Un verano fatal

La canción más reconocible de aquel EP que firmaron a cuatro manos Cristina Rosenvinge y Nacho Vegas, titulado Verano fatal y del que se cumple en estos días su décimo aniversario fue, precisamente, la partitura homónima que, en su cuarta estrofa, se cuestionaba quien podría imaginar lo que nos iba a deparar un verano fatal. El cantautor asturiano parece que ha quedado atrapado líricamente por su pasado, toda vez que es la comidilla del periodismo transgénico su supuesto affaire con la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, Andrea Levy. El IVA Cultural ha quedado exento, al parecer, a la hora de liquidar la discreción de ambos personajes públicos y lo que las trincheras ideológicas parecían distanciar, el misterio de las relaciones públicas ha estrechado, con el consiguiente punto de ebullición en redes sociales y garitos con ganas de humo.

Porque cualquiera que siga con cierto interés la trayectoria artística y pública de Vegas desde sus inicios en solitario, una vez finiquitada la experiencia con Manta Ray, conoce su huida de un hedonismo musical rayano en el placer de lo lúgubre hasta desembocar, si no encallar sin viento de cola, en mesías del compromiso político y social, dando las primeras y nítidas pistas con Cómo hacer crac (2011) y teniendo continuidad sin ambages a partir de sus Actores poco memorables (2014). Dar la cara, poner la nota, musicalizar la lucha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ha transmutado al músico gijonés en colectivo, una suerte de Horacio que salta la rayuela para viajar hasta Oliveira.

¿Se puede alcanzar la intimidad del afecto romántico con alguien que hace de su sensibilidad ideológica profesión y way of life político desde el otro lado de una posición que, en ambos casos, tiende más barreras que lazos? Basándose en su opinión sobre qué es ser de derechas, a partir de la polémica que se levantó a raiz de unas declaraciones, en 2011, de Russian Red, no sería procedente ni mantener posición paralela en la barra de un bar. Así que, de confirmarse el idilio político-musical, Nacho se sentirá pitoniso de la rima recordando que las gaviotas chillan que ya está cerca el final de un verano fatal. El asunto será discernir si, continuando la letra de la canción, a un otoño desastroso siempre le precederá ese tortuoso tiempo del estío, dando por cierto que así se esté despidiendo septiembre para el cantautor desde que ha saltado a una multitudinaria audiencia una historia personal que ya tuvo su antesala anecdótica hace justamente un año, cuando Vegas se interpuso en una conversación tuitera a cuenta de otro rumor sentimental de Andrea Levy dentro del circuito indie nacional, en ese caso con un músico del grupo La habitación roja.

¿Qué la música una lo que la política se empeña en distanciar? La respuesta no parece que se encuentre ni para generar una reflexión breve: Andrea Levy y Nacho Vegas son adultos para gestionar sus filias como mejor convengan. ¿Exponer de manera tan nítida el blanco y negro de tus posiciones ideológicas te imposibilita para amar lo que afirmas enfrentar? Si se tiene en cuenta el tono con el que dialoga con el otro Vicesecretario junior del Partido Popular, Pablo Casado, en Twitter, hacer diálogo-ficción entre la pareja complica el asunto.

Precisamente el activismo rampante del cantautor asturiano en la red del pajarito se ha tomado un respiro desde que el papel couché de baratillo ha desahuciado su privacidad. El verano fatal, por lo tanto, parece que se despedirá con más incógnitas que certezas pero, ¿Qué más da si puede contarse con Soraya Sáenz de Santamaría para que amenice con sus mezclas esta turba de sentimientos del amor en los tiempos de crisis?

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España desahucia en Moscú

Hoy realizaremos una acción inédita en los casi tres años y medio de apertura de esta CasaQuerida, y es narrar un hecho con notable necesidad de difusión, pero a través de una voz que lo ha realizado con la precisión adecuada, desde la cercanía que permite contemplar y llevarse a cuestas para entregarnos el mensaje, la demanda. Hoy no es un tiempo nuevo, hoy no podemos perder ni una línea en la operación de supervivencia regia. Hoy seguimos siendo ajusticiados por la estafa que ha quebrado la clase media sin enemigos a la vista, que ha mejorado su codicia de manera exponencialmente repugnante, que nos desahucia más allá de los ladrillos, hacia el precipicio con cuerda fina, equilibristas de la resistencia.

