Condenados al indulto

Josefa Hernández ha salido de prisión. Tras tres días ingresada en el penal de Tahíche (Lanzarote), su defensa ha conseguido la suspensión de la pena privativa de libertad que se le había impuesto por no proceder a la demolición de su vivienda, situada en el Parque Rural de Betancuria (Fuerteventura). En realidad, su letrado no tuvo que realizar una especial labor para obtener esta medida de gracia con tanta celeridad, toda vez que el caso ha saltado a la gran pantalla con la energía que proyecta esa sensación de injusticia per se, hasta alcanzar la gloria de convertirse en el primer indulto de la historia de España anunciado antes incluso de ser aprobado. Tres días. La cosa juzgada no admite dudas, el proceso es correcto en base al ordenamiento jurídico estatal, y tanto el juez como la fiscalía no han puesto fácil al ejecutivo la concesión de la medida de gracia, si bien su opinión no resulta preceptiva. Tres días.

Josefa1¿Por qué el caso de Josefa Hernández ha alcanzado un grado de simpatía colectiva tan desarrollado con respecto a otras tantas situaciones difíciles de comprender desde el punto de vista de la empatía social? El decorado, sin duda, ha aderezado generosamente el campo de cultivo. Por otro lado, alguno de tantos ejemplos de injusticia para con ciudadanos desvalidos tenía que ser el que colmara el vaso de la incomprensión que hace más de un lustro ha llegado para quedarse en cuanto a la aplicación del sistema penal según quien sea el receptor del castigo. Vivienda de autoconstrucción humilde, de supervivencia; hijas y nietos sin ingresos, a su cargo; abuela coraje que, no obstante, asume su infracción y cumple con la justicia, en la medida de sus posibilidades, de por si sumamente precarias: multa sí, derribo nunca. Y mientras, el litoral atestado de chalet lujosos bordeando la pleamar. Complejos hoteleros de poderosas multinacionales haciendo negocio en terreno protegido, amnistiada su riqueza.

Finalmente, a la división de poderes le encanta estos conflictos de baja intensidad, sobre todo desde la trinchera ejecutiva. A fin de cuentas, electoralismo populista es el principio rector favorito de quien se afana en utilizar el término como descrédito permanente del contrincante. Cree el ladrón… Todo un Presidente del Gobierno anunciando con antelación primorosa la concesión de un indulto así. Inspirador.

Josefa2Centremos el asunto: el proceso judicial se ha realizado conforme a derecho, siguiendo todas las garantías procesales, y ha desembocado en una sentencia firme. El hecho de cosa juzgada, a partir de ahí, se ha enfrentado a la insensibilidad de la ley en casos como el que nos ocupa, algo que ocurre muy a menudo en nuestro panorama normativo. Pero fundamentalmente ha desembocado en la gran pantalla que alimenta el estado de opinión, la barbarie de la toma de decisiones irracional. Desde Mariano Rajoy al concejal más cercano al término geográfico donde se encuentra la morada de la familia Hernández, presta a derruirse, ahora solicitan la apertura de un debate político donde lo que tendría que haber es una administración eficiente, ayudas de carácter social y familiar adecuadas, así como un panorama de acción vertical que permita a las diferentes entidades de derecho público coordinar las labores de atención ciudadana. De lo contrario, ese demagogo debate que no se va a llevar (de antemano lo sabemos) a término continuará condenando al indulto a aquellos pocos que escalen hasta el prime time y, de este modo, sólo permaneceremos iguales ante la injusticia.

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Partido político revisable

CadenaPerpetua1La realidad supera a la suposición en el panorama político actual, no cabe duda. Aunque adivinen el rostro enjuto del estilizado Secretario General del PSOE a la vera del jefe del gobierno patrio, su vena cava se encuentra rebosante de nutrientes pactistas, y tras este intercambio primigéneo de pactos en torrente, su cuerpo le pide que el ritmo no pare. Esa supuesta Grosse Koalition que tanto se supone y, a la vez, el diputado madrileño niega antes que el gallo marque la hora de los comicios, comienza a tomar cuerpo en fascículos; y, como buena historia relatada a través de porciones, la primera entrega supone un capítulo piloto, capaz de sorprender, aturdir, desorientar al espectador, pero nunca decepcionar. En el caso del pacto para una reforma del Código Penal (y van…), lo de Pedro Sánchez fue firmar y renegar, como su tocayo mesiánico salvo que, en este caso, parece no querer alejarse de la crucifixión política que se le avecina.

