Revueltas patrocinadas

Ahora que por Egipto se ponen lúgubremente de moda los tonos militares, da que pensar la supuesta estacionalidad de las revueltas que inundan las costas mediterráneas desde Tetuán hasta Latakia. Más de dos años después de que germinaran, supuestamente, masas floridas al albur de una democracia transmitida a golpe de tuit y “me gusta la libertad”, el calendario parece haberse detenido en plena insolación; Túnez soporta, a día de hoy, el mismo deterioro institucional, caos en los servicios y violación sistemática de los derechos humanos primarios con un dictador múltiple, sin rostro, el de sus propias cadenas oligarcas. A Libia mejor ni asomarse, presa de la venganza en cada esquina, con un Estado absolutamente fallido y la mutación (¿o sería más exacto recordar que no es más que la presencia, sin adornos externos, de la verdadera condición de la codicia?) de toda aquella troupé bendecida como “reformistas democráticos” en una suerte de señores diarios de la guerra por el control de la riqueza, cualquiera que ésta sea. Por Siria no se libran de sus propios libertadores, patrocinados con descaro por un interés mayor a cualquier apariencia cuneiforme de las primeras farsas en el innoble arte de la ocupación macroeconómica de los pueblos. Y de Egipto, ¿qué decir de Egipto? Tan asqueada de dictadores y tan amantes del totalitarismo, ansiosos por elegir y excitados por no aceptar sus propias elecciones. En todos estos casos, lo que allende sus respectivas fronteras se debate debería tener una postura uniforme, alejada de impulsar alienaciones en la opinión pública, favorable siempre a dos principios inmutables: la democracia y la protección y defensa de los derechos humanos. Pues depende, pues depende.

CORRECTION-GREECE-VIOLENCEEs lo que tiene intentar comprender por qué la turba se maneja contra uno, contra otros, o contra ellos mismos, en una sucesión de odios sociales que no parecen deslizarse en función de mayor o menor cantidad de polen de indignación en el ambiente. Allende nuestras fronteras, acostumbrados como estamos a no encontrar más enemigos que el abstracto villano del capital, representado en aquellos mismos a los que hemos entregado, con repetitivo desdén, nuestra confianza cuatrienal, ver imágenes de masas gritando y exigiendo, en lenguas interesadamente traducidas, valores supremos que damos como innegociables (a pesar de que se nos vayan dispersando, como calderilla revoltosa, a diario) nos emocionan. Si a eso le unimos montajes con musiquilla libertaria y un par de tomas de jóvenes en primer plano, los pelos como escarpia revolucionaria que se nos ponen.

Pero como el prisma del largo plazo suele ser mucho más sensato que secundar, sin miramientos, aquello que nos dicen que huele a violeta de la libertad, presenciar la segunda parte de algunos aconteceres que creíamos no iban a contar con trilogía deberían hacernos sospechar que los guionistas ocultos suelen inclinarse por exprimir al máximo la rentabilidad de sus productos. En casos como el egipcio, parece ser que el sufragio universal como cartelera del éxito de la floresta pasada no resulta adecuado cuando a los Hermanos Musulmanes nos referimos. Democracia sí, pero sin pasarse. Aquí no entran en juego mayorías, consensos ni negociaciones posibles, que no está el capital para patrocinar premiere al aire libre y que caigan chuzos de islámica punta. Para poder corregir ese desatino climatológico en lo electoral, siempre podemos contar con el héroe de turno (vease El Baradei y otros star de la oligarquía occidental de rostro árabe) y el estético despliegue de cámaras enfocadas hacia el plano adecuado.

Revuelta2Si a este lado del Mare Nostrum nos da por hacer de las nuestras, discutiendo la servidumbre del poder político a todos menos a quienes los han elegido, rechazando la alienación que resulta dar como hechos innegociables el sacrificio de un mayoritario lado para armar la fertilidad del que siempre gana fuera de las urnas, la estética de las mareas y las pancartas se torna, por obra y gracia de los patrocinadores, en una pira repleta de encendidos anti sistemas (¿es ese término rechazable per se?) que merece dispersar en mamporrero desorden. Entonces, dos costas se enfrentan en función del producto de sistema político manufacturado que se pretenda introducir. Por Siria llevan dos años erre que erre, y mira que les cuesta. Pero no hay salida, si el marketing exige frente libertario en busca del cambio de cromos, no hay valla publicitaria, ni sacrificadas abejas polinizando a diestro y siniestro que eviten la desertización de cualquier esperanza crédula.

