El país de los hombres íntegros

Esa es la traducción que se encierra tras la denominación de Burkina Faso en las lenguas mossi y djula, las mayoritarias en el territorio que comprende la nación desde 1983, año en el que llega al poder Thomas Sankara, una luz cuatrienal que se apaga en 1987, bajo las balas del neocolonialismo francés, norteamericano y, en general, del capital internacional que no soporta un ejemplo de guevarismo panafricano en su corrala continental. Continuamos en esta senda el tratamiento de las muertes siempre malas que han impedido con la energía del expolio controlado cualquier voz que cierre las minas, que bloquee el atraco, que finalice con la penuria de millones de hombres y mujeres desposeidos de la titularidad de la tierra de sus ancestros.

Sankara1Ver con los prismáticos de la lucidez aquellas orillas lejanas donde sucede lo que es hermanamiento de experiencias más o menos inmediatas supone un aprendizaje anticipado frente a las trampas que se irán presentando en el deambular (nunca el progreso se ha encontrado tan desorientado) de los colectivos de este y aquel país, de las clases sociales mal emparejadas, a lo largo de la Historia. Y la dignidad del grupo de oficiales que, con Sankara y Compaoré (el judas que siempre besa la mejilla luego acribillada, y quien encabezó el asesinato de Sankara y la vuelta a las políticas de sometimiento al FMI y las potencias occidentales), lideraron la revolución más celerosa y digna del África postcolonial, necesita ser iluminada en los tiempos que acallan las crisis y las diferencias sociales aquellos mismos que las provocan. La guerra de clases, el materialismo histórico, puede ser desacreditado a partir de un axioma con la enjundia de un diamante hueco, pero su brillo deslumbrará cualquier crítica de peso y nos dejará, siempre, en manos del enemigo a la hora de ingerir la receta caducada. En el país de los hombres íntegros, el nuevo presidente, que nunca ocultó la necesidad de la lucha armada como última bala en la recámara de los desposeídos, que entendió que el desterrado no iba a dejar de serlo a través de la caridad con intereses, vendió la flota de Mercedes-Benz del gobierno e hizo que el Renault 5 (el auto más barato vendido en Burkina Faso en ese momento) fuera el auto oficial de los ministros; redujo los sueldos de todos los funcionarios públicos, incluso el propio, prohibió el uso de chóferes del gobierno y los billetes de primera clase de avión; se redistribuyó la tierra de los terratenientes feudales y se la entregó directamente a los campesinos. La producción de trigo aumentó en tan sólo tres años de 1700 kg por hactárea a 3800 kg por hectárea, lo que hizo el país autosuficiente en comida; se opuso a la ayuda exterior, diciendo que “el que te alimenta, te controla.”; obligó a los funcionarios públicos a destinar un mes de salario a los proyectos públicos; o, como presidente, bajó su sueldo a sólo 450 dólares americanos al mes y limitó sus posesiones materiales a un automóvil, cuatro bicicletas, tres guitarras, un frigorífico convencional y un congelador roto, además de la casa donde vivía con su familia. En la lucha por la igualdad real, célebre es su máxima “La revolución y la liberación de la mujer van unidas. No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o por una oleada de compasión humana, es una necesidad básica para el triunfo de la revolución. Las mujeres ocupan la otra mitad del cielo.”

Sankara2Por sus hechos los conocereis, y desde cualquier punto del orbe existen experiencias extraordinarias que, simultáneamente y sin remisión, son cegadas a golpe del silencio violento desde aquellos logotipos sin armas, sin líderes. Sin apariencia a la que culpar. Ese silencio que tiene como reverso el mismo estruendo de la oferta y la demanda, del mundo de fábula que consume al mismo ritmo que cosecha millones de almas errantes, esclavos de la nueva era, no visibles más allá de la intrepidez de insignificantes titulares que dejan la tinta en las manos, desaparecidas a la misma velocidad que no soportamos sentirnos impregnados de duda.

Nos encontramos en un momento, a este lado de la frontera opulenta, de lucha dispersa. Tenemos jadeos, fiebres, algunos vómitos, pero nos catalogamos los síntomas por separado, y de este modo la enfermedad avanza sin apreciar como nos supura el amarillento de una metástasis ciudadana controlada e incontrolable a la vez. Siempre confiamos en el reflejo de eslóganes y actitudes que ya han trasvasado la barrera de la dignidad para confluir donde desemboca la mercadotecnia. El Che no es nuestro Che, que nos lo han cambiado. Si se les escapa del silencio alguna voz barbuda, algún ejemplo incómodo, se transforma y se envía de nuevo a la cadena de producción con el destino de consumo adecuado. Mal nos irá si no lo percibimos, si no somos capaces de asomarnos a la pradera de los hombres y mujeres íntegros para descubrir nuestro asfalto y desconfiar de las excusas.

