Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

La hoguera del incendio de la corrupción

Senado1El Congreso de Los Diputados no ha podido disfrutar esta semana de siquiera un atisbo de eso que se denomina Debate del Estado de la Nación pero que, ni en los momentos de mayor euforia macroeconómica, ha superado un descafeinado toma y daca de argucias dialécticas y brindis al sol para continuar con ese laissez passer que se ha sostenido al albur de especulación y dinero falso, generado a partir de burbujas que a poco que toman altura, explotan. No es la primera vez que esto ocurre en nuestra Historia reciente, pero como los damnificados de hoy son los rescatados de mañana, y vuelta a empezar, las consecuencias sólo han recaido sobre una ciudadanía tremendamente olvidadiza de los compromisos y los programas traicionados.

En las sesiones que componen el debate, Rajoy ha conseguido retener dos excelentes logros para esa autoestima que ha cultivado en los últimos meses a golpe de ignorar la realidad, de convivir con el silencio de los muros de Moncloa: Hacer que las inquisitivas cuestiones acerca de la corrupción quedaran tan lejos de sus tímpanos como cuando se nos aparece a través de plasma, y poder leer todo lo que le han escrito entendiendo a la perfección la letra utilizada. Lo primero es un síntoma de que no siente el más mínimo rubor ante el escenario corrupto que va acorralando su futuro político a corto plazo y su credibilidad como dirigente; lo segundo, que el equipo de asesoría presidencial ha aprendido de errores pasados y ha conseguido, finalmente, resolver definitivamente un problema capital con tarjetones gigantes y letra en Comic Sans 60 en negrita, cursiva y subrayado. Ya entendemos como los hombros presidenciales se han ido hundiendo a medida que ha tenido que ascender y descender la tribuna de oradores cargado con kilos de papel enladrillado.

Pero esto ya no es la Cámara de representantes de un Estado democrático con cierta apariencia de civilización. Lo que ocurre dentro, con todas las butacas ocupadas, en la actual situación, no es más que el eterno retorno de la política cuando las palabras y los aplausos caminan muy lejos de las verdaderas intenciones de los togados. Tras los leones, los muros acribillados, se esconde un pasado aún más lejano; una fantasma inmenso que se posiciona, como una planeta paralelo, sobre el edificio y sus ocupantes. Un Senado romano en vísperas de las murallas en llamas, mientras el privilegio de sus miembros les mantenía ajenos al fin de sus días, rodeando a un Severo sordo y ciego, perdido por no oir los gritos internos y externos, pidiendo energía y rendición, a partes iguales.

Senado2Mariano, desconfía de los aplausos de la bancada a la que le das la espalda con demasiada indulgencia. Por sus silencios, sus inexactitudes al justificarse, sus filtraciones, sus afirmaciones y traiciones, sus intereses, los conocerás. Entre todos ellos hay más puñales que corbatas, demasiados intereses que no están dispuestos a hundirse con un líder que ha cometido un error de novato en la poco insigne carrera de protector de peligros inexistentes a comisión indeterminada: Cuando el contable sabe más de la cuenta, hay que liquidarlo para que no se marche con la libreta delatora rondando sobre tus planes el resto de la existencia. El PP no sólo ha dejado vivito y coleando a cuatro delincuentes de calculadora, sino que ha caido en sus amenazas, siendo parte activa en la protección del enemigo. Normal que ahora las murallas ya prendan y se derrumben, y el César se queda inconscientemente solo ante una turba que no entiende si le anima o vocifera en busca de su cabeza. Las referencias a la corrupción se han topado con el silencio, los requerimientos para que salga a defender el fuerte, con el insulto y el cinismo de quien se oscurece bajo una corona de pesados laureles que lobotomiza como una de eléctricos espinos.

Más cornadas dan los desahucios

A pesar del certero énfasis que Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, esgrimió ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados el pasado lunes, con un millón de firmas bajo el brazo y un planteamiento de mínimos para humanizar la práctica hipotecaria en nuestro país, el Partido Popular ya ha anunciado que no aceptará su contenido de raíz y, por tanto, no se abrirá debate parlamentario para su análisis y puesta en conocimiento. Un millón de demandas ciudadanas, por tanto, se quedarán por ahora en el limbo desentendido que se ha adueñado de la representación política actualmente mayoritaria con respecto a un drama que apuñala a diario a más de 500 familias a lo largo del territorio nacional. ¿Las argumentaciones? que a lo largo de este año la Cámara afrontará una reforma de la normativa en vigor sobre este particular y no encuentran, por tanto, la urgencia para discutir las peticiones redactadas por la Plataforma. Colau tildó de criminal a los agentes económicos, políticos y financieros que permiten este terrorismo social a diario, a pesar de los aspavientos de cierta parte de la bancada neoliberal, y se quedó corta; lo son, y por partida doble.