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El espíritu de Sócrates

El discurso social que ha emanado alrededor de la recientemente finalizada Copa Confederaciones, celebrada en la opulenta a partes desiguales Brasil, ha dejado un vencedor ilusionante: la ciudadanía. Hacía mucho que el deporte de masas no sólo no conseguía enmudecer la realidad que transcurre, infecta, lejos de las taquillas y el graderío, sino por el contrario este evento ha dejado mundialmente al descubierto que se acabaron las glorificaciones indemnes al dios de la amnesia.

Socrates1Y es que recibimos con resignado despiste la certeza de que las grandes citas deportivas en general, frecuentes en lo cotidiano cuanta más distracción se considera de utilidad en tiempos como los actuales, funcionan como principio activo de la dormidera ciudadana; no hay espacio para detener la fiebre pre, in y post competitiva, con sus resultados, análisis y chismes varios, que permitan desviar nuestra bobalicona distracción para que nos dé por tomar conciencia de lo que sucede, a lo largo y ancho del globo, lejos del parquet lustroso, del fértil prado. En Brasil, por el contrario, se creó un diálogo inverso entre jugadores y aficionados a principios de la década de los 80, en los últimos retazos de una dictadura herida de debilidad cínica. Fue la denominada democracia corinthiana que, con el genial Sampaio de Souza Socrates al frente, estableció ese vínculo entre una masa de seguidores que encontraron en el estadio un espacio de elección y reflexión, trasladado ésto a unas grietas que fueron solapándose con voluntad de doble vía. El liderazgo de El Doctor resultó determinante como referente más allá del arte del balón; diversión y compromiso, todo en uno, todo tan necesario para conjugar la necesaria participación activa en los cambios sociales y en la distracción puntual frente a la exigencia colectiva permanente.

La antigua colonia portuguesa, instaurada macroeconómicamente entre la élite mundial y con una tasas de crecimiento envidiables, ha ocultado tras el circo de mundiales y juegos olímpicos varios, su renovada fragmentación entre capas ciudadanas, mientras a lo lejos la información, como es tradición de los antiguos dominadores con respecto a los territorios de ultramar, ha venido tratando con miope condescendencia los barrios en sombra, el hambre raquítica, todo adornado con la alegría, el carnaval, la supuesta samba permanente de unas necesidades que a los ojos de este lado se llevan con folclórica gracia. Pero no, el fútbol no lo es todo, ni siquiera para el país de los pentacampeones, y los desterrados por el reino de las mayores riquezas han salido a reclamar lo que es suyo, lo que les deniega hasta quien gobierna asegurando que nació entre ellos. Y nos asombramos. Y, algunos, son capaces de exigir incluso que no se mezcle el transilium con la bebida de burbujas. Y nos hablan de imagen, y de irresponsabilidad, como si la pelota, por redonda, tuviera más equilibrio que cientos de miles de mentes en lucha. El ruido y las pancartas que exigen igualdad y justicia social han encontrado aliados en la herencia que ha transcurrido desde las rayas blanquinegras de la conciencia de Corinthians, ahora en los nombres y los mensajes valientes de las principales estrellas del firmamento brasilero; no ha habido fisuras en el discurso, desde Neymar hasta Thiago Silva, con la retaguardia de Rivaldo o Romario, y esta unidad que despierta lo que se pretende aletargue ha supuesto la proclama que, en definitiva, ha arrinconado a un gobierno, como tantos otros acostumbrados a detener a golpes la demanda de equidad frente al reparto de lo colectivo. En un tiempo de fragmentación de clases, de crisis ficticia donde los tendones ciudadanos se desmembran, dejando a ambos lados tiras tiernas y podridas de masa desigual, la fiesta en sombra creada para que el expolio pase inadvertido ha supuesto, en Brasil, el efecto contrario.

Platon1De este Sócrates contemporáneo, en un eterno retorno, en ese devenir que enfrenta ideas y clases sociales a lo largo de los tiempos, emergen platónicos discípulos, hermosos, heroicos, que han dejado de temer las sombras que guían, como simios feriantes, sus temores desde las primeras cadenas de contratos y marcas publicitarias. Tal vez suponga un optimismo exacerbado considerar que han abandonado la cueva de esa alegoría que, de forma permanente, los ha convertido en timoratos gladiadores, sin vida fuera del escenario de cánticos, victoria, focos, espectáculo. Pero supone uno de esos pasos que esperanzan porque no han transmitido el más mínimo mareo o desequilibrio. Lo que a este lado del Atlántico supone un doble lamento, al constatar que la amnesia no se globaliza, y que los de la camisa roja no usan ese color más que para cumplir su bien pagada esclavitud con los patrocinadores.