La democracia de los insurrectos

Insurrectos1El concepto democracia es, para las formaciones mayoritarias, inversamente proporcional a la expectativa de voto que van padeciendo en pronósticos y encuestas como las que les intoxican en los momentos actuales. Y esto es así porque confunden el término tal cual, a secas, con esa relación léxica que tanto paladean, condensada dulzonamente en la estabilidad democrática. De alguna indisgesta transición deben venir estas confusiones, porque el gobierno de todos puede ser saltarín, egoísta, irreflexivo o hasta padecer algún transtorno bipolar fuera de fecha, pero ser estable no es consustancial, ni por asomo, a su materia gris. Todavía las bancadas más populosas son capaces de reirse frente al panorama que se les presenta, porque lo detectan alejado, remontable, pero ya comienzan a notarse los primeros signos de incomodidad, de tonos fuera de partitura.

José María Aznar ha continuado hoy, en una conferencia abarrotada del empresariado más correoso y parte de la plana mayor del Gobierno, no se sabe si en calidad de oyentes o de vigilantes, tirando a dar en busca de la relevancia perdida, la de los suyos, la de lo suyo. Pero en el disparadero acarició una bala que es también del gusto polvoriento del actual Ejecutivo: advertir sobre el supuesto peligro que entraña la inestabilidad política derivada de la fragmentación electoral. Aquí es donde se puede apreciar con interesada claridad la divergencia que acontece entre la voluntad ciudadana y los intereses de clase: mientras la inversión en publicidad e imagen se mantiene, la cosa da para ir tirando de mayorías a uno y otro lado, protestando sin protestarse. Crisis, corrupciones e incompetencias aparte, desde el advenimiento del espejismo post franquista éstas han sido sorteadas con la opacidad de las financiaciones como un dios creen que mandaba, el maná de los fondos estructurales y de convergencia, la liberalización de la ley del suelo y la venta a cachitos de las empresas de propiedad colectiva para manos cercanas y, finalmente, la creación de una empresa hormigonera sobre las trampas de desregulación protectora de nuestro terruño, a golpe de ladrillazo. Pero se acabaron los recovecos y los atajos, si bien el bipartidismo ha tenido tiempo de tejer con rigidez de acero esa estructura protectora que se desparrama desde los medios de comunicación a poderes que deberían estar para ser saludados desde la distancia, con cortesía pero sin dar la mano. De ese modo nace la soberbia por la que transitan a pesar de levantarse a escándalo y fracaso diario, pero cada golpe de metroscopia les pone en guardia, a sabiendas que queda escasamente un año para comenzar a comprobar si los quesitos comienzan a equilibrar sus colores. En esa encrucijada, los socios dejan de aparentar enemistad y se alían en la supervivencia. Los que califican como desviaciones de la normalidad institucional todo aquello que agrede su confortable espacio han liderado la mayoría, ergo se han enarbolado de los paños de la supuesta democracia de los estabilizadores (nuevamente el peligro, el extravío). Notando como resbala el comodín derretido de tantas oportunidades malgastadas su sistema ya transita hacia un nuevo escenario: la democracia de los insurrectos.

Insurrectos2Capaces de cualquier actitud ,de cualquier viraje, de cualquier impostura, con tal de conservar el redil a su vera, a la verita de todos los suyos, el demócrata que se ve menos mayoritario que ayer pero menos que mañana no dudará en ser más condescendiente con los trapicheos y torpezas de sus cuitas escuderos, que sonríen en la melancolía de saberse a salvo no por hacer una temporada decorosa, sino porque a falta de recursos no hay plazas de descenso. Ese demócrata se asomará menos al balcón sobre la plaza en permanente sombra, pero buscará hasta el ventanuco con barrotes minúsculo para alardear de la apariencia sin torre de cristal. El demócrata ve terroristas y enemigos del orden donde, en la opulencia de los votos, veía pluralidad y buen rollo; ese demócrata califica de delito lo que antes apreciaba como derecho. ¿Qué es, entonces, la democracia? Desde luego, lo que la voluntad de los comicios decidan se acerca, con todas sus benditas fragmentaciones, mucho más que la interesada estabilidad democrática de los insurrectos que comienzan a ponerse el traje de camuflaje.

