y voluntades de la formación progresista frente al panorama de la pureza electora. UPyD se ha subido al carro de esas reivindicaciones, pero su peregrinar por el sendero del desequilibrio electoral resulta diletante dado su inmediato crecimiento representativo y su manejo de la farándula propagandística sobre los programas asentados. Aún les quedan cabañas reales que recorrer para encontrarse en circunstancias de exigir el paso vallado por el kilómetro cero de ésto que supone hablar en nombre de cientos de miles de divergentes ciudadanos.

Seguramente resulte hipócrita conquistar una atalaya de opinión para saber que no se sabe nada, salvo que lo afirmado carece de razón. Algo es cierto, innegable, y debe ser el paso para restaurar, si alguna vez poseímos tal justicia en una nación cobarde desde la desesperanza que nos hace acomplejados por supuestos imperios repugnantes de antaño, el sufragio universal con maýusculas. Y ese caldo debe comenzar a hervir desde la propuesta socialdemócrata de eliminar, por obsoletas y responsables de la duplicidad de funciones y recursos, las Diputaciones Provinciales. De igual manera, ese debate obliga a arrastrar la inmediata supresión de las circunscripciones territoriales de igual denominación como termómetro iniciático de la voluntad popular segmentada. La división territorial que sirvió de base política a mediados del siglo XIX carece de trascendencia y espíritu objetivo en la España autonómica y, más áun, absorbe una cómoda excusa geográfica para aprovechar, meticulosamente, el estudio personalizado del elemento político; para más inri, compensar, de inicio, a cada provicia con dos diputados por barba, porque sí, como si éstos acudieran a la Cámara Baja por libre, con la defensa a capa y espada de sus electores por montera, aniquila a sangre fría cualquier voluntad de equilibrar los propios desequilibrios de un consenso de cuarenta y cinco millones de potenciales analistas políticos.

Cada uno de nosotros arrima el ascua a su sardina o, en este caso, a su filia ideológica o hooliganismo partidista. De éso hay poca duda, no nos caracterizamos por una objetividad generosa en cuestión de colores gobernantes. Somos aún así de impúberes democráticos. Lo que ocurre es que nuestro sistema político tampoco ha hecho mucho por sacarnos del cascarón y echarnos a volar. Tal vez nos ama tanto que se ha encargado de mutilar nuestras alas para que no abandonemos el nido timorato; o, más bien, esos tres quintos de consenso en sus cosas de clase política privilegiada parece que siguen entendiendo que, para que no nos pongamos de acuerdo, deben seguir marcándonos la hora de llegada tras disfrutar de eso que llaman la fiesta de la democracia.

La desgracia de la manida esperanza

No hay muchas razones para volver. Después de algunos irreflexivos días es conveniente claudicar frente al desánimo potente, exagerado. A pocos días de recibir los correspondientes mandatos públicos en las corporaciones locales que pueblan los miles de kilómetros patrios, hordas y más hordas de potenciales representantes públicos trasnochan a base de bien con el condimento del puesto, más allá de la salsa ideológica o programática al uso. Aquí no estamos hablando de proyectos y vías de gestión, sino de bocas y bocas que seguir alimentando a costa del erario público, desde concejales y diputados autónomicos sin más experiencia profesional que su caliente sillón público hasta el variopinto personal de confianza que complementa los gruesos ejércitos de afiliados hambrientos.

Éste es, por tanto, un encuentro sobrio, sin instantáneas ni efectos visuales que deban acompañar la gruesa y enterrada línea de la decepción, del descontento y la tristeza. Nada cambia, nada se transforma, todo permanece; las dos gigantéscas empresas políticas nacionales, así como sus moderadas competidoras locales, ultiman el reparto de los correspondientes bastones de mando lejos de esa ciudadanía cándida en lo electoral, y hastiada desde su perezoso abstencionismo y comprometida nulidad de papeletas.

A partir de ahí, ese brillo que rezuma al atardecer por plazas y foros de la geografía patria como un tibio golpe de calor reconfortante, nos devuelve egoistamente al deseo de convencernos sobre la capacidad humana para rebelarse, en algún momento, contra la desvergüenza. El movimiento 15-M, democracia real ya!, o como queramos denominar la heterogeneidad movilizadora que enfrenta la corrupción y el status quo institucional, ha activado magníficos mecanismos desde su originaria versión de asentamiento perpetuo, y planta cara al nubarrón de la imputación penal en forma de indigno representante público. Ahí queda esa esperanza, aferrados como estamos a que no se diluya nunca, a que obtenga innovadoras herramientas de concienciación colectiva, a que en los nueve meses que nos restan para no resignarnos a una sucesión grisácea consigan instrumentalizar la melodía a afinar y ésta se canalice por el imprescindible camino político, ése que permite voz en directo en los hemiciclos donde ahora sólo llegan susurros desde las aceras contrarias.

