Hablar por vejar

Letra MurgaSi nos tropezamos con otro individuo por la calle y, sin mediar torceduras humanas, éste nos inquiere en cuanto a su parecer con respecto a nuestros andares, sin dires ni diretes, no sólo en cuanto a la cercanía con el borde de la acera sino más bien respecto a supuesta grasa que podemos ir deponiendo pasito tum tum, pasito tum, nuestra reacción dificilmente puede encuadrarse en una soportable levedad del estar. Por el contrario, si otro bípedo rumiante aborda esa pausa cafetera que todos debemos otorgarnos para seguir combustionando el camino de vuelta y solicita hurtarnos una porción de paciencia con el objeto de compartir, vayamos a no saber de antemano porqué inquisitoria razón, aquella semblanza que ha formado de nosotros a razón de cuestiones de índole más o menos pública que conoce, no debería quedarnos más remedio que asentir, disentir, o ignorar. Y ahí no puede más que finiquitarse el libreto de turno.

Sirva esta imprecisa comparativa para encuadrar el texto que nos encabeza. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, fiesta calificada de interés turístico internacional desde hace más de cuatro décadas y considerada una de las más vivarachas del orbe en los períodos de carnestolendas, cuenta con un período de singular expectación por parte del público local, protagonizado por las agrupaciones de murgas locales. Éstas, formadas por la sociedad civil, compiten en un concurso que rebosa de expectación pública y, por tanto, congrega a miles de tinefeños en directo y a través de los medios de comunicación, por ser las más valoradas no tanto por sus fantasías textiles (que también) sino por lo punzante de sus letras, que pretenden realizar un repaso de cabo a rabo de aquellas cuestiones que preocupan al ciudadano insular.

Letra Murga2  El golpeteo a la masa política local, así como las habituales sornas a los vecinos de la ínsula grancanaria, suelen protagonizar las rimas de estas agrupaciones, algunas con más punzamiento en la ironía carcajeante, todas ellas rayando el humor con el dolor. Pero tras leer ese encabezado que hoy les traemos a término, es sencillo comprobar que, en algunas ocasiones, la ironía se despeña antes incluso de asomar el borde de la mofa. Puede resultar más que posible que el ritmo de las sociedades se encuentre desacompasado de ciertas tradiciones, y lo que antes se reía, más tarde se encajaba, algo después se perdonaba y, no se sabe exactamente en qué borde temporal, se rechace. Y es que la letra de cabecera corresponde a una de las melodías incluidas en el libreto de este año por parte de la Afilarmónica Ni Fu-Ni Fa, murga decana del carnaval chicharrero, eliminada por parte de la agrupación tinerfeña tras la recomendación de un concejal del consistorio capitalino de autocensurar, con mucha delicadeza, esta intervención por su contenido homófobo.

Inicialmente, la reacción del grupo murguero giró en la autodefensa, mezclando en períodos especialmente delicados en cuanto a esta realidad, la libertad de expresión, con su encarnizada confianza en que la murga y su voz supone una especie de voz popular que no puede ni debe ser acallada. En efecto, resulta sospechosamente irónica que estas agrupaciones, con cuentan con un favor popular notable en la medida de los miles de individuos que se dan cita en sus concursos anuales, se erijan en exquisita prolongación de las inquietudes ciudadanas, ajenas a la censura, mientras se dejan abrazar por los prebostes políticos insulares, de todo signo político, como eventos consolidados y armónicos. El local de ensayo del murguero siempre acoge a la víctima institucional de sus partituras sin rubor, besando y abrazando al supuesto contrincante. A partir de ahí, la rima les permite sortear determinadas igualdades, consonando broma con sorna, risa con maledicencia.

Letra Murga3Esta letra difícilmente soporta el equilibrio entre la transgresión de las fiestas carnavaleras y el dolor sin gracia que se puede llegar a inflingir a miles de personas que asimilan con más dureza de la que la legislación contempla su condición sexual, asumida ésta al ritmo que marca el biorritmo individual y que no debe soportar prisas repugnantes por un colectivo sin rostro que lo utilice como caballo de mofa. Pero ese motivo no es el que ha llevado a Ni Fu-Ni Fa a renegar de su obra musical, quienes desde un principio han afirmado la inocuidad de su letra, conminada ésta a sobrevivir en el supuesto paréntesis carnavalero que deja de lado el equilibrio entre la diversión y el entorno. Libertad de expresión es aquél principio que, aquí también, se ha enarbolado por sus dirigentes para enfrentar su más que probable torpeza al intentar hacer reir fuera de temporada, lejos de la realidad social a la que pretenden utilizar como escudo humano para defender el caparazón de su estructura vocera popular. Hasta que el debate público, iniciado con la solicitud (siempre rogatoria, nunca inquisitiva) del anteriormente mencionado concejal socialista, les ha llevado a reconsiderar su posición.