Toros1Y es que el bloqueo a esta propuesta ciudadana secundada de manera masiva no obsta, faltaría más, para que en la sesión plenaria del martes sí tenga encaje otra Iniciativa Legislativa Popular, ésta con el respaldo de algo más de la mitad de las suscripciones obtenidas por la PAH y en un espacio de tiempo mucho más extenso, con el objeto de declarar la aberración taurina Bien de Interés Cultural. A diferencia del drama de los lanzamientos, desalojos, desahucios, como queramos denominar al destierro sistemático de miles de seres humanos de su espacio más inviolable, el Partido Popular hace suya esta supuesta iniciativa espontánea, al defender en sede parlamentaria su repugnante intencionalidad mercantilista basada en el maltrato a un hervíboro indefenso el diputado de la formación conservadora por la provincia de Sevilla, Juan Manuel Albendea. No es éste un actor casual del circo de sangre y arena; su actividad privada está esbozada por la defensa a ultranza de la tortura en la plaza, dejando amplia constancia en obras narrativas, otorgamiento de distinciones varias por su defensa pertinaz de esta reminiscencia atroz de nuestros más bajos instintos para con el entorno animal, y la aportación de propuestas disparatadas de amplio espectro. Nos podemos hacer una veloz idea de la relevancia que le dan al término Cultura los miembros de la fuerza con mayor representación institucional de este triste país cuando alguien como Juan Manuel Albendea preside la Comisión del sector en la Cámara Baja. Y entre los firmantes de la Iniciativa, cómo no, nuestro ínclito Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Esa firma parece que sí le consta.

Toros2En la entrevista que enlazamos, realizada en enero de 2012, el alter ego Gonzalo Argote defendía la reducción del IVA para espectáculos taurinos en comparación con la baja tributación (a su juicio, en ese momento) del acceso a cines y teatros. Para empezar, ya ha conseguido que el tipo de los segundos haya aumentado hasta dejar desolados los patios de butacas. Ahora sólo le queda abaratar y subvencionar con la miseria colectiva los graderíos al albur de la arena teñida de saliva y sangre, de la cultura de la agresión, la tortura y la muerte gratuita. Evidentemente, la Iniciativa presentada por la Federación de Entidades Taurinas, esto es, los interesados en la rentabilidad pecuniaria del crimen, no pierden el sueño por la orientación y desenlace del debate parlamentario; de igual manera que el rodillo de esa mayoría absoluta de la que abusa el Partido Popular a pesar del descrédito creciente que padece ha sido utilizado para silenciar en el Hemiciclo las demandas desesperadas de tantas y tantas familias despojadas de su dignidad, lanzadas sin reubicación a la acera, las poltronas conservadoras darán, con copa y puro, la mayoritaria bienvenida a la conversión de otra inhumanidad en bien de especial protección.  El proceso a partir de ahí será sencillo: tras su admisión a trámite pasará a la Comisión de Cultura (¿recuerdan quien la presidía?) para su análisis (ejem). Una vez resuelto ese engorro, sin banderillas ni picadores animalistas por medio, continuará su tramitación en el Senado donde, si no hay objeciones (mayoría absoluta del PP, no lo olvidemos), pasará directamente a ser publicada en el BOE y a dar, por lo tanto, rienda suelta a su siguiente y principal objetivo: la conversión de la matanza nacional en Bien Inmaterial de la Humanidad.

Toros3Para que el despropósito se remate de esta manera, en la UNESCO debería ocurrir un cataclismo moral de amplias dimensiones, pero nunca se sabe. Lo que resulta indiscutible en este momento es que la enfermedad taurina de unos pocos pasará a recuperar su posición de amplio privilegio en tanto en cuanto su mutación en BIC acarreará una potenciación de su perfil de negocio, que de eso se trataba por si alguien andaba despistado: exenciones y subvenciones otorgarán el papel privilegiado que en España ha tenido lo que ocurre en la plaza. La dación en pago, por el contrario, así como el alquiler social y el realojo ciudadano, no resulta rentable en términos monetarios ni para el capital ni para sus delegados con acta de diputado.

