Un pasaporte se desvirga con dinero

Yoani1Yoani Sánchez ya está en Brasil. A falta de próximas giras papales, y con los Rolling Stones sin tour mundial a la vista, la bloguera cubana toma el relevo anunciando una serie de bolos a lo largo y ancho del planeta por casi tres meses para visitar, de este modo, más de una decena de países con el supuesto objetivo de realizar conferencias y encuentros con sus groupies. Una vez más, resulta altamente curioso como una ciudadana del país caribeño que ha afirmado carecer apenas de recursos puede permitirse gastos muy por encima de su supuesto nivel de vida; no olvidemos la polémica a partir de los miles de tuits mensuales que envía y que, afirmaba, lo hacía a través de un servicio de sms, pagando una cantidad por mensaje que, multiplicada por el número total, supondría una auténtica fortuna para cualquier cubano.

En este caso ha accedido a la nueva política fronteriza de la Isla para recibir un pasaporte que le permite salir y entrar libremente al país, cuestión que viene permitiendo el reencuentro de miles de familias que se han mantenido separadas por el doble alejamiento. No hay que olvidar que la política de bloqueo empecinada por el gobierno norteamericano impide el libre movimiento no solo de personas, sino de recursos y material de todo tipo hacia Cuba, además de mantener una política aduanera infinitamente más restrictiva y por la que no parece recibir ningún tipo de reproche, a la vista de como soportan con un estoicismo inusitado miles de turistas los indiscriminados controles aeroportuarios en base a su legislación en materia de terrorismo y seguridad. Esto, parece ser, debe ser soportado para acceder a la supuesta tierra de la libertad, mientras que la modificación de la normativa cubana no merece salir del espectro de críticas y sospechas habituales.

Yoani2La labor supuestamente periodística de Yoani Sánchez trasciende cualquier nivel razonable de critica en razón de su profesión. Tras haber regresado voluntariamente a Cuba en 2004, después de un período de dos años viviendo en Suiza (parece que las fronteras nunca han sido demasiado altas), su labor redactora ha tornado en posición de star system del mundo bloguero a raíz de haber conseguido el Premio Ortega y Gasset de periodismo que otorga en España El País, dotado con 15.000 euros, medio para el que colabora como una suerte de corresponsal de opinión. Un galardón prestigioso hasta esa edición de 2004 prefirió funcionar como soporte de instrumentalización política del cuarto poder, ascendiendo a los altares de la fabricada relevancia un producto que le ha otorgado al rotativo español ese pilar que necesitaba para continuar su labor de desgaste informativo para con todos aquellos Estados latinoamericanos que no se han plegado a las exigencias editoriales del Grupo Prisa, fundamentalmente desde el brazo ejecutor de la editorial Santillana. Que se lo digan si no al actual ejecutivo venezolano, que no pasó por el aro de las imposiciones de la mencionada compañía y se negó a renovar contratos multimillonarios de compraventa de manuales educativos para el sistema público; difícil olvidar el tratamiento activo en el apoyo del Golpe de Estado de 2002 por parte de un medio que era referencia de cierta progresía socialdemócrata, y de ahí se han continuado desparramando las dudas acerca de cualquier proyecto de gobierno en el continente americano que no cuente con sus productos y servicios.

Yoani3Yoani Sánchez puede ser una ciudadana crítica con la Revolución cubana, una amante de las democracias occidentales y sus mecanismos de resolución o generación de conflictos, que de todo tienen, pero no puede seguir intentando disfrazarse de habitante en penuria que vive y sufre una supuesta pobreza material que convierte sus letras en sacrificio luchador, que pretende alzar su narrativa a los altares de la martirización por la redención de sus conciudadanos. El pasaporte que ha tramitado no le abona esa tourné que ha emprendido, comenzando por Brasil y que la llevará a otros países de la región antes de cruzar el Atlántico y saludar a sus mecenas europeos. Si su acción es instrumental como otra herramienta más para desgastar los cimientos del sistema cubano, está en toda su disposición ser transmitente de ideas ajenas a partir de un rostro y unas letras sin alma propia. Lo demás es marketing que se lleva el soplo nada inocente de la Historia.