Se ponga como se ponga el blanqueamiento dental con capacidad bípeda designado, a medias y a ratos, como cabeza visible del enésimo proyecto socialdemócrata fracasado de antemano, suscribir un acuerdo calificado “de Estado” (la miopía soberbia del bipartidismo carece de bastón y de perro guía) por iniciativa propia para, acto seguido, anunciar su denuncia inmediata, resulta imposible de explicar a aquellas huestes que quedan formando trinchera con las uñas. Y evitar, al día siguiente, a los mismos medios que silenciaron el día anterior, entregándoles únicamente una declaración en la que denota ánimo pactista con el partido al que se pretende derrocar, ya sitúa directamente la estrategia en el gabinete de comunicación de Génova 13.

CadenaPerpetua2Y es que al PP, si fuera por sus compañeros de rotación gubernamental, la purga se las hacen sin necesidad de subir la tapa del váter político. Resulta de todo punto normal que Rajoy y sus huestes se sientan en la salsa menos picantona a la hora de afrontar la pelea definitiva con la pureza de Podemos y sus inmaculados cuadros en esto de la confrontación electoral. A fin de cuentas, tras 35 años de jugar al “corre, corre que te pillo” en un círculo milimétrico, debe resultar hasta tedioso competir con aquellos que viven en una contradicción demasiado instalada en la corteza ideológica como para suturar las heridas entre sus simpatizantes a cada golpe de timón excusada en la “responsabilidad de gobierno”, y zarandajas similares. Para las imputadísimas señorías de la bancada derecha, todos sus pecados se expían con un par de padres suyos; es lo que tiene vivir con una valla fronteriza a ambos márgenes: ni sale emigrante en busca de pan y voto, ni accede más allá de la descendencia social que acepta votar PP porque es patria, España, y olé.

CadenaPerpetua3Sí, el principal interesado en estar cerca del partido gobernante es, aunque parezca una paradoja ufológica, el propio PSOE, aterrorizado con la posibilidad de perder esa reconfortante medalla de plata acostumbrada a colgarse sin necesidad de esprintar. La hora de las navajas chapuceras, renovada en última instancia a través de la condescendencia de los delegados socialdemócratas con su propio porvenir como formación política destacada, les ha dejado a los pies de Pedro Sánchez, capaz de firmar un documento que llevará al ejecutivo popular a incluir un nuevo capítulo de penas fagocitador de la propia esencia que alumbró el Código Penal de 1995 y que, definitivamente, situará a este Estado inestable en la vanguardia europea del castigo frente a la redención y la reinserción a pesar de tener uno de los niveles más bajos de todo el continente en cuanto a índices de criminalidad se refiere. Da igual, el secretario general del PSOE le ha cogido el gusto a jugar a hombre de Estado antes siquiera de soñar con rozar tal dignidad, mientras deja a su espalda, en lontananza a un partido político revisable de principio a fin.

Fundamentalismo democrático

Terrorismo1Se queda uno la mar de tranquilo, arropado en casa, tal vez a unas cuotas de ser desahuciado, o volviendo a dejarse seducir por el tumulto tintineante que entra y sale de las rebajas a cuota y fuego de tarjeta de crédito, cuando tras la sangre llega la ley, vigorosa, con más calorías, presta a no dejar espacio para las ondulaciones sociales y la violencia antisistémica.