Es cierto que comenzamos a recorrer estas líneas desanimados, pero concluímos gozosamente indignados. Tal vez seguimos vivos. Quizás lo que hoy sobrevive cómo si su implacable huracán no hubiera devastado la corteza de todos nuestros sueños, mañana se diluya en medio del océano. De estas gotas florecientes depende la marea que mañana fertilice y abone nuestros campos secos, nuestras podridas instituciones con sus marchitos y agujereados troncos.

Tener conciencia de que nuestro entorno, como mínimo, puede y debe ser habitable, nos impide rendirnos aunque enterremos la espada en medio del desierto. Nos lo complican cuando hacen acopio de mentiras por todos los flancos, pero cuánto nos facilitan la vuelta al combate al sortear nuestra inteligencia con desinformación de tercera. Nos vamos pero volvemos, aquí estamos y siempre estaremos, protegiendo esta gota que ofrece su oxígeno y su hidrógeno a sus acuosos congéneres. Aunque nos alejen y aislen, nos estamos encontrando con brújula y buen sentido de la digna y revolucionaria orientación.

 

Silencios y Evasivas de nuestros Mantenidos

Para empezar, todo con gruesas y orondas mayúsculas, porque es fundamental resaltar lo que hay detrás de las tres palabras protagonistas de nuestro títular. Comencemos: Carmé Chacón, Ministra de Defensa del Estado español, responsable oficial y principal de nuestra participación en la masacre diaria de ciudadanos afganos alejados, por lo ya reconocido, del epicentro físico de la maldad terrorista pero desgraciados poseedores de la mayor reserva de litio mundial (principal componente en la fabricación de baterías de nuestros equipos telefónicos e informáticos), a cuestiones planteadas por los corresponsales informativos a la salida del Congreso de Los Diputados durante la sesión de control al Gobierno de hoy, en lo que respecta al asesinato de Osama Bin Laden, responde con evasivas cobardes y su correspondiente justificación sobre la base de que el Presidente del ejecutivo ya ha había hecho referencia a esa cuestión en el hemiciclo. Francisco Caamaño, titular de la cartera de Justicia, responsable de hacer cumplir efectivamente el cuerpo normativo nacional, así como de instruir a la Fiscalía estatal en sus actuaciones, mutis por el foro. No sólo estamos hablando de la cuestión anterior, que ha centrado la primera parte del diario de sesiones de la Camara Baja durante la jornada de hoy, sino que, a su vez, está obligado a responder en cuanto a la enérgica acción de la abogacía del Estado en lo que supone la amputación efectiva del derecho de sufragio activo y pasivo en lo que respecta a las listas electorales ilegalizadas por el Tribunal Supremo; su respuesta fue, simple y llanamente, una carrera corta hacia un despacho anexo para eludir con agilidad oronda el acoso mediático. Para rematar la faena de los Mantenidos, nos encontramos en el carrusell de escapistas a Jorge Moragas, diputado nacional y miembro de la ejecutiva nacional del Partido Popular, famoso por su encarnizada batalla como activista pancartero contra gobiernos como el de Venezuela, limitándose a sonreir bravuconamente y a realizar el manido gesto de encontrarse con problemas de faringe para evitar enfrentarse a una consecuencia propia de su cargo, esto es, responder a las cuestiones de los medios de comunicación como representante del segundo partido con mayor presencia numérica en el Congreso de Los Diputados.