A rezar, que son cuatro años

O cuatro décadas, a saber. No contentos con dejarnos exhaustos a diario a base de golpetazos en ambos riñones, los agresores se arrogan el poder sodomita de emitirnos consejos del siglo pasado, del escenario brutalista de los analfabetos creados a conciencia. Ambos órganos, primos hermanos en su vitalidad, reciben mandobles a diestro y siniestro: Por un lado, la violencia principal, la que deja más moratones internos, nos va llegando al ritmo de la destrucción sistemática de la cobertura sanitaria, educativa, social a fin de cuentas de aquello que a la sociedad española le ha costado consolidar de manera, ahora lo sabemos, frágil, de cara a sobrevivir en un escenario falsamente próspero. Desde la vertiente inversa, la sangre se trasluce en la piel más sensible pero, a su vez, menos mortal a nivel colectivo. Sin embargo, estas heridas son las que nuestros maltratadores más se empecinan en mostrar para desviar la atención de la violencia terrible que nos está desangrando, que nos lleva de cabeza a la tumba de la fragmentación social.

TelediarioRezoEn efecto, empecinarse aquellas figuras del Gobierno más débiles en irritar de manera denodada nuestra paciencia, deteriorada de por sí ante la pobreza buscada con la consideración de ejecutar acciones para la mejor administración de las minorías con la apariencia de una acción decisoria en busca de la recuperación de todos, contando electoralmente y a sonrisas forzadas con los desamparados, para el avance sin fisuras de casi nadie, no resulta lógico. Pero es la estrategia más sencilla cuando se aborda un tablero con menos piezas, si bien frente a las más poderosas que parecen pedir tablas en lugar de un jaque que sacrificaría dos reyes en un único movimiento: el del equilibrio de los reales poderes.

Para ese malabarismo de amplia perturbación política, en el que los resistentes de sus privilegios, ajenos a cualquier necesidad o acción real para retornar a la ciudadanía a la que pertenecen, a la que deben sumisión cuatrienal a base de trabajo y sacrificio, boca y oídos, a Rajoy y los suyos no les queda más remedio que acudir o bien a un proceso de inmersión estúpida en forma de goteo, o bien a un sacrificio de dama, en busca de no ver como se rebana el cogote de la pieza mayor, la de la supervivencia de la especie privilegiada. De lo contrario ¿ A qué viene, en tiempos de cólera económica, obstinarse en enervar a los damnificados multitudinarios frente al colapso sanitario, la agresión educativa, el maltrato frente al retroceso de los supuestos de libertad frente a la interrupción del embarazo? Este es el tridente de los casos de amplio espectro, pero se encuentran aderezados por esas salpicaduras que lo manchan todo a base de perlas, a primera vista insustanciales, pero que alteran de tal modo por sus respectivas improcedencias a la opinión pública, y de manera tan regular, que no pueden ocurrir de manera distraida. Parece, por el contrario, que la agenda de actos semanal del ejecutivo estatal debe estar compuesta por la apuesta acerca de la mayor burricalvada que uno de sus miembros deslizará a los medios, alejando así, en la medida de lo posible, del debate público el grueso de las lesiones que nos van impidiendo.

TelediarioRezo2Son éstas muchas, protagonistas de un reportaje de enorme ambición si se pretende ser archivista del disparate; en cualquier caso, no resulta necesario porque de lo contrario se tropezaría con el despiste que, precisamente, esas algaradas pretenden. Los ministros y responsables políticos a cualquier nivel de la administración se encuentran en su innoble capacidad de alzar la voz para que, mientras, repte la miseria entre nuestros tobillos, pero que todos ellos le cojan gusto a la farsa hasta sentar en las cuerdas vocales de los nuevos maniquís del no-do contemporáneo sus proyectos de distracción, algo que resulta insoportable. Sí, ya lo saben, porque eso es lo que les trae discutiendo con familiares y amigos en lugar de continuar planteándonos por qué soportamos un conjunto de leyes electorales, de crédito o administrativas de lo más injustas o desterradas en el panorama democrático internacional. TVE nos animó, de soslayo, a echar unos rezos para sentirnos mas espirituosos que si empináramos el codo con vistas a abandonar a ratitos el panorama sin dioses de pega ni cartón. Lo comentamos con sonrisitas indignadas, entre un café y el silencio. Y a otra cosa. Mientras, los del Consejo apuestan la siguiente canallada, a lo mejor en la capilla de su inmundicia.