Y es que es cosa de paz, propia de nuestro confortable occidente humano, trastear con los cuerpos legales en momentos de marejada con rachas de fuerte marejada, según las kalashnikov de cotrabando se encasquillen más o menos. Cuando azota el vientecillo de la intolerancia, efectivamente, incomoda tanto su ritmo firme sobre la opinión de cada cual como el tornado que se genera ante y frente a la libertad de expresión, esa damisela que abre y cierra la balconada antes de que amaine la tormenta. Pero la dirigencia, eficaz y nada pusilánime cuando de cubrirnos las espaldas tocan, ya se ha pertrechado para subir, valerosa, a reparar el pararrayos antes que sacudan más balas atronadoras sobre la palabra y el hecho.

Terrorismo2Poner negro sobre blanco, una vez nos tiñe el rojizo de la intolerancia, tal vez con demasiada ceguera indómita cuando de poner taquígrafos se ha tratado con más potencia de la contratada, es colocar ley sobre ley. Y la que en cada momento copa el montón parece contener más hormigón que su predecesor tocho. Tranquilos todos, pues, porque no hay sistema de garantías más eficaz que aquél que tiene normativa para todos los gustos y colores, permitiendo calificar diferentes actividades presuntamente delictivas con tantos disfraces como la alarma social de turno requiera. Rabiando el pánico, se disipa la muerte.

La calle en toda Europa vuelve a recuperar la placidez de los espacios muertos, sin ventisca. Una vez manifestados en placentera comandita dirigentes de aquí y de allá, abrigados como crías indefensas y temerosas de misma camada, cada cual ha vuelto a lo suyo pero con el buche saciado en esa retroalimentación globalizadora que hace que el control de la ciudadanía encuentre justificaciones a miles de kilómetros, como quien tira un trompo a sabiendas que lo de menos es su baile. A legislar se ha dicho, que las armas las carga el ordenamiento jurídico. Bien sabe la dirigencia que las arrugas en nuestra calma chicha son producto de unos cuerpos normativos demasiado laxos, faltos de hidratos de castigos.

Terrorismo3Si no le gusta tener ojos sobre cualquiera de sus privados movimientos, es que no entiende en qué consiste la seguridad y sus inevitables estrecheces democráticas. Y si la manoseada libertad de expresión le da olor como a moho inconstituyente, entonces es cuestión de ir a contracorriente casi por vicio, y para eso no se alarme que le están preparando un cocido de soluciones con tanto ingrediente como permita el articulado penal patrio. Es por su bien, no lo olvide, más cuando las calificaciones de los delitos se vengan engullendo, como un agujero negro, hacia el epicentro de dirimirse todos con rostro de terrorismo, de organización en pillos colectivos, de culpable de los malos. Usted mañana puede no ser un chorizo, sino el acaparador de recursos para banda armada familiar. Tenga ojo, guarde distancia con la incorrección y el delito, allí donde la frontera se establezca, y aunque esté a punto de rozarle hasta en la alcoba. Pero, no lo olvide, también tenga fe. La democracia sólo quiere protegerle.

Cruce de regalos sin envolver

CruceRegalos1La navidad se adelantó unos días en la relación, hasta el popular saber, invernal entre el ejecutivo popular y las grandes plataformas postsindicales, vease UGT y CCOO. Ese día, Mariano Rajoy y Fátima Báñez entregaron, sin papel de regalo, un obsequio al millonario atasco laboral en forma de ciudadanos sin ningún tipo de expectativa laboral ni prestación que se deprecie a larguísimo plazo. ¿A qué se debía esa generosidad, jau jau, del gobierno nacional más insensible con la penuria del populacho, tras tres años de sordera a cualquier inversión socioeconómica que pudiera arrastrar su dogmatismo austero? ¿Por qué razón Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo resultaron tan desagradecidos con el presente gubernamental, sin una sonrisita inocente que consolara tamaño acto de bonhomía? Curioso, curioso. En palabras de la ministra del Rocío, perdón, del ramo, 400.000 parados verían, a comienzos de 2015, reestructurados sus respectivos dramas cortoplacistas con una dádiva de 426 eurazos mensuales que deja el populismo del bolivarianismo acechante a la altura de un prestidigitador de hotel levantino. Ahora ya vamos conociendo la letra pequeña, la cláusula cielo donde estallará el artificio tamborilero del gobierno patrio, además de resultar sorprendente que el mismo partido que anuncia la consolidación de la recuperación y el despegue definitivo de la economía se preste, precisamente en ese anhelado instante de algarabía macroeconómica, a potenciar la vía del subsidio. Y Méndez y Toxo, mientras continuamos estas líneas, se empeñan en mantener prietos los dientes, oculta la alegría.