Letra Murga4Florentino Guzmán (PSOE), alegría en alto como se puede divisar en una instantánea publicada en su cuenta de Twitter en la reunión con los letristas de la murga objeto de la polémica, parece dejar caer en saco roto sus supuestas buenas intenciones cuando aprovecha políticamente la controversia para liderar el desenlace de esta situación. Finalmente, como es costumbre, pueblo y política, ciudadano y concejal, son parte de un todo que se encuentra en febrero para decir y escuchar con una sonrisa tan temporal como inocua. En esta ocasión, el límite de la sorna aplacó la sonrisa del payazo murguero por unas jornadas. Pero viendo el espectáculo binómico que se forma entre ambas realidades cada año con total naturalidad, y la que se ha llegado a engendrar en despachos tan poco lucidos como el de esta instantánea, mejor esperar a la reprobación de una de las partes. La libertad de expresión tiene límite en la ley que la ciudadanía se otorga en cada momento de la Historia, pero el verdadero espacio de entendimiento entre personas que comparten un grupo social cierra filas ante la intolerancia mucho más rápido, o al menos de manera más eficaz, que la poca engrasada máquina del ordenamiento jurídico: La Ni Fu-Ni Fa no tendrá oportunidad de recibir, si así ocurriera, la respuesta reprobatoria ante una letra que ni hace gracia, ni es de este tiempo. En lugar de criticar, esto es hablar por vejar.

La Corona sale al rescate del bipartidismo

AbdicacionRey1El Jefe del Estado se ha apuntado a la renovación, con sorpresa mayúscula para el conjunto de la ciudadanía pero a través de un pacto alineado con el Partido Popular y el Partido Socialista, protagonistas centrales del teatrillo que hoy estamos presenciando y que vienen dirimiendo desde principios de años para, juntos y revueltos, apuntalar sus comunes intereses en busca de la supervivencia en esta transición que desde las diez y media de la mañana ha comenzado. Y hablamos de renovación con la impostura que no tiene siquiera que presuponerse frente a situaciones del calado histórico que hoy se enraiza con el pulso de la ciudadanía, un latido efectivamente renovador, sin trampa ni Borbón, que viene exigiendo en mayor número, con un estimulante alarido exponencial, reclamar su liderato para aprovisionar el invierno socioeconómico que tanto escalofrío le viene provocando.

Mucho se ha comentado en los últimos años, fundamentalmente a raiz de la pérdida de respaldo ciudadano de la monarquía y sus elementos humanos, nada vigorosos en su intento biológico de aproximarse a la infalibilidad de postín, rodeada en su protección de trampas constitucionales bien puntiagudas, acerca del contenido normativo del Título II de la Constitución, su escaso desarrollo desde el vientre de la Carta Magna hacia el resto del ordenamiento jurídico, huérfano de una Ley Orgánica que hubiera dado contenido detallado a una Jefatura del Estado ya lesionada por su lejanía electiva, por su ausencia de respaldo certificado en tanto en cuanto levanta sus murallas desde un referendum global para aprobar un texto constitucional que a ver quien era el guapo que le hacía pestes con la polvora todavía humeante, presta a recargar tambores y apuntar a dar. Precisamente, una Ley Orgánica que ahora parece hacer acto de presencia como un fantasma corpóreo, que ha tejido sus sábanas desde el silencio de palacio con la misma celeridad que el bipartidismo imprimió a la reforma del artículo 135 del texto constitucional, y que mañana hará acto de presencia con el beneplácito de dos formaciones políticas, otrora mayoritarias, hoy con padecimiento de mengua representativa.