A la rica previsión

Acérquese, oiga, que tengo dispendios de viva voz para todos los gustos. Desde hace un lustro me dedico a levantar la voz de cuando en cuando, como un sigiloso ratoncito enteradillo, y alargo los presagios sin enseñar las extremidades. Diríase que especular es buen antídoto para el vaivén colectivo; reparte esperanzas, que buenos somníferos sociológicos quedan. Si, total, quien se acuerda de las buenaventuras pasadas unas cuantas bofetadas de realidad aturdidoras. Cada día tienen más dedos, más rigidas, más ferruginosas. Más hirientes. Pero, que más da, se nos cae la piel facial a tiras y seguimos, con la otra mejilla, la que siempre queda como rostro de arlequín, vociferando que ni una más, que hasta aquí hemos llegado.

Previsiones1Esto de los pábulos macroeconómicos, con pinta de envite sin rival, se cotiza la mar de bien cuando las pagas vienen mal dadas, peor encaminadas, demasiado torcidas. Cualquier análisis que tenga como objetivo de titular clásico necesita adquirir en su relleno dos aspectos indispensables: esperanza y relatividad. Sin el primero asuma que será relegado al ostracismo periodístico o, peor aún, será despedazado por antipatriota que no tiene ni jota ni cualquier consonante con valor en la báscula de la inmediatez. El segundo, por el contrario, supone la parte artística una vez superado el primer escollo a la hora de ganarse la vida con la derrota más que segura; da igual que la pendiente no vislumbre ni un pedrolo como saliente con pinta de áspera área de descanso, es fundamental caer con un cojin mullido que evite fisuras traseras, que exporte esperanzas en el precipicio. Cierto es que cuando la pendiente llega a tal grado de desnivel que una prótesis es retirada por falta de fondos en el espacio sanitario colectivo, por ejemplo, y somos casi incapaces de vislumbrar agua al final del barranco (siquiera eso), la labor del prestidigitador social supone un Tourmalet sin pedales que, a primera vista, vaticina un costalazo entre árboles picudos. Nada más lejos de la realidad; el exégeta con tres vasitos rumia una bola, un dado sin números, un cromo que saltimbanquea, lo que sea con tal de mantener el circo ambulante de las falsas promesas. Y rueda, y rueda.

Previsiones2Si desempolvamos las mentiras de todos los que continúan levantándose con corbata de rayas, como si el tiempo no pasara por ellos, y se saltan los galgos de la realidad a base de elucubraciones que a saber de donde salen, podemos remontar con cierta desesperanza nuestras primeras pacificaciones al verano de 2008, cuando el FMI aseguraba que España sería el primer Estado de la zona euro que escaparía de algo que ni siquiera era crisis, sino una leve recesión casi como antídoto puntual para coger impulso. Pues como no fue pero nada pasó, las mismas previsiones tomaron gusto por alocarse a la hora no sólo de inmunizar la tragedia, sino que se prestaron a aventurar escenarios a corto plazo con salsa para tomar pan, mojar, y chuparse los veinte dedos. A mediados de 2013 efectivamente paladeamos las huellas dactilares a diestra y siniestra, pero en busca de los restos del último alimento, sobreviviendo a la espera de la siguiente mentira que sacie nuestra derrota. Esa es la realidad de la mayoría silenciosa, la que a Mariano Rajoy le encanta no ver siquiera en las urnas, mucho menos en las aceras. Y se quedan, calladitos, esperando que el debate del sábado noche grite por ellos el hartazgo por no escuchar una nueva previsión somnífera.

La artesanía desahuciada de Perucha

Perucha1Los enérgicos impulsos de divulgación periodística, así como la enérgica campaña de crowdfunding que han organizado los alumnos de su escuela y vecinos del barrio de La Ventilla han impedido que el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) haya hecho efectivo la expulsión por desahucio urbanístico de Domingo Perucha, el último artesano del deporte del pedal. Ajeno a la estandarización de la liturgia ciclista, de como se ha de personalizar la extensión de quienes pasan más tiempo sobre el sillín que acostados, su taller continúa a pleno rendimiento, un refugio de lo que se moldea como si fuera la primera vez, la innovación silenciosa que permanece en el valor de cada agraciado.