CruceRegalos2Parece que esa prudencia sindical no guarda relación con esperar a la festividad de Reyes (los tres del lejano Oriente, no los dos de la cercana Zarzuela) para devolver la sorpresa como se merece. Mas al contrario, antes de finiquitar el año de los nerviosismos postelectorales, hemos podido conocer que el obsequiante era, realmente, el obsequiador. Y no, Méndez y Toxo no permanecían con el frente labial incólume porque les supiera a carbón el kilo de limosna subsidiada, sino precisamente por parecer beneficiarios de aquello que, en realidad, les había dejado la cartera con más telarañas que sus estadísticas de nuevas afiliaciones. Hoy han recibido, a vuelta de Código Penal, la ofrenda recíproca a esas enhiestas presencias, responsables como gusta definir estos artificios en diferido, para loa de una gobernanza con poco margen de que la alquimia política derive encuestas decadentes en más balcón genovés, más plasma para todos y más sucursal germana transpirenáica. Hoy, navideños lectores, el rodillo absoluto del Partido Popular se disfraza de sensibilidad obrera, y ha anunciado la reducción de penas en la legislación penalista nacional para aquellos delitos relacionados con actividades ilegales en jornadas de huelga y acciones sindicales de similar naturaleza. Estamos de acuerdo en la desproporción de unas condenas que han servido, en los últimos tiempos, para atemorizar al movimiento obrero, metiendo entre rejas a decenas de trabajadores (otros tantos están a la espera de condena o de resolución de sus respectivas peticiones de indulto) por, en muchas ocasiones, dudosas acciones violentas en piquetes informativos o manifestaciones de carácter laboral. Pero que, de manera unilateral, la misma panda neoconservadora que ha dejado la normativa laboral sazonada para disfrute del capital más voraz deje correr una lágrima por el sindicalista que gusta gritar, manifa arriba, manifa abajo, “Esto nos pasa, por un gobierno facha”, mientras amedrenta (según cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con ratificación judicial de por medio) a oprobiosos esquiroles de toda estirpe, cuela poco y, sobre todo, rasga vestiduras. Un cruce de regalos sin envolver que ahora, ambas partes, muestran en todo su encaje, como dos legos de ida y vuelta.

CruceRegalos3Extrañarnos de esta recíproca generosidad entre los representantes del capital y la supuesta vanguardia de la clase trabajadora resulta más inocente que las bromas de las que ayer haya sido objeto. Nicolás Redondo dejó de ver fútbol continental hasta sus últimos días por si el bombo cruzaba a algun equipo ibérico con el PSV Eindhoven; Antonio Gutiérrez vio muy poco chic eso de volver a labores de proletario electricista cuando se abandona la corona sindical y, de ahí, a diputado socialdemócrata no se tarda ni un día de asuntos propios; José María Fidalgo, tan alto, tan erguido, que desde la torre de Comisiones Obreras pudo admirar, antes que ningún proletario malencarado, la luminosidad del Cid Aznar, hasta acabar rendido a su babieca presencia. Cándido Méndez ya ha anunciado su renuncia a renovar los votos de la alta magistratura de UGT. Quien sabe, a lo mejor ya ha hecho su lista a la sombra del árbol de esta navidad con tantos presentes de ida y vuelta; ahora queda acostarse temprano, dejar alguna leche con galletas para apuntalar las bondades de su causa y esperar que se cumplan sus sueños, esta vez un lazo de postín.