De una filtración a una extradición cruza una rebelión

Ni en las más imaginativas envolturas de crujiente espionaje el australiano Julian Assange pasa por ser un sigiloso infiltrado de poderes contrapuestos en un mapa de secretos por revelar. Ecuador, con su pública recepción al perseguido, no aspira a reeditar gélidas disputas con archienemigos poderosos; en su caso, el balcón de la embajada del país latinoamericano en Londres se convirtió, el pasado domingo, en sede de una guerra cálida, más bien húmeda y tormentosa, en el que los protagonistas a este lado del telón de fina lana buscan redimir el espacio entre la apariencia y la realidad.

Cuando la organización Wikileaks irrumpe en la escena mediática internacional, con la transparente bolsa de secretos y mentiras de la inteligencia norteamericana a cuestas gracias a una filtración obtenida de manera rudimentaria y casi casual con la aparición de una fuente única desorientada, demuestra que no ha desarrollado una sofisticada desconfianza hacia el propio entorno que pretende dejar al descubierto, poniendo en manos demasiado acariciantes con la realidad bombardeada por los cables revelados el grueso de un material que, sin duda, desencajaba con esas cinco tintas matutinas encargadas de dar luz a las sombras. Y, así, se hizo el silencio, el descrédito, la oscuridad. Assange pasó de star system de las trincheras críticas pero disculpables a archienemigo que acaricia gatos malencarados en la penumbra y, aunque no lo parezca, se carcajea con sátira ante la desventura de la humanidad que le cree héroe. De ésto a villano pero de podrida catadura, capaz de violentar sexualmente a cuanta nórdica inocente le saliera al paso, va un ídem. Una de ellas, Anna Ardin, ostenta la imparcialidad ideológica de resultar la predecesora de Jens Aron Modig, el conservador sueco acompañante de Ángel Carromero en el accidente automovilístico que le costó la vida a Oswaldo Payá y Harold Cepedo, en eso de los tramposos accesos políticos a la República de Cuba con visado de turista pero con la única pretensión de servir de mulas pecuniarias para que la supuesta oposición democrática del Estado caribeño sufrague sus estructuras y sus planes, los miles de tuits que Yoani Sánchez dice enviar en formato SMS por carecer de una conexión fiable a internet y que, por el volumen de mensajes mensuales, le supone una cantidad de miles de dólares insolidarios con unos compatriotas por los que dice luchar.

Pero como la desconfianza sólo debemos cultivarla cuando los supuestos delitos ocurren en territorios no amigos de los Estados donde echamos la siesta, pongamos en legítimo barbecho la inocencia penalista de la soberana nación sueca, empeñada gracias a su portentosa evolución democrática y social que cualquier habitante del planeta denunciado dentro de sus fronteras debe ser apresado y puesto a disposición de sus jueces y tribunales. Que esta mañana su Gobierno haya tenido que justificar la rumorología a cuenta de una supuesta extradición futura a los Estados Unidos por un delito del que ni siquiera ha sido llamado a declarar afirmando que nunca lo haría (¿el qué, si no existe imputación ni, teóricamente, investigación? El sensacionalismo televisivo español ha contagiado a la clase política nórdica, definitivamente, comentando entelequias por puro gusto de alentar la polémica en prime time) si Assange pudiera enfrentarse a la pena capital sólo refuerza el escondrijo elegido por el australiano. Ante la duda, la figura del asilo político o por razones humanitarias supone el triunfo de la civilización ante la sobrevenida perversión de un sistema que se autocondecoraba sin silbidos desde 1991 y, claro, ahora nos toca a los desperezados occidentales poner en cuestión lo que nos cuentan a diario, escudriñar cual es la frontera que nos protege o que nos expulsa de la dignidad y del progreso. Tanto los países que conforman ALBA como UNASUR han secundado sin titubeos la postura de su aliado ecuatoriano, que no se arruga frente a amenazas de invasión a microescala de aquellos que exportaron un producto que han dejado, a su vez, pudrir en sus mal ventilados almacenes.

¿Cómo acabará todo ésto? En realidad, esa cuestión carece de interés parcialmente. Si la estructura procesal de Suecia retorna a sus habituales cabales y, efectivamente, posee fundadas pruebas acerca de la comisión de delitos por parte de Julian Assange contra ciudadanos nacionales, terminará por aplicar, precisamente, la cordura jurídica y solicitar un interrogatorio en la propia embajada. De igual modo, Inglaterra pierde credibilidad con cada amenaza, con el esparcimiento de esa rumorología que habla de invasiones diplomáticas o rechazo de salvoconductos. Cada trozo de la máscara que se derrite sobre la anfibia piel de nuestras naciones europeas nos hace dudar de la identidad subterránea de las mismas, de su falsaria naturaleza, haciéndonos añorar el templado ecuador donde parece residir con mayor calidez la anhelada sensatez.