CasaMoscu1Hoy necesitamos viajar a Moscú a través del reportaje publicado por el periodista Miguel Ángel Nieto en el número de mayo de Tinta Libre. Artistas e intelectuales de España, Rusia y Estados Unidos trabajan en el lanzamiento de un crowdfunding para recaudar el dinero suficiente que salde la deuda de los Niños de Moscú. “La Marca España no puede permitirse desahuciarse a sí misma”, dicen. Reproducimos íntegramente su valioso texto, su alerta inmediata que, de manos de Zapatero y de Rajoy, pulveriza nuestro ya de por sí pasado construido sobre heridas y a las que arrancan la sutura de cuajo para que ni el presente las cicatrice.

Conchita Rodríguez llegó con cuatro años a Moscú y desde entonces no ha vuelto a comer zanahorias. Eso tiene su explicación. Su padre murió en los bombardeos franquistas sobre Guernica, en abril de 1937. Su madre la cogió a ella y a sus dos hermanos, de nueve y dos años, y comenzó a caminar hacia Portbou para escapar de España por Cataluña. Caminó muchas semanas con la pequeña en brazos y los otros dos agarrados a sus faldas, hasta que el agotamiento y la enfermedad acabaron con su vida en los valles de Lleida. Los niños quedaron completamente desamparados.

Conchita ni recuerda lo que hicieron con el cadáver de su madre. Sí retiene en la memoria cómo el hermano mayor tomó el mando y los tres pequeños siguieron caminando y robando zanahorias en los huertos para sobrevivir. El mayor vigilaba y daba la señal. Conchita entonces se agachaba y, con disimulo, extraía de la tierra las zanahorias que comían sin lavar. Y recuerda también que fueron muchos días y muchas noches.

Al cabo del tiempo chocaron milagrosamente con miembros de las Brigadas Internacionales que habían llegado a España a defender desinteresadamente al gobierno de la República. Para entonces, los tres niños ya no eran niños, eran tres manojos de huesos con las barrigas hinchadas y envueltos en harapos.

Los brigadistas, algunos de ellos de la Lincoln estadunidense, los llevaron ante Dolores Ibarruri (en ese entonces dirigente del Partido Comunista de España) y gracias a su mediación lograron embarcar hacia Moscú, junto a 3 mil 500 niños españoles que llegaron por otras vías y fueron acogidos generosamente por familias rusas. La mayoría de ellos procedía de colonias infantiles del País Vasco o Levante, donde habían sido enviados por sus propios padres para ponerlos a salvo de aquella guerra civil de 1936. En aquel Moscú de infinita pobreza les aguardaba cariño, sí, pero también una infinita dieta de patatas crudas y una espantosa guerra mundial a punto de estallar.

Con los años, fundaron en Moscú la Casa de España en la céntrica calle Kuznetsky Most, un lugar de referencia para todos ellos en un país sin embajada española ni relaciones diplomáticas con el dictador Francisco Franco. Ahora se llama oficialmente Centro de Estudios de la Cultura Española (CECE), pero hasta en los letreros del portal sigue poniendo lo que siempre ha sido: Casa de España.

A la fecha quedan vivos 103 de aquellos niños, hoy todos mayores de 80 años y algunos de más de 90. Ancianos que se reúnen a diario en esa sede y cocinan lentejas o fabada, siempre platos españoles, y juegan a la brisca o al mus para sortear los tantos años de frío y orfandad. Es, literalmente, su casa, “la casa de todos los españoles”, como insiste su actual presidente, Francisco Mansilla, que llegó a la entonces Unión Soviética con 10 años y ahora tiene 87.

Desde 2006, apenas un año después de que el entonces presidente español José Luis Rodríguez Zapatero los visitara y se hiciera fotos fraternales en esa Casa de
España por la que había pasado hasta el príncipe Felipe, quedó bloqueada la subvención oficial que recibían para pagar el alquiler de su sede. Así comenzó la angustia. La supresión definitiva de la subvención fue efectiva en 2011, justo cuando Mariano Rajoy llegó al poder. No era mucho. Eran 40 mil euros anuales (lo que cuestan dos almuerzos del Consejo de Ministros), pero era un dinero vital para pagar mensualmente el alquiler del inmueble, subvencionado a su vez por el ayuntamiento de Moscú.