No hay derecho a salir con miedo a la calle

Primero el verso; después, sin rabia, la prosa.

En 1998, Ismael Serrano incluía este Mi vida no hay derecho en su segundo álbum, La memoria de los peces. Su significado lírico y político encuentra perfecto acomodo en tantas situaciones del caótico mundo actual como que, si cerramos los ojos y dejamos esas imágenes de México en llamas, nos podemos encontrar tirados en la acera, en la noche ruidosa del Paseo del Prado hace dos jornadas, con la cabeza abierta y ensangrentada. No hay derecho a salir con miedo a la calle, tanto menos cuando las pancartas y consignas abrumadoramente mayoritarias claman por una conversación pacífica y con mesura, frente a frente, entre los detentadores constitucionales de la Soberanía Nacional y aquellos a los que les ha sido temporalmente delegada esa vital función para conseguir el pragmatismo ejecutor de las decisiones y políticas que hagan viable el cumplimiento del cuerpo normativo. Es así de sencillo, los plebiscitos cuatrianuales no confieren carta de naturaleza para ejercer esa función sin control ciudadano ni mucho menos para violentar la propia hoja de ruta que se ha estampado como compromiso de andadura por parte de los elegidos.

En lugar de eso, los delegados han optado por blindarse en la casa común y enviar a sus perros de cacería para dispersar a la ciudadanía, novata en dos de sus tercios en esto de reclamar el cumplimiento exquisito de los grandes principios que articulan una nación moderna. Ese 66% por ciento de la población actual que no tuvo la posibilidad temporal de participar en el referendum constitucional de 1978 y que, perfectamente, puede entender que el pacto social que se deriva de su articulado no es el adecuado para estos tiempos que corren. Tal vez en el espíritu de su letra no bucee el escualo a temer, en tanto el uso y desarrollo que se le ha dado, su significado interpretativo y su evolución suponen las rémoras que no limpian, mas al contrario ponen todo perdido y nos desorientan, nos empujan a solicitar un cambio completo. Y, de nuevo, tal vez no. Tal vez sólo necesitamos encuadernar de nuevo el contenido, darle lustre, retirar el polvo que se ha asentado sobre los surcos de sus letras y, para eso, estamos en estos días encontrándonos frente al Congreso de los Diputados, intentando conectar de manera extraordinaria con aquellos que piensan que no deben rendirnos cuentas a la cara hasta el final de la legislatura. Así lo han hecho siempre, y así pretenden continuar. Pero no, las cosas han cambiado como para pensar que dentro de poco, toque de queda… y cada uno, en silencio, mansamente, a resguardarnos al caer la noche. El encuentro de tantos miles de ciudadanos reivindicando que el timbre sea contestado, pacíficamente, fue la mayor demostración de que, frente a la fortaleza con protección felina, se encuentra la responsabilidad que tanto afirman autoimponerse los que fuman habanos, distraídamente, en paseos turísticos, para que aquellos que no se manifiestan ni salen en TV continúen en casa, confiados que él y los suyos les transmiten tranquilidad de aquí a 2015.

El sábado se cumplirá exactamente un año de la convocatoria de la última Huelga General celebrada en el Estado español. El 29 de septiembre de 2012 volvamos a encontrarnos, volvamos a mantener el sonido del eco golpeando los muros de la Cámara Baja para que se vaya filtrando que no hay derecho a que nos hagan salir con miedo a la calle, a que no hay derecho que se encierren en nuestra casa y nos lancen las maletas por la ventana.

 

 

No miremos los golpes

Hace menos de veinticuatro horas que la violencia, los cachiporrazos, las carreras y los gritos se han evaporado de las calles y plazas aledañas al Congreso de Los Diputados, imágenes que todos hemos soportado con la sensación de asistir a una cacería advertida, programada y casi podría afirmarse que instigada desde las instituciones que deben velar por lo contrario. Miremos ahora lo sucedido y sus conclusiones pero sin acompañamiento visual; que el análisis pueda fluir sin la rabia de leer con un ojo en la prosa y el otro en el cerco de la violencia.

