Disquisiciones veraniegas (II)

En los meses que cada vez para más gente son de asueto perpétuo no se crea empleo. Cualquier cifra que pinte sus labios con intenso color de esperanza brillante a ojos de políticos lascivos no es más que el reajuste macrolaboral de una realidad que debe ampliar sus miras a años vistas o, al menos, a esos doce meses que nos hemos inventado los humanos sirve para cuantificar todo lo terrenalmente incontrolable. Menos aún resulta de aceptación para la honradez vital sacar pecho y maracas rumberas contando falsedades a medias. Resulta de todo orden inaceptable que se propugne con la deshonra de un duelista en desbandada suertes de recuperaciones económicas, de empleo a manos llenas, cuando la creación neta de puestos de trabajo, por sí solo, ya ni siquiera es para el verano. Ni para la abstinencia de esperanza.

En primer lugar, uno de cada cuatro empleos que se ha creado en los últimos meses tiene una duración inferior a una semana, con lo que el mismo ciudadano puede contar, a efectos de orgasmo ministerial de la devota Báñez, como tres empleados en uno en el mismo plazo de treinta días, lo que pega pero no junta. Y, claro, le vale para hacer su casita de papel pero no previene para cualquier brisa que anuncie su llegada en lontananza. Por otro lado, el silencio de las buenas nuevas hace un acto de presencia transfronterizo, con guardia a ambos lados de la verja política, cuando de callar el número de exiliados se trata: Más de 200.000 ex cotizantes de la Seguridad Social que han tomado las de Villadiego, ergo para la filosofía popular significa otros tantos problemas estadísticos menos, ya que ante el vicio de no pedir empleo está para ellos la virtud de hacer como que ni nacieron por los alrededores de Ponferrada.

Y para finalizar la estadística completa de esos fuegos de artificio tan del gusto de quien deja en manos de la virgen del Rocío la economía doméstica a jornada sin descanso, la media de horas de trabajo por contrato formalizado en esta última etapa se establece en diez por trabajador, con lo que por cada puesto de trabajo indefinido y de 40 horas de duración, lo normal es ahora realizar cuatro, de carácter visto y no visto, y nuevamente al circuito de creación-destrucción, que es como masticar un bistec, soltar el buche y volverlo a engullir, aunque suene repugnante, con la imaginación perniciosa de que estamos comiendo dos por uno.

Evidentemente estas coartadas las utiliza con conciencia de causa, pero sin ningún cargo de conciencia, el ejecutivo del Partido Popular, ya que cualquier estadística puede publicarse imprimiendo sólo los quesitos que emitan mejores destellos. Los otros también existen, y juntos expulsan una realidad espantosa. Pero ya se sabe, mientras el tiempo corre, cabalga la esperanza. Aunque esta sea de unos pocos, y con tan mal gusto.

Disquisiciones veraniegas

Disquisiciones de esta temporada estival en penumbra soleada, con el menor nivel de rigor en su análisis que el término, en la acepción sin poros de la RAE, permita. Y es que el verano es tiempo de estallidos con poca onda expansiva, no por el contenido o los materiales de la subsodicha explosión, sino porque el efector amplificador queda en nada frente a redacciones que, depauperadas a tiempo completo, hacen su agosto sudorando becarios y maniatando el tiempo de la información.

No obstante, hay determinadas actualidades que no se encuentran en primera línea de titulares pero no por ello deben evitar tostarse al sol del análisis que más padece. Porque este mes, tradicionalmente en stop político, aviva demasiadas urgencias durante el pasado ejercicio. Y eso es así porque el run run ciudadano no descansa, porque las elecciones municipales de 2015 se acercan a la velocidad de un utilitario con dirigente del PP al volante y, sobre todo, porque la apariencia de transformación voluntarista de las formaciones políticas jurásicas necesita, en este momento, usar el disfraz de héroe sin descanso.

La nueva ejecutiva del PSOE, liderada por la sonrisa deconstruida del encantado de conocerse Pedro Sánchez ha tenido un gesto de revolucionaria iniciativa pedagógica al poner al frente de su departamento de “regeneración democrática” a alguien como Ximo Puig, lider de los socialdemócratas valencianos, como si acabara de llegar a la primera escena política en los primeros días de la canícula. Y, claro, el puesto hay que ganárselo, para no salir con el más mínimo desencuadre en el nuevo retrato de familia. En ese sentido, se muestra partidario de que los diputados coticen por su actividad parlamentaria y puedan tener su seguro de desempleo en lugar de que fichen por una empresa donde puede haber colisión de intereses. “Prefiero que un diputado tenga seguro de desempleo a que pueda irse a trabajar a una empresa a la que ha beneficiado con sus decisiones”, ha añadido.

Estamos, pues, ante la rendición previa a la batalla, algo predecible en un político de viejo cuño que es incapaz de razonar fuera de las lógicas de supervivencia electoral. Si no puedes con el enemigo, abrázalo hasta colmarlo de besos mustios. Su idea de regeneración democrática ni siquiera pierde el tiempo deambulando por los espacios comunes, tan pisoteados, de la limitación de mandatos y otros senderos de la bebida instantánea preelectoral. Directamente, Ximo Puig se arroja a la evidencia de que su casta es de visitar y quedarse a la cena, por lo que ya puestos, que sirvan más pavo, que la noche es joven. Entender la res pública como la entrega transitoria de la voluntad y la experiencia humana para mejorar la actividad y los servicios colectivos no se recoge en el diccionario del político como parásito social. Es más, el regenerador democrático acepta como presupuesto inicial que sus compañeros de bancadas llegan cada día antes y no están por abandonar el claustro así que, ya puestos, que saquen la cubertería de plata. Olvida que actualmente congresistas y senadores se aseguran el máximo de pensión de jubilación con sólo reposar sus inquietos traseros en sede parlamentaria a lo largo de dos legislaturas, con lo que su propuesta, además de involucionista en la búsqueda de la transparencia real, ahonda en lo acomodaticio de las perversidades políticas contemporáneas en tierra ibérica.

Y, así, transcurre el agosto. Pero no agotemos todo el sudor de la maledicencia en una sola sesión bajo el sol que más calienta…. nuestra paciencia.