A partir de ahí comenzó esta penosa historia de un desahucio anunciado. Mansilla recibió una primera carta de la administración española en la que se le indicaba que no se habían justificado debidamente 21 mil euros que los “Niños de la Guerra” destinaron en 2006 a donativos para otras entidades humanitarias que lo necesitaban y para sufragar el costo de los entierros de muchos de sus socios a los que la edad ya no había perdonado. En otras palabras, no se les daba una subvención ni para funerales de españoles ni para que fueran solidarios con otros ni para que lo justificaran como “gastos sociales”, tal como habían hecho. Y era cierto, como también reconocieron por carta los ex niños de Moscú. El destino de ese dinero no se ajustaba “literalmente” a la reglamentación que se exigía en el Boletín Oficial del Estado. 

El reclamo de la deuda pasó del Ministerio de Asuntos Exteriores a manos del Ministerio de Hacienda en 2010. La reanudación de las subvenciones quedó de facto congelada y condicionada a la devolución íntegra de ese dinero. En un oficio enviado a Moscú por la Agencia Tributaria hace apenas cinco meses, se reiteraba textualmente que esos 21 mil euros se habían convertido, aplicados los correspondientes intereses, en 25 mil 554 euros. Un dinero que crece cada año y que en España puede parecer poco, pero en Rusia, donde el salario promedio mensual rara vez supera los 500 euros, es una verdadera fortuna.

De nada han servido las muchas cartas que Francisco Mansilla ha remitido a Hacienda solicitando que se acepte una devolución a plazos. Porque mientras tanto, las subvenciones de Madrid han seguido sin llegar y el precio del alquiler que cobraba el ayuntamiento de Moscú se ha triplicado. Han logrado pagar los cuatro primeros meses del alquiler de 2014 gracias a una donación inesperada que recibieron del gobierno vasco. “Gracias a este gesto de solidaridad, el Centro Español en Moscú podrá sobrevivir hasta el mes de mayo”, escribía Francisco Mansilla en una carta de agradecimiento fechada el 26 de febrero de este año. “Mientras tanto, estamos esperando una solución por parte del gobierno español”.

Los próximos meses, de hecho, los vuelven a afrontar con aportaciones personales de los socios. Las aportaciones personales de estos 103 mujeres y hombres proceden exclusivamente de los 360 euros mensuales de pensión que perciben del gobierno ruso, más los 200 euros al mes que reciben desde España a través del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso). En otras palabras, de lo que puedan arañar de sus vitales pensiones contributivas por jubilación.

Tras la última comunicación de la Agencia Tributaria incrementando los intereses de la deuda y sin haber recibido respuesta a las cartas enviadas al gobierno de Madrid, escribieron al rey Juan Carlos y a su hijo. El 23 de diciembre de 2013 recibieron respuesta de la Casa del Rey. Alfonso Sanz Portolés, jefe de la institución real, decía que “por encargo” expreso del rey había “remitido su escrito” sobre “la difícil situación por la que está atravesando el Centro Español en Moscú” a “la Presidencia del gobierno, para los efectos oportunos”.

De momento, sólo han recibido el silencio por respuesta. Ni Mariano Rajoy ni ningún otro miembro del gobierno ha atendido a la mediación del rey en el asunto ni a las muchas cartas que se les han enviado a través del consulado en Moscú. Las aportaciones de España en 2013 se habían limitado a cubrir “los gastos del seguro médico y los complementos al subsidio mensual de los Niños de la Guerra residentes en Rusia”.

Todos los demás gastos se cubrieron con donativos y aportaciones personales de los socios. Es decir, y según figura en la contabilidad oficial de la Casa de España: alquiler del local, comunidad de vecinos, electricidad, gas, evacuación de basura, comunicaciones, “un agua en botellones”, impuestos, comisiones bancarias, “papel higiénico, detergentes, platos y vasos desechables, reparaciones, limpieza” y organización de actividades culturales.

En total, un millón 722 mil 158 rublos, es decir, 35 mil 177 euros procedentes del bolsillo de unos niños que involuntariamente quedaron “huérfanos con sus padres en vida”. Sólo en 2013, el alquiler del local había subido de 13 mil a 26 mil euros anuales, justo el doble. En 2014 un nuevo aumento ha colocado el alquiler en casi el triple de lo que pagaban hace un año.

Son cifras que los amedrentan. Las muestran durante un sencillo almuerzo en la propia sede, para el que Conchita ha preparado un guiso de lentejas a la vasca y regadas con vodka. Una comida en la que mezclan el ruso y el castellano con absoluta naturalidad y en la que reconocen sin lágrimas que aún no comprenden la vida que les ha tocado ni de qué tienen la culpa.