El valor y el uso de la vida humana

IsabelCarrasco1Hace dos días ha sido asesinada, a la salida de su domicilio, la Presidenta de la Diputación Provincial de León (y varias condecoraciones más), Isabel Carrasco. Según avanzan las investigaciones policiales 48 horas después, parece asumir bastante certeza la autoria material por parte de una ciudadana con la que mantenía una relación personal y de anuencia política, y la cooperación necesaria o complicidad de la hija de ésta, con cierto recorrido en el Partido Popular, y que perdió su puesto de trabajo en la administración local hace dos años, sintiendo una animadversión que fue creciendo de manera paraonica, con la connivencia y alianza de su progenitora. Queda a estas alturas aún difuso el grado de participación de una funcionaria de la policia local leonesa que se ha encargado de entregar el arma homicida. Dicho esto, y salvo que giros más propios de la cinematografía que de la vida cotidiana dicten sentencia sorpresiva, lo que no parece que vaya a cambiar es el movil personal como nexo entre los imputados y la víctima. La cuestión política juega un papel, en tal caso, de germen a la hora de provocar la situación fatídica. Otras lecturas únicamente pueden entrar, y de hecho han entrado, desde la óptica de la oportunidad electoral, el sensacionalismo amarillista y la irracionalidad más o menos interesada.

Vayamos por partes. Núcleo principal desde el que parte la protección penal a la vida humana es, evidentemente, la salvaguarda de ésta y, en caso de que ocurra el tipo homicida regulado en el Código Penal, analizar las pruebas, el móvil, los agravantes y atenuantes que pudieran derivarse y, finalmente, imponer la pena correspondiente en busca del resarcimiento de las víctimas, la reinserción del penado y, en menor medida, el elemento punitivo del castigo como carga didáctica para evitar acciones futuras de la misma envergadura, protegiendo así al resto de la ciudadanía y aplacando la alarma social que se produce ante acciones semejantes. Las consecuencias inmediatas son el fallecimiento de un ciudadano y el dolor que provoca a su círculo cercano. En todo caso, la protección de la vida humana es un elemento evidentemente protagonista de primer nivel de cualquier Código Penal occidental, y ésta debe ser igual para todos los ciudadanos, tanto desde el lado del finado como del ejecutor de la acción punible. Pero cuando estamos ante un cargo político, aunque haya resultado víctima desde una acción de rencilla y venganza privada y personal, las alarmas son disparadas con demasiado interés, y hablar de modificaciones legales de cartón piedra, alertar de supuestos peligros apocalípticos que germinan en las sombras de la sociedad, y disparar comentarios inconexos para llegar a conclusiones perversamente disparatadas, se convierten en juez y parte fulgurante.

IsabelCarrasco2Cuando asustar al personal de norte a sur y de este a oeste con el fantasma de ETA resultaba cosa sencilla, los dos grandes partidos obtuvieron réditos valiosísimos en sostenimiento de niveles electorales a golpe de miedo y cierto victimismo que concluyó con una violación del cuerpo penalista estatal al aumentar, per se, las penas a aquellos asesinatos cometidos por miembros de bandas armadas organizadas. A partir de aquí, la protección de la vida humana toma categorías, el dolor de los seres queridos y familiares pretende apaciguarse superponiendo la venganza sobre los principios otrora principales de reintegración del procesado y, en definitiva, se le otorga valor negativo, en concepto de pena, en función de la naturaleza ideológica e inspiradora del delito. ¿De qué manera se puede instaurar en el ordenamiento jurídico de un Estado democrático, fundamentado en el principio de igualdad como uno de sus prioritarios sostenes, que merece más castigo poner fin a la vida de un ciudadano si ésta es cercenada por alguien que lo hace pensando que está eliminando a un enemigo en un conflicto, aunque éste sea ilusorio, que aquél que lo hace, tal vez, por algo tan miserable como hurtarle diez euros? En todo caso, el papel que juega la pena como elemento preventivo puede amilanar más de cometer el delito a quien se mueve por intereses vacíos que quien lo realiza premeditadamente imbuido por un factor ideológico que le hace sentirse soldado en un entorno bélico que le fabulan, que ciegan su prudencia y su raciocinio.