La democracia de los insurrectos

Insurrectos1El concepto democracia es, para las formaciones mayoritarias, inversamente proporcional a la expectativa de voto que van padeciendo en pronósticos y encuestas como las que les intoxican en los momentos actuales. Y esto es así porque confunden el término tal cual, a secas, con esa relación léxica que tanto paladean, condensada dulzonamente en la estabilidad democrática. De alguna indisgesta transición deben venir estas confusiones, porque el gobierno de todos puede ser saltarín, egoísta, irreflexivo o hasta padecer algún transtorno bipolar fuera de fecha, pero ser estable no es consustancial, ni por asomo, a su materia gris. Todavía las bancadas más populosas son capaces de reirse frente al panorama que se les presenta, porque lo detectan alejado, remontable, pero ya comienzan a notarse los primeros signos de incomodidad, de tonos fuera de partitura.

José María Aznar ha continuado hoy, en una conferencia abarrotada del empresariado más correoso y parte de la plana mayor del Gobierno, no se sabe si en calidad de oyentes o de vigilantes, tirando a dar en busca de la relevancia perdida, la de los suyos, la de lo suyo. Pero en el disparadero acarició una bala que es también del gusto polvoriento del actual Ejecutivo: advertir sobre el supuesto peligro que entraña la inestabilidad política derivada de la fragmentación electoral. Aquí es donde se puede apreciar con interesada claridad la divergencia que acontece entre la voluntad ciudadana y los intereses de clase: mientras la inversión en publicidad e imagen se mantiene, la cosa da para ir tirando de mayorías a uno y otro lado, protestando sin protestarse. Crisis, corrupciones e incompetencias aparte, desde el advenimiento del espejismo post franquista éstas han sido sorteadas con la opacidad de las financiaciones como un dios creen que mandaba, el maná de los fondos estructurales y de convergencia, la liberalización de la ley del suelo y la venta a cachitos de las empresas de propiedad colectiva para manos cercanas y, finalmente, la creación de una empresa hormigonera sobre las trampas de desregulación protectora de nuestro terruño, a golpe de ladrillazo. Pero se acabaron los recovecos y los atajos, si bien el bipartidismo ha tenido tiempo de tejer con rigidez de acero esa estructura protectora que se desparrama desde los medios de comunicación a poderes que deberían estar para ser saludados desde la distancia, con cortesía pero sin dar la mano. De ese modo nace la soberbia por la que transitan a pesar de levantarse a escándalo y fracaso diario, pero cada golpe de metroscopia les pone en guardia, a sabiendas que queda escasamente un año para comenzar a comprobar si los quesitos comienzan a equilibrar sus colores. En esa encrucijada, los socios dejan de aparentar enemistad y se alían en la supervivencia. Los que califican como desviaciones de la normalidad institucional todo aquello que agrede su confortable espacio han liderado la mayoría, ergo se han enarbolado de los paños de la supuesta democracia de los estabilizadores (nuevamente el peligro, el extravío). Notando como resbala el comodín derretido de tantas oportunidades malgastadas su sistema ya transita hacia un nuevo escenario: la democracia de los insurrectos.

Insurrectos2Capaces de cualquier actitud ,de cualquier viraje, de cualquier impostura, con tal de conservar el redil a su vera, a la verita de todos los suyos, el demócrata que se ve menos mayoritario que ayer pero menos que mañana no dudará en ser más condescendiente con los trapicheos y torpezas de sus cuitas escuderos, que sonríen en la melancolía de saberse a salvo no por hacer una temporada decorosa, sino porque a falta de recursos no hay plazas de descenso. Ese demócrata se asomará menos al balcón sobre la plaza en permanente sombra, pero buscará hasta el ventanuco con barrotes minúsculo para alardear de la apariencia sin torre de cristal. El demócrata ve terroristas y enemigos del orden donde, en la opulencia de los votos, veía pluralidad y buen rollo; ese demócrata califica de delito lo que antes apreciaba como derecho. ¿Qué es, entonces, la democracia? Desde luego, lo que la voluntad de los comicios decidan se acerca, con todas sus benditas fragmentaciones, mucho más que la interesada estabilidad democrática de los insurrectos que comienzan a ponerse el traje de camuflaje.