AbdicacionRey2La defensa a ultranza del equilibrio regio que aparecen en estas primeras horas de despedida juancarlista resuena a inmovilismo de segunda generación, atando y bien atando entre el poder que se siente desorientado tras su golpetazo del pasado domingo y el guia en decadencia un futuro que no les interesa si es el más propicio a medio plazo para el conjunto de la sociedad española, sino el de armazón con mayor refuerzo para sus respectivas supervivencias. De entre el articulado del mencionado Título II (antesala de los padrastros constitucionales en un curso avanzado de cómo autogestionar el poder eterno, recubriéndolo del espeso barniz que otorga el artículo 168 y su reforma agravada) sí hay un apartado que permite de manera automática demostrar a Felipe de Borbón definirse como el demócrata que su barrera de contención afirma que es: A través del artículo 62 c), nada más colgarse el cetro si los acontecimientos no le superan antes, puede convocar a referéndum en los casos previstos en la Carta Magna. Evidentemente, la decisión no resulta automática, ya que todos los actos que ejecuta la jefatura del Estado son actos debidos salvo un par de lindezas autopresupuestarias, pero sí le imbuye de legitimidad para, nuevamente, sostenerse en sus bastones partidistas, a derecha y izquierda, e impulsar el interrogante hacia la acera. Claro está que por vía del artículo 57.5 (Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica) le queda más a mano, pero algo nos dice que esa norma que mañana va a desempolvar el bipartidismo, cocinada desde el primer trimestre, no va a ser muy preguntona.

AbdicacionRey3No obstante todo esto, no nos llevemos a engaño. La virtud prestidigitadora de la política que se derrite, la que sale tan poco a la calle que no resfría su capacidad manipulativa desde las alturas, habrá calibrado el ruido y entenderá que el fuego controlado será disparado con un debate monarquía-república inerte en el contenido, efectista como estrategia de despiste. Y, además, no se puede excluir en el análisis del interrogante de los plazos que Alfredo Pérez Rubalcaba está pero se viene yendo, y es la tercera piedra de estos Pactos de la Zarzuela necesarios (salvo que la fecha fuera aplazada hasta que Juan Carlos viera como monarca alzar al Real Madrid la décima, que cuestiones mas disparatadas emergen en el anecdotario historiográfico) para ese segundo encuentro normativo veloz y con el refuerzo cuantitativo imprescindible en las Cortes Generales que permitirán nuevamente imponer en silencio sus cábalas. Un alto porcentaje de la afiliación socialdemócrata no aplaude con tanta vehemencia estos chanchullos contrarios a uno de los espíritus básicos en la estructura sociopolítica que plantea su razón de ser, así que este triunvirato se las componía hoy o nunca. Y a Craso ya no le daban más cuartelillo.

Resultaría, por tanto, estremecedor que este artificio nuble la marejada que necesita entrar a puerto. La sociedad española viene reclamando ser cuestionada pero no como delegada, sino como protagonista del curso de su historia, siendo ésta la que lideran sus grupos ciudadanos con las renovaciones que la finitud vital impone a la raza humana. Hoy toca aprovechar este apaño fáctico para convertirlo en la legítima reclamación de como dar el giro que en mayoría nos propongamos. Mañana mismo tiene que ser la transición que le corresponde a nuestra generación.

 

Candidatos encapotados

A lo largo de esta silenciosa campaña diseñada por el Partido Popular y el Partido Socialista únicamente hemos podido extraer de manera cristalina un par de cuestiones, a cada cual más desalentadora. En primer lugar, que los candidatos en primera línea de salida, Miguel Árias Cañete y Elena Valenciano, lideran sus respectivas listas electorales movidos por intereses poco alineados con el compromiso que se espera en cuanto a su vocación europeista y cosas de buen gobernar; el primero está ávido de una comisaría que le cobije al albur poco azaroso de los lobbys que más le ponen, y la candidata socialdemócrata necesita asegurarse un remanso de supervivencia quinquenal frente al batallón que se avecina entre sus filas en busca de posiciones de salida autonómicas y nacionales, en donde probablemente cuente con muy pocas simpatías sin la gabardina de Rubalcaba. La segunda realidad que ambas formaciones nos han dejado bien clara es que su silencio, las puntillas que han forzado en estas dos últimas semanas, bien aderezadas por polémicas que han agotado tiempo y paciencia ciudadana, ha conseguido la desmovilización exponencial de la ciudadanía para con las urnas; con unas elecciones sin ley D´Hont a la vista, sin mínimos electorales y con circunscripción única, el llamamiento a sus fans incondicionales les basta y les sobra para mantener un nivel aceptable de eurodiputados a pesar del batacazo que sufriran a ambos lados de esa misma barrera de cortante coral político que forman. Mañana, dicen los institucionalizados más optimistas, se puede ganar por primera vez obteniendo un pírrico 13% de sufragios. Y el bipartidismo, en lugar de preocuparse por esa evidente deslegitimación global de la principal herramienta de un Estado Social y Democrático de Derecho, ya se encuentra preparando los globos y los confettis para celebrar la epidemia de desconfianza con eslóganes intrauterinos: unos dirán que refuerza sus políticas de esfuerzos no compartidos; otros remarcaran que están dando los pasos correctos de cara a próximas citas electorales. De Europa ni hablamos, claro.