Eran muy pequeños cuando les acogió una Rusia proletaria afectada en esos tiempos por la llamada “peste hambruna” que se venía propagando desde 1933 y que llegó hasta Ucrania, la despensa de Moscú. Les acogió una Rusia que les dio mantequilla, becas, formación técnica superior y empleo cualificado en los lugares más remotos de la estepa. Recibían becas especiales, equivalentes a lo que hoy serían 500 rublos mensuales (10 euros), mientras que las de los rusos eran de 150 rublos (tres euros). Se les permitía acceder a puestos técnicos de gran nivel sin la obligación de hacer las oposiciones que exigían a los rusos. Les acogieron familias rusas que les convirtieron en hijos legítimos. Se les trató como a príncipes desheredados, con verdadero afecto y compasión.

Pero también les acogió un terrible régimen político que hasta 1947 les prohibió cualquier gestión que pudiera permitirles localizar en España a sus padres biológicos, un régimen que les negó el derecho a escribir cartas a sus familiares. Familiares, por cierto, que suponían a salvo a sus “huérfanos”, que los imaginaban en el paraíso socialista y que no sabían  —ni podían imaginar— que muchos de ellos morirían por las enfermedades contraídas por los alimentos crudos o en mal estado que en aquellos primeros años eran los únicos de los que disponían los soviéticos. Que ignoraban que los habían salvado de una guerra en España para dejarlos a merced de las consecuencias de una guerra mundial en suelo soviético. Y que tampoco supusieron que hasta 1956, año de la muerte de Stalin, se les impediría salir de las fronteras de lo que fue la Unión Soviética.

“¿Por qué el gobierno no entiende que estamos muriendo en tierra ajena?”, se pregunta Enrique Alonso, el secretario de la Casa de España mientras felicita a Conchita por el sabor de las lentejas. Por haber nacido en Rusia en lugar de en España, como su hermano, no percibe ningún tipo de subsidio. A efectos legales es un ruso. Y sin embargo dice: “Yo fui engendrado en España, aunque mi madre dio a luz en Moscú. Soy español. Y el sol de la patria calienta mejor que éste”.

Cada una de las 103 historias personales que sobreviven en Moscú tiene la morfología concéntrica de la cebolla. Capas y capas y capas que tienen su origen en la misma tragedia: el exilio involuntario; el exilio de niños, en algunos casos de bebés o embriones, cuyo único delito ha sido que sus padres los pusieran a salvo de las bombas franquistas.

Mansilla, el presidente del Centro Español, abandonó su casa madrileña en El Rastro en octubre de 1936 y estuvo en una colonia de acogida en Valencia hasta marzo de 1937. Llegó a Moscú con 10 años, en un interminable viaje en el buque Cabo de Palos junto a los otros 100 chavos de la colonia levantina. Un barco, por cierto, que a su regreso a España fue bombardeado y hundido por transportar tanques para los republicanos.

Los cuatro hermanos de Francisco Mansilla pudieron regresar a España en 1956, cuando Kruschev autorizó la salida de los “niños” españoles. Su antecesor, Joseph Stalin, los había retenido en suelo soviético porque los quería enviar “a otras revoluciones”, a lo que llamaba “la revolución permanente”. Pero a Francisco le negaron la entrada a España cuando por fin podía salir de Rusia por considerarlo “comunista”. Y es lógico, dice, mientras abre una botella de coñac que en realidad es de whisky, pero él no lo distingue: “Hemos sido comunistas siempre y lo seguiremos siendo. Por más errores que se hayan cometido aquí, seguimos creyendo en los ideales”.

Cuando Mansilla localizó a sus padres a través de una carta que envió a un cura de su pueblo natal, la respuesta que recibió fue la siguiente: “Te hacíamos muerto en las nieves de Rusia”. Su esposa rusa lloraba en 1970 cuando lo acompañó a España, la primera vez que regresaba, y vio una tienda con más de 200 tipos de quesos diferentes, porque en Moscú jamás habían visto uno. La madre de Mansilla había muerto 10 años antes, en 1960. Su padre, ya muy anciano, moriría 14 años después de aquel primer reencuentro.

Tras el relato, Mansilla brinda “por las mujeres que adornan esta mesa” (un brindis tan clásico como gentil en Rusia) y luego brinda “por España”. Yo los invito a que lo hagan por mi brindis favorito, “por si acaso”. Después, levanta lentamente sus 87 años y camina por la última fotografía que le tomaron en Valencia. Asombroso. Ya era un niño menudito, rapado, con la mirada clavada en la incertidumbre. Se le escucha y sigue siendo el mismo: un niño.