La Ventilla, situado en el distrito de Tetuán, extensión de la especulación más rapaz del Madrid que no se cansa de crecer malformada, ha venido desde finales del siglo pasado planeando la obsesión por crear modernidad artificial utilizando el brazo ejecutor de IVIMA, que continúa la senda de todas las alcaldías del PP en la capital de España: los vecinos alojados en residencias poco estilizadas por el paso del tiempo y la carestía de sus fachadas parecen contar únicamente como fronteras humanas del extrarradio, allí donde ese límite lo vaya estableciendo la presión especulativa. Únicamente la lucha pertinaz de varios residentes y el advenimiento de la crisis inmobiliaria han detenido la crónica de un derrumbe planeado. Perucha ha continuado blandiendo el soldador con la paciencia de quien no necesita acelerar el tiempo, pero el tiempo de los intereses se obstina en alcanzarle, aunque pareciera estar a salvo del hormigón, aunque los pedales mantengan el brio de los especialistas en contrarreloj.

Perucha2A diferencia de aquellos que han insistido en tirar abajo el trabajo de una vida, Perucha se ha dedicado a construir con descuidada obstinación el curriculum que se talla a través de las manos rugosas. En sus paredes hay medallas olímpicas, campeonatos nacionales e internacionales, actividad pionera en encontrar equilibrio aerodinámico sobre las dos ruedas. El equipo ONCE de ciclismo adaptado se gestó a partir de su esfuerzo individualizado, reduciendo pesos, eliminando oponentes por medio de la emprendeduría real, en busca del grial con pedales. Su historia es la que ha obtenido algún espacio para que la denuncia de toda la zona haya resonado más allá de Madrid, aunque la gloria deportiva de Perucha haya alcanzado la cúspide del podium mucho antes de la codicia publicitaria de los políticos de cuerpo presente. Quien sabe, tal vez el triunfador de hoy se vea acorralado dentro de unas décadas en la calle del olvido, amortizado ya el cupo de aprovechamiento multimedia del personaje. No hay piedad por parte del que sobrevive como un carroñero agazapado tras esa chirriante honorabilidad de la cosa pública, pendiente de la inmediatez de sus plazos electorales, tomando decisiones a vista de plano desde donde nunca se adivinan los temores encajados entre bloques y pequeñas moradas. Así el justiprecio deja de tener su primario sentido y se convierte en la herramienta más perversa de la nacionalización inversa: quedarte con lo humildemente privado a precio de risa, en demasiadas ocasiones sin un interés general que lo justifique, mientras se regala el músculo público sin planeamiento macroeconómico honrado.

Perucha3A sus 78 años, Perucha parece que ha decidido no bajarse nunca de la bicicleta, mantener el pedaleo arropado por un pelotón protector y cálido. La meta es difícil de vislumbrar, porque las amenazas de palas y gruas no dejan comprobar donde acaba esta etapa. El trabajo se aniquila con el empuje cobarde que alcanza siempre su puertos y metas volantes e ignora, de la misma manera egoista, los besos, las coronas pero se embolsa el cheque y el champán. Afortunadamente, los miembros de su equipo ciclista y aquellos que respetan el legado de la artesanía del esmerado soplete han obtenido los recursos para finalizar el eco de una voz triunfal; esa difusión exponencial que se conseguirá acerca de lo que encierran las paredes del taller de Perucha supone el último esfuerzo para que la competición no sea en balde.

Aquí los que especulan con el hambre, aquí los hambrientos

Mientras preparamos casi a diario nuevas pancartas que señalen a los responsables con rostro de nuestra magna depresión, no estamos exentos la gran mayoría de preguntarnos qué madeja completa nos ha llevado a este camino sin aparente salida. Sabemos de la corrupción institucionalizada, de sus conexiones con la maquinaria financiera para no entrometerse en las grandes estafas que han arruinado a prestatarios de hipotecas varias, consumidores de productos complejos firmados, en muchas ocasiones, con dolo, asesoramiento alevoso y hasta nocturnidad en las condiciones generales; nos hacemos, cada día con menos legañas, un paisaje de todo lo que conscientemente se estaba montando ante nosotros para crear una apariencia de inacabable prosperidad a las clases trabajadoras mientras que, en realidad, se tejía esa madeja que antes nombrábamos, y en la que sólo enraizan los tradicionales intereses de las castas privilegiadas, en esta ocasión las familias del capital que no se obsesionan con el lustre de apellidos y castillos, sino con el control codicioso de los recursos y su manufactura, todo ello al menor coste posible y con la máxima multiplicación del beneficio posible.