Desahucio1Y finalmente ha aparecido el universo paralelo que florece en los tribunales de la información. El homicidio de Isabel Carrasco ha dado para un paréntesis en la campaña electoral europea, miles de tuits y comentarios digitales de dudosísimo equilibrio en el paladar de las ideas, y varias reflexiones valientes que desde los altavoces de turno han querido, para no variar, arrastrarlas al submundo de la demagogia, precisamente el paraiso natural de los mismos que no soportan que alguna manzana vaya madurando su próximo bocado. Pablo Iglesias, de Podemos, es sólo un ejemplo, pero más que interesante para reafirmar el equilibrio torcido de manera interesada cuando un ciudadano es apartado violentamente de su destino. ¿Por qué quienes, desesperados por el acoso de las deudas, se quitan la vida, desterrados por el sistema, casi víctimas del caos colectivo, exterminados por todos con más o menos imprudencia, no tienen su minuto de silencio? Pero lleguemos al punto de inicio, lleguemos a más: Ni un homicidio político debe conllevar consecuencias de mayor rango penal ni social, ni el homicio de un político puede seguir recordando a quien, tal vez cerca de ese instante, haya sufrido violencia similar en el anonimato de la sangre sin escaño, que también en la muerte este sistema que viene expirando con él le recuerda que vale menos, que sólo merece silencio. Un Código Penal vigoroso no lo permitiría, y una sociedad madura tampoco.

Crimen y castigo Parotista

PAROT1Se acabo la efervescencia de ese efluvio gaseoso que venía emanando del Tribunal Supremo hacia ningún horizonte. Si recaudar Fondos estructurales y de convergencia era política de rechupete en esa aportación macro europea consistente en seguir lo dictados de la privatización para invertir en la libre circulación de capitales y servicios como virreinato de la ausencia de fronteras pecuniarias, alguna insondable frontera de plastilina tenía que derretirse como intercambio a la hora de dejar hacer y no dejar pasar.

La venganza es plato de agrio gusto cuando se enfrenta a los principios básicos del telón de fondo. Crimen y castigo, venganza a la carta. El Código Penal de 1973 no era norma laxa, bien armada de fusilamientos y rencores varios, pero sí que estaba inadaptado para afrontar a pistoleros con diversidad política en comandita. Más de dos décadas después, el sistema penal español se modernizó de la misma manera que lo habían hecho previamente asfaltos y papeleras, instrumentos primordiales de una democracia siempre llegando y en desbandada, al mismo ritmo de aleteo. Pero lo más malos, los irredentos, ya estaban cautivos y desarmados, y ahí quedaron, entre ambas franjas punibles, entre la venganza con olor a redención y la democratización del castigo. En definitiva, carne débil en formato de tres décadas de mazmorra, al servicio de la siguiente generación.

La gracieta es que pasada la etapa redentoria ni los anteriores pueden desvincularse de su democratización procesal ni la siguiente ha llegado a alcanzar la frontera de la Historia que permite entender que lo que no le sangró tiene derecho a cicatrizar sus propias heridas. Siguen los mismos, más viejos, más rencorosos, sin atisbo de justicia y sedientos de venganza perra. Dos décadas desargumentadas, un Estado que mete marcha atrás y revienta la caja, las esperanzas, de cambios; una vía muerta. Y con alguna copa de más. La autoridad ha hecho dos controles y el positivo reafirma la incapacidad para seguir circulando, pero el volante tembloroso, temeroso, es demasiado apetecible. Mientras nos persiga nuestra apariencia de venganza, nosotros creeremos en la insolidaria justicia individual.

Empurando a Rajoy

RajoyPuro2El Presidente vuelve a estar en silencio, ¿Qué sonido hará rugir al Presidente? En medio del humo que se ha levantado desde el pasado domingo, Mariano Rajoy puede prever la magnitud del incendio que se le avecina, a él y a los suyos, a sabiendas que el paso del tiempo nunca llega a apagar todos los rescoldos que se dejan en un letargo de combustión política. O quizás no sea consecuente presuponer tanta capacidad táctica al jefe del Ejecutivo y su desaparición de la escena pública a lo largo de estas horas se deba, básicamente, a la terrorífica sensación que le puede estar produciendo un escenario que temía pero, en su habitual optimismo, consideraba que no se le iba a presentar. Lo cierto es que tras la segunda vuelta de este round de papelería fina, aderezada con nuevos ganchos de fuerza original, no fotocopiada, todo aquel que sale caligráficamente retratado viene haciendo mutis por el foro ocultándose no ya siquiera con una pantalla de plasma por escudo, sino usando un contraataque equilibrado, esto es, papel por papel, sobresueldos por comunicados de a mí que me registren.