Es importante entender que en Moscú sólo quedan vivos 103 de estos pequeños exiliados. Y es importante no sólo por la desproporcionada insolidaridad que a estas alturas representa su nuevo abandono, sino por lo que económica y jurídicamente significa. Al reclamo de esos 21 mil euros de gastos indebidamente justificados en 2006 y sus correspondientes intereses de Estado, se sumó contra ellos una reforma legislativa realizada en 2008 y 2009, de nuevo de manos de Rodríguez Zapatero. De ser refugiados de guerra pasaron a ser “emigrantes”, sin más. Como si hubieran sido ellos los que decidieron abandonar España por su cuenta. Como tales, tienen derecho a una ayuda anual equivalente a un dólar por cada miembro de la comunidad, es decir, a 103 dólares en el caso de los Niños de la Guerra frente a los 330 mil dólares que percibe, por ejemplo, la comunidad de emigrantes en Argentina, compuesta por 330 mil españoles, o a los 160 mil de la comunidad española en Venezuela o a las 180 mil personas de nacionalidad española en Francia.

Las ayudas, además, se daban sólo en el caso de que dichas comunidades obtuvieran más de 25 puntos en los nuevos parámetros que establecía la ley. Los puntos dependían de la cantidad de actividades “culturales” que organizaran dichas comunidades.

En el caso de los Niños de la Guerra, en ningún momento llegaron a los 25 puntos, lo máximo que han alcanzado es 15, pues además de ser muy pocos y no percibir la subvención anual, apenas han tenido dinero para organizar suficientes actividades como para percibir esos 103 míseros dólares de subvención anual.

Otra vez el asombroso destino.

“No pretendemos con esta carta abrumaros ni quitaros ningún tiempo”, reza el mensaje que enviaron a los reyes y al príncipe de Asturias el 17 de diciembre del pasado año. “Los que quedamos en Rusia organizamos en ella nuestra vida y familia y, siempre pensando en España, nos conformaba acudir a nuestra amada tierra al menos una vez al año, mediante los viajes organizados por el Imserso”.

Curiosamente, el bloqueo económico a los Niños de la Guerra ha afectado también a esos viajes. Ya no se les paga nada ni se les facilita nada. Hace ya unos años que el Imserso recibió instrucciones del gobierno de no subvencionar esos viajes que realizaban a España.

Es terrible, dice Mansilla: “En Rusia somos españoles y en España, rusos. Sin ver España es muy difícil nuestra vida”, añade. “Nuestro tiempo se agota”, dice por otra parte en la carta enviada a la Casa del Rey.

“Si Vos no lo conseguís, seremos desalojados de este lugar histórico para España (…) y en ese desalojo también se irá nuestro corazón, ya que es el espíritu del Centro Español, identidad de nuestra patria perdida, lo que nos mantiene aún con vida”.

Tristes datos de mayo de 2014. Los 103 Niños de la Guerra deben a la Hacienda española 25 mil 554 euros, intereses incluidos. Hacienda no acepta el pago aplazado que han propuesto, a razón de 2 mil 554 euros por año. Mientras la deuda esté viva, no volverán a percibir los 40 mil euros anuales de subvención que les permitan pagar el alquiler de la sede y su mantenimiento.

La Casa de España, tan humilde, tan deliciosamente noble y acogedora, ha comenzado a empaquetar en cajas sus enseres.

 

El Eibar de la política

Ésta es la celebración que ayer se produjo en la localidad guipuzcoana de Eibar, tras certificar, por primera vez en su historia, el ascenso a Primera División. Tras 75 años de existencia, el conjunto armero se convertía oficialmente en el club número 60 en engrosar la lista histórica de participantes en la máxima categoría del balompié nacional. Desde luego es de lo más destacable, toda vez que estamos hablando del club con el presupuesto más modesto de la división de plata, así como de ser un conjunto recién ascendido, tras un periplo de tres ejercicios en Segunda B. Pero lo más destacable es que el club presidido por Álex Aranzabal sostiene un balance contable que es puesto como ejemplo en la Liga Profesional nacional, sosteniendo un equilibrio financiero impecable en base a una política que prima la estabilidad económica sobre las pretensiones deportivas. Pero eso no basta. Así lo establece el Real Decreto 1251/1999, de Sociedades Anónimas Deportivas, que en base al cálculo regulado en función de diversos factores, obliga a la Sociedad Deportiva Eibar a una ampliación de capital desde los 400.000 euros actuales hasta algo más de dos millones. De lo contrario, el próximo mes de agosto el conjunto eibartarra cambiará de categoría, en efecto, pero descendiendo un peldaño.