Antes de continuar, y sin tener que introducir comentarios al respecto, rogamos que escuchen y visualicen la primera parte del siguiente video:

Las cuestiones que plantea Gaspar Llamazares, portavoz del grupo de IU-ICV en el Congreso de Los Diputados, son las mismas que están debatiendo una gran parte de la ciudadanía consciente, esa que no se toma la política cual si de derby futbolístico se tratara, sino que exije responsabilidad y argumentos a nuestros representantes públicos. Porque, no lo olvidemos, lo que se estaba tratando en el Hemiciclo atañe a la posición de un sistema de valores y herramientas jurídicas que hemos construído entre todos los españoles en los últimos treinta y cinco años, y que ha desembocado en un cuerpo penal y procesal pionero en sus derechos y garantías. Un sistema de justicia con filosofía de reinserción y reeducación, no de retribución. Un sistema que persigue la escrupulosidad procedimental y de actuaciones, desde la detención de un ciudadano hasta su puesta a disposición judicial y, si se estima la carga de la prueba objeto del procedimiento y se fundamenta de hecho y de derecho, finalizado el garantista proceso de recursos estipulados, concluye con su encarcelamiento, en base al objetivo último de conseguir que el reo se incorpore a la sociedad sin ánimo de delinquir nuevamente.

Frente a este musculado ejercicio de elaboración legal, que nos situó desde 1995 en la cúspide y primera fila del orden penal mundial, y que rematamos con nuestra adhesión al Tribunal Penal Internacional, nos encontramos hoy ante y frente a dos formaciones políticas, las abrumadoramente mayoritarias en cuanto a su representación parlamentaria, que justifican y se congratulan del asesinato planeado, a sangre fría, del presuntamente principal responsable del terrorismo mundial. Poco importa el devaneo diplomático de EEUU en las últimas horas, esquivo y desorientado en la manera de enfocar el post partido sangriento que realizaron hace dos días. En estos momentos no les cuesta reconocer que el reo estaba desarmado, pero que hubo que liquidarlo porque presentó resistencia. ¿Nos imaginamos tamaña justificación de un miembro de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado si abatiera a tiros a un perseguido por las calles de cualquiera de nuestras ciudades? Escandalo mayúsculo, lamentaciones colectivas y paredón popular. En este caso se intercambia por exclamaciones de masivo júbilo en ciudades de norte y sur del orbe. Pero, sobre todo, lo que nos sonroja es que, según el Presidente del Gobierno, con la connivencia opositora popular, El destino de Bin Laden fue buscado por él. Atento, amigo ciudadano, no se oponga a lo que ordene un miembro de nuestras fuerzas armadas patrias, que probablemente reciba unos merecidos balazos sin conmiseración. Lo tendrá bien merecido, no lo olvide.

Algún despistado histórico ha comparado esta manera de actuar con la utilizada por las fuerzas especiales yankees, con el sólido apoyo del esclavo ejército boliviano, en el oscuro e inefable asesinato de Ernesto Guevara. Nada que ver en el sujeto ejecutado, incomparables sus destinos y el objeto de sus respectivas luchas. Pero cuantas similitudes en la manera de actuar, de evitar procesos públicos de líderes molestos. La falta de respetabilidad en lo que respecta a la soberanía popular de los Estados en los que se acometieron sendas acciones se responde por sí mismo en cuanto al sometimiento de ambos a las directrices y dólares norteamericanos. No obstante, y eso nunca lo olvidemos, estos procesamientos a golpe de paredón solitario y anónimo distan una barbaridad garantista de los juicios de Nuremberg, donde se optó, en período de guerra declarada, por detener y poner a disposición de la Justicia Internacional a los principales protagonistas del mayor genocidio que ha conocido la raza humana. Ahí estaban comandando los amigos americanos aunque, afortunadamente, contaron con el contrapeso de los otros vencedores de la contienda internacional. Hoy, unos sesenta y cinco años después, contamos con un Tribunal Penal Internacional no reconocido por un Estado que lidera el anterior Premio Nobel de La Paz. Poco más podemos contar, poco más podemos exigir. Ah, sí, que tras la supuesta prueba de que el enemigo público número uno del mundo libre, ergo de torturas sistemáticas a apresados sin las más mínimas garantías procedimentales en un tétrico presidio fuera de las fronteras norteamericanas, se encontraba en una residencia pakistaní bien delimitada, se optó por responder con la democracia de las balas y la propaganda instrumentalizada de la euforia visceral, sangrienta, de los ciudadanos-fanáticos. Todo esto, en lugar de elegir la vía de nuestro mayor tesoro: la democracia; el sistema de garantías y derechos, la legalidad de las ideas cocinadas duramente a lo largo de centurias. Todo eso, desterrado por nuestros amigos americanos, fue definitivamente golpeado, en lo que respecta a nuestro frágil Estado de Derecho, por los Mantenidos que hoy guardaban cómplice silencio frente al imperio de la ley, dentro del inmueble en el que reside la Soberanía Popular.