JoseBlanco1Pero tras esas dos fachadas se alzan candidaturas encapotadas, entendiendo esta definición desde su doble acepción castellanoparlante: en los puestos de salida hacia un sillón europarlamentario se encuentran nombres y rostros a los que el futuro próximo amenazaba tormenta en caso de quedar fuera de una bancada con derecho a vivir sin dar palo, así como, precisamente, esas mismas posiciones obtenidas a través de su única virtud conocida (esto es, la negociación de pasillos, el intercambio de favores y súplicas. La supervivencia del mínimo esfuerzo, vaya) les permite cubrir su ominosa presencia casi asegurada en Bruselas y Estrasburgo con el capote del anonimato de la cartelería, con el conocimiento de esos pocos que mañana se activarán frente a sus siglas sin tener el carnet ni la necesidad de fichar electoralmente para continuar en las naves llenas de agua.

El PSOE, no obstante, tiene la mínima decencia de colgar en su web el curriculum de sus alistados, lo que no resulta necesario para escudriñar el recorrido vital y político de su número diez a las elecciones europeas. José Blanco, bien agazapado en el ecuador de las previsiones socialdemócratas, obtendrá su billete con el mismo silencio con el que aprovechaba las sesiones del Congreso de los Diputados para cabezadas varias. Su fidelidad como afiliado desde 1978, único logro que se le conoce, culminada con la batalla cruenta frente a los controladores de vuelo como ministro de Fomento, bien vale una siesta larga y bien mullida. Unos puestos más abajo, pero con certificación de seguridad parlamentaria, se encuentra el joven Sergio Gutiérrez, que ya conoce la comodidad del euroescaño al heredar el de Magdalena Álvarez cuando ésta pasó a ocupar la Vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones que tanto le cuesta abandonar desde su nueva realidad de imputada mayúscula; o Jonás Fernández, que cuenta con el enorme mérito de destacar su cargo de consultor en el bufete de los recordados Carlos Solchaga (inspirador de esa filosofía tan de izquierdas acerca de que la mejor política industrial es la que no existe, y otras modernidades ochenteras del progresismo que nunca fuera) y José Recio. En los últimos puestos con cinturon de seguridad incorporado podemos hallar ejemplos tan edificantes para la progresía como el del madrileño Borja Cabezón, que en su CV destaca ser Director Técnico del programa Jovenes Líderes Hispanoamericanos, promovido por la Fundación Carolina y el…. “Banco Santander”. Eso es independencia de izquierdas, y los demás andamos tuertos y mal equilibrados.

CarlosIturgaizEl Partido Popular, por su parte, amplifica su demostrada transparencia ahorrándonos en su web el perfil profesional y académico de sus candidatos. ¿Para qué tanta semblanza si es difícil no conocer los hechos más destacados de prácticamente todos los elegibles situados en las primeras veinte posiciones? Como destacar tantas trayectorias con una brillantez que no se explica desde la sobriedad de sus puestos de partida resulta agotador, baste aplaudir el sacrificio de Carlos Iturgaiz, cediendo dieciseis puestos por delante a compañeros de amor liberal, siempre tan proclive al entendimiento, la conciliación y la solidaridad desde sus tiempos de lider en Euskadi (baste recordar con que tono de afabilidad objetó el reconocimiento comunitario a la PAH por ver violencia y complicidad proetarra en todo lo que se mueve lejos de su órbita craneal subarrendada). Gracias a esa generosidad, “jóvenes valores” como Pilar Ayuso, que en estos días nos ha recordado que hay que votar a partidos “serios” y que España es la admiración en toda Europa, o Luis de Grandes, el González Pons del aznarismo, tan sonriente como incisivo en la intolerancia, podrán seguir cultivando su particular Imserso en business class. Tenemos más capotas repartidas en baluartes del centro-inmovilismo, tímidos por ocupar los primeros planos, como la ex ministra “hoy soy marxista pero hago chas y aparezco derechizada” Pilar del Castillo, o el premier Polaris hortofrutícola World, Ramón Luis Valcárcel. Así que ya saben, todos a votar, que hay demasiados hombres y mujeres comprometidos bajo la nube negra deseosos de hacer turismo gracias a su silencio, a su inacción.