EibarCuriosa manera de legislar en busca de la regulación correcta de las sociedades deportivas. Mientras durante años se ha permitido a clubes sortear descensos y desapariciones realizando maquillajes rastreros, desde ampliaciones anuales de capital imposibles de completar hasta empréstitos inasumibles a medio plazo por los clubes en favor de financieras y sociedades de intermediación deportiva, lo que ha llevado a la ruina técnica (dejando de lado corruptelas directas, sobornos, chanchullos, etc., impunes de toda impunidad) a clubes con tanto arraigo social como el Zaragoza o Racing de Santander, entre muchos otros. El conjunto armero, además, intentará el más difícil todavía: alcanzar esa ampliación de capital con una limitación por adquisición de paquetes accionariales, dando por sentado que resulta más importante el mantenimiento del espíritu familiar, colectivo, del proyecto, que el ascenso a costa de la irrupción de fondos externos que arranquen de cuajo el alma deportiva del Eibar.

Y del fútbol a la política, un camino relativamente corto en terreno nacional. Más aún al comparar las coincidencias de las dos mayores alegrías colectivas que protagonizaron la jornada dominical, los ascensos que generaron esperanza, regocijo, confianza en que se pueden lograr los objetivos a base de trabajo, honestidad y coherencia. Como ya hemos analizado con detenimiento, la formación PODEMOS se alzó como el triunfador sin paliativos de la jornada electoral para elegir la composición del Parlamento Europeo, al dinamitar las encuestas y lograr cinco escaños con más de un millón doscientos mil votos. Y esto en sólo cuatro meses, utilizando herramientas de comunicación interciudadana, fomento de las redes sociales, potenciación de las asambleas y movimientos locales, y sobre todo a través de una estrategia de financiación electoral impulsada desde el crowdfunding transparente, el rechazo a su financión vía compromisos crediticios con las entidades bancarias y, en definitiva, gastando aquello que sus propios simpatizantes fueron capaces de recaudar a lo largo de la campaña.

PodemosPues bien, en base a sus resultados y a la estructura de subvención a formaciones políticas para estos comicios europeistas, Podemos optaría a recibir algo más de treinta mil euros por cada eurodiputado obtenido, así como 1,08 euros por voto logrado. En total, la formación liderada por el politólogo Pablo Iglesias debería recibir algo más de un millón y medio de euros pero hecha la ley, hecha la mordaza económica. Al haber declarado poco más de cien mil euros como gastos de campaña, y considerarse como subvención el reparto de las cantidades a presupuestar, ese es el tope que puede percibir la formación progresista. ¿Subvención o financiación? He ahí el quid de la cuestión, al tratarse de unas cantidades a percibir con posterioridad, lo que impide conocer la necesidad de inversión en campaña, y que castiga el rigor a la hora de no gastar aquello de lo que no se dispone. Como quiera que los partidos tradicionales mantienen un flujo monetario siempre deficitario, atrapados en su mayoría por empréstitos frente a las grandes corporaciones financieras, ante aquellas a las que reclaman con mimo y caricias que aflojen el yugo de los desahucios y las ejecuciones hipotecarias, sus gastos siempre serán superiores a lo amortizado con estas compensaciones monetarias pagadas por todos. En cambio, lo ganado en las urnas, en buena lid, por Podemos no le permitirá continuar creciendo estructuralmente, sino que se repartirá equitativamente entre los morosos, premiando el derroche frente a esa austeridad real que no casa con la que nos incitan a llevar a término aquellos que han sido vapuleados electoralmente, claro está, por vivir en una repugnante contradicción. Por poner un ejemplo, VOX, que no ha alcanzado representación en la eurocámara a pesar de invertir una cantidad muy superior a lo largo de la campaña, recibirá una compensación mayor que Podemos. Dos ejemplos de como el sistema proclama y reclama unos principios mientras los apalea cuando éstos toman forma lejos de su control.