Pero volvamos a nuestra habitación, con el eslogan más apropiado ya pintado y repintado en la pancarta que mañana nos pondremos por solidaria montera, en busca de recuperar el control en el futuro. Buscamos la recuperación de un escenario auténticamente democrático, si es que alguna vez existió ese plató con todos los focos dispuestos; también detener la destrucción de nuestros derechos, así como la amputación del sistema de derechos y garantías sociales. Hemos despertado y no sólo aspiramos a retornar a ese cierto control de nuestra realidad socio-económica, sino que muchos han aprendido la lección y perjuran no volver a abandonar su responsabilidad ciudadana; otros tantos no se quedan tan cortos y reclaman la superación de lo arruinado, poner cuanto antes los pilares de un proyecto nuevo, una confianza en que estamos a tiempo de ser honestos con nosotros mismos.

Y todo eso ocurre por aquí. Ya estamos dando doble vuelta a la cerradura y nos disponemos a encontrarnos con nuestros congéneres para reclamar lo hurtado pero, ¿Quiénes son esos compañeros de viaje? ¿Están segmentados por fronteras, nivel de pobreza, lenguas de raíz común? Porque si la solidaridad y el compromiso con la rudeza de esta hecatombe provocada es completo, se hace inevitable de manera inmediata alzar la comprensión al tallo arrancado de las manos hambrientas y convertido en el elemento especulativo más perverso: el de la rentabilidad por la hambruna. Hablamos del Mercado de Futuros de Chicago.

El CME Group de Chicago nació la década pasada de la fusión de los dos mayores mercados de futuros de Estados Unidos: el Chicago Mercantile Exchange (CME) y el Chicago Board of Trade (CBOT) Holding. En este macromercado podrido se juega a la bolsa de los productos de primera necesidad, con una evidente ausencia de control en cuanto al equilibrio de su naturaleza. Todo aquello que millones de brazos agotados cultivan en países con necesidades evidentes de alimentación y lucha contra la hambruna es valorado de manera especulativa en este descontrolado recinto, con el podrido interés de encontrar nuevas vías de enriquecimiento rápido tras el pinchazo de las burbujas puntocom, primero, y del mercado inmobiliario después. Éstas dos dejaron en el camino ruinas directas (accionistas) e indirectas (trabajadores, hipotecados, etc.), que fueron arrastradas por una cierta codicia cándida y por la quiebra general de mercados complementarios a los derruidos, pero también grandes fortunas previstas desde la información privilegiada y la ruleta rusa sin balas de los que nunca pierden. Lo que ocurre a diario en el Mercado de Futuros es, en cambio, la crónica de una pobreza mortal con garantía previa. La seguridad alimentaria, más allá de las hambrunas producidas por las inevitables sequías e inundaciones, no puede estar en manos de compro y vendo. La liberalización de este mercado por parte de la Organización Mundial del Comercio deja el elemento productivo indispensable para evitar la inanición diaria de miles de hombres, mujeres y niños en manos que no tienen nada de hambre, que compran para sus consorcios y hacen acopio, como si de un gigantesco granero blindado se tratara, a la espera de ver cotizadas sus expectativas de precio antes de liberar esa mercancia para que la ganancia sea superlativa.

Esta última perversión que deja cualquier honesta demanda a este lado del ecuador en lamentaciones de despintado salón fue ideada, como no, por la putrefacta estrategia de Goldman Sachs, que a principios de los noventa plantó el germen de productos complejos basados en alimentos básicos como el arroz, el café o el trigo. Los brokers entraron, de este modo, en lo que era un mercado especializado y desarrollaron sus habituales estrategias sin importarles hacer saltar la banca. De este modo, los precios a pagar a los agricultores (prefijados) y lo cobrado a los consumidores se alteran merced a los intereses que se vayan movilizando en función de previsión de mayores ganancias, jugando con trampas. Como recordamos, porque los valores ya no suben y bajan cuando el trueno suena, sino cuando las grandes corporaciones y sus socios de Chicago crean la estrategia para dejar el mercado más o menos surtido. Con precios que han aumentado en los últimos diez años hasta un 70%, en el Tercer Mundo no están para pancartas. Ni fuerza les queda para sostenerlas.