 

Fraude en dia festivo

Constitucion1Marcar como día no laborable el 6 de diciembre, a estas alturas de la fábula, parece que sólo debería circunscribirse a la actividad cotidiana (ya de por sí bastante laxa en cuanto a horarios y controles) de congresistas, senadores, y gente de igual vivir alrededor de ambos inmuebles, sitos en Madrid, transfronterizos de nuestra memoria mediata, de cuando nos creímos en democracia.

Vale que como somos cínicos en lo constitucional con el mismo tino que dejamos a vírgenes y cristos en sangre cuando de feriado se refiere, de tal modo que a nadie le amarga un puente si tiene todavía la osadía de hacer caso al despertador de lunes al siguiente. De todas formas, deberíamos renunciar a ese privilegio del descanso de larga distancia cuando el último mes comienza su andadura hacia la ruina navideña (otro plazo de saltimbanqueo en permisos para que el gastar no deje de engordar su fábula de trueno, su maquinaria apetente a débito, a crédito o a perpetuidad) o, al menos, reventar cualquier mecanismo de proyección para dejar la fiesta en paz, la de ellos, protectores insomnes de esa salvaguarda en pergamino que no se toca. O se toca poco, pero mucho.

Se reúnen entre sonrisas que deben ser pura letanía para las cámaras, para su historia, en un puro despendole de fragilidad ética; pasan los años, y cada día ese folio que dicen venerar aplaudiéndose como sus rígidos protectores se inflama por los cuatro bordes pero ellos y ellas, a lo suyo. Ha cogido polvo, sus bloques han perdido siquiera el prestigio aparente de los buenos propósitos a la misma velocidad que el contenido se ha conocido ineficaz en lo pragmático, pero nos dicen que está más en vigor que nunca, que su espíritu es lo único que nos mantiene con respiración no asistida. Y, mientras, nos desmayamos. Pero ellos brindan.

Constitucion2Como Constitución tramposa no hay duda que ha cumplido su trascendental labor histórica con mayor eficacia que ninguna otra antecesora en la historia del Estado español. Es más elegante que la sucesión de parientes decimonónicas mientras que cuarenta años de dictadura consiguieron erradicar cualquier brillo vanguardista al texto del 31, así que su esbeltez no ha tenido problemas en mantener la figura con la convicción de que cualquier tiempo pasado fue peor, y a otra cosa. Únicamente el capital ha descifrado su contraseña desde 1978, introduciendo en su bajo vientre la convalidación a participar sin discusión en la libre circulación de la pasta allende las fronteras a la vez que el poder público se hacía el hara kiri para autoinmolar su capacidad de inversión social prohibiendo el déficit público sobre el límite que el capital privado dispone como pecado capitalista. De esos lodos vienen estas escorrentías en forma de entrega de los sectores estratégicos a la, ejem, iniciativa privada.

Por eso sólo ellos se reúnen, cada vez en menor número, para amarla con delicadeza, susurrándole en artículos intrascendentes que tal vez le haga falta teñirse las puntas, cambiarse algún complemento, poca cosa. Pero a la ciudadanía ese día nos pesa la duda de si esquiar, acercarse a alguna costa que sostenga los últimos rayos del otoño o, más sencillamente, tirarnos a la bartola. Si encendemos el televisor con descuido tal vez nuestras miradas se crucen con el paseíllo de saludos bidireccionales y algún discurso acerca de cómo nos (les) congratula dejar de tener que fingir al menos una vez al año que se llevan fatal y que son dos cosas distintas alrededor de un folio que recoge versos pero que esparce aflicción.

El espíritu de Sócrates

El discurso social que ha emanado alrededor de la recientemente finalizada Copa Confederaciones, celebrada en la opulenta a partes desiguales Brasil, ha dejado un vencedor ilusionante: la ciudadanía. Hacía mucho que el deporte de masas no sólo no conseguía enmudecer la realidad que transcurre, infecta, lejos de las taquillas y el graderío, sino por el contrario este evento ha dejado mundialmente al descubierto que se acabaron las glorificaciones indemnes al dios de la amnesia.