Chávez para principiantes

Desapareció físicamente el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, tras innumerables complicaciones físicas que le han mantenido encogido en ese esfuerzo que parece una diana política aceptable pero que se considera expiación multitudinaria si el que se encorva públicamente viste de blanco purificado por esencias de divinidad crucificada. Hoy ha fallecido un hombre, pero no debe ser enterrado un mito, porque aunque alzara minúsculas biblias en medio de actividades legítimas en eso de la administración eficaz de los recursos colectivos, no había falsa divinidad en los logros que han venido sustentando acceso efectivo de la mayoría ciudadana a los fértiles recursos de la nación venezolana. El chavismo hoy ha muerto con Chávez, y así debe ser. Lo que mañana amanezca debe tener el rocío agradablemente húmedo de sus bonanzas, nunca el diluvio de tormentas con afan de arrinconar.

Chavez1La mitificación del hombre ha impedido comprobar que sus células son tan inestables como las de cualquier individuo finito, y es lógico que así fuera desde que consiguió democráticamente aglutinar un proyecto que desterró ese bipartidismo perverso que exportaba la riqueza colectiva a los confines de la recaudación bancaria extranjera, a buen recaudo. Granjearle enemistades por el posicionamiento de un gobierno con las miras puestas en los prismas de la mayoría desterrada históricamente en la tierra de los dulces sin azúcar, sabrosos en pocos paladares, era cuestión de finito tiempo; golpe de Estado por bandera intentó, por cuestión de horas, convertirle en militar fusilable, con la connivencia de los que ese día se descubrieron insurrectos del armisticio real, con tinta y con palabra. Dio igual. Salió con la evidencia externa de que ninguna trampa podía dejar a un pueblo fuera de juego, y así los banderines se bajaron automáticamente para dejar paso a las sospechas sin fundamento, a esa reiteración de exigencia externa que no se reclama en tierra propia. Hoy no se embalsama un cuerpo inerte, se solidifica un mito poderoso. Y, en realidad, es una desgracia evolutiva, una metástasis histórica, reclamando como estamos el ansia de proclamas con efectividad macroeconómica, que la cuenta cuadre para más que para menos.

Chavez2No hay sombras más allá del personalismo que le han otorgado a sus mandatos democráticos por parte de aquellos empeñados en adscribir un período de voluntad democrática a una suerte de idolatría casi caudillista que nunca fue tal, menos aún cuando trece encuentros electorales se sortearon con mayorías validadas no sólo por las papeletas sino por el refrendo internacional unánime en su ejecución. Una derrota en su haber, la más severa, precisamente la mayor de las victorias democráticas al preguntar a los suyos lo que por estas tierras nos sustraen: el derecho a rectificar lo que no deja de ser una carta consensuada con derecho a roce en lugar de Tablas de Moisés inquebrantables salvo a golpe de alevoso déficit eurocomunitario.

El día después de Venezuela sin su Presidente electo debe ser tan reposado como la borrasca con presiones de componente codicioso lo permita. Encontrar primeras portadas con reflexiones tramposas sobre la inmediatez política de Venezuela sólo vuelve a quitar el antifaz a los titulares mal pagados, pervertidos.

 

 

 

Que no nos den equino por bovino

http://es.noticias.yahoo.com/video/cospedal-ni-el-pp-ni-135022132.html

¿Estamos todos tan locos que nos zigzaguea el tímpano cada tarde de lunes? Qué va, no ponemos la sintonía chirriante ni por asomo. Esta realidad la hemos dejado en el vomitorio con adjetivación digna de ello, sin dobleces; escupimos bilis sobre las semanas de esa actualidad que hay que rastrear para que aparezca al menos con los bordes dignificados a golpe de servilleta impura. Hoy tocó nueva sesión cospedaliana y, eruptos guturales aparte, se le entendió algo así como una carrerilla de papeluchos judicializados, ya se verá el sello a estampar en esos documentos imperativos que, para ser expiatorios de tanta injuriosa necedad periodística, han tardado una eternidad en ser anunciados… para dentro de unos días, al estilo de los IVA a cobrar según lo ingresado que viene siendo promesa electoral y ejecutiva año tras año.