La democracia exportada siguiendo el patrón Carromero

Las andanzas reaccionariamente quijotescas de personajes como Ángel Carromero padecen el tris de que pueden desembocar, a poco que se les deslice el pie de su acelerador libertario, en el ángulo contrario de su destino, encallados en una vía más que muerta. Si resulta de alguna manera posible abstraerse ideológicamente de cualquier circunstancia que tenga a la República de Cuba por protagonista, aunque sea, como en esta ocasión, de manera casi circunstancial, como de territorio que pasaba por allí, con sus curvas y sus irregularidades, debemos convenir que la situación del vicesecretario de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Madrid no genera más elementos de discusión en el ámbito penal que los que quieran ser lanzados con la punta impregnada de tinta ideológica de color patriotero chillón.

En efecto, si ni los medios de mayor raigambre reaccionaria discuten la imprudencia al volante de Carromero (con la inevitable salvedad que recojemos más adelante), conduciendo a una velocidad notablemente excesiva en un tramo mal asfaltado y en obras, lo evidente es que dicha acción conlleve una exhaustiva investigación policial y, a la vista de los hechos probatorios, una más que previsible querella por parte del ministerio fiscal en base a un presunto delito de doble homicidio imprudente. Esto es así por parte de cualquier sistema legal estricto y debe ser, no sólo respetado, sino apoyado por el Estado del que resulte nacional el infractor. Cosa bien distinta será si el acusado es finalmente imputado por los hechos objeto de la causa que se abra y, en aras de garantizar la cercanía del reo a su entorno familiar, así como hasta por una cierta dosis de humanidad carcelaria sentimental (como la comida de casa no hay ninguna, aunque sea de catering enrejado), solicitar la extradición para que cumpla la pena por estas tierras. Pero el Gobierno español y los responsables de su formación política (tanto montan que se montan tanto lío) se empeñan en enfangarse, de la mano de sus editorialistas de cabecera, poniendo la chirriante solfa en cuestiones que, de ocurrir por los asfaltos patrios, nadie osaría esparcir por los arcenes de la justicia universal.

Cómo olvidar el positivo por conducción bajo los efectos del alcohol del ex secretario general de los cachorros populares, Nacho Uriarte. El diputado popular tuvo que presentar con razonable celeridad su renuncia como representante de la formación conservadora en la Comisión de Tráfico del Congreso y fue, finalmente, sentenciado por el Tribunal Supremo a una retirada del carnet de conducir durante ocho meses y al pago de la correspondiente multa. Indiscutible, de sentido común. En cambio, los gruesos tentáculos que se deslizan desde Miami y dan sus vueltas de molusco cefalópodo vía Madrid se empeñaron primero, antes de que la verdad hiciera acto de presencia, en presentar una perversa situación conspiranóica, aderezada por supuestos vehículos que atosigaron al de Oswaldo Payá y cia hasta provocarles una salida de calzada y el fatal desenlace, que concluyó con el fallecimiento del opositor al gobierno cubano, así como el de su compañero de filas, Harold Cepero. La viuda de Payá se aprestó a sugerir una conspiración y la apertura de una investigación para aclarar lo que consideraba un asesinato orquestado por el Estado para con su esposo. Hilando esa teoría, tanto Ángel Carromero como el dirigente liberal sueco, Jens Aron Modig, que le acompañaba de adinerado escudero, serían héroes de una supuesta liberación del pueblo cubano, víctimas inocentes de la perversa maquinaria del país caribeño para deshacerse de enemigos del sistema. La cabecera de referencia del conservadurismo español ya dejaba claro, hace dos días, que Carromero se enfrentaba a un juicio-farsa, un proceso político con el objeto de utilizarlo como chivo expiatorio de una nueva andanada de tensión diplomática hispano-cubana.