Socrates1Y es que recibimos con resignado despiste la certeza de que las grandes citas deportivas en general, frecuentes en lo cotidiano cuanta más distracción se considera de utilidad en tiempos como los actuales, funcionan como principio activo de la dormidera ciudadana; no hay espacio para detener la fiebre pre, in y post competitiva, con sus resultados, análisis y chismes varios, que permitan desviar nuestra bobalicona distracción para que nos dé por tomar conciencia de lo que sucede, a lo largo y ancho del globo, lejos del parquet lustroso, del fértil prado. En Brasil, por el contrario, se creó un diálogo inverso entre jugadores y aficionados a principios de la década de los 80, en los últimos retazos de una dictadura herida de debilidad cínica. Fue la denominada democracia corinthiana que, con el genial Sampaio de Souza Socrates al frente, estableció ese vínculo entre una masa de seguidores que encontraron en el estadio un espacio de elección y reflexión, trasladado ésto a unas grietas que fueron solapándose con voluntad de doble vía. El liderazgo de El Doctor resultó determinante como referente más allá del arte del balón; diversión y compromiso, todo en uno, todo tan necesario para conjugar la necesaria participación activa en los cambios sociales y en la distracción puntual frente a la exigencia colectiva permanente.

La antigua colonia portuguesa, instaurada macroeconómicamente entre la élite mundial y con una tasas de crecimiento envidiables, ha ocultado tras el circo de mundiales y juegos olímpicos varios, su renovada fragmentación entre capas ciudadanas, mientras a lo lejos la información, como es tradición de los antiguos dominadores con respecto a los territorios de ultramar, ha venido tratando con miope condescendencia los barrios en sombra, el hambre raquítica, todo adornado con la alegría, el carnaval, la supuesta samba permanente de unas necesidades que a los ojos de este lado se llevan con folclórica gracia. Pero no, el fútbol no lo es todo, ni siquiera para el país de los pentacampeones, y los desterrados por el reino de las mayores riquezas han salido a reclamar lo que es suyo, lo que les deniega hasta quien gobierna asegurando que nació entre ellos. Y nos asombramos. Y, algunos, son capaces de exigir incluso que no se mezcle el transilium con la bebida de burbujas. Y nos hablan de imagen, y de irresponsabilidad, como si la pelota, por redonda, tuviera más equilibrio que cientos de miles de mentes en lucha. El ruido y las pancartas que exigen igualdad y justicia social han encontrado aliados en la herencia que ha transcurrido desde las rayas blanquinegras de la conciencia de Corinthians, ahora en los nombres y los mensajes valientes de las principales estrellas del firmamento brasilero; no ha habido fisuras en el discurso, desde Neymar hasta Thiago Silva, con la retaguardia de Rivaldo o Romario, y esta unidad que despierta lo que se pretende aletargue ha supuesto la proclama que, en definitiva, ha arrinconado a un gobierno, como tantos otros acostumbrados a detener a golpes la demanda de equidad frente al reparto de lo colectivo. En un tiempo de fragmentación de clases, de crisis ficticia donde los tendones ciudadanos se desmembran, dejando a ambos lados tiras tiernas y podridas de masa desigual, la fiesta en sombra creada para que el expolio pase inadvertido ha supuesto, en Brasil, el efecto contrario.

Platon1De este Sócrates contemporáneo, en un eterno retorno, en ese devenir que enfrenta ideas y clases sociales a lo largo de los tiempos, emergen platónicos discípulos, hermosos, heroicos, que han dejado de temer las sombras que guían, como simios feriantes, sus temores desde las primeras cadenas de contratos y marcas publicitarias. Tal vez suponga un optimismo exacerbado considerar que han abandonado la cueva de esa alegoría que, de forma permanente, los ha convertido en timoratos gladiadores, sin vida fuera del escenario de cánticos, victoria, focos, espectáculo. Pero supone uno de esos pasos que esperanzan porque no han transmitido el más mínimo mareo o desequilibrio. Lo que a este lado del Atlántico supone un doble lamento, al constatar que la amnesia no se globaliza, y que los de la camisa roja no usan ese color más que para cumplir su bien pagada esclavitud con los patrocinadores.

¿No ves que es 2 de mayo?

Y, de este modo, la supuesta heroicidad de contiendas patrióticas pasadas no deja ver los ecos de la guerras actuales, las de las aceras repletas en la jornada universal de la clase trabajadora, que cada día tiene menos conciencia de serlo, que a pesar de volver a ser arrinconada lejos de la ficción de nuevos consumidores se desprecia como leprosos en inquietante contacto.