Lo cierto es que nos han mal acostumbrado a las grandes citas parlamentarias y así nos alcanzan las decepciones; con lo reconfortante que resulta para nuestras células ávidas de agrietarse una rueda de prensa cospedaleña afirmando, entre titubeos, que sí, que no, que nunca se deciden, como paripear esas demandas por supuesto civiles contra ellos mismos, o no. Tal vez las rellenarán de decenas de sonrojados compañeros de filas que aparecen en letras con esa caligrafía fotocopiada que apuñala a destiempo sus animosos compromisos ciudadanos. Han retardado el disparo judicial, de acuerdo, pero siempre con el certero objetivo de hallar una diana que les permita rematar el plazo Y, así, de semana en semana. Aburridos al extremo, intentando solapar una realidad judicial que confian esquiva con sus propias miserias a la vista de despacho a diario. Debe ser tan repugnante ir a trabajar cada lunes, fichando en una cueva que carece de horario y en el que siquiera suena la campana que libera de tanta porquería acumulada; así nos ha ido al resto, mirando esas sedes como si fueran altares de la democracia indirecta, a tiro de voto de cada presunta voluntad, sin saber que tras sus luminosos se ocultaba opacidad sin secretaria risueña, sin ganas de acumular más carnet incómodos. Dolores, estamos tiesos soportando tu agrietada impostura; si nos vamos a la mierda, tú te encargas cada lunes de recordarnos que no hay asidero para evitar siquiera que las suelas se pringuen.

CarneCaballo1Tan lejos estamos del azul de Génova, de sus sacrificios en busca de un futuro que llega, que sin haber hecho catas cárnicas previas, nos ha dado, de soslayo, por consumir trazas equinas; livianas tiras de carne de caballo, como sin saberlo, eficazmente machacada entre vaca y vaca, para que ser pobres no se digiera todavía con la dignidad del llamado al carnicero con esa cabeza bien alta. No hay problema, la liebre nunca recorrió nuestros secanos hambrientos pero le dimos compostura gustativa mirando las orejas cortas para otro lado. Ahora nos la cuelan empaquetada, a precio de rebozado granjero, de praderas con esos mamíferos a punto de sacrificar que nos resultan agradables en el abrazo tierno y en el paladar maduro, plásticos con imágenes siempre animadas desde el rotulador gráfico que produce una inercia móvil, que cabalga sin fotograma. Albondigas, canelones, hamburguesas, todo deja de parecer cárnicamente piripintado cuando nos alertan de la estafa de masticar una mezcla con ese 1% de cadera caballuna; es hermoso, corre en los hipódromos donde apostamos por la misma musculatura que nos maneja la tinta quinielística, en busca de esos regates que necesitan la misma proteina pero con rostro humano; todo es cercano, parte de nuestra protección cultural, sin poder olvidar que las papilas gustativas se arrodillan ante las córneas cuando el hambre ha sido desterrada en tan solo media generación. Qué sabroso, en todo caso, cuando se amasa el hambre que pagamos en función del logotipo que presenta el plato. Así está bueno, para qué pedir entonces respuestas conclusivas, resúmenes de lo digerido, si salimos pagando la cuenta y hasta dejando una suculenta propina.

CarneCaballo2Lo que ingerimos está en relación con esa microcultura que en la familia, a diario, nos pone el plato imperativamente frente al apetito sin remisión. Así funciona el hambre, así nos condiciona la gula por devorar lo primero que cae frente a nuestras fauces con olor cotidiano. Las canículas estomacales nunca nos han permitido la exquisitez de ese paladar que se atragantó de hormigón sencillo, de crédito tramposo, mientras allende nuestras fronteras vieron la trampa manufacturada. A nosotros nos la escondió el grupo de empresas que Nestlé diversifica para que nada parezca monopolio del maltratamiento, de las escalas cárnicas con olor carnívoro, con sabor rojizo, sangriento, de parentesco mamífero, cercano. A engullir que son ningún día. Y, ahora, mentiras luminicales, como las de Cospedal. Vamos todos juntos a demandar a un fantasma que nos atemoriza; unos los del destierro, otros los del hambre.