Más allá de los putrefactos intereses para recuperar el control de una nación que consideran finca dolorosamente expropiada, el insistente y rabioso desprecio por la justicia marca el termómetro de esta forma de hacer política, hábil en la falacia permanente y a conciencia, capaz de repetir el término democracia con la misma insistencia que se juguetea de manera pervertida con su contenido. De la misma manera, el sensacionalismo acerca de la presunta habilidad de Ángel Carromero para violar la normativa vial, que le ha llevado a acumular más de cuarenta infracciones en los últimos tres años hasta tenerlo en vías de retirada del permiso de conducción, aporta un nulo contenido al elemento matriz de la causa principal. Desde luego, el joven dirigente popular demuestra con su actitud frente al volante un desprecio más que evidente al sistema de normas que debe proteger y respetar por su cargo político, pero eso es harina de otro depósito, marcha de otro vehículo. Que se sepa, ha recibido una notable cantidad de apercibimientos policiales por aparcar indebidamente o conducir a mayor velocidad de la permitida, pero nunca se ha visto inmerso en un proceso penal por homicidio imprudente… porque nadie ha fallecido debido a una decisión incorrecta al volante por su parte, hasta hoy. De igual manera que utilizar indebidamente su visa de turista para realizar actividades de índole política resulta reprobable y, posiblemente, perseguible desde otro cauce legal, pero carece de interés para el esclarecimiento del accidente circulatorio. Pero el fallecido era, casualmente, el popular Payá, su contacto, el receptor de la generosidad pecuniaria que le permitía a él y a otros, como Yoani Sánchez, mantener un nivel de vida insolidario con el entorno, ajenos al esfuerzo colectivo por la construcción de una sociedad que intenta avanzar en comandita, sacrificada en el conjunto. Si la víctima hubiera sido un anónimo colaborador de la contra extranjera tal vez no oliéramos a tanta tinta calavérica. Pero parece ser que en esos círculos cerrados que afirman trabajar por la democracia y la libertad de un pueblo que no parece tener excesiva intención de lanzarse a sus brazos sólo se reunen personalidades notables del trapicheo político, desde el pide prebendas Jorge Moragas hasta personajes tan siniestramente exóticos como Annita Ardin, denunciante de Julian Assange por un supuesto delito de violación. Casualidades de la vida moderna, de las autopistas mal iluminadas de la derecha internacional.

Si no quieres petróleo, toma dos barriles

El dominio colonial español terminó en Sudamérica hace más de dos centurias (exceptuando Cuba y alguna otra participación en el oligopolio expoliador de esas tierras), pero los sucesivos gobiernos nacionales parecen no haberlo digerido, tratando las decisiones de la región como matizables, pendientes del visto bueno de la metrópoli en base a los intereses de esas corporaciones que dicen ser españolas. Lo afirman, pero no lo son. Las más importantes, salvando el sector bancario, lo fueron, pero el primer gobierno de José María Aznar se encargó de tratarlas como mercancía en oferta para obtener, a corto plazo, relativa liquidez para las arcas públicas. Tan relativa, que ese llamado milagro económico sirvió fundamentalmente para potenciar dos vías: una cultura del despilfarro público que duró una década escasa, a golpe de auditorios, puentes, pabellones y otras sutilezas arquitectónicas que, a lo sumo, valdrán como cascarones apocalípticos cuando este páramo se seque por completo; y una puerta de entrada vitalicia para los responsables públicos cuando hacen sus maletas, en forma de generoso complemento de jubilación.

Por ahí se va entendiendo la dureza del ministro petrolero José Manuel Soria, encantado de conocerse embadurnado de oro negro, en forma metafórica, y quien no se sabe muy bien si es responsable de tres carteras ejecutivas o ha sido nombrado camarlengo del asunto extractivo, porque únicamente le conocemos declaraciones en defensa de las estrategias de Repsol; primero ha sido la batalla con el gobierno canario a cuenta de la idoneidad de montar, frente las paradísiacas playas de Lanzarote y Fuerteventura visibles monstruos prospectivos en las profundidades marinas y, ahora, se ha despachado con rabia incontrolable contra la nación argentina, como si en el valor de cotización de la petrolera privada le fuera la vida. Afirma, ya sin bigote siguiendo la estela de su diminuto creador, que la decisión es hóstil para Repsol y, por tanto, para España (sic). En esas estamos, con una estrategia de permanente confusión entre el interés público y privado, lo que ha llevado a movilizar a las más altas instancias comunitarias para que la nacionalización de la parte accionarial de YPF controlada por la corporación que preside Antonio Brufau no llegue a buen puerto.