La iniciativa que pretendía diseñar un marco de protesta saliendo de los habituales cliché de la clásica manifestación que desemboca en mítines, aplausos y a otra cosa no vio valorada su innovadora propuesta por las principales fuerzas políticas del Estado, en especial por el actual partido gobernante, que alertó desde sus primeros pasos que nos encontrábamos ante un movimiento casi golpista, invadido de elementos antisistema a derecha e izquierda de las causas perdidas. Esa desacreditación preventiva, que es una evolución a ras de calle patria de las intervenciones armadas apoyadas por este país a principios de siglo, de Azores a Bagdad, ha hinchado el pecho a las altas esferas encargadas de la seguridad para continuar, a medida que el día 25 de septiembre se acercaba en el calendario, la escalada de golpe dialéctico; es quizás el primer momento en la etapa democrática de este país en que se ha visto, sin la más mínima neblina en el horizonte institucional, la condena y la repulsa de un mensaje ciudadano colectivo antes de que éste sucediera. No olvidemos que si la Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, estaba tan segura de la animosidad invasora de los convocantes, carece de sentido que autorizara la concentración sin poner peros y pegas. Evidentemente, a sabiendas de que en sus limitadas competencias no se encuentra prohibir arbitrariamente marchas y manifestaciones, no le quedó otra opción que desarrollar ese hábito tan cristiano de “a dios rogando, y con el mazo dando”. En este caso, firmando el visto bueno por un lado y afirmando por el otro que ya estaban fichados mil elementos subversivos que, de aparecer, serían detenidos, así como retrayendo a miles de potenciales asistentes con la certeza de que los que lideraban la acción eran unos borrokas de padre y muy señor suyo.

Una vez diseñada la disuasión global, a las fuerzas que supuestamente velan por el orden se les inquirió a ejercer dicha actividad de manera más individualizada, presentándose en las asambleas preparatorias que se venían celebrando por los convocantes los domingos en el Parque del Retiro y conculcando, de facto, el derecho de reunión. No satisfecho o, más concretamente, intranquilo el dispositivo de previa dispersión, durante los días previos a la jornada de ayer, se lanzó la llamarada de amenazas y recordatorios de dudoso encaje legal acerca del ramillete de delitos tipificados y a la espera de ser ejercido sobre todo aquél que osara siquiera rozar el sistema de vallado casi fronterizo de la sede parlamentaria de la Carrera de San Jerónimo. En efecto, el dispositivo levantado por todas las vías de acceso al recinto de la Cámara Baja respondían a una vergonzosa sensación de amurallada República Independiente de Parlamentolandia, a la que no se podría acceder sin sortear controles, presentación de acreditaciones y permisos, así como las ahumadas miradas de las guardias fronterizas.

Con todo esto, más de diez mil ciudadanos se dieron ayer cita por donde el blindaje del hemiciclo lo permitió, para transmitir de viva voz que un importante segmento ciudadano entiende que hay un vicio en la representatividad del poder legislativo y ejecutivo, que no se puede consentir la presentación electoral de programas políticos que se incumplen en su totalidad sin consecuencias, sin suponer un vicio del contrato social en el que los cesionarios temporales de la Soberanía Popular ven raptada su voluntad durante cuatro años. Titular lo sucedido en base a las minorías que provocaron alboroto, sean éstas elementos descontrolados de la colectividad ciudadana o, como se afirma en diversas informaciones, miembros de las fuerzas antidisturbios infiltradas, tiene poco margen de interés para lo que realmente importa, que no puede ser otra circunstancia más allá del calado que haya quedado retumbando contra los muros del Congreso. Los populares han levantado el telón de la jornada corroborando sus supuestos temores previos, una especie de “yo ya lo advertí”, así como alabando el mandoble y tentetieso de los cuerpos de seguridad con placa bien oculta; los socialdemócratas callan, ni siquiera guiñan ofreciendo su mejilla provechosa. La izquierda plural se unió al pueblo, y los ni aquí ni allá pero en todos lados de UPyD afirmaron que los de fuera no son la España en la que ellos flotan.

Hoy, jornada de sangrienta resaca, se han convocado nuevas concentraciones, reiteración del mensaje. Si continúa la sordera desde los escaños, el grito retumbará hasta derruir los cientos de tímpanos ausentes.

Tras el escalofrío de lo vivido, este texto sin reposo debe concluir, en este punto sí, con la imagen de lo sufrido.