A la rica transparencia

Ha sido aparecer de una manera notoria, maloliente, la corrupción que en épocas de algarabía postransicional se mantenía a buen recaudo, y la exigible transparencia ha dejado de ser una obligación que creíamos inmutable para convertirse en la moda de esta temporada invierno-primavera. A la rica transparencia, oiga, parecen bramar las manos sucias y las lenguas pastosas de la política institucionalizada. Lo relevante en su versión más putrefacta ha sido comprobar que la acción indebida no ha mutado, en este país, ni de manera puntual ni se encuentra arrinconada en excepcionales perversidades de un político por aquí, un empresario por allá. La parrilla de salida de la mala práxis con respecto a los dineros, bien saliendo de manera irregular, bien no entrando por el conducto tributario establecido, parece no tener ni una pieza destacada para que ésta sea vigilada, arrinconada y obligada a entregar sus hirientes armas; las tramas, por el contrario, a medida que se van descubriendo, denotan un mal hacer con idénticos patrones y, sobre todo, con un apellido común: impunidad.

Transparencia1Por primera vez en treinta y cinco años la ciudadanía parece haber enterrado la capacidad de asombro ante la certeza de que el titular escandaloso de hoy puede quedar sumergido en el encabezado ominoso de mañana. Nos vemos, no cabe duda, retratados como sociedad al ir hilvanando el trajín que nos ha traído hasta aquí, y para eso no ha hecho falta más que un lustro, tan celeroso ha sido el derrumbe de la falsa opulencia que nos trajo la democracia y que nos hacía presagiar que cualquiera de sus pequeñas alteraciones quedaría corregida por obra y gracia de los santos apostolados de las instituciones, la división de poderes, los vigilantes de los vigilantes y, en fin, eso que a muchos representantes públicos les apasiona denominar el Estado de derecho que nos hemos otorgado. A partir de esas premisas con esqueleto de Torre de Pisa, inclinándose imperceptiblemente hacia el abismo sin que pudiéramos percibirlo de manera cotidiana, resulta irreprochable que la ciudadanía, en general, se deba sentir inimputable moralmente; como sociedad no podíamos preverlo, si acaso pudimos detener la construcción antes de que los cimientos armaran todo este jaleo. Y es que no hay transición posible ni creible que intente sustentar su éxito en un simple cambio de cromos que oculta lo que hay entre bambalinas, esa herencia impoluta que protegió y dio cobijo al empresariado que se embolsó las ganancias de la esclavitud y la barbarie, sin un mercado libre, sin competidores y siendo parte del ejército no cautivo, como un soldado más al servicio de la gloria del Caudillo; esa ausencia de renovación en la cúpula militar que vio reforzada su musculatura al recibir mimos y prebendas del primer gobierno socialdemócrata, como un mensaje de rendición ante los sables y los fusiles todavía amenazantes, con las pistolas del tricornio humeantes en su sed de recordar Aquí estoy yo. Y, por supuesto, con la creación de un proceso político que pintó los murales de todos los colores del espectro democrático de manera que la ceguera ante tantas papeletas por elegir no permitiera vislumbrar que la ruta estaba perfectamente diseñada para que nada se saliera del perfil.

Transparencia2No es sencillo confirmar si la estructura de elección y representatividad es el germen o la metástasis, pero no cabe duda que unas buenas listas cerradas, donde el que se salga del círculo cae al abismo y se queda sin cenar caliente, ha ayudado al capital a no tener que diversificar innecesariamente a sus rehenes; obtener el puesto número seis por Madrid, por poner un ejemplo, se convierte en lucha de guadañas en la oscura noche de los comités y las asambleas: nadie te conoce, nadie repara en tí, pero tienes el escaño asegurado. Una vez comprobado lo mullido del sillón cuatrienal, ¿quién va a recordar la supuesta obligación de defensa de los intereses ciudadanos de tu distrito, provincia, o como quiera denominarse? Aquí se levanta el pulgar o se mira para otro lado según marque el ritmo de rueda del jefe de equipo. De este modo, ciento y largo diputados cobran, viven, existen, se contonean al sonido de un único silbido. Pero aquí se paga a escote, el de ellos; aquí no brota aquel que disiente y lo argumenta, sino el que calla, otorga, y presume de ello. El problema es que las alcantarillas han dejado de realizar cotidianamente sus tareas de mantenimiento y la porquería ha aflorado en doble sentido, que a fin de cuentas es la dirección inevitable. Como no andamos muy duchos en el noble arte de la transparencia real, pues jugamos a la que sabemos: una especie de strip poker pudoroso, en el que enseñamos cacho pero nos reservamos alguna prenda. No resulta erótico, sino patético, ver lanzarse de un bando a otro declaraciones de IRPF y patrimonio, mientras la paga extra se guarda bajo la manga. ¿La queremos con IVA o sin IVA? Sencillamente, preferiríamos no haber tenido que llamar a estos fontaneros.