Parte importante de la corriente de opinión que ha venido generando la nueva estrategia de defensa callejera por parte de Bárcenas no alcanza a comprender como, ante la magnitud de escándalos que se concentran en la contabilidad apócrifa del Partido Popular, no se haya desencadenado una turba social, una pira ciudadana que detenga el tiempo de las excusas insolentes y clame y clame hasta que se demuestre lo frágil que resulta el enladrillado de Moncloa. Resulta sencillo de explicar. El común del ciudadano, porque para asaltar políticamente un Palacio de Verano hace falta más que unos miles de cabreados por turnos (que se lo recuerden a Aznar previa invasión iraquí), entiende el delito cuando la sangre inocente corre por el asfalto. Digamos que del artículo 138 en adelante del Código Penal aparecen las fábulas predilectas del entendimiento humano, que la violencia se desparrame y yo pueda verlo para entender la quiebra de la paz social. Pero en el fondo, a pesar de las palizas diarias a la economía doméstica y a las expectativas de progreso individual, ver en unos papelotes números y nombres mal escritos y mentalmente enlazar esa tabla contable con la apropiación indebida (término muy complicado de asimilar frente al robo con alevosía, nocturnidad y mala baba, que es el que entendemos todos) y la prevaricación (que mucho se nombra pero pregunta en la calle qué significa, para que veas) mosquea pero no tanto como para perderse el sorteo del calendario de Liga y salir a achicharrarnos frente a un inmueble cerrado a cal y canto. Ahí, tal vez, es donde reside la confianza de Cospedal y Rajoy en que para que todo siga igual todo debe cambiar, y eso en España nunca ha sido moneda de curso legal.

RajoyPuro1Pongámoslo, pues, fácil para que el hormigueo del ciudadano medio resulte incómodo y nos haga saltar del sofá acondicionado. Imagínese a un ministro de Administraciones Públicas de un Gobierno que ha llegado al poder por primera vez teniendo como bandera la lucha contra la corrupción; ese ministro, que gusta de estética de barba y puro pero sin traje de comandante de Sierra Maestra, tiene entre sus máximas responsabildades ser el guardían de la Ley de Incompatibilidades que impide a un cargo público cobrar cantidad alguna ajena a las retribuciones que le confiere su cargo, vengan aquellas de lo público o de lo privado. Pues bien, ese señor y varios compañeros de filas aparecen como beneficiarios de complementos económicos de diversa naturaleza desde su formación política, aumentos escandalosos mientras el poder adquisitivo y el empleo, tanto su cantidad como su calidad, caían en picado, así como abonos de servicios cuasiprivados que procuraban, de manera integral, facilitarles un nivel de vida sumamente privilegiado. Y, todo esto, financiado presuntamente a través de opacas donaciones en metálico por personas y entidades que, a vuelta de monetario correo, recibían respuesta en forma de concesiones arbitrarias. Así quizás ya suene más rotundo, más criminal, más para enfadarnos un poco e impedir, con la pasividad de una sociedad que no puede merecerse esto que tiene, que desde Génova a diversas huestes autonómicas puedan apostar por el mutismo como forma de defensa y desprecio a partes iguales.

El fumador de puros, el lector de prensa deportiva, aquel que afirma haber perdido poder adquisitivo entrando en política (¿Quién le rogó que, en su mocedad, lo hiciera? ¿Quién lo esperaba, quién lo apartó, en definitiva, de un registro de provincias?) parece ser que recibía cantidades en metálico ocultas en cajas de habanos. ¿Qué fue, entonces, antes? ¿El hábito de fumar o el de trincar? Curioso recipiente para recepcionar algo que se entiende legítimo. Nos huele a chamusquina, tal vez porque las brasas vuelven a prender nuestra paciencia.