Las manifestaciones se disgregan en nuevas y particulares banderas, en “quítate tú, para ponerme yo”, unas legales, otras alegales; algunas despistadas, demasiadas con ánimo de puntualidad en la demanda. Si de algo valen las onomásticas colectivas es en base a esa posibilidad de concentrar en el punto de encuentro ideológico incuestionable todas las sensibilidades en lucha. El primer elemento de distanciamiento emerge, paradójicamente, de la mayor fisura del neoliberalismo, al haber arrastrado a la desesperanza continuada a más de seis millones de ciudadanos dentro de nuestras fronteras; muchos de ellos se sienten huérfanos de conciencia trabajadora, al haber sido derrotados de manera persistente por la desesperanza, como desterrados de todo, hasta de sus congéneres, de sus banderas. Y allí donde éstas se enarbolan, avenidas y calles parecen dilatarse como repulsa simultánea de los escudos y colores que vienen a reclamar, en esencia, el asunto de los asuntos, el “no” rotundo al abismo que pretenden embarcarnos.

TrincheraRatonera1Entra aquí en macabro juego el sedante que por más de tres décadas hemos inoculado con la apariencia de un reconstituyente. El malhallado “Estado del bienestar” ha venido a ser una lúgubre ratonera con apariencia de trinchera protectora y solidaria, en la que en lugar de esperar la llegada del enemigo, daba la sensación de estar diseñado para pasar la tarde en un juego permanente, irreconocible en sus reglas pero sin posibilidad de derrota. En lontananza, arco iris por doquier.

Frente a todo esto, se encuentra la más gruesa de las conclusiones ante la ausencia de encuentros y respuestas comunes: seguimos, mayoritariamente, sosteniendo una asustadiza esperanza en que el mal, tal y como vino, se irá. No que los gestores de la cosa pública se enfunden la máscara y bajen a las cloacas para desatascar el sumidero colapsado, ni mucho menos; lo que palpa un notable porcentaje de la ciudadanía es el mismo tamaño de desidia que muestra ante las convocatorias electorales y el valor de su decisión, esa sensación de que uno no cuenta y que el resto se puede ocupar sin mí, pero que cuente conmigo a las buenas. Si aderezamos todas estas cuestiones con el descrédito que nos han impregnado desde los distintos medios de incomunicación hacia las centrales sindicales, así como la sospecha de irreconocibles radicalismos cuando un sondeo de intención de voto proyecta potenciales crecimientos de fuerzas políticas que no participan (al menos, por ahora), del motin frente a nuestra esperanza, la disgregación colectiva y los adoquines relucientes encuentran respuesta.

Hoy es día de gloria, hoy nos permiten salir rojigualdos a tomar la calle. España se zafó de cuajo de la opresión napoleónica, se volvió rebelde de un día para otro. Eso, al menos, cuenta la leyenda. Pero no tomemos recortes equivocados. Ser rebeldes en lo patriótico hoy se debe reducir a lo balompédico y a mostrar veneración porque el status quo actual es un bien que nos legaron esos madrileños navaja en mano. Cualquier inspiración para actualizar la rebeldía y poner en marcha el hartazgo frente a nuevas opresiones es cosa de díscolos a los que no les queda ni el día anterior, que ya se verá si deja de ser festivo para que sea eso, un día más de trabajo.

La sombra de Chávez no debe alargarse

Cumpliendo lo estipulado en el texto constitucional venezolano, el ejecutivo del país caribeño ha procedido a convocar elecciones generales el próximo 14 de abril. La imposibilidad de toma de posesión por parte de Hugo Chávez tras su victoria en los comicios del pasado octubre no ha variado esta obligatoriedad de nueva visita a las urnas, toda vez que la normativa electoral regula esta situación no sólo en el caso de no acceder efectivamente a la más alta representación del Estado, sino también por fallecimiento o incapacitación durante los cuatro primeros años de mandato. Aclarado, por tanto, el calendario, así como los candidatos en disputa, queda ver qué grado de variación en la intención de voto puede producirse a escasos cuatro meses de una cita con las urnas que otorgó al PSUV liderado por Chávez unos resultados contundentes, reafirmados semanas después con otra apabullante victoria en los comicios regionales.