    

 

 

Cuando la miseria trasciende los bolsillos

Pues nada, ya estamos en 640 grados farenheit de deseconomía. Sorpresas no puede haber muchas, ni siquiera en el diccionario montoriano de lengua miserablemente pastosa a la hora de referir sus jocosas amputaciones colectivas. Entraron solos al Congreso de los Diputados, prendieron dolosamente las escasas ramas del futuro imperfecto, y salieron a la calle, a tomar el viento cálido de las cenizas que ya les aventuraban un lunes infernal. Les da igual. Los suyos, los pocos miles que pueblan sus huestes de verdad, los que con su fraude permanente al Estado que desprecian pero que destetan a diario, tienen de sobra para mantener a unos cuantos millones de incautos en la rueda roedora que busca, sin frontera, una salida a manos de criminales con pinta de sufridos a tiempo parcial.

A fin de cuentas, y a estas alturas del mercurio macroeconómico disparado, sabemos que los paños fríos en la frente y las infusiones tibias no valen de nada. Cada paquete de medidas reformistas no son más que pernadas a nuestras sangrantes vaginas productivas. En realidad, muchos ganan con este simposio de alta estafa a ritmo de bólido teutón; desde casa, sin coger sudores de asfalto, el capital se traslada de muchos a pocos, velozmente. ¿Cuál es el límite que se marcan para evitar la guillotina contemporánea? Aún no lo sabemos, ni debemos en ningún caso erradicar la impaciencia, mas al contrario hace un buen rato que la clase trabajadora, hoy convenientemente segmentada en estratos públicos y privados y éstos, con precisión quirúrgica, en tantas subclases como posibilidades haya de enfrentarla para hacer sentirnos ciudadanos de distinta estirpe, debe echar a andar hacia el epicentro de esta ruina premeditada a ritmo minero.

Y como tener la despensa escuálida distrae más de la cuenta el estómago, que a fin de cuentas es lo que cotiza cuando todo va dejando de bascular en el mareo de la desorientación social, los miserables aprovechan que el horizonte aparece borroso para arrinconar a la madre que lleva en su vientre un proyecto de vida previamente sufridor, que tendrá obligación de nasciturus porque las pobladas cejas católicas exigen darle cobijo, pero al que le han arrebatado la dependencia desde la casa común, ya vacía y nada nuestra.

Y así, de paso, cruzamos con pancartas la avenida de la desolación mientras a nuestras espaldas se reparten los fondos educativos en una germinación del segregacionismo lectivo de aupa. Treinta años después de haber comenzado una apuesta inevitable por la concertación para recuperar el mapa escolar público que los ascendientes del horror actual aplastaron, la inversión se viene torciendo conscientemente para abonar, con la raquítica paga de todos, jugosas estructuras apostólicas. No lo olvide, esquelético ciudadano, no queda en la hucha para lujos públicos.

La televisión y otras zarandajas tecnológicas hacen de pantalla modernista para provocarnos esa apariencia de que nos encontramos en una ruina distinta, más civilizada, más de 3G y banda ancha de mediocridad, como para temer el retorno a las cenizas de un país, de un paisaje global teñido de vencedores y vencidos. En los altares de la participación electoral controlada se encuentran, a sidiestra y siniestra, todos aquellos que nos eyacularon con agria pasta teórica la desaparición de la lucha de clases. Todos iguales en la pobreza y en la miseria resignada. Esto es lo que hay.

Y, qué cosas tan palpables como para sólo pelearlas con la única energía de una charla inocua de terraza estival, de las arcas suprapúblicas aparecen y aparecen botines para continuar estabilizando el cáncer que alimenta células caníbales. Arcas pero que muy públicas, muy de nuestro maldito trabajo mal pagado, en el que estamos sin derechos y acorralados, como si a la salida nos atracaran a diario a punta de navaja y lo acatáramos como un regreso a la adolescencia temerosa frente al matón de patio. Peor, ni siquiera retornamos al cobijo, cada día más tarde y más cansados, con la ensoñación de una venganza heróica. No estamos anestesiados. Dormitamos incómodamente en un coma inducido y nos obsesionamos con abrazar la luz definitiva. Una luz negra, un hueco tenebroso que, resignadamente, aceptamos como tumba prematura.