Cabe preguntarse si el beneficio nacional derivado del pago del correspondiente Impuesto de Sociedades por parte de Repsol merece la atención y defensa privilegiada de la que el ejecutivo presidido por Mariano Rajoy hace gala. O, de manera menos disimulada, qué enorme peso publicitario sustenta las principales cabeceras periodísticas para ir todas a una en la defensa de su patrocinador con un discurso que parece emanado de una especie de brainstorming unidireccional. Más aún, el maná de las páginas pares coloreadas que refulgen a diario en el papel periodístico llega, se supone que vía IPF, hasta el pensamiento editorial del principal medio escrito argentino, Clarín, que se queda emitiendo una aséptica descripción de los hechos para no contaminar el crudo de sus intereses.

Mientras en el entorno de la Europa comunitaria, a imagen y semejanza del modelo norteamericano de liberalización económica, se ha empujado al desprendimiento paradójico de las empresas rentables de propiedad estatal, con la excusa de la libre competencia y otras zarandajas, los Estados latinoamericanos de mayor empaque en sus índices de crecimiento y desarrollo vienen manteniendo la línea de actuación meridianamente contraria. Se recorre, por tanto, el camino inverso. Durante la década de los noventa del siglo pasado, el continente americano se abalanzó a una algarada privatizadora a instancias del influjo de las barras y estrellas y, en ese despedazamiento del esfuerzo colectivo, Carlos Menem se alzó como uno de los titiriteros más fieles. En 1992, procedió a privatizar la emblemática empresa de hidrocarburos nacional, símbolo del enriquecimiento argentino y una de las primeras petroleras fundadas en el mundo, allá por 1922. Ahora, la política sudamericana se ha percatado que el viaje fue ruinoso y que el control de su destino se había tornado miseria y esqueleto. En el mundo de las extracciones petrolíferas, Brasil o Venezuela, potencias mundiales en el sector, mantienen emporios de capital público para, de este modo, revertir los beneficios de la actividad en otros sectores estratégicos de financiación prioritaria. España, en cambio, supedita su enclenque artilugio estatal con las migajas derivadas de las cotizaciones vía impuesto de sociedades y otras regalías, lo que nos ha conducido, en tiempos de ausencia de bonanza, a imponer una dieta anoréxica en sanidad o educación a la velocidad del rayo. Porque lo cierto es que el planeta está al revés desde épocas de la conquista: Los Estados con mayor concentración y reservas de materias primas indispensables para el acontecer desarrollista de la economía suelen coincidir, no por casualidad, con geografías inestables y desigualdad permanente. Mientras, el yermo norte se abastece de la colonización productiva, primero en forma de materia objeto de valor directo (oro, plata, etc.) y ahora vía herramientas de manufactura enriquecedora.

La nacionalización de YPF, repartiendo el accionariado entre el Gobierno central y las provincias en las que se encuentran las extracciones más jugosas, obedece, en palabras del gobierno argentino, a la comprobación de una ausencia notoria de inversión real por parte de la petrolera en el país sureño, mientras que la generación de beneficios se ha disparado exponencialmente. De manera particular, acusa a la petrolera de ocultar importantes descubrimientos de nuevas reservas con el objeto de ampliar subrepticiamente ese lucro. Estando en su soberano derecho de ejecutar un proceso expropiador por su valor estratégico para el desarrollo de la nación, resulta llamativo ese tono arrogante que se sigue manteniendo a este lado del bravo río atlántico, valorando de forma unilateral el precio del porcentaje nacionalizado (10.500 millones de euros), cuando la competencia de dicha estimación, es sabido, queda en manos del arbitrio que se establezca por el ejecutivo argentino.

José Manuel García-Margallo, ministro de asuntos exteriores español, ha asegurado que, con esta decisión, Argentina se ha dado un tiro en el pie. Quizás mezcle las informaciones, producto de la edad y la rabia incontenida, y no recuerde que esos despistes con olor a pólvora son más propios de la realeza y sus vástagos por tierras ibéricas y africanas, pero que una nación desarrollada y, en varios episodios de la etapa contemporánea, refugio y sostén de nuestro país, no puede recibir amenazas de un gobierno, que se encuentra legitimado por la elección de sus conciudadanos, no de multinacionales de propiedad diversa y repartida allende los mares. En definitiva, que si Repsol quería petróleo a precio de gaseosa, toma dos barriles.