 

La artesanía desahuciada de Perucha

Perucha1Los enérgicos impulsos de divulgación periodística, así como la enérgica campaña de crowdfunding que han organizado los alumnos de su escuela y vecinos del barrio de La Ventilla han impedido que el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) haya hecho efectivo la expulsión por desahucio urbanístico de Domingo Perucha, el último artesano del deporte del pedal. Ajeno a la estandarización de la liturgia ciclista, de como se ha de personalizar la extensión de quienes pasan más tiempo sobre el sillín que acostados, su taller continúa a pleno rendimiento, un refugio de lo que se moldea como si fuera la primera vez, la innovación silenciosa que permanece en el valor de cada agraciado.

La Ventilla, situado en el distrito de Tetuán, extensión de la especulación más rapaz del Madrid que no se cansa de crecer malformada, ha venido desde finales del siglo pasado planeando la obsesión por crear modernidad artificial utilizando el brazo ejecutor de IVIMA, que continúa la senda de todas las alcaldías del PP en la capital de España: los vecinos alojados en residencias poco estilizadas por el paso del tiempo y la carestía de sus fachadas parecen contar únicamente como fronteras humanas del extrarradio, allí donde ese límite lo vaya estableciendo la presión especulativa. Únicamente la lucha pertinaz de varios residentes y el advenimiento de la crisis inmobiliaria han detenido la crónica de un derrumbe planeado. Perucha ha continuado blandiendo el soldador con la paciencia de quien no necesita acelerar el tiempo, pero el tiempo de los intereses se obstina en alcanzarle, aunque pareciera estar a salvo del hormigón, aunque los pedales mantengan el brio de los especialistas en contrarreloj.

Perucha2A diferencia de aquellos que han insistido en tirar abajo el trabajo de una vida, Perucha se ha dedicado a construir con descuidada obstinación el curriculum que se talla a través de las manos rugosas. En sus paredes hay medallas olímpicas, campeonatos nacionales e internacionales, actividad pionera en encontrar equilibrio aerodinámico sobre las dos ruedas. El equipo ONCE de ciclismo adaptado se gestó a partir de su esfuerzo individualizado, reduciendo pesos, eliminando oponentes por medio de la emprendeduría real, en busca del grial con pedales. Su historia es la que ha obtenido algún espacio para que la denuncia de toda la zona haya resonado más allá de Madrid, aunque la gloria deportiva de Perucha haya alcanzado la cúspide del podium mucho antes de la codicia publicitaria de los políticos de cuerpo presente. Quien sabe, tal vez el triunfador de hoy se vea acorralado dentro de unas décadas en la calle del olvido, amortizado ya el cupo de aprovechamiento multimedia del personaje. No hay piedad por parte del que sobrevive como un carroñero agazapado tras esa chirriante honorabilidad de la cosa pública, pendiente de la inmediatez de sus plazos electorales, tomando decisiones a vista de plano desde donde nunca se adivinan los temores encajados entre bloques y pequeñas moradas. Así el justiprecio deja de tener su primario sentido y se convierte en la herramienta más perversa de la nacionalización inversa: quedarte con lo humildemente privado a precio de risa, en demasiadas ocasiones sin un interés general que lo justifique, mientras se regala el músculo público sin planeamiento macroeconómico honrado.

Perucha3A sus 78 años, Perucha parece que ha decidido no bajarse nunca de la bicicleta, mantener el pedaleo arropado por un pelotón protector y cálido. La meta es difícil de vislumbrar, porque las amenazas de palas y gruas no dejan comprobar donde acaba esta etapa. El trabajo se aniquila con el empuje cobarde que alcanza siempre su puertos y metas volantes e ignora, de la misma manera egoista, los besos, las coronas pero se embolsa el cheque y el champán. Afortunadamente, los miembros de su equipo ciclista y aquellos que respetan el legado de la artesanía del esmerado soplete han obtenido los recursos para finalizar el eco de una voz triunfal; esa difusión exponencial que se conseguirá acerca de lo que encierran las paredes del taller de Perucha supone el último esfuerzo para que la competición no sea en balde.

Más cornadas dan los desahucios

A pesar del certero énfasis que Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, esgrimió ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados el pasado lunes, con un millón de firmas bajo el brazo y un planteamiento de mínimos para humanizar la práctica hipotecaria en nuestro país, el Partido Popular ya ha anunciado que no aceptará su contenido de raíz y, por tanto, no se abrirá debate parlamentario para su análisis y puesta en conocimiento. Un millón de demandas ciudadanas, por tanto, se quedarán por ahora en el limbo desentendido que se ha adueñado de la representación política actualmente mayoritaria con respecto a un drama que apuñala a diario a más de 500 familias a lo largo del territorio nacional. ¿Las argumentaciones? que a lo largo de este año la Cámara afrontará una reforma de la normativa en vigor sobre este particular y no encuentran, por tanto, la urgencia para discutir las peticiones redactadas por la Plataforma. Colau tildó de criminal a los agentes económicos, políticos y financieros que permiten este terrorismo social a diario, a pesar de los aspavientos de cierta parte de la bancada neoliberal, y se quedó corta; lo son, y por partida doble.