No es corrupción, es metástasis democrática

Corrupcion1Los escalones que teníamos la sensación de ir ascendiendo se han topado con la barrera que impedía siquiera acceder al edificio por construir. Esto que nos asola a diario en los titulares no es la valentía casual de un ramillete de excelentes periodistas, que también lo es, descubriendo un filón de dorada podredumbre bajo la veta de nuestros derechos y esperanzas; en este caso, es el descubrimiento empresarial de cómo arropar la verdad vende ejemplares, trae réditos publicitarios de un lado aunque se resten de otro. La valentía a cinco columnas se descubre siempre y cuando tras su cortinaje vayan a aparecer inmediatos sufragistas de las siguientes tiradas.

De igual manera, a medida que los titulares tienen una víctima al día, acorralar a las siguientes hienas con disfraz de ciervo herido deja de convertirse en un festín agradable. Los colmillos necesitan más sangre; de repente, la usura aplacada por esa connivencia multidisciplinar denominada pluralidad política ha deshecho su cortinaje y se lanza, rauda, a colgarse medallas de latón, gorras con múltiples estrellas de supuesta pureza administrativa. Mi transparencia refulge con blancura sin igual, parecen afirmar los líderes y aspirantes a ello que, antes de cerrar las rotativas, envían sus misivas bienhechoras, con todo el ánimo de conseguir un titular bonachón que mañana les incline a ser esperanza cautiva de unos cuantos miles de electores. No entienden nada.

Si las canas no han beligerado sobre alopecias aún más agotadas, seremos capaces de recordar que hace apenas dos décadas no necesitábamos prismáticos amables para asegurar, sin grietas ideológicas, que del 75 en adelante lo ocurrido era, en un paquete bien precintado, resultado de una suma de condescendencias inevitables en vistas al futuro próspero que ya, que ahora, que para siempre, estamos disfrutando. Todo parecía ser una cuesta arriba a base de escalera mecánica, como unos grandes almacenes poblados de mercancía gratuita; los hijos de los nietos que han tenido bandos pero, antes que nada, necesidad de comulgar miseria redentora, no fueron capaces de aleccionar preventivamente. España va bien, y ese mensaje nunca lo ha desvirtuado ni el más diminuto de los representantes con pernada de más de dos minutos seguidos en televisión nacional. Tal vez alguno sí, pero a quien le importaba, con tanto euro, tanto piso en plano y tanto crédito plástico que nos hacía europeos, universales. Extraterrestres.

Corrupcion2Parece mentira que proxenetas de la corrupción entre depresiones tan vulgares y previsibles como estos Bárcenas, Correa y bigotudos varios hayan tenido que salir a la luz desde sus alcantarillas, sin aguantar siquiera la vela de sus miserias, para tener que darnos cuenta que resulta imposible de toda transición construir un período que deje atrás cientos de años miserables con la sola voluntad de un rostro militarizado, pleno de medallas de hojalata, frente a una cámara que cruza avenidas cinematográficas, eludiendo disparos y amenazas, para cumplir su trascendental leyenda en UHF de barrer en fotogramas heróicos toda podredumbre. Rostros en la clandestinidad, arrugas de blanco y negro frente al caudillo, todos parecieron abrazarse en una noche de akelarres con los ingredientes de listas cerradas, provinciales, alineadas en fronteras que no han dejado escapar la más mínima inspiración ciudadana. En realidad, un potaje agrio que ha ido disolviendo especias con sabor a crédito, ladrillos, automóviles, subvenciones.

Corrupcion3Hemos tenido todos los escenarios que el teatro entendía como imprescindibles para que la obra culminara con aplausos a rabiar: división de poderes, elecciones, internacionalización de voluntades e inspiraciones. Todo el decorado ha estado listo y reluciente durante tres décadas, con poco silbidos, acallados éstos por plateas con una sonoridad estruendosa, independientemente del aforo de aquellos gallineros que han tenido que poblarse saltimbaqueando escaleras carcomidas, programas a medio redactar. Ahora llega la escena final, pero lo actores y sus interpretaciones no cuelan. Ni siquiera las primeras filas, acomodadas con la galantería de sobres amamantados, son capaces de replicar el diagnóstico del resto del aforo, que se duele terriblemente en la espalda, en los bordes del sobaco. ¿Qué será, doctor?