Cuba desde la Pupila Insomne

La sección de información internacional de los principales diarios nacionales suele constar de cuatro, a lo sumo de seis páginas. En los espacios televisivos, dicho apartado no cubre más allá de los ocho minutos de un total aproximado de treinta, siempre y cuando no haya sucedido algún hecho particularmente destacable, en su mayoría tragedias impredecibles (vease Japón durante estos días). Por lo tanto, espacio tan poco preeminente en medio del batiburrillo protagonizado por el deporte, en todas sus vertientes, en lo que a productos de información general se refiere, aquel debería aprovechar toda su dimensión en seleccionar meticulosamente su contenido diario. Este planeta, con más de ciento noventa países en liza y acercándose a los siete mil millones de habitantes, encierra tantas historias dignas de ser contadas, que en cuatro folios o unos pocos minutos antes del fútbol pero después de los hechos patrios hay que realizar selección de gourmet periodístico para acercar al ciudadano aquello que, objetivamente, resulta más destacable en las últimas veinticuatro horas.

Todo esto viene a cuento por la obsesión que despiertan ciertos Estados para nuestros redactores de la sección de internacional, independientemente de la orientación ideológica de los mismos, ya que ésto ha ido gradualmente desapareciendo en la medida que su supervivencia se sustenta en la contratación de publicidad, no en el euro abonado al adquirirlo. En este sentido, y salvando hechos indiscutiblemente protagonistas como los actuales movimientos revolucionarios en el norte de África o el ya mencionado terremoto cerca de Japón, cualquier hecho que pasaría desapercibido de ocurrir en la mayoría de los Estados, se convierte en titular de la mañana si se desarrolla en Bolivia, Venezuela y, como no, en la estrella de los noticieros: Cuba.

La realidad de Cuba, según Latuff

Estos tres países tienen en común su baja importancia macroeconómica en el contexto mundial, pero la obsesión por todo aquello que ocurre dentro de sus fronteras asombra tanto como la ignorancia que sostenemos acerca de la cotidianeidad de protagonistas que afectan, y mucho, al devenir de nuestra nación. Un español medio opina sin remilgos sobre como se vive en Cuba, qué tipo de mandatario es Chávez, etc., además de hacerlo habitualmente en contexto de enfrentamiento al más puro estilo de tertulia futbolera de lunes. Y esto es así porque la manera de enfocar todo aquello que ocurre en la Latinoamérica socialista produce apasionamiento, pero a su vez sobredimensión interesada. Si usted no es amante de la política allende nuestros mares, ¿Sabría decir el nombre de los dos últimos Jefes de Gobierno de Paraguay? ¿Podría recordar las siglas de, al menos, uno de los principales partidos políticos de El Salvador? En cambio, cuantos conocimientos y leyendas albergamos de lo que se cuece en La Habana o Caracas, a pesar de su idéntica dimensión universal, minúscula frente a la importancia, en términos absolutos, que genera aquello que ocurre en Berlín, Pekín o Moscú. Importancia que afecta a nuestra cotidianeidad, por cuanto en capitales como las citadas se deciden y proyectan hechos y políticas sumamente estratégicos para nuestros bolsillos, para nuestras esperanzas. Aún así, medios de comunicación considerados progresistas no se ruborizan al tildar a Hugo Chávez de dictador, tras una decena de elecciones ganadas con el aval de los observadores de la UE, la OEA o el Centro Carter, mientras calificaban de “Presidente” al dudoso Vladimir Putin.

Esta abrumadora paranoia ejerce un influjo de parcialidad sobre la opinión pública nacional, un apasionamiento interesado que se deshilacha siempre por el borde más fino. Mientras realidades como las expuestas repetidamente por organismos dependientes de la ONU, en lo que respecta a los excelentes resultados cubanos en materia de alfabetización, esperanza de vida infantil o servicio sanitario básico, quedan oscurecidas por historietas amarillistas que suceden a lo largo y ancho del globo, el abrumador peso de la diplomacia norteamericana para mantener un embargo criminal sobre la isla caribeña pasa de puntillas por nuestra consciencia y nuestra dignidad.

Para finalizar esta ligera reflexión, que no reflexión ligera, nos enorgullece compartir con nuestros lectores la lectura y visita a un honesto medio de información independiente centrado en acercarnos realidades que no aparecen en esas cuatro páginas de internacional, obstinadas demasiado a menudo en aplastar nuestra posible opinión discordante en relación a sus obsesiones.

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