Venezuela1No es ningún secreto que Henrique Capriles planteó notables objeciones a la hora de repetir como candidato presidencial de la mezcolanza opositora, toda vez que es consciente de su más que previsible derrota, posiblemente agudizada frente al cadaver aún caliente de Chávez Frías. El gobernador del Estado Miranda sabe que el 14 de abril tiene mucho que perder y nada que ganar: su reputación nacional, a pesar de la derrota del pasado octubre, no le impidió quebrar electoralmente a un peso pesado del oficiliasmo, Elia Jaua, en Miranda, mientras que su capacidad pública para aglutinar a las familias que componen los restos del sistema de partidos anterior a 1999 ya se consideró, en sí, una victoria a medio plazo. Por su parte, Nicolás Maduro ha sido anunciado como sucesor en la jefatura del Estado sin aparente disención entre las corrientes del PSUV, a pesar de los interesados anuncios apocalípticos que, desde el fallecimiento del coronel de paracaidistas, vaticinaban una batalla encarnizada por repartirse supuestas fragmentaciones en el movimiento bolivariano. La realidad es que el consenso, al menos aparente, de las tendencias que componen a la coalición de gobierno no se han transparentado ni por asomo en esta luctuosa semana frente al cadaver del incontestable y carismático lider venezolano Hugo Chávez. Todos siguen a una para proteger el ideario de la particular revolución que viene desarrollando, con sus vaivenes, el Estado caribeño desde finales del siglo pasado, apoyada en más de una decena de procesos democráticos por una inconstestable mayoría de la ciudadanía venezolana.

Desde la progresía más aparente que se puede esperar por parte de las multinacionales de la comunicación, al odio más irreverente que se puede plasmar a cinco columnas, las reflexiones acerca del futuro inmediato y del desenlace de la actual situación macroeconómica y social de Venezuela insisten en presentarnos a un país altamente subvencionado, que ha creado un clientelismo electoral fruto de una especie de simple reparto de la riqueza colectiva merced al maná petrolero. De este modo, el refrendo de las políticas gubernamentales se deriva de una mejora soberbia de las condiciones sociales y económicas de las clases menos privilegiadas (aquellas desterradas históricamente por la corrupción rampante AD-Copei), y que resultará abandonada a medida que el grifo de crudo deje de surtir las arcas estatales. Del mismo modo, el apoyo de la mayoría de Estados del continente americano no merece lectura más compleja que la supuesta generosidad del Comandante Chávez obsequiando a sus vecinos a cambio de adhesiones sin fondo. Esa es la lectura, esos son los sesudos análisis de aquellos que aprendieron la lección del infructuoso golpe de Estado de 2002 y han optado por una nueva vía de agresión periodística, la del descrédito ante un ejemplo gubernativo que hace polvo el interés de sus financiadores y patrocinadores.

Venezuela2Estamos, pues, ante una forma de análisis socio-político tramposo o, tal vez, incapaz de entender el mundo fuera de los parámetros de capitalismo voraz que limita nuestra visión de conjunto. Reinvertir los pingües rendimientos de los recursos colectivos en alfabetizar a la población, abaratar los costes de los productos básicos y tejer una red de protección social eficaz supone gobernar para la mayoría, equilibrar la permanente lucha de clases sin necesidad de sangre y ser fiel al proyecto bolivariano que sueña con una Latinoamérica remando en una dirección, la de sus ciudadanos. Intercambiar petroleo por médicos, materias primas o apoyo institucional no es más que ser fiel a ese fundamento histórico: poner a disposición de todos lo que las falsas fronteras han tenido a bien dejar dentro de un territorio que aspira a derribar esos falsos muros, esas interesadas divisiones que han enemistado a los que debieran ser hermanos, los desterrados de la Historia desde la invasión hispánica. Se puede poner en solfa el estilo bravucón y pseudoreligioso de aquel que ha encabezado ese magno proyecto durante los últimos catorce años, pero no el fondo, los resultados, de su acción política. Queda por ver cuanto de alargada es la sombra de Hugo Chávez en el futuro inmediato de todo el continente, qué grado de dependencia mitificada se estancará en la locomotora del progreso colectivo en el cono sur. Por el bien del mundo de las ideas, su figura no debe trascender a pin y camisetas, a alguna referencia literaria de bondadosas pretensiones, pero nunca resulta conveniente embalsamar y poner en los altares públicos lo físico para intentar sostener lo material; de ahí a ver a las hienas repartirse los restos no hay más que un paso, con la consecuente degradación de lo que realmente importa, del avance de una sociedad esperanzada.