 

Huelga General entre la fragilidad y el desconcierto

Como era de esperar, el ejecutivo presidido por Mariano Rajoy no se ha avenido a negociar con las plataformas sindicales mayoritarias una modificación de los elementos más sensibles de la reforma laboral. Dicho esto, tanto UGT como CCOO han cumplido su amenaza y, automáticamente, han procedido a desplegar la herramienta más poderosa con la que cuenta la clase trabajadora ante un conflicto de envergadura nacional: la huelga general. Pero, precisamente, frente a una normativa en materia de relación laboral tan estridente para con las garantías de los trabajadores por cuenta ajena, cabría hacerse la pregunta sobre si esta medida de presión encaja adecuadamente con el escenario a combatir.

Los resultados de participación y seguimiento obtenidos en la anterior convocatoria nacional, el pasado 29 de septiembre, fueron desastrosos, dejando en evidencia la fragilidad en la relación entre las entidades destinadas a proteger y liderar la defensa de los derechos y garantías de los trabajadores y éstos últimos. Es cierto que siempre ha resultado más complejo plantear un escenario de huelga al PSOE que a la derecha, que la crisis en ese momento había asomado la patita pero con las uñas pintadas… pero el fracaso en las cifras de seguimiento presentaban ese daño estructural desde el lado de los asalariados. Todo esto, no obstante, queda en agua de borrajas frente al decorado que se vislumbra por estas fechas: las cifras de desempleo no dejan de crecer, la crisis económica ha derivado en crisis social, de confianza en la capacidad propia, así como desesperanza en el futuro inmediato y, para rematar, llega precedido por ese marco legal mencionado, convalidado ayer en el Congreso de los Diputados, que legitima la posición exclusiva de poder por parte del empleador en todas aquellas cuestiones que afecten a una relación que nunca será entre iguales, pero que ahora se consolida como exclusivamente desequilibrada.

Los millones de potenciales trabajadores desempleados secundarán, en su inmensa mayoría, las movilizaciones, lo que a tiro de cámara periodística reproducirá un vacuo éxito en la movilización, pero no hay que olvidar que el objetivo último de una huelga general es detener la productividad de un Estado para forzar negociaciones colectivas y, reforma laboral en mano, el enemigo a batir se convierte, paradójicamente, en el principal disuasor del seguimiento de la convocatoria por aquellos empleados en activo. La huelga existe como derecho constitucional, pero aparece como reminiscencia normativa frente a un acorralamiento absoluto por parte del nuevo escenario. Todo aquel que se plantee acudir a la cita lo hará aterrado por represalias más que posibles, por estar encabezando la lista de esclavos a empapelar con las orejas de burro del paro.

De igual manera, veinte días de margen para conseguir una movilización eficaz no parecen el plazo más adecuado para conseguirlo. Precisamente, millones de potenciales secundadores hubieran entendido más conveniente esta celeridad si se hubiera establecido en el transcurso de la aprobación del decreto-ley y, por ende, el conocimiento exacto del contenido, y su convalidación parlamentaria, con el objeto de presionar modificaciones en el trámite que ayer se consagró. Son matices, tal vez excusas, ante un panorama que nos reclama compromiso valiente y enfrentamiento sin ambages, todo con tal de recuperar terreno perdido desde una óptica solidaria y colectiva. En definitiva, hay mil pegas, hay millones de impedimentos, pero hay que decir SÍ a la huelga general.

P.D.- Al hilo de este artículo, el proceso advertido continúa engullendo el sistema de ahorro nacional a toda velocidad. Desde la entrega de Unnim (Caixa Sabadell, Manlleu y Terrassa) al BBVA, el resto de grandes entidades han acelerado su proceso devorador para elegir alimento en las mejores condiciones y no perder cuota de mercado con sus competidores. En ese sentido, las próximas dos semanas serán claves para nuevas noticias en este doloroso asunto. Obviando el procedimiento de subasta de Banco de Valencia, todo hace indicar que Santander se hará con el grupo CatalunyaCaixa para igualar su posicionamiento en esa CCAA con el banco presidido por Francisco González, mientras que se puede dar por hecho la absorción de Banca Cívica por parte de La Caixa. Quedará por ver como desarrolla músculo el grupo liderado por Ibercaja (Liberbank y MareNostrum serán claves en esos movimientos), de qué manera se salvará el fracasado experimento de NovaCaixaGalicia y, finalmente, si Bankia acaba desapareciendo o mantiene su independencia en el mercado. Así escriben la historia, así destruyen el decorado.