Toros1Y es que el bloqueo a esta propuesta ciudadana secundada de manera masiva no obsta, faltaría más, para que en la sesión plenaria del martes sí tenga encaje otra Iniciativa Legislativa Popular, ésta con el respaldo de algo más de la mitad de las suscripciones obtenidas por la PAH y en un espacio de tiempo mucho más extenso, con el objeto de declarar la aberración taurina Bien de Interés Cultural. A diferencia del drama de los lanzamientos, desalojos, desahucios, como queramos denominar al destierro sistemático de miles de seres humanos de su espacio más inviolable, el Partido Popular hace suya esta supuesta iniciativa espontánea, al defender en sede parlamentaria su repugnante intencionalidad mercantilista basada en el maltrato a un hervíboro indefenso el diputado de la formación conservadora por la provincia de Sevilla, Juan Manuel Albendea. No es éste un actor casual del circo de sangre y arena; su actividad privada está esbozada por la defensa a ultranza de la tortura en la plaza, dejando amplia constancia en obras narrativas, otorgamiento de distinciones varias por su defensa pertinaz de esta reminiscencia atroz de nuestros más bajos instintos para con el entorno animal, y la aportación de propuestas disparatadas de amplio espectro. Nos podemos hacer una veloz idea de la relevancia que le dan al término Cultura los miembros de la fuerza con mayor representación institucional de este triste país cuando alguien como Juan Manuel Albendea preside la Comisión del sector en la Cámara Baja. Y entre los firmantes de la Iniciativa, cómo no, nuestro ínclito Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Esa firma parece que sí le consta.

Toros2En la entrevista que enlazamos, realizada en enero de 2012, el alter ego Gonzalo Argote defendía la reducción del IVA para espectáculos taurinos en comparación con la baja tributación (a su juicio, en ese momento) del acceso a cines y teatros. Para empezar, ya ha conseguido que el tipo de los segundos haya aumentado hasta dejar desolados los patios de butacas. Ahora sólo le queda abaratar y subvencionar con la miseria colectiva los graderíos al albur de la arena teñida de saliva y sangre, de la cultura de la agresión, la tortura y la muerte gratuita. Evidentemente, la Iniciativa presentada por la Federación de Entidades Taurinas, esto es, los interesados en la rentabilidad pecuniaria del crimen, no pierden el sueño por la orientación y desenlace del debate parlamentario; de igual manera que el rodillo de esa mayoría absoluta de la que abusa el Partido Popular a pesar del descrédito creciente que padece ha sido utilizado para silenciar en el Hemiciclo las demandas desesperadas de tantas y tantas familias despojadas de su dignidad, lanzadas sin reubicación a la acera, las poltronas conservadoras darán, con copa y puro, la mayoritaria bienvenida a la conversión de otra inhumanidad en bien de especial protección.  El proceso a partir de ahí será sencillo: tras su admisión a trámite pasará a la Comisión de Cultura (¿recuerdan quien la presidía?) para su análisis (ejem). Una vez resuelto ese engorro, sin banderillas ni picadores animalistas por medio, continuará su tramitación en el Senado donde, si no hay objeciones (mayoría absoluta del PP, no lo olvidemos), pasará directamente a ser publicada en el BOE y a dar, por lo tanto, rienda suelta a su siguiente y principal objetivo: la conversión de la matanza nacional en Bien Inmaterial de la Humanidad.

Toros3Para que el despropósito se remate de esta manera, en la UNESCO debería ocurrir un cataclismo moral de amplias dimensiones, pero nunca se sabe. Lo que resulta indiscutible en este momento es que la enfermedad taurina de unos pocos pasará a recuperar su posición de amplio privilegio en tanto en cuanto su mutación en BIC acarreará una potenciación de su perfil de negocio, que de eso se trataba por si alguien andaba despistado: exenciones y subvenciones otorgarán el papel privilegiado que en España ha tenido lo que ocurre en la plaza. La dación en pago, por el contrario, así como el alquiler social y el realojo ciudadano, no resulta rentable en términos monetarios ni para el capital ni para sus delegados